Heyden Nash y su hermano por parte de padre, David, había crecido en
una modesta casa en la ciudad de Miami.
El padre de ambos, policía altamente condecorado, de carácter fuerte,
solía combinar peligrosamente armas, carácter y alcohol con demasiada
frecuencia.
La madre de David falleció cuando tenía 14 años , y a los pocos
meses, su padre incorporaba a dos nuevos
miembros familiares: a Heyden , con la que apenas se llevaba tres años , y a su
madre, una mujer de carácter dulce que no tardó en hacerse querer por el
muchacho.
Dicho hombre, lejos de haber cambiado su forma de ser o de actuar con
la recién fundada nueva familia, se
dedicó a amargarles la vida día a día. Solía llegar a altas horas de la noche
cuando todos se encontraban dormidos,
dando alaridos y gritando el nombre de su esposa. Para ellos, resultaba un milagro que le
bastase con eso, porque lo habitual, es que
el exceso de alcohol en sangre fuese consustancial a su persona, y que a su desagradable voz prosiguieran los
gritos desesperados de su mujer, y el
sonido de los golpes continuos de su cuerpo sobre los muebles , la puerta o las
paredes, todo ello aderezado, de vez en
cuando, con el del algún objeto hacerse
trizas en el suelo.
Mientras ello sucedía, en el dormitorio de la pequeña , con la puerta
cerrada y junto al hueco que había entre el armario y la ventana, un David
protector y mucho más alto y fuerte que ella , abrazaba a una pequeña
temblorosa cuyas lágrimas no era capaz de mostrar , pero cuyos sonidos
permanentes de gritos y golpes,
quedarían en el fondo de su memoria para siempre.
Un David , que por las circunstancias de la vida tuvo que madurar más
deprisa que el resto de sus compañeros de clase. Un muchacho que un buen día,
cuando contaba apenas con 18 años,
llegaba de la universidad a casa por la noche,
como habitualmente solía hacerlo, sólo que en aquella ocasión, lo que se
encontró no sería fácil de olvidar. Abrió la puerta, y un silencio tan
sepulcral como ensordecedor, se apoderó de toda aquella estancia. Un silencio
con un olor peculiar, y que al penetrar por la nariz, dejaba un regusto agrio en la boca. Subiendo
muy despacio por la escalera que daba al segundo piso donde se encontraban los
dormitorios, observaba detenidamente
todo lo que se encontraba a su paso. En teoría tanto Heyden como su madre
debían encontrarse en la casa, y al observar que en el vestíbulo no había
ninguna nota que comunicase que no se encontraban en la misma , dedujo que todo seguía normal como de
costumbre.
Una vez llegó al segundo piso, al final de aquel largo, silencioso y
oscuro pasillo , la puerta del dormitorio de su padre, entreabierta, dejaba
vislumbrar una tenue luz blanca que parecía encontrarse en el suelo. Al llegar
a él, empujó la puerta con una de sus manos, y la imagen de lo que allí vio no
se le borraría jamás. La madre de ella se encontraba inconsciente en el suelo al lado de la cama , con una brecha en la cabeza de la que emanaba
abundante sangre; su padre , de pie, de
espaldas a la puerta y con un cinturón ancho
de piel en la mano derecha, bien entrelazado para que no se le escapase, y
¿Heyden? David entró mudo a aquella
habitación, bordeó con la cabeza el cuerpo de su padre y allí estaba su
hermanastra, con medio cuerpo apoyado en
una mesa escritorio, con el traje rasgado,
y la espalda cubierta de sangre por unos profundos e interminables
latigazos cuyo ancho coincidía con el del cinturón. Cuando logró reaccionar,
apartó a su padre de un empujón cayendo éste cerca de la cómoda, se acercó a la
pequeña, la miró a los ojos, y aquella
mirada se le clavaría en su alma. La
cogió en brazos y se fueron de allí, de aquella maldita casa en dirección a un
centro médico donde la atendieran.
Pese a los intentos del muchacho por proteger a su hermana y estar
pendiente, aquella vez no sería la única en la que la joven se convertiría en
el saco de boxeo de un padre, tan reputado y condecorado en el cuerpo y con
tantas amistades influyentes, que por
mucho que se intentase denunciar sus actos, nunca conseguían que se hiciese
nada contra él.
Algunos días de hospitalización y todo volvería a la más escabrosa de
las rutinas.
Así durante años, durante los cuales, el lazo entre los dos muchachos
creció hasta convertibles en inseparables.
¿Y la tranquilidad? Palabra desconocida durante muchos años y que por
fín hacía acto de presencia. Una racha temporal, que mantuvo a los hermanastros
pendientes en todo momento para poder sobrellevar aquello.
Coincidiendo con aquel período de tiempo, David terminaba la
Universidad como uno de los mejores de su promoción, siendo reclutado para trabajar en un
importante despacho de Nueva York.
Sin embargo, él no decidió nada . No aceptó la proposición desde ese
instante. Dejar a Heyden sola en aquella casa no entraba dentro de sus planes. Sabía que no se
marcharía tranquilo.
Tras hablarlo mucho, ella logró convencerlo para que aceptara, pero
aún así, las dudas le abordaron la noche
antes de partir.
Tras cenar, él se la llevó a dar una vuelta a su playa favorita, y
tras llevar un rato echados en el capó del coche mirando las estrellas, aquello
que le inquietaba , saldría a la luz una vez más.
• DAVID: Vente
conmigo.
• HEYDEN: No vuelvas
a lo mismo. No puedo y lo sabes.- ligeramente molesta-.
• DAVID: Y tú sabes
que no me puedo ir sin ti , y dejarte aquí con él.
Se incorporó alejándose del capó hacia la orilla. Él le fue a la zaga.
• DAVID: ¡Heyden!
• HEYDEN: No puedo ir
, y tú no puedes perder la mejor oportunidad de tu vida.
• DAVID: podrías
quedarte conmigo, te conseguiría algo y podrías seguir estudiando. Y cuando
todo fuera bien, te irías y harías tu vida. Heyden…- ella le interrumpió
colocándole su mano en sus labios -.
• HEYDEN: no es una
buena idea, y lo sabes. Yo estaré bien. Sé cuidarme sola. Y tú partirás mañana
a cumplir tu sueño, y vendrás cada vez que puedas o yo iré a verte.
A la intranquilidad, se le sumaron las ganas de llorar a ambos, sólo
que ella prefirió resistir todo lo que pudo para que él no la viera y se
arrepintiera.
Su oportunidad estaba fuera de aquella casa, de aquella ciudad, y ella
lo sabía, como sabía, que algún día le llegaría la suya propia, aunque aún ,
quedaba bastante para eso, ¿o no?.
Con todo el dolor de su alma, David tuvo que marcharse solo, pero no
sin antes , hacer prometer a su hermana , que pasase lo que pasase contaría con él, y que en cuanto se pudiera
marchar de casa lo haría. Que lo mantendría informado si los episodios
violentos volvían, y que jamás se le ocurriese ocultarle lo que estuviera
pasando, que sabía que siempre le tendría.
Conforme Heyden crecía, la chica aparentemente endeble y sensible
, fue
endureciendo su carácter hasta el punto de ser capaz de enfrentarse a su
padre por sí sola en más de una ocasión,
especialmente desde la muerte de su madre en extrañas circunstancias
cuando apenas había pasado una semana de su cumpleaños nº 16.
Para sobrellevar todo aquello, decidió aprovechar sus habilidades y la
rabia acumulada para descargarse en clases adicionales de baile que pagaba con
su trabajo de niñera por horas durante los fines de semana. Baile y horas de gimnasio compensaban el
llegar a su casa tarde y , con mucha
suerte, ver a su padre ya acostado. Cuando esa gloriosa imagen no se
facilitaba, sus desahogos entre las máquinas y las clases,, le propiciaban la
calma suficiente como para enfrentarse a él sin perder los nervios en
exceso. Pero lo que sí tenía claro , es
que con David haciendo su vida fuera
de casa , viviendo y trabajando como
abogado en Nueva York , y desconociendo la realidad de su día a día puesto que ella apenas le decía
nada para no preocuparle, tuvo que
aprender a sobrevivir en una guerra por desgracia habitual, forjando un
carácter descarado y desquiciante aún más si cabe para su progenitor. Un
mandatario que se vanagloriaba de la rectitud con la que manejaba a su familia
, lo que contrastaba con las continuas discusiones a gritos que mantenía
continuamente con ella.
Al viejo patriarca le daba igual que todo el mundo lo viera o lo
escuchara tratar así a su propia hija , y en multitud de ocasiones, su
despacho en la Comisaría parecía ser su terreno de juegos preferido,
como si ello pudiera servir de advertencia o sobreaviso a sus subordinados del
carácter que tenía quién les gobernaba allí.
Ya fuera por su forma de vestir, por ir maquillada siendo muy joven, o
por su capacidad para contestarle y no
dejarle decir la última palabra jamás, cualquier excusa valía para comenzar una
guerra dialéctica que finalizaba con los repentinos portazos y a ella haciendo
aspavientos ante la increíble tranquilidad mostrada por él.
Los calificativos con los que la denominaba , no eran dignos de un ser
humano, pero ella, consciente de que resultaba demasiado llamativa con respecto
a las chicas de su edad, nunca lo tuvo
fácil. Gimnasta desde el colegio, siempre se esforzó por descargar su ira
interna en el deporte. Era lo único que tenía y le otorgaba satisfacciones ,
aunque también le conllevaba algunos problemas , acrecentados por su pronto
desarrollo.
Con su edad, era más alta que la media. Su pelo , negro , por la
cintura, largo y con ondulaciones, piernas torneadas y más pecho que las demás,
aparentaba siempre mucha más edad que
las demás jóvenes . Su rostro , sereno y a veces malicioso, enardecía ese
aspecto de mayor con el que ella aprendió a jugar aunque simplemente fuera
para mantener enojado a su progenitor.
Su punto de inflexión llegaría
una lluviosa mañana de verano. Heyden
tuvo que ir a la comisaría para hablar
con su padre después de salir de clase. Entró en el edificio , y cuando
se encontraba subiendo las escaleras se cruzó con un grupo de agentes que
bajaban. Aunque a ella en un principio
no hubo nada que le llamara especialmente la atención, lo cierto es que uno de
ellos sí se percató de su presencia
llegando incluso a parar en seco su trayectoria algunos escalones más
abajo, para girarse y verla andar con su
contoneo natural , deseando que
ella girase la cabeza aunque sólo fuera por curiosidad y lo mirase. Y su
deseo se hizo realidad. Ella notó que alguien la estaba mirando, y en
el primer descansillo giró la cabeza
y le vio.
Un joven no muy alto , atractivo, gafas oscuras en la mano derecha , y
con cierto atractivo.
Sin gesto alguno, ella prosiguió su camino.
Heyden nunca lo tuvo fácil a la hora de relacionarse con chicos. En el departamento, todos tenían mucho cuidado siquiera de
mirarla o hacerlo de una forma poco correcta, y siempre asegurándose que su
padre no estuviera cerca, ya que todos
conocían el genio del capitán y cuáles eran las posibles consecuencias de
acercarse a ella.
Por más que intentase mostrarse
solícita, siquiera para mantener una conversación, ella, provocadora nata y un auténtico imán para los
problemas, tenía siempre debilidad por todo aquello que portase un arma y una
placa, tuviera o no uniforme.
Conocedora de las numerosas amenazas que su padre había portado sobre sus
subordinados, procurando que la voz corriese entre los nuevos, la joven se había
convertido en alguien apestado en aquella oficina.
Un problema y quebradero de cabeza para más de uno, que no podían
evitar sentir debilidad por aquella niña
con apariencia y cuerpo de mujer, que parecía saber perfectamente lo que quería
, y que en realidad sólo pensaba en vivir ansiosamente como si todos los días
fueran el último
Amante de las emociones
fuertes, su regla fundamental era desobedecer a su padre constantemente, aún a
riesgo de aguantar más” espectáculos “ de los habituales en casa, que ya se habían convertido en costumbre, y
sabiendo que no se podía hacer nada , ni los vecinos se molestaban en llamar a
la policía , porque la mayoría de las veces ni se presentaban al saber de quién
se trataba.
Durante las semanas posteriores, los encuentros continuaron. Los cruces de miradas resultaban inevitables,
e incluso encontrándose ella en el despacho de su padre. Él, en su mesa, utilizaba como excusa la pantalla del ordenador, cuando en realidad
la observaba .
No sabía qué era exactamente, pero había algo en aquella chiquilla que
le atraía sin poder evitarlo, sensación harto conocida en aquel enorme
habitáculo, y siendo consciente de que
no era una buena idea por muchos motivos,
que con ello no sólo se la jugaba ante el capitán, sino que
suponía un delito altamente penado al ser menor de edad. Pero, ¿cómo
evitarlo?
Él lo pasaba realmente mal al querer acercarse a ella y no poder,
convirtiendo el día a día en la comisaría, cuando coincidían, en una situación
más tensa de lo que sería deseable. Si a eso sumamos la provocación innata de
la joven, las ocasiones de querer
desaparecer de pronto se acrecentaban, pero a la par con las de volvérsela a
encontrar.
Un día, con ambos en la
oficina, mientras él buscaba una información en su ordenador, al levantar la
mirada durante un segundo, le pareció
verla acercándose a su mesa directa y decidida. Trató de disimular como
pudo, pero cuando llegó hasta dónde estaba él, y se paró
tocando la madera con parte de sus dedos , probando hasta dónde sería capaz de
llegar y si tendría el valor suficiente de levantar la cabeza y mirarla
directamente a menos de cincuenta metros del despacho de su padre , el cual
posiblemente también la estuviera observando, y lo tuvo ascendiendo sus ojos ,
no pudo evitarlo, él le correspondió con una mirada firme y segura sin
importarle lo que hubiera alrededor.
Ella, por su parte, le
agradeció el gesto con una leve y pícara sonrisa cómplice y prosiguió su
caminar hacia la salida.
Su compañero, un policía experimentado y ojito derecho del capitán,
Sean O´Connor, que se encontraba justo en la mesa de al lado , observante de
toda la escena y de cómo su padre también lo había sido, y sin gustarle el
camino que estaban tomando las cosas,
decidió advertir a su joven compañero.
- · SEAN: Yo de ti me iba olvidando de ella.
• ANDY: -Sin dejar de
mirarla- ¿Por?
• SEAN: -Centrando su
mirada también en ella mientras hablaba- Por dos cosas : Una porque es menor de
edad , y otra porque es una bomba de relojería con piernas, y te puedo asegurar
que de caer entre ellas , ni los artificieros podrán salvarte el culo. Nadie se
atreve siquiera a mirarla como tú lo estás haciendo ahora, y menos aquí, con su
padre a tan poca distancia. Ella conoce bien las consecuencias de lo que le
pasará si os pillarán juntos, pero de lo que te pase a ti…..
Ella se detuvo a hablar con una de las agentes en el pasillo de
salida.
• HEYDEN: ¿Sabes
quién es el nuevo?
• AGENTE: Heyden……
• HEYDEN: No le había
visto por aquí.
Él se levantó a coger algo de un armario cercano ante la atenta mirada descarada de ella que no perdía detalle, hasta que la agente la
pilló, dándole un ligero empujón para devolverla a la realidad.
• AGENTE: Es Thorm, ANDREW THORM. No
es de por aquí. Estuvo trabajando en homicidios en Nueva York, y la verdad es
que a sus años ya tiene un expediente
destacado.
• HEYDEN: ¿Estuvo en
Nueva York ?
Ella no perdía detalle de cada
movimiento suyo, siendo pillada por él en un par de ocasiones, mientras
jugueteaba con el filo del vaso de café.
• AGENTE: Sabes que
te la juegas.
• HEYDEN: -Con la
sonrisa pícara- Es tan……………
• AGENTE: ¿Mayor?- se
le puso delante tapándole la visión.
• HEYDEN: - mirándola
enfadada- ¿Quieres quitarme de en medio? Hacía tiempo que no veía a alguien
como él, y menos con ese maldito y apetecible culo. Además ¿Mayor? Cualquiera que te oyera
pensaría que hablas de Sean en vez de él. Él sí que es viejo.
La agente cogió su vaso y se disponía a volver a su mesa.
• AGENTE: Por una
vez, no le compliques la vida a nadie Heyden. Ese tío acaba de llegar, y sí, es
mayor que tú, en ocho años pequeña. Ya sabes lo que eso significa.
La dejó allí, apoyada en aquella pared con aquella pose y mirada
provocativa continua durante el rato que estuvo, analizando por completo a su
presa.
Una vez terminó su café, se dirigía a la puerta de salida que daba a
la escalera de servicio.
Un brazo que tiraba de ella de improviso , la empujó hacia una de las
paredes. Cuando logró quitarse el pelo de la cara , vio quién era.
• SEAN: ¿Qué crees
que estás haciendo?
• HEYDEN: - mostrándose
cínica- No sé de qué hablas.
Sin haberla soltado, él miró hacia todos lados para asegurarse de que
no venía nadie, y prácticamente arrastrándola , ayudado por su corpulencia ,
bajaron las escaleras en dirección al garaje.
• HEYDEN:
-mostrándose enfadada-¿ Quieres soltarme? , me haces daño.
Una vez llegaron, él volvió a asegurarse de no ser visto por nadie,
y la empujó contra uno de los coches
aparcados haciéndole daño en la espalda, y apostándose con los brazos a cada
lado de ella aprovechando su mayor envergadura y fuerza.
Sean era un sujeto bastante grande y corpulento. Más de metro ochenta
de hombre , con pelo negro azabache y ojos tan intensamente
azules , que llegaban a causar bastante temor.
Ella nunca le había tenido miedo, e incluso podría decirse que estaba
acostumbrada a sus muestras de violencia, no más temibles que las de su padre,
y esas, las tenía más que superadas.
• SEAN: ¿Qué clase de
jueguecito te traes con el novato?
• HEYDEN: ¿Y a ti qué
te importa?
Él acercó tanto su cara a la de
ella , que la joven tuvo que dalearla a la izquierda para poder
evitar tener que respirar el aire que emitía.
• SEAN: Si quieres ir
calentando al personal hazlo fuera de aquí.
Ella volvió a mirarle y envalentonada, decidió poner en práctica su
vena más provocadora con él sabiendo que no se atrevería a nada.
• HEYDEN: ¿Lo dices
en serio?
Se le acercaba peligrosamente rozando su cuerpo al de él y acercándole
los labios sin llegar a tocarle.
• HEYDEN: ¿Seguro que
no me echarías de menos?
Sean era el niño bonito de su padre desde que entró en el cuerpo. Un
agente tan rudo como atractivo, con maneras poco disciplinarias, se le
consentía todo a base de obtener resultados satisfactorios. Habiéndola visto
crecer desde que era una niña, siempre había sentido una debilidad innata por
ella, algo tan prohibido como sucio en
su retorcida mente. Ella, con sus continuas provocaciones , lo único que
conseguía era ponerle más nervioso si cabía , puesto que la tentación era
demasiado para él, y el contenerse no le
resultaba fácil. En ocasiones olvidaba fácilmente quién y lo que era, y quién
ella.
La separó con el brazo bruscamente sin apartárselo para evitar que se
volviese a acercar.
• SEAN: Si te vuelvo
a ver intentando alguna de tus maniobras ahí arriba , yo mismo me encargaré
de comunicarle a tu padre lo bien que te
sentaría estar en un correccional una temporada.
Heyden se rió de forma abierta y descarada. Disfrutaba controlando
este tipo de situaciones porque ya le conocía , y sabía perfectamente que
cuando se dedicaba a amenazarla de esa forma,
es porque había conseguido ponerle muy nervioso.
• HEYDEN : ¿En serio?
– continuó riéndose- ¿Y qué crees que arreglarías con eso Sean?
Por su forma de mirarla , ella supo de sus verdaderas intenciones. No
era la primera vez que le veía y le sentía así. Su cuerpo rezumaba demasiada
testosterona y ganas contenidas de demostrarle su concepto de “hombría”, pero
al igual que ella, él sabía que esa
posibilidad estaba aún lejana , por no decir imposible.
Durante los días subsiguientes Andy no volvió a saber nada de ella,
salvo una tarde cuando llegaba a su casa en una de las playas, y se la encontró
sentada en la escalera del porche.
Él, gratamente sorprendido, se sentó a su lado jugueteando con las llaves de su moto en las
manos y mirando al mar.
• ANDY: ¿Sabes lo qué
estás haciendo?
Ella le miró, y apoyó su espalda
en la baranda de madera de la escalera, y con media sonrisa , se dispuso a
contestarle.
• HEYDEN: -Con una
seguridad aplastante que Andy era casi incapaz de creerse en una chiquilla de
tan sólo dieciséis años- Yo sí, ¿y tú?
• ANDY: Déjame pensar. – mirando al mar mientras
continuaba jugueteando con las llaves- Mi trabajo, mi licencia, y ganarme una
larga estancia en la prisión del Estado. Aún a riesgo de poder
equivocarme, creo que sé perfectamente
de qué va esto.
Una sonrisa de chiquillo inocente enmarcada en un rostro
interesamente atractivo y unos ojos divinamente entre grises y verdes ,
sumado a una aparente personalidad muy marcada, eran los signos distintivos que
jamás podría olvidar en aquel policía.
Sintiéndose observado y sin miedo alguno , puesto que no se
encontraban en la comisaría, él decidió devolverle el gesto de la perseverante
mirada hechizadora y disfrutar con tranquilidad infinita de lo que tenía
delante.
• HEYDEN: Y, siendo así ¿ vas a invitarme a entrar o me
mandarás a casa como una niña buena?
Aquella cría descarada con cara de ángel , parecía saber muy bien cómo
manejar este tipo de situaciones, lo que
a Andy no le dejaba muy tranquilo, aún así, quiso saber hasta dónde llegarían
los límites , hasta dónde quería llevarlo. Una mezcla de tentación y curiosidad
lo llevaban a dar un paso más.
Se levantó y le extendió la
mano para ayudarla a levantarse .
Una vez dentro, con la curiosidad propia de una niña a la que hubieran
dejado en el interior de una casa de
muñecas, curioseaba todo con discreción
, sin tocar nada, mientras Andy colocaba las llaves , la chaqueta y el casco
encima de una de las sillas altas de la cocina.
No era una casa muy grande , de echo el salón-comedor y la cocina compartían el mismo espacio vital
sin separación física alguna.
Completamente de madera, destacaba por las enormes y robustas vigas del
techo, y, especialmente, por gozar de las mejores vistas con las que
poder levantarse: el mar y la playa.
• ANDY: ¿Café?
Mientras mantenía las manos ocupadas, él la observaba en todo momento.
• HEYDEN: Bueno.
La joven se acercó a los
ventanales, y con la intención de abrir
el portalón corredizo de la terraza , miró a Andy y le pidió permiso. Él
asintió y ella salió al exterior.
Tras coger las dos tazas de café, él la siguió , y tras ofrecerle la
suya se sentó a su lado.
Por un solo instante, ella dejó
de centrar su vista en ese inmenso mar bordeado por una luna nueva
espectacular, se giró hacia él , apoyó la espalda en el muro que tenía tras de
sí, y mientras bebía un poco de café , algo rondaba su cabeza.
Andy , percatado que su centro de atención había cambiado
completamente, le correspondió concentrándose en ella.
• ANDY: ¿Por qué no
lo preguntas de una vez?
• HEYDEN: ¿El qué?
• ANDY: Aquello a lo
que le llevas dando vueltas antes de que llegase.
Ella respiró profundamente.
• HEYDEN: ¿Y por qué
no empiezas tú? Seguro que tienes muchas más preguntas que hacerme.
• ANDY: ¿Por?
• HEYDEN: Porque a
estas alturas es más que posible que media comisaría te haya advertido sobre
mí.
Andy se sonrió sin dejar de fijarse en su forma de mirarlo, en
aquellos ojos que parecían poder contar más de lo que una contestación suya
podía decirle.
• ANDY: ¿Media
comisaría?
• HEYDEN: ¿No irás a
negarme que Sean ya ha hablado contigo?
Él no contestó, pero su rostro lo reflejaba todo.
Ella giró de nuevo su cabeza y mientras disfrutaba de la vista de las
olas , un recuerdo vino a su mente.
• HEYDEN: Cuando era
pequeña a veces me escapaba de casa , por la noche, mientras todos dormían. Iba
a una playa cercana, me quitaba la ropa y me sumergía en el agua. Cerraba los
ojos y respiraba profundamente, y me
sumergía hasta que el agua me cubría por completo. Después los abría,
y me limitaba a escuchar el
silencio, y disfrutar de la inmensa oscuridad que me rodeaba. Y así permanecía
largo rato, hasta que volvía a necesitar
aire para continuar respirando. Una sola vez bastaba.
Su tono melancólico afloraba un pequeño atisbo de madurez temprana y
de no haber tenido las cosas muy fáciles.
• ANDY: ¿No tenías
miedo?
Ella volvió a girarse hacia él, se humedeció los labios y observándole
de forma tentadoramente sensual, se dispuso a contestar casi en susurros.
• HEYDEN: ¿Y por qué
habría de tenerlo?
Se incorporó un poco hasta apoyarse sobre sus piernas flexionadas
acercándose mucho más a él.
• HEYDEN: Tú cuerpo a
merced del movimiento de las olas. – entreabría sus labios mientras se fijaba
en los de él- Notas como lentamente la
adrenalina invade tu cuerpo , porque no sabes en ningún momento si realmente
estás solo- él notándose cada vez más tenso intentó disimularlo y pese a desear
tocarla y corresponderla , puesto que es lo que buscaba, intentó contenerse-
una sensación de paz te recorre, estás en medio de la nada y hasta el silencio
que te rodea tiene sonido propio. ¿Nunca lo has experimentado?
• ANDY: No creo que
esto sea una buena idea.
• HEYDEN:
¿Sumergirte?
• ANDY: No, lo que
estás intentando hacer.
Ella cambió radicalmente de carácter y volvió a sentarse sobre sus
piernas.
• HEYDEN: No, sobre
todo si no dejas de pensar que tengo 16 años y que soy la hija del capitán.- se
levantó agitada- Sino ¿por qué diablos me has dejado entrar en tu casa?
Entró en la casa dejando la taza encima de la primera mesa que
encontró. Andy la siguió .
• ANDY: ¡Heyden
espera!
Justo cuando ella se encontraba cerca de la puerta ,a punto de
marcharse, se dio la vuelta y volvió sobre sus pasos brusca y visiblemente enfadada para dirigirse
a Andy.
• HEYDEN: ¡Mírame a
los ojos y ten narices de decirme, que
no es ésto lo que buscabas el día que te quedaste en la escalera esperando que
me diera la vuelta!
Sorprendido, no supo cómo reaccionar.
• HEYDEN: Lo suponía.
Soy lo suficientemente mayor para
desearme , pero a te faltan pelotas para
tocarme , aunque te mueras de ganas. Una pena,
porque según afirman lo hago de coña, si no pregúntale a Sean que seguro
te lo cuenta con todo lujo de detalles.
Dio la vuelta y salió caminando sola por la puerta. Cuando Andy logró
reaccionar, salió detrás de ella gritándole.
• ANDY: ¿ A
dónde se supone que vas?
• HEYDEN: No te
preocupes, no traigo el carnet falso ,
así que por desgracia no me emborracharé en un bar.
• ANDY: ¡Deja que te
lleve a casa!
Heyden soltó una estruendosa carcajada.
• HEYDEN: ¡Olvídalo,
mi padre podría meterte un tiro!
• ANDY: ¡Pués deja
que te llame a un taxi al menos!
• HEYDEN: ¡Sé volver
sola a casa! ¡Lo prefiero!
Y siguió caminando dejando la casa de Andy atrás.
Pero aunque no fuera demasiado tarde, no confiaba en que acabase
cogiendo un taxi en algún punto de su camino, así que decidió volver a tras,
coger las llaves y el casco e ir a por ella .
Enfadada consigo misma en lo que consideraba como una pérdida de
tiempo más, el sonido de un motor acercándose hizo que se diera la vuelta.
Al reconocer el vehículo, continuó
caminando ignorándole.
Andy aminoró la marcha , y fue circulando a su lado.
• ANDY: Sube a la
moto anda.
Ella continuó andando haciendo oídos sordos.
Colocado a su lado, a la velocidad de su paso, no desistió.
• ANDY: ¿Piensas
andar hasta tu casa? Son más de diez kilómetros.
Aquella actitud suya le desquiciaba, y acelerando un poco, le cruzó la
moto delante suya. Al verle las intenciones de bordearla, la agarró por el
brazo.
• ANDY: ¿Y tú eres la
que exige que te trate cómo una mujer? Pués comienza comportándote cómo tal.
Ante su mirada inquisitiva hacia la mano que la agarraba con fuerza,
él entendió que debía soltarla.
Sin intercambiar una sola palabra, ella se subió detrás de él, dándole
éste su casco que llevaba colgado en el brazo.
Durante todo el viaje, pese a estar pendiente por si ella pudiera
decirle algo, y agarrada a las barras traseras del asiento, sin que su cuerpo
apenas le rozase salvo por los vaivenes de las curvas al tomarlas, cuando
llegaron, haciendo caso de la advertencia medio en broma medio en serio echa
por ella sobre su padre, se detuvo dos calles antes de llegar a la casa.
Con el mismo mutismo, se bajó, y se quitó el casco para devolvérselo,
pero la mano de él, en vez de coger el elemento protector, cogió su mano.
Ella, que trataba de evitarle a toda costa, alzó los ojos , y vio algo
en él diferente. Resultaba inquietante
la forma que tenía de pedir disculpas, o eso quería pensar ella.
Tras soltarla , se dio la vuelta camino de su casa. Él no se retiró. Desde dónde se encontraba
estacionado conservaba la visión de la puerta de la casa, y decidió esperar
verla entrar antes de marcharse.
Tras aquella noche, pasó casi una semana sin que ninguno de los dos
volviese a coincidir. Preocupado por no
saber nada de ella , averiguó la dirección de su instituto y su horario de
salida, y durante las dos semanas subsiguientes , aparcando en un lugar desde
donde se asegurase que nadie pudiera reconocerle, aprovechaba cuando no tenía
servicio para montar guardia y poder verla salir .
Una tarde, ella salía acompañada de una compañera, cuando al mirar a su alrededor, le pareció reconocer una moto aparcada junto a un árbol, al otro lado
de la calle, y al sujeto que la montaba.
Se despidió de la compañera y se acercó . Durante su acercamiento , el
conductor jamás manifestó mínimamente su intención de arrancar ni de moverse.
Cuando llegó hasta dónde se encontraba él, se quitó el casco y las gafas de sol
.
• HEYDEN: ¿No
deberías estar persiguiendo a alguien y ganándote el sueldo?
• ANDY: Estoy fuera
de servicio.
• HEYDEN: Deberías
tener cuidado, por aquí la gente no ve con buenos ojos este tipo de cosas.
• ANDY: ¿El qué? ¿Qué
estemos hablando?
• HEYDEN: Que hayas
estado vigilando el centro desde hace ¿cuánto? ¿Dos semanas? Yo sé quién
eres, pero estos no, podrían pensar que
eres uno de esos pervertidos que van detrás de las jovencitas, o……..jovencitos.
• ANDY: ¿Así que me
has visto ?- sonrió picaronamente.-
• HEYDEN: Oye,
hablando en serio ¿Qué es lo que quieres?
• ANDY: Vengo a
pedirte disculpas . No hemos empezado con buen píe , sobre todo por mi parte.
• HEYDEN: ¿Y por qué
se supone que habrías de disculparte?
Ella mantenía la actitud de quién se hace la interesante y ofendida,
mirando a todos lados menos a su interlocutor.
• ANDY: Porque te
subestimé y no supe tratarte como lo que eres en realidad, como una mujer.
Sorprendida, él consiguió ser
por fin su centro de atención.
• ANDY: Quería
pedirte, que me permitieras compensarte invitándote a cenar. En mi casa. Algo
casero y sencillo.
Al verla pensativa e indecisa, decidió insistir un poco más.
• ANDY: Sé que tienes
razones más que suficientes para continuar enfadada conmigo, pero , me gustaría
que pudiera tener una segunda oportunidad, al menos, para que conozcas al
verdadero Andy Thorm. ¿Si quieres, claro?
Heyden, haciéndose la
interesante , aunque por dentro deseaba contestarle que sí antes incluso de que
él terminase de hablar, prefirió casi
abusar de una especie de pausa dramática antes de contestar.
• HEYDEN: El viernes.
En Syas, a las seis.
Y se fue de allí bajando la
cabeza, no sin antes asegurarse, por el rabillo del ojo, que él la observaba .
Su sonrisa con sabor a triunfo, no desapareció de su cara en lo que restó de
semana, hasta que llegó el día.
Observando el escaparate de una tienda de lencería fina del centro
comercial, absorta en sus pensamientos, una voz susurrante acompañado con olor a
delicioso perfume masculino la traía de vuelta al plan de aquel día.
• ANDY: ¿Pensando en
comprarlo?
Ella se sonrió y mordisqueó su labio inferior.
• HEYDEN: Puede. Pero
no cumplo los dos requisitos que hacen falta.
• ANDY: ¿Cuáles? –
preguntó curioso-.
• HEYDEN: Dinero , y
alguien a quién mostrárselo. Y de las dos cosas, la segunda sí es la de más
peso para no llevármelo.
• ANDY: ¿Vamos?
• HEYDEN: Sí.
Ella anduvo dos pasos por delante de él, mientras Andy procuraba
quedarse con el nombre de la tienda sin que ella se diese cuenta.
Su casa se encontraba a media hora de camino, y según llegaron, él se
acercó a la cocina y comenzó a sacar las cosas de la nevera.
Ella , observando todo sentada en uno de los taburetes altos de la
especie de mostrador que a su vez hacía de mesa de comedor, no perdía detalle
de cada habilidoso movimiento de sus manos con el cuchillo y los alimentos. Su
aspecto de rudo policía, dejaba paso a un “chef” que nada tenía que envidiar a
los profesionales por su manejo de los objetos y utensilios, y ello hizo que se
le abriera la curiosidad.
• HEYDEN: ¿Mucha
práctica para sólo cocinar de vez en cuando?
Él la miró sonriente, mientras continuaba cortando tomates con
auténtica maña culinaria.
• ANDY: Mi madre era
cocinera, y nos enseñó a mi hermano y a mí.
• HEYDEN: Sí, pero
esa habilidad no es la de un ama de casa precisamente.
• ANDY: En nueva York
asistí a cursos de cocinero profesional. No sabía si aguantaría mucho tiempo en
la poli.
• HEYDEN: Entonces
debes de ser bueno , como cocinero digo, como para pensar en que era tu mejor
alternativa.
La fotografía fija de él, con un tomate en una mano y el cuchillo en
otra , resultaba de lo más curiosa y desconcertante al mismo tiempo.
• ANDY: Bueno, no me
gusta hablar de ello ni decirlo muy alto, pero sí, no resulté ser muy malo
precisamente.
Mientras se disponía a partir pimientos, se acordó de qué no le había
preguntado si lo que tenía pensado para comer le gustaba o habría algún tipo de
impedimento.
• ANDY: Por cierto,
estoy preparando pasta según una vieja receta familiar, y ni siquiera te he
preguntado si te gusta o …………..
Ella se sonrió.
• HEYDEN: ¿Vieja
receta familiar? Sí , me gusta la pasta.
¿Thorm no parece muy siciliano precisamente?
• ANDY: Mi abuela era
italiana. Una gran mujer y con unas manos milagrosas, y no sólo para la
cocina. Decían que sin estudios de
enfermería, llegó a cuidar y tratar más gente en la guerra que lo que daban de
sí los hospitales.
• HEYDEN: ¿Y cómo
decidiste hacerte poli? ¿Tu padre? ¿Algún familiar?
• ANDY: No. De echo
me costó un gran disgusto familiar ingresar en la academia. Mi madre quería
algo distinto, ya sabes, que estudiase otra cosa, y a su nene le dio por la criminología, así que…… Les fue
difícil asumirlo, y con los años, mientras mi madre simplemente lo lleva, mi padre
y yo nunca nos volvimos a dirigir la palabra.
• HEYDEN: ¿Ni
siquiera ahora, después de tantos años?
• ANDY: Bueno, eso es
algo difícil ahora, murió hace algún tiempo.
• HEYDEN: ¡Oh! Lo
siento, no quería…
• ANDY: Tranquila. No
hay nada que no se supere.
Viendo el interés que parecía mostrar ella en todo lo que hacía, a él
se le ocurrió tomarla por ayudante.
• ANDY: ¿Quieres
ayudarme?
• HEYDEN: ¡Sí!
Saltó de la banqueta , y aún le pareció faltar tiempo para colocarse a
su lado.
• HEYDEN: ¿Qué hago?
• ANDY: Espera, no te
muevas. – cogió un delantal que tenía colgado en un pequeño armarito, y
colocándoselo desde atrás, conforme le estiraba los cordones de la cintura ,
ella sintió sus manos abarcarla por completo a lo largo de la circunferencia, y
hacerle el nudo. Para la parte superior, ella le acercó las tiras, y él se las
amarró con cuidado haciendo un nudo, mientras le retiraba el cabello con
cuidado. – Mientras te lavas bien las manos yo cogeré las alcaparras y los
pepinillos.
Y ella se las lavó con agua abundante . cuando hubo cerrado el grifo,
él la estaba esperando con un paño
limpio, solicitándoselas. Colocó ambas
en el pedazo de tela, y él comenzó a secárselas con las suyas con sumo cuidado,
mientras se sentía observado por ella.
Con naturalidad innata y
profesionalidad excesiva, le dejó su
tabla para que cortase los pepinillos en tiras finas, y justo para enseñarle
cómo los quería, se colocó a su izquierda e hizo lo propio con el primero que
cogió. Al ver su torpeza y lentitud, decidió ayudarla. Cogió la mano que tenía
la verdura y le recolocó los dedos para evitar cortarse, y con la otra, se la
recolocó para sostener el cuchillo de forma adecuada, e hicieron una prueba.
Cuando la hubo dejado sola para que continuase, sin abandonar su
espalda, apoyó las manos en el filo de la encimera ladeando ligeramente la
cabeza, y disfrutando de su perfil sin dejar de prestarle atención a la labor.
Ella , lejos de encontrarse nerviosa por tenerle tan sumamente cerca,
parecía disfrutar de aquella clase particular con regusto morboso, llegando a
tentarle aún más si cabía, tratando de pegarle su cuerpo al pecho de forma
intencional, pero sin brusquedad, no encontrando rechazo por la parte de él.
Ella , observó su mano derecha, soltó el cuchillo, y colocó su mano
encima de la de él, abriendo sus dedos con los suyos. Bastaron apenas segundos,
para que él cerrase la mano aprisionando su mano con fuerza, y besando su
hombro, decidió dejar las cosas como estaban de momento.
• ANDY: Será mejor
terminar , o tendré que llevarte a tu
casa sin cenar.
Y terminaron de prepararlo todo.
Una botella de vino blanco para acompañar , y tiramisú casero como
colofón.
Terminarse la segunda botella, pacientemente, y disfrutando de las
inmejorables vistas de la terraza, era un lujo impagable dado el buen tiempo
que amenizaba.
Tiempo en el que ambos aprovecharon para gozar de la visión del otro , de la
conversación intercalada, y de la naturalidad y distensión que el momento
propiciaba.
Hasta que llegó la hora de marcharse.
Con todo recogido, ya estaban en la puerta, cuando ella, con la mano
en el pomo, y él cerrándose la chaqueta de cuero, se dio la vuelta y se apoyó
en la puerta.
Cuando él dirigió su mirada a la puerta, dejó el casco en la mesa y
dejó caer las llaves, y fue directo a besarla.
Ella le correspondió , pero antes de perder el control, el decidió
parar en seco y separarse.
• HEYDEN: - Con la cabeza baja- Está bien, lo entiendo.
• ANDY: no, no lo
entiendes.
• HEYDEN: Sí, mejor
de lo que crees. Será mejor que me lleves a casa. Olvidaremos esto.
La mueca de desaprobación consigo mismo y con su actitud era
inevitable, pero ella ya no pudo percatarse puesto que había salido y lo
esperaba al lado de la moto.
Pasaron las semanas y algunos
meses. Las citas en secreto fueron aumentando su periodicidad. Él,
conforme la conocía dejó de ver los
impedimentos que en un principio tenía, tratándola como una mujer adulta con un
nivel de madurez brutal y las cosas muy claras. Heyden , decidida en sus
planteamientos, sabía perfectamente lo que quería, cuando y como, sin que
cupiese duda alguna, y desde luego sabía perfectamente como manifestárselo a
los demás, y respecto a él, simplemente
decidió darle tiempo.
Él había decidido que aquello
debía salir bien, sin precipitaciones , porque sus sentimientos por ella lejos
de mantenerse, con el tiempo, conocimiento y múltiples conversaciones, se
habían acrecentado. En el fondo era esa mezcla intercalada de excesiva madurez
y exquisita inocencia lo que más le atraía de ella. Exquisita inocencia incapaz
de perderse y que se encontraba en cada mirada, en cada gesto. Una inocencia
interrumpida en ocasiones por los capítulos más escabrosos en los que un menor
no debía verse inmerso. Una inocencia
dulce y serena, muy serena, capaz de transmitir una paz interior inmensa aún
sin corromper; una conciencia limpia y ningún mal pensamiento combinado con
amplias dosis de puro carácter bravo e indomable que la convertirían, con el
tiempo, en una superviviente.
Pasaron así meses maravillosos, en la oscuridad más absoluta y el
secreto más atronador, porque por muy discretos que fueran, alguien más sabía
todos y cada uno de sus movimientos, alguien que, con motivos para él
justificados , le diría al padre de ella que su hija no iba a estudiar a la
biblioteca precisamente cuando salía de clase.
Durante las vacaciones previas al acceso a la universidad, una noche,
después de cenar, Andy la llevó a casa en su coche, como siempre solía hacer.
Paró su vehículo justo en la entrada de
su casa aprovechando que su padre no se encontraba presuntamente. Ambos se quedaron hablando durante bastante
tiempo, y justo cuando se disponían a
despedirse, con un beso como siempre, él
se quedó paralizado porque sintió el frío
cañón de un arma en la nuca, para
a continuación oír una voz seca y familiar que le invitaba a separarse de ella
y a salir del coche.
Cuando Heyden oyó la voz y comprobó que se trataba de su padre, no podía creer lo que estaba viendo: le
estaba apuntando con su pistola de calibre 45. Pese al miedo que podía sentir
en ese instante, dado que conocía muy bien de lo que su padre podía ser capaz,
reaccionó a tiempo y salió enfurecida
del coche.
Mientras lo rodeaba para acercarse a su padre, éste retenía a
Andy con una de sus manos en el cuello,
mientras con la otra le apuntaba con el arma a la cara.
Pese a las palabras insistentes de su hija para que soltase el arma y
al joven, su padre parecía disfrutar con el jugueteo continuo tocando la cara de su subordinado y amenazándole con
hacerle la vida imposible en el departamento si no dejaba a su hija en paz.
Andy no apartaba la vista de encima al que en aquel momento era su jefe
fuera de sí y sin control , sin atreverse a mover un solo músculo.
De repente su padre bajó el arma, le soltó del cuello y le invitó
a subirse al coche y abandonar el lugar.
Una vez se introdujo en su vehículo, arrancó y la última mirada fue para
Heyden, la cual sólo pudo mirarlo y pedirle perdón con los ojos a punto de
llorar, mientras su padre la cogía
violentamente de uno de sus brazos y se la llevaba hacia el interior de la casa.
Al día siguiente, tras llamarla de forma insistente y no recibir
respuesta, se arriesgó a ir hasta el instituto donde estudiaba, y con la placa de policía en la mano e
inventándose una excusa, hizo que la
sacaran de clase.
La directora de estudios les brindó una sala en la que pudieran hablar
tranquilos. Su estado de nerviosismo era
más que patente, y ella , con el pelo suelto sobre la cara apenas podía
mirarle.
Cuando la fue a agarrar del brazo derecho, con gesto de dolor, se lo
retiró, y él la soltó.
Con mucha suavidad, le apartó el pelo de la cara por ese lado, y le
retiró de ese hombro la rebeca que la cubría pese al calor reinante aquel día.
Debajo ,llevaba una blusa de tirantes muy fina que dejaba vislumbrar unos intensos
y enormes moratones por gran parte del brazo, marcas de dedos como si la
hubieran agarrado con fuerza, y hasta marcas de dientes en el cuello cerca del
oído.
La rabia y la impotencia se apoderaron de Andy, levantó y se acercó a la ventana de la sala
dando un golpe en la pared con una de sus manos.
• ANDY: Hijo de….
• HEYDEN: No ha sido
la primera y no será la última vez.
• ANDY: Por eso nadie en la comisaría siquiera te
dirige la palabra o se atreve a mirarte. ¡Dios!
• HEYDEN: Yo ya estoy
más que acostumbrada a esto, lo importante es que lo tuyo no pasase a mayores.
Apoyado en el ventanal, la impotencia se lo comía por dentro.
• HEYDEN: Andy…
• ANDY:- Se dio la
vuelta. Por el tono de su voz, ya conocía lo que venía a continuación - Ni lo plantees.
• HEYDEN: Andy, a mí
me da igual lo que me pase, dentro de unos meses iré a la universidad y me iré
a vivir con David, o a la residencia
universitaria. Saldré de aquella casa,
pero para ti, ésto no tiene
porque ser tan difícil. Tiene demasiados contactos, demasiadas amistades poderosas que lo
protegen.
• ANDY: ¿Y tu
hermano? ¿Sabe ésto y no hace nada?
• HEYDEN: Mientras él
estuvo en casa , tras sorprenderle una noche, nunca más hubieron problemas,
para éso ya tenía a mi madre. Pero a partir de que tuvo que marcharse, los
episodios se repitieron y a veces e incluso los repelía. Nunca le he dicho nada
de ésto y no debe saberlo jamás. Andy, pide un traslado antes de que mi padre
te haga la vida imposible, vete de la ciudad, del Estado . Vete y olvídame.
• ANDY: No. No voy a
permitir que nadie fastidie ésto, sea tu padre, sea Dios…- Se acercó , colocó
sus manos a cada uno de los lados de su rostro y la besó suavemente- Ni voy a
permitir que vuelva a tocarte. Puede que tu hermano esté fuera, pero me tienes
a mí. No le tengo miedo. Estamos juntos en esto. No permitiré que vuelva a
hacerte daño- Consiguió que sonriese
mientras una lágrima se deslizaba por
una de sus mejillas-.
Y las cosas siguieron tranquilas durante las dos semanas siguientes a aquel incidente.
Seguían viéndose a escondidas, quedando en lugares apartados donde no fueran el
objetivo de indiscretas miradas. Sin embargo,
todo no permanecería así por mucho tiempo.
Una noche, después de celebrar la despedida de curso con las
compañeras en un local , se dirigió al coche para regresar a casa pero no iría
sola, alguien la estaba siguiendo. En el silencio de la noche sólo se oían sus pasos y los de la persona
que le iba a la saga. Ansiosa y desesperada, mientras buscaba las llaves en su bolso
sin demasiado éxito, llegó al vehículo,
pero antes de que lograse abrir la puerta,
sintió unas manos fuertes que la agarraban por detrás. El sujeto,
fuerte, ancho, y mucho más alto que ella, le
tapó la boca con una de sus manos mientras que con la otra le mantenía
las suyas inmovilizadas. Forcejeando,
intentó darse la vuelta sin éxito.
Un individuo, el atacante,
que no paraba de insultarla con
una voz muy ronca, y que ante la
insistencia de ella porque la soltara,
se lo tomaba como una provocación
para seguir apretando. Una de las veces en que consiguió girar algo la
cabeza, sólo logró ver que llevaba un
pasamontañas oscuro en la cabeza, fijándose únicamente en sus ojos , pero sólo
por unos instantes.
Por más fuerza que ella
pusiera para resistirse, lo único que conseguía es que él la hiciera
más daño , la tirase del pelo, le amarrase las manos con una brida plástica y la introdujera a la fuerza en el coche, cayendo con la cara
en el sillón de atrás. Una vez dentro,
sin apenas poder moverse por el peso del
cuerpo del extraño encima, él sacó una pistola y le apuntó a la cabeza para que
se estuviera callada y quieta, y en lo que intentaba desabrocharse el pantalón
para forzarla, ella lanzó con gran esfuerzo su cabeza hacia atrás dándole en su
frente y perdiendo la pistola en la
parte de atrás del coche; durante el forcejeo,
la cogió por el cuello arañándola profundamente con la correa metálica del reloj que tenía media abierto. Lo
siguiente que sintió, fue un fuerte
golpe en la cabeza que la dejó aturdida , y como aquel desconocido la penetraba
una y otra vez sin que ella pudiera impedírselo ni siquiera gritar para pedir
ayuda, así durante lo que debían ser horas , aunque ella no podría precisarlo
porque llegó a perder el conocimiento.
Casi amaneciendo, alguien de un negocio cercano , al dirigirse al
contenedor para tirar la basura, se fijó
en lo que le pareció un zapato por fuera
de un coche abierto. Pensando que podría
ser robado, algo habitual por aquella zona,
mientras marcaba el teléfono de la policía, se asomó con mucho cuidado
por una de las ventanillas, poniéndose
muy nervioso cuando lo que encontró en su interior fue el cuerpo de una mujer, Heyden, semidesnuda,
con la ropa rasgada, e inconsciente.
Cuando la llevaron al hospital,
los mismos agentes que abrieron
parte y llamaron a la ambulancia, la
pudieron identificar por la documentación de su bolso y lo comunicaron a la comisaría. El padre ni se molestó en acudir, y la noticia corrió
como la pólvora por todo el Departamento. Andy y Sean, que llegaban en ese
momento, al ver el revuelo generado,
preguntaron qué estaba pasando, y
en cuanto se lo dijeron , Andy no pudo evitar
fijar su vista durante unos
instantes en el despacho del Capitán y observar impotente cómo, mientras su hija se encontraba grave en el
hospital, él prefería quedarse sentado
en su mesa. Cruzaron miradas, y Andy salió corriendo en dirección al hospital, seguido por Sean tras un gesto con la cabeza
que le realizó el capitán.
La joven permaneció
inconsciente unos tres días, tiempo durante el cual, salvo para ir a trabajar,
Andy no había querido separarse de ella , y durante el que se mantuvo
vigilancia policial permanente en la puerta de su habitación. Cuando él no
estaba con ella, el que no se alejaba era su hermano David al que él mismo se
encargó de localizar.
Una noche, encontrándose Andy
en la habitación, ella se despertó bastante aturdida por los calmantes,
y él se acercó a la cama.
• ANDY: Hey – le
retiraba delicadamente el pelo de la cara-
¿Cómo te encuentras?
• HEYDEN:
-Agarrándole de la mano, intentó con mucha dificultad acercarse a su oído- Pide
un traslado y vete.
• ANDY: -
acariciándole la mejilla- ¿Qué dices?
• HEYDEN: Tienes que
irte . Pide traslado y vete. No descansará hasta que te haya matado.
• ANDY: Vamos, no
pienses en eso ahora. Lo importante es que descanses y te recuperes.
• HEYDEN: Irá a por
ti .
• ANDY: Heyden…
• HEYDEN: -Soltándole
la mano violentamente y girando su cabeza a uno de los lados retirándole la
mirada- ¡Vete ! ¡Vete de una vez! ¿No lo entiendes ? ¡Conseguirás que me mate a
mi también! ¡No quiero volver a verte! , ¡Fuera!.
• ANDY: - muy
sorprendido- No sabes lo qué estás diciendo, estás aturdida por lo que te ha pasado
y los medicamentos. No puedes querer que te deje sola.
• HEYDEN: - Sacando
fuerzas de flaqueza gritó- ¡Veteeeeeeeeeee!¡ Fueraaaaaa!
Una enfermera que había escuchado
en el silencio de la noche aquellos gritos, se acercó corriendo a la habitación, mientras
Andy, dolido, tuvo que soportar que se
le desalojase, mientras la imagen de una Heyden dolorida y doblada sobre su
propio vientre , sería la última imagen suya.
Ana Patricia Cruz López
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