Recuerdo
aquel día como si fuera hoy.
La luz de la
mañana , del recién nacido amanecer,
apareciendo
tímidamente ,
invadiendo
toda la habitación.
Un sol
cálido,
que daba los
buenos días
como la más
tierna de las caricias
que se
recupera tras echarla de menos.
Recuerdo
pensar en aquel entonces,
que ese día
presagiaba diferente a los demás,
que sería un
buen día.
Y mi corazón
dio un vuelco ,
cuando oí
tocar el timbre de la puerta.
En la ella,
recibí una
carta de manos de aquel oficiial,
y un frío helado
recorrió mi cuerpo sin yo esperarlo.
Y un
sentimiento agrio ,
estrechó mi
corazón hasta el dolor.
Traté de ser
fuerte, como tú me dijiste que debía ser.
Traté de no
pensar en lo que aquella visita y aquella carta significaban,
como me
aconsejaste.
Traté de no
ver oscuridad donde la luz habitaba desde hacía horas,
como tu
quisiste ,
para cuando
este momento llegara,
pero........
¿Cómo evitar
, pese a intentarlo, que el pecho deje de dolerme aún hoy?
¿Cómo pensar
que la normalidad se acrecienta en nuestra vida
cuando a
partir de ese instante ya sólo existía la mía?
Como el
enfermo que con miembro amputado
aún sigue
sintiendo la tersura de la piel del mismo,
mis ojos aún
sienten los tuyos
observándome
al despertar.
Mi rostro
aún percibe , agradecida,
la primera
caricia del día,
y el abrazo
nocturno del amante paciente
que busca
recodo en mi pecho.
Y hoy, que
ha pasado tanto tiempo,
recuerdo
como aquellos colores dejaban paso a un tibio gris .
Como el
calor anunció la venida de mi invierno ,
y como el
manantial de mis lágrimas,
jamás dejó
de brotar con sus arrestos
no
permitiéndome olvidarte.
Hoy, como
ayer,
sigo
sintiendo mi miembro amputado,
siento en mi
alma acariciar su piel durante cada encuentro,
y sus labios
en los míos con sólo cerrar los ojos.
Hoy, como
ayer,
aquellas
últimas palabras ,
continúan en
el mismo lugar donde se depositaron,
y su
recipiente,
en papel
color sepia,
continúa
cerrado.
Hoy como
ayer,
amor mío,
sigo
hablando al aire,
con la
férrea esperanza de que
allí donde
estés,
puedas escucharme,
con mi único
objetivo,
de que no te
sientas tan solo,
que la tuya
se escapa para acompañarme de vez en cuando,
y no duda en
quedarse.
Hoy como
ayer,
vida mía,
el sol ha
comenzado a despertar con su cálido color,
ofreciendo
un nuevo día,
donde mis grises seguirán estando ahí,
mientras
anhelo llegue el día,
en que pueda
compartir este momento contigo.
Ana Patricia
Cruz López
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