sábado, 15 de agosto de 2015

MOMENTOS. Siempre tuya (132)

Recuerdo aquel día como si fuera hoy.
La luz de la mañana , del recién nacido amanecer,
apareciendo tímidamente ,
invadiendo toda la habitación.

Un sol cálido,
que daba los buenos días
como la más tierna de las caricias
que se recupera tras echarla de menos.

Recuerdo pensar en aquel entonces,
que ese día presagiaba diferente a los demás,
que sería un buen día.
Y mi corazón dio un vuelco ,
cuando oí tocar el timbre de la puerta.


En la ella,
recibí una carta de manos de aquel oficiial,
y un frío helado recorrió mi cuerpo sin yo esperarlo.
Y un sentimiento agrio ,
estrechó mi corazón hasta el dolor.

Traté de ser fuerte, como tú me dijiste que debía ser.
Traté de no pensar en lo que aquella visita y aquella carta significaban,
como me aconsejaste.
Traté de no ver oscuridad donde la luz habitaba desde hacía horas,
como tu quisiste ,
para cuando este momento llegara,
pero........

¿Cómo evitar , pese a intentarlo, que el pecho deje de dolerme aún hoy?
¿Cómo pensar que la normalidad se acrecienta en nuestra vida
cuando a partir de ese instante ya sólo existía la mía?

Como el enfermo que con miembro amputado
aún sigue sintiendo la tersura de la piel del mismo,
mis ojos aún sienten los tuyos
observándome al despertar.
Mi rostro aún percibe , agradecida,
la primera caricia del día,
y el abrazo nocturno del amante paciente
que busca recodo en mi pecho.

Y hoy, que ha pasado tanto tiempo,
recuerdo como aquellos colores dejaban paso a un tibio gris .
Como el calor anunció la venida de mi invierno ,
y como el manantial de mis lágrimas,
jamás dejó de brotar con sus arrestos
no permitiéndome olvidarte.

Hoy, como ayer,
sigo sintiendo mi miembro amputado,
siento en mi alma acariciar su piel durante cada encuentro,
y sus labios en los míos con sólo cerrar los ojos.

Hoy, como ayer,
aquellas últimas palabras ,
continúan en el mismo lugar donde se depositaron,
y su recipiente,
en papel color sepia,
continúa cerrado.

Hoy como ayer,
amor mío,
sigo hablando al aire,
con la férrea esperanza de que
allí donde estés,
puedas  escucharme,
con mi único objetivo,
de que no te sientas tan solo,
que la tuya se escapa para acompañarme de vez en cuando,
y no duda en quedarse.

Hoy como ayer,
vida mía,
el sol ha comenzado a despertar con su cálido color,
ofreciendo un nuevo día,
donde  mis grises seguirán estando ahí,
mientras anhelo llegue el día,
en que pueda compartir este momento contigo.

Ana Patricia Cruz López

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