Noche cerrada en cualquier ciudad.
El reloj va marcando las doce con el lento pasear de sus agujas.
Mientras el mundo duerme , la casa del final de la calle es la única
en la que todavía queda actividad.
Un aparente y tranquilo bloque de fría piedra y cristal, que por esa
noche, se convertía en un infierno .
Una partida en la que sólo hay un jugador .
Un jugador con un oponente que aún no conoce.
Salón casi a oscuras, salvo por unas tibias velas al rededor.
Gente esperando la última
jugada que lo determine todo.
Silencio.
Permaneces sentado , con los
brazos sobre tus piernas , expectante.
Una sombra moviéndose en la pared , te indica que alguien se acerca,
alguien que tú estabas esperando.
Rostro de plena satisfacción. Como ganador nato, miras tu reloj calculando la hora de término.
Alzaste la mirada, y tu rostro palideció .
Contrincante inesperado el que viste sentarse en frente tuya.
Vieja conocida de anteriores tiempos, arma de doble filo en cuerpo de
mujer.
Recuerdos de lo que aparentemente nunca deseaste y jamás quisiste
dejar.
Sin palabras que decirse, tus manos intranquilas disimulabas con el
cuero que las cubría.
Contrincante profesional en desamor y en tu juego, a la que temías por
creer que cobraría precio con esta dulce venganza.
Sin palabras de por medio, sin apenas poder reaccionar, las cartas fueron colocadas. La más alta
gana.
Primero cogiste tú, después lo hice yo, y tras un instante, la señal
se dio , y les dimos la vuelta.
Miraste la tuya y tu rostro se
relajó. Parecías tener todo ganado hasta que..........viste la mía.
Las reglas están impuestas , y la más alta manda.
Inseguridad en tu cuerpo una vez más, falta de resistencia fatal a mis
formas, que tan bien conoces.
Mente que se retorciera en su propio veneno deseando hacerte mío a mi
manera, sin que puedas huir, sin que puedas defenderte.
Demonio hecho carne, acostumbrado a destrozar arañando el alma como
condición inexcusable para entregarte,
hombre que circulas por el cuerpo de una mujer, apoderándote de cada
lugar con recreación de necesidad.
Insaciable animal que nunca aplica sentimientos a sus acciones.
¿Alguna vez te preguntaste, mientras te regodeabas de esa forma, qué
pasaría cuando el animal fuera otro y te tocara sufrir a ti?
¿Alguna vez imaginaste que estarías en el otro lugar, recibiendo de tu
propio veneno, cuya memoria, la de tus víctimas, señala la dosis a aplicar?
Cansada de esperar , me incorporé.
Llegó la hora.
Iba a por ti.
Hermosa mesa de cristal , distancia que nos separa.
Sin dejar de mirarte, con mis manos me aseguré que te centrarías en el
siguiente paso a dar mientras con mis
dedos, fuí subiendo mi falda apretando mi piel.
Objetivo conseguido.
Con movimientos pensados que no habías olvidado, mientras me subía a
la mesa, tus ojos aumentaban tu voraz apetito.
Reptando por la fría superficie, dejando mi lacio cuerpo deslizarse como
guiada por tus manos de forma irremediable, el tuyo, comenzó a sudar, y la
tensión te cubrió por completo cuando al llegar a tu lado, sentada en frente
tuya, te las solicité.
Dudoso sobre si adoptar ese paso o no, decidiste ser valiente sabiendo
la condena a muerte que te esperaba.
Sabiendo que no serías capaz de continuar, con ellas en mis muslos, fui
empujándolas a recordar el tacto de mi piel, nunca olvidado, pero temeroso, los
guantes no quisiste quitarte.
Camino hacia la gloria el que encontraron cerca de mi propia intimidad
, aunque sin ir más allá, solté ligeramente esperando que recobrasen autonomía.
Indeciso, pensativo , tembloroso en tus ojos y con la boca seca, decidiste recobrar lo que
entendiste siempre como tuyo, más , esta vez , mi voluntad se impuso.
Recorrido sutil buscando una mejor visión de todo, tus dedos fueron
surcando el interior de unas carnes que te reclamaban dejando que mis piernas
te abrazasen.
Trampa en la que has vuelto a caer de forma inevitable.
Lejos de querer escapar, intentas adentrarte como de costumbre,
demostrando no haber olvidado ni la forma ni el camino.
Pérdida de ese control que tan férreamente mantienes, arrancándote con
la boca lo que te separa de la pérdida de conciencia de esta realidad, con
recubierta de cuero negro . Instinto salvaje desatado cuando es tu piel la que
se hace con todo.
Rota como una muñeca de porcelana antigua, por las mismas manos que
ahora creen volver a poseerme, la frialdad en mí encontraron.
Fallido resultado el tuyo, que tropezaste como nunca , con el mismo
muro de crueldad que antaño habías levantado.
Triunfo de la venganza nada dulce, la insoportabilidad mostrada por mí
ante tus embistes, no esperando dicha reacción.
Buscando respuestas en mis ojos, aquellas que encontraste , sólo te
alteraron más.
Una sonrisa final como culmen de la mayor de las indiferencias, y mis
manos en tu pecho marcando la retirada y mi desprecio.
Consciente de lo dañado de tu orgullo, más con la muestra evidente
de mi recuerdo aún en alza,
decidí dejarlo todo allí, en aquella habitación, sintiéndome
victoriosa por una vez,
sabiendo , a juzgar por tu rostro, que ahora, sí eras mío de forma
irremediable, no pudiendo volver a negarme , como Judas hiciera con su Señor.
Un amargor en tus labios venido a menos , cuando lograste reaccionar,
viniendo detrás de mí, reconociéndote vencido .
Muestra de inteligencia fatal la tuya, que opusiste en la balanza
reconocer tu verdadera identidad o la
que muestras a los demás.
Juego fatal en que la carta más alta volvió a ganar. Juego iniciado
por ti, y donde por una vez, tu mayor placer fue perder.
Ana Patricia Cruz López
Todos los derechos reservados
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Muchísimas gracias por participar en esta página