lunes, 17 de agosto de 2015

NADA ES LO QUE PARECE. CAPITULO QUINTO. SEGUNDA PARTE. (Registrado en SAFE CREATIVE JUNIO 2015)

CAPITULO QUINTO (SEGUNDA PARTE)

NUEVAS CARTAS, NUEVO JUEGO

Heyden, tras descansar mal por su encuentro no deseado con Sean,  comenzó aquella mañana temprano con un largo viaje hasta la capital del país : Washington, y no lo haría con las manos vacías.
Tras unas llamadas previas desde el mismo Aeropuerto de Miami, cuando el vuelo logró aterrizar, ya había alguien conocido que la recogía y la acompañaba hasta el coche que la llevaría a su destino.

Una hora más tarde, a las afueras de la bulliciosa ciudad, la verja anunciadora de la entrada en un gran rancho , daba la pista sobre dónde se encontraban.
Un camino de tierra batida de  un tono rojo fuego, les guiaba directamente hacia el porche de la gran casa central. Una ruta,  que pese a no serle muy habitual, sí le resultaba reconocible por alguna ocasión anterior. Y es que olvidar aquel remanso de paz, rodeado de altas vallas de madera y  caballos libres galopando , nunca había resultado fácil. Un lugar apartado del mundanal ruido en el que daría gusto poder aislarse.


Una vez el coche se detuvo, el mismo hombre que la había recogido,  le pidió que lo siguiera hasta las caballerizas . Ella , en esas circunstancias , no acostumbraba a cuestionarse absolutamente nada, sabía cuál era su papel , y se limitaba a escuchar y a hacer lo que se le ordenaba o recomendaba.
Llevada hasta el interior de las mismas, era Sanders quién , descabalgando de una preciosa yegua  parda, retiraba la silla del animal y el resto de amarres.
Ante un gesto suyo, el otro hombre, sencillamente, desapareció.

•             HEYDEN: No sé cómo puedes acostumbrarte a estar lejos de aquí.
•             SANDERS: No es fácil, pero creo que  si esto fuese lo habitual, me aburriría solemnemente.

Una vez terminó de liberar al animal y de encerrarlo en  su habitáculo, comenzó a quitarse los guantes mientras ambos salían fuera.

•             SANDERS: ¿Supongo que no vendrás con prisa?
•             HEYDEN: No tenía planes específicos, salvo a la vuelta.
•             SANDERS: ¿Tu hermano? ¿Desde hace cuánto que no le ves?
•             HEYDEN: Demasiado.
•             SANDERS: Espero entonces que aproveches para compartir unos días, y que desde luego, él sepa beneficiarse de ese tiempo que le prestas.

Apoyados en la valla, Sanders  no pudo evitar observarla. Se preciaba de conocerla hasta cierto punto, y siendo tan  transparente , era imposible no saber que se encontraba preocupada.

•             SANDERS: Si has venido hasta aquí, sé que no es para decirme que te has arrepentido, pero hay algo que te golpea una y otra vez. Nunca antes te vi preocupada , no de esa forma.

El silencio y su continua mirada a los caballos que pastaban tranquilamente, su mejor respuesta. Sanders no puedo evitar seguir sonsacando.

•             SANDERS: ¿Qué te ha dicho Michael?

Ella lo miró cabizbaja aunque sorprendida.

•             SANDERS: Hasta ahora, no habías necesitado compartir lo que se te asignaba. ¿Por qué ahora? ¿Inseguridad?¿Reconsideración?
•             HEYDEN: No  sé por qué lo hice, pero de pronto sentí la necesidad de……….
•             SANDERS: ¿Su opinión? Imagino que te habrá dicho lo que es predecible, ¿que éste no es como los otros, que pienses en ti, y que sobre todo recuerdes que estás sola?
•             HEYDEN: Él tiene implicación directa con este caso.
•             SANDERS: Y tanto…  - se sonrió , lo que aún le extrañó mucho más- más de lo que nos gustaría, y por eso precisamente  debe mantenerse al margen. – su cara de extrañeza  le originaba aún más risa interior - ¡Dios Heyden ! Pasarán los años y aún  creerás que lo sigues sabiendo todo de las personas que te rodean. ¿Crees que no sabemos de quién estamos hablando? Su amistad de antaño con el primero ya es historia vieja, pero con el segundo……………. Nuestro Departamento nunca aseveraría una relación amistosa, más bien de mutuo interés.  Casi podríamos asegurar , que tú recibes lo que él dejó en su momento.- mientras  paseaban en dirección a la casa, Sanders continúo  su disertación – Ya que vas a ver a tu hermano, supongo que te lo encontrarás. Pregúntale por Ámsterdam, Amberes, Oslo, y Panamá, o incluso Brasil, concretamente por Sao Paulo. Que te diga quién consiguió los contactos de aduanas en Londres, Barcelona o Milán, quién le presentó a los que realizan las transacciones.  Michael siempre ha sabido ser muy escurridizo y moverse muy bien. Sabía a quién debía tocar y de quién era mejor alejarse. Heyden, jamás preguntamos por el pasado de nadie, pero no voy a mentirte confirmándote que se le investiga. Los años que trabajó  en ese, llamémosle, otro campo, le sirvieron sobre todo para contactar con gente, personas muy valiosas, lo mismo que te ha servido a ti, más que el dinero, que desde luego siempre resulta un aliciente harto interesante.- Llegados al porche, él la detuvo cogiéndola por el hombro- Él sabía lo que hacía cuando te puso en nuestras manos y jamás hasta ahora pareció importarle demasiado lo que ya conocía bien. Heyden, en otras circunstancias no te preguntaría esto pero… ¿Ha pasado algo entre él y tú?

Extrañada, una especie de incipiente risa nerviosa se apoderaba de ella ante la incredulidad de la pregunta.

•             HEYDEN: ¡Nooooo! ¿Por qué………..? Simplemente sigue tan protector como siempre ha sido.
•             SANDERS: Está bien, simplemente era una pregunta. ¿Hambre?

Y entraron en el interior de la casa , donde se dispusieron a almorzar . Sólo una vez hubieron terminado, ella recibió lo que venía a buscar, la segunda parte de la carpeta inicial.

Durante el viaje a Nueva York, como era de esperar, mientras volvía a repasar una y otra vez la documentación y la información que allí se vertía, la mala costumbre de su cabeza de atraerle para sí los recuerdos oportunos era algo   incapaz de asumir.
Imágenes nada vagas que se remitían hasta su más remota niñez, cuando antes que Michael, su ángel protector era su hermanastro David , con cuya envergadura, era capaz de ahuyentar todos los miedos posibles.
Y recordando, de esa forma, voluntariamente , en su mente colocó dos momentos concretos de ambos, de Michael y de David, y , como si fuesen el mismo plano de una película pero interpretada por dos sujetos diferentes, al simil de lo que sucede con las pruebas de cámaras a las que a veces se someten muchos actores, y después de todo lo pasado , creyó haber entendido el origen de esa confianza ciega que , prácticamente desde el inicio de su relación,  había sentido por “el extraño” del club. Y sólo entonces comprendió,  que a estas alturas de todo el argumento en que consistía esta obra de sus vidas en conjunto, sólo tendría una pregunta que hacerle, una sola que les atañese a los dos.

Al  tratarse de una visita por sorpresa,  el riesgo de no encontrar a ninguno disponible o incluso fuera de la ciudad  se sentía presente, pero tampoco tenía especial prisa por volver a casa, y hacía mucho que no visitaba la ciudad. Siempre podría aprovechar para descansar y hacer algo de turismo.

Nada más coger el taxi en el JFK, se dirigió al despacho de David. Una vez allí, el agente de seguridad del vestíbulo la reconoció y le confirmó que su hermano se encontraba arriba, y se dirigió a  los ascensores que la llevarían hasta la planta 40.
Atravesó la puerta de la oficina, y una de las recepcionistas  la saludó efusivamente. Ella le solicitó que no le avisase de su llegada al tratarse de una sorpresa, y la otra muchacha le hizo caso complacientemente.
Atravesar aquella segunda puerta hacia el gran pasillo , al final del cual se encontraba el despacho de su hermano , no le era muy fácil. No porque su relación se hubiese resquebrajado después de tantos años, pero en el fondo, desde que se separaran ,  es cierto que había habido cierto distanciamiento sereno, y que saber el uno del otro, más se tornaba hacia la llamada telefónica breve en fechas señaladas o al interrogatorio de rigor a sus otros dos compañeros de trabajo y amigos comunes , que a verse en persona o a escucharse la voz , aunque sólo fuera un hola.

Cada paso sobre aquella moqueta, le acrecentaba unos nervios aparecidos de instantáneo, al sentir que estaba allí realmente , y que pese a haber mucha confianza, si su hermano supiera todo aquello que se ha convertido en su bolsa de los secretos, posiblemente, le perdería. Supuso, que la vida depara destinos curiosos y sorprendentes, y que en ocasiones, aquellas promesas casi infantiles que a veces se hacen las personas, el mismo discurrir de tu historia, es el que te impide incumplirla una vez. Esa primera vez , que por ende, es la más difícil, y que una  vez realizada, parece facilitar el camino hacia las demás que inevitablemente han de seguirle.

Con la puerta de su despacho no cerrada del todo, observó cómo su hermano parecía cansado. Sentado en su gran silla, con toda su envergadura de 1.96 centímetros de alto y ancho como el canal de Suez, parecía sentirse pequeño. Unos giros de cabeza, y las manos fueron directas a su nuca. Problema juvenil no resuelto , y oportunidad que ella aprovecharía para hacer notar su presencia apoyada en el marco de la  puerta.

•             HEYDEN: ¿ Aún seguimos sin encontrar  a un fisioterapeuta en condiciones ?

Con sus manos aún en la nuca, una gran sonrisa pobló su cara , aunque ella sólo pudiera sentirla al oírle hablar , ya que automáticamente bajó su rostro.

•             DAVID: ¿Y tú ya has olvidado las buenas formas qué vienes sin avisar ?
•             HEYDEN: No tenía previsto esta parada, pero me parecía feo no hacerla de vuelta a casa.

Levantó su cabeza, y se quedó un rato observándola en silencio.

•             DAVID: Y ahora que la has hecho, ¿Piensas quedarte en la puerta?
•             HEYDEN: Bueno, la misma distancia hay de tu asiento a la puerta que viceversa, esto no es tu casa, es tu despacho.

Se incorporó y fue decidido a abrazarla.

•             DAVID: ¿Y desde cuándo has necesitado permiso?

Aquel abrazo les supo a gloria a los dos. Él hacía mucho tiempo que la añoraba, y ella , en este momento, lo necesitaba más que nunca. Un gesto de cariño sin contraprestaciones, sincero, sólo y puramente por amor, sin más.
Según se separó un instante para dejarla respirar pero sin soltarle las manos, la observó detenidamente de arriba abajo, sin que la sonrisa se le borrase de la cara. Se sentía feliz , y algo que siempre había caracterizado a este hombre, era transmitir claramente cada sentimiento, fuese el que fuese.

•             DAVID: ¿Cuánto ha pasado….?
•             HEYDEN: Acción de gracias , del año de mi graduación.

Ella se mordisqueó el labio inferior como forma de reconocerle que efectivamente parecía imperdonable el tiempo pasado, mientras él, casi la reprobaba como a las niñas pequeñas , con una  mirada en el fondo muy tierna.

•             DAVID: ¡Dios! De eso hace una eternidad. ¡Cuánto te he echado de menos ¡¿Por cuánto vas a quedarte?
•             HEYDEN: No lo sé, no tenía previsto venir, pero,  he estado en Washington  por negocios y no me parecía bien no parar, así que no tengo planes ni prisa.
•             DAVID: Mejor. ¿Qué hora es? – Miró su reloj de muñeca y muy animosamente se dispuso a volver cerca de su mesa para coger de una especie de perchero-armario la chaqueta- He quedado con Michael y Liz a comer , ¿sabían que venías?
•             HEYDEN: - con ligero gesto de preocupación- No.
•             DAVID: Perfecto, así entonces nos darás la sorpresa a los tres.

Cuando ella comprobó el lugar escogido para comer, era como si supieran que iba a venir.  Quedaron en su lugar favorito, un italiano  muy cerca del distrito financiero,  famoso por sus pastas frescas de elaboración casera y  deliciosas tartas de postre. 
 Liz y  Michael se encontraban sentados en una de las mesas exteriores . Ella revisando el móvil y él leyendo el periódico. Al parecerle ver , por encima de las hojas,  una imagen borrosa de dos cuerpos que se acercaban hasta ellos, terminó de bajarlo y pudo centrar mejor la vista. Su rostro de sorpresa era más que evidente, y Liz no se dio cuenta de la nueva e inquietante presencia,  hasta que no oyó a David hablar justo a su espalda , y ella elevar la cabeza y verla.

•             DAVID: Chicos, mirad a quién os traigo.
•             LIZ: ¡Dios de mi vida !- se levantó para abrazarla- No puedo creerlo.

Michael también se incorporó para saludarla, acercándose ella para darle un beso en la mejilla, notándose la tensión entre ambos revestida de aparente normalidad.

 Durante el almuerzo, la tensión entre ellos dos podía casi respirarse.  Michael se denotaba más incómodo de lo normal, y ella , sentada justo a  su lado, trataba de no prestar demasiada atención al hecho de tenerlo sentado a su derecha .
Aunque Heyden trató de mantenerse entretenida hablando con la mayor naturalidad posible con David y Liz, tanto uno como otro se dieron cuenta de que algo pasaba, aunque las percepciones de ambos no irían por el mismo camino.

Michael se encontraba especialmente puntilloso e irónico , y cuando no decía nada, su gesticulación facial lo decía todo por él.

•             LIZ: ¿Cuánto tienes previsto quedarte?
•             HEYDEN: Aún no lo sé, pero no podré tardar demasiado para volver.
•             MICHAEL: -Haciendo que jugueteaba con el móvil, y sin levantar la cabeza – Es una mujer tremendamente ocupada Liz, sobre todo ahora que tiene algo importante entre manos.

Su ironía , y su supuesta indiferencia , unido a la inoportunidad de su comentario, hizo que ella comenzase a enervarse.

Liz no entendía la actitud de Michael, mientras comprobaba la tensión creciente en su amiga.

•             LIZ: ¿Ah sí? ¿Así que un negocio importante entre manos? ¿Tendré que revisar alguna documentación entonces?
•             HEYDEN: No lo sé.- los nervios le hacían casi no centrarse en las palabras a decir para evitar meter la pata- Todavía estoy en negociaciones. Ya sabes cómo es esto.

Su sonrisa forzada y los nervios patentes , con Michael en ese estadio, sólo podían ir a más, y eso era algo que a David no se le escapaba fácilmente.

•             LIZ: Pues ya sabes que en el despacho no tengo problemas , podría ir por la mañana y tenerlo todo listo para volver por la tarde.
•             MICHAEL: No deberías insistir Liz, puede que esta vez , prefiera que esa documentación se la revise otra gente.

Un inesperado rodillazo en el muslo de él por parte de ella , fue lo que hizo que se sobresaltara en la silla, dejando el móvil encima de la mesa, acercándose la mano a la dolorida pierna, tratando de disimular cómo bien podía.
Con todo el episodio en la mente, la agenda del móvil de David sonó de pronto disculpándose por tener que volver al despacho, no sin antes, quedar con su hermana para cenar esa misma noche.

Poco después, era Liz la que recibía una llamada telefónica irrenunciable .

•             LIZ: Vaya, que inoportuno. Tengo que responder – dirigiéndose a Heyden - no te muevas de aquí, no hemos terminado de hablar.

Liz se alejó de la mesa para poder hablar con tranquilidad, ocasión que aprovechó  su amiga para aclarar la situación con Michael. Dejó los cubiertos encima del plato, bebió un sorbo de café, y se reclinó sobre el espaldar de la silla , mientras  Michael  centraba su vista al frente , aguantando la rabia sentida por el dolor de la pierna.

•             HEYDEN: Bueno , ¿vas a decirme qué pasa?
•             MICHAEL:  ¿Crees qué pasa algo?
•             HEYDEN: Dímelo tú.
•             MICHAEL: ¿Washington tal vez? ¿Te suena bien?
•             HEYDEN: ¿Amberes no suena mejor?

Michael se quedó serie de pronto.

•             HEYDEN: Creo que ha llegado la hora de que tú y yo tengamos una conversación pendiente.
•             MICHAEL: ¿Es qué no has tenido suficiente con lo que Sanders te ha dicho?
•             HEYDEN:  Da la casualidad de que él, lo único que me dijo, es que te preguntase a ti.

Con la barbilla apoyada en una de sus manos , y ese brazo en el reposabrazos de la silla, trató de disimular lo que esta complicación de última hora suponía y más con ella, pero no encontraba salida posible.

•             HEYDEN:  Michael……..- en ese instante llegó Liz que debía marcharse a toda prisa por una reunión urgente, comprometiéndose a llamarla-.

Volvieron a quedar los dos solos.
Ella le miró, y al ver que no reaccionaba, que ni siquiera la miraba, se levantó bruscamente y se marchó.
Cuando él logró reaccionar e irle a la zaga, ella le llevaba mucha ventaja. Casi alcanzándola , cogió un taxi, y él tuvo que ser muy habilidoso para conseguir otro que la siguiera.
Atravesando la ciudad, con un tráfico horroso a esa hora y a punto de perderla en una de las esquinas en que su coche dobló, su taxi se detuvo en el hotel en el que pernoctaría. La vio bajarse y , tras pagar a su conductor, corrió detrás de ella.
Al llegar al vestíbulo del edificio, le pareció reconocerla esperando en el pasillo de los ascensores. Corrió hacia ella, y justo cuando la puerta estaba a punto de cerrarse  y todos los usuarios en su interior, con medio brazo introducido , logró que las puertas se abrieran de nuevo llegando a entrar, ante la sorpresa de ella.

Llegaron al piso dónde se encontraba su Suite. Pidiendo permiso, atravesó la puerta del ascensor cogiendo ese pasillo a la izquierda seguida de cerca por él.
Sin mirar atrás, sin titubear , y con la llave electrónica en la mano, abrió la puerta , siendo él quién la cerrase tras de sí.

Enfurecida y nerviosa, lanzó las cosas encima de la mesa de cristal de la salita recibidor  y fue directa al bar para prepararse algo. Él la observaba sin saber cómo comenzar a hablar, y tras beber de un solo trago medio vaso, sus miradas se cruzaron , y dado que él no lograba encontrar las palabras para romper aquella situación , fue ella la que decidió hacerlo.

•             HEYDEN: Sólo te lo preguntaré una vez ¿Por qué yo?

Él se acercó cabizbajo a uno de los ventanales que daba al exterior. Aparentemente más calmado, trataba de buscar mentalmente las palabras justas que pudieran satisfacerla, lo que no resultaba nada fácil en este momento.

•             MICHAEL: Tenía que tenerte cerca,  saber cómo irías reaccionando. Ni siquiera te habías subido a aquel escenario  y ya vi que tenías algo. Después, cuando comenzaste a bailar………….tu forma de mirar……………. Yo me limité a darles tu nombre, lo demás ………..lo hicieron ellos.
•             HEYDEN: Y  ya entonces sabías que las cosas irían a peor, que se complicarían. ¿por qué ahora esa preocupación de pronto?

Cerró fuertemente los ojos y procuró respirar antes de dar una respuesta.

•             MICHAEL: No sabes cómo es.

Con el vaso en la mano se le acercó. En frente suyo, con la mano que  quedaba libre, le subió la barbilla para que la mirara.

•             HEYDEN: Y ¿Por qué no me lo dices tú?

¿Cómo mirarla sin que de verdad notase lo  culpable que se sentía por aquello que ahora lo contrariaba? Demasiado transparente para ella, no podía seguir ocultándole la verdad . Parte implicada en este proceso, cuándo su participación más activa fue , aún faltaba bastante para conocerla, y aunque la posibilidad de que esto que ahora sucedía pudiera aparecer, jamás imaginó las implicaciones personales que se derivarían de todo ello.

Horas largas de explicaciones. Una historia en la que no cabían los resúmenes, en la que se enlazaban demasiadas personas, datos y años.
Una historia con un punto común que de alguna forma, volvía a la vida de ella.

Es cierto, nadie la preavisó de que alguno de  los expedientes podían tornarse en complicación , aunque los sacrificios estaban de por sí garantizados.
Horas sin casi descanso  en los que la sinceridad no llegó a convertirse en dolor,  por la calidez de quién lo narraba .
Preguntas con respuesta, posibles actitudes, preaviso de cómo mantener el control en una situación casi imposible.

Sentados en el sofá de la salita de la suite, las horas se vinieron encima casi sin darse cuenta, pero aún había una duda por resolver.

•             HEYDEN : ¿Cómo supiste que no les diría que no ?
•             MICHAEL: Porque nadie con dos dedos de frente lo hace. Estás dentro,  pero con mucha más libertad que los que realmente pertenecen a ella, incluso mejor pagada.  Te conocí casi desde el principio, sabía que no te negarías, que la libertad que te reportaba y saber que por fín harías algo bueno, en teoría, te compensaría todo lo del club; que incluso llegarías a ver esa etapa como beneficiosa por llevarte a esto otro. Ellos llevaban tiempo buscando a alguien como tú, con las ideas claras y sin nada que perder, con el valor suficiente para no decir no a nada, y con una exquisita y aparente frialdad que les allanaba el camino. Alguien sin implicaciones personales destacables, ni familia a la que estar demasiado apegada.
•             HEYDEN: Pero….eso no es verdad.
•             MICHAEL: David no cuenta. Los criterios personales se establecen en rangos de marido e hijos, todos los demás, no cuentan. Son prescindibles. Tenías hambre, justo lo que ellos siempre han buscado, y armas.
•             HEYDEN: ¿Y si hubiera dicho que no?
•             MICHAEL: Ellos sabían que no lo harías. Yo lo sabía.  Pero – se levantó del sofá y se acercó al mueble dónde se encontraban sus cosas- hubieran insistido hasta conseguirte.

Al ver que se disponía a marcharse, ella se extrañó.

•             HEYDEN: ¿Te vas?
•             MICHAEL: Es tarde, ¿recuerdas que quedaste con David para cenar?

Llevándose las manos a la cabeza.

•             HEYDEN: Me va a matar, me había olvidado completamente.
•             MICHAEL:  Tengo que volver a Miami unos días. Podrías no volver sola si quieres.
•             HEYDEN: Claro.
•             MICHAEL: Heyden –le cogió las manos y se las acercó al pecho- ellos te dejan sola, yo no. Procura recordarlo.

Ella le respondió con una sonrisa cómplice.

•             MICHAEL: Avísame  cuándo sepas tu vuelo de regreso.
•             HEYDEN: Lo haré.

Y nada más cerrarse la puerta, llamó a su hermano para disculparse y saber dónde verse.
Él quedó en recogerla en el bar del hotel pasada media hora desde que colgase, y desde luego, la habilidad practicada por ella para arreglarse de forma eficiente y rápida, era puesta al límite en esta cita.
Elegantemente ataviado con un traje de chaqueta oscuro, el porte y distinción de su hermano, le hacían destacar en la barra del bar, mucho más que por su altura o su complexión.
Con la confianza que les entrañaba, y aprovechando la concurrencia, aunque no podía taparle los ojos porque  no le llegaban los brazos bien, si decidió agarrarle de la cintura aprovechando que se encontraba de espaldas.

•             DAVID: - al notar sus manos, bajó la cabeza y  , tras reconocerlas, se sonrió- La última  mujer que hizo eso terminó sin poder completar el saludo.

Él se las cogió y se dio la vuelta sorprendiéndose de verla cómo estaba, con un precioso vestido verde años cincuenta, con ligera pedrería en el escote recto, y con dos finos tirantes .

•             HEYDEN: ¿Y cómo se lo impediste?
•             DAVID: ¿Cómo crees tú?

Ambos se rieron, y tras él apurar su copa, fueron al exterior dónde esperaron hasta que le trajeron su coche.
Las luces y los altos edificios suponían el mejor reclamo de una ciudad que parecía ofrecer de todo y para todos. Un deseo oculto de la vida que pudo haber sido y no fue , al menos para ella. No es que Heyden añorase o envidiase de alguna forma la vida tranquila de su hermano, pero es cierto que, el echo de conseguir todas sus metas , lo colocaba en un pedestal invisible ante sus ojos.

Para él, la firmeza de ella  la había convertido en alguien fuerte y aguerrida, cuando en realidad, por mucho que creyese conocerla bien, desconocía los miedos que la atesoraban en el fondo, aquellos que habían determinado una vida  no tan bucólica como él podría pensar.
Quizás lo más correcto y sin embargo inconfesable, fuera aceptar , hace años , aquel otro empleo alternativo. Aquella propuesta impensablemente dirigida  a alguien, que para ella misma, jamás daría con lo que ningún estamento oficial buscaba.
Pero ellos eran diferentes.


Imágenes , sonidos, todo volvía a su mente en cuestión de segundos.
……………….Con una idea preconcebida y mediatizada por los medios de comunicación, las series de televisión y el cine, cuando ciertos individuos, perfectamente identificables  en aspecto , te van  a buscar personalmente, te suben a un coche y convenientemente escoltada, te llevan a un lugar  nada oculto  haciéndote pasar seis controles de seguridad, sin contar las investigaciones previas llevadas a cabo tras el anuncio de la visita,  y una vez cumplimentado un scaner ocular y de huellas, te sientan en una sala,  en donde te enfrentan con una especie de tribunal compuesto por seis tipos bien vestidos, aunque no de negro,  y con pintas de macarras inteligentes, una llega  a hacerse la idea, de que posiblemente,  estés allí porque el fisco haya detectado algún posible fraude que en tu mente creías desconocer.

Pero sentada allí, vas observando como esa película va rodándose de forma continua y viva. Vas viendo que ,  conforme comienzan a hacerte todo tipo de preguntas , sin mediar siquiera una previa explicación de aquella especie de secuestro consentido,  en el que tú te has convertido en objetivo, preguntas incluso sobre tus gustos sexuales y prácticas habituales, y denotas cierta acritud no convertida en violencia , ante la ironía de algunas respuestas puntualmente evasivas,  comienzas a comprender,  que el tema por el que te han traído,  es mucho más serio que el peor de los fraudes, y en tu mente,  las posibles resoluciones de esa situación , no dejaban ningún saldo positivo.

Sólo tras tres interminables y cansinas horas de interrogatorio sin cuartel, sin poder acudir a un servicio aunque tampoco le entrasen ganas, y sin algo de agua que llevarse a una boca seca de puro nervio, aquellos individuos desaparecieron en grupo de aquella sala. ¿Para darle una mínima tregua? Lo desconocía. 
No hubo tiempo para recuperar la calma,  cuando aquella pesada puerta metálica de insonorización volvió a abrirse. Y esta vez, sólo alguien apareció. Un tipo alto, con buen porte y exquisitas formas,  que se le identificaría, sin saber si de forma real o no, como SANDERS.

Lo demás, vino por sí solo.
Un par de llamadas.
Una confirmación.


……………………..



De vueltas a la realidad de aquel coche y de la compañía de su hermano, las  calles de aquella  ciudad parecía engullirles a cada giro nuevo de las ruedas. Luces de neón que saludaban a su paso ofreciéndoles una noche aparentemente más llena de vida que de costumbre.

Hacía mucho tiempo que no disfrutaba de una sesión tranquila con él. Posiblemente , desde poco antes de marcharse de casa, y ahora, las cosas, parecían no haber cambiado, cuando en realidad , el vuelco resultaba brutal.

Tras un buen rato en el coche, llegaron hasta dónde quiso llevarla.
El 230 Fifth ,  en la Quinta Avenida, es la  terraza al aire libre más grande en toda Nueva York,  con jardín y preciosas  vistas al Empire State Building y al resto de la ciudad. Lugar de encuentro, se podía almorzar o cenar de forma deliciosa , o acudir, simplemente, a tomar una copa, a gusto del consumidor más exigente.
Nada más llegar, el encargado de sala se acercó a recibirles  saludando efusivamente a David. Por el trato tanto del responsable de aquel turno  como del resto del personal, más pareciera que su hermano era un cliente muy habitual de la casa, a juzgar por   el reservado con vistas al que los llevaron.
Sin embargo, algo le hacía presagiar a ella , que aquella cena sólo era la excusa perfecta para, en un ambiente relajado, verse sometida a uno de los estudios analíticos tan habituales de su acompañante, razón por la cual, ella prefería no visitarle demasiado a menudo, ya que era prácticamente al único que no podía mentir.

Tras realizar los pedidos de comida y bebidas respectivas, y la relajación del momento hacerse con ellos , llegó el instante de reposo y supuesto interrogatorio.
El encanto y amabilidad desplegado durante toda la velada por él, no le dejaban lugar a dudas , que aquel era el instante en que  aquello tomaría un giro.

Ella, con el escudo idóneo de su copa en una de sus manos, con cuyos dedos , jugueteaba con el píe de la misma, mientras la otra agarraba con fuerza disimulada uno de sus muslos, esperaba el primer disparo dialéctico.

•             HEYDEN: ¿Cuánto más vas a alargar ésto?

Aquella sonrisa de sujeto conquistador e interesante siempre  la había puesto nerviosa.

•             DAVID: ¿Alargar esto?
•             HEYDEN: Sabes perfectamente de lo que hablo. Tú no me has invitado a cenar y has tratado de hacerme la cena distendida por nada. Puede que ahora no mantengamos el mismo contacto, pero sigo sabiendo  lo que piensas nada más verte.

Él , alzando la mano para reclamar la atención de uno de los camareros, pidió una copa de licor, mientras ella solicitaba otra del mismo vino blanco que llevaba tomando.

Cabizbajo, David acercó una de las manos al bolsillo interior de la chaqueta extrayendo un sobre que le acercó, colocándoselo delante suya, en el mantel.
Los ojos de él se habían oscurecido de pronto. Aquello no era una sorpresa, ni siquiera sería agradable.

Ella miró el sobre por un instante para, seguidamente, centrarse de forma directa en los ojos de su hermano por unos segundos.
Sin demasiada decisión, alargó la mano derecha y lo cogió. Observando detenidamente la solapa entreabierta que la llamaba a terminar de descubrir su contenido, y con un nudo en la garganta que casi la impedía tragar, lo abrió ante la atenta mirada de su hermano esperando una reacción suya muy concreta.

Con la tarjeta que contenía en su mano, la leyó, y con su gesto serio mantenido, la volvió a introducir en el sobre y a depositarlo en la mesa.
Respiró hondo, cogió de nuevo su copa y bebió su contenido de un solo trago, evitando mirar a David , aunque se sentía muy observada y sabía por qué.

•             DAVID: Por lo visto , trataron de localizarte ,  al no conseguirlo, me la enviaron conjunta.
•             HEYDEN: Vivo en la misma ciudad desde hace más de veinte años.¿ Son la policía  y quieres hacerme creer que no me han localizado ?
•             DAVID: ¿Qué vas a hacer?
•             HEYDEN: ¿Un homenaje? Lo que me pregunto realmente ¿es si se lo hacen  por su expediente policial o por ser el comisario de policía más intachablemente corrupto de este mundo?

Él temía precisamente este tipo de reacción, creciente y a punto de estallar, así que decidió estar alerta.

•             HEYDEN: ¡Ah  no! Espera. Me acabo de acordar. Por matamujeres y maltratador  con absoluta  impunidad institucional ¿qué tal así? Curioso que los mismos que le protejan son los que le homenajean.
•             DAVID: Sabía que no era una buena idea mostrártelo.

Visiblemente enfadada.

•             HEYDEN: ¿En serio crees que no me hubiera enterado?

 Los nervios comenzaban a mostrarse en su imposibilidad para fijar la vista en un punto en concreto.

•             DAVID: Prefería que lo supieses por mí  antes que por otra persona.

Su hermana continuaba sin poder mirarle, sin poder fijar la vista en ningún punto concreto.

•             DAVID: Heyden, mírame .

Ella no podía. Sabía que nada más hacerlo , rompería a llorar en sus brazos.
Él acercó su silla a ella, y cogiéndole la mano con la que se aferraba a la copa, mientras con la otra , le giraba su cabeza hacia él, tan sólo mirarla a los ojos comprendió, como antaño, lo que necesitaba.
Tiró de ella acercando su cuerpo , abrazándola fuertemente. Ella , intentó resistirse a romper . Quería ser fuerte por una vez, pero por mucho tiempo que hubiera pasado, los recuerdos aún permanecían muy vivos y presentes. Sin aflojar ni por un instante el estrechamiento contra su cuerpo, el contacto cálido de su hermano y una respiración honda por su parte , hicieron que no pudiera aguantar más.
Al escucharla, al sentirla, le sostuvo la cabeza y frotó ligeramente su espalda.

Dos copas más tarde, una vuelta en coche con la ventanilla bajada y el aire golpeándole plácidamente la cara, llegó la hora de regresar al hotel.
Él la acompañó hasta la suite , y pese a insistirle en quedarse, prefirió  que se marchase y la dejase sola.

Sin promesas de tiempo determinado para volver a encontrarse, algo habitual en ellos, una vez cerró la puerta, cogió su teléfono móvil del bolso y realizó la única llamada que debía hacer.

•             HEYDEN: Vuelvo en el primer vuelo de la mañana.

Y colgó.
Todo lo que le había pedido su otro interlocutor, y todo lo que necesitaba saber.

Sin dormir, apareció en el Aeropuerto sólo unas horas después ocultando su mala noche tras sus gafas de sol.
En la ventanilla de facturación, su otro acompañante  aparecía agitado.

•             MICHAEL: Dios, pensaba que ya no llegaba.
•             HEYDEN: Llegas tarde.
•             MICHAEL: Todavía estás facturando no fastidies. No sabes lo que es tratar de conseguir un puñetero taxi en esta ciudad  a ciertas horas.

Sin dejar de observar su gesto serio,  saber que no había sido la mejor noche era fácil, saber por qué , cuándo se supone que su cita era fraternal, resultaba más difícil.
Sin embargo, aunque continuó vigilándola, esperó a que se quitase las gafas nada más subir al avión.

•             MICHAEL: ¿Noche movidita?
•             HEYDEN: Necesito un favor.
•             MICHAEL: Lo que tú digas.
•             HEYDEN: Necesito que me acompañes el viernes por la noche a una fiesta.
•             MICHAEL: Vaya. ¿Y eso?

En ese instante, el tono de mensaje sonó en su teléfono. Tras consultarlo , su rostro cambió misteriosamente. Se humedeció  el labio superior y  medio sonrió , quedándose pensativa mientras se mordisqueaba el inferior.
Michael, aún más extrañado y muerto de la curiosidad más insana,  propiciada en parte por aquella expresión suya que conocía tan bien, no evitó preguntar de inmediato.

•             MICHAEL: ¿Por qué tengo la impresión de que hoy no vamos a vernos?
•             HEYDEN: Ya nos estamos viendo.
•             MICHAEL: Conozco esa expresión Heyden. ¿Trabajo?
•             HEYDEN: -Con el teléfono en la mano, volvió a buscar el mensaje y lo adelantó hasta la parte final del mismo- ¿Conoces esta dirección?

Michael la leyó,  y tras reconocerla , trató de disimular.

•             MICHAEL: Es en la colina, dónde se encuentran esas casonas enormes de adinerados. La parte más cara de la ciudad ¿a las seis y media?
•             HEYDEN: Es Clark quién me lo envía. El cliente quería mantener su identidad oculta , pero por lo visto ha pagado por adelantado una suma descaradamente importante.

Michael trataba de mantener su atención en otros puntos del avión a fin de evitar  que su cara pudiera delatarle.
Sin embargo, su reacción llegaba tarde, y es que conocerse tan bien  mutuamente, a veces, resultaba un incordio para los dos.

•             HEYDEN: La verdad es que debe ser alguien importante cuando mantiene su identidad oculta y no lo concierta a través de Victoria. – permaneciendo su tono interesado -  Es como si necesitase más un cómplice  que a una jefa indiscreta.

Al ver que su acompañante prácticamente intentaba evadir su rostro y toda respuesta posible, conforme ella incorporaba su cuerpo encima suyo casi empujándolo para tratar de verle  la cara, él volvía a colocarse las gafas de sol.
Ella, sin que él se lo esperase, se las retiró sin darle oportunidad de reacción, mientras que la otra mano, era lanzada a sus partes íntimas  bajo amenaza de apretar cada vez más, lo que dejó a Michael bastante paralizado, por el momento.

•             HEYDEN:  Pasta gansa entregada de forma secreta,  a alguien de confianza que asegurase que una persona concreta cubriese un servicio especial por toda la noche, sin levantar sospechas. ¿Sabes de quién puede tratarse verdad?

Al no  haber respuesta por su parte apretó un poco más, consiguiendo sólo que gesticulase cierta molestia contenida con el rostro, especialmente apretando ambos labios, mientras sus manos se aferraban a los reposabrazos de los asientos.

•             HEYDEN: De hecho, a juzgar por tu expresión nada más leerla, juraría que …..ya has estado allí.

Él la miró con aquella expresión tan conocida por ella de cuando lo sacaba de quicio y le apetecía retorcerle el cuello con sus propias manos. Aquellos penetrantes ojos azules , incapaces de mentirle, como años atrás,  se acompañaron con la vuelta a la normalidad, al ella soltarle.
Pero aquella expresión , aún después de desaparecer toda coacción posible, aún permanecía en su cara, seguida de unas palabras dichas con toda la rabia posible.

•             MICHAEL: ¿Ideal no? Paga una pasta gansa por entrar en un juego ajeno.

Ella se colocó derecha en su asiento y se limitó a mirar hacia delante.

•             MICHAEL:  No lo hagas Heyden, con él no.

Pero no recibió respuesta. Él se limitó a recolocarse el pantalón como pudo, mientras ella miraba a través de la pequeña ventanilla.

No hubieron más cruces de miradas, ni reproches , ni preguntas.
Michael había intentado observarla disimuladamente, más que nada, porque aquello que temía, comenzaba antes de tiempo acelerándolo todo. Su sentido protector, ensalzaba aún más la idea,  de que el haber visto en ella la potencialidad para este tipo de trabajo, podría significar su entrega a un patíbulo voluntario.
Ciertamente , como bien  le dijo a ella Sanders, no era la primera vez que se enfrentaba a una situación de este calado.

Ana Patricia Cruz López

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