CAPITULO QUINTO
(SEGUNDA PARTE)
Heyden, tras descansar mal por su encuentro no deseado con Sean, comenzó aquella mañana temprano con un largo
viaje hasta la capital del país : Washington, y no lo haría con las manos
vacías.
Tras unas llamadas previas desde el mismo Aeropuerto de Miami, cuando
el vuelo logró aterrizar, ya había alguien conocido que la recogía y la
acompañaba hasta el coche que la llevaría a su destino.
Una hora más tarde, a las afueras de la bulliciosa ciudad, la verja
anunciadora de la entrada en un gran rancho , daba la pista sobre dónde se
encontraban.
Un camino de tierra batida de
un tono rojo fuego, les guiaba directamente hacia el porche de la gran
casa central. Una ruta, que pese a no
serle muy habitual, sí le resultaba reconocible por alguna ocasión anterior. Y
es que olvidar aquel remanso de paz, rodeado de altas vallas de madera y caballos libres galopando , nunca había
resultado fácil. Un lugar apartado del mundanal ruido en el que daría gusto poder
aislarse.
Una vez el coche se detuvo, el mismo hombre que la había recogido, le pidió que lo siguiera hasta las
caballerizas . Ella , en esas circunstancias , no acostumbraba a cuestionarse
absolutamente nada, sabía cuál era su papel , y se limitaba a escuchar y a
hacer lo que se le ordenaba o recomendaba.
Llevada hasta el interior de las mismas, era Sanders quién ,
descabalgando de una preciosa yegua
parda, retiraba la silla del animal y el resto de amarres.
Ante un gesto suyo, el otro hombre, sencillamente, desapareció.
• HEYDEN: No sé cómo
puedes acostumbrarte a estar lejos de aquí.
• SANDERS: No es
fácil, pero creo que si esto fuese lo
habitual, me aburriría solemnemente.
Una vez terminó de liberar al animal y de encerrarlo en su habitáculo, comenzó a quitarse los guantes
mientras ambos salían fuera.
• SANDERS: ¿Supongo
que no vendrás con prisa?
• HEYDEN: No tenía
planes específicos, salvo a la vuelta.
• SANDERS: ¿Tu
hermano? ¿Desde hace cuánto que no le ves?
• HEYDEN: Demasiado.
• SANDERS: Espero
entonces que aproveches para compartir unos días, y que desde luego, él sepa
beneficiarse de ese tiempo que le prestas.
Apoyados en la valla, Sanders
no pudo evitar observarla. Se preciaba de conocerla hasta cierto punto,
y siendo tan transparente , era
imposible no saber que se encontraba preocupada.
• SANDERS: Si has
venido hasta aquí, sé que no es para decirme que te has arrepentido, pero hay
algo que te golpea una y otra vez. Nunca antes te vi preocupada , no de esa
forma.
El silencio y su continua mirada a los caballos que pastaban
tranquilamente, su mejor respuesta. Sanders no puedo evitar seguir sonsacando.
• SANDERS: ¿Qué te ha
dicho Michael?
Ella lo miró cabizbaja aunque sorprendida.
• SANDERS: Hasta
ahora, no habías necesitado compartir lo que se te asignaba. ¿Por qué ahora?
¿Inseguridad?¿Reconsideración?
• HEYDEN: No sé por qué lo hice, pero de pronto sentí la
necesidad de……….
• SANDERS: ¿Su
opinión? Imagino que te habrá dicho lo que es predecible, ¿que éste no es como
los otros, que pienses en ti, y que sobre todo recuerdes que estás sola?
• HEYDEN: Él tiene
implicación directa con este caso.
• SANDERS: Y
tanto… - se sonrió , lo que aún le
extrañó mucho más- más de lo que nos gustaría, y por eso precisamente debe mantenerse al margen. – su cara de
extrañeza le originaba aún más risa
interior - ¡Dios Heyden ! Pasarán los años y aún creerás que lo sigues sabiendo todo de las
personas que te rodean. ¿Crees que no sabemos de quién estamos hablando? Su
amistad de antaño con el primero ya es historia vieja, pero con el
segundo……………. Nuestro Departamento nunca aseveraría una relación amistosa, más
bien de mutuo interés. Casi podríamos
asegurar , que tú recibes lo que él dejó en su momento.- mientras paseaban en dirección a la casa, Sanders
continúo su disertación – Ya que vas a
ver a tu hermano, supongo que te lo encontrarás. Pregúntale por Ámsterdam,
Amberes, Oslo, y Panamá, o incluso Brasil, concretamente por Sao Paulo. Que te
diga quién consiguió los contactos de aduanas en Londres, Barcelona o Milán,
quién le presentó a los que realizan las transacciones. Michael siempre ha sabido ser muy escurridizo
y moverse muy bien. Sabía a quién debía tocar y de quién era mejor alejarse.
Heyden, jamás preguntamos por el pasado de nadie, pero no voy a mentirte
confirmándote que se le investiga. Los años que trabajó en ese, llamémosle, otro campo, le sirvieron
sobre todo para contactar con gente, personas muy valiosas, lo mismo que te ha
servido a ti, más que el dinero, que desde luego siempre resulta un aliciente
harto interesante.- Llegados al porche, él la detuvo cogiéndola por el hombro-
Él sabía lo que hacía cuando te puso en nuestras manos y jamás hasta ahora
pareció importarle demasiado lo que ya conocía bien. Heyden, en otras circunstancias
no te preguntaría esto pero… ¿Ha pasado algo entre él y tú?
Extrañada, una especie de incipiente risa nerviosa se apoderaba de
ella ante la incredulidad de la pregunta.
• HEYDEN: ¡Nooooo!
¿Por qué………..? Simplemente sigue tan protector como siempre ha sido.
• SANDERS: Está bien,
simplemente era una pregunta. ¿Hambre?
Y entraron en el interior de la casa , donde se dispusieron a almorzar
. Sólo una vez hubieron terminado, ella recibió lo que venía a buscar, la
segunda parte de la carpeta inicial.
Durante el viaje a Nueva York, como era de esperar, mientras volvía a
repasar una y otra vez la documentación y la información que allí se vertía, la
mala costumbre de su cabeza de atraerle para sí los recuerdos oportunos era
algo incapaz de asumir.
Imágenes nada vagas que se remitían hasta su más remota niñez, cuando
antes que Michael, su ángel protector era su hermanastro David , con cuya
envergadura, era capaz de ahuyentar todos los miedos posibles.
Y recordando, de esa forma, voluntariamente , en su mente colocó dos
momentos concretos de ambos, de Michael y de David, y , como si fuesen el mismo
plano de una película pero interpretada por dos sujetos diferentes, al simil de
lo que sucede con las pruebas de cámaras a las que a veces se someten muchos actores,
y después de todo lo pasado , creyó haber entendido el origen de esa confianza
ciega que , prácticamente desde el inicio de su relación, había sentido por “el extraño” del club. Y
sólo entonces comprendió, que a estas
alturas de todo el argumento en que consistía esta obra de sus vidas en
conjunto, sólo tendría una pregunta que hacerle, una sola que les atañese a los
dos.
Al tratarse de una visita por
sorpresa, el riesgo de no encontrar a
ninguno disponible o incluso fuera de la ciudad
se sentía presente, pero tampoco tenía especial prisa por volver a casa,
y hacía mucho que no visitaba la ciudad. Siempre podría aprovechar para
descansar y hacer algo de turismo.
Nada más coger el taxi en el JFK, se dirigió al despacho de David. Una
vez allí, el agente de seguridad del vestíbulo la reconoció y le confirmó que
su hermano se encontraba arriba, y se dirigió a
los ascensores que la llevarían hasta la planta 40.
Atravesó la puerta de la oficina, y una de las recepcionistas la saludó efusivamente. Ella le solicitó que
no le avisase de su llegada al tratarse de una sorpresa, y la otra muchacha le
hizo caso complacientemente.
Atravesar aquella segunda puerta hacia el gran pasillo , al final del
cual se encontraba el despacho de su hermano , no le era muy fácil. No porque
su relación se hubiese resquebrajado después de tantos años, pero en el fondo,
desde que se separaran , es cierto que
había habido cierto distanciamiento sereno, y que saber el uno del otro, más se
tornaba hacia la llamada telefónica breve en fechas señaladas o al
interrogatorio de rigor a sus otros dos compañeros de trabajo y amigos comunes
, que a verse en persona o a escucharse la voz , aunque sólo fuera un hola.
Cada paso sobre aquella moqueta, le acrecentaba unos nervios
aparecidos de instantáneo, al sentir que estaba allí realmente , y que pese a
haber mucha confianza, si su hermano supiera todo aquello que se ha convertido
en su bolsa de los secretos, posiblemente, le perdería. Supuso, que la vida
depara destinos curiosos y sorprendentes, y que en ocasiones, aquellas promesas
casi infantiles que a veces se hacen las personas, el mismo discurrir de tu
historia, es el que te impide incumplirla una vez. Esa primera vez , que por
ende, es la más difícil, y que una vez
realizada, parece facilitar el camino hacia las demás que inevitablemente han
de seguirle.
Con la puerta de su despacho no cerrada del todo, observó cómo su
hermano parecía cansado. Sentado en su gran silla, con toda su envergadura de
1.96 centímetros de alto y ancho como el canal de Suez, parecía sentirse
pequeño. Unos giros de cabeza, y las manos fueron directas a su nuca. Problema
juvenil no resuelto , y oportunidad que ella aprovecharía para hacer notar su
presencia apoyada en el marco de la
puerta.
• HEYDEN: ¿ Aún seguimos
sin encontrar a un fisioterapeuta en
condiciones ?
Con sus manos aún en la nuca, una gran sonrisa pobló su cara , aunque
ella sólo pudiera sentirla al oírle hablar , ya que automáticamente bajó su
rostro.
• DAVID: ¿Y tú ya has
olvidado las buenas formas qué vienes sin avisar ?
• HEYDEN: No tenía
previsto esta parada, pero me parecía feo no hacerla de vuelta a casa.
Levantó su cabeza, y se quedó un rato observándola en silencio.
• DAVID: Y ahora que
la has hecho, ¿Piensas quedarte en la puerta?
• HEYDEN: Bueno, la
misma distancia hay de tu asiento a la puerta que viceversa, esto no es tu
casa, es tu despacho.
Se incorporó y fue decidido a abrazarla.
• DAVID: ¿Y desde
cuándo has necesitado permiso?
Aquel abrazo les supo a gloria a los dos. Él hacía mucho tiempo que la
añoraba, y ella , en este momento, lo necesitaba más que nunca. Un gesto de
cariño sin contraprestaciones, sincero, sólo y puramente por amor, sin más.
Según se separó un instante para dejarla respirar pero sin soltarle
las manos, la observó detenidamente de arriba abajo, sin que la sonrisa se le
borrase de la cara. Se sentía feliz , y algo que siempre había caracterizado a
este hombre, era transmitir claramente cada sentimiento, fuese el que fuese.
• DAVID: ¿Cuánto ha
pasado….?
• HEYDEN: Acción de
gracias , del año de mi graduación.
Ella se mordisqueó el labio inferior como forma de reconocerle que
efectivamente parecía imperdonable el tiempo pasado, mientras él, casi la
reprobaba como a las niñas pequeñas , con una
mirada en el fondo muy tierna.
• DAVID: ¡Dios! De
eso hace una eternidad. ¡Cuánto te he echado de menos ¡¿Por cuánto vas a
quedarte?
• HEYDEN: No lo sé,
no tenía previsto venir, pero, he estado
en Washington por negocios y no me
parecía bien no parar, así que no tengo planes ni prisa.
• DAVID: Mejor. ¿Qué
hora es? – Miró su reloj de muñeca y muy animosamente se dispuso a volver cerca
de su mesa para coger de una especie de perchero-armario la chaqueta- He
quedado con Michael y Liz a comer , ¿sabían que venías?
• HEYDEN: - con
ligero gesto de preocupación- No.
• DAVID: Perfecto,
así entonces nos darás la sorpresa a los tres.
Cuando ella comprobó el lugar escogido para comer, era como si
supieran que iba a venir. Quedaron en su
lugar favorito, un italiano muy cerca
del distrito financiero, famoso por sus
pastas frescas de elaboración casera y
deliciosas tartas de postre.
Liz y Michael se encontraban sentados en una de las
mesas exteriores . Ella revisando el móvil y él leyendo el periódico. Al
parecerle ver , por encima de las hojas,
una imagen borrosa de dos cuerpos que se acercaban hasta ellos, terminó
de bajarlo y pudo centrar mejor la vista. Su rostro de sorpresa era más que
evidente, y Liz no se dio cuenta de la nueva e inquietante presencia, hasta que no oyó a David hablar justo a su
espalda , y ella elevar la cabeza y verla.
• DAVID: Chicos,
mirad a quién os traigo.
• LIZ: ¡Dios de mi
vida !- se levantó para abrazarla- No puedo creerlo.
Michael también se incorporó para saludarla, acercándose ella para
darle un beso en la mejilla, notándose la tensión entre ambos revestida de
aparente normalidad.
Durante el almuerzo, la tensión
entre ellos dos podía casi respirarse.
Michael se denotaba más incómodo de lo normal, y ella , sentada justo
a su lado, trataba de no prestar
demasiada atención al hecho de tenerlo sentado a su derecha .
Aunque Heyden trató de mantenerse entretenida hablando con la mayor
naturalidad posible con David y Liz, tanto uno como otro se dieron cuenta de
que algo pasaba, aunque las percepciones de ambos no irían por el mismo camino.
Michael se encontraba especialmente puntilloso e irónico , y cuando no
decía nada, su gesticulación facial lo decía todo por él.
• LIZ: ¿Cuánto tienes
previsto quedarte?
• HEYDEN: Aún no lo
sé, pero no podré tardar demasiado para volver.
• MICHAEL: -Haciendo
que jugueteaba con el móvil, y sin levantar la cabeza – Es una mujer
tremendamente ocupada Liz, sobre todo ahora que tiene algo importante entre
manos.
Su ironía , y su supuesta indiferencia , unido a la inoportunidad de
su comentario, hizo que ella comenzase a enervarse.
Liz no entendía la actitud de Michael, mientras comprobaba la tensión
creciente en su amiga.
• LIZ: ¿Ah sí? ¿Así
que un negocio importante entre manos? ¿Tendré que revisar alguna documentación
entonces?
• HEYDEN: No lo sé.-
los nervios le hacían casi no centrarse en las palabras a decir para evitar
meter la pata- Todavía estoy en negociaciones. Ya sabes cómo es esto.
Su sonrisa forzada y los nervios patentes , con Michael en ese
estadio, sólo podían ir a más, y eso era algo que a David no se le escapaba
fácilmente.
• LIZ: Pues ya sabes
que en el despacho no tengo problemas , podría ir por la mañana y tenerlo todo
listo para volver por la tarde.
• MICHAEL: No
deberías insistir Liz, puede que esta vez , prefiera que esa documentación se
la revise otra gente.
Un inesperado rodillazo en el muslo de él por parte de ella , fue lo
que hizo que se sobresaltara en la silla, dejando el móvil encima de la mesa,
acercándose la mano a la dolorida pierna, tratando de disimular cómo bien
podía.
Con todo el episodio en la mente, la agenda del móvil de David sonó de
pronto disculpándose por tener que volver al despacho, no sin antes, quedar con
su hermana para cenar esa misma noche.
Poco después, era Liz la que recibía una llamada telefónica
irrenunciable .
• LIZ: Vaya, que
inoportuno. Tengo que responder – dirigiéndose a Heyden - no te muevas de aquí,
no hemos terminado de hablar.
Liz se alejó de la mesa para poder hablar con tranquilidad, ocasión
que aprovechó su amiga para aclarar la
situación con Michael. Dejó los cubiertos encima del plato, bebió un sorbo de
café, y se reclinó sobre el espaldar de la silla , mientras Michael
centraba su vista al frente , aguantando la rabia sentida por el dolor
de la pierna.
• HEYDEN: Bueno ,
¿vas a decirme qué pasa?
• MICHAEL: ¿Crees qué pasa algo?
• HEYDEN: Dímelo tú.
• MICHAEL:
¿Washington tal vez? ¿Te suena bien?
• HEYDEN: ¿Amberes no
suena mejor?
Michael se quedó serie de pronto.
• HEYDEN: Creo que ha
llegado la hora de que tú y yo tengamos una conversación pendiente.
• MICHAEL: ¿Es qué no
has tenido suficiente con lo que Sanders te ha dicho?
• HEYDEN: Da la casualidad de que él, lo único que me
dijo, es que te preguntase a ti.
Con la barbilla apoyada en una de sus manos , y ese brazo en el
reposabrazos de la silla, trató de disimular lo que esta complicación de última
hora suponía y más con ella, pero no encontraba salida posible.
• HEYDEN: Michael……..- en ese instante llegó Liz que
debía marcharse a toda prisa por una reunión urgente, comprometiéndose a
llamarla-.
Volvieron a quedar los dos solos.
Ella le miró, y al ver que no reaccionaba, que ni siquiera la miraba,
se levantó bruscamente y se marchó.
Cuando él logró reaccionar e irle a la zaga, ella le llevaba mucha
ventaja. Casi alcanzándola , cogió un taxi, y él tuvo que ser muy habilidoso
para conseguir otro que la siguiera.
Atravesando la ciudad, con un tráfico horroso a esa hora y a punto de
perderla en una de las esquinas en que su coche dobló, su taxi se detuvo en el
hotel en el que pernoctaría. La vio bajarse y , tras pagar a su conductor,
corrió detrás de ella.
Al llegar al vestíbulo del edificio, le pareció reconocerla esperando
en el pasillo de los ascensores. Corrió hacia ella, y justo cuando la puerta
estaba a punto de cerrarse y todos los
usuarios en su interior, con medio brazo introducido , logró que las puertas se
abrieran de nuevo llegando a entrar, ante la sorpresa de ella.
Llegaron al piso dónde se encontraba su Suite. Pidiendo permiso,
atravesó la puerta del ascensor cogiendo ese pasillo a la izquierda seguida de
cerca por él.
Sin mirar atrás, sin titubear , y con la llave electrónica en la mano,
abrió la puerta , siendo él quién la cerrase tras de sí.
Enfurecida y nerviosa, lanzó las cosas encima de la mesa de cristal de
la salita recibidor y fue directa al bar
para prepararse algo. Él la observaba sin saber cómo comenzar a hablar, y tras
beber de un solo trago medio vaso, sus miradas se cruzaron , y dado que él no
lograba encontrar las palabras para romper aquella situación , fue ella la que
decidió hacerlo.
• HEYDEN: Sólo te lo
preguntaré una vez ¿Por qué yo?
Él se acercó cabizbajo a uno de los ventanales que daba al exterior.
Aparentemente más calmado, trataba de buscar mentalmente las palabras justas
que pudieran satisfacerla, lo que no resultaba nada fácil en este momento.
• MICHAEL: Tenía que
tenerte cerca, saber cómo irías
reaccionando. Ni siquiera te habías subido a aquel escenario y ya vi que tenías algo. Después, cuando
comenzaste a bailar………….tu forma de mirar……………. Yo me limité a darles tu
nombre, lo demás ………..lo hicieron ellos.
• HEYDEN: Y ya entonces sabías que las cosas irían a
peor, que se complicarían. ¿por qué ahora esa preocupación de pronto?
Cerró fuertemente los ojos y procuró respirar antes de dar una
respuesta.
• MICHAEL: No sabes
cómo es.
Con el vaso en la mano se le acercó. En frente suyo, con la mano
que quedaba libre, le subió la barbilla
para que la mirara.
• HEYDEN: Y ¿Por qué
no me lo dices tú?
¿Cómo mirarla sin que de verdad notase lo culpable que se sentía por aquello que ahora
lo contrariaba? Demasiado transparente para ella, no podía seguir ocultándole
la verdad . Parte implicada en este proceso, cuándo su participación más activa
fue , aún faltaba bastante para conocerla, y aunque la posibilidad de que esto
que ahora sucedía pudiera aparecer, jamás imaginó las implicaciones personales que
se derivarían de todo ello.
Horas largas de explicaciones. Una historia en la que no cabían los
resúmenes, en la que se enlazaban demasiadas personas, datos y años.
Una historia con un punto común que de alguna forma, volvía a la vida
de ella.
Es cierto, nadie la preavisó de que alguno de los expedientes podían tornarse en
complicación , aunque los sacrificios estaban de por sí garantizados.
Horas sin casi descanso en los
que la sinceridad no llegó a convertirse en dolor, por la calidez de quién lo narraba .
Preguntas con respuesta, posibles actitudes, preaviso de cómo mantener
el control en una situación casi imposible.
Sentados en el sofá de la salita de la suite, las horas se vinieron
encima casi sin darse cuenta, pero aún había una duda por resolver.
• HEYDEN : ¿Cómo
supiste que no les diría que no ?
• MICHAEL: Porque
nadie con dos dedos de frente lo hace. Estás dentro, pero con mucha más libertad que los que
realmente pertenecen a ella, incluso mejor pagada. Te conocí casi desde el principio, sabía que
no te negarías, que la libertad que te reportaba y saber que por fín harías
algo bueno, en teoría, te compensaría todo lo del club; que incluso llegarías a
ver esa etapa como beneficiosa por llevarte a esto otro. Ellos llevaban tiempo
buscando a alguien como tú, con las ideas claras y sin nada que perder, con el
valor suficiente para no decir no a nada, y con una exquisita y aparente
frialdad que les allanaba el camino. Alguien sin implicaciones personales
destacables, ni familia a la que estar demasiado apegada.
• HEYDEN: Pero….eso
no es verdad.
• MICHAEL: David no
cuenta. Los criterios personales se establecen en rangos de marido e hijos,
todos los demás, no cuentan. Son prescindibles. Tenías hambre, justo lo que
ellos siempre han buscado, y armas.
• HEYDEN: ¿Y si
hubiera dicho que no?
• MICHAEL: Ellos
sabían que no lo harías. Yo lo sabía.
Pero – se levantó del sofá y se acercó al mueble dónde se encontraban
sus cosas- hubieran insistido hasta conseguirte.
Al ver que se disponía a marcharse, ella se extrañó.
• HEYDEN: ¿Te vas?
• MICHAEL: Es tarde,
¿recuerdas que quedaste con David para cenar?
Llevándose las manos a la cabeza.
• HEYDEN: Me va a
matar, me había olvidado completamente.
• MICHAEL: Tengo que volver a Miami unos días. Podrías
no volver sola si quieres.
• HEYDEN: Claro.
• MICHAEL: Heyden –le
cogió las manos y se las acercó al pecho- ellos te dejan sola, yo no. Procura
recordarlo.
Ella le respondió con una sonrisa cómplice.
• MICHAEL:
Avísame cuándo sepas tu vuelo de regreso.
• HEYDEN: Lo haré.
Y nada más cerrarse la puerta, llamó a su hermano para disculparse y
saber dónde verse.
Él quedó en recogerla en el bar del hotel pasada media hora desde que
colgase, y desde luego, la habilidad practicada por ella para arreglarse de forma
eficiente y rápida, era puesta al límite en esta cita.
Elegantemente ataviado con un traje de chaqueta oscuro, el porte y
distinción de su hermano, le hacían destacar en la barra del bar, mucho más que
por su altura o su complexión.
Con la confianza que les entrañaba, y aprovechando la concurrencia,
aunque no podía taparle los ojos porque
no le llegaban los brazos bien, si decidió agarrarle de la cintura
aprovechando que se encontraba de espaldas.
• DAVID: - al notar
sus manos, bajó la cabeza y , tras
reconocerlas, se sonrió- La última mujer
que hizo eso terminó sin poder completar el saludo.
Él se las cogió y se dio la vuelta sorprendiéndose de verla cómo
estaba, con un precioso vestido verde años cincuenta, con ligera pedrería en el
escote recto, y con dos finos tirantes .
• HEYDEN: ¿Y cómo se
lo impediste?
• DAVID: ¿Cómo crees
tú?
Ambos se rieron, y tras él apurar su copa, fueron al exterior dónde
esperaron hasta que le trajeron su coche.
Las luces y los altos edificios suponían el mejor reclamo de una
ciudad que parecía ofrecer de todo y para todos. Un deseo oculto de la vida que
pudo haber sido y no fue , al menos para ella. No es que Heyden añorase o
envidiase de alguna forma la vida tranquila de su hermano, pero es cierto que,
el echo de conseguir todas sus metas , lo colocaba en un pedestal invisible
ante sus ojos.
Para él, la firmeza de ella la
había convertido en alguien fuerte y aguerrida, cuando en realidad, por mucho
que creyese conocerla bien, desconocía los miedos que la atesoraban en el
fondo, aquellos que habían determinado una vida
no tan bucólica como él podría pensar.
Quizás lo más correcto y sin embargo inconfesable, fuera aceptar ,
hace años , aquel otro empleo alternativo. Aquella propuesta impensablemente
dirigida a alguien, que para ella misma,
jamás daría con lo que ningún estamento oficial buscaba.
Pero ellos eran diferentes.
Imágenes , sonidos, todo volvía a su mente en cuestión de segundos.
……………….Con una idea preconcebida y mediatizada por los medios de
comunicación, las series de televisión y el cine, cuando ciertos individuos,
perfectamente identificables en aspecto
, te van a buscar personalmente, te
suben a un coche y convenientemente escoltada, te llevan a un lugar nada oculto
haciéndote pasar seis controles de seguridad, sin contar las
investigaciones previas llevadas a cabo tras el anuncio de la visita, y una vez cumplimentado un scaner ocular y
de huellas, te sientan en una sala, en
donde te enfrentan con una especie de tribunal compuesto por seis tipos bien
vestidos, aunque no de negro, y con
pintas de macarras inteligentes, una llega
a hacerse la idea, de que posiblemente,
estés allí porque el fisco haya detectado algún posible fraude que en tu
mente creías desconocer.
Pero sentada allí, vas observando como esa película va rodándose de
forma continua y viva. Vas viendo que ,
conforme comienzan a hacerte todo tipo de preguntas , sin mediar
siquiera una previa explicación de aquella especie de secuestro
consentido, en el que tú te has
convertido en objetivo, preguntas incluso sobre tus gustos sexuales y prácticas
habituales, y denotas cierta acritud no convertida en violencia , ante la
ironía de algunas respuestas puntualmente evasivas, comienzas a comprender, que el tema por el que te han traído, es mucho más serio que el peor de los fraudes,
y en tu mente, las posibles resoluciones
de esa situación , no dejaban ningún saldo positivo.
Sólo tras tres interminables y cansinas horas de interrogatorio sin
cuartel, sin poder acudir a un servicio aunque tampoco le entrasen ganas, y sin
algo de agua que llevarse a una boca seca de puro nervio, aquellos individuos
desaparecieron en grupo de aquella sala. ¿Para darle una mínima tregua? Lo
desconocía.
No hubo tiempo para recuperar la calma, cuando aquella pesada puerta metálica de
insonorización volvió a abrirse. Y esta vez, sólo alguien apareció. Un tipo
alto, con buen porte y exquisitas formas,
que se le identificaría, sin saber si de forma real o no, como SANDERS.
Lo demás, vino por sí solo.
Un par de llamadas.
Una confirmación.
……………………..
De vueltas a la realidad de aquel coche y de la compañía de su
hermano, las calles de aquella ciudad parecía engullirles a cada giro nuevo
de las ruedas. Luces de neón que saludaban a su paso ofreciéndoles una noche
aparentemente más llena de vida que de costumbre.
Hacía mucho tiempo que no disfrutaba de una sesión tranquila con él.
Posiblemente , desde poco antes de marcharse de casa, y ahora, las cosas,
parecían no haber cambiado, cuando en realidad , el vuelco resultaba brutal.
Tras un buen rato en el coche, llegaron hasta dónde quiso llevarla.
El 230 Fifth , en la Quinta
Avenida, es la terraza al aire libre más
grande en toda Nueva York, con jardín y
preciosas vistas al Empire State
Building y al resto de la ciudad. Lugar de encuentro, se podía almorzar o cenar
de forma deliciosa , o acudir, simplemente, a tomar una copa, a gusto del
consumidor más exigente.
Nada más llegar, el encargado de sala se acercó a recibirles saludando efusivamente a David. Por el trato
tanto del responsable de aquel turno
como del resto del personal, más pareciera que su hermano era un cliente
muy habitual de la casa, a juzgar por el reservado con vistas al que los llevaron.
Sin embargo, algo le hacía presagiar a ella , que aquella cena sólo
era la excusa perfecta para, en un ambiente relajado, verse sometida a uno de
los estudios analíticos tan habituales de su acompañante, razón por la cual,
ella prefería no visitarle demasiado a menudo, ya que era prácticamente al
único que no podía mentir.
Tras realizar los pedidos de comida y bebidas respectivas, y la
relajación del momento hacerse con ellos , llegó el instante de reposo y
supuesto interrogatorio.
El encanto y amabilidad desplegado durante toda la velada por él, no
le dejaban lugar a dudas , que aquel era el instante en que aquello tomaría un giro.
Ella, con el escudo idóneo de su copa en una de sus manos, con cuyos
dedos , jugueteaba con el píe de la misma, mientras la otra agarraba con fuerza
disimulada uno de sus muslos, esperaba el primer disparo dialéctico.
• HEYDEN: ¿Cuánto más
vas a alargar ésto?
Aquella sonrisa de sujeto conquistador e interesante siempre la había puesto nerviosa.
• DAVID: ¿Alargar
esto?
• HEYDEN: Sabes
perfectamente de lo que hablo. Tú no me has invitado a cenar y has tratado de
hacerme la cena distendida por nada. Puede que ahora no mantengamos el mismo
contacto, pero sigo sabiendo lo que piensas
nada más verte.
Él , alzando la mano para reclamar la atención de uno de los
camareros, pidió una copa de licor, mientras ella solicitaba otra del mismo
vino blanco que llevaba tomando.
Cabizbajo, David acercó una de las manos al bolsillo interior de la
chaqueta extrayendo un sobre que le acercó, colocándoselo delante suya, en el
mantel.
Los ojos de él se habían oscurecido de pronto. Aquello no era una
sorpresa, ni siquiera sería agradable.
Ella miró el sobre por un instante para, seguidamente, centrarse de
forma directa en los ojos de su hermano por unos segundos.
Sin demasiada decisión, alargó la mano derecha y lo cogió. Observando
detenidamente la solapa entreabierta que la llamaba a terminar de descubrir su
contenido, y con un nudo en la garganta que casi la impedía tragar, lo abrió
ante la atenta mirada de su hermano esperando una reacción suya muy concreta.
Con la tarjeta que contenía en su mano, la leyó, y con su gesto serio
mantenido, la volvió a introducir en el sobre y a depositarlo en la mesa.
Respiró hondo, cogió de nuevo su copa y bebió su contenido de un solo
trago, evitando mirar a David , aunque se sentía muy observada y sabía por qué.
• DAVID: Por lo visto
, trataron de localizarte , al no
conseguirlo, me la enviaron conjunta.
• HEYDEN: Vivo en la
misma ciudad desde hace más de veinte años.¿ Son la policía y quieres hacerme creer que no me han
localizado ?
• DAVID: ¿Qué vas a
hacer?
• HEYDEN: ¿Un
homenaje? Lo que me pregunto realmente ¿es si se lo hacen por su expediente policial o por ser el
comisario de policía más intachablemente corrupto de este mundo?
Él temía precisamente este tipo de reacción, creciente y a punto de
estallar, así que decidió estar alerta.
• HEYDEN: ¡Ah no! Espera. Me acabo de acordar. Por
matamujeres y maltratador con
absoluta impunidad institucional ¿qué
tal así? Curioso que los mismos que le protejan son los que le homenajean.
• DAVID: Sabía que no
era una buena idea mostrártelo.
Visiblemente enfadada.
• HEYDEN: ¿En serio
crees que no me hubiera enterado?
Los nervios comenzaban a
mostrarse en su imposibilidad para fijar la vista en un punto en concreto.
• DAVID: Prefería que
lo supieses por mí antes que por otra
persona.
Su hermana continuaba sin poder mirarle, sin poder fijar la vista en
ningún punto concreto.
• DAVID: Heyden,
mírame .
Ella no podía. Sabía que nada más hacerlo , rompería a llorar en sus
brazos.
Él acercó su silla a ella, y cogiéndole la mano con la que se aferraba
a la copa, mientras con la otra , le giraba su cabeza hacia él, tan sólo
mirarla a los ojos comprendió, como antaño, lo que necesitaba.
Tiró de ella acercando su cuerpo , abrazándola fuertemente. Ella ,
intentó resistirse a romper . Quería ser fuerte por una vez, pero por mucho
tiempo que hubiera pasado, los recuerdos aún permanecían muy vivos y presentes.
Sin aflojar ni por un instante el estrechamiento contra su cuerpo, el contacto
cálido de su hermano y una respiración honda por su parte , hicieron que no
pudiera aguantar más.
Al escucharla, al sentirla, le sostuvo la cabeza y frotó ligeramente
su espalda.
Dos copas más tarde, una vuelta en coche con la ventanilla bajada y el
aire golpeándole plácidamente la cara, llegó la hora de regresar al hotel.
Él la acompañó hasta la suite , y pese a insistirle en quedarse,
prefirió que se marchase y la dejase
sola.
Sin promesas de tiempo determinado para volver a encontrarse, algo
habitual en ellos, una vez cerró la puerta, cogió su teléfono móvil del bolso y
realizó la única llamada que debía hacer.
• HEYDEN: Vuelvo en
el primer vuelo de la mañana.
Y colgó.
Todo lo que le había pedido su otro interlocutor, y todo lo que
necesitaba saber.
Sin dormir, apareció en el Aeropuerto sólo unas horas después
ocultando su mala noche tras sus gafas de sol.
En la ventanilla de facturación, su otro acompañante aparecía agitado.
• MICHAEL: Dios,
pensaba que ya no llegaba.
• HEYDEN: Llegas
tarde.
• MICHAEL: Todavía
estás facturando no fastidies. No sabes lo que es tratar de conseguir un
puñetero taxi en esta ciudad a ciertas
horas.
Sin dejar de observar su gesto serio,
saber que no había sido la mejor noche era fácil, saber por qué , cuándo
se supone que su cita era fraternal, resultaba más difícil.
Sin embargo, aunque continuó vigilándola, esperó a que se quitase las
gafas nada más subir al avión.
• MICHAEL: ¿Noche
movidita?
• HEYDEN: Necesito un
favor.
• MICHAEL: Lo que tú
digas.
• HEYDEN: Necesito
que me acompañes el viernes por la noche a una fiesta.
• MICHAEL: Vaya. ¿Y
eso?
En ese instante, el tono de mensaje sonó en su teléfono. Tras
consultarlo , su rostro cambió misteriosamente. Se humedeció el labio superior y medio sonrió , quedándose pensativa mientras
se mordisqueaba el inferior.
Michael, aún más extrañado y muerto de la curiosidad más insana, propiciada en parte por aquella expresión
suya que conocía tan bien, no evitó preguntar de inmediato.
• MICHAEL: ¿Por qué
tengo la impresión de que hoy no vamos a vernos?
• HEYDEN: Ya nos
estamos viendo.
• MICHAEL: Conozco
esa expresión Heyden. ¿Trabajo?
• HEYDEN: -Con el
teléfono en la mano, volvió a buscar el mensaje y lo adelantó hasta la parte
final del mismo- ¿Conoces esta dirección?
Michael la leyó, y tras
reconocerla , trató de disimular.
• MICHAEL: Es en la
colina, dónde se encuentran esas casonas enormes de adinerados. La parte más
cara de la ciudad ¿a las seis y media?
• HEYDEN: Es Clark
quién me lo envía. El cliente quería mantener su identidad oculta , pero por lo
visto ha pagado por adelantado una suma descaradamente importante.
Michael trataba de mantener su atención en otros puntos del avión a
fin de evitar que su cara pudiera
delatarle.
Sin embargo, su reacción llegaba tarde, y es que conocerse tan
bien mutuamente, a veces, resultaba un
incordio para los dos.
• HEYDEN: La verdad
es que debe ser alguien importante cuando mantiene su identidad oculta y no lo
concierta a través de Victoria. – permaneciendo su tono interesado - Es como si necesitase más un cómplice que a una jefa indiscreta.
Al ver que su acompañante prácticamente intentaba evadir su rostro y
toda respuesta posible, conforme ella incorporaba su cuerpo encima suyo casi
empujándolo para tratar de verle la cara,
él volvía a colocarse las gafas de sol.
Ella, sin que él se lo esperase, se las retiró sin darle oportunidad
de reacción, mientras que la otra mano, era lanzada a sus partes íntimas bajo amenaza de apretar cada vez más, lo que
dejó a Michael bastante paralizado, por el momento.
• HEYDEN: Pasta gansa entregada de forma secreta, a alguien de confianza que asegurase que una
persona concreta cubriese un servicio especial por toda la noche, sin levantar
sospechas. ¿Sabes de quién puede tratarse verdad?
Al no haber respuesta por su
parte apretó un poco más, consiguiendo sólo que gesticulase cierta molestia
contenida con el rostro, especialmente apretando ambos labios, mientras sus
manos se aferraban a los reposabrazos de los asientos.
• HEYDEN: De hecho, a
juzgar por tu expresión nada más leerla, juraría que …..ya has estado allí.
Él la miró con aquella expresión tan conocida por ella de cuando lo
sacaba de quicio y le apetecía retorcerle el cuello con sus propias manos.
Aquellos penetrantes ojos azules , incapaces de mentirle, como años atrás, se acompañaron con la vuelta a la normalidad,
al ella soltarle.
Pero aquella expresión , aún después de desaparecer toda coacción
posible, aún permanecía en su cara, seguida de unas palabras dichas con toda la
rabia posible.
• MICHAEL: ¿Ideal no?
Paga una pasta gansa por entrar en un juego ajeno.
Ella se colocó derecha en su asiento y se limitó a mirar hacia
delante.
• MICHAEL: No lo hagas Heyden, con él no.
Pero no recibió respuesta. Él se limitó a recolocarse el pantalón como
pudo, mientras ella miraba a través de la pequeña ventanilla.
No hubieron más cruces de miradas, ni reproches , ni preguntas.
Michael había intentado observarla disimuladamente, más que nada,
porque aquello que temía, comenzaba antes de tiempo acelerándolo todo. Su
sentido protector, ensalzaba aún más la idea,
de que el haber visto en ella la potencialidad para este tipo de
trabajo, podría significar su entrega a un patíbulo voluntario.
Ciertamente , como bien le dijo
a ella Sanders, no era la primera vez que se enfrentaba a una situación de este
calado.
Ana Patricia Cruz López
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