lunes, 17 de agosto de 2015

UNA HISTORIA INACABADA. CAPITULO SEXTO. TERCERA PARTE (Registrado en SAFE CREATIVE JUNIO 2015)

CAPITULO SEXTO (TERCERA  PARTE)

“Me doy cuenta de que algo me falta porque mi piel ha dejado de dolerme
ya no está hecha jirones y el roce del viento ni me duele
Me doy cuenta de que algo me falta porque he dejado de escuchar tu voz
Has dejado de ser un hermoso recuerdo para convertirte en una sombra
Me doy cuenta de que algo me falta porque el aire ha dejado de ser denso.
Me doy cuenta ………………”

¿UN ENCUENTRO O UNA TRAMPA?
(Tercera  Parte)

Nada hacía presagiar que aquel fin de semana se convertiría en uno de los más complicados con el que tuvo  que lidiar Sarah en toda su vida.

La última coincidencia , la de la sesión de clausura.   Él parecía haber decidido concentrarse en las jornadas y en relacionarse con viejos conocidos evitándola por completo. Ella tampoco quiso molestarle, no sabía cómo afrontar lo provocado la noche anterior . Dicha actitud por parte de ambos,  permitió a Sarah respirar un poco más tranquila.


Nada más terminar de hablar el último de los oradores, el Presidente de la Asociación , como si algo le quemase, ella desapareció.

Durante el recorrido de vuelta, comenzó a pensar en el día a día a partir de ahora tras lo pasado con él.  La convivencia en el Departamento resultaba ya dura de por sí,  como para encima encontrarse con serias complicaciones en el  tratamiento diario, claro que,  todo quedaba en una gran incógnita que comenzaría a resolverse el lunes.

Y el lunes llegó, y esa primera hora en el Departamento,  fue la mejor prueba de lo que ella consideraba que pasaba a ser una especie de fricción silenciosa que se mantendría en los días posteriores.
Si llegaba ella y él se encontraba dentro,   se daban los buenos días más correctos que pudieran existir, pero  él siempre encontraba el momento oportuno para desaparecer y coincidir con ella lo menos posible.
Si era ella la se encontraba en su interior, su visión resultaba tan efímera como una exhalación.

Acercándose las fechas en que tendrían que comenzar a ponerse de acuerdo en los temarios de la parte común de  comparada, fue  Sarah la que decidió tomar las riendas y hacer acto de presencia para que las cosas volviesen a la normalidad, partiendo  de algo que él mismo le había propuesto aquella noche.

Una tarde, al salir de clase , le pareció ver a Steve caminando por el pasillo en dirección al ascensor. Cuando , tras mirar más detenidamente logró reconocerle, corrió a dar con él, pillándolo sólo justo cuando la puerta se terminaba de cerrar.
Firme, serio, con una de sus manos ocupadas sosteniendo unas carpetas y mirada fija  a la puerta, no representaba el mejor entorno posible para una negociación,  pero Sarah debía intentarlo.                                                                                                                                                                                                                                

•             SARAH: ¿Cuánto tiempo vas a seguir  así?

Steve no contestaba, ni siquiera se molestó en retirar la vista de la puerta del ascensor.

•             SARAH: - se le colocó delante  sin recibir la menor reacción por su parte- Necesito que hables conmigo  ¿te has dado cuenta de qué se acerca la fecha para ponerse de  acuerdo con lo de comparada?

Steve seguía sin querer reaccionar ignorándola por completo, mientras Sarah comenzaba a ponerse nerviosa. Su paciencia siempre tenía un límite muy pequeño.

•             SARAH: Está bien, - dijo determinante- me vas a obligar a hacer algo que a ti te encanta.

Se giró y paró el ascensor de golpe apretando el botón de STOP ante la mirada sorprendida  de Steve,  mantenida  cuando ella le devolvió la cara.

•             SARAH: Vaya, por fin  he conseguido que me prestes atención.
•             STEVE: - ligeramente molesto - ¿creía que odiabas los espacios cerrados?
•             SARAH: Y los odio , pero ha sido la única salida que me has dejado . ¿Cuánto tiempo más vas a continuar con esta actitud?

Con gesto terriblemente serio y ceja levantada al hablar, sólo una actitud desbordante de ironía podía acompañarle en ese instante, lo que alteraba mucho más a Sarah.

•             STEVE: No sé de qué estás hablando.
•             SARAH: Me evitas ,  apenas me saludas , me doy la vuelta y ya has desaparecido. Me paso el día dejándote notas en la mesa y en todos lados cuando necesito hablar algo contigo,  y aun así las ignoras casi todas.
•             STEVE: Estoy muy ocupado, revisaré mi agenda y te diré algo. ¿te importa darle al botón de nuevo? Llego tarde.
•             SARAH: Has terminado todas tus clases.
•             STEVE: O le das tú o lo hago yo, elige.

Sarah se colocó sobre el cuadro de botones con las manos también a la espalda.

Él dejó caer  las cosas que llevaba en el suelo, se apoyó en la pared del ascensor que tenía justo detrás y bajando la cabeza hizo gesto de negación, respiró sonoramente, y cuando volvió a alzarla, su gesto enfurecido lo acompañó de una arrancada hacia ella frenándose sólo unos centímetros antes.

•             STEVE: ¿te retiras por las buenas  o te retiro yo?
•             SARAH: -sorprendida-  ¿No serás capaz de hacerme daño?

Mirándola fijamente, fue acercándose a  su cara . Por su parte, cuanto más cerca lo tenía más inmóvil permanecía ella. A tan sólo unos centímetros de poder disfrutar de  sus labios y con una Sarah con un cuerpo casi flácido y manejable, le pasó unos de sus brazos por la cintura acariciando parte de  su espalda con la mano  , y amagando besarla, aprovechó para apartarla  ligeramente,   mientras que con la otra mano apretaba  el botón  del  Stop comenzando a moverse el ascensor. Sin embargo, lejos de soltarla de inmediato, se sentía muy cómodo teniéndola tan cerca y a su plena disposición , realmente tentado de besar aquellos labios  entre abiertos que pedían a gritos ser besados  aunque su portadora  no fuera consciente de ello.
El ascensor se detuvo, y aquellos ojos inquietantemente azules fueron alejándose de ella. Esa fue la última imagen que Sarah tendría de él aquel día.

Unos días más tarde, antes de entrar a clase ,  Candice se encontró con Steve en el pasillo de acceso a las aulas , dirigiéndose ambos al departamento . Aprovecharon para acompañarse y así poder hablar de lo más distendidos hasta que se encontraron con una imagen inesperada. Sarah hablaba acaloradamente con Bruce , su editor. Parecía muy  molesta , él no hacía más que intentar cogerla por la cintura ,  tocarla y atraerla hacia sí,   mientras ella insistía en retirarle las manos de su cuerpo mostrándose muy incómoda.
Steve y Candice se detuvieron  y no pudieron por más que  observar aquella escena. 

•             STEVE: ¿Quién es?
•             CANDICE: Bruce,  su agente y editor desde que empezó.
•             STEVE: No parece que la relación sea muy cordial.
•             CANDICE: No me extraña. Si los hubieras visto hace años no dirías lo mismo.

Steve miró a Candice  extrañado por el comentario,  pero presuponiendo a qué se estaba refiriendo.

•             CANDICE: La peor decisión que haya podido tomar en su vida, pero por más que se lo advertimos no hizo caso.

Continuaron caminando hacia el Departamento,  mientras Steve seguía observando a Sarah   hasta que la perdió de vista.
Una vez en el despacho, Candice continuó poniendo al día a Steve, mientras éste preparaba dos tazas de café.

•             CANDICE: A mí personalmente nunca me gustó, jamás me fie de él,  pero  sabía jugar sus cartas y ella acabó cayendo.  No sé cuánto se habrá embolsado ese tío por las publicaciones , pero desde luego mejoró mucho su status .
•             STEVE: - Le acercó su taza y se sentó en frente suya - ¿Y cómo se conocieron?
•             CANDICE: Es complicado. Los presentó un amigo común por aquel entonces. Alguien que tardó en darse cuenta de quién era Bruce en realidad ,  y que al final tomó partida por ella. Fue horroroso. Llegó un momento en que la tenía casi en exclusiva, trabajando en los libros permanentemente. Apenas la veíamos o sabíamos de ella. Recuerdo que la primera voz de alarma  llegó,  cuando me la encontré en un acto de presentación de un libro suyo y me asusté.
•             STEVE: ¿Por?
•             CANDICE: Llegó a bajar peligrosamente de peso en muy poco tiempo. Siempre fue una mujer esbelta, fibrada. Normal pero con atractivo. Y de pronto, en pocos meses, se desmejoró mucho. Incluso  tuvo que reducir sus clases aquí.  Apenas dormía y su aspecto empeoró rápidamente .
Un día le llegó una invitación de Oxford,  como profesora invitada para participar en un simposio y dar clases magistrales. Tres meses en donde los ingleses la tuvieron en exclusiva, y lo más importante,  lejos de él.- Ese particular tono al referirse a Bruce, le daba a Steve la perspectiva aproximada de cómo debía ser esa relación-  Menos mal que logré convencerla de que era una gran oportunidad y que el cambio de aires le vendría estupendamente. ¡Dios! Y tanto que le vino. Me acuerdo de hablar con ella por teléfono, y notar el cambio en su voz en cuestión de pocas semanas. 
Pronto se encontró cómoda, inspirada. Me enviaba fotos y se la veía estupenda y radiante. Era precioso oírla así después de todo lo que había pasado, estaba ilusionada con el comienzo de otra obra, con su vida allí y con la gente que había conocido. Por más que le preguntaba si había algo más detrás de todo aquello,   nunca me dijo nada, y eso que teníamos muchísima confianza y siempre nos lo hemos contado todo, pero en mi interior sabía que algo pasaba. Que algo grande debía de estar ocurriéndole. Me recordaba tanto a la Sarah que fue alumna mía, jovial , alegre, y llena de vida.  Y me alegré tanto por ella aún sin saber nada, porque después de todo lo pasado , se lo merecía.
Cuando regresó tardó en habituarse, no paraba de decir que se volvería a Londres con los ojos cerrados, y entonces me lo enseñó.
•             STEVE: ¿El qué?
•             CANDICE: Era un secreto que sólo conocíamos nosotras dos, porque era tan perfecto que no quería desvelar nada, pero entonces cometió el error de enseñárselo a Bruce, y éste, apenas leídas dos páginas, comenzó a emocionarse diciéndole lo muy vendible y exitoso que podía llegar a ser ese libro. Craso error.
Hasta que aquella maldita noche llegó.

Steve, atento a todo cuanto Candice le narraba, comenzó a presagiar que aquello se tornaría casi más dramático si cabe, a juzgar por los ojos de la compañera.
•             CANDICE: Aquella maldita noche de hace seis años… Recién llegada de Londres, fue directa a  la casa de Bruce para recoger sus cosas , decidida a marcharse, y comenzar una nueva vida. Él celebraba una fiesta . Lo que sucediera en aquel dormitorio sólo lo saben ellos .- se quedó pensativa por un instante- , o más bien sólo él, ahora.
Ella cogió el coche para regresar a su casa.  Lo siguiente , fue despertarse cuatro meses después de un coma. 

El rostro de Steve cambió radicalmente.

•             STEVE: ¿Un accidente?
•             CANDICE: Le acababan de cambiar una medicación que tomaba. Al parecer se desvaneció conduciendo. Según el informe policial, el coche había dado varias vueltas de campana antes de  empotrarse contra un árbol. Se dañó  la cabeza. Durante su larga estancia hospitalaria avanzó mucho,  y una vez fuera,  logró recuperar bastante,   pero parte de su memoria quedó aún muy dañada . Cuando regresó a casa,  habían muchas cosas que no recordaba, nombres, caras, relación con ciertas personas. Para muchas cosas empezaba de cero. Lo peor era la actitud de Bruce con ella, presionándola para que lo terminara y ella se sentada ante el ordenador,  con un ataque de ansiedad por no poder continuarlo , por no sentir ni entender su vinculación con aquellas letras. Y así ha seguido hasta hoy. Lo peor es su incapacidad para sentarse y escribir otra cosa. Está tan obsesionada con acordarse y terminar ese…… Siempre ha creído que si lograra terminarlo,  resolvería las dudas que le permitirían tapar los huecos en su biografía. Nunca logré entender esa vinculación tan intensa con ese maldito libro,  y creo que  ella tampoco. Por eso necesita averiguarlo, para volver  a ser ella.

Steve se frotaba la barbilla mientras no perdía detalle de todo lo que Candice le contaba.

•             CANDICE: Ahora por lo visto,  éste debe de estar quedándose sin clientes e intenta recuperarla.
•             STEVE: ¿Intentar volver con ella dices?
•             CANDICE: Es un tipo muy convincente, y si tiene que usar el tema personal lo hará, en eso es un profesional. En fin ,  me voy o llegaré tarde a la clase.  Ah , por cierto, te ruego la máxima discreción con esto.
•             STEVE : No te preocupes, sé guardar un secreto.

Una hora después,  Sarah entraba muy nerviosa al Departamento tirando las llaves sobre la mesa. Steve se encontraba terminado algo en su portátil pero no perdía detalle de lo que estaba ocurriendo.
Parecía buscar algo , pero  ni ella misma sabía el qué, dónde o cómo.  Tan ofuscada entró en el despacho,  que ni siquiera se percató de la presencia de Steve. Ni veía ni oía nada .

•             STEVE: ¿Te ayudo?
Ella seguía removiendo papeles encima de su mesa.  Su cara , hinchada y enrojecida lo decía todo, se había enfadado mucho y había llorado , y esto último muy recientemente.
Steve insistió.

•             STEVE: ¿Puedo ayudarte?
En su ofuscación , continuaba  caminando desesperada  por toda la estancia.
Steve se levantó de su silla, y aprovechando que debía venir hacia él cuando se diese la vuelta, se le colocó justo delante  logrando que al menos lo viera.

•             STEVE: Bienvenida a la tierra.
Pese a verle , estaba como ida, con la cabeza en otra parte y pensando en mil cosas al mismo tiempo, hacía esfuerzos titánicos por acordarse de lo que ella sólo sabía.

•             SARAH: Perdona Steve, no… no te había visto.
•             STEVE: ¿No me digas? Si no fuera porque has entrado como una locomotora , tirándolo todo y buscando qué se yo,  no me habría dado ni cuenta.

Sarah reconoció de nuevo al Steve de los toques irónicos , el de los mensajes velados, el de las indirectas y dobles sentidos.

Él pudo  comprobar,  que la tensión no desaparecía de su cuerpo pese a sentarse. Que con sus ojos,  seguía inquieta buscando algo que sólo ella conocía o creía saber,  pero no estaba segura.
Sentado en frente ,  en el filo de la mesa , intentó que se olvidase de lo pasado.
Pese a continuar dándole vueltas a la misma idea en su cabeza, el par de veces que levantó la vista y le tuvo en frente, le pilló observándola.

•             SARAH: ¿Qué?
Por alguna razón que ella desconocía,  pero en la que no podía pensar en ese momento, la actitud de él para con ella había cambiado. Lo percibía más amable y sereno, y aquella media sonrisa dibujada en su rostro mientras hablaba con ella y la analizaba concienzudamente, pese a haberla visto en otras ocasiones, tenía la impresión de que esta vez no gozaba del mismo significado.

•             STEVE: Ven conmigo a cenar,  esta noche.
Sarah paralizó todos sus pensamientos. No sabía cómo reaccionar ni qué contestar. No estaba segura de haber entendido correctamente.
•             SARAH: ¿Perdón?
•             STEVE: Te estoy invitando a cenar esta noche conmigo, y te advierto que no admitiré un no por respuesta.
Ella seguía mirándolo incrédula.
•             STEVE: Y antes de que me digas que es un mal momento y el peor día, te diré que el momento es inigualable y el día  el idóneo.
Ella se encontraba algo confusa por  aquella proposición , aunque sólo fuera por un instante, había logrado devolverla a una realidad que no terminaba de entender. Lo primero que pensó y casi lo único,  fue la complejidad de un individuo que se pasaba semanas sin apenas hablar con ella,  y que de repente , sin saber la razón, la invitaba a cenar.
•             STEVE: Ahora tengo que irme,  tengo clase, pasaré a buscarte por tu casa a las seis. – antes de terminar de salir por la puerta , lanzó la vista hacia ella que seguía mirándole sin saber qué decir- Por cierto, no recibo bien los plantones.

Y se marchó.

Aquella situación le resultaba de los más extraña, casi típica de una  película de intriga cuyo director  hubiese perdido la cabeza. Aunque era cierto que para ella no era ni un buen momento ni un buen día, sólo por pura curiosidad no pensaba faltar a la cita.

Tras pasar el día atareada , llegó la hora de que Steve la recogiese en su casa , y justo en el momento en que miraba el reloj , le pareció ver una figura andar hacia él por el rabillo del ojo.
Giró la cabeza hacia el portal y era ella.  Su complacencia,  sólo era explicable por la visión de sus  piernas haciendo oscilar sus caderas vislumbradas por el movimiento de su falda , teniendo la misma agradable sensación, que cuando  confirmó en los Hamptons que aquella mujer de la impresionante Ducatti,  era ella. 
Por su parte, habituada a verle ataviado más de sport si cabe, Sarah  se encontró con un más que elegante Steve con traje de chaqueta azul oscuro , chaleco y corbata a juego.

•             STEVE: Puntual.
•             SARAH: - mirándolo de arriba abajo- Siempre.
Se subió detrás de él, Steve retiró su brazo izquierdo del manillar y se medio giró hacia detrás , miró a Sarah a los ojos , y bajándolos, se fijó en sus manos,  y le gesticuló para que se agarrase a él. Sólo cuando la sintió fuertemente agarrada , se sonrió y arrancó.

Aquella noche Nueva York se mostraba preciosa en toda su plenitud. El cielo volvía a mostrase eternamente despejado, y apenas hacía brisa. Por el rumbo que Steve tomaba,  se veía venir que se acercaban mucho al río, reconociendo ella pronto el  lugar donde la llevaba.

El restaurante escogido era el Hudson River Café, justo donde ella vivía , en Brooklyn.
Sin duda, uno de los lugares más exclusivos de Nueva York y de los Estados Unidos. Ubicado bajo el puente de Brooklyn, contaba con unas  vistas panorámicas al horizonte de Nueva York y a la Estatua de la Libertad . No sólo se podía gozar de su impresionante cocina, sino de degustarla aderezando los alimentos con la mejor carta de vinos del país, y música en vivo bajo los acordes de un romántico piano.

Nada más entrar, uno de los empleados fue a dar con ellos. Les acompañó a la mesa, una de las que mejor vista contaba de toda la bahía. Él la ayudó a quitarse la chaqueta, redescubriendo , conforme la misma se deslizaba por sus brazos, aquella misma espalda desnuda de la primera vez que la vio con aquel vestido verde oscuro. Una piel que en su momento deseó tocar, y cuya sensación mental , le resultaba extremadamente placentera.

Tras visualizar la carta y realizar los respectivos pedidos , a él le tocó escoger el vino de acompañamiento, lo que no resultó muy fácil teniendo en cuenta su amplia y selecta carta.

Y por fin,  quedaron solos. Aquel momento inicial de silencio perturbador y cómplice, sólo roto por la suave música de piano que sonaba desde el fondo de la sala, culminaba con el intercambio de miradas hacia la bahía o hacia el otro contrincante.
De pronto, ante la indecisión de Steve sobre si era el momento oportuno para decir lo que realmente pensaba , fue ella la que decidió romper el hielo.

•             SARAH: Precioso sitio.- mirando la bahía- .
•             STEVE: - sin dejar de mirarla a ella- Desde luego  ¿no  habías estado antes?
•             SARAH: - con una ligera  y tentadora sonrisa - Teniendo en cuenta su fama  , no. Aunque tampoco conseguí nunca a nadie que me trajese.
•             STEVE: ¿Fama?

Sarah se sonrió mucho más , pareciera que por una vez el Sr Lowell no era tan listo como parecía.

•             SARAH: Mira a tu alrededor.
Steve lo hizo.
•             SARAH: ¿Qué notas de particular?
Steve observó todo a donde su vista alcanzaba.
•             STEVE: ¿Personas cenando?
•             SARAH: Parejas más bien. Todo el mundo sabe,  que aunque aquí se celebran  también otro tipo de eventos , es el lugar preferido por las parejas. Está considerado uno de los restaurantes más románticos de los Estados Unidos.
•             STEVE: ¡Vaya!- no pudo evitar reírse.
El gesto de su cara si era natural, nada fingido. Pareciera que  alguien se lo había recomendado pero que al final no le contara  toda la historia.
Sarah estaba demasiado pensativa , y Steve no se resistió a preguntar.

•             STEVE: Se que la inmensa mayoría de la gente odia esta pregunta, pero no puedo evitarlo  ¿En qué estás pensando?
•             SARAH: Tienes razón, la inmensa mayoría la odia. Mientras la otra inmensa minoría sólo desea que al menos , una vez en su vida, se lo pregunten.
•             STEVE:  Y tú ¿ en qué lado te sitúas?
•             SARAH: ¿De verdad quieres saberlo?
•             STEVE: - más distendido- Por supuesto.
•             SARAH:  Está bien, tú lo has querido. Digamos que estoy en esa inmensa mayoría que odia profundamente hasta el tono condescendiente con el que se formula. Cómo si realmente, quién la hiciera, necesitara quedar bien de alguna forma con respecto a la persona a la que se la hace.

El rostro de él cambió. Casi cabizbajo por lo que consideraba una nueva metedura de pata sin sentido , se limitó a mirar el pie de su copa. Sin embargo, ella supo sorprenderle, como no cabía esperar menos.

•             SARAH: No obstante, dado que en ti, ese tono no es pretendido,  te diré, que me preguntaba por  la verdadera razón que te ha hecho invitarme a cenar después de estar  tanto tiempo sin apenas hablarme. De la selección del sitio prefiero no decirte lo que estoy pensando.

Sin levantar la cabeza, sus ojos si ascendieron lentamente hacia el rostro de aquella mujer. Aunque tal afirmación le abría la veda para volver a ser él, el de antaño, no quería. Algo había cambiado y el planteamiento también.
Cogió la botella de vino, se ofreció a servirle más, ella lo miró, y sin dejar de observarlo, acercó su copa a la boca de la botella.

Tras el momento de tensión inicial, conversaron de lo más apacibles y tranquilos. Ya fuera trabajo el tema escogido, o simplemente, la vida de cada uno en ambas ciudades,  con la copa final y la sobremesa, y  ambos mucho más relajados por el ambiente y la música de fondo, la conversación tomó otros derroteros.
Ahora era Steve el que se mostraba ligeramente pensativo y Sarah la que le hostigaba serenamente a confesarse.

•             SARAH: ¿Y tú en qué lado estarías? ¿El de la mayoría molesta o el de la minoría necesitada?

Él ya sabía lo que venía a continuación, sin embargo, prefirió retarla.

•             STEVE: Arriésgate.
•             SARAH: Está bien. ¿Vas a esperar a que te lo pregunte o me vas a responder?
Sentado cómodamente, de medio lado con las piernas cruzadas, y cabeza ligeramente ladeada, suspiró, se río , y mientras veía  juguetear   dos de los dedos de su mano derecha alrededor  del borde de  la copa, se humedeció el labio inferior y se lo mordisqueó, para acabar elevando la mirada hacia ella. El recuerdo , en el ascensor, de aquellos labios entre abiertos,   le resultaba tremendamente recurrente dadas las circunstancias.

•             STEVE: En ti.
Sarah no pudo evitar sonreírse , tanta seguridad por su parte resultaba incontrolablemente abrumadora. Sintió que se ruborizaba y bajó ligeramente la cabeza  jugueteando con parte del mantel.
•             STEVE: Vaya, ¿la Dra. Mcbridge se ruboriza…?. Nunca imaginé que aún quedase timidez en ti o ¿es falta de costumbre ?
•             SARAH: Quizás un poco de las dos cosas. – a ella le costaba mucho mantener los ojos en él tan sólo por la forma en que la estaba mirando. Podría decirse que si los ojos expresaran lo mismo que unas manos, su cuerpo era reconocido por completo,  y ella podía sentirlo- Quizás es que tampoco esté acostumbrada a….- él la interrumpió-.
•             STEVE: ¿A que sean tan directos o tan sinceros?
Un frío helado comenzó a recorrer su cuerpo.
•             SARAH: A que sean ,simplemente.
•             STEVE:  Entonces, lo entenderé como falta de costumbre tal vez.
•             SARAH: O falta de sociabilización.
•             STEVE: No entiendo como una mujer como tú está sola.
•             SARAH: ¿Una mujer cómo yo?
•             STEVE: Sí. Sólo por tu inteligencia resultas una tentación demasiado irresistible.

Sarah no daba créditos a lo que estaba escuchando.

•             SARAH: - se sonrió- O la mejor excusa para salir corriendo en sentido contrario. No todos los hombres se sienten cómodos con alguien como yo.
•             STEVE: Ni a todos nos gusta correr en sentido contrario cuando encontramos a alguien como tú.
•             SARAH: - sin dejar de sorprenderse- Directo y honesto, extrañas cualidades .
•             STEVE: ¿Para quién? ¿Para un joven de treinta y tantos?
•             SARAH: Yo no he dicho eso.
•             STEVE: Pero lo piensas. 
•             SARAH: No te pido que lo entiendas , pero , estoy demasiado acostumbrada a tratar con personas , con …..hombres…….. cuya edad oscila en ese intervalo, y ninguno me ha demostrado ninguna de esas cualidades , salvo para realizar alguna proposición y no de estudios precisamente.
•             STEVE: Si consiguieras por una vez mirar  al  hombre  en vez de a su fecha de nacimiento,  entenderías la cantidad de cosas que probablemente te estés perdiendo.
•             SARAH: Siempre he sido una persona abierta a todas las posibilidades.
•             STEVE: ¿Incluso a saltarte tus propios principios , tus  prejuicios , cómo el de la diferencia de edad?
•             SARAH: - interesada por lo que parecía ser una más que interesante propuesta, decidió continuar el juego- Podría.
•             STEVE: ¿De qué lo harías depender?
•             SARAH: De la persona.
Steve se medio incorporó con sus brazos encima de la mesa y sus dedos entrecruzados , continuó saciando su curiosidad.
•             STEVE: ¡Exigente!
•             SARAH: En función del valor que me otorgo, nunca menos.
Era esa presunta seguridad en sí misma y su tez deliciosamente descarada e insinuante, sin aspavientos, lo que más le llamaba la atención a Steve.
Sarah, conocedora de sus elementos atractivos, sin exagerarlos, disfrutaba siendo contemplada con la serenidad de aquél joven y brillante escritor, qué parecía saber muy bien lo que quería.

•             STEVE: Inteligente, segura de sí misma  y con capacidad de respuesta. Sorprendente.

De pronto , Steve reparó en la música ambiental que sonaba de fondo, se levantó, y frente a ella, le extendió la mano esperando que aceptase bailar con él.
Sarah,  con la mejor perspectiva posible de aquel rostro dulcemente sonriente, aceptó la invitación, y cogiéndola con determinación,  la llevó hasta el centro de la pista.

Mientras una de sus manos mantenía la de ella , con la otra, en  su  espalda desnuda a la altura de la cintura, la atraía ligeramente hacia su cuerpo . La sensación del  tacto de su piel  resultaba tan atrayente como extraño. Al abrigo de su pecho , y con su barbilla y sus labios a la altura de sus ojos , todo escalofrío desaparecería.

Y así estuvieron durante algunas piezas, momento en donde mil y una sensaciones se entremezclaban. Donde ella volvía a sentirse extrañamente cómoda , como en Los Hamptoms, y de nuevo,  sin saber por qué. Ese  calor, esa confortabilidad, esa seguridad que él le transmitía. Pero prefirió no pensar, por una noche la mujer aparecía para dejarse llevar y disfrutar del momento, hasta que llegó  la hora de volver a casa.

Una vez Steve llegó , paró el motor y ambos se bajaron de la moto . 
•             SARAH: Ha sido una velada muy sorprendente.
•             STEVE: Sin duda, habrá que repetirla.
Aquella media sonrisa combinada con su temperamento teñido de azul, lo revestían de un halo especial.
•             SARAH: Sí.
•             STEVE: -Encontrándose tentado de besarla, y casi seguro de que su receptividad estaba asegurada, prefirió despedirse- He de marcharme.

Sin que ella se lo esperase, y a punto de que él se subiera a la moto, ella,  imprevisiblemente,  se dio la vuelta,   y lo vio acercándose. Tras mirarle los labios por un solo instante,  la besó tiernamente en la mejilla, y  mientras la miraba a los ojos,  le deseaba las buenas noches.



Ana Patricia Cruz López
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1 comentario:

  1. Se mueven más fichas dentro del juego.
    La historia de ella con Bruce, menudo....prefiero no estropear el mensaje.
    Ahora toca averiguar que nos deparará la relación, que sucederá con esa historia inacabada que la tiene intranquila, que sucederá con Bruce y que más guardará en su interior ese escritor de treinta y tantos.
    En resumen general, un capitulo largo que se ha hecho corto, como momentos tensos y más tranquilos, una oscilación agradable y tentadora.
    Besis.

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