CAPITULO QUINTO
Pero no había nada.
Paredes y cristal que recubren y protegen, como siempre.
Extendí mi brazo para sentirte, y la sábana fría me recordó que nunca
la habías ocupado.
Sin saber cómo, mi suelo se ha ido haciendo cada vez más real,
Tú lo has hecho posible, penetrando en mi mente casi sin darme cuenta,
Tú, que como magistral creador de ilusiones, has sabido ocupar el
puesto que siempre habías buscado, el lugar que te correspondía .
Tú.
Pero yo aún prefiero negarme que me doy cuenta.”
UNA SORPRESA
INESPERADA
El lunes por la mañana, Sarah
había decidido llegar más temprano que de costumbre. Necesitaba arreglar unos
papeles urgentes y seleccionar unos párrafos del libro escogido para ese día.
Apenas el sol comenzaba a aparecer, ella llegaba al edificio y subía al Departamento.
Nadie en los pasillos, nadie en el resto de despachos, aparentemente
ella y los vigilantes de seguridad.
Según abrió la puerta, dejó su chaqueta y el maletín en una silla
cercana, y cuando se acercaba a la mesa para encender el ordenador y revisar
sus emails, algo que se encontraba encima de la misma la sorprendió.
Una pequeña caja cúbica, delicada y perfectamente envuelta en papel de
terciopelo rojo oscuro, con un aún más pequeño sobrecito rugoso beige encima.
Lo cogió con cuidado, lo abrió, y
extrajo la nota de su interior, del mismo material y en el mismo color
,manuscrita y que en letra cursiva , similar a la antigua, ponía una sola
palabra: “Felicidades.”
Todo aquello le pareció muy extraño. Ni la tarjeta ni el sobre que la
portaba daban datos de la identidad de quién se la enviaba, y al no poseer
sellos , dedujo que se habría entregado en mano , posiblemente en la
Secretaría. Insegura sobre la conveniencia de abrir el paquete, cuando se
decidió, comenzó a retirar el papel aterciopelado con mucho cuidado. En su
interior, una caja de madera con un
cierre con seguro. Lo abrió , retiró la tapa hacia detrás, y vio su contenido.
• SARAH: - muy sorprendida-
¡Dios!
Tan impresionada se encontraba con el contenido descubierto que tuvo que sentarse. Aturdida y sin
entender nada, ni se atrevió a tocarlo.
Cuando logró reaccionar, se dio cuenta de que por la hora que era alguien habría llegado a la Secretaría, así
que se dispuso a bajar para preguntar cómo aquel paquete había llegado hasta
allí.
Sólo encontró a una de las administrativas que todavía apenas había
comenzado a quitarse el bolso de encima.
• SARAH: Buenos días
Chris, disculpa ¿sabes si alguien dejó un paquete para mí el viernes?
• CHRIS: No lo sé
Dra. Mcbridge. Si espera un segundo se lo confirmo en el registro. –tras un
rato buscando- no , me temo que no dejaron nada ¿esperaba algo?
• SARAH: ¿Ni sabes si
vino algún mensajero y se encontró con alguien del Departamento?
• CHRIS: Doctora , lo
siento , yo no trabajé la tarde del viernes, pero le aseguro que de haber
venido alguien a dejarle algo hubiera tenido que pasar forzosamente por aquí y
registrarse.
• SARA : Gracias
Chris.
Desconcertada, comenzó a subir lentamente las escaleras pensando en quién podría haberle dejado
aquello. Repasando por el aire su lista de amistades más cercanas, y tras
varias vueltas a los mismos nombres , no lograba averiguar por sí misma quién
podría ser la persona que le había dejado aquel paquete.
A punto de entrar de nuevo en el despacho, Candice la interceptó en el
pasillo.
• CANDICE: Que bien,
precisamente te estaba buscando- todo su entusiasmo inicial pasó en cuestión de
segundos a una incredulidad casi preocupante al ver la cara de su amiga- estás
algo pálida. ¿ocurre algo?
• SARAH: Tengo que
mostrarte algo.
La cogió de la mano y la llevó prácticamente en volandas hasta la mesa , y pese a ver el paquete y su
lujosísimo papel de envoltorio, nada en particular le llamó la atención.
• CANDICE: Bonita
caja.
• SARAH: Venía con
esta nota.
Se la entregó , ella la leyó, y comenzó a mostrar una inusitada
euforia.
• CANDICE:
¡Vaya! ¿una felicitación? Que detalle.
Pero….- dio más de tres vueltas a la tarjeta
y a su sobre sin encontrar pista
alguna sobre el enviante- ¿Sin identificación?
• SARAH: Y eso no es
todo- le hizo el gesto para que se asomase y viera el contenido de la caja.
• CANDICE: ¿Hamlet?
Dios , y tiene aspecto de ser una edición carísima. Fíjate en su encuadernación
y los ribeteados dorados de la portada ¿será paño de oro?
• SARAH: Lo es.
Carísima, muy valiosa y casi exclusiva.
• CANDICE: ¿De qué me
estás hablando?
• SARAH: Es una
reproducción fidedigna, textual y manuscrita del original. Sólo hay diez en
todo el mundo, la mayoría en manos de
colecciones privadas. Están hechos de forma artesanal , a mano como
antiguamente. Incluso envejecieron el papel con una técnica nueva mucho más
efectiva que le otorgaba hasta su característico olor a antiguo. La última vez
que vi uno, fue durante el transcurso de
una subasta en el centro. Su anterior propietario se deshizo de él inexplicablemente y optó por
venderlo. Para escribirlo incluso se esforzaron en reproducir exactamente la
letra del maestro.
• Candice: ¿Y dices
que no ha dejado señal de quién es?
• SARAH: No.
• CANDICE: Pues la
verdad, quién lo haya hecho o goza de mucho dinero, o de demasiadas amistades
que se lo hayan podido conseguir, pero………si ni siquiera lo has sacado de la
caja.
• SARAH: Ya , y ahí
habrá de quedarse.
Steve entraba en ese preciso instante cuando vio como las dos mujeres
le enfilaban con la vista, dándole a él la sensación de que buscaban algo.
• STEVE: Buenos días
señoras.
• SARAH: Buenos días
Lowell.
• STEVE: -fijándose
en el papel que lo envolvía- ¡vaya! Veo que alguien le ha alegrado el día con un
regalo.
• SARAH: Lowell, ¿vio
el viernes subir a alguien o dejar algo en mi mesa?
• STEVE: No.
• SARA: ¿Seguro?
• STEVE: A mí edad
sería extraño que no me acordase de algo así .
Aquella insinuante sonrisa la desquiciaba constantemente , pero en
aquella ocasión se limitó a ignorarla.
• CANDICE: Yo me voy,
tengo clase y encima es todo el día , apenas pararé para comer ¿quieres que te
avise ? - le preguntó a Sarah.
Ella, absorta en sus propios pensamientos , tardó en contestarle.
• SARAH: ¿Qué? Ah no
, no . Voy a estar muy ocupada todo el día.
• CANDICE: ¿Tú
también? En fin , os dejo.
• STEVE: Hasta luego.
Sarah se sentó justo delante de la caja, sin decidirse a coger el
libro. Steve , que desde que entró al despacho la observaba atento mientras
ordenaba sus papales , se interesó por su comportamiento ante el regalo.
• STEVE: ¿Indecisa o
es qué no ha gustado?
Sarah no podía dejar de mirar
la caja. Destapada como estaba, desde donde se encontraba sentada, podía
continuar observando aquella portada
rudimentaria encubierta de piel con los ribetes dorados que le rebelaba la joya
que se encontraba en su interior, aquellas hojas de sabiduría infinita y
palabras evocadoras de otro tiempo y de otros personajes que recorrerían su
propia historia.
Steve se percató, que por encima de su posición de mirada fija hacia
la caja, su rostro había cambiado, parecía otra. Ya no era la Sarah dura y
crecida que trataba de imponerse a los demás para demostrar un supuesto valor o
fuerza en su territorio. Era como si su voluntad se hubiera doblegado a la
evidencia de lo que para ella significaba más de lo que para ninguna persona
podría significar jamás.
Sorpresivamente para él, Sarah comenzó a hablar sin dejar de observar
fijamente la caja.
• SARAH: La primera
vez que vi el supuesto original tuve que hacerlo a distancia. No contaba con
los permisos de estudio necesarios para ello, ni siquiera para acercarme y
verlo. Sabe Dios, que sólo con eso me
hubiese conformado. Recuerdo cerrar los ojos , y pensar en mis adentros, que sus manos un día estuvieron en aquellas
páginas, que fue deslizándolas conforme las palabras iban apareciendo, conforme el plumín se las
resolvía. Y con cada letra, con cada verbo formado, un trozo de su alma se
quedaba reflejada para no volver- levantó la mirada y fueron los ojos atentos
de Steve , serios y profundos , los que la observaban- Sé que esto es una
réplica casi exacta, pero réplica al fin y al cabo. Si tengo que reconocer algo con lo que mi
voluntad queda desarmada por completo es ante uno de éstos, pero si encima es
uno de estos ejemplares , mi mundo se bloquea y dejo de ser yo misma. No puedo
evitarlo. Es …. Devoción absoluta recubierta de un exceso de respeto y casi
fervor enfermizo. Y más , tratándose de éste.
Steve se levantó de su asiento y se acercó , la miró detenidamente, se
asomó para ver el contenido de la caja, medio sonrió , volvió a mirarla, y con un gesto de su cabeza le pidió permiso
para sacarlo.
• STEVE: ¿Puedo?
Sarah, que no había dejado de mirarle,
se limitó a asentir con la cabeza levemente.
Steve introdujo cuidadosamente las manos en la caja , y con delicadeza infinita lo colocó encima de la mesa , delante de
ella, después, apartó la caja. Con mucho
tiento, lo abrió por la primera hoja a
efectos de ver la fecha de impresión, y
con la punta de los dedos , se dispuso a abrirlo de forma completa .
• STEVE: Increíble.
Han reproducido exactamente la misma textura que el original.
Sarah lanzó su rostro hacia él casi de forma inmediata, y él sintió
como se le clavaban de forma ostensible en sus adentros.
• STEVE: - dándose en
ese instante cuenta de lo que aquellas palaras significarían para ella, trató
de explicarse- Lo siento, yo si he
podido tener el original en mis manos, sin guantes, aunque con mucho cuidado.
Tuve que realizar un trabajo y por ser miembro del claustro me lo permitieron.
Por eso sé lo de la textura del papel, - se acercó al libro para olerlo - e incluso su olor. Es una de las mejores
reproducciones que he visto en años.
Cuando dejó de olerlo y se disponía a incorporarse, al girar la cara
hacia ella , se encontró con quizás un atisbo de lo que podía ser la verdadera
Sarah, con ese fondo sensible y posiblemente más dañado de lo que él era capaz
de imaginar. No había tensión, no existía el muro de confrontación. Sólo una
mujer amante de Shakespeare, de los
libros antiguos, y especialmente de esa obra. Una mujer , que
sentía una profunda y denotada envidia por alguien a quien respetaba , pero que
al mismo tiempo odiaba sin conocerle ni saber por qué. Alguien, que no paraba de sorprenderla con cada gesto
que otorgaba, con cada palabra dicha. Incluso , en un momento dado, a él le pareció ver que se le
humedecían los ojos.
Miró de nuevo al libro, y con él abierto , pasó dos hojas , escogió
una parte, respiró hondo y comenzó a
leer.
“HAMLET.- ¡Oh! ¡Si esta demasiado sólida masa de carne pudiera
ablandarse y liquidarse, disuelta en lluvia de lágrimas! ¡O el
Todopoderoso no asestara el cañón contra el homicida de sí mismo!
¡Oh! ¡Dios! ¡Oh! ¡Dios mío! ¡Cuán fatigado ya de todo, juzgo molestos,
insípidos y vanos los placeres del mundo! Nada, nada quiero de él, es
un campo inculto y rudo, que sólo abunda en frutos groseros y amargos.
¡Que esto haya llegado a suceder a los dos meses que él ha muerto! No,
ni tanto, aún no ha dos meses. Aquel excelente Rey, que fue comparado
con este, como con un Sátiro, Hiperión; tan amante de mi madre, que ni
a los aires celestes permitía llegar atrevidos a su rostro. ¡Oh! ¡Cielo
y
tierra! ¿Para qué conservo la memoria? Ella, que se le mostraba tan
amorosa como si en la posesión hubieran crecido sus deseos. Y no
obstante, en un mes... ¡Ah! no quisiera pensar en esto. ¡Fragilidad!
¡Tú
de romper los zapatos con que,
semejante a Niobe, bañada en
lágrimas, acompañó el cuerpo de mi triste padre... Sí, ella, ella
misma.
¡Cielos! Una fiera, incapaz de razón y discurso, hubiera mostrado
aflicción más durable. Se ha casado, en fin, con mi tío, hermano de mi
padre; pero no más parecido a él que yo lo soy a Hércules. En un mes...
enrojecidos aún los ojos con el pérfido llanto, se casó. ¡Ah!
¡Delincuente precipitación! ¡Ir a ocupar con tal diligencia un lecho
incestuoso! Ni esto es bueno, ni puede producir bien. Pero, hazte
pedazos corazón mío, que mi lengua debe reprimirse.”
(Hamlet. William Shakespeare)
Y volvió a cerrarlo.
• STEVE: Oscuridad
hostigada.
Cuando él volvió a mirarla,
ella le miraba fijamente a él.
• SARAH: No, más bien la oscuridad toma las
riendas de las manos más
insidiosas.
Steve no puedo evitar reírse.
• STEVE: curiosa
imagen dais de las mujeres.
• SARAH: No de las
mujeres, de esta mujer. Su madre.
Steve se sentó a su lado, parecía interesarle aquella incipiente
conversación literaria.
• STEVE: Estoy seguro
que si le pregunto, es capaz de decirme
más nombres de mujeres manipuladoras en obras de Shakespeare, muchos más
nombres que de hombres.
• SARAH: Sería muy
capaz.
Su determinación y seguridad comenzaban a aparecer de nuevo .
• SARAH: Quizás esa
caracterización formase parte de un cierto carácter misógino por su parte, pero
sólo quizás. Hombre de personalidad compleja.
Steve se encontraba más sorprendido por segundos. Con cada afirmación
de Sarah y sus planteamientos, llegaba a descontextualizarse prácticamente toda
la obra trágica shakesperiana.
• STEVE: Me parece
extraño que acabe sonsacando ese tipo de planteamientos inapropiados y nada
ajustados a la época.
• SARAH: ¿En serio
los considera tan inapropiados? No
ajustados puede, pero yo no viví entonces y no puedo responder por ello, ¿pero
hoy día?, si tomo de referencia la descripción de carácter de todas y cada una
de las mujeres de sus obras,
indiscutiblemente las de mi sexo
siempre salen perdiendo. O bien son las
incitadoras de asesinatos, o son tan psicológicamente inestables que terminan
suicidándose por amores imposibles. Eso sin contar a las perturbadoras traicioneras a todo un Imperio.
• STEVE: Las cosas
eran muy diferentes hace cuatrocientos años, y si lo analizamos bien ,
podríamos decir que él dio un cierto
protagonismo a las mujeres, a su forma, lo que no era fácil para aquella época.
• SARAH: Teniendo en
cuenta que suscitó todo tipo de teorías psicológicas en torno a la probabilidad
de que representase el sino de la mujer histérica contemporánea, me parece que
no soy yo quién descontextualiza su plasmación de la supuesta realidad
femenina.
Era la primera vez que Steve lograba mantener más de dos palabras con
ella, una media conversación de un tema que la relajaba en cierta medida, o que la había hecho olvidar la animadversión
por su persona, aunque sólo fuera por un instante.
Ella se levantó y volvió a colocar con cuidado el libro dentro de la
caja cerrando el seguro ante la mirada
gratamente sorprendida de él.
• STEVE: ¿Supongo que
ahora le esperará un lugar privilegiado en casa?
• SARAH: Sí, el de mi
caja fuerte, hasta que localice a su
propietario.
• STEVE:
¿localizarlo? – sorprendido- ¿No pensará devolvérselo?
Sarah se sonrió levemente por tal pregunta.
• SARAH: Como se nota
que no me conoce Sr. Lowell, no conozco a la persona que me lo ha regalado, y
es demasiado valioso para aceptarlo por algo que no sé.
Steve no podía creer lo que le estaba escuchando, y no dejaba de
observarla sorprendido.
• STEVE: Pero….. sea
por la razón que sea, quién se lo haya regalado, lo habrá hecho con la intención de que lo
disfrute no de que lo encierre y oculte.
Ella bajó los ojos, y , con la caja entre las manos, sin dejar de
mirarla, le dijo algo que no olvidaría.
• SARAH: Estoy
demasiado acostumbrada a resguardar lo valioso y a no disfrutarlo Sr. Lowell,
algo más , no se notará.
Steve se quedó sin poder argumentar nada más. Lo que en un principio
había parecido una conversación más distendida y sin acritud, terminó con
aquella frase ácida como seña de identidad propiamente suya.
Ana Patricia Cruz López
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