viernes, 7 de agosto de 2015

UNA HISTORIA INACABADA. CAPITULO QUINTO. UNA SORPRESA INESPERADA. ) Registrado en SAFE CREATIVE EN JUNIO 2015)

CAPITULO QUINTO

“He abierto los ojos con la esperanza de encontrar los tuyos,
Pero no había nada.
Paredes y cristal que recubren y protegen, como siempre.
Extendí mi brazo para sentirte, y la sábana fría me recordó que nunca la habías ocupado.
Sin saber cómo, mi suelo se ha ido haciendo cada vez más real,
Tú lo has hecho posible, penetrando en mi mente casi sin darme cuenta,
Tú, que como magistral creador de ilusiones, has sabido ocupar el puesto que siempre habías buscado, el lugar que te correspondía .
Tú.
Pero yo aún prefiero negarme que me doy cuenta.”

UNA SORPRESA INESPERADA

El lunes por la mañana,  Sarah había decidido llegar más temprano que de costumbre. Necesitaba arreglar unos papeles urgentes y seleccionar unos párrafos del libro escogido para ese día.
Apenas el sol comenzaba a aparecer, ella llegaba  al edificio y subía al Departamento.
Nadie en los pasillos, nadie en el resto de despachos, aparentemente ella y los vigilantes de seguridad.


Según  abrió la puerta,  dejó su chaqueta y el maletín en una silla cercana, y cuando se acercaba a la mesa para encender el ordenador y revisar sus emails, algo que se encontraba encima de la misma  la sorprendió.
Una pequeña caja cúbica, delicada y perfectamente envuelta en papel de terciopelo rojo oscuro, con un aún más pequeño sobrecito rugoso beige encima. Lo cogió con cuidado, lo abrió,  y extrajo la nota de su interior, del mismo material y en el mismo color ,manuscrita y que en letra cursiva , similar a la antigua, ponía una sola palabra:  “Felicidades.”

Todo aquello le pareció muy extraño. Ni la tarjeta ni el sobre que la portaba daban datos de la identidad de quién se la enviaba, y al no poseer sellos , dedujo que se habría entregado en mano , posiblemente en la Secretaría. Insegura sobre la conveniencia de abrir el paquete, cuando se decidió, comenzó a retirar el papel aterciopelado con mucho cuidado. En su interior, una caja de madera  con un cierre con seguro. Lo abrió , retiró la tapa hacia detrás, y  vio su contenido.

•             SARAH: - muy sorprendida- ¡Dios!

Tan impresionada se encontraba con el contenido descubierto  que tuvo que sentarse. Aturdida y sin entender nada, ni se atrevió a tocarlo.

Cuando logró reaccionar, se dio cuenta de que por la hora que era  alguien habría llegado a la Secretaría, así que se dispuso a bajar para preguntar cómo aquel paquete había llegado hasta allí.
Sólo encontró a una de las administrativas que todavía apenas había comenzado a quitarse el bolso de encima.

•             SARAH: Buenos días Chris, disculpa ¿sabes si alguien dejó un paquete para mí el viernes?
•             CHRIS: No lo sé Dra. Mcbridge. Si espera un segundo se lo confirmo en el registro. –tras un rato buscando- no , me temo que no dejaron nada ¿esperaba algo?
•             SARAH: ¿Ni sabes si vino algún mensajero y se encontró con alguien del Departamento?
•             CHRIS: Doctora , lo siento , yo no trabajé la tarde del viernes, pero le aseguro que de haber venido alguien a dejarle algo hubiera tenido que pasar forzosamente por aquí y registrarse.
•             SARA : Gracias Chris.

Desconcertada, comenzó a subir lentamente las escaleras  pensando en quién podría haberle dejado aquello. Repasando por el aire su lista de amistades más cercanas, y tras varias vueltas a los mismos nombres , no lograba averiguar por sí misma quién podría ser la persona que le había dejado aquel paquete.

A punto de entrar de nuevo en el despacho, Candice la interceptó en el pasillo.

•             CANDICE: Que bien, precisamente te estaba buscando- todo su entusiasmo inicial pasó en cuestión de segundos a una incredulidad casi preocupante al ver la cara de su amiga- estás algo pálida. ¿ocurre algo?
•             SARAH: Tengo que mostrarte algo.

La cogió de la mano y la llevó prácticamente en volandas  hasta la mesa , y pese a ver el paquete y su lujosísimo papel de envoltorio, nada en particular le llamó la atención.

•             CANDICE: Bonita caja.
•             SARAH: Venía con esta nota.

Se la entregó , ella la leyó, y comenzó a mostrar una inusitada euforia.

•             CANDICE: ¡Vaya!  ¿una felicitación? Que detalle. Pero….- dio más de tres vueltas a la tarjeta  y a su sobre  sin encontrar pista alguna sobre el enviante- ¿Sin identificación?
•             SARAH: Y eso no es todo- le hizo el gesto para que se asomase y viera el contenido de la caja.
•             CANDICE: ¿Hamlet? Dios , y tiene aspecto de ser una edición carísima. Fíjate en su encuadernación y los ribeteados dorados de la portada ¿será paño de oro?
•             SARAH: Lo es. Carísima, muy valiosa y casi exclusiva.
•             CANDICE: ¿De qué me estás hablando?
•             SARAH: Es una reproducción fidedigna, textual y manuscrita del original. Sólo hay diez en todo el mundo, la mayoría en manos de  colecciones privadas. Están hechos de forma artesanal , a mano como antiguamente. Incluso envejecieron el papel con una técnica nueva mucho más efectiva que le otorgaba hasta su característico olor a antiguo. La última vez que vi uno,  fue durante el transcurso de una subasta en el centro. Su anterior propietario  se deshizo de él inexplicablemente y optó por venderlo. Para escribirlo incluso se esforzaron en reproducir exactamente la letra del maestro. 
•             Candice: ¿Y dices que no ha dejado señal de quién es?
•             SARAH: No.
•             CANDICE: Pues la verdad, quién lo haya hecho o goza de mucho dinero, o de demasiadas amistades que se lo hayan podido conseguir, pero………si ni siquiera lo has sacado de la caja.
•             SARAH: Ya , y ahí habrá de quedarse.

Steve entraba en ese preciso instante cuando vio como las dos mujeres le enfilaban con la vista, dándole a él la sensación de que buscaban algo.

•             STEVE: Buenos días señoras.
•             SARAH: Buenos días Lowell.
•             STEVE: -fijándose en el papel que lo envolvía- ¡vaya! Veo que alguien le ha alegrado el día  con  un regalo.
•             SARAH: Lowell, ¿vio el viernes subir a alguien o dejar algo en mi mesa?
•             STEVE: No.
•             SARA: ¿Seguro?
•             STEVE: A mí edad sería extraño que no me acordase de algo así .

Aquella insinuante sonrisa la desquiciaba constantemente , pero en aquella ocasión se limitó a ignorarla.

•             CANDICE: Yo me voy, tengo clase y encima es todo el día , apenas pararé para comer ¿quieres que te avise ? - le preguntó a Sarah.

Ella, absorta en sus propios pensamientos , tardó en contestarle.

•             SARAH: ¿Qué? Ah no , no . Voy a estar muy ocupada todo el día.
•             CANDICE: ¿Tú también? En fin , os dejo.
•             STEVE: Hasta luego.

Sarah se sentó justo delante de la caja, sin decidirse a coger el libro. Steve , que desde que entró al despacho la observaba atento mientras ordenaba sus papales , se interesó por su comportamiento ante el regalo.

•             STEVE: ¿Indecisa o es qué no ha gustado?

Sarah no podía dejar de mirar  la caja. Destapada como estaba, desde donde se encontraba sentada, podía continuar observando  aquella portada rudimentaria encubierta de piel con los ribetes dorados que le rebelaba la joya que se encontraba en su interior, aquellas hojas de sabiduría infinita y palabras evocadoras de otro tiempo y de otros personajes que recorrerían su propia historia.

Steve se percató, que por encima de su posición de mirada fija hacia la caja, su rostro había cambiado, parecía otra. Ya no era la Sarah dura y crecida que trataba de imponerse a los demás para demostrar un supuesto valor o fuerza en su territorio. Era como si su voluntad se hubiera doblegado a la evidencia de lo que para ella significaba más de lo que para ninguna persona podría significar jamás.
Sorpresivamente para él, Sarah comenzó a hablar sin dejar de observar fijamente la caja.

•             SARAH: La primera vez que vi el supuesto original tuve que hacerlo a distancia. No contaba con los permisos de estudio necesarios para ello, ni siquiera para acercarme y verlo. Sabe Dios,  que sólo con eso me hubiese conformado. Recuerdo cerrar los ojos , y pensar en mis adentros,  que sus manos un día estuvieron en aquellas páginas, que fue deslizándolas conforme las palabras iban  apareciendo, conforme el plumín se las resolvía. Y con cada letra, con cada verbo formado, un trozo de su alma se quedaba reflejada para no volver- levantó la mirada y fueron los ojos atentos de Steve , serios y profundos , los que la observaban- Sé que esto es una réplica casi exacta, pero réplica al fin y al cabo.  Si tengo que reconocer algo con lo que mi voluntad queda desarmada por completo es ante uno de éstos, pero si encima es uno de estos ejemplares , mi mundo se bloquea y dejo de ser yo misma. No puedo evitarlo. Es …. Devoción absoluta recubierta de un exceso de respeto y casi fervor enfermizo. Y más , tratándose de éste.

Steve se levantó de su asiento y se acercó , la miró detenidamente, se asomó para ver el contenido de la caja, medio sonrió , volvió a mirarla,  y con un gesto de su cabeza le pidió permiso para sacarlo.

•             STEVE: ¿Puedo?

Sarah, que no había dejado de mirarle,  se limitó a asentir con la cabeza levemente.
Steve introdujo cuidadosamente las manos en la caja ,  y con delicadeza infinita  lo colocó encima de la mesa , delante de ella, después,  apartó la caja. Con mucho tiento,  lo abrió por la primera hoja a efectos de ver la fecha de impresión, y   con la punta de los dedos , se dispuso a abrirlo de forma completa .

•             STEVE: Increíble. Han reproducido exactamente la misma textura que el original.

Sarah lanzó su rostro hacia él casi de forma inmediata, y él sintió como se le clavaban de forma ostensible en sus adentros.

•             STEVE: - dándose en ese instante cuenta de lo que aquellas palaras significarían para ella, trató de explicarse-  Lo siento, yo si he podido tener el original en mis manos, sin guantes, aunque con mucho cuidado. Tuve que realizar un trabajo y por ser miembro del claustro me lo permitieron. Por eso sé lo de la textura del papel, - se acercó al  libro para olerlo -  e incluso su olor. Es una de las mejores reproducciones que he visto en años.

Cuando dejó de olerlo y se disponía a incorporarse, al girar la cara hacia ella , se encontró con quizás un atisbo de lo que podía ser la verdadera Sarah, con ese fondo sensible y posiblemente más dañado de lo que él era capaz de imaginar. No había tensión, no existía el muro de confrontación. Sólo una mujer amante de Shakespeare, de  los libros antiguos, y especialmente de esa obra. Una mujer  ,  que sentía una profunda y denotada envidia por alguien a quien respetaba , pero que al mismo tiempo odiaba sin conocerle ni saber por qué. Alguien,  que no paraba de sorprenderla con cada gesto que otorgaba, con cada palabra dicha. Incluso , en un  momento dado, a él le pareció ver que se le humedecían los ojos.

Miró de nuevo al libro, y con él abierto , pasó dos hojas , escogió una parte,   respiró hondo y comenzó a leer.


“HAMLET.- ¡Oh! ¡Si esta demasiado sólida masa de carne pudiera
ablandarse y liquidarse, disuelta en lluvia de lágrimas! ¡O el
Todopoderoso no asestara el cañón contra el homicida de sí mismo!
¡Oh! ¡Dios! ¡Oh! ¡Dios mío! ¡Cuán fatigado ya de todo, juzgo molestos,
insípidos y vanos los placeres del mundo! Nada, nada quiero de él, es
un campo inculto y rudo, que sólo abunda en frutos groseros y amargos.
¡Que esto haya llegado a suceder a los dos meses que él ha muerto! No,
ni tanto, aún no ha dos meses. Aquel excelente Rey, que fue comparado
con este, como con un Sátiro, Hiperión; tan amante de mi madre, que ni
a los aires celestes permitía llegar atrevidos a su rostro. ¡Oh! ¡Cielo y
tierra! ¿Para qué conservo la memoria? Ella, que se le mostraba tan
amorosa como si en la posesión hubieran crecido sus deseos. Y no
obstante, en un mes... ¡Ah! no quisiera pensar en esto. ¡Fragilidad! ¡Tú
tienes nombre de mujer! En el corto espacio de un mes y aún antes
de romper los zapatos  con que, semejante a Niobe, bañada en
lágrimas, acompañó el cuerpo de mi triste padre... Sí, ella, ella misma.
¡Cielos! Una fiera, incapaz de razón y discurso, hubiera mostrado
aflicción más durable. Se ha casado, en fin, con mi tío, hermano de mi
padre; pero no más parecido a él que yo lo soy a Hércules. En un mes...
enrojecidos aún los ojos con el pérfido llanto, se casó. ¡Ah!
¡Delincuente precipitación! ¡Ir a ocupar con tal diligencia un lecho
incestuoso! Ni esto es bueno, ni puede producir bien. Pero, hazte
pedazos corazón mío, que mi lengua debe reprimirse.”

(Hamlet. William Shakespeare)

Y volvió a cerrarlo.

•             STEVE: Oscuridad hostigada.

Cuando él volvió a mirarla,  ella le miraba fijamente a él.

•             SARAH: No,   más bien la oscuridad  toma las  riendas de las manos más  insidiosas.

Steve no puedo evitar reírse.

•             STEVE: curiosa imagen dais de las mujeres.
•             SARAH: No de las mujeres, de esta mujer. Su madre.

Steve se sentó a su lado, parecía interesarle aquella incipiente conversación literaria.

•             STEVE: Estoy seguro que si le pregunto,  es capaz de decirme más nombres de mujeres manipuladoras en obras de Shakespeare, muchos más nombres que de hombres.
•             SARAH: Sería muy capaz.

Su determinación y seguridad comenzaban a aparecer de nuevo .

•             SARAH: Quizás esa caracterización formase parte de un cierto carácter misógino por su parte, pero sólo quizás. Hombre de personalidad compleja.

Steve se encontraba más sorprendido por segundos. Con cada afirmación de Sarah y sus planteamientos, llegaba a descontextualizarse prácticamente toda la obra trágica shakesperiana.

•             STEVE: Me parece extraño que acabe sonsacando ese tipo de planteamientos inapropiados y nada ajustados a la época.
•             SARAH: ¿En serio los considera tan inapropiados?  No ajustados puede, pero yo no viví entonces y no puedo responder por ello, ¿pero hoy día?, si tomo de referencia la descripción de carácter de todas y cada una de las mujeres de sus obras,  indiscutiblemente  las de mi sexo siempre salen perdiendo. O bien  son las incitadoras de asesinatos, o son tan psicológicamente inestables que terminan suicidándose por amores imposibles. Eso sin contar a las  perturbadoras traicioneras a todo un Imperio.
•             STEVE: Las cosas eran muy diferentes hace cuatrocientos años, y si lo analizamos bien , podríamos decir que él  dio un cierto protagonismo a las mujeres, a su forma, lo que no era fácil para aquella época.
•             SARAH: Teniendo en cuenta que suscitó todo tipo de teorías psicológicas en torno a la probabilidad de que representase el sino de la mujer histérica contemporánea, me parece que no soy yo quién descontextualiza su plasmación de la supuesta realidad femenina.

Era la primera vez que Steve lograba mantener más de dos palabras con ella, una media conversación de un tema que la relajaba en cierta medida,  o que la había hecho olvidar la  animadversión  por su persona, aunque sólo fuera por un instante.

Ella se levantó y volvió a colocar con cuidado el libro dentro de la caja cerrando  el seguro ante la mirada gratamente sorprendida de él.

•             STEVE: ¿Supongo que ahora le esperará un lugar privilegiado en casa?
•             SARAH: Sí, el de mi caja fuerte,  hasta que localice a su propietario.
•             STEVE: ¿localizarlo? – sorprendido- ¿No pensará devolvérselo?

Sarah se sonrió levemente por tal pregunta.

•             SARAH: Como se nota que no me conoce Sr. Lowell, no conozco a la persona que me lo ha regalado, y es demasiado valioso para aceptarlo por algo que no sé.

Steve no podía creer lo que le estaba escuchando, y no dejaba de observarla sorprendido.

•             STEVE: Pero….. sea por la razón que sea, quién se lo haya regalado,  lo habrá hecho con la intención de que lo disfrute no de que lo encierre y oculte.

Ella bajó los ojos, y , con la caja entre las manos, sin dejar de mirarla, le dijo algo que no olvidaría.

•             SARAH: Estoy demasiado acostumbrada a resguardar lo valioso y a no disfrutarlo Sr. Lowell, algo más , no se notará.

Steve se quedó sin poder argumentar nada más. Lo que en un principio había parecido una conversación más distendida y sin acritud, terminó con aquella frase ácida como seña de identidad propiamente suya.

Ana Patricia Cruz López

Todos los derechos reservados

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Muchísimas gracias por participar en esta página