CAPITULO SEPTIMO
CASILLA DE SALIDA. SIGUIENTE JUGADA
![]() |
| Créditos a quién corresponda |
Y tras las presentaciones de rigor, no volvieron a
coincidir hasta el preciso instante de que uno de los ayudantes de Bourke les
avisase del comienzo de la reunión, verdadera causa por la que estaban allí
presentes.
Los tres se acercaron a la puerta de un gran salón
que se encontraba en la planta superior de la suite, pero al llegar a la
puerta, alguien impidió que ella pudiese
acceder.
Pese a las insistencias de Robert sobre la
importancia de que Heyden , como asesora financiera suya, estuviera presente,
las normas y órdenes dadas eran claras,
y ella era una desconocida sin autorización por parte de quién
organizaba. Sin embargo, Michael sí pudo hacerlo, no sólo por ser conocido ,
sino como abogado de Sheldon.
Un contratiempo inesperado con el que no contaba.
Sin embargo sabía que habrían más oportunidades y que el mismo Bourke se las
daría sin el menor esfuerzo por su parte. En parte resignada, decidió bajar de
nuevo al salón , coger otra copa y dirigirse a la amplia terraza para tomar
algo de aire y disfrutar de las vistas mientras les esperaba.
Nada más hacerse con algo de vino blanco para
acompañar, al darse la vuelta para dirigirse al exterior, le pareció ver un
aspecto familiar, pero pronto desistió al creerlo imposible, y menos allí.
Pasando el tiempo con nervios acuciantes y dudas
sobre cuál sería el contenido de la reunión , una voz masculina la distrajo de
toda aquella tensión por un instante. Una voz que la dejaría helada, y que pertenecía a alguien que hacía mucho
tiempo que no veía .
·
ANDY (
Thorm): Cuanto tiempo.
Petrificada y sin capacidad de respuesta , no podía
creer que realmente fuera él, confirmándose sus apreciaciones iniciales sobre
quién creía haber reconocido en el interior de la casa . Debido a su rostro de sorpresa , Andy continuó
hablando para intentar conseguir que reaccionase.
·
ANDY: Procura actuar con normalidad. Nos
vigilan.
Él giró su cabeza hacia atrás, elevándola a la
altura de la terraza del piso superior de la suite y saludó a alguien con la cabeza.
Seguidamente , continuó hablando con ella como si nada hubiese pasado, como
haría con una invitada más del anfitrión a la que tratar con cordialidad pero
sin excesos de confianza. Mientras tanto,
Heyden trataba de asumir lo que estaba viviendo. Sin que su cuerpo gozase del
favor voluntario de mirarle , no pudo aguantar más la tentación de hacerlo ante
la posibilidad de que todo fuese una creencia errónea o una visión . .
Pero no. Sus nervios, su cuerpo helado en segundos,
su impresión , todo estaba justificado, y mucho más aún, si sumaba la forma en la que terminó todo
entre ellos años atrás. La pregunta a responder en este instante ¿qué hacía él
ahí?
Aunque con bastante dificultad y confusa por la
inesperada sorpresa , su recomendación
fue escuchada y decidió hacerle caso, pero se encontraba incapaz de decir nada
.
·
ANDY: No puedo entretenerme demasiado ahora.
Sólo he venido a dejarte un recado de parte de Bourke, y es que aceptes su
invitación parta comer mañana como forma
de pedirte disculpas por el mal trago de hoy.
Con gesto de incredulidad por lo escuchado, en
medio de su propia confusión, volvió a mirarle y se armó de algo de serenidad
para contestarle.
·
HEYDEN: A quién ha impedido acceder , es a la
asesora financiera de su socio. Si las disculpas van dirigidas a la misma
persona, supongo que la invitación se hace extensiva al Sr. Sheldon.
·
ANDY: Me temo que no. Las disculpas van
dirigidas a ti por lo ofensivo que te hubiera resultado el gesto, y la
invitación sólo te incluye a ti. La asesora financiera puedes dejarla en casa.
Entre los nervios que de por si toda aquella
situación le causaba y lo que Andy trataba de insinuarle, su rostro reflejó
una pequeña sonrisa de incredulidad.
·
HEYDEN: Es a la profesional a la que impidió
entrar , y es a ella con quién debe disculparse, y por ende con Sheldon, para
quién trabajo. Así que puedes decirle a Bourke que la próxima vez que quiera
una cita deberá ceñirse a la estricta relación profesional y sólo cuando su socio
esté presente o bajo su autorización.
·
ANDY: Te conviene aceptar y no complicar más las
cosas.
·
HEYDEN: - Visiblemente molesta- ¿Es una
advertencia? O ¿acaso una amenaza ¿ ¿Por cuál de las dos opciones opta él, o
eres tú quién la hace?
·
ANDY: ¿Tú última palabra?
·
HEYDEN: - Acercándose a su oído- A él le dices de mi parte que la próxima vez
que quiera denegarme la entrada a un lugar, se lo piense dos veces antes, y que si cree
que puede llevarme a la cama como ha hecho con las otras , se confunde de
mujer. Y respecto a ti- se separó para
mirarle directamente a los ojos- nunca pensé que cuando te decía que pidieras
un traslado , fuera a conllevar que te pasases al otro lado. Una pena. –
volviendo a apoyarse en la barandilla y mirando hacia las vistas de la ciudad
mientras él comenzaba a marcharse antes de detenerse de nuevo al volverla a
escuchar- De buen policía , a recadero de alguien como él.- y se limitó a bajar
la cabeza.
Él volvió a reanudar su paso sin decir nada más.
Pero las palabras dichas por ella no eran huecas, aunque aún no podían contar
con una explicación. No al menos allí.
Con la mirada en la posición dónde él se había
situado sólo instantes antes, no era capaz de concentrarse y pensar con
claridad en lo visto u oído.
Aturdida y
muy nerviosa, decidió marcharse de allí .
Bajó a recepción , pero alguien la siguió desde la habitación sin que se
diera cuenta. Allí, solicitó llevarán un recado a la suite y que le pidieran un taxi para regresar
a la casa de Sheldon, pero al salir del
vestíbulo, en la calle, tratando de respirar, aquella misma voz familiar de la
terraza , volvió a aturdirla.
Con la vista puesta en el cielo , y tratando de
respirar hondo para que sus pulmones se llenasen de aire, sintió una presencia
en su espalda , pero no quiso darse la vuelta.
·
ANDY:
Heyden…..
Ella prefirió no responder.
·
ANDY: Bourke..- se detuvo al ver la brusquedad con
la que ella se giraba hacia él y le miraba- insiste en que reiterar la
invitación y en que aceptes sus disculpas.
·
HEYDEN: ¿En serio estás cómodo siendo su
recadero?
·
ANDY: No estamos hablando de mí .
Y el coche llegó en ese momento.
·
HEYDEN: Te veo y te escucho, y no termino de creérmelo.
Vuelve a subir donde tu amo y dile de mi parte que puede meterse la invitación
por dónde le plazca. Que no olvide que
soy empleada de Sheldon y que cualquier invitación de negocios se hará bajo su
supervisión, que si tiene alguna duda , le pregunte a él.
Mientras la silueta del taxi se difuminaba, Andy
trataba de darle vueltas a cómo afrontar
este cambio de tornas y cómo decírselo a su jefe, el cual no gozaba de buena
reacción como contrapartida ante las negativas.
Nada más llegar
a la suite , los componentes de
la reunión salían de la sala habilitada para ello. Michael, Robert y Sheldon lo harían en último
lugar. Mientras ellos continuaban hablando, Andy decidió esperar fuera a que s
ele acercaran o mostraran más disponibilidad, pero acompañándolos el anfitrión
hacia el exterior del habitáculo, vio el rostro de su hombre de confianza y ,
pidiendo disculpas por un segundo a los otros dos , se acercó a él.
·
BOURKE: ¿Y bien?
·
ANDY: No.
Su reacción ante la negativa se hizo patente de
inmediato , mientras pensaban en una alternativa, regresando hasta dónde se encontraban su socio y el abogado de éste.
·
SHELDON: ¿Entonces lo haremos así? Me parece una
buena idea.
·
BOURKE: Me temo que hay habido un cambio de
planes- manifestó algo dubitativo.
Michael lo observaba extrañado .
·
BOURKE: Voy a necesitar que lo hagas
personalmente.
·
SHELDON: ¿Quieres que vaya a Nueva York ? Pero……
¿desde cuándo se ha necesitado ir?
·
BOURKE: - Colocándole la mano en el hombro mientras le
acompañaba a la puerta-Desde que los envíos han empezado a retrasarse. El de
esta noche ya se está desalojando, pero no quiero tener que volver a organizar
algo como esto y lamerle el culo a todos estos para que se queden contentos.
¿Me entiendes?
Extrañado por el cambio de propuesta , tras buscar
a Heyden por todo el espacio , ahora que la visibilidad era buena al haber
menos gente y no encontrarla, decidió preguntar.
·
MICHAEL: ¿Y la Srta. Nash.?
Andy, que se encontraba cerca, ante la mirada
inquisitiva de Bourke, decidió contestar.
·
ANDY: Por lo visto se encontraba algo
indispuesta y decidió irse por su cuenta, me dijo que se los dijera.
·
SHELDON: ¿Indispuesta?
·
ANDY: Nada que deba preocuparte Sheldon,
simplemente quiso irse antes .
Mientras, su socio
trataba de aparentar normalidad.
·
BOURKE : Creo
que no le sentó demasiado bien la negativa de acceso a la reunión.
·
SHELDON: Ni a mí tampoco la verdad. Sabes que
era mi personal de confianza.
·
BOURKE: - Aquella sonrisa a medias que marcó su
cara a partir de entonces , ya no le abandonó hasta que se marcharon, y desde
luego , quienes ya le conocían, presagiaban tormenta dialéctica- ¿De confianza? ¿Desde cuándo hace que la
conoces Sheldon? ¿ Un mes, dos a lo sumo?
·
SHELDON: Tengo la referencia de quién mejor la
conoce, no necesito más. Y es una profesional.
·
BOURKE: - Llenándose de desbordante ironía y
mirando a Michael- Ya veo. Y desde cuándo necesitas que te las recomienden ?
Una nueva mano en uno de sus hombros, y una mirada
atravesada hacia ella por parte de Robert para que su socio se la retirase.
·
BOURKE: ¿Ya ha comenzado a hacerte preguntas?
¿Iniciales que aparecen en determinados apuntes quizás?
·
SHELDON: ¿A dónde quieres llegar Bourke?
·
BOURKE: Fue un riesgo que la trajeras aquí hoy,
y lo sabes. Puede que tú creas conocerla y que éste- señalando a Michael- diga
que la conozca, por mí como si lo ha hecho hasta en la cama, por lo que a mí
respecta, me da igual, pero sabes que en
mis negocios no me gusta tener intrusos que no conozca y a los que no tenga el
grado de confianza que merecen.
·
SHELDON: ¿Y dónde vas a establecer tu límite de
confianza esta vez John?
·
BOURKE: ¿De verdad piensas que ésta te duraría
mucho más si supiera la verdad? Mi querido Robert, la especialidad de nuestros negocios radica en que pocos saben realmente en qué
consisten, y así debe continuar. – se alejó unos pasos de ellos dos y dándoles
la espalda , continuó- mi sexto sentido no me falla, y lo sabes. Ésta no es
como las otras, ni siquiera como las que te acompañaban y no eran más que las
que te calentaban sábanas. Es arriesgada e inteligente, lo que en este negocio
no interesa demasiado porque supone un riesgo con piernas, preciosas seguro –
se dio la vuelta observando a un Robert cada vez más serio y que comenzaba a
molestarse bastante con cada nuevo comentario- pero sobre las que se asienta
una cabeza que piensa demasiado y rápido,
y que casa cosas . ¿Crees en serio que se quedaría contigo tras saber a lo qué
te dedicas mayormente ? ¿Crees realmente que la palabra lealtad tiene el mismo
significado para ella que para nosotros? -Volvió a acercarse para despedirse-
Déjala fuera por el momento. No la quiero hurgando por aquí , por ahora. Con respecto a lo que tú hagas,
eso ya , es asunto tuyo. Espero tengáis un buen y provechoso viaje , en tu caso
Michael- dirigiéndose a él- feliz vuelta a casa.
Y ambos hombres se marcharon de allí con la
sensación de faltarles algo por hacer. Michael
veía a Robert con las suficientes ganas de golpear algo por no haber
podido hacérselo a Bourke. Sabía cómo se
sentía, pero tampoco podía evitarlo. Ambos contaban con contactos influyentes,
pero por extraño que pareciera, los tres conocían las situaciones de cada uno,
y el que se salvaba de toda posible quema en caso de pasar algo sería el
canadiense. Años siendo investigado, y jamás habían podido atraparle. Años
jugando con esa posible ventaja , entrando y saliendo de los Estados Unidos sin
problemas , y dejándose ver públicamente sin demérito alguno. Sin miedo a que
se le apareciesen los federales en la puerta de dónde se encontrase.
Demasiada información guardada. Demasiado qué
deberse . Todo resultaba extremo y excesivo en esta relación a dos bandas que
quiénes se preciaban en conocerlos bien, no llegaban a entender. Salvo Michael, que como un chiquillo en medio
de un matrimonio en plena crisis, si
entendía ese concepto de lealtad del que hablaba Bourke, y que desde
luego , se convertía en una lección de deber personal para con quién acabas
debiéndole siempre algo, a veces , la vida.
John Bourke era un tipo desconfiado, mucho. Y nunca
le gustó que extraños entrasen en la partida. Ni siquiera sus hombres de mayor
confianza asistían a las reuniones. Pero todo el que de alguna manera se había
relacionado con él, sin que hiciese falta decir nada al respecto, sabía a la
perfección en qué términos, el maleable
significado de palabras como amistad, lealtad o confianza , cobraban un nuevo sentido
mucho más angosto y profundo, para lo bueno y para lo malo. Al igual que
también conocían, que los límites para
infringirlos y que se convirtiese en traición, eran tan finos como casi
inapreciables.
Mudos ambos en el coche de camino a casa de Robert,
Michael trató de hacerle recapacitar sobre las palabras vertidas minutos antes,
aquellas que tanto le enfurecían y quemaban por dentro.
·
MICHAEL: ¿Qué vas a decirle?
·
SHELDON: - Todavía bastante nervioso- No lo sé.
·
MICHAEL:
Sabes que tiene razón ¿verdad?
Robert giró su cabeza hacia el lado del conductor
con tanta rapidez como enfurecimiento. Sabía que él tenía razón. Que Bourke la
tenía. Pero ¿cómo reconocerlo y darse cuenta de qué probablemente contratarla
había sido su peor error?
·
SHELDON: Detén el coche.
·
MICHAEL: - sorprendido- ¿Qué?
·
SHELDON: ¡ Qué detengas el coche!
Ante semejante grito, Michael miró por el espejo
retrovisor central para asegurarse de que no venía nadie detrás y que podía
apartarse a la derecha con relativa rapidez. Cuando el vehículo se detuvo, sin
quitar las llaves del contacto pero aún
con las manos en el volante, esperó a que Robert continuase.
·
SHELDON: ¿Hasta qué punto la conoces?
Michael no podía salir del asombro.
·
MICHAEL: ¿A qué viene eso?
·
SHELDON : ¡Maldita sea Michael ! ¿No puedes
limitarte a responder sin contrapreguntar? – abriendo la puerta muy alterado, salió del coche y cerró tirando
la puerta con todas sus fuerzas- malditos abogados de mie………..
Michael salió del coche . Comenzaba a encontrarse
cansado de que siempre pagase con él sus frustraciones con su socio, ya que
ésta no era la primera vez.
·
MICHAEL: ¿Y tú no puedes dejar de pagar con los
demás lo que no te atreves a soltarle a aquel a la cara?
Robert miró a su alrededor, y sólo vio el coche
para golpear, dando una patada con todas sus fuerzas en la puerta del
acompañante.
·
MICHAEL: Puedes darle todas las que quieras , el
chapista te lo agradecerá, pero al seguro no le va a colar.
Éste se acercó hasta el otro lado del coche, y se
sentó en el borde del capó. Robert hizo lo mismo .
·
SHELDON: Sigo esperando una respuesta.
·
MICHAEL: Que recibirás cuando hagas la pregunta
correcta.
Robert le miró un instante y se quedó pensativo.
Los dos sabían perfectamente lo que ello
quería decir.
·
SHELDON: Volverá a pasar, lo presiento.
·
MICHAEL: Mucho.
·
SHELDON: - extrañado- ¿Qué?
·
MICHAEL: Me preguntabas hasta qué punto la
conocía. Mucho.
·
SHELDON: - volviendo su cabeza hacia el frente
suyo- Dime algo que me haga creer que es tan diferente como creo que es.
·
MICHAEL: Tiene gracia- comenzó a reírse y a
negar con la cabeza mientras la bajaba hacia el suelo.- ¿Por qué no reconoces
de una vez que esto es algo personal?
Sheldon se dio la vuelta y se apoyó en el coche de
frente a él con gesto de incredulidad.
·
MICHAEL: Vamos Robert. ¿Cuándo fue la última vez
que una mujer te hizo sentir así? Si quieres te lo digo yo. Nunca has podido
ocultar cuándo algo o alguien te gusta .
Para mí eres demasiado transparente.
Robert seguía observándolo atentamente con gesto de
incredulidad, esperando una respuesta convincente.
·
MICHAEL: Está bien. Si quieres que te diga que
es tan diferente como para que lo que temes no se vaya a repetir, sí es muy
diferente a las demás, y no, no puedo asegurarte que no vuelva a repetirse.
Y girando sobre sí mismo, terminó apoyándose sobre
sus brazos en el techo. Desesperado y resoplando , parecía más angustiado que
de costumbre, y mucho más nervioso de lo que su amigo estaba acostumbrado a
verlo en situaciones límite. Cualquier palabra de consuelo que pudiera decirle
, lo alejaba de la realidad.
·
MICHAEL: No es como las demás Robert. Es
diferente. Pero es humana y en eso ya no mandamos ninguno.
·
SHELDON: No debí volver a buscarla al club, ni
debí preguntar por ella. Debí dejar las cosas cómo estaban.
·
MICHAEL: Posiblemente. Pero tú no te viste la
cara aquella noche.- el otro levantó su cabeza y se centró en él siendo
correspondido- Sabía lo que hacía cuando te llevaba al club, y más aún
escogiendo la hora de entrada. Sabía lo que hacía eligiendo aquella mesa, y lo
qué debías ver ese día. – Robert
comenzaba a ofuscarse por lo qué daba a entender – Lo que no esperaba
ciertamente es que llegase tan rápido. Ni siquiera pestañeaste durante toda su
actuación, y cuando al terminar alzó la
cabeza y te miró directamente, ¡diossssss! Eso sí fue memorable.
·
SHELDON: ¿Te lo pasaste bien a mi costa ?
·
MICHAEL: A decir verdad……………..un poco.
·
SHELDON: No debiste hacerlo.- Con el gesto algo
más relajado-
·
MICHAEL: Sí debí, y no me arrepiento. La
cuestión querido amigo, es cuándo te vas
a armar de valor para ir más allá y decírselo.
·
SHELDON: No puedo.
·
MICHAEL: - tras recuperar la compostura por una
sonora carcajada- ¿En serio te crees que ella no se ha dado cuenta? Con todos
los respetos Robert, ella no tiene nada que ver con las anteriores que
……….déjame pensar………¿Cómo dijo aquel?
¡Ah sí! Te calentaban la cama. Joder, si hasta ése se ha dado cuenta.
·
SHELDON: No puedo volver a pasar por aquello y
lo sabes.
·
MICHAEL: Quizás en vez de pensar eso, deberías
pensar cómo soportarás mucho más deseando tocarla y no haciéndolo por miedo, o
desenado decirle lo que te venga a la cabeza y conteniéndote . Sí – su tono
irónico crecía por momentos proporcionalmente a los nervios de su acompañante
sólo de pensar en esas situaciones concretas- realmente, conociéndote, me parece que
acabarías haciendo algo inesperado y sin
pensar , o posiblemente te desesperes comiéndote la cabeza imaginándotelos
juntos y esperando el día fantasma en que te de puerta, en vez de disfrutar el
mucho o poco tiempo que tengáis para estar juntos. Será mejor volver a casa , y
por cierto, ya que dices que creo conocerla tanto, te aviso que deberías irte
preparando para una inteligencia sexy muy cabreada.
Nada más llegar a la casa, dada la hora,
Robert invitó a Michael a pasar la noche en una de las habitaciones
de invitados, aceptando.
Estando ambos en el salón tomando la última copa, oyeron un ruido
proveniente de la cocina. Robert miró su reloj, y dedujo que no podía ser
Isabella, así que decidió ir a comprobarlo acompañado por su amigo.
Cuando llegaron, la habitación se encontraba en
semioscuridad. La única iluminación que resplandecía , procedía la nevera cuya puerta se encontraba abierta. Encendieron
la luz del techo, y conforme se fueron acercando, la figura arrodillada de
Heyden recogiendo restos de una botella , con los pies en mitad de un charco , fue la imagen que les faltaba parta
terminar la noche.
Una figura
entre claroscuros y luz tenue de la que su cuerpo componía un obstáculo
delineado a la perfección. Con el traje de noche puesto aún, el brillo de
cristales rotos muy cerca de sus pies desnudos, hizo que Robert se acercase con
premura a ella para ayudarla, mientras Michael prefirió observarlo todo desde
detrás de la encimera.
Mientras Heyden recogía cuidadosamente los pedazos
con la vista atenta al suelo, Robert trataba de recoger los que tenía a su
alrededor pero sin dejar de mirarla. Parecía ausente, y sus ojos, hinchados,
denotaban que había llorado y que
posiblemente sólo la rotura de la botella la hubiese detenido.
Con mucho cuidado, acercó una de sus manos a un
hombro con la intención de que se alejase de allí y más sin tener calzado, pero
como si de un movimiento instintivo se tratase, nada más sentir el roce de la
piel, lo retiró en un gesto seco.
Él miró hacia Michael buscando una explicación o
alguna forma de actuar al ser éste quién
más se preciaba de conocerla. Pero lejos
de otorgarle una solución , con la cabeza, le señaló para que la dejara sola.
Robert, extrañado, volvió a gesticularle, y el otro
insistió con el mismo gesto. Sin mediar palabra alguna pero sin dejar de mirarla, cabizbajo, se
levantó y decidió salir de allí , aunque sin estar muy convencido.
Tras unos minutos, Michael se disponía a retirarse
cuando creyó notar que ella le observaba, y no se equivocaba. Sólo fue por
breves instantes. Apenas lo justo para saber que indiscutiblemente algo había
pasado y ella le pedía ayuda, pero aquel no era el momento ni el lugar. Necesitaba
dejarla respirar. Quizás seguir llorando sola un poco más .
Bien entrada la madrugada y aún sin haberse
cambiado, Heyden apareció en el jardín
dónde se encontraba la piscina. De pie, al borde de la misma, se descalzó , se
terminó de soltar el pelo, y se desabrochó el vestido dejándolo caer al suelo.
Desnuda observando la pasividad del agua, mientras
alguien , muy cerca , la observaba a ella, se lanzó de cabeza y permaneció
sumergida un tiempo antes de que se la viese nadar hasta el otro lado y volver.
Al regresar al punto de salida, se apoyó en el filo con sus brazos, mientras
retiraba las gotas que caían de su nariz rozándola con ellos. Sin alejar su
vista de las ventanas de la parte alta de la casa , y sabiéndose acompañada,
decidió preguntar.
·
HEYDEN: ¿Cuánto tiempo llevas ahí?
·
MICHAEL: Antes de que tú llegaras. En realidad ,
desde que salí de la cocina.
Y el silencio volvió a reproducirse, pero esta vez
él no estaba dispuesto a dejarla callarse.
·
MICHAEL: ¿No creerás que voy a tragarme que
estás así por qué se te negase entrar en la reunión?
·
HEYDEN: No creo que de verdad te interese
saberlo.
Su paciencia comenzaba a rozar los límites
permitidos antes de lo que se podría considerar como una pérdida de control, y
ello era fácilmente captable por el cambio en el tono de su voz , desafiante y
provocadora.
·
MICHAEL: ¿ En serio pretendes decirme a estas
alturas que no tengo derecho a preocuparme por ti?
Ante ello, a
Heyden le tocaba hacer renacer su carácter más irónico, aquel que tanto le
sacaba de quicio. Una mezcla altamente poco agradable cuando se mezclaba con desoír
al otro.
·
HEYDEN: ¿Me acercas el vestido por favor?
·
MICHAEL: Te he hecho una pregunta.
·
HEYDEN: Y yo te he pedido que me acerques el
vestido.
Al ver que él no se movía, ella decidió salir del
agua , pero justo cuando se disponía a coger sus cosas tiradas por el suelo, él
se interpuso en medio.
·
MICHAEL: Dime que ha pasado.
Tras mirarle al
pecho, intentó agacharse para recoger la ropa , pero él se lo impidió
agarrándola por los hombros.
·
HEYDEN: Suéltame.
·
MICHAEL: No.
·
HEYDEN: No volveré a repetírtelo Michael.
·
MICAHEL: No voy a hacerlo.
Intentó soltarse ella misma haciendo fuerza, pero
cuanto más se soltaba , más fuerza ejercía él con las manos sobre sus hombros,
hasta que prácticamente la inmovilizó abrazándola . Pese a una corta resistencia
inicial, la tensión hacía que comenzará a temblar. Aguantaba de forma casi
dolorosa sus ganas de continuar llorando , hasta que no pudo contenerse más y
rompió de forma definitiva. Sólo así ,
él aflojó un poco el impedimento sin dejar de protegerla con sus brazos, sobre
todo para que pudiera respirar, y mientras unía su rostro al suyo , con voz
pausada , trataba de calmarla diciéndole tantas veces como hizo falta aquella
frase tan suya con la que hacía años que controlaba aquellas situaciones en que
la mujer aparentemente fuerte entraba en picado en una crisis nerviosa que no
era capaz de controlar por sí sola.
·
MICHAEL: Estoy aquí cariño. Estoy aquí.
Y pese a las horas, no estaban solos. El tercero en
discordia tampoco pudo dormir aquella noche y se encontraba en su despacho,
observándolo todo desde la ventana.
Durante todos los años de relación amistosa entre
ambos, Robert sólo supo que había algo especial entre ellos dos. Las veces que
ella se convertía en el tema de conversación incidental de ambos, a su abogado
y amigo le cambiaba el rostro
literalmente. La curiosidad siempre subsistía, pero jamás Sheldon llegó a
pensar , por muy posible o lógico que fuera , que entre ellos hubiera habido
nunca algo tan especial a nivel personal como para que quedase con el paso de los años. Pero esa
noche , desde aquella ventana, algo le
reconcomía por dentro, y le dolía reconocerlo.
Percatándose de cómo la conocía y era capaz de predecir sus
necesidades nada más observarla, cómo
podía decirle las palabras justas en el momento adecuado para calmarla
ante una situación de ansiedad, como podía gozar de su respeto y de aquellos
niveles de intimidad , tan sencillos
como frágiles , que para otros , como él, podrían suponer el cielo , sólo observando su cuerpo desnudo sin más
intención que disfrutar de su naturalidad , o cómo podía sentirla entre sus
brazos, tan delicada e impotente y tan
necesitada de cariño, por una vez , sintió
auténtica envidia de su amigo , y de lo que podía compartir con ella.
Resignado pero tranquilo, decidió dejarles solos y
marcharse a intentar descansar las horas que le quedaban antes de marcharse a
Nueva York, mientras que el jardín, mientras el aire ya entraba en los
pulmones con tranquilidad , sentados ambos en el borde de cemento con los pies
en el agua, Michael intentaba volver a
averiguar qué había pasado, pero primeramente, le dejó un tiempo por si ella se
decidiese a hablar, como en tantas otras ocasiones, no fallando en su
predicción.
·
HEYDEN: ¿A
veces no tienes la sensación de que creías estar seguro de conocer a ciertas
personas y saber que pasase lo que pasase sus principios eran fuertes y sus convicciones rectas, y de pronto la
realidad te golpea en la cara y todo desaparece como humo?
·
MICHAEL: Puede. Pero considerando que eso mismo
deben de estarse planteando muchos de los que me conocen ¿quién soy yo para
juzgarlos?
·
HEYDEN: Yo no hablo de juzgar, porque en la
libertad de cada uno y en su conciencia está el saber qué hacer , pero, ¿qué
pasa cuándo te das cuenta de que lo especial simplemente es algo más y tan corrompible como todo lo
que es potencialmente vulnerable de corromperse ?
·
MICHAEL: ¿por
qué no te haces esa pregunta a ti misma?
Ella le miró extrañada.
·
MICHAEL: Y ahora
piensa en David. ¿Crees que él no se extrañaría y hasta se enfadaría si
supiera o se enterase por otra persona
de lo hecho en tu pasado?
·
HEYDEN: - molesta- Eso no es lo mismo. No es comparable.
·
MICHAEL: ¿Comparable? ¿A qué?
Ella devolvió la mirada al agua.
·
MICHAEL: Cada uno , llegado el momento, mide lo
que es y no es necesario en su vida, y cuando adoptas determinado tipo de
decisiones , normalmente , piensas en los pros y los contras de ello , y acabas
decidiéndote porque sus ventajas pesan más. Tu concepto de necesidad , en aquel
instante, te hizo entrar en el club tras ver el anuncio, y una vez dentro,
superarte , como en todo lo que haces. Todo , para salir de allí algún día y
tener lo que disfrutas ahora.
·
HEYDEN: ¿Y el tuyo?
·
MICHAEL: ¿El mío qué?
Una nueva mirada cómplice , fue más que suficiente
para entender el sentido de la pregunta.
·
MICHAEL: El mío es que tenías que estar, para
antes poder sacarte de allí. Me vi tan jodidamente reflejado en tu rostro. Eso
me bastó para comprender que si no lo hacías allí, seguirías buscando y desde
luego podías terminar en cualquier antro o…………..vete a saber.
·
HEYDEN: ¿Y lo otro?
Él bajó la cabeza y se rió abiertamente.
·
MICHAEL: Lo sabes perfectamente.
·
HEYDEN: Dímelo otra vez. Hoy necesito autoconfirmar
porque estoy dentro.
·
HEYDEN: Era uno de los hombres de Bourke.
Con el brazo por encima de los hombros , Michael la
atraía hacia sí. Aunque no hubiera averiguado demasiado, sabía que algo
bastante fuerte debió pasar esa noche
para quedarse de esa forma. Un rostro desencajado que recordaba cuando
salió de aquel primer servicio en la casa de lujo.
Tiempo y algo de paz era lo que necesitaba ahora. Que las cosas se asentaran lo
suficiente como para que volviese a abrir
a él, y llegar a conocer el
trasfondo.
Una noche con apenas un par de horas de sueño para
los dos hombres que debían coger el primer vuelo de la mañana, apenas
amaneciera. Un recado dejado para ella por parte de Robert , que en el caso de
Michael se convertía en una nota manuscrita con una sola palabra : “ Estoy”.
Un despertar , algunas horas más tarde, cuyo
aturdimiento y consiguiente dolor de cabeza , sólo lograron despejarse tras una
reconfortante ducha tibia.
Cuando bajó a desayunar, prefirió hacerlo en la
cocina en vez del comedor para variar, e
Isabella se disponía a transmitirle el
mensaje dejado para ella por Robert cuando Heyden la detuvo adelantándose.
Saboreando el café, sonó el timbre de la puerta. A los pocos
minutos , regresaba la mujer con un sobre cerrado dejado por un mensajero que
no esperaba respuesta inmediata.
Una vez abierto y leído, se quedó pensativa por un
instante y se dirigió a ella .
·
HEYDEN: Isabella ¿Qué aspecto tenía el
mensajero?
·
ISABELLA: Moreno, pelo corto y ojos claros. No muy alto señorita, para ser
hombre claro está.
·
HEYDEN:
¿Dirías que atractivo? ¿Resultón, llamativo quizás?
Isabella se sonrió por lo comprometido y extraño de
la pregunta.
·
ISABELLA: Bueno señorita…..
Al ver el compromiso en el que la había metido,
trató de arreglarlo.
·
HEYDEN:
Es importante para mí saberlo.
·
ISABELLA: Bueno……. La verdad es que no parecía
un mensajero al uso.
·
HEYDEN: ¿Qué quieres decir?
·
ISABELLA: Su
forma de vestir señorita. Iba
demasiado bien vestido. Su ropa no parecía barata precisamente, y la moto en la
que llegó , tampoco.
·
HEYDEN:
Gracias Isabella.
Y sus ojos volvieron sobre el contenido de la
tarjeta . Un mensaje conciso y claro: Una dirección concreta , una hora
determinada, un número de habitación .
Elegante pero discreta , decidida a ir a por todas,
se preparó adecuadamente para esa cita.
Alguien quería saber hasta dónde era capaz de llegar , y ella estaba
dispuesta a demostrárselo. La veda de caza estaba abierta , y ésta era su mejor
oportunidad, sin implicar , a priori, a nadie más.
La hora establecida , las doce del mediodía. El
lugar citado, el Hotel Hilton Fontainebleau de Miami Beach. Nada más llegar a
la recepción, dio el número de habitación a la persona que le atendió, y
haciendo una señal a uno de los empleados de mayordomía del hotel, le indicó
que la acompañase a la misma.
Casualidad parecía que se hubiese escogido aquel
hotel precisamente , su favorito. Pero más aún, aquella habitación.
Una de las seis mayores suites del hotel, pero la
que mayor terraza poseía y mejores vistas, justo la de la esquina. Otro de los
detalles que no pasaban nada desapercibidos, ya que no era la primera vez que
había estado en ella.
El servicial empleado del hotel, le abrió la puerta, la invitó a pasar y
ponerse cómoda , y tras preguntarle si necesitaba algo, se despidió
cortésmente cerrando la puerta tras de
sí.
No. No era la primera vez que había estado en
aquella misma suite, ni que había disfrutado de los placeres de sus vistas ,
porque las causas que la habían llevado hasta allí no lo habían sido tanto.
Encontrándose aparentemente sola, y tras visualizar
todo a su alrededor sin apenas moverse del sitio, se dirigió a la terraza debiendo pasar justo
al lado del gran piano negro de cola
situado cerca de la misma.
Tras detenerse ante él unos instantes ,
observándolo con nostalgia, se adentró en la enorme terraza , cuya puerta de
acceso permanecía abierta.
Apoyada en su barandilla con la cabeza alzada para
que el cálido sol le diese en la cara, a quién ella esperaba encontrar en
aquella habitación, y que se deleitaba gratamente con la vista propiciada por
ella desde que entrase, hizo acto de presencia en forma de imponente voz que
provenía de su espalda.
·
BOURKE: Hermosas vistas.
Al escucharle, volvió a recomponer su compostura,
pero cuando quiso darse la vuelta, él la interrumpió.
·
BOURKE: No, por favor.
Pasos determinantes sobre el suelo que se acercaban muy despacio para terminar deteniéndose
a su derecha, con su vista fijada sobre
ella , la cual seguía impertérrita con la vista al frente..
·
BOURKE : Mucho mejor. Indiscutiblemente mejor.
Aquella voz. Aquel
tono casi susurrante que parecía entrar en el oído
y penetrar hasta tu interior anclándose en cada órgano, en cada víscera de tu
cuerpo.
·
BOURKE: Ciertamente me he llevado una grata
sorpresa al verla, no esperaba que aceptase la invitación, y menos aún después
de lo acontecido ayer.
·
HEYDEN: ¿Qué es lo que quiere de mí Sr. Bourke?
Él se sonrió. Ella seguía sin mirarle directamente,
pero casi podía sentirlo.
·
BOURKE: Directa. Me gusta.
·
HEYDEN: No es algo que aprecien muchas personas,
y menos aún muchos hombres.
·
BOURKE:
Yo no soy como el resto de las personas, ni como la mayoría de los
hombres.
Aquel aire altivo, de aparente prepotencia que
parecía no abandonarle jamás , la exasperaba hasta límites incontenibles, pero
ya que había decidido jugar , decidió continuar tirando más cartas, y para la
siguiente jugada, mejor tenerlo de frente .
·
HEYDEN: Y veo que la cortesía tampoco es su
fuerte.
Y aquella presunción se transformó en imagen vivía.
Su altivez bajo aspecto selectivamente
elegante no había cesado. Aquella seguridad
que transmitía y la sensación de
no tenerle miedo a nada , de ir a por todas, resultaba un riesgo para ella por mucho que estuviese acostumbrada a tratar
a individuos así, pero para él, formaba parte del juego de la imagen que quería
dar a los demás, de la que exteriorizaba. Calcular sus puntos débiles , no sería fácil.
·
BOURKE: Tengo entendido , que mis disculpas no
fueron muy bien recibidas.
·
HEYDEN: Tarde e impersonales. No era la mejor
forma de redimirse la verdad. Hubiera sido preferible no darlas.
·
BOURKE : Bueno,
quizás no fuera la mejor forma, ahí sí que no tengo nada que decir en contra,
pero tampoco mandé a cualquiera a comunicarlas.
Tratando de disimular lo que aquello significaba
para ella, su duda quedaba resuelta. Andy no era un simple mensajero más. Era
alguien de confianza.
Tratándose de una situación en la que ella se
demostraba a la defensiva y territorial, Bourke pensó cambiar de estrategia .
·
BOURKE:
Ya que mi falta de ayer no parece tener arreglo posible, ¿podríamos
empezar de cero a partir de hoy? Por favor.
Con la mano tendida, y un cambio de gesto evidente,
ella decidió recoger el guante , y ofrecerle la suya para estrechársela.
Pese a que su seriedad no había variado , y seguía
atenta a cada uno de sus gestos, él decidió mostrarse notablemente más relajado
y amable , e incluso podría decirse, que su sonrisa , natural en ese momento,
se apreciaba diferente.
·
BOURKE: Dada la hora , me tomé la molestia de
encargar el almuerzo, esperando aceptase acompañarme.
Ella asintió con la cabeza como gesto de cortés
complacencia.
·
HEYDEN: Por supuesto.
·
BOURKE: Perfecto, entonces llamaré para que la
suban. ¿Una copa de vino mientras?
Ofreciéndole
pasar delante suya, se dirigieron hasta el bar de la suite , dónde él ya
conservaba en una cubitera enfriadora especial una botella de vino blanco
especial y extrañamente reconocido por ella.
Ya abierta para esperar a que respirase, él observó
que ella no dejaba de mirar de forma continua la etiqueta de la misma.
·
BOURKE: Clean Slate Riesling 2007. Blanco
espumoso y suave. Tuve oportunidad de conocerlo hace un par de años, durante
una estancia en Alemania, dónde por
cierto se produce . Un viñedo muy antiguo. Comenzó a funcionar en 1899.
Lo cierto es que el mundo nunca deja de sorprenderte. Me considero un hombre de
gustos exquisitos, especialmente en vinos, y si no es por ese viaje, nunca
hubiera sabido que los alemanes produjesen delicias de este calado.
Le dio la copa y ella se la recogió.
·
HEYDEN: A veces no hace falta viajar al lugar
para saber que las exquisiteces tienen distintos puntos de origen.
·
BOURKE: La he observado mirando el etiquetado de
una forma particular, y a juzgar por su comentario, ¿deduzco mal si pienso qué
usted sí lo conocía?
Saborear el resto del vino habido en sus labios
tras un ligero sorbo, fue objeto de una mirada directa y clara por parte de él ,
que hizo que sus ojos dejasen la amabilidad más interpretada por unos ojos
penetrantes y bastante intimidantes .El auténtico Bourke volvía a hacer acto de
presencia.
Mientras, a su mente, las palabras de Michael sobre
él , volvían una y otra vez como si fuese una especie de rezo salvador. Una
regla que no debía olvidar.: “¿Una debilidad? Tú”.
·
HEYDEN: Sí, lo conozco.
·
BOURKE: ¿Y es mucha indiscreción preguntar cómo? No es
un vino fácil de conseguir.
·
HEYDEN: Usted no es el único hombre con gustos
exquisitos Sr. Bourke, y me precio de aprender rápido de quién tiene algo
interesante que enseñarme.
Un juego a
dos bandas que se hacía más tenso para ella, y más morbosamente interesante
para él.
Alguien supuestamente oscuro según las referencias,
que a juicio de ella, parecía tener las
mismas debilidades que los demás hombres. Sólo era cuestión de saber qué hacer , y eso, era algo que él iba
facilitando fácilmente para su extrañeza, quizás demasiado.
·
BOURKE: ¿Así que se considera un alumna
aventajada?
·
HEYDEN: No me considero, lo soy. Me gusta
aprender deprisa. Eso facilita mucho las
cosas.
“Mujeres directas y con las cosas claras. Seguras
de sí mismas”. Todas y cada una de las cosas que Michael le había dicho ,
estaban surgiendo efecto.
Sin mostrar un ápice de nerviosismo, aunque sí con
miradas cada vez más directas y claras, ella se sintió provocada a continuar en aquella prueba iniciada por él,
hasta que algo cambió las tornas de la partida tras un sorbo de vino por parte
de él.
·
BOURKE : Realmente
debe de serlo, a juzgar por la rapidez con la que progresó en el club gracias a
las lecciones de un excelente profesor . Por cierto ¿ he cubierto las
expectativas de lo que Fassworth le vendió sobre mí?
Un frío desagradable recorrió su espalda inesperadamente. Agarrando la copa
con más fuerza de lo que esperaba, trató de disimular el golpe recibido , el
cual la desestabilizó por completo, quedándose inesperadamente bloqueada , ante
un rostro malévolamente crecido como vencedor por el golpe asestado.
Ana Patricia Cruz López
Todos los derechos reservados.

Amo y odio a Bourke, si lo se es un maldito pero que quieres, esto deberia leerlo un productor como me gustaria verlo en la pantalla grande, de verdad que historias como estas me super encantan. Impaciente por la siguiente entrega.
ResponderEliminar