CAPITULO DECIMO (Primera parte)
“No me dejes creer que es imposible amarte.
Que eres tan inalcanzable como el inmenso cielo.
No me dejes creer que lo que siento no es cierto ,
porque la piel me quema con tus roces y ,
el pecho me arde con tu presencia.
Sólo tú sabes que lo que siento es cierto.
Mírame a los ojos una vez más.
Dime que esto que siento no es
cierto”
SENTIMIENTOS ENCONTRADOS
Y la tarde fue cayendo sobre la Universidad.
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| Créditos a quién corresponda |
Las puestas de sol en esta
época del año resultaban de lo más evocadoras y relajantes, con el cielo
teñido de profundo rojo , algunas nubes azuladas dispersas sombreando el
horizonte y aquella inmensa bola de fuego amarilla oscura despidiéndose de
todos hasta el día siguiente.
A Sarah le encantaba salir a la puerta del edificio y sentarse en el
murito exterior hasta que casi el sol hubiese desaparecido, y mientras sus
obligaciones se lo permitían, procuraba hacerlo todos los días.
Ése era una de aquellos pequeños detalles, muy suyos, de los que
prefería no hablar pero que todo el mundo conocía, así que, si alguien la
necesitaba, le resultaba muy fácil
localizarla, porque cualquiera que la
conociera, sabía dónde encontrarla.
Y así fue en esta ocasión respecto a Steve. Llevaba buscándola desde
que había terminado sus clases para hablar con ella, y fue en Secretaría, dónde le dijeron el lugar dónde se la tropezaría.
En cuanto él salió al exterior, desde lo alto de la escalinata , pudo
verla. Sentada en el muro, con sus cosas al lado, mirando al frente , al sol,
con el cuello ligeramente alzado.
Steve se acercó y se sentó justo a su lado. Sin mirarla ni una sola
vez, sin palabras que interrumpieran ese momento. Durante un instante, compartieron el mismo espacio y la misma
sensación, sin necesidad de intermediar
con otro sonido que no fuera el de la ligera brisa que se iba levantando, y las hojas de los árboles bailando a su
compás.
• SARAH: Hay pocas cosas que puedan disfrutarse igual,
y que sean gratis.
Steve giró su cabeza hacia el lado donde ella se encontraba y no le
retiró la vista . A ella no le hizo dirigir la suya , sabía perfectamente que
la observaba.
• SARAH: ¿Por qué
tengo la impresión de que vas a decirme algo en cualquier momento?
• STEVE: - se sonrió-
Debemos ponernos de acuerdo para quedar y ver lo del libro.
• SARAH: Es curioso que seas tú precisamente quién me
lo diga, cuándo soy yo la que está a
expensas tuya.
• STEVE:¿ Perdón?
Sarah se bajó del muro y se le colocó en frente suya.
• SARAH: Tú eres el
que parece que tiene las ideas más claras al respecto, esperaba que me dijeras
cuándo empezábamos.
• STEVE: No se trata
de ideas , ni de tenerlas claras o no, se trata de comenzar a leerlo juntos e
ir esquematizando para hacernos una idea.
• SARAH: ¿Ves? Ya
tienes las ideas mucho más claras que yo.
• STEVE: Estaba
pensando, que como este viernes las
clases terminarán a mediodía , podríamos salir de aquí e ir a mi casa, y
comenzar a trabajar allí, sobre todo porque al día siguiente es festivo y no
nos condicionaría el horario, si lo ves bien claro. Yo podría preparar algo de cena , y
aprovecharíamos el día.
• SARAH: ¿Tu casa?
• STEVE: Bueno , en
realidad es la casa de mi amigo, me la ha dejado mientras estoy aquí, para que
aproveche y se la cuide. El de la moto.
• SARAH: Ah, lo
supuse.
Apoyada sobre sus brazos en el muro, pensaba que no podía negar que observar a su compañero de Departamento
desde ese ángulo resultaba de lo más interesante. La luz del sol , de un tono casi
anaranjado ya, le daba un matiz especial en la piel, y sus ojos parecían de otro mundo. Un perfil
perfecto pensó , con un dibujo trazado milimétricamente y de líneas rectas y
decididas.
Él giró su rostro en ese momento y ella, lejos de retirársela, se la
mantuvo con decisión. Le gustaba lo que veía y no podía negarlo, ni quería.
• SARAH: ¿Tú
preparando la cena?
• STEVE: - se sonrió-
¿Veré el día en qué dejes de cuestionarme? Vivo solo, no hay nadie que me la haga, he de
sobrevivir.
Ella no pudo evitar reírse, lo cierto es que la lógica más aplastante
hubiera hecho que la pregunta sobrara , no así,
con la intención con la que fue
hecha.
• SARAH: Bien,
entonces yo llevaré el vino, y no creas que vas
a hacerme desistir por muy especialista que seas en la materia. Es
innegociable.
• STEVE: ¿Contigo? ¿Negociar? No se me ocurriría.
• SARAH: Tendrás que
confiar en mi gusto selectivo .
• STEVE: Siempre. Sin
duda.
Él se bajó del muro con la intención de marcharse a casa.
• STEVE: Me voy a
casa ¿tienes quién te lleve?
• SARAH: Sí, el
transporte público.
• STEVE: ¿Te llevo
yo? Si quieres
• SARAH: ¿En
Brooklyn, con el coche a estas horas?
Tardarías siglos en salir de allí. Déjalo, gracias.
• STEVE: ¿Segura?
• SARAH: Sí,
tranquilo.
• STEVE: Bien,
entonces hasta mañana.
Y con su paso tranquilo fue subiendo la leve colina que le llevaba
hasta la escalinata de entrada del edificio de la facultad, ante la atenta mirada de Sarah.
Ella no sabía que era, pero la sensación de tranquilidad que él le
transmitía, conociéndolo desde hace tan
poco tiempo, no la había experimentado
con nadie en circunstancias similares.
Esa especie de paz interior,
y presunta seguridad , como si se
conocieran de toda la vida, era lo más extraño que había percibido en años, y
eso, que se preciaba de
relacionarse y conocer a mucha gente.
Los días pasaron, y llegó el consabido viernes. Sarah y Steve habían
quedado desde por la mañana en el parking de la facultad según terminaran las
clases. El primero en llegar fue él , y por supuesto tuvo que esperarla un buen
rato.
Cuando ella llegó , él estaba subido en la moto de ella, con los
brazos cruzados , y nada más verla , miró el reloj.
• STEVE: Sé que los
británicos pecamos de exceso de puntualidad , pero no sé a qué acusar esperarte
casi media hora.
La foto fija de un hombre sobre
su moto, de ese hombre más concretamente, cuando en la vida había permitido que
se subiera nadie sin ella estar, la dejó tensa. Cuando llegó hasta ellos,
colocó el casco encima del tanque, y cogió los guantes del maletero . Steve mantenía una postura desafiante y
cínica, esperando que ella cayese en la
provocación, pero Sarah se limitó a colocarse lentamente los guantes, mientras le miraba fijamente a los ojos, respondiendo a su cinismo con la aparente
misma sintonía.
• SARAH: ¿Piensas
subirte a la tuya en algún momento o …vas a seguir disfrutando indebidamente de
algo mío?
Steve resistía como podía las ganas de reírse.
• STEVE: Lo cierto es
que no pensé que las de este tipo fueran tan cómodas, son tan…………. No sé.
• SARAH: Es una dama
italiana, no pueden ser incómodas. Bueno ¿qué? ¿Te decides a levantarte o
prefieres que te lleve de paquete?
• STEVE: Nunca he ido
de paquete en una de éstas.
• SARAH: ¿Te
importaría retirar ese trasero duro e
inglés hacia atrás por favor?- ese tono irónico le daba cierto toque atractivo
a su propietaria-.
Steve no pudo resistirlo más y soltó una carcajada de sorpresa.
• STEVE: ¿Duro e
inglés?
Al ver que no se bajaba ni se retiraba, ella se subió sentándose
prácticamente encima suyo, sin poder
casi moverse.
• STEVE: ¡Dios!- en
el fondo, más que la incomodidad de la situación, lo que sí sentía, es que al hacerlo así, sin que él llegase a desplazarse, era una molestia muy aguda en sus muslos y en sus
partes íntimas, y aún así, el sarcasmo también tuvo cabida por su parte.- En
otras circunstancias te aseguro que esto podría ser de lo más apetecible,
pero ¿te importa levantarte un poquito
para qué pueda retirarme?
Ahora la que disfrutaba aguantando la risa era ella, sabía que debía
de estar bastante molesto y que de por sí,
su pose no le debía resultar nada
cómoda, pero también es cierto que ya llevaba mucho rodaje a sus espaldas y
puestos a provocar, nadie era capaz de
ganarle la partida.
La ironía a granel fue el siguiente paso.
• SARAH: Lo cierto
Steve es.. que no te entiendo , pensé que estabas de lo más cómodo ahí sentado.
Sin que pudiese verlo pero si sentirlo, Steve no paraba de gesticular
con las manos para evitar tocarla, a efectos de desear que ella se incorporase
.
• STEVE: Por favor,
¿te importaría moverte hacia delante o levantarte un poco ? Por- fa-vor. – dijo
con los dientes apretados y casi en tono suplicante-.
Por los ruiditos que salían de su boca, se diría que él comenzaba a
encontrarse bastante más molesto de lo que hubiera deseado . Lejos de hacer lo
que él quería cuándo él lo requería, antes de levantarse, un poco a efectos de que pudiese moverse,
reclinó lentamente su cuerpo hacia detrás aprisionándole aún más.
• STEVE: ¡Dios Sarah!
Por favor.
Sólo cuando ella se levantó, él
pudo retirarse hacia detrás con cuidado.
• SARAH: De las tres
cosas que dicen que no se prestan, el
caballo se sustituye en este caso por esta preciosidad. No permito que nadie,
repito, nadie, la tome sin permiso, ni
siquiera para sentarse.
Él salió de la moto como pudo,
e intentó disimular el dolor en sus partes genitales.
• STEVE: Ni que la
hubiese arrancado.
• SARAH: Ahora
salimos tarde por tu culpa.
Su tono irónico le estaba desquiciando en ese preciso instante, aquel,
en que la molestia y saber que le esperaba cerca de una hora encima de su moto
, se convertían en su peor opción. Las miradas inquisitivas de un Steve
dolorido, resultaban ser el más delicioso
premio a una advertencia más que visible y extensible , por ende, a otras cosas
muy suyas no compartibles.
Mientras Steve se colocaba los guantes, con su más sincero deseo
de querer matar lentamente a Sarah , sin
dejar de mirarla ni por un segundo , se
colocó el casco y se lo amarró. Subir a la Harley , resultó otra cuestión.
La única ventaja de esta moto, al menos para él en ese momento, es que
la parte del sillín es baja y él es considerablemente alto, así que se sentó muy despacio, ante
la mirada guasona y expectante de
una Sarah que , para ponerle aún más nervioso, no hacía otra cosa que mirar el
reloj continuamente metiéndole prisa.
Cuando logró ponerse cómodo,
arrancó, y tras lanzarle una
mirada de las que se te clavan y no salen , al pasar al lado de ella, Sarah se
dispuso a seguirle detrás.
Ella sabía que vivía a las afueras, en una de las zonas residenciales,
así que dedujo que sería una especie de casa de campo. La típica casa de césped
, arbustos y la banderita. Todo eso, a juzgar por el prototipo de americano con
Harley. Sin embargo, unos cuarenta y cinco minutos después, llegaban, y la imagen que se presentó ante
Sarah no era la que se había imaginado.
Aquella era como la típica casa de campo sí, pero realizada
completamente de madera, con un porche enorme que giraba alrededor de la casa.
No era demasiado grande, pero se veía
acogedora. Y tenía asegurado, que los
vecinos no molestaban demasiado , puesto que
para ser zona residencial, la casa más cercana estaba a bastante metros.
Dejaron las motos en la puerta y ella cogió el vino del maletero.
Cuando Steve abrió la puerta , el aspecto más que acogedor de la casa
en el exterior se completaba , de forma magnífica , con su interior. Completamente de madera también, con una amplia
chimenea, y sin artificios, lo que
le otorgaban carácter de hogar.
Mientras el anfitrión colocaba el vino en la nevera y preparaba la
cafetera, ella se acercó hasta el otro extremo de la sala de estar –comedor.
Detrás de una especie de pared falsa que pretendía separar estancias, encontró
un piano, y el acceso a una especie de
terraza cubierta con barbacoa y piscina.
Cuando Steve dejó todo listo y fue al salón, ella no se encontraba. Miró a su
izquierda, y vio la puerta de acceso a
la terraza abierta. Ella se encontraba sentada en el suelo, cerca del borde.
Observaba el agua, absorta, pareciendo estar en otro mundo. Él volvió a la
cocina y preparó los cafés, no se podía
empezar a trabajar sin la dosis de cafeína vital y necesaria.
Tan absorta en sus pensamientos se encontraba, que no le oyó
acercarse, ni se dio cuenta lo que traía
por el olor. No lo percibió.
Sólo la sombra de algo que ella creía un bulto por el rabillo de su
ojo izquierdo, le alertaba que ya no
estaba sola.
• STEVE: Capuchino.
Sarah acercó la nariz a la taza
para corrobar que lo que había olido era esencia de vainilla, y efectivamente ,
no se había equivocado.
Él tocó el agua con los dedos y su temperatura resultaba agradable.
• STEVE: ¿Qué tal si
descansamos un poco los pies?
Y comenzó a quitarse los zapatos ante una Sarah , que en el
fondo, disfrutaba con la imagen de un
Steve capaz de sorprenderla casi constantemente.
Cuando éste se sentó en el filo de la piscina, comenzó a remangarse
los pantalones mientras la miraba porque ella no se animaba.
• STEVE: ¡Vamos! ¿No
irás a quedarte sin refrescarte? Se nota que te mueres de ganas de hacerlo.
Ella suspiró, y comenzó a quitarse los zapatos, subiendo la parte
inferior de los pantalones.
Ni una sola palabra hizo falta. El tiempo, la temperatura del agua, la
compañía y el café, fueron suficientes
para aquel rato largo de asueto y relax previo a una jornada diferente. Miradas
esquivas y tímidas medias sonrisas. Algún mordisqueo comprometedor de labios, y
un querer pero no poder introducir algún tema de conversación quizás más
comprometido, sobre todo por parte de él.
Aquel silencio sólo fue interrumpido por la voz de ella.
• SARAH: Supongo que
retrasar más el momento de enfrentarme con él no servirá de nada.
• STEVE: Cuanto antes
empieces , antes lo normalizas. Eso dicen.
• SARAH: Entonces
será mejor hacerlo cuanto antes.
Él se levantó, y le extendió su mano para ayudarla a ponerse en pie.
Al tirar de ella , el impulso fue mayor de lo esperado, y terminó apoyándose con una de sus manos en
el pecho de él para evitar caérsele encima. Lejos de resultarle incómodo, los
dos se lo tomaron como parte de una anécdota, sólo que los ojos de Steve
parecían requerir que este tipo de hechos
pasasen más a menudo, o por lo menos no
le importaba tanto que, estos “accidentes “, fueran más habituales.
Una vez dentro de la casa, ambos se sentaron en la gran mesa del
comedor .
Steve había impreso dos copias
del libro inacabado , porque en papel se le podían hacer otro tipo de correcciones
y facilitaba las cosas.
Uno sentado al lado de otro, los dos con las montañas ordenadas de
papel delante, y a ella comenzaba a notársele nerviosa.
• STEVE: ¿Lista?
Sarah no contestó, se limitó a mirarle un instante, y a asentir con la
cabeza.
ANA PATRICIA CRUZ LOPEZ
TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS

Tal vez puedas pasarme el tel de Steve, yo tengo una historia sin concluir y al parecer el podria ayudarme. Me encanta como va esta historia, siempre me dejas con ganas de mas.
ResponderEliminarTal vez puedas pasarme el tel de Steve, yo tengo una historia sin concluir y al parecer el podria ayudarme. Me encanta como va esta historia, siempre me dejas con ganas de mas.
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