Un solo leve gesto de tu cabeza,
y se abrió el cielo para mostrarme
lo inolvidable que eras.
Un solo y único gesto ,
me bastó para comprender
tu carácter indomable en la presencia,
e inolvidable en la ausencia,
tu imbatibilidad sabiendo estar,
y el aire a correcciión que tu piel transpira.
Un solo gesto ,
apenas perceptible salvo para mis ojos,
normal o habitual en los demás,
me hizo verte de otra forma,
asociarte con aquella mirada tan familiar y tan tuya
en otras ocasiones vista ,
pero que, en aquel marco,
cobraba vida de otra forma.
Tu cabeza, alzada,
tu timidez intrínseca en aquel instante,
como producto de los nervios a flor de piel
con los que siempre te haces notar.
Un solo gesto,
y una casualidad impredecible,
en forma de piezxa musical reconocible
pero hasta entonces no asociada con nadie,
con nada.
Unos acordes ,
que a partir de entonces,
llevaron tus labios sonrientes,
tu rostro con niñez escondida en tus ojos,
y cierto tono afrutado y dulzón en la voz.
Una ciudad quise ser yo entonces.
Aquella que te acogió con el mejor de los sentimientos
como uno más,
conquistando ese nuevo mundo
y mi corazón que de por sí,
ya era tuyo.
Unas manos , las mías,
que hubieran dado todo y más por poderte coger una sola de
las tuyas,
y llevarte la tranquilidad tan ansiada.
Unas notas de piano que van sonando de fondo
anunciando tu buena nueva.
Una imagen sonora ,
a la que fijé tu alma
y la mía,
y que en secreto,
se ha convertido en la mayor de mis alegrías.
Un solo gesto
para encender mi vida,
para reconfirmarme
por qué te quiero,
y que eres lo único que necesito
para poseer la felicidad completa.
Un solo gesto ,
bastó y sobra.
Un indicio de normalidad por tu parte,
que ha permanecido como una de mis mayores debilidades.
una debilidad ,
que pasa a ser real recuerdo ,
vibrante y hermoso,
hasta humedecer mis ojos
cada vez que el tañir del martillo sobre las cuerdas,
hace que el piano conduzca mis sentimientos.
Necesidad voluntaria ,
creada de algo en lo
que no te diste cuenta si quiera.
Algo natural,
que no vulgar,
porque en ti , todo es, sencillamente hermoso.
Un recuerdo vivo
convertido en sentimiento ,
como no podía ser de otra forma.
Un sentimiento privado y exquisito,
mantenido en secreto hasta que pueda confesarte
lo que siempre has sido en mi vida.
lo que impulsa a que me levante cada mañana,
a soñar despierta cada tarde.
A sentirme reconfortada con tu presencia ausente,
y que sea tu sonrisa la que la mía reclama.
Un solo gesto no cambió lo que nunca hubo entre los dos,
pero sí marcó lo que ya había.
Un solo gesto,
me dio el sin vivir porque aquellos ojos nunca me
abandonaran,
y la ansiedad,
porque el piano ,
aquel que siempre ha sonado en mi cabeza,
jamás deje de tocar aquella hermosa pieza.
Ana Patricia Cruz López
Todos los derechos resrvados
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