sábado, 26 de septiembre de 2015

MOMENTOS. Siempre tuya. (144)

Cuento los días que quedan.
Las horas pasan tan despacio
que  me siento morir esperando .
Tiempo contado como se cuentan los dedos de una mano.
Tentada de retrasar todo,
de engañar al gran mentiroso.
Oportunidades no me faltan.
Nada tengo que perder ya.

Mi ira la resguardo de mis amigos,
los pocos que me quedan ya,
mientras la preparo para aquellos que son mis enemigos.
Rabia contenida ,
que surgió al verme envuelta.


Este círculo vicioso y sin salida,
me tiene dando vueltas sobre la misma idea,
sobre las mismas palabras,
como forma de autoconvencerme,
como foma de crear la falsa imagen
de que éste es el camino correcto.

Mis gritos ya no se escuchan hace tiempo.
Trato de pedir auxilio y nadie me escucha.

Cuenta atrás del final.
El tiempo comienza a sangrar,
y con él,
mis heridas.
Las que me produijiste en tu caminar.
Las que me hiciste con cada palabra tuya
que era mentira.
Las que salieron al sufrir cada desaire tuyo.

El reloj se va derritiendo,
y sus gotas
son las de mi sudor cuando pienso en lo que te amé,
y como , siendo sólo algo que desechar,
en tus manos me sentí alguien.

Agujas que siguen su camino,
sin detención.
Agujas que no puedo detener.
Tiempo que no perdona,
como tampoco lo hace el corazón,
y sin embargo,
éste mantiene su propia lucha a muerte.
Con todo el dolor que has vertido,
con todas las lágrimas derramadas sobre tu pecho,
la piedad no existe,
sólo para los que quieren salvarse.
Para mí,
que he llegado tarde por no abandonarte,
para mí,
sólo me espera esta cuenta final.

Busco una última salida,
la única alternativa.
Conversión a la realidad
que fustiga con sus tiras de acero.
Y mientras cada golpe deja sus huellas,
y las cicatrices escuecen recordándome por qué,
tu imagen ,
como la del angel caído que un día me arrastró,
se presenta ante mí altivo y oscuro,
como no podía ser de otra forma.

Pero la luz me salvó.
La luz lo detuvo todo.
La luz que tu arrepnetimiento me trajo.
Aquella que lo iluminó todo
en el momento en que te arrodillaste frente a mí,
y la lanza que debía dar el golpe final,
justo en el último segundo detuviste.

El reloj se detuvo.
Ya no tenía sentido seguir.
La mano temerosa,
cuya lanza retiró de mi final,
buscó nuevo objetivo.
Culpabilidad interior,
lágrimas que no dejaron de brotar en ningún momento.
Corazón sentido y roto por actos del pasado,
por daños hechos a quién más amaba.

El reloj volvió a funcionar,
la cuenta atrás continuó,
y antes de que pudiera darme cuenta,
un  grito ahogado
y el resquebraja rde la carne al hacerse camino el frío metal,
lo colapsaron todo.

Angel caído,
oscuro ,
cuya muerte ,entre llantos, viene a buscarte.
Angel de luz
que quedas en su lugar.
mirada sincera,
de un sacrificio visto para sentencia
desde su nacimiento.

Y el reloj se detuvo para siempre,
y el tiempo ya no juzgaba a nadie más.
Mis cadenas visibles,
desaparecieron,
pero las del corazón,
continuarán por siempre.

Ana Patricia Cruz López
Todos los derechos reservados


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