Inicio de esta partida,
en la que eres juez y parte,
pones las reglas,
y decides ganador.
Maestro consumado del dolor más exquisito,
quisiste mostrar en toda tu gloria
lo que eres capaz de hacer,
cuando es un cuerpo de mujer el que cae en tus manos,
mientras tus dedos ,
sólo como iniciación,
van marcando el terreno.
Selección visual de las armas a usar
en esta tortura sensual.
Figura imponente ,
acostumbrado a la obediencia fatal,
decides quedarte solo en aquella habitación .
Una última voluntad.
Cerrar la puerta delante de mis ojos,
y escuchar como la llave determina la no vuelta atrás.
Sin atreverme a mirar,
tu aliento y el sonido de tu respiración
me indican tu
cercanía.
No debo moverme , lo se,
pero mi cuerpo se estremece una y otra vez,
cuando es el frío cuero el que sustituye a tus manos.
Sin mediar palabra,
siento la ropa deslizarse por mi piel,
y a tus ojos dibujar
cada línea.
Observada ,
apropiándote de algo ajeno que crees tuyo,
sabes que no me tienes por entero,
pero tú no eres el mismo de antaño,
algo ha cambiado.
Lo que ha sido tu vida ,
se vio trastocada por algo que no conocías,
y yo lo supe,
cuando eran tus brazos los que volvían a abrigarme con mis
ropajes,
abrazándome.
Inexplicable sensación mostrada,
por quién nunca supo lo qué era.
Por quién entendía que aquello no era posible,
y que no existía.
Por quién
adoptaba la consumación como
simple deseo ,
sin más.
Ocultada historia,
con tu aparente
distancia normal,
cuando en realidad,
en tus adentros, te
morías por hacerme tuya.
Por brindarme ese nuevo sentimiento jamás experimentado por
ti,
con la pasión de un niño que ,
como jugando a los piratas ,
ha descubierto el tesoro.
Inocencia tardía, dulce encanto .
Sin apenas saber qué hacer,
acostumbrado a otras cosas,
lecciones de ternura,
con un alumno en realidad aventajado.
Por una vez,
el cuero y los grilletes,
dejaron paso a tu piel,
sintiendo cada toque con imperiosa desesperación
y deseo de mucho más.
Oportunidad de hacerte perder el control de tu cuerpo ,
el diablo con piel de hombre que eras,
se mostró, a través de su carne,
capaz de sentir y amar.
Dolor convertido en placer.
Placer convertido en ternura.
Cuero intercambiado por tersa y blanca piel.
Receptividad de tu humedad,
como signo de gloria,
de tus palabras, que
no ordenaban,
de tus súplicas,
para que aquel éxtasis no tuviera fin.
Llevando yo el control,
pudiendo devolvértelo con la misma moneda,
dejé todo como estaba.
Una lágrima que recorre tu mejilla.
Sabes que no puedo quedarme.
Sabes que el juego es así,
y que no volverás a verme.
Amarres de tus manos,
más profundos y sinceros que cualquier correaje.
Aferradas a un imposible ,
te negaste a soltarme,
sabiendo que mi marcha era necesaria.
Palabras desoídas en mitad del dolor.
Súplicas que se clavan sin poder frenarlas,
y que no puedo evitar.
Escapada mortal de allí.
Realidad: muerta en vida sin ti.
Ana Patreicia Cruz López
Todos los derechos reservados.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Muchísimas gracias por participar en esta página