CAPITULO SEXTO
(SEGUNDA PARTE)
EL REENCUENTRO
Robert apenas había llegado a su destino aquel
viernes tras un periplo de tiempo, que
por supuesto, no incluía las algo más de cinco horas y media previstas de
estancia en el aire.
Y es que cuando se mezclan, entre otras, circunstancias
habituales como son la hora punta de
entradas y salidas de vuelos internacionales y el inicio de un fín de semana, con
la vuelta a casa de quiénes trabajaban fuera
de Florida o quienes simplemente habían permanecido allí por negocios,
con una inesperada huelga de
controladores aéreos, y colapsos por derivaciones sobrevenidas de vuelos de
otros lugares, desviados a causa de sendas tormentas tropicales, la
consecuencia más lógica, era salir
relativamente temprano por la mañana con la idea de estar a la hora de comer y
no a la hora de cenar, especialmente cuando
el motivo eran negocios, y el contrincante era John Bourke.
Exquisito en sus maneras hasta la extenuación y obsesionado con la administración de su
tiempo, Bourke y Sheldon eran socios en algunos negocios desde hace años.
Siendo el anfitrión notablemente más joven, Bourke se convirtió en una de las
más interesantes adquisiciones para su bolsa de clientes por los que
intermediar .
Presentados por alguien común aunque por distintas
circunstancias, desde el principio, las condiciones de su relación quedaron
claras sin que apenas hubieran de cruzarse más de dos párrafos de conversación.
Tanto uno como otro sabían de antemano, lo qué
buscar en quién tenían en frente y, por supuesto, lo que dicha relación podía
reportar a cada uno.
A diferencia de Sheldon, un hombre al que no le
disgustaba nada la publicidad de los titulares y primeras planas aunque no
todas fuesen en sentido positivo, Bourke , mucho más escurridizo, procuraba
evitar esa notoriedad, especialmente, porque aunque resultaba vox populi su más que reiterada división entre la masa de
negocios visiblemente legal y aquellos
que no lo eran tanto, trataba de pasar
inadvertido pantalleando todo un entramado empresarial que le permitiera
ocultar y disimular parte de ese núcleo negocial.
De personalidad tan extraña como inquietante, Bourke
era tan respetado como temido a partes iguales por todo aquel que lo conociese
o tuviese que relacionarse. Desconfiado por naturaleza, a diferencia de otros
individuos posiblemente comparables a él en algún aspecto, no contaba con un
surtido grupo de empleados que hiciesen las cosas por él. Su núcleo más
cercano lo conformaban apenas dos
personas de confianza, y con la costumbre aprendida de hacer las cosas por sí mismo, huía de la
utilización de intermediarios para aquello que deseaba saliese bien a la
primera.
Dados los años y lo que sabía de él respecto de sus
manías sobre el tiempo y la impuntualidad, Robert intentó avisar de su llegada en cuanto pudo
activar el teléfono móvil, pero alguien ya le esperaba en el Aeropuerto para
recogerle y llevarle a casa de su socio.
Tras media hora de recorrido, el coche tomó una
desviación deteniéndose un poco más adelante . El conductor extrajo de la
guantera algo que parecía una pañoleta,
se la entregó, y le dijo que se tapase los ojos
procurando asegurarse de no ver nada .
A Sheldon esto no le pillaba de nuevas. No era la
primera vez que debía permanecer “ciego” en un recorrido hasta el punto de
destino , especialmente , cuando se trataba de residencias con cierta fijeza.
Requisito prescindible, cuando las citas se producían en lugares públicos ,
casas de conocidos u hoteles, lo que resultaba más habitual.
El cambio en la percepción de olores , el sonido
cambiante del viento sobre arbustos bajos para después pasar a arboledas mucho
más copadas y abundantes , el cambio de temperatura nada gradual en un momento
determinado……………..todo ello, le hacía pensar , que el lugar de encuentro se
encontraba lejos de la ciudad, posiblemente muy aislado y en un punto
destacadamente alto , lo que confirmaría posteriormente, en cuanto notó que el vehículo comenzaba a
subir lo que parecía una cuesta , y a juzgar por el relativo movimiento
continuamente ladeado , éste , resultaba más abrupto que el asfaltado de una
carretera.
La detención del coche parecía no llegar nunca,
pero el sonido de una verja automatizada abriéndose, y el medio giro dado por
el conductor con su posterior frenado ,
supuso el punto y final de un recorrido que había comenzado desde la
mañana en su punto de origen.
Con el sonido de la puerta situada a su derecha abriéndose , un voz familiar le indicó que
podía retirarse el pañuelo.
En cuanto sus ojos quedaron descubiertos, el rostro
de la mano derecha de Bourke le recibía con una sonrisa de complacencia.
Al llegar de noche, sus ojos tardaron menos en
acostumbrarse a los cambios de luz. La imagen de la casa frente a él no le
impresionaba en demasía, ya que se preciaba conocer los exquisitos gustos del caballero, y no sólo , en cuanto a
viviendas se refería.
El ayudante dio las instrucciones precisas al
personal apostado junto al coche respecto al equipaje de Robert, mientras a
éste, le solicitaba que lo acompañase al comedor sonde se encontraban
esperándole para cenar.
Dentro de la construcción, las robustas vigas de
madera vieja y oscura , no sólo representaban el apoyo fundamental de la casa,
sino un elemento decorativo apreciable en lo que era , sin duda, una muestra
más de la arquitectura española colonial
de antaño aunque muy bien conservada.
Muros anchos, fuertes y con aspecto de esa robustez imponente acorde a
quién la ocupaba en este momento como señor y dueño de todas las cosas habidas
en ella.
Conforme subía escalón a escalón hasta el piso
superior, Robert no pudo evitar fijarse
en cada uno de los detalles que aparecían ante sus ojos. Aquellos que ,
cruzados de forma inesperada en su camino, poseían algo que le recordaban los
motivos de por qué precisamente , John Bourke, habría escogido esta y no otra vivienda.
Una vez en el comedor de la planta superior , el
ayudante le dio paso y se marchó. Su socio, sentado encabezando la mesa , se
alzó para acercarse a él y saludarle, encontrándose ambos a medio camino.
·
BOURKE: Mi querido
Robert.
·
SHELDON: John………….
·
BOURKE : Justo has
llegado para la cena. Te esperaba algo más temprano.
Con una mano en su hombro, Bourke lo acompañó a la mesa para que tomase
asiento, sirviéndole una copa de vino.
·
SHELDON: Ha sido una
auténtica odisea. Casi podría decirse que una sucesión de estruendosas
casualidades.
·
BOURKE: De todas
formas mi querido Robert, sabes que
contigo no hay problema, total , tenemos todo el fin de semana para hablar de
lo humano y lo divino. Ahora cenemos y
despreocupémonos de todo.
Aquella presunta y habitual cordialidad formaba parte de su forma de ser. Ciertamente
vigilante, Robert sabía perfectamente que dado el cansancio que debía de estar
manifestando, Bourke le estaba otorgando una tregua. Lo que no pudo imaginar,
es que no sería tan larga como él creía en principio.
Una vez hubieron cenado, una copa y algo de conversación en la terraza
se agradecían.
Ciertamente, las vistas apreciadas desde ese
enclave envidiarían a cualquiera, y la
posibilidad de encontrar algo de serenidad
imaginando cada uno de los amaneceres y los colores degradados de los
atardeceres desde allí , le llevaban
hasta las vistas que pudo apreciar en más de una ocasión desde la ventana de su
despacho.
Sólo la voz de un Bourke al que no veía hacía
tiempo , le distrajeron de aquel instante de evasión mental placentera.
·
BOURKE: Mi fortuna
por un pensamiento tuyo, eso dijo el poeta, aunque ahora no logre acordarme de
quién.
Sheldon le sonrío y se acercó el vaso a la boca
para beber un sorbo , disfrutando del sabor almendrado y ligeramente amargo del
licor ofrecido.
·
BOURKE: Estás muy
pensativo.
·
SHELDON: No lo
suficiente. Más bien , algo cansado. Pero tienes razón, me preguntaba por qué
querías verme con tanta celeridad.
Observándolo por encima del borde de su vaso, su
anfitrión , con aquel rostro casi irónico y complaciente a la fuerza, volvió a
depositar el envase acristalado en el reposabrazos del sofá individual .
·
BOURKE: No hablemos
de ello hoy. Se te nota muy cansado y prefiero que estés con la mente más clara
. Lo dejaremos para mañana por la mañana. Cuando bajes a desayunar.
·
SHELDON: Bien – bebió
de un solo trago lo que aún quedaba de
licor , y dejó el vaso encima de la mesita que tenía delante- entonces si me lo permites , me retiraré, si no te
importa.
·
BOURKE: Claro que no,
tranquilo. Que descanses.
·
SHELDON: Lo mismo
digo . Buenas noches.
Y se retiró, mientras alguien del servicio,
apostado en la puerta, le acompañaba a su dormitorio.
Bourke prefirió permanecer algún tiempo más en la
terraza, siendo acompañado al instante por su asistente de confianza.
·
ASISTENTE: ¿Qué tal
ha ido?
·
BOURKE: He preferido
dejarlo para mañana. ¿Has hecho lo que te ordené?
·
ASISTENTE: Sí. Estoy
esperando que me confirmen el día y la hora.
·
BOURKE: ¿Y el número
de contenedores?
·
ASISTENTE: Los seis
previstos con matrícula de Rotterdam y los papeles listos.
·
BOURKE: Deberemos
acelerar la reunión entonces. Prepáralo todo
para la semana que viene.
·
ASISTENTE: La
cuestión es dónde.
Tras quedarse pensativo unos instantes, la
respuesta fue dada con la mayor de las resoluciones.
·
BOURKE : Volveremos a
Miami por unos días. Procura no retrasarlo demasiado.
·
ASISTENTE: ¿La
excusa?
·
BOURKE: Una fiesta ,
pero al final quedaremos los habituales.
·
ASISTENTE: Bien,
comenzaré a gestionarlo entonces.
Y mientras su asistente se marchaba , él permanecía
de píe, disfrutando de las vistas mientras su cabeza no se detenía.
A la mañana siguiente , cuando apenas las primeras
luces del alba comenzaban a despuntar, Robert , convenientemente acicalado y
vestido para la ocasión de forma elegantemente deportiva, bajó hasta el comedor
principal para desayunar tal y como había concertado .
Suponiéndose por la hora solo, su sorpresa llegaba
al ver a su socio ya sentado chequeando algo en un portátil mientras tomaba
algo de café.
·
SHELDON: Vaya, no esperaba que hubiera nadie.
·
BOURKE: Buenos días.
Yo siempre procuro despertarme muy temprano, de lo contrario me perdería vistas
como esas- le señaló con la cabeza hacia el exterior- y realmente , a veces
suele ser lo mejor de todo un día.
·
SHELDON: - mirando
por un segundo al exterior- Ciertamente maravillosas.
Mientras él cogía unas tostadas y se servía algo de
zumo en una copa, Bourke decidió cerrar
el ordenador y reclinar su espalda en la silla.
Una vez su invitado tomó asiento en la mesa, la
fase preferida de toda cita para el más joven de los dos , se iniciaba.
·
BOURKE: ¿Has logrado
descansar bien? ¿Te han atendido convenientemente?
·
SHELDON: Por
supuesto, de todas formas ya sabes que soy fácil de complacer.
Tras reírse abiertamente, la conversación
prosiguió.
·
BOURKE: No siempre
querido amigo. Tu nivel de exigencia en algunas facetas resulta casi
escalofriante.
Estando a punto de beber algo de zumo, la
trayectoria de la copa se detuvo unos segundos antes de proseguir mientras su
mirada se concentraba en el cuadro de la pared de en frente. Robert sabía perfectamente que ninguna
pregunta, ninguna frase lanzada , era gratuita. Se conocían desde hacía años y
demasiado bien por suerte o por desgracia. A él, el mayor de los dos, el que
presuntamente más experiencia de vida tenía, el que se suponía estaba más
acostumbrado a lidiar con estas circunstancias, el echo de tener que estar
sentado hablando con él de algo diferente que no fueran negocios , le
propiciaba un estado de nervios creciente y bastante incómodo. No siendo la
primera vez que se encontraba en una situación así, su mejor arma era contraatacar
con una buena defensa, acompañado con
una sutil y forzada sonrisa.
·
SHELDON: Bueno, ya
sabes. No se puede tener éxito si no se es exigente. Tú por lo general lo eres
bastante, incluso con tu propia gente.
·
BOURKE: Por eso
apenas tengo gente que trabaje para mí, porque sé que nadie puede llegar a mi
nivel de respuesta. Diferente es el tema de la selección de socios, pero claro,
eso ya lo sabes.
Sheldon evidenció querer centrarse en el tema por
el que se encontraba allí, y tras
comenzar a beber su café, se limpió la boca con la servilleta y, poniéndose
cómodo también, dirigió sus ojos fijos hacia él y esperó a que le explicase el
motivo de tal invitación.
·
SHELDON: ¿Y bien?
Dejémonos de parafernalias y vayamos al
centro de la cuestión.
·
BOURKE: Sí, es
cierto. Hace tanto que no gozaba de tu compañía personal, que por un instante
me había olvidado de tu adoración por la practicidad y tu odio acérrimo a lo
superfluo.
·
SHELDON: Se supone
que estoy aquí por negocios John, si estuviera por placer mi actitud sería
distinta te lo puedo asegurar. Y a juzgar por la rapidez de tu llamada , me
temo que algo debe andar fuera de plazo, cosa que por otra parte me inquieta, porque no me gusta andar con el tiempo
pisándome los talones.
·
BOURKE: Lo sé, pero
esta vez no ha sido culpa mía, ni de ninguno de los míos. Lo que no se puede
decir de quién se encontraba en la aduana originaria que me retuvo la mercancía
más de lo previsto.
·
SHELDON: Explícate.
·
BOURKE: Por lo visto,
tu “enlace” no se encontraba en su puesto
el día previsto de llegada, y el que lo
sustituía , se presentó con orden de revisar los contenedores. Mi gente tuvo que apañar algunos arreglos sobre la
marcha apenas unas horas antes para evitar que los abrieran.- Iniciado el
jugueteo nervioso de sus manos, Robert se puso en alerta- Por si fuera poco, el “amigo”, el leal
funcionario , retraso su salida casi dos semanas, y yo ahora tendré que
vérmelas con los compradores , haciendo algo que me pone realmente enfermo para que no se retiren de la venta.
·
SHELDON: ¡Oh vamos
Bourke ! Tú nunca has necesitado endulzar nada a nadie para que te compren.
Con rostro
serio y evidente gesto de no gustarle demasiado la frivolidad de su socio al
respecto, Bourke se levantó de la mesa cogiendo su taza de café para reponerla.
·
BOURKE: Jamás me
atreveré a discutirte lo evidente, pero quiero que me busques una alternativa
viable, y que sea ya.
Robert cerró los ojos y tomó aire silenciosamente sabiendo que no era visto.
·
SHELDON: Vaya, para
no querer que me pise el tiempo, yo diría que es una apisonadora y me está
ahogando.
Con la taza en la mano, comenzó a deambular por la
habitación.
·
BOURKE: Yo no he
creado las nuevas situaciones, éstas han venido por si solas. Y como ya sabes,
a circunstancias nuevas, medidas
desesperadas.
·
SHELDON: Puede. Pero
como tú sabes también, las prisas nunca han sido buenas consejeras.
·
BOURKE: me da igual
lo buenas o malas consejeras que sean, están y hay que mover ficha antes de
que el jinete quede descabalgado.
·
SHELDON: ¿Aún sigues apostando a las carreras de
caballos?
·
BOURKE: - dándose
media vuelta para mirarle mientras le respondía- Sabes mi pasión más que
manifiesta por la “monta”.
Sólo entonces, Robert se hubo dado cuenta de la
inoportunidad del comentario, tratando de devolver la ruta de la conversación
al punto de partida.
·
SHELDON: Haré unas
llamadas y trataré de averiguar qué ha pasado. ¿Si el problema es económico?
Bourke volvió sobre sus pasos hasta el borde de la
mesa evidenciando una molestia bastante notable por la pregunta.
·
BOURKE: Creo que ya
reciben demasiado por lo que hacen, como
para encima de fallar , exigir.
·
SHELDON: Las cosas se
complican cada vez más en los puertos, y no te extrañe que dentro de poco
también lo encontramos en aeropuertos. El fisco no es idiota , y tú …..- Bourke
le interrumpió abruptamente-.
·
BOURKE: ¿Yo qué?
·
SHELDON: No has sido
precisamente discreto de un tiempo a esta parte.
Su socio, de pie , lo observaba con incredulidad
esperando una explicación.
·
SHELDON: Has
aumentado el volumen de los portes con demasiada celeridad así como la
asiduidad de los envíos. Llevo tiempo advirtiéndote que no era una buena idea.
·
BOURKE: ¿A caso
pretendes decirme cómo llevar mi negocio ?
·
SHELDON: No .
·
BOURKE: Entonces no
lo hagas. Tu trabajo es aligerarme el camino, facilitar que todo fluya como en
una balsa de aceite. Que mis mercancías, sean cuales sean, entren y salgan sin
tener problemas y , sobre todo, se cumplan los plazos. Parece mentira Robert, que después de tantos
años tenga que recordártelo.
·
SHELDON: Yo no te
dije que lo hicieras.
·
BOURKE: Pues limitate
a hacer tu trabajo, que yo ya me
encargaré del mío, y así evitarás que me enfurezca y que te sirva de agenda con
alarma particular.
Éste se dio la vuelta para volver hacia las vistas
exteriores intentando relajarse. En
mitad de toda aquella conversación, Robert había realizado una auténtica labor
analítica , por demás , necesaria. Bourke se encontraba muy alterado, demasiado
nervioso para su gusto, por lo que dedujo que ocultaba una parte de la
información, lo que por otra parte no le extrañaba en absoluto.
Su lado de pensamiento y duda , se tornó en auténtica
preocupación pero , más que por el carácter de su socio o su alteración, por el
contenido real de los envíos. Los fallos en aduanas, los registros, todo
resultaba demasiado frecuente últimamente y siempre dedujo que John se había
acostumbrado, pero ahora se daba cuenta de que había algo diferente.
A diferencia de éste, Robert no le recordaría que
lo sucedido con este envío ya había pasado en otras ocasiones y que nunca lo
había visto reaccionar así.
Dispuesto a no declinar en su actitud , prefirió esperar
al resultado de sus averiguaciones particulares. Lo que sí le recordó en ese
instante, fue lo último que hablaron por teléfono hace unas semanas.
·
SHELDON: ¿Has pensado
en lo que te hablé ?
·
BOURKE: - Aún de
espaldas- No me jodas Sheldon, ¿Es qué también voy a tener que ocuparme de
ello?
·
SHELDON: Soy tu socio
y tu intermediario, simplemente te informo, pero de eso sí tienes que ocuparte
tú . El fisco está metiendo mucho la mano en lo que denominan sociedades
extrañas, por mucho que éstas lleven en el mercado, por mucho capital que tengan acumulado, y por
mucha sede física aparentemente normal y montada a lo grande que tengas en el
edificio más elegante de la ciudad. Las Auditorías han colado hasta ahora, pero
no lo harán por mucho tiempo, y si casan daros con la comisión Nacional del
Mercado de Valores, y averiguan lo de mi
contacto, nos fundirán a todos.
·
BOURKE: Pago mis
impuestos como un ciudadano más aunque no resida de forma habitual en los
Estados Unidos por razones más que evidentes, mantengo todo legal aunque en la distancia. ¿Cuánto llevamos así? ¿10 ,
15 años? Sabes perfectamente que desde que empecé en esto mi mercado amplió
horizontes. No hay nada que se me solicite o me proponga que no consiga, y a
día de hoy, ninguno de mis clientes ha tenido ni una sola queja ni en cuanto
a calidad del producto ni a su precio, y pretendo que las cosas continúen
del mismo modo. No voy a permitir a estas alturas que ningún puñetero peón
burocrático cambie mis planificaciones simplemente porque vaya de más legal que
nadie.
·
SHELDON: Yo sólo digo que debemos andar con
más cuidado.
·
BOURKE: - bastante
alterado- ¡Diosssssss! ¿Te importa hablarme en cristiano?
·
SHELDON: Espacía los
envíos, busca rutas alternativas y altérnalas, distribuye la mercancía que sea
entre varios frentes.
·
BOURKE: ¿De cuánto
dinero estamos hablando?
Robert se incorporó para acercarse hasta él y
tratar de calmarle. Su ímpetu era connatural en alguien poco a acostumbrado a no controlar las cosas.
Planificador por naturaleza, Bourke era excesivamente perfeccionista en cuanto
a los negocios, y sólo su ambición desmedida y cada vez más creciente, le hacía
adoptar en ocasiones, decisiones precipitadas sin medir las consecuencias.
Con su mano en el hombro, la cual retiró nada más
verle girar su cabeza hacia él , acudir
a las palabras apropiadas a ese instante resultaba una tarea harto difícil.
Nada parecía calmarlo.
·
SHELDON: Menos de lo
que te costaría tener que retirarte una temporada si les dejas a estos las
pruebas en las manos.
Resignado y relativamente más calmado, bajó la
cabeza tratando de respirar hondo.
·
SHELDON: Llamaré a mi
gente y averiguaré qué es lo que ha pasado. ¿De cuánto tiempo dispongo?
·
BOURKE: Hasta el miércoles por la noche. Habrá una
reunión revestido de fiesta , en Miami .Ya sabes dónde.
·
SHELDON: ¿Miami? Estás tentando demasiado a la suerte.
·
BOURKE: -mirándole
seriamente- No te confundas. La suerte es la que no puede vivir sin mí. Los
contenedores deberán estar listos para vaciarse esa noche.
·
SHELDON: Entonces
será mejor que me dé prisa. Nos vemos en un rato.
Y portando el móvil en la mano, se marchó a uno de
los jardines exteriores del otro lado de la casa para comenzar a llamar.
Lo que comenzaba como una mañana aparentemente
tranquila, en realidad no lo fue tanto. Un fin de semana con sobrecarga de
actividad y más de un grito volado a través de la línea.
Aspavientos,
alteraciones y algún que otro vaso roto contra el suelo, podría ser el
resumen de posibles daños de algo que ambos estaban tratando de controlar sin
saber muy bien cómo.
Almuerzos y cenas
en huecos improvisados , y un despacho en el que la actividad
inquietaría a cualquiera.
Robert era bueno en lo suyo. Intermediar siempre se
le dio bien , como parte de la personalidad de un negociador nato. Es lo que
llamaban un “solucionado con mucho olfato”, y ello era lo que hacía que mucha
gente le requiriera.
Intentar entender cómo dos personalidades tan
contrapuestas lograban ponerse de acuerdo o llegaban a poder trabajar juntas
aún seguía siendo un misterio para muchos, pero indudablemente y pese a los
golpes recibidos por Sheldon de manos de su socio, él siempre supo distinguir
al ambicioso con aspiraciones de reinado mundial en la ilegalidad más
manifiesta, de la persona y el hombre que John Bourke se permitía mostrar.
Pero ¿quién era realmente John Bourke? Sí Robert
Sheldon resultaba uno de los mayores misterios por resolver en ese campo,
Bourke aún lo colmataba .
Canadiense de nacimiento, sus antecedentes
conocidos lo remontan a la cuna de una familia muy antigua y afamada en Toronto cuya fortuna se fue haciendo
gracias a las explotaciones petrolíferas.
Con apenas doce años, mostró poseer un cerebro
privilegiado y un carácter quizás excesivamente maduro para su edad. Miembro
destacado de la comunidad escolar desde su tierna infancia, su madera de líder
nato y sus habilidades como estratega, le convierten en una futurible estrella
en cualquier campo que quisiera desarrollar.
Con un carácter seco, serio pero exquisito, su
personalidad fue tornándose oscura conforme los años fueron avanzando.
Huérfano justo el día en que cumplía veinte
años debido al fallecimiento de sus
progenitores en un extraño accidente sufrido por su propia avioneta, hereda
toda la gestión empresarial y patrimonio familiar, desechando a los que hasta
entonces habían sido los consejeros empresariales de confianza de su padre.
Hasta aquí podría decirse , que lo relatado es lo
que oficialmente se conoce de un John Bourke a partir del cual, la niebla sobre
su vida y negocios lo abarca todo de
forma muy espesa y dudosa.
Su fortuna creciente, varias investigaciones a
nivel internacional y algún que otro problema grave con la ley, le hicieron
mantenerse alejado de los Estados Unidos
de forma casi permanente, pero sin saber exactamente cómo, aún hoy, se
permite el lujo de volver cómo quién osa entrar por la puerta grande de un sitio prohibido , con total
holgura y expansión de medios, sin que nadie logre
echarle el guante.
Tanto el FBI, como la propia CIA estadounidense, o
la Interpol en Europa, llevaban mucho tiempo detrás de él investigando todas
las canalizaciones posibles a través de
sus respectivos negocios y personas de contacto. Sabían que contaba con poca
gente que le hiciera encargos, conocían sus intermediarios pero tampoco podían
acudir a ellos. Tenían vigilada a casi todas las personas de su trama
empresarial, pero las pruebas tendían a desaparecer casi misteriosamente cuando
era necesario recurrir a ellas.
Con el conocimiento
seguro de que su entramado personal de serviles ahondaba en los casos
más espeluznantes de corrupción policial y funcionarial habidos en la historia
de la delincuencia organizada, John
Bourke se había procurado toda una red perfectamente trazada en la que él jamás
aparecía conectado , y en los que los pagos, bien en dinero o en especie,
sobrevolaban llegando a destino sin dejar rastro.
¿La confirmación de todo ello? Bourke comenzó a
realizar pequeños envíos que pasaban desapercibidos y que por supuesto
procuraba aislar en el tiempo. La
seguridad de que lo tenía todo bien amarrado en puertos y aeropuertos , le hizo
aumentar no sólo la regularidad de los envíos sino también su tamaño.
¿Contenido de los mismos? Oficialmente casi se podría decir que “aire”,
y no es un símil. Con empresas en apariencia legales y que incluso cotizaban en
bolsa , y con una masa de capital
importante en su haber, un Consejo de Administración bien formado, unos
Estatutos del todo transparentes y una sede física en apariencia, nada podría
dejar entrever algún atisbo de ilegalidad por ninguno de los costados. Ninguna
brecha abierta, ningún fallo en el que poder coger por sorpresa a este
individuo con poderosos tentáculos hasta en el mundo de la política pese a su
juventud.
Extraoficialmente, la rumorología apuntaba a
diamantes o armas a juzgar por sus contactos con ciertos países africanos y de
Europa del Este , y por el seguimiento
que se realizaba a los medios de transporte presuntamente utilizados y sus
rutas.
Años de investigación sin poder atraparle, le
otorgaron una ventaja considerable y cierta autocreencia de inmunidad , de que
las cosas se estaban haciendo bien desde su organización. Su fama se extendía
en determinados círculos y los círculos de potenciales clientes también.
Hoy, casi quince años después de que todo
comenzase, las cosas no habían cambiado mucho para él. Seguía siendo una
personalidad oscura, cubierta de un
halo de misterio y dudas , mucho más si se trataba de su vida privada, algo que
resguardaba en demasía.
Y pese al arduo trabajo , aún hubo tiempo para una
copa final la noche del domingo, pocas horas antes de volver a casa.
Ambos se encontraban en la terraza. La noche ,
aunque con un cielo cubierto de nubes, colaba de vez en cuando una ligera brisa
muy agradable que, junto con la paz que
se respiraba, casi lograba transportar a otro mundo. Una paz ansiada por Robert en más de una
ocasión, y casi robada al tiempo de
forma descarada por su socio.
·
BOURKE: Hace tiempo
que no sé nada de ti. – le entregó el vaso con la bebida – Y sé que has venido
esencialmente a trabajar pero, echo de
menos aquellas conversaciones nuestras.
Robert , receloso de su intimidad y más con él en
frente, trató de mostrarse evasivo en la medida de lo posible.
·
SHELDON: Bueno…. Te
recuerdo que no fui yo quién provocó que la relación cambiase.
·
BOURKE: Resultas
enigmático cuando quieres . ¿No pretenderás decirme que después de tantos años aún
me la sigues guardando?
Sheldon bebió el contenido del vaso de un solo
trago y se dispuso a servirse más manteniendo la palabra mientras caminaba.
·
SHELDON: No me
obligues a darte la respuesta que ya sabes.
·
BOURKE: - Riéndose -
¡Oh vamos Sheldon! Ha pasado mucho tiempo desde entonces.
·
SHELDON: Para ti
puede, pero para mí es como si la imagen se hubiera quedado fija aquella noche.
·
BOURKE: Jamás diste por válida mi explicación, lo que
podría ser hasta admisible, pero con ella……..
·
SHELDON: - Mientras
volvía hasta el punto de partida- ¿Por qué tenemos que volver al mismo tema una
y otra vez? – bebiendo un nuevo sorbo y
con un modulaje de su voz serio y tosco-
Parece que disfrutas. Aquello pasó y punto, y si no te importa ,
preferiría que lo dejaremos estar.
·
BOURKE: No lo
disfruto,¿ pero te has parado a pensar alguna vez qué puede que la cosa no
quedase clara del todo porque tú no quisieras,
y que en ese caso nada se cerrará definitivamente? Deberías pasar página
de una vez.
·
SHELDON: - mirándole
a los ojos fijamente, sintiendo una rabia contenida fácilmente explotable ante
él- ¿Pasar página? Quizás no me apetezca. Ello me permite recordar la clase de
hombre que eres en realidad, y por tanto, facilita mucho tratarte como un
hombre de negocios y un cliente. una distancia harto deseable en algunos casos.
·
BOURKE: por mucho que
quieras , jamás lograras olvidar que jugaste mal tus cartas. Yo sólo le ofrecí
lo que tú no podías darle.
·
SHELDON: ¿Eso te lo
dijo ella?
·
BOURKE: - mirándole
de forma socarrona y airada- nunca me hizo falta preguntarle, me o de mostraba
cada instante que pasábamos juntos.
·
SHELDON: Sí claro,
tanto que te acabo abandonando y
casándose con aquel empresario griego , bastante mayor que tú por cierto. Todo
un logro que te durase más de seis meses.
Resentido por la dialéctica mantenida, su altivez
sólo era comparable con su deseo de competición, algo que siempre resultaba
como la sal de la vida en la relación entre ellos. Sin que Robert le hubiera
dado píe jamás, John parecía disfrutar de esa especie de juego inventado por él
, en donde no sólo era capaz de controlar el campo de batalla , si no también a
los peones que circundaban. Algo que sólo provocó que su relación personal se
deteriorara hasta el punto de simplemente tolerarse.
No conforme con el recordatorio, su capacidad para
no quedarse satisfecho hasta decir la última palabra , hizo que quisiera
rematar la conversación antes de que su socio decidiese despedirse.
·
BOURKE: Siempre pensé
que te habías rendido demasiado pronto,
que cediste toda la partida antes de mover la siguiente ficha.
·
SHELDON:
Posiblemente, pero estoy acostumbrado a perder.
·
BOURKE: Ese es tu
mayor problema Robert, tu absoluta falta de orgullo y tu incapacidad para saber retener lo que de veras vale la
pena.
·
SHELDON: Puede, pero
¿ a caso tú supiste hacerlo mejor?
Una mirada cruzada de pequeño triunfo mientras se
marchaba fue el punto final.
Sin más despedidas ya que pronto volverían a verse,
y con mucho trabajo aún por hacer, Robert fue llevado al Aeropuerto donde un
jet privado contratado previamente le retornaría a casa.
Había abierto aquella puerta muchas veces, pero en
esta ocasión, la sensación de introducir su llave y girarla , le otorgó una
sensación inconfundible y muy placentera de seguridad.
Su casa nunca fue un cuartel , ni siquiera las
medidas de seguridad resultaban excesivas para quién era y lo que poseía en su
interior, pero claro, no era ese tipo de seguridad la que añoraba con cada
regreso y la que disfrutaba, hasta ahora , en soledad.
Para él, aquellas paredes eran como su castillo de
privacidad. Un entorno ideal donde poder ser él mismo como bien le dijo Heyden.
Un lugar con recuerdos buenos y malos , pero recuerdos en definitiva de su
propia vida , no la de los titulares de los periódicos y reportajes
publicitarios, no el Robert Sheldon que acaparaba la atención en todos los
lugares.
Allí, Robert se sentía protegido por sí mismo y por
lo que cada esquina de aquella construcción le ofrecía.
Su necesidad de que aquella masa de hormigón y
cristal le recibiese como la madre a sus hijos con cada vuelta, era algo que
permanecía en su mente de forma exclusiva, pero también era lo que le hacía
querer regresar, y lo que en su día, le hizo decidirse a montar un despacho
completo en la parte alta, cerca de su dormitorio, en el cual permanecía muchas
más horas que en la sede central de la ciudad.
Quizás ahora que volvía a no encontrarse solo del
todo, esa sensación se turbase.
Su deseo por volver a casa ahora tenía posiblemente
otro fundamento , aquel que , con cuerpo de mujer, se supone que había dejado
en su despacho revisándolo todo.
Encontrándose a los píes de la escalera comenzó a
subirla , y la última imagen de ella antes de marcharse el viernes, regresaba
por instantes.
Con la puerta ligeramente abierta y la luz
encendida, apenas tuvo que empujarla para que abriera por completo.
Sin esperárselo allí de esa forma, ella se
sobresaltó.
Sentada como no podía ser de otra forma, cerraba
una carpeta que tenía abierta delante de ella, se reclinó hacia detrás en la
silla de oficina , y cruzó los dedos de sus manos encima de sus piernas.
·
HEYDEN: ¿Fructífero
el fin de semana?
Sin apariencia de cansancio y con una sensualidad
implícita en cada movimiento de sus labios, Robert trató de mantener la
compostura apoyado en la pared situada
justo al lado de la puerta.
·
SHELDON: Complicado.
Aquella imagen casi desarmada de un Robert más
humano que nunca, con la cabeza media baja y apoyado sobre sus manos, le
otorgaban cierta vulnerabilidad.
·
SHELDON: ¿Y el tuyo?
Ella se quedó pensativa unos instantes.
·
HEYDEN: Nada que
destacar – Se puso de pie y recolocó las carpetas amontonadas en la mesa- salvo
que he logrado terminar la puesta a punto pero me falta un pequeño detalle por aclarar.
·
SHELDON: ¿Te importa
si lo vemos mañana por la mañana? En este momento necesito una copa y algo de
paz.
Sin nada más que hablar y decidida como nunca,
apagó el flexo de la mesilla dejando
toda la habitación iluminada por la escasa luz que entraba por los cristales .
Sin que Robert lo esperase, ella se detuvo justo a
su altura en la puerta abierta y alargó su mano en busca de la de él. Sin ni
siquiera mirarle, él dejó que se apropiara de su extremidad y simplemente se
dejó llevar.
Sin explicación alguna, se lo llevó consigo hasta
la parte baja de la casa, justo hasta el jardín trasero dónde se encontraba la
piscina.
Deteniéndose justo en el borde, ella se agachó ante
la atenta mirada de él desde las alturas, cogiéndole uno de sus pies , retirándole el zapato y el calcetín, y repitiendo
la misma acción con el otro.
Colocándolos con cuidado a un lado, se levantó y le
dijo que se sentase en el borde con los pies dentro del agua, y ante su
incredulidad, prefirió no discutirle mientras observaba como se acercaba al
mueble bar dispuesto allí cerca para
preparar algo de beber, volviendo con sendos vasos .
Sentados juntos , se limitaron a compartir el rato
de esparcimiento en silencio, mientras se deleitaban el paladar .
Ana Patricia Cruz López
Todos los derechos reservados

me quede sin palabras Ana Patricia, me quede sin palabras...
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