lunes, 7 de septiembre de 2015

UNA HISTORIA INACABADA. CAPITULO OCTAVO. MÁS QUE COORDINACIÓN ¿TENER ALGO EN COMÚN? (Registrado en SAFE CREATIVE JUNIO 2015)

CAPITULO OCTAVO

Créditos a quién corresponda
“Has logrado copar mi mente casi desde el primer día.
Sentimientos que no puedo permitirme
Sentimientos que me atormentan
Cierro mis ojos y te veo en cada esquina
Vuelvo a abrirlos y allí no estás,
Pero sé que te encontraré sin apenas tener que buscarte.
Porque siempre has estado, aunque yo no lo supiera.”

MAS QUE COORDINACIÓN ¿TENER ALGO EN COMÚN?

Tres de la tarde.
Escuela  Superior.
En el exterior, mucha lluvia y viento .
En el interior , Sarah impartiendo una de sus clases .

•             SARAH: ¿El papel de la mujer en la literatura? Difícil cuestión a resolver,  si tenemos en cuenta que durante muchas épocas históricas se les tuvo denegado el acceso a la lectura o a los manuscritos, y en otras tuvieron que usar los sinónimos de nombres masculinos para poder publicar. Y como en la literatura , esto podría extenderse a otros campos del saber.

La puerta del aula se abrió, y apareció Steve . Accedió silenciosamente y se  sentó en las últimas filas, sin que Sarah se percatara de su presencia aún.


•             SARAH: ¿por ejemplo, en matemáticas y astronomía, ¿sabe alguien decirme quién fue la mujer de la antigüedad más destacada y una de las primeras en ese campo?

Ella se encontraba concentrada en su clase, caminando de un lado a otro del altillo donde se encontraba la mesa,   y una voz familiar contestó al ver que ninguno de los alumnos lo hacía.

•             STEVE: Hipatia.

Sarah le oyó,   y doblando la cabeza hacia el lugar del que provenía la voz , le miró severamente para a continuación seguir con su clase.
•             SARAH: Efectivamente , Hipatia.  Como bien les ha chivado el profesor Lowell- más de uno de los presentes lo buscó por el aula hasta localizarlo - fue  la primera mujer  que se dedicó al estudio de las matemáticas, estando ello debidamente  documentado  por la historia. Ha sido considerada como la mejor matemática del mundo greco-romano,  y ha pasado a la historia como símbolo del saber y la entrega a la ciencia y al  pensamiento. De hecho,  hay una editorial que recibe su nombre de ella y que es , sin duda, de las pocas que está dedicada a la publicación de investigaciones de primer nivel de la comunidad científica internacional, especialmente,  cuando son mujeres quienes están detrás o quienes las promueven. Bien , ¿alguien se acordaba en realidad de ella? – un breve silencio en busca de respuesta que lo rompiera- Sin embargo,  si les pregunto por   John  Nash seguro que hay más de una mano levantada.

Y efectivamente la hubo , de una alumna.

•             ALUMNA: El Premio Nobel de economía de 1994.
•             SARAH: Bien, podría haber sido peor , podría haber dicho alguien “sí, Russell Crowe en Una Mente Maravillosa”. Efectivamente, John Forbes Nash, de él todo el mundo se acuerda, pero de Hipatia ,salvo los alumnos de clásico , nadie sabe quién es.
Ese mundo bucólico que la literatura romántica del siglo XIX y principios del  XX , representado por nuestra querida Jane Austen con su Orgullo y Prejuicio,   o Elisabeth Gaskell  y su famosa Norte y Sur, las dos británicas por cierto- miró por un instante a Steve y le medio sonrió sarcásticamente- donde se nos presenta a mujeres que contrastan socialmente por ser el arquetipo de la esposa ideal que todo caballero de la época querría y desearía, es decir,  sumisa, callada, que toque el piano y lea novelas románticas, contrasta brutalmente con el papel de la mujer real . Es como si ellas hubiesen necesitado a sus protagonistas,  para escapar de su realidad encorsetada,  y pintasen a estas especies de heroínas que acaban sucumbiendo ,como todas las demás, al amor, pero en donde ellas, rebeldes,  haciendo una actividad  vedada a  mujeres y hasta mal vista socialmente, se sienten divinamente representadas , por estas damiselas que no conocen ni quieren ser rescatadas por ningún príncipe  y que , sin embargo, son las grandes triunfadoras,  llevándose al caballero rico y apuesto del que renegaban e incluso desmerecían al principio. Una,  destaca por contestataria, rebelde, y muy inteligente aunque no de belleza prominente, la otra,  por ser la que se encargue de cuidar a su padre y de parte de sus negocios ,  vendiendo la imagen de cierta independencia,   en la que además no se le obligaba a casarse. Bien señores y señoras,  hagan el favor de desengañarse de esa visión de bucólica autonomía, no es más que una utopía fijada en un papel.

Steve bajó la cabeza y , tapándose la boca con la mano, comenzó a reírse. Sarah lo vio.

•             SARAH: A veces, el deseo porque la ficción se convierta en realidad es tan grande, que acaba convirtiéndose en nuestra propia realidad, en la de ese pequeño e insignificante pero importante mundo nuestro- volvió a fijar la vista en Steve- al que dejamos acceder sólo en quién podemos confiar.

Miró el reloj y comprobó que se había cumplido el horario.

•             SARAH: Bien , por hoy es todo. Acordaros aquellos que os hayáis olvidado de entregarme las solicitudes para comparada,  que tenéis hasta mañana por la mañana. Gracias.

Y todos recogieron, incluso ella,  mientras Steve esperaba sentado en el mismo sitio sin quitarle la vista de encima.
Con sus cosas a cuestas,  subió lentamente la escalera,  mientras los ojos de Steve le hacían el seguimiento a cada curva y a cada movimiento de los pliegues de la ropa. Cuando ella llegó hasta donde él estaba, paró y se dirigió a él sin dejar de mirar hacia la puerta dejada abierta por uno de los alumnos.

•             SARAH: Esto de colarse en las aulas ajenas se está convirtiendo en costumbre. ¿Hoy no andarías buscando la Secretaría verdad? Esa te la tienes que saber de memoria.

Steve, con la perspectiva elevada no podía evitar reírse.

•             STEVE: Ya veo que ese tono sarcástico tuyo sólo puede mejorar.
•             SARAH: Si has venido para lo de comparada,  precisamente te iba a proponer quedar esta tarde después de las clases para terminarlo.
•             STEVE: No venía para eso,  pero ya que me lo has recordado ……. El único inconveniente es que salgo tarde , pasadas las seis.
•             SARAH: Entonces ¿para que habías venido a buscarme ?
•             STEVE: Para preguntarte cuándo quedábamos… pero para tu libro.
•             SARAH: -muy sorprendida- ¿Mi libro? Pero….. si eran cerca de …. –Steve la interrumpió-.
•             STEVE : De 400 páginas lo sé.
•             SARAH: ¿Me quieres decir qué te has pasado toda la noche leyéndolo?- preguntó sorprendida-.
•             STEVE: Sí- hacía que bostezaba- y no puedes imaginar lo cansado que es no dormir , pero no pude dejarlo una vez comenzado. Así que, aprovechando que estanos fijando hora  para lo otro, he pensado que podríamos quedar , pedimos algo para cenar y trabajamos en las dos cosas .

Se lo pensó durante un instante, y mirándole fijamente a aquellos ojos claros que tanto la intrigaban, le respondió  .

•             SARAH: De acuerdo  Lowell, has logrado picarme la curiosidad sobre mi libro. Yo termino a las siete.
•             STEVE: ¿El primero que llega pide?

Y prosiguió escaleras arriba muy despacio.

•             SARAH: Llegas tú.

Girado hacia ella en el asiento .
•             STEVE: ¿Y qué pido?

Sarah desde la puerta del aula.

•             SARAH: Sorpréndeme..

Una amplia sonrisa cómplice y maliciosamente traviesa ponía el broche a la conversación, no volviéndose a encontrar hasta que ella terminó,  y acudió al Departamento tal y como estaba previsto.
Al entrar , él estaba frente a su portátil repasando el cuadrante para enseñárselo , y él , al verla  , la observaba por encima de la pantalla disimuladamente. Sarah no paraba de mover el cuello de un lado a otro,  y de tocarse la nuca con una de las manos,  mostrando gesto de molestia cuando lo hacía.

•             STEVE: ¿Te encuentras bien?
•             SARAH: No, pero da igual, llevo así meses .
•             STEVE: Estaba con la planificación, pensé que podría interesarte si el trabajo te lo iba adelantando.
•             SARAH: Necesito ir al servicio a refrescarme un poco, cuando vuelva hablamos.
•             STEVE: De acuerdo, he pensado que podríamos cenar primero antes, hablar de la planificación que es más corto, y después nos metemos con el libro ¿si te parece bien?
•             SARAH: Hoy me cuesta tomar decisiones, por mí de acuerdo.-con tono cansado-

Cuando volvió , la mesa auxiliar estaba lista, y para su sorpresa,  Steve había pedido comida china , la favorita de ella.
Mientras se secaba el cuello con una toalla,  se acercó a la mesa sin creerse lo que veía.  Steve , que le vio la expresión del rostro  no pudo evitar preguntarle.

•             STEVE:  Tardé en decidirme entre italiano y chino, lo dejaste tan abierto……. Espero que te guste.- al ver su rostro de sorpresa , y cómo con los ojos parecía comprobar si era cierto que la comida proviniese de ese Restaurante, él decidió confirmárselo-  Es de Radish.

Ella continuó absorta observando los envoltorios de la comida . Radish  era su restaurante de comida china preferido. Le costaba dar crédito a todo aquello. Su mente, flasheó por un instante imágenes y olores  que pasaban rápidamente, y que le recordaban a una sensación cómoda, cómo de estar en casa. 
Una mesa de madera, apenas luz de velas , un sitio pequeño…….y las cajas de comida de la franquicia china . Una mano que cogía uno de los recipientes y le ofrecía. Borrosa, pero reconocible como de hombre.

Ida por completo, Steve se preocupó e intentó que volviera en sí.


•             STEVE: ¡Sarah! ¿Estás bien?

Aún absorta, la voz de Steve reclamándola para el momento presente se oía lejos. Lo miró, y algo traspuesta, le contestó.

•             SARAH: Sí, sólo que…..

Él , preocupado, siguió preguntándole.

•             STEVE: ¿Qué sucede?
•             SARAH: Nada, nada tranquilo.

Y se sentó en la mesa,  aún con los signos evidentes de una especie de estado de shock del que iría recuperándose poco a poco mientras la cena se desarrollaba.

Y como estaba previsto , mientras degustaban los bocados, de lo primero que departieron, fue sobre la  programación común de  comparada,  para culminar durante el postre con su libro.

A la hora de la verdad, ninguno de los dos parecía querer iniciar el tema , mientras la tensión podía casi respirarse.
Sarah, que llevaba un buen rato observando fijamente a Steve, y Steve a ella, mientras jugueteaba con las yemas de sus dedos en el borde de la copa, decidió  romper ir a por todas con una pregunta directa.

•             SARAH: ¿Y bien?
Steve sabía perfectamente a qué se refería.
•             STEVE: ¿Cuándo empezamos?
•             SARAH: ¿Empezar? ¿Quieres empezar a qué?
•             STEVE: Ya te lo dije. Quiero ayudarte a continuarlo.
•             SARAH: Pero- sin salir de su asombro- ¿te has dado cuenta de que no es una historia de a dos?
•             STEVE: Sí, me he dado perfecta cuenta. Se cuenta una historia a partir de la utilización  de la prosa poética. Lo sé.


Ella se levantó de la mesa y andó unos pasos hacia la encimera. Apoyada sobre sus manos, intentaba cuadrar las ideas que rondaban confusamente en su cabeza una y otra vez. Y dándole la espalda, incapaz de seguir mirándole  a la cara,  continuó tratando de averiguar sus verdaderas intenciones y su tan ensalzado interés.

•             SARAH: ¿Por qué?
•             STEVE:  ¿De nuevo? ¿En serio quieres que te dé más razones para querer echarte una mano con él?

Su silencio fue respuesta suficiente , como para que Steve se levantase , se acercase  a su maletín, y extrajese el manuscrito impreso . Escogió una página , y comenzó a leer.

•             STEVE: “ Me hiciste perder la poca cordura que aún me quedaba en esta cabeza mía, cubierta de insolentes ideas desmembradas por ti, sobre una vida en común, y cómo conseguir la felicidad plena”…

•             SARAH: Para.

•             STEVE: “…..bajo tu sombra, apenas queda cobijo para lo que siento,  mientras es tu indiferencia la que hiere mi vista hasta dejarme ciega..”- ella volvió a espetarle silencio de nuevo, pero elevando el tono de su voz, él sin embargo, siendo consciente de su posible reacción, decidió continuar- …” y tú, sabedor de todo esto , decides castigarme por algo que aún desconozco haber hecho..”

Sorpresiva e inesperadamente, ella arrancó desde donde estaba hasta Steve,  y con una de sus manos , empujó el manuscrito sobre la mesa arrancándoselo, guardando tanta ira en su interior, que sus ojos, cristalinos,  le hablaban de que aquello no había sido  una buena idea.
Él se incorporó hacia delante, bajó la vista hacia la hoja que tenía delante.
Desoyendo sus palabras, decidió continuar.

•             STEVE: “ …..simplemente amarte. Amarte hasta la insaciabilidad.”.-ella trató de retirárselo, pero él le intercedió los brazos colocándoselos atravesadamente encima. Apenas unos centímetros les separaban, y aunque la tensión de la situación podía cortarse con la delgada hoja de un bisturí, ninguno de los dos estaba dispuesto a ceder- ¿A qué tienes miedo en realidad?

Ella no dijo nada, no podía.
Aquella voz, aquellas palabras en aquella voz. No sabía por qué le resultaban familiares.
Sarah  nunca llevó bien las situaciones que no podía controlar, y últimamente, aquellas en las que coincidía con él, se le multiplicaban.

Ella se incorporó y se alejó hacia la encimera que se encontraba a su espalda, apoyándose sobre sus brazos en ella.

Prácticamente con medio cuerpo suyo encima de la mesa, comenzó a pasar hojas  hasta que paró, buscó una parte concreta de la página, la miró serio y comenzó a leerle en alto y muy despacio:

“ Un nuevo amanecer. Me desperté cansada. Extendí mi brazo sin mirar hacia el otro lado, pero sólo encontré la fría sábana. Giré mi cabeza, y sólo pude ver el tímido sol del amanecer. Te busqué por toda la estancia con la vista, busqué tu ropa en la silla donde la colgaste  pero…… no había nada.  Pronuncié tu nombre una, dos y hasta tres veces , pero no hubo respuesta.
Incorporé mi cuerpo tapando mi desnudez con la sábana y creí que podrías estar cerca porque aún tu olor estaba en mi olfato; sin embargo, instantes después comprendí que lo llevaba impregnado en mi piel.
Cerré mis ojos y comencé a recordar tus labios en los míos, tus manos dibujando mil fantasías en mi cuerpo , tu voz acompasando cada caricia susurrando aquello que querías que oyera para que mi excitación adoptase las formas, gestos y sonidos que tú deseabas sacar de mí.
Convertida en tu marioneta  por una noche, fui tuya  ( Sarah comenzaba a incomodarse y se le notaba ) sin prestar resistencia alguna. “

Steve dejó de leer. Sin levantar la vista  del papel podía percibir el nerviosismo de Sarah .  respiró hondo antes de hablarle.

•             STEVE: Es bueno Sarah, mucho. Tiene sentimiento, es fuerte y sincero. Lo mejor que leído de ti en años.

Sarah no era capaz de responder nada .

•             STEVE: ¿Hace falta que siga?

Su tono , condescendiente, en cierta manera la reconfortaba, pero aún era incapaz de darse la vuelta.
Él continuó leyendo con ese tono pausado de su voz.

                “El despertador sonando en ese momento me devolvió a la realidad. Una realidad que me llevaría a pensar que las gotas de agua de la ducha era tu pecho rozándose con mi espalda mientras me…”  -

Al alzar de nuevo la vista, la vio con la cabeza baja y decidió parar. Aún a riesgo de lo que pudiera decirle o hacerle, se atrevió a acercarse hasta ella.

•             STEVE: Déjame ayudarte Sarah.
•             SARAH: No creo que puedas. Ni tú ni nadie.
•             STEVE: ¿Por qué  tienes que desconfiar de todos?
•             SARAH: No lo siento mío. ¿Puedes tú cambiar eso? ¿Por qué si no eres capaz de que hacer que pueda sentirlo, no merece la pena? Y no me conoces. Eso no es ser negativa, es una realidad.
•             STEVE: Te conozco mejor de lo que crees Sarah. Eres demasiado trasparente.

Aquellas palabras  tan sentidas………..No era tanto lo que dijo , cómo la forma en que lo decía.
Al darse la vuelta y situarse frente a él , sus ojos tristes volvían a dar pistas sobre algo oculto que aquel libro traía consigo, algo que ella se negaba a afrontar cada vez que se encontraba delante o tenía que leer una sola letra.  Sin embargo,  con una sensación extraña, decidió seguir cuestionando a Steve, y con su aire más altivo de nuevo en exposición, se enfrentó a él.

•             SARAH: ¿Y qué se supone que ves ?

Él se acercó aún más , y pese a poder corresponderle al desafío en el mismo tono, decidió mantener el aspecto lastimoso en su comentario.

•             STEVE: Miedo. Destilas miedo, lo palpas y respiras continuamente. Miedo a enfrentarte a eso – señalando al manuscrito encima de la mesa- porque sabes que eso que está ahí eres tú misma, la verdadera Sarah capaz de vivir y sentir, de expresar lo que  tenía entre manos en ese instante.

Sus labios entreabiertos, sus ojos azules mirándola de forma nerviosa y certera, y el genio que le abría todos sus poros, pedían una respuesta a gritos.
Como movida por instinto, no podía impedir que su vista se clavara en su boca entreabriendo la suya solícita.
Steve , de forma innata, acercó su cuerpo hasta tocar el de ella , mientras la mezcla de su olor natural de la piel en plena ebullición y el perfume que portaba, la llevaron mentalmente a otro lugar.  Imágenes flasheadas , rápidas y casi imperceptibles se cruzaban en su mente.
Confusa, cogió a Steve por ambos lados del cuello de la camisa, cogiéndole por sorpresa.
Y como mismo le hubo agarrado , lo soltó, apartándole con una de las manos, dirigiéndose al lugar dónde había dejado las cosas.

Al oír la puerta cerrarse de un portazo, la impotencia le dominó, y a él sólo le quedó dar un manotazo al pequeño mostrador que tenía delante.


Ana Patricia Cruz López

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