CAPITULO OCTAVO
![]() |
| Créditos a quién corresponda |
“Has logrado copar mi mente casi desde el primer día.
Sentimientos que no puedo permitirme
Sentimientos que me atormentan
Cierro mis ojos y te veo en cada esquina
Vuelvo a abrirlos y allí no estás,
Pero sé que te encontraré sin apenas tener que buscarte.
Porque siempre has estado, aunque yo no lo supiera.”
MAS QUE
COORDINACIÓN ¿TENER ALGO EN COMÚN?
Tres de la tarde.
Escuela Superior.
En el exterior, mucha lluvia y viento .
En el interior , Sarah impartiendo una de sus clases .
• SARAH: ¿El papel de
la mujer en la literatura? Difícil cuestión a resolver, si tenemos en cuenta que durante muchas
épocas históricas se les tuvo denegado el acceso a la lectura o a los
manuscritos, y en otras tuvieron que usar los sinónimos de nombres masculinos
para poder publicar. Y como en la literatura , esto podría extenderse a otros
campos del saber.
La puerta del aula se abrió, y apareció Steve . Accedió
silenciosamente y se sentó en las
últimas filas, sin que Sarah se percatara de su presencia aún.
• SARAH: ¿por
ejemplo, en matemáticas y astronomía, ¿sabe alguien decirme quién fue la mujer
de la antigüedad más destacada y una de las primeras en ese campo?
Ella se encontraba concentrada en su clase, caminando de un lado a
otro del altillo donde se encontraba la mesa,
y una voz familiar contestó al ver que ninguno de los alumnos lo hacía.
• STEVE: Hipatia.
Sarah le oyó, y doblando la
cabeza hacia el lugar del que provenía la voz , le miró severamente para a
continuación seguir con su clase.
• SARAH:
Efectivamente , Hipatia. Como bien les
ha chivado el profesor Lowell- más de uno de los presentes lo buscó por el aula
hasta localizarlo - fue la primera mujer que se dedicó al estudio de las matemáticas,
estando ello debidamente
documentado por la historia. Ha
sido considerada como la mejor matemática del mundo greco-romano, y ha pasado a la historia como símbolo del
saber y la entrega a la ciencia y al
pensamiento. De hecho, hay una
editorial que recibe su nombre de ella y que es , sin duda, de las pocas que
está dedicada a la publicación de investigaciones de primer nivel de la
comunidad científica internacional, especialmente, cuando son mujeres quienes están detrás o
quienes las promueven. Bien , ¿alguien se acordaba en realidad de ella? – un
breve silencio en busca de respuesta que lo rompiera- Sin embargo, si les pregunto por John
Nash seguro que hay más de una mano levantada.
Y efectivamente la hubo , de una alumna.
• ALUMNA: El Premio
Nobel de economía de 1994.
• SARAH: Bien, podría
haber sido peor , podría haber dicho alguien “sí, Russell Crowe en Una Mente
Maravillosa”. Efectivamente, John Forbes Nash, de él todo el mundo se acuerda,
pero de Hipatia ,salvo los alumnos de clásico , nadie sabe quién es.
Ese mundo bucólico que la literatura romántica del siglo XIX y
principios del XX , representado por
nuestra querida Jane Austen con su Orgullo y Prejuicio, o Elisabeth Gaskell y su famosa Norte y Sur, las dos británicas
por cierto- miró por un instante a Steve y le medio sonrió sarcásticamente-
donde se nos presenta a mujeres que contrastan socialmente por ser el arquetipo
de la esposa ideal que todo caballero de la época querría y desearía, es
decir, sumisa, callada, que toque el
piano y lea novelas románticas, contrasta brutalmente con el papel de la mujer
real . Es como si ellas hubiesen necesitado a sus protagonistas, para escapar de su realidad encorsetada, y pintasen a estas especies de heroínas que
acaban sucumbiendo ,como todas las demás, al amor, pero en donde ellas,
rebeldes, haciendo una actividad vedada a
mujeres y hasta mal vista socialmente, se sienten divinamente
representadas , por estas damiselas que no conocen ni quieren ser rescatadas
por ningún príncipe y que , sin embargo,
son las grandes triunfadoras, llevándose
al caballero rico y apuesto del que renegaban e incluso desmerecían al
principio. Una, destaca por
contestataria, rebelde, y muy inteligente aunque no de belleza prominente, la
otra, por ser la que se encargue de
cuidar a su padre y de parte de sus negocios ,
vendiendo la imagen de cierta independencia, en la que además no se le obligaba a
casarse. Bien señores y señoras, hagan
el favor de desengañarse de esa visión de bucólica autonomía, no es más que una
utopía fijada en un papel.
Steve bajó la cabeza y , tapándose la boca con la mano, comenzó a
reírse. Sarah lo vio.
• SARAH: A veces, el
deseo porque la ficción se convierta en realidad es tan grande, que acaba
convirtiéndose en nuestra propia realidad, en la de ese pequeño e insignificante
pero importante mundo nuestro- volvió a fijar la vista en Steve- al que dejamos
acceder sólo en quién podemos confiar.
Miró el reloj y comprobó que se había cumplido el horario.
• SARAH: Bien , por
hoy es todo. Acordaros aquellos que os hayáis olvidado de entregarme las
solicitudes para comparada, que tenéis
hasta mañana por la mañana. Gracias.
Y todos recogieron, incluso ella,
mientras Steve esperaba sentado en el mismo sitio sin quitarle la vista
de encima.
Con sus cosas a cuestas, subió
lentamente la escalera, mientras los
ojos de Steve le hacían el seguimiento a cada curva y a cada movimiento de los
pliegues de la ropa. Cuando ella llegó hasta donde él estaba, paró y se dirigió
a él sin dejar de mirar hacia la puerta dejada abierta por uno de los alumnos.
• SARAH: Esto de
colarse en las aulas ajenas se está convirtiendo en costumbre. ¿Hoy no andarías
buscando la Secretaría verdad? Esa te la tienes que saber de memoria.
Steve, con la perspectiva elevada no podía evitar reírse.
• STEVE: Ya veo que
ese tono sarcástico tuyo sólo puede mejorar.
• SARAH: Si has
venido para lo de comparada,
precisamente te iba a proponer quedar esta tarde después de las clases
para terminarlo.
• STEVE: No venía
para eso, pero ya que me lo has
recordado ……. El único inconveniente es que salgo tarde , pasadas las seis.
• SARAH: Entonces
¿para que habías venido a buscarme ?
• STEVE: Para
preguntarte cuándo quedábamos… pero para tu libro.
• SARAH: -muy
sorprendida- ¿Mi libro? Pero….. si eran cerca de …. –Steve la interrumpió-.
• STEVE : De 400
páginas lo sé.
• SARAH: ¿Me quieres
decir qué te has pasado toda la noche leyéndolo?- preguntó sorprendida-.
• STEVE: Sí- hacía
que bostezaba- y no puedes imaginar lo cansado que es no dormir , pero no pude
dejarlo una vez comenzado. Así que, aprovechando que estanos fijando hora para lo otro, he pensado que podríamos quedar
, pedimos algo para cenar y trabajamos en las dos cosas .
Se lo pensó durante un instante, y mirándole fijamente a aquellos ojos
claros que tanto la intrigaban, le respondió
.
• SARAH: De
acuerdo Lowell, has logrado picarme la
curiosidad sobre mi libro. Yo termino a las siete.
• STEVE: ¿El primero
que llega pide?
Y prosiguió escaleras arriba muy despacio.
• SARAH: Llegas tú.
Girado hacia ella en el asiento .
• STEVE: ¿Y qué pido?
Sarah desde la puerta del aula.
• SARAH:
Sorpréndeme..
Una amplia sonrisa cómplice y maliciosamente traviesa ponía el broche
a la conversación, no volviéndose a encontrar hasta que ella terminó, y acudió al Departamento tal y como estaba
previsto.
Al entrar , él estaba frente a su portátil repasando el cuadrante para
enseñárselo , y él , al verla , la
observaba por encima de la pantalla disimuladamente. Sarah no paraba de mover
el cuello de un lado a otro, y de
tocarse la nuca con una de las manos,
mostrando gesto de molestia cuando lo hacía.
• STEVE: ¿Te
encuentras bien?
• SARAH: No, pero da
igual, llevo así meses .
• STEVE: Estaba con
la planificación, pensé que podría interesarte si el trabajo te lo iba
adelantando.
• SARAH: Necesito ir
al servicio a refrescarme un poco, cuando vuelva hablamos.
• STEVE: De acuerdo,
he pensado que podríamos cenar primero antes, hablar de la planificación que es
más corto, y después nos metemos con el libro ¿si te parece bien?
• SARAH: Hoy me
cuesta tomar decisiones, por mí de acuerdo.-con tono cansado-
Cuando volvió , la mesa auxiliar estaba lista, y para su
sorpresa, Steve había pedido comida
china , la favorita de ella.
Mientras se secaba el cuello con una toalla, se acercó a la mesa sin creerse lo que
veía. Steve , que le vio la expresión
del rostro no pudo evitar preguntarle.
• STEVE: Tardé en decidirme entre italiano y chino, lo
dejaste tan abierto……. Espero que te guste.- al ver su rostro de sorpresa , y
cómo con los ojos parecía comprobar si era cierto que la comida proviniese de
ese Restaurante, él decidió confirmárselo-
Es de Radish.
Ella continuó absorta observando los envoltorios de la comida .
Radish era su restaurante de comida china
preferido. Le costaba dar crédito a todo aquello. Su mente, flasheó por un
instante imágenes y olores que pasaban
rápidamente, y que le recordaban a una sensación cómoda, cómo de estar en casa.
Una mesa de madera, apenas luz de velas , un sitio pequeño…….y las
cajas de comida de la franquicia china . Una mano que cogía uno de los
recipientes y le ofrecía. Borrosa, pero reconocible como de hombre.
Ida por completo, Steve se preocupó e intentó que volviera en sí.
• STEVE: ¡Sarah!
¿Estás bien?
Aún absorta, la voz de Steve reclamándola para el momento presente se
oía lejos. Lo miró, y algo traspuesta, le contestó.
• SARAH: Sí, sólo
que…..
Él , preocupado, siguió preguntándole.
• STEVE: ¿Qué sucede?
• SARAH: Nada, nada
tranquilo.
Y se sentó en la mesa, aún con
los signos evidentes de una especie de estado de shock del que iría
recuperándose poco a poco mientras la cena se desarrollaba.
Y como estaba previsto , mientras degustaban los bocados, de lo
primero que departieron, fue sobre la
programación común de
comparada, para culminar durante
el postre con su libro.
A la hora de la verdad, ninguno de los dos parecía querer iniciar el
tema , mientras la tensión podía casi respirarse.
Sarah, que llevaba un buen rato observando fijamente a Steve, y Steve
a ella, mientras jugueteaba con las yemas de sus dedos en el borde de la copa,
decidió romper ir a por todas con una
pregunta directa.
• SARAH: ¿Y bien?
Steve sabía perfectamente a qué se refería.
• STEVE: ¿Cuándo
empezamos?
• SARAH: ¿Empezar?
¿Quieres empezar a qué?
• STEVE: Ya te lo
dije. Quiero ayudarte a continuarlo.
• SARAH: Pero- sin
salir de su asombro- ¿te has dado cuenta de que no es una historia de a dos?
• STEVE: Sí, me he
dado perfecta cuenta. Se cuenta una historia a partir de la utilización de la prosa poética. Lo sé.
Ella se levantó de la mesa y andó unos pasos hacia la encimera.
Apoyada sobre sus manos, intentaba cuadrar las ideas que rondaban confusamente
en su cabeza una y otra vez. Y dándole la espalda, incapaz de seguir
mirándole a la cara, continuó tratando de averiguar sus verdaderas
intenciones y su tan ensalzado interés.
• SARAH: ¿Por qué?
• STEVE: ¿De nuevo? ¿En serio quieres que te dé más
razones para querer echarte una mano con él?
Su silencio fue respuesta suficiente , como para que Steve se
levantase , se acercase a su maletín, y
extrajese el manuscrito impreso . Escogió una página , y comenzó a leer.
• STEVE: “
Me hiciste perder la poca cordura que aún me quedaba en esta cabeza mía,
cubierta de insolentes ideas desmembradas por ti, sobre una vida en común, y
cómo conseguir la felicidad plena”…
• SARAH: Para.
• STEVE: “…..bajo
tu sombra, apenas queda cobijo para lo que siento, mientras es tu indiferencia la que hiere mi
vista hasta dejarme ciega..”- ella volvió a espetarle silencio de
nuevo, pero elevando el tono de su voz, él sin embargo, siendo consciente de su
posible reacción, decidió continuar- …” y tú, sabedor de todo esto , decides
castigarme por algo que aún desconozco haber hecho..”
Sorpresiva e inesperadamente, ella arrancó desde donde estaba hasta
Steve, y con una de sus manos , empujó
el manuscrito sobre la mesa arrancándoselo, guardando tanta ira en su interior,
que sus ojos, cristalinos, le hablaban
de que aquello no había sido una buena
idea.
Él se incorporó hacia delante, bajó la vista hacia la hoja que tenía
delante.
Desoyendo sus palabras, decidió continuar.
• STEVE: “ …..simplemente
amarte. Amarte hasta la insaciabilidad.”.-ella trató de retirárselo,
pero él le intercedió los brazos colocándoselos atravesadamente encima. Apenas
unos centímetros les separaban, y aunque la tensión de la situación podía
cortarse con la delgada hoja de un bisturí, ninguno de los dos estaba dispuesto
a ceder- ¿A qué tienes miedo en realidad?
Ella no dijo nada, no podía.
Aquella voz, aquellas palabras en aquella voz. No sabía por qué le
resultaban familiares.
Sarah nunca llevó bien las
situaciones que no podía controlar, y últimamente, aquellas en las que
coincidía con él, se le multiplicaban.
Ella se incorporó y se alejó hacia la encimera que se encontraba a su
espalda, apoyándose sobre sus brazos en ella.
Prácticamente con medio cuerpo suyo encima de la mesa, comenzó a pasar
hojas hasta que paró, buscó una parte
concreta de la página, la miró serio y comenzó a leerle en alto y muy despacio:
“ Un nuevo amanecer. Me desperté cansada. Extendí mi brazo sin mirar
hacia el otro lado, pero sólo encontré la fría sábana. Giré mi cabeza, y sólo
pude ver el tímido sol del amanecer. Te busqué por toda la estancia con la
vista, busqué tu ropa en la silla donde la colgaste pero…… no había nada. Pronuncié tu nombre una, dos y hasta tres
veces , pero no hubo respuesta.
Incorporé mi cuerpo tapando mi desnudez con la sábana y creí que
podrías estar cerca porque aún tu olor estaba en mi olfato; sin embargo,
instantes después comprendí que lo llevaba impregnado en mi piel.
Cerré mis ojos y comencé a recordar tus labios en los míos, tus manos
dibujando mil fantasías en mi cuerpo , tu voz acompasando cada caricia
susurrando aquello que querías que oyera para que mi excitación adoptase las
formas, gestos y sonidos que tú deseabas sacar de mí.
Convertida en tu marioneta por
una noche, fui tuya ( Sarah
comenzaba a incomodarse y se le notaba ) sin prestar resistencia alguna. “
Steve dejó de leer. Sin levantar la vista del papel podía percibir el nerviosismo de
Sarah . respiró hondo antes de hablarle.
• STEVE: Es bueno
Sarah, mucho. Tiene sentimiento, es fuerte y sincero. Lo mejor que leído de ti
en años.
Sarah no era capaz de responder nada .
• STEVE: ¿Hace falta
que siga?
Su tono , condescendiente, en cierta manera la reconfortaba, pero aún
era incapaz de darse la vuelta.
Él continuó leyendo con ese tono pausado de su voz.
“El
despertador sonando en ese momento me devolvió a la realidad. Una realidad que
me llevaría a pensar que las gotas de agua de la ducha era tu pecho rozándose
con mi espalda mientras me…” -
Al alzar de nuevo la vista, la vio con la cabeza baja y decidió parar.
Aún a riesgo de lo que pudiera decirle o hacerle, se atrevió a acercarse hasta
ella.
• STEVE: Déjame
ayudarte Sarah.
• SARAH: No creo que
puedas. Ni tú ni nadie.
• STEVE: ¿Por
qué tienes que desconfiar de todos?
• SARAH: No lo siento
mío. ¿Puedes tú cambiar eso? ¿Por qué si no eres capaz de que hacer que pueda
sentirlo, no merece la pena? Y no me conoces. Eso no es ser negativa, es una
realidad.
• STEVE: Te conozco
mejor de lo que crees Sarah. Eres demasiado trasparente.
Aquellas palabras tan
sentidas………..No era tanto lo que dijo , cómo la forma en que lo decía.
Al darse la vuelta y situarse frente a él , sus ojos tristes volvían a
dar pistas sobre algo oculto que aquel libro traía consigo, algo que ella se
negaba a afrontar cada vez que se encontraba delante o tenía que leer una sola
letra. Sin embargo, con una sensación extraña, decidió seguir
cuestionando a Steve, y con su aire más altivo de nuevo en exposición, se
enfrentó a él.
• SARAH: ¿Y qué se
supone que ves ?
Él se acercó aún más , y pese a poder corresponderle al desafío en el
mismo tono, decidió mantener el aspecto lastimoso en su comentario.
• STEVE: Miedo.
Destilas miedo, lo palpas y respiras continuamente. Miedo a enfrentarte a eso –
señalando al manuscrito encima de la mesa- porque sabes que eso que está ahí
eres tú misma, la verdadera Sarah capaz de vivir y sentir, de expresar lo
que tenía entre manos en ese instante.
Sus labios entreabiertos, sus ojos azules mirándola de forma nerviosa
y certera, y el genio que le abría todos sus poros, pedían una respuesta a
gritos.
Como movida por instinto, no podía impedir que su vista se clavara en
su boca entreabriendo la suya solícita.
Steve , de forma innata, acercó su cuerpo hasta tocar el de ella ,
mientras la mezcla de su olor natural de la piel en plena ebullición y el
perfume que portaba, la llevaron mentalmente a otro lugar. Imágenes flasheadas , rápidas y casi
imperceptibles se cruzaban en su mente.
Confusa, cogió a Steve por ambos lados del cuello de la camisa,
cogiéndole por sorpresa.
Y como mismo le hubo agarrado , lo soltó, apartándole con una de las
manos, dirigiéndose al lugar dónde había dejado las cosas.
Al oír la puerta cerrarse de un portazo, la impotencia le dominó, y a
él sólo le quedó dar un manotazo al pequeño mostrador que tenía delante.
Ana Patricia Cruz López
Todos los derechos reservados

No hay comentarios:
Publicar un comentario
Muchísimas gracias por participar en esta página