jueves, 17 de septiembre de 2015

UNA HISTORIA INACABADA. CAPITULO NOVENO. SUEÑOS RECURRENTES. IMÁGENES BORROSAS (Registrado en SAFE CREATIVE EN JUNIO 2015)

CAPÌTULO NOVENO

“Necesito el valor suficiente para mirarte a la cara
Necesito la suficiente fuerza para poder estar a tu lado sin que sepas la verdad
Necesito escuchar las palabras justas que me recuerden quién soy para ti
Necesito saber que eres capaz de amarme como yo te amo
Necesito………………!”

Créditos a quién corresponda
SUEÑOS RECURRENTES , IMÁGENES BORROSAS

Aquella noche Sarah llegaba a casa más cansada de lo que solía acostumbrar.
Día intenso y lleno de emociones,  donde reencontrarse con algunos viejos cadáveres que se suponía eran suyos, aunque ella no los recordara, no resultaba estar dentro de sus planificaciones , ni tampoco,  convertirse en la otra parte de una negociación que la incumbía,  pero de la que no entendía en realidad por qué se había iniciado.

Mientras tomaba algo de cena ligera  acompañada de un fresca copa de vino blanco, sentada en su gran sofá y mirando a la chimenea , convertida por estas fechas  aún en mero objeto decorativo empotrado en la pared, Con el silencio y el relax, le vino el sueño. Ella misma se encontraba tan cómoda en aquel sofá,  que ni siquiera se planteó desplazarse a la cama , pero  tampoco pensó que se quedaría toda la noche.


Lo cierto es que no fue una buena noche , y no precisamente porque aquel inmenso sofá no fuese lo más cómodo que podía haber en un salón, sino porque nada más acudir Morfeo en su busca, una serie de imágenes, de nuevo borrosas, supuestamente vagos recuerdos aislados, invadieron su mente por momentos. Recuerdos borrosos , voces distorsionadas que parecían gritar, ruidos de lo que parecían motores.
De pronto, de la misma forma que esas imágenes irreconocibles habían venido , se disiparon como la niebla, hubo un instante de calma, y sucesivamente otras imágenes algo más relajadas, cubrieron su mente.

Parecía escucharse el mar, creía reconocer sus manos al mirarse, mojadas. Se tocó el pelo y también estaba empapado. Su vestido, pegado al cuerpo, parecía blanco pero no estaba segura. Miró hacia el cielo y pudo sentir el agua de lluvia en la cara cerrando los ojos para disfrutarla.
Una especie de abrigo o chaqueta por encima de los hombros , unas manos que la colocaban y apretaban ligeramente para asegurarse de que quedaba bien colocado .
Gira ligeramente la cabeza, una sombra con forma humana, algo que cree que parece una sonrisa dibuja su cara.
Un gesto, un solo gesto pero sin identificar, algo que parece pero no lo es: se toca la nuca y se la aprieta. Le extiende la mano , ella se la queda mirando, alza los ojos para intentar reconocer los suyos , pero el velo que los separa lo difumina todo.
Le extiende su mano pero la imagen se aleja cada vez más, quiere moverse pero sus piernas no responden en ese mundo onírico, y aquella figura se aleja lentamente, se difumina hasta desaparecer. Ella  grita,  pero pese a dolerle la  garganta no logra emitir sonido alguno.
Y de repente , se despertó sobresaltada, se incorporó en el sofá  gritando, cubierta de sudor.
Miró el reloj, no eran más de las cuatro de la madrugada, y ya no podía dormir.

Decidió levantarse y darse una ducha. Sin embargo, lejos de poder despegarse de las imágenes que volvían a su cabeza, llevando un rato apoyada en la pared y el agua recorriendo su espalda, sintió  un cuerpo pegado al suyo, unas manos que se apoderaban de las suyas, tras ascender por toda su piel desde los hombros,  hasta llegar a ellas y estrechar sus dedos.  No era real , ella lo sabía, no lo era pero………….lo sentía tan real , tan próximo, tan cálido.
Abrió los ojos y sus manos seguían pegadas a los azulejos, desnudas, sin nada que se apoderase de ellas. Miró a su espalda y sólo tenía el agua, el espacio vacío y la mampara de cristal.

Tres horas después se encontraba en el despacho del Departamento, con tres tazas de café encima cuando Candice la encontró.

•             CANDICE: Buenos días.- la observó bien y la vio ojerosa y pálida- No es que quiera preocuparte pero ¿ te has visto al espejo hoy?
•             SARAH: No hace falta, sé cómo estoy y el aspecto que tengo.
•             CANDICE: -preocupada- ¿No habrás vuelto a discutir con Bruce?

Sarah se quitó las gafas y se frotaba los ojos con insistencia llegando a taparlos con las manos.

•             SARAH: desde el día que discutimos en estos pasillos no he vuelto a verle ni he hablado con él.

Candice se sentó a su lado.

•             CANDICE: ¿Entonces?

Sarah dudaba entre si contárselo o no. Realmente no era una cuestión de confianza o falta de la misma, sino de lo que ambas habían vivido, y de lo que algo como esto, podía suponer. Esperando su máxima comprensión como siempre y deseando que no le dijese las palabras malditas arrancó a contárselo.

•             SARAH: He vuelto a tener uno de esos sueños recurrentes o imágenes sueltas, no sé.

En la cara de Candice se denotaba la preocupación.

•             SARAH: Y no es la primera vez.
•             CANDICE: Espera, ve más despacio. ¿me estás tratando de decir que llevas tiempo teniendo esas imágenes otra vez y qué no me has contado nada?
•             SARAH:  Candice……………me pasa desde hace poco, y son como ensoñaciones mentales que me pasan hasta despierta , pero…….son tan jodidamente reales. Anoche tuve una consecución de ellas. Volvieron las caras, los roces,  pero todo bajo niebla , cubierto, sin  poder distinguir. Las voces distorsionadas. Es todo tan real.
•             CANDICE: Sarah, el Dr. Sjhad te advirtió que esto podía pasar , que podrían repetirse , y que en ese caso debías avisarle .

Sarah comenzó a alterarse.

•             SARAH: No pienso llamarle , no pienso volver a su puñetera consulta ni pienso volver a tomarme esas pastillas. Ya tengo bastante con los tranquilizantes.

Candice le puso una de sus manos en los hombros.

•             CANDICE: Dijo que esto debía controlarse, que podían ser recuerdos que sobrevinieran de golpe o ser fruto de tu imaginación.
Bastante alterada , Sarah se levantó de la silla empujándola con tanta fuerza que casi la tira al suelo.
•             CANDICE: ¿Y si aquello que te atormenta resulta no ser tan positivo?
•             SARAH: ¡Dímelo tú! Hablaba contigo aunque no te contara nada. Me dijiste una y otra vez que estaba feliz , que me veías mejor que nunca.- Candice la interrumpió-
•             CANDICE: Sí, claro que estabas mejor ,  hasta el punto de que dos días antes de venirte,  me dijiste que te encontrabas con un profundo ataque de ansiedad sólo por pensar que tendrías que pisar el aeropuerto para regresar. Que serías capaz de dejarlo todo en ese momento por quedarte, y por más que te pregunté, no fui capaz de averiguar nada más. Ni por qué,  ni por quién.
•             SARAH: Tú me conoces mejor que nadie ¿qué pasaría por mi mente en ese instante?
•             CANDICE:- Impotente por verla en ese estado-  No lo sé Sarah, pero lo que fuera,   se convirtió en el motivo de que discutieseis de forma violenta aquella noche Bruce y tú. Según los invitados a la fiesta  los gritos se oían abajo . Te vieron correr por la escalera y salir de la casa muy alterada y nerviosa , mientras él te seguía hasta el coche.  Tú arrancaste,  y  él, tras intentar abrir la puerta ,  rompió el cristal de la ventanilla con el codo.  Sarah , cuando encontraron el coche la aguja de la velocidad marcaba  ciento cincuenta kilómetros por hora, quedó parada ahí. Según la policía,  algo tuvo que cruzarse.  La carretera estaba en buen estado , no había niebla,  ni el piso estaba mojado, aunque no estuviera muy iluminada , creen que pudo haberse cruzado algo o que creíste ver algo que hizo que perdieras el control del coche. Lo siguiente ya lo sabes.
•             SARAH: ¿Y Bruce?
•             CANDICE: Por más que le interrogó la policía , por más que le pregunté,  no hubo forma de saber qué propició la discusión. Resultaba muy violento hablar con él, se mostraba a la defensiva.

Sarah se apoyó en el saliente de la ventana , y mirando a Candice con condescendencia,  le dijo lo único que  a  ella le haría desistir de su insistencia de ir a la consulta del psiquiatra.

•             SARAH: Necesito saber qué es lo que pasó en Londres. Qué fue lo que provocó que cambiara así, y que me angustiase el hecho de no quedarme , y no querer volver a casa. Si esas imágenes o sueños,  o lo que sean,  forman parte de algo real,  la única forma de recordarlos  y sentirlos es no estando drogada. Y hasta ahora, Candice, te puedo asegurar que son muy reales. Es cierto que no logro aún  distinguir las voces ni las caras, pero las escucho, y las veo ,y sé que son personas que se relacionaban conmigo. Necesito recordar quién era, y qué fue lo que provocó que comenzase a escribir algo como aquello. ¿Y si realmente hubiese encontrado el cambio que mi vida necesitaba y el accidente me lo hubiera arrebatado? No puedo permitirme no saber que pasa por mi cabeza , ni por qué siento lo que siento, por muy doloroso que sea. Necesito sentir, escuchar, necesito recordar.
•             CANDICE: -suspiró hondamente- Está bien, lo intentaremos una vez más, pero si esto termina o se encamina por los mismos derroteros de la última vez,  vendrás conmigo al médico.

Sarah le afirmó con la cabeza. Dejar que esto siguiese su curso era un riesgo que debía correr, y ella era perfectamente consciente de ello al igual que Candice. Pero los contras de dejar que aquellas imágenes cobraran vida de nuevo eran demasiado grandes.

Dos horas más tarde, saliendo de clase,  se encontró con Steve que justamente se encaminaba a la suya para impartirla.

•             STEVE:¿ Buenos ……….- le vio la cara y supo que no se encontraba bien- días? Casi no me arriesgo a dártelos  ¿te encuentras bien?
•             SARAH: Sí claro, sólo que no he dormido bien.

Un tumulto al final del  pasillo la hizo despistarse de la conversación. Un grupo bastante amplio de alumnos permanecía en corrillo,  bastante excitados,  sin apenas motivo aparente. Sarah intentó continuar la conversación, pero el ruido que emanaba del grupo de estudiantes se lo impedía.

•             SARAH: Disculpa un momento.

Sarah se dirigió con determinación hacia ese grupo ante la atenta mirada de Steve , mientras   Candice,  al otro lado del pasillo que cruzaba, observaba como Steve no le quitaba el ojo de encima..
Conforme se acercaba al tumulto, Sarah se percató que se encontraban realizando una especie de corrillo en torno a algo o alguien.  Teniendo en cuenta que se encontraban en un cruce de pasillos entre clases , y la hora en la que se encontraban, de intercambio, decidió apaciguarlos.

•             SARAH: ¡A ver chicos! ¡Por favor dispersaos , sabéis que no podéis permanecer aquí…!

Al hacerse un hueco separando a parte de los chicos , vio el motivo del corrillo y lo entendió.

•             SARAH: ¡Richard! ¡Dios mío de mi vida Richard!
•             RICHARD: Hola Sarah.

Hacía mucho tiempo que nadie la veía sonreír así,  y mucho menos abrazarse a alguien de esa forma.
Steve  mantuvo su cara de sorpresa ante la mirada de Candice , la cual se acercó hasta donde estaba él .
Cogida de uno de sus  brazos , volvió sobre sus propios pasos.

•             SARAH: ¿Cuándo has llegado?
•             RICHARD: Hace apenas una hora. Dejé las cosas en el hotel y vine directo , no sabía si iba a encontrarte.
•             SARAH: En todo caso  ya sabes donde vivo, hubieras ido para allá. ¿Y cuánto tiempo te quedas esta vez?
•             RICHARD: En principio tres meses, la compañía está de gira así que aprovechamos. Después creo que tengo que seguir rodando por aquí,  pero no lo tengo confirmado.

Los arrumacos y apretones en el brazo del que estaba cogida , su inmensa sonrisa y espectacular  cara de felicidad lo decían todo, ante un Steve más serio de lo que era costumbre en él , y una Candice que se quedaba como mera observadora de todo el espectáculo.

•             SARAH: ¿Tienes dónde quedarte ? Porque no creo que la productora te tenga en el hotel los tres meses.
•             RICHARD: Sí tranquila, lo tienen todo cerrado , ya sabes como son.
•             SARAH: Porque si no  sabes que puedes quedarte en casa , no sería la primera vez.
•             RICHARD : Lo sé , tranquila.

Al llegar hasta donde se encontraban Candice y Steve, a Richard le cambió ligeramente la cara , se le notaba tenso y casi amable de forma contenida, sin dejar de observar  a Steve fijamente, mientras que éste le correspondía de la misma forma.


•             CANDICE: Vaya, vaya , vaya pero ¡miren quién ha vuelto! El hijo pródigo- y se acercó a besarle-.
•             RICHARD: Candice, tan espectacular como siempre.
•             CANDICE: Y tú tan caballero inglés pero sin armadura, hay cosas que no cambian querido.

Candice no pudo dejar de interpretar doble papel , como implicada por conocer al tercero en discordia recién llegado de Londres y amigo desde hace muchos años, y como observadora externa, capaz de apreciar una situación tensamente incómoda , sin saber por qué, entre los dos hombres.

•             SARAH: Por cierto Richard – señalando para Steve- éste es el nuevo profesor de Literatura Inglesa,  Steve Lowell, Steve Richard Crown, un compatriota, buen amigo, y mejor persona.
•             RICHARD: El Sr Lowell y yo ya tenemos el gusto de conocernos ¿Verdad?- su más que forzada corrección británica resultaba extrañamente cargante, especialmente para Steve-.

Seco aunque correcto, esa sería la mejor definición de aquel tono de compromiso correspondido en igual medida,  por un más que serio e incómodo Steve.

•             STEVE: Por supuesto . No quiero parecer grosero,  pero me temo que se me hace tarde para mi siguiente clase. ¿Va a quedarse mucho entre nosotros  Sr Crown?
•             RICHARD: Lo imprescindible.
•             STEVE : Bien, entonces tendremos oportunidad de volver a encontrarnos. Si me disculpan.

Y Steve se marchó, no sin antes , a mitad de recorrido , girar la cabeza y mirar a Richard seriamente. Ciertamente,  aquella tensión podía cortarse con un cuchillo, sin embargo, Sarah , en ese estado de inmensa felicidad en el que se encontraba, y al que ya no estaba acostumbrada, no pareció darse cuenta de lo que ocurría a su alrededor , mientras que Candice,  se limitaba a  leer entre líneas.

•             RICHARD: ¿Tienes un segundo para un café o prefieres que te vea luego?
•             CANDICE: Chicos yo os tengo que dejar, tengo una clase,   larga y  con control incluido. Richard espero verte otro día con más tiempo.
•             RICHARD: Yo también Candice.
•             SARAH: ¿Te importa si es en la cafetería? Tengo clase dentro de una hora y no puedo alejarme mucho.

Tras llegar a la cafetería y con sus respectivos pedidos en la mesa, pareciera que había llegado la hora de las preguntas mutuas. Hacía  mucho tiempo que no se habían visto, y aunque el control se mantuviera frecuente, vía e mail o teléfono, ciertamente, nunca resultaba lo mismo.

Richard no hacía otra cosa que observarla con una media sonrisa muy propia de él.
•             RICHARD: Bueno ¿cómo estás?
•             SARAH: Bien, muy bien.
•             RICHARD: No te estoy preguntado por el accidente, de eso sé que estás mejor. Te pregunto por lo tuyo.
•             SARAH: - aquel tema aún la incomodaba , aunque viniera de él- Bien, de verdad. De todas formas debes saberlo, si Candice ha hablado contigo y te ha dicho que todo va bien,  es que todo va bien.
•             RICHARD: Sarah, a estas alturas no es que no me fíe de Candice, pero ya sabes que prefiero escucharlo de tus labios.

Richard tenía una personalidad acompañada de una voz de esas que penetraban y desentrañaban verdades como puños. Hacía tiempo que se conocían, más del que en principio cabía esperar dado el carácter de ambos, pero él siempre, mucho más paciente y negociador que ella, había sabido llevarla, tanto cuando era la Sarah de antes del accidente como la de después.

Después de escucharle decir eso, ella se quedó seria. Sabía que la preocupación de Richard  era sincera, y más después de lo que había pasado.

•             RICHARD: No quiero tener que volver a enterarme por otra persona y lo sabes. Ya me dolió bastante la primera vez, y más de la forma que fue.  Saber que no podía dejar la representación porque llevaba meses con la taquilla vendida, y tener que ver cómo pasaban los días , y yo allí, sin  poder suspender, sin poder moverme. Sólo pendiente de que el tiempo pasase lo más deprisa que fuera posible.
•             SARAH: Lo sé. Pero todo va bien. Hago lo que me dicen y  me cuido. De verdad.

Al ver el cariz que la conversación iba tomando, Richard intentó llevarla por otros derroteros, mostrándose más distendido.

•             RICHARD: ¿Y bien? Cuéntame, ¿Qué es de tu vida? A parte del trabajo, los libros y la casa ¿Qué tal tus relaciones sociales?


Aquel rostro de duendecillo malicioso y curiosón,  escondido normalmente tras la mirada más poco inocente que aquellos  intensos y más que conocidos ojos azules de este maduro y atractivo cuarentón británico  , se dirigían clarísimamente a obtener una respuesta clara y directa sobre una cuestión harto delicada , una  pregunta con una claro mensaje detrás, un mensaje que Sarah conocía demasiado bien.

•             SARAH: Para hacer casi un año que no me ves  tiras a dar.
•             RICHARD: Para hacer casi un año que no te veo,  creo poder decir con la boca bien abierta,  que tengo  todo el derecho del mundo a preocuparme por ti  y a desear que seas feliz. Además, a estas alturas ¿no irás a decirme que no me conoces?
•             SARAH: Sí, te conozco,  demasiado bien diría yo.

Aquella mirada de Richard a sus labios mientras lo decía, lejos de incomodarla,  la dejaban tranquila sobre muchos aspectos. Ambos eran conscientes del tipo de relación que siempre habían aceptado tener tácitamente, mediante pactos silenciosos, sin firmas , sin letras de por medio.
Ella sabía que Richard sentía algo especial por ella,  prácticamente desde que la conoció, hace unos ocho años , durante la celebración de la fiesta que daba el pistoletazo de salida a la temporada de teatro en Nueva York.  Ella se encontraba sola en una de las barras pidiendo algo de beber y él se acercó justo para lo mismo, pero llevaba tiempo observándola sin que se diera cuenta. Entonces,  no le dijo nada. Sólo recuerdan haberse mirado un solo  instante, y ella perderse de nuevo en el fondo de su copa.
Algún tiempo después , coincidieron en una presentación literaria, y entonces fue ella quien se dirigió a él habiéndole reconocido.

Desde entonces, por las diversas circunstancias y el tiempo transcurrido, se convirtieron en muy amigos. Amigos con un nivel de intimidad tal,  que no había secreto, noticia o echo que no se contasen.

Cuando Candice tuvo oportunidad de conocerlo , siempre pensó que terminarían saliendo juntos. Él era todo lo que ella podía desear y lo que había buscado toda su vida. Atractivo a parte, Richard era de esos hombres que entraban dentro del prototipo de Sarah: Muy alto y con un cuerpo ancho y proporcionado, pelo muy oscuro , contrastado con aquellos intensos ojos azules, una voz de las que dejaban sin habla con una dicción británica perfecta  , modales exquisitamente correctos , culto y de una inteligencia apabullante  ,además,  de poseer, como los vinos,  la media de edad perfecta entre sus preferencias , lo que para él podía constituir toda una ventaja,  al suponerle una presunción de tener las cosas claras y saber qué querer y cómo.
Él , dentro de su enorme discreción y serenidad, y por respeto a ella, nunca intentó nada, ni hablarle del tema. Sabía que Sarah era una mujer especial , a la que le gustaba tomarse su tiempo,  más por una  inseguridad sobrevenida dadas sus experiencias vivenciales, que por timidez. La habían hecho daño demasiadas veces,  y la última pareja que él le conoció entonces , que por supuesto no era Bruce, él vendría mucho después, no se lo hizo pasar nada bien, iniciándole una dependencia a determinadas pastillas muy poco recomendable para poder llevar una vida normal.
Lo que sí hizo siempre, fue preocuparse por ella incluso a distancia, estar pendiente aunque fuera vía telefónica,  e intentar verla en la medida de lo posible, cada vez que los descansos de su trabajo se lo permitían.

Así que, teniendo en cuenta todo ello, ninguna pregunta que él le realizase era un brindis al sol , puesto que tenía toda la intención del mundo, y ella, era consciente de que no  podía permitirse dar una respuesta que no fuese cierta.
Ambos se conocían demasiado bien, y ese echo jugaba en demérito de Sarah desgraciadamente.

•             SARAH: Estoy bien como estoy.
•             RICHARD: O sea , ¿sola?
•             SARAH: Sabes que no necesito a nadie, se manejarme bien sola. Además…para estar mal acompañada……
•             RICHARD: No es un buen planteamiento. Candice no estará siempre, yo no puedo estar aquí como me gustaría ¿qué pasará si …?

Sarah lo miró con desasosiego. Habían palabras que era preferible no mencionar y temas de los que no se debía hablar, o al menos, ella no quería.
Richard incorporó su cuerpo hacia delante y le cogió las manos. Ella, con la cabeza baja,  no podía mirarle, hasta que él  le levantó la barbilla.

•             RICHARD: No quiero que estés sola. Necesito quedarme tranquilo sabiendo que estarás bien , y que ojalá aquello que no vuelva a pasar,  pero si lo hace , necesito saber que habrá alguien aquí contigo.
•             SARAH: Todo va bien, no tiene por qué volver a pasar.
•             RICHARD: Lo sé, pero ¿puedes asegurarlo con certeza?
•             SARAH: -Casi desesperada- ¿Puede alguien aseverar lo contrario? ¿Puedes asegurarme tú que teniendo a alguien, como dices tú, al lado, no seguiré estando realmente sola?
No necesito a nadie, pero en caso de hacerlo, necesito un hombre que sepa ser compañero, no un enfermero. ¿Es eso lo que quieres para mí? ¿Con eso es con lo qué tú te quedas tranquilo? Porque para eso ya está el hospital.

Sarah le miró sin encontrar una respuesta por su parte . Sabía que no la tenía, que eso significaba reconocer que vivía en una gran incertidumbre permanente, y sólo por eso , sus miedos se acrecentaban, miedos que Richard conocía muy bien y sólo equivalentes al que tenía él a perderla.

Sarah colocó su cara en sus manos , y él sólo pudo besarla en la frente.
Código sólo conocido por ellos , aquél que  entrelíneas se lee.
Sueños rotos más de una vez,  por causas ajenas a lo que está firmado en el destino. Camino de ida solamente, sin vuelta atrás.
Como siempre le dijo Richard,” lo nuestro es muy especial, y nada ni nadie podrá romperlo”. Desde entonces, él se convirtió en su ángel de la guarda, un ángel incondicional pasase lo que pasase.

Ana Patricia Cruz López

Todos los derechos reservados

1 comentario:

  1. esta historia cada día se pone mas y mas interesante, me encanta leerte es un placer indescriptible el tener la dicha de haberte encontrado y de poder saborear cada palabra escrita, Gracias!!!

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Muchísimas gracias por participar en esta página