CAPITULO SEPTIMO
![]() |
| Créditos a quién corresponda |
“Sé que nunca me has abandonado
Sé que siempre has estado ahí, aunque no me diera cuenta
Sé que estoy ciega por no ver lo evidente
Sé que estoy sorda por no haberte escuchado
Sé que debí ser más decidida, pero me faltó valor.
Sé que soy una cobarde por no reconocerle.
Sé que no podré querer a nadie más , como te quiero a ti.”
¿LA CURIOSIDAD
MATÓ AL GATO O UN DESCUIDO?
Mañana a priori tranquila.
Steve llegaba al Departamento para recoger sus carpetas después de
haber pasado , como siempre, por Secretaría para firmar.
Buscando algo encima de la mesa, pasaba justo por detrás de la silla
de Sarah, la cual ya había estado
allí. Su
portátil, encendido y abierto,
mostraba uno de los ficheros que lo contenían. Justo cuando miraba hacia la
pantalla, vio al lado lo que ansiaba
encontrar, estiró un poco su cuerpo para alcanzarlo, y cuando volvió en sí, vio de soslayo la
siguiente frase en la pantalla: “…..y con sus manos, iba dibujando en su piel cada palabra de
adoración absoluta como muestra de que
era suya, sin duda, sin miedo, ofreciéndose por completo , como sólo él sabía y
deseaba hacerlo..” Se sentó y no pudo evitar continuar leyendo.
Tan concentrado se encontraba en la nueva labor, que no se dio cuenta de que la
propietaria del ordenador llevaba apoyada en el quicio de la puerta de acceso
al habitáculo desde hacía rato, observándole. Sólo, mucho tiempo después , él se pasó la mano por
la nuca y retiró la cabeza hacia detrás viéndola. Ella se acercó enfadada,
alargó la mano desde el lado de él de la mesa y cerró la tapa.
• SARAH: ¿El concepto
de intimidad también es diferente en tu país al resto del mundo?
• STEVE: Lo siento…..
estaba buscando una cosa y ….. estaba abierto y …..
Sarah le interrumpió de la peor forma.
• SARAH: No , si la
culpa la tengo yo por dejarlo abierto .
Steve intentó tranquilizarla centrando su conversación en otro punto.
• STEVE: Es bueno.
Ella , que se encontraba dándole la espalda, recogiendo las cosas bastante alterada, se
detuvo en seco para analizar lo que acababa de escuchar y proseguir instantes
después con el mismo talante.
• STEVE: Muy
diferente a lo que uno está acostumbrada a leer de ti.
Sarah volvió a detenerse. Tiró de golpe sobre la mesa los papeles que
tenía en la mano y se dio la vuelta.
Al ver en ella un atisbo de calma, decidió seguir hablando
relajadamente sin moverse del sitio .
• STEVE: ¿Es…. El
libro inconcluso?
La expresión se Sarah cambió. Era como si se hubiera relajado de
pronto, como si después de una ascensión en montaña rusa tocase bajar, y el coche se hubiera parado de golpe en lo
más alto. Caminó lentamente alrededor de la mesa hasta llegar a su lado, y
comenzó a disimular haciendo que recogía cosas que en realidad eran las mismas
siempre. Steve se dio cuenta de que por
una vez, no había tocado en roca.
• STEVE: El primer
día que nos encontramos, el del tropezón, no pude evitar escucharos a Freddy y
a ti.
Ella seguía haciendo como si no fuera con ella la conversación.
• STEVE: Y cuando el
otro día te vi con …. Ese hombre…
• SARAH: Bruce.
• STEVE: Sí, Bruce,
ese, tu editor, le pregunté a Candice.
Ella seguía sin mirarle a la cara y sin parar de hacer que recogía
cosas.
A él, sin embargo, aquello le ponía muy nervioso.
• STEVE: ¿te
importaría parar un segundo?
Sarah continuaba sin contestar, y por supuesto, parecía hacer oídos
sordos a tal pregunta.
Steve se le cruzó en uno de los lados , pero ello no evitó que parase.
• STEVE: Sarah….
Para.
Como no desistía, Steve optó
por una medida de contención algo más contundente. La cogió por los brazos para
detenerla.
• STEVE: - En voz
alta- ¡Sarah!
Ella le miró a los ojos, y después se fijó en aquellas manos que la
sostenían con firmeza. Él, al darse cuenta de que podía incomodarla se las
retiró.
Sarah se sentó en su silla, mirando hacia la ventana que había en la
pared del fondo, y guardando silencio durante un instante, sus ojos se tornaron
tristes.
• SARAH: No sé lo qué
es. Sé que esto- señalando al portátil- es mío porque Candice me lo ha dicho. Y
respecto al fichero, por la fecha de modificación del archivo, según ella,
coincide con el día anterior de mi regreso de Londres.
Steve, interesado en conocer ese lado de la historia, la de la
protagonista, se sentó en el filo de la mesa .
• SARAH: Es curioso,
tienes una vida tranquila o no, pero al
menos normal , y dos minutos después,
todo cambia de golpe. Según ella,
fui de una forma, y a la semana
ya era otra persona. Le mandaba videos y fotos,
y ella me veía estupenda. Tanto,
que cuando estando cerca la fecha de regreso, le dije que no quería
volver a los Estados Unidos, y me creyó,
a incluso me animó a quedarme , según me contó. Por lo visto, vine diciendo que
habían sido los tres meses más maravillosos de toda mi vida- se hizo un
silencio muy profundo sólo interrumpido por ella misma que continuaba mientras
se centraba en sus ojos.- incluso le enseñé lo que acabas de leer. Le dije que
era lo más importante que tenía entre manos, que suponía un cambio radical en
mi forma de trabajar y de transmitir. Meses
después, apenas me acordaba de quién era. Cuando me lo entregaron, lo abrí ,y pude
encenderlo y acceder porque no tenía contraseña. Comencé a ver todo lo que había y no tenía ni
idea de lo que era, y se supone que eran cosas mías, escritos. Pero la cruda
realidad, es que yo no recordaba
haberlos escrito. Una noche apareció ése. Comencé a leerlo, y recuerdo que me pareció muy hermoso y
sensible, pero ni siquiera viendo la fecha recordaba haberlo escrito. Candice
me afirmaba una y otra vez que era mío, me insistía en la fecha , pero también
me dijo que no podía decirme nada más porque apenas le conté nada cuando
regresé. Que jamás había sido tan reservada con ella como lo era en ese
instante, y que yo sólo le decía que no
podía, pero que algún día lo haría.-
Steve observó cómo empezaban a humedecérsele los ojos- Y es tan jodidamente
frustrante saber que has podido vivir los tres meses más maravillosos de tu
vida, y que de ellos sea capaz de emerger
algo como ésto y no puedas recordarlo. Ni eso , ni a nadie . Nada. Y
hoy, seis años más tarde, sigo
sentándome delante de él, lo sigo leyendo una y otra vez, y no soy capaz de
sentir nada, salvo una puñetera incapacidad obsesiva para escribir cualquier
otra cosa sin haber terminado éste,
porque no sé qué pasó en Londres, pero
después de releer mis otras obras, sé
que tuvo que ser lo suficientemente
fuerte y maravilloso como para escribir algo como esto que nada tiene que ver
con lo anterior. Tan fuerte y maravilloso,
como para haberme cambiado la inspiración y hasta la forma de escribir.
Algo que podía haberme cambiado la vida. Y hoy , seis años después , sigo sin
poder acordarme.
El silencio se hizo en el habitáculo. Tan poderoso , como para casi
poder oír circular las lágrimas por sus mejillas. Un silencio no mantenido
durante mucho tiempo.
• STEVE: Déjame que te ayude a terminarlo.
Sarah no podía salir de su asombro.
• SARAH: ¿De qué
estás hablando?
• STEVE: Cuatro ojos
ven más que dos, y dos cerebros piensan más que uno. Quizás lo que necesitas
sea una perspectiva externa de alguien que no haya estado influenciado.
Ella no se mostraba muy convencida.
Ofuscada y confusa, no pudo evitar reaccionar impotente.
• SARAH: Lees ¿qué?
¿un par de páginas y ya te crees que puedes ayudarme?
• STEVE: ¡Vamos! ¿Qué
tienes que perder?
Un hondo suspiro fue la respuesta más contundente de Sarah.
Se levantó de la silla sin dejar de mirarle a los ojos, y con las
mismas, recogió su portátil y las
carpetas que tenía justo al lado y le dio la espalda sin decirle nada.
• STEVE: ¿No vas a
dignarte a darme si quiera una respuesta?
• SARAH: Lo pensaré-
le contestó mientras salía del despacho.
Lo cierto, es que aquellas
escasas páginas que Steve había leído le serían de difícil olvido. Se preciaba
de conocer toda su obra, y desde luego
no reconocía a la Sarah McBridge habitual en él. Steve, que no era una persona
curiosa, no pudo evitar sentir la necesidad de leer entero el manifiesto
inconcluso se quedase por donde se quedase. Escudriñar la nueva personalidad de
la Doctora y compañera suya de Departamento,
le inquietaba.
Al acabar las clases ese día, una señal sonora muy reconocible salió
de su teléfono móvil. Debía revisar su correo electrónico. Normalmente,
hubiera esperado a entrar en el ordenador del Despacho, pero estaba
esperando algo urgente y decidió abrirlo. Su procedencia : el correo de Sarah.
El envío: El escrito inconcluso. Ni un mensaje adicional, ni una nota, ni una
indicación. Bastó ese gesto, para que él
comenzase a mostrar cierta cara de satisfacción, dándose toda la prisa que
podía por recoger sus cosas y marcharse a casa para comenzar a leer.
Una vez allí, y después de
tomar una ducha rápida y ponerse cómodo,
abrió una botella de vino blanco y cogió algo para picar, puso música ambiental muy suave, y se sentó en su sillón favorito para leer.
Las horas pasaban sin apenas darse cuenta. Imbuido en la lectura de
las casi trescientas páginas de aquel escrito, serían cerca de las dos de la
madrugada, cuando sus ansias de lectura
se vieron frustradas de una continuación placentera.
Apenas unos minutos después de acostarse, aquellas atronadoras
palabras leídas aún resonaban en su cabeza. Aquellas frases enlazadas de forma
tan magistral y profunda, le arrebatan
la tranquilidad mental habitual previa al deseado sueño. Pero aquella
noche, necesitaba con urgencia que las
horas pasasen más deprisa de lo habitual, necesitaba compartir con Sarah sus
impresiones, su escrito inconcluso, y lo
que el mismo le hizo sentir.
A la mañana siguiente, él no había coincidido con ella , y pese a preguntar en varios sitios , nadie
la había visto.
Sarah llegaba al medio día al centro, con Candice, y lo primero que le
dijeron en la Secretaría nada más pisarla,
es que Steve llevaba buscándola todo el día.
Después de firmar en el Registro,
ambas salieron en dirección al jardín del campus. Hacía un día magnífico
para comer fuera.
Sentadas debajo de uno de los múltiples y frondosos árboles del
exterior, Candice llevaba observando con rostro extraño y expectante a Sarah, así que ésta, hasta cierto
punto incómoda , no pudo evitar
preguntar.
• SARAH: ¿Por qué no
preguntas de una vez? Me estás poniendo nerviosa.
• CANDICE: -Con gesto
de restar importancia- Nunca te pregunté qué pasó en Los Hamptons, o cómo te
fue.
Sarah comía su sándwich mientras observaba alrededor.
• SARAH: Nada ¿qué
habría de pasar?
• CANDICE: No lo sé-
haciéndose la que no sabía nada de la historia- Me enteré que coincidiste con
Steve allí.
• SARAH: Sí claro, te
enteraste. La cuestión, es si lo hiciste antes de enviarme o después.
• CANDICE: Hay que
ver que desconfiada eres , no sé por qué iba a mandarte a posta a un sitio de
esos sabiendo que también se encontraría Steve, y más considerando que no le
tragas.
Sarah no pudo evitar sonreírse.
• SARAH: ¿Cuándo vas
a dejar de complicarme la existencia?
Steve sólo es-.....
• CANDICE:
-Ironizando y casi imitándola- Un niñato o proyecto de hombre de treinta y
pocos años que se cree el dios de las letras . Ya se lo que vas a decirme. La
cuestión es cuándo puñetas vas a abrir los ojos.
• SARAH: ¿Y tú cuándo
vas a comenzar a respetar mis decisiones? Estoy bien como estoy Candice, no
necesito complicarme más mi existencia,
ni complicársela a nadie.
• CANDICE: Pero si yo
no te hablo de complicártela. ¡Por amor de Dios ! Te hablo de ser feliz, de
disfrutar de la vida , o de tu cuerpo
incluso.
• SARAH: Sabes que yo
no puedo. Yo no soy como tú, nunca lo he sido y nunca lo seré. A veces te
envidio. Pareces estar tan segura de ti misma, de tener las cosas tan claras
.Si te gusta algo o alguien, vas a por
ello , y ni te lo piensas, pero yo……. No puedo. Nunca he podido. Y eso , que
soy perfectamente consciente de que ahora debería replantearme las cosas de
otra forma.
• CANDICE: . Con tono
condescendiente , propio de quién ha mantenido el mismo discurso una y otra vez
, llegando a resultar cansino- Hace mucho que tenías que haberte replanteado
las cosas de otra forma. Sarah, donde tú ves a un inmaduro de treinta y pocos ,
yo veo a un hombre inteligente y atractivo de poco más de treinta años al que
le gustas . Veo una posibilidad de volver a vivir aquellas sensaciones de las
que te privaron y que recuperaste en tres meses fuera de aquí. - Su amiga la miraba con tristeza- Sé que no
será lo mismo, y lo que más lamento , es que ni siquiera puedas recordarlo para
al menos recordar, pero, lejos de esas
supuestas complicaciones que dices que sería todo esto, yo no me atrevería a ir
tan lejos, y menos aún conociéndote.
En ese momento, Candice se dio cuenta de que Sarah seguía con los ojos
a alguien al fondo del espacio, se giró y era Steve que corría alrededor del
campus.
• CANDICE: Además,
Richard no siempre estará ahí.
Consiguió que Sarah le volviese a prestar atención, aunque con rabia contenida
una actitud que a Candice le resultaba muy familiar.
• SARAH: No metas a
Richard en esto.
• CANDICE: Algún día
, hará su vida. Dejará de venir tan a menudo, porque tendrá la mejor excusa
para quedarse en su país, y en su casa. Alguien que de verdad le corresponda y
le dé lo no…-Sarah la miró con rabia , llorando. Esa era la mejor señal, de que
la cruel realidad volvía a golpearla en la cara, y ,para su amiga, la de que
debía callarse.
Sarah volvió a girar su cabeza hacia la pista de atletismo. Con cierto
enfado por su parte, Candice decidió arremeter de nuevo.
• CANDICE: Ya veo, el
niñato de treinta y tantos no , pero disfrutar de su cuerpo mientras corre sí.
Es incoherente. Para no gustarte , se te nota demasiado .
Y Sarah continuó observándole mientras corría . Cada movimiento
rítmicamente llevado, cada músculo de sus piernas mostrado tras aquellos pantalones cortos , los brazos con
sus movimientos coordinados.
Todo su cuerpo parecía llevar el ritmo de alguna melodía perdida que
se encontraba en su mp5 , el cual llevaba colgado del brazo derecho.
Una imagen que ella prefirió capturar y dejar ahí, sin más.
Ana Patricia Cruz López
Todos los derechos reservados

Se me ha hecho muy corto, pero te lo perdono jejeje
ResponderEliminarContradicción, dolor, recuerdos..debe ser duro para ella.
Candice siempre dando en el clavo..
Esa última parte, ese verlo correr, ese análisis milimétrico de sus movimientos....
A la espera de la próxima conversación...las impresiones de Steve acerca de lo leído.
Besis.