sábado, 5 de septiembre de 2015

UNA HISTORIA INACABADA. CAPITULO SEPTIMO. ¿LA CURIOSIDAD MATÓ AL GATO O UN DESCUIDO? (Registrado en SAFE CREATIVE JUNIO 2015)

CAPITULO SEPTIMO

Créditos a quién corresponda
“Sé que nunca me has abandonado
Sé que siempre has estado ahí, aunque no me diera cuenta
Sé que estoy ciega por no ver lo evidente
Sé que estoy sorda por no haberte escuchado
Sé que debí ser más decidida, pero me faltó valor.
Sé que soy una cobarde por no reconocerle.
Sé que no podré querer a nadie más , como te quiero a ti.”



¿LA CURIOSIDAD MATÓ AL GATO O UN DESCUIDO?

Mañana a priori tranquila.
Steve llegaba al Departamento para recoger sus carpetas después de haber pasado , como siempre, por Secretaría para firmar.
Buscando algo encima de la mesa, pasaba justo por detrás de la silla de Sarah,  la cual ya había estado allí.  Su  portátil,  encendido y abierto, mostraba uno de los ficheros que lo contenían. Justo cuando miraba hacia la pantalla,  vio al lado lo que ansiaba encontrar, estiró un poco su cuerpo para alcanzarlo,  y cuando volvió en sí, vio de soslayo la siguiente frase en la pantalla: “…..y con sus manos,  iba dibujando en su piel cada palabra de adoración absoluta como muestra de que  era suya, sin duda, sin miedo, ofreciéndose  por completo , como sólo él sabía y deseaba  hacerlo..”  Se sentó y no pudo evitar continuar leyendo. Tan concentrado se encontraba en la nueva labor, que no se dio cuenta de que la propietaria del ordenador llevaba apoyada en el quicio de la puerta de acceso al habitáculo desde hacía rato, observándole. Sólo,  mucho tiempo después , él se pasó la mano por la nuca y retiró la cabeza hacia detrás viéndola. Ella se acercó enfadada, alargó la mano desde el lado de él de la mesa y cerró la tapa.

•             SARAH: ¿El concepto de intimidad también es diferente en tu país al resto del mundo?
•             STEVE: Lo siento….. estaba buscando una cosa y ….. estaba abierto y …..
Sarah le interrumpió de la peor forma.
•             SARAH: No , si la culpa la tengo yo por dejarlo abierto .
Steve intentó tranquilizarla centrando su conversación en otro punto.
•             STEVE: Es bueno.

Ella , que se encontraba dándole la espalda,  recogiendo las cosas bastante alterada, se detuvo en seco para analizar lo que acababa de escuchar y proseguir instantes después con el mismo talante.

•             STEVE: Muy diferente a lo que uno está acostumbrada a leer de ti.

Sarah volvió a detenerse. Tiró de golpe sobre la mesa los papeles que tenía en la mano  y se dio la vuelta.
Al ver en ella un atisbo de calma, decidió seguir hablando relajadamente sin moverse del sitio .

•             STEVE: ¿Es…. El libro inconcluso?

La expresión se Sarah cambió. Era como si se hubiera relajado de pronto, como si después de una ascensión en montaña rusa tocase bajar,  y el coche se hubiera parado de golpe en lo más alto. Caminó lentamente alrededor de la mesa hasta llegar a su lado, y comenzó a disimular haciendo que recogía cosas que en realidad eran las mismas siempre. Steve se dio cuenta  de que por una vez,  no había tocado en roca.

•             STEVE: El primer día que nos encontramos, el del tropezón, no pude evitar escucharos a Freddy y a ti.
Ella seguía haciendo como si no fuera con ella la conversación.
•             STEVE: Y cuando el otro día te vi con …. Ese hombre…
•             SARAH: Bruce.
•             STEVE: Sí, Bruce, ese, tu editor, le pregunté a Candice.
Ella seguía sin mirarle a la cara y sin parar de hacer que recogía cosas.
A él, sin embargo, aquello le ponía muy nervioso.
•             STEVE: ¿te importaría parar un segundo?
Sarah continuaba sin contestar, y por supuesto, parecía hacer oídos sordos a tal pregunta.
Steve se le cruzó en uno de los lados , pero ello no evitó que parase.
•             STEVE: Sarah…. Para.
Como  no desistía, Steve optó por una medida de contención algo más contundente. La cogió por los brazos para detenerla.
•             STEVE: - En voz alta- ¡Sarah!
Ella le miró a los ojos, y después se fijó en aquellas manos que la sostenían con firmeza. Él, al darse cuenta de que podía incomodarla se las retiró.

Sarah se sentó en su silla, mirando hacia la ventana que había en la pared del fondo, y guardando silencio durante un instante, sus ojos se tornaron tristes.

•             SARAH: No sé lo qué es. Sé que esto- señalando al portátil- es mío porque Candice me lo ha dicho. Y respecto al fichero, por la fecha de modificación del archivo, según ella, coincide con el día anterior de mi regreso de Londres.
Steve, interesado en conocer ese lado de la historia, la de la protagonista, se sentó en el filo de la mesa .

•             SARAH: Es curioso, tienes una vida tranquila o no,  pero al menos normal , y dos minutos después,  todo cambia de golpe. Según ella,   fui de una forma,  y a la semana ya era otra persona. Le mandaba videos y fotos,  y ella me veía estupenda. Tanto,  que cuando estando cerca la fecha de regreso, le dije que no quería volver a los Estados Unidos, y  me creyó, a incluso me animó a quedarme , según me contó. Por lo visto, vine diciendo que habían sido los tres meses más maravillosos de toda mi vida- se hizo un silencio muy profundo sólo interrumpido por ella misma que continuaba mientras se centraba en sus ojos.- incluso le enseñé lo que acabas de leer. Le dije que era lo más importante que tenía entre manos, que suponía un cambio radical en mi forma de trabajar y de transmitir. Meses  después, apenas me acordaba de quién era.  Cuando me lo entregaron, lo abrí ,y pude encenderlo y acceder porque no tenía contraseña.  Comencé a ver todo lo que había y no tenía ni idea de lo que era, y se supone que eran cosas mías, escritos. Pero la cruda realidad,  es que yo no recordaba haberlos escrito. Una noche apareció ése. Comencé a leerlo,  y recuerdo que me pareció muy hermoso y sensible, pero ni siquiera viendo la fecha recordaba haberlo escrito. Candice me afirmaba una y otra vez que era mío, me insistía en la fecha , pero también me dijo que no podía decirme nada más porque apenas le conté nada cuando regresé. Que jamás había sido tan reservada con ella como lo era en ese instante,  y que yo sólo le decía que no podía,  pero que algún día lo haría.- Steve observó cómo empezaban a humedecérsele los ojos- Y es tan jodidamente frustrante saber que has podido vivir los tres meses más maravillosos de tu vida, y que de ellos sea capaz de emerger   algo como ésto y no puedas recordarlo. Ni eso , ni a nadie . Nada. Y hoy,  seis años más tarde, sigo sentándome delante de él, lo sigo leyendo una y otra vez, y no soy capaz de sentir nada, salvo una puñetera incapacidad obsesiva para escribir cualquier otra cosa  sin haber terminado éste, porque no sé qué pasó en Londres,  pero después de releer mis otras obras,  sé que tuvo que ser  lo suficientemente fuerte y maravilloso como para escribir algo como esto que nada tiene que ver con lo anterior. Tan fuerte y maravilloso,  como para haberme cambiado la inspiración y hasta la forma de escribir. Algo que podía haberme cambiado la vida. Y hoy , seis años después , sigo sin poder acordarme.

El silencio se hizo en el habitáculo. Tan poderoso , como para casi poder oír circular las lágrimas por sus mejillas. Un silencio no mantenido durante mucho tiempo.
•             STEVE: Déjame  que te ayude a terminarlo.

Sarah no podía salir de su asombro.
•             SARAH: ¿De qué estás hablando?
•             STEVE: Cuatro ojos ven más que dos, y dos cerebros piensan más que uno. Quizás lo que necesitas sea una perspectiva externa de alguien que no haya estado influenciado.

Ella no se mostraba muy convencida.
Ofuscada y confusa, no pudo evitar reaccionar impotente.

•             SARAH: Lees ¿qué? ¿un par de páginas y ya te crees que puedes ayudarme?
•             STEVE: ¡Vamos! ¿Qué tienes que perder?

Un hondo suspiro fue la respuesta más contundente de Sarah.
Se levantó de la silla sin dejar de mirarle a los ojos, y con las mismas,  recogió su portátil y las carpetas que tenía justo al lado y le dio la espalda sin decirle nada.

•             STEVE: ¿No vas a dignarte a darme si quiera una respuesta?
•             SARAH: Lo pensaré- le contestó mientras salía del despacho.

Lo cierto,  es que aquellas escasas páginas que Steve había leído le serían de difícil olvido. Se preciaba de conocer toda su obra,  y desde luego no reconocía a la Sarah McBridge habitual en él. Steve, que no era una persona curiosa, no pudo evitar sentir la necesidad de leer entero el manifiesto inconcluso se quedase por donde se quedase. Escudriñar la nueva personalidad de la Doctora y compañera suya de Departamento,  le inquietaba.

Al acabar las clases ese día, una señal sonora muy reconocible salió de su teléfono móvil. Debía revisar su correo electrónico.  Normalmente,  hubiera esperado a entrar en el ordenador del Despacho, pero estaba esperando algo urgente y decidió abrirlo. Su procedencia : el correo de Sarah. El envío: El escrito inconcluso. Ni un mensaje adicional, ni una nota, ni una indicación. Bastó ese gesto,  para que él comenzase a mostrar cierta cara de satisfacción, dándose toda la prisa que podía por recoger sus cosas y marcharse a casa para comenzar a leer.

Una vez allí,  y después de tomar una ducha rápida y ponerse cómodo,   abrió una botella de vino blanco y cogió algo para picar,  puso música ambiental muy suave,  y se sentó en su sillón favorito para leer.
Las horas pasaban sin apenas darse cuenta. Imbuido en la lectura de las casi trescientas páginas de aquel escrito, serían cerca de las dos de la madrugada,  cuando sus ansias de lectura se vieron frustradas de una continuación placentera.
Apenas unos minutos después de acostarse, aquellas atronadoras palabras leídas aún resonaban en su cabeza. Aquellas frases enlazadas de forma tan magistral y profunda,  le arrebatan la tranquilidad mental habitual previa al deseado sueño. Pero aquella noche,  necesitaba con urgencia que las horas pasasen más deprisa de lo habitual, necesitaba compartir con Sarah sus impresiones, su escrito inconcluso,  y lo que el mismo le hizo sentir.

A la mañana siguiente, él no había coincidido con ella ,  y pese a preguntar en varios sitios , nadie la había visto.
Sarah llegaba al medio día al centro, con Candice, y lo primero que le dijeron en la Secretaría nada más pisarla,  es que Steve llevaba buscándola todo el día.
Después de firmar en el Registro,  ambas salieron en dirección al jardín del campus. Hacía un día magnífico para comer fuera.
Sentadas debajo de uno de los múltiples y frondosos árboles del exterior, Candice llevaba observando con rostro extraño y expectante  a Sarah, así que ésta, hasta cierto punto  incómoda , no pudo evitar preguntar.

•             SARAH: ¿Por qué no preguntas de una vez? Me estás poniendo nerviosa.
•             CANDICE: -Con gesto de restar importancia- Nunca te pregunté qué pasó en Los Hamptons, o cómo te fue.

Sarah comía su sándwich mientras observaba alrededor.

•             SARAH: Nada ¿qué habría de pasar?
•             CANDICE: No lo sé- haciéndose la que no sabía nada de la historia- Me enteré que coincidiste con Steve allí.
•             SARAH: Sí claro, te enteraste. La cuestión,  es  si lo hiciste antes de enviarme o después.
•             CANDICE: Hay que ver que desconfiada eres , no sé por qué iba a mandarte a posta a un sitio de esos sabiendo que también se encontraría Steve, y más considerando que no le tragas.
Sarah no pudo evitar sonreírse.
•             SARAH: ¿Cuándo vas a dejar de complicarme la existencia?  Steve sólo es-.....
•             CANDICE: -Ironizando y casi imitándola- Un niñato o proyecto de hombre de treinta y pocos años que se cree el dios de las letras . Ya se lo que vas a decirme. La cuestión es cuándo puñetas vas a abrir los ojos.
•             SARAH: ¿Y tú cuándo vas a comenzar a respetar mis decisiones? Estoy bien como estoy Candice, no necesito complicarme más mi existencia,  ni complicársela a nadie.
•             CANDICE: Pero si yo no te hablo de complicártela. ¡Por amor de Dios ! Te hablo de ser feliz, de disfrutar de la vida , o de tu  cuerpo incluso. 
•             SARAH: Sabes que yo no puedo. Yo no soy como tú, nunca lo he sido y nunca lo seré. A veces te envidio. Pareces estar tan segura de ti misma, de tener las cosas tan claras .Si te gusta algo o alguien,  vas a por ello , y ni te lo piensas, pero yo……. No puedo. Nunca he podido. Y eso , que soy perfectamente consciente de que ahora debería replantearme las cosas de otra forma.
•             CANDICE: . Con tono condescendiente , propio de quién ha mantenido el mismo discurso una y otra vez , llegando a resultar cansino- Hace mucho que tenías que haberte replanteado las cosas de otra forma. Sarah, donde tú ves a un inmaduro de treinta y pocos , yo veo a un hombre inteligente y atractivo de poco más de treinta años al que le gustas . Veo una posibilidad de volver a vivir aquellas sensaciones de las que te privaron y que recuperaste en tres meses fuera de aquí.  - Su amiga la miraba con tristeza- Sé que no será lo mismo, y lo que más lamento , es que ni siquiera puedas recordarlo para al menos recordar,   pero, lejos de esas supuestas complicaciones que dices que sería todo esto, yo no me atrevería a ir tan lejos, y menos aún conociéndote.

En ese momento, Candice se dio cuenta de que Sarah seguía con los ojos a alguien al fondo del espacio, se giró y era Steve que corría alrededor del campus.

•             CANDICE: Además, Richard no siempre estará ahí.

Consiguió que Sarah le volviese a prestar atención, aunque con rabia contenida una actitud que a Candice le resultaba muy familiar.
•             SARAH: No metas a Richard en esto.
•             CANDICE: Algún día , hará su vida. Dejará de venir tan a menudo, porque tendrá la mejor excusa para quedarse en su país, y en su casa. Alguien que de verdad le corresponda y le dé lo no…-Sarah la miró con rabia , llorando. Esa era la mejor señal, de que la cruel realidad volvía a golpearla en la cara, y ,para su amiga, la de que debía callarse.

Sarah volvió a girar su cabeza hacia la pista de atletismo. Con cierto enfado por su parte, Candice decidió arremeter de nuevo.

•             CANDICE: Ya veo, el niñato de treinta y tantos no , pero disfrutar de su cuerpo mientras corre sí. Es incoherente. Para no gustarte , se te nota demasiado .

Y Sarah continuó observándole mientras corría . Cada movimiento rítmicamente llevado, cada músculo de sus piernas mostrado tras  aquellos pantalones cortos , los brazos con sus movimientos coordinados.
Todo su cuerpo parecía llevar el ritmo de alguna melodía perdida que se encontraba en su mp5 , el cual llevaba colgado del brazo derecho.

Una imagen que ella prefirió capturar y dejar ahí, sin más. 

Ana Patricia Cruz López
Todos los derechos reservados

1 comentario:

  1. Se me ha hecho muy corto, pero te lo perdono jejeje
    Contradicción, dolor, recuerdos..debe ser duro para ella.
    Candice siempre dando en el clavo..
    Esa última parte, ese verlo correr, ese análisis milimétrico de sus movimientos....
    A la espera de la próxima conversación...las impresiones de Steve acerca de lo leído.
    Besis.

    ResponderEliminar

Muchísimas gracias por participar en esta página