CAPITULO SEXTO
EL REENCUENTRO
Tras aquel primer día, en pleno proceso de adaptación a las nuevas
circunstancias de ambos, Heyden había decidido ejemplificar, como con todos sus
clientes, la responsabilidad personificada.
Tras los estudios iniciales, sus primeros informes, tanto parciales
como definitivos, arrojaban cada vez más
datos sobre posibles pérdidas en cuanto
a los beneficios esperados en cada paquete de negocios.
Durante sesiones interminables
de lectura y apunte, su conclusión sobre el desastre que le había
supuesto a Sheldon contratar a quién quisiera que le hubiese llevado todo aquello con anterioridad , se
confirmaba, aunque sostenida sobre dos hipótesis más que probables.
Robert, observante en todo instante , pero otorgándole una libertad de
la que era consciente que necesitaba, procuraba mantener la normalidad en su
día a día , aunque manteniendo presente las nuevas circunstancias, la nueva
presencia. Para él, resultaba una sensación extraña volver a convivir en su
casa con otra persona. Tiempos atrás, el echo de tener invitados que
permaneciesen durante largas temporadas si era una constante, sobre todo amigos
suyos , que aceptaban su ofrecimiento como paso previo a una instalación
definitiva en la ciudad y en sus casas recién adquiridas.
Pero aquella nueva presencia, aquella nueva convivencia, no era el
mismo caso. Robert no tenía claro por cuánto tiempo se quedaría Heyden en su
casa, ni cuánto decidiría que su trabajo estaría concluido. Por los informes
que había requerido sobre su trabajo como analista, por las llamadas que había
realizado a personas que habían
disfrutado de sus servicios en este campo , los mismos que habían coincidido en
que resultaba tan cara como buena en ellos,
el punto en común era su
discontinuidad. Especialista en reflotar causas casi perdidas, en
devolver la gloria y la estabilidad a empresas en situaciones de riesgo, y en
estabilizarlas con ambiciosos y arriesgados planes expansionistas, Heyden tenía
por costumbre firmar contratos sin fecha de finalización y con una cláusula
final abierta sobre la misma, en la que una vez ella, y sólo ella, determinase
que su trabajo había concluido, se
marchaba.
Si estos datos tuvieran que traspasarse a una estadística, la media de
permanencia con un mismo cliente , no superaría
los tres cuatro meses, destacando que su estancia más larga con el
mismo, fue de un año.
Robert supo muy bien lo que hacía contratándola. Como bien le dijo, la
mejor referencia era Michael y cómo él supo vendérsela, aunque no hiciera
demasiada falta.
Pero el otro aspecto, el no
profesional, aquel que en sí le había pesado más para traerla a su casa, ese,
era otra historia. Ahí, el gran hombre de negocios se convertía en un halo de
inseguridades, de indecisiones. Giros
continuos a su cabeza sobre la misma
imagen recurrente , la que observaba cuando , saliendo de su dormitorio, al
final del pasillo, debía pasar por delante de la puerta de su despacho una y
otra vez, y ella, con la puerta entreabierta puesto que nunca gustaba de
cerrarla , se encontraba de pie junto a la ventana portando en su mano hojas
que parecía leer , o sentada ante el portátil anotando mientras la luz del
flexo de mesa le sombreaba parte de la cara. Allí, apoyado en la moldura,
deleitándose de forma voluntaria con aquella imagen de sobriedad e interés, escondida
como si fuese una chiquilla devorando su propio mundo de papel, podía olvidarse
de todo lo que le rodeaba. De sus citas, de por qué había salido de su
cuarto. Aquella imagen le otorgaba una
paz y una extraña tranquilidad de la que no había gozado hacía años, y esa misma imagen, es la que le
acompañaba apareciendo de forma sorpresiva cuando su mente parecía reconocer que en el fondo lo necesitaba.
Uno de esos días, antes de que él se dispusiera para salir a cenar, hizo
lo que ya había adoptado como costumbre, sólo que esta vez , la vista se le
grabaría de otra forma.
Con la oscuridad recién venida de la noche, sólo la luz de la lámpara iluminaba su rostro, y sin
dudarlo, no sólo se detuvo a contemplar aquella imagen como salida de un cuadro
que bien podría haberse renombrado como “la lectora”. Con su pelo recogido pero
sumamente revuelto, y una de sus manos
en la nuca, su cara reflejaba el cansancio y la sensación de estar revisando el
mismo punto una y otra vez, y aun así no encontrar el fallo que a priori sabía
que existía.
Quizás su concentración no fuera tan profunda o sencillamente sintió
una presencia en aquella habitación, pero lo cierto, es que sin esperarlo, alzó
la barbilla viéndole en la puerta, inmóvil, sosteniendo una mano con la otra a
la altura del vientre, y con aquellos ojos que tan pocas veces había visto en
él y que siempre la habían desarmado, los mismos que a partir de la noche en
que se conocieron en el club no olvidaría.
Descubierto, lejos de retirarse, aún quedó allí un buen rato,
disfrutando de ese preciso instante de silencio en que su cuadro mental cobraba
vida, hasta que decidió que era momento
de marcharse .
Y ella quedó allí, sentada, girando la silla hacia la ventana que
tenía justo detrás, y desde la cual podía contemplarse el exterior, y por ende,
las maravillosas vistas de la ciudad.
Una semana realmente dura , en la que Heyden prefirió trabajar casi
obsesivamente sin descanso, sin salir de aquella casa, para evitar
enfrentarse a la inseguridad que le
provocaba en el fondo saber que el
fatídico viernes se acercaba.
La rabia interior resguardada durante tantos años , es lo que la
mantenía viva en el fondo. Es lo que le permitía no hundirse cada vez que
alguno de aquellos malditos recuerdos podían con ella .
Aquellas largas noches de presunta paz , de cena en familia entre ellos tres , su madre, David y ella,
con risas inocentes de por medio. Aquellas noches de lectura de cuentos
infantiles por parte de su madre a ambos a la vez, aunque él ya no tuviera edad
para ello, pero que disfrutaba igual , sólo por escuchar a aquella mujer que
era lo más parecido a una madre que había podido tener en años.
Aquellas noches de abrigo y beso en la frente a los dos hermanos , de
miradas tiernas y compasivas, de echar de menos el calor de los pequeños aunque
durmiese en la habitación de al lado.
Aquellos momentos , en que un abrazo , otorgaba una seguridad inmensa.
Aquellos instantes, en que a diferencia de lo que la regla habitual
impone, después de la paz , la tempestad no pudo quedarse quieta. Envidiosa de
la situación de felicidad, vino a empozoñarlo todo con su veneno con olor a
alcohol y perfume.
Mostrando el rostro de la maldad consumada , un estruendoso portazo en
la planta baja anunciaba su llegada. Ruidos de golpeteos de un cuerpo chocar
contra la pared , y pasos inestables subiendo por las escaleras de madera,
acompañaban en ritmo perfecto a su voz. Una voz ronca, desgañitada y casi
cruel, que reclamaba a golpe de insulto, el cuerpo de su mujer para hacerse con
él hasta que se sintiese saciado .
Un joven que pendiente de lo que sucedía fuera, no desviaba su vista
de la cama de al lado, donde su hermana comenzaba a hacerse un ovillo , cogida
con fuerza a un aparte de la colcha, usada como parapeto para ocultar su cara.
Y aquella maldita ira , continuó gritando sin parar. Y su melodía fue
seguida de los tambores de guerra que en forma de golpes secos de un cuerpo
contra las paredes, sumado a las flautas desafinadas de los alaridos de una mujer,
que lo abarcaban todo, haciendo que hasta la pequeña lámpara de la mesita de
noche temblase, y la muñeca Lili, sentada en la pequeña silla junto a la
puerta, terminase rodando por el suelo aunque conservase la misma sonrisa.
Situación prolongada de angustia, en
la que el joven no pudo aguantar más, y despojándose de las ropas de
cama, decidió saltar a la de su hermana para fundirla en un abrazo protector,
mientras le acariciaba el cabello, y con voz suave, trataba de calmarla
diciéndole que todo terminaría pronto.
Y los gritos, los alaridos de la bestia encumbrada , silenciaron los
de la víctima que aún , en el suelo, era tomada por su esposo sin que su voluntad
pudiese hacerle resistencia, mientras en la habitación contigua, el coro
celestial de lágrimas y llanto, fue calmándose tras horas de angustia.
¿Qué hacer cuando imágenes como
éstas no desaparecen y eres consciente de que aunque la bestia muera,
nunca lo harán?.
La realidad, con aparente seguridad de haberlo superado todo, hacía
que se envalentonara de cara a los demás, pero en su interior, sabedora que
debía continuar enfrentándose a sus miedos, y pese a su concepto de
cumplimiento con un deber interior , el miedo y el nerviosismo por volver a
tenerle delante después de tantos años
la hacía dudar sobre la conveniencia de asistir.
Sus momentos de relax y asueto en aquella casa, los tomó prestados
única forma de sentirse bien consigo misma. Dejando la mente en blanco, y
escuchando el ruido natural de los insectos entre las flores y la hierba, podía
permanecer horas sentada con la única compañía de la b risa y el leve sonido
del agua si decidía chapotear sobre ella.
Y el temido viernes llegó. Sola en casa de Robert , éste había salido
en avión a primera hora de la mañana con
destino desconocido , y encontrándose en pleno almuerzo, Michael se le
presentó allí tal y como habían
acordado.
Aquella tarde, el tiempo acompañaba a tomar un refrigerio ligero en
una de las terrazas. Nada más llegar, Isabel le indicó a Fassworth dónde se
encontraba ella, y éste , conocedor de la casa desde hacía muchos años, fue
directo a la misma.
Como gran observador que siempre había sido, lo primero en lo que
detuvo sus ojos fue en el rostro de ella. No creyéndose lo
que veía , ya que sus informes sobre la convivencia en esa casa resultaban
inmejorables, deducía que detrás de aquella cara cansada e ida había algo más.
Sentándose en la mesa y dejando
sus gafas de sol encima, se sirvió un a taza de café.
·
MICHAEL: No sé si darte los buenos días sería
muy recomendable a juzgar por tu cara.
Sin mirarle.
·
HEYDEN: ¿Y qué cara se supone que tengo?
·
MICHAEL: ¿En serio quieres que te lo diga?
Ella bebió un sorbo de café, y
según dejó la taza en la mesa, le clavó la mirada.
·
MICHAEL: Está bien, lo cojo. No sé decirte ,
pero desde luego, nada que ver con lo que tenía entendido sobre cómo estaban
las cosas por aquí.
·
HEYDEN: ¿Y qué es lo que tenías entendido?
·
MICHAEL: Nada en particular. Robert no para de decirme lo competente que eres
realizando tu trabajo y el empeño que pones. Muchas horas de dedicación y pocas
de descanso. Que siempre eres la última en acostarte y la primera en
levantarte.
Volvió a beber otro sorbo mientras escuchaba atenta.
·
MICHAEL: Que eras rápida, detallista y
contundente en los resultados. Una buena elección en definitiva.
·
HEYDEN: Así soy yo.
·
MICHAEL: Lo sé. Lo has sido siempre. ¿Entonces?
Ella terminó de beber su taza y se levantó de la silla. A continuación
iría él detrás.
Caminando con determinación hacia el interior , Michael trató de
sonsacarle algo más.
·
MICHAEL: ¿Y ya está? ¿No vas a decirme nada más?
·
HEYDEN: ¿Qué quieres que te diga si ya está todo dicho?
Al llegar hasta la puerta de entrada, ella recordó algo.
·
HEYDEN: ¿Y tú ropa para esta noche?
·
MICHAEL: En el maletero.
·
HEYDEN: Cógela, Isabel se encargará de tenerla
lista.
·
MICHAEL: - Mientras vio como se marchaba hacia
el interior de la vivienda pero por el otro lado.- ¿Ni siquiera vas a decirme que clase de
fiesta es?
Pero no obtuvo respuesta.
Tras sacar todo del maletero y entregárselo Isabel,
reanudó su marcha por la casa para encontrarla dando con ella en uno de
los patios.
Sentada en una tumbona, trataba de relajarse un poco con la brisa que llegaba ese día y procurando no pensar en nada. Al menos, hasta que Michael hubo llegado y se sentó a su
lado.
·
MICHAEL: ¿Cuándo vas a decirme que pasa?
·
HEYDEN:
Ahora no Michael. Más tarde ¿vale?
Y allí , el uno junto al otro, vieron pasar las horas hasta que llegó el almuerzo. Sin que ni una
sola palabra saliese de los labios de ninguno por expreso deseo de ella.
Tras una comida ligera , básicamente una ensalada y algo de fiambre,
ella se retiró a su dormitorio, mientras él lo hacía en una de las habitaciones
de invitados situadas en el mismo ala de la planta alta.
Y la hora de los preparativos comenzó.
Michael llevaba rato ultimando detalles una vez tomado su
reconfortante baño.
Sin embargo, para Heyden, todo
aquello le parecía casi una tortura. Aun así, decidió asumirlo con la mayor deportividad
posible.
Era cierto que hacía muchos
años que no asistía a esta fiesta de carácter anual donde todo el cuerpo de
policía era homenajeado, y que ésta, se consolidaba como una oportunidad única
para volver a ver parte de su familia que hacía mucho que no saludaba. Pero al
mismo tiempo, se arriesgaba a que su padre, presente por ser el centro especial
de atención, pudiera reaccionar mal como
siempre, sin importarle que allí estuvieran el gobernador o el alcalde,
personajes que hasta ahora se habían dedicado a protegerle.
Tras media hora imbuida en una ensoñación perpetua de la que costó
salir entre el aroma del aceite de baño usado
y la espuma, se cubrió con una toalla.
Como siempre, la pulcritud de sus preparativos podría asustar a
cualquiera , al rozar casi la obsesión maniática por las formas en la colocación de sus prendas de vestir sobre
la cama, pero para ella, simplemente, suponía una forma de poder ver cierta
configuración final de un proyecto , y hacerse una idea aproximada de cómo
podría verse.
Con el bote de crema para la piel en la mano, echó cierta cantidad en
la que tenía libre, y con una de sus piernas en lo alto de la silla del tocador
, comenzó a extendérsela cuidadosamente acariciando su piel mientras apretaba
con sus dedos.
Michael, concluido, salió de su dormitorio en dirección al de Heyden
por si pudiera necesitar ayuda. Tocó la puerta y ésta se abrió sola nada más
rozarla. Al entrar, se quedó allí mismo,
en la entrada, observando la perfecta combinación entre su piel húmeda y desnuda
que brillaba por la claridad del sol tardío que entraba por la ventana, y sus
manos pasearse por cada tramo de su pierna con exquisita suntuosidad.
Ella, que ya se había percatado de su presencia, le invitó a
adentrarse y cerrar la puerta tras de sí.
Repitiendo la misma operación con la otra pierna , ante la continua
atenta mirada de su compañero aquella noche, de píe junto a los pies de la
cama, soltó la toalla que cubría su desnudez, mientras cada una de sus curvas
resultaban un delicioso y a la vez delicado objeto de estudio para quién ya
estaba más que acostumbrado a verla así, y a la vez, nunca se cansaba de ello.
Para la ocasión, decidió elegir
un elegante y más que sexi vestido de Dior, en azul oscuro, atado en el cuello
por delicadas cintas de la misma tela
que el vestido, con un generoso escote
delantero hasta la cintura , y una
generosa abertura lateral inferior que partía desde la cadera dejando apreciar
su estilizada pierna con cada movimiento. Con el cabello recogido y algunos mechones sueltos cayendo sobre su cara, una vez se hubo abrochado el
traje , para los zapatos decidió pedir ayuda.
Sentada en el borde de la cama , con uno de ellos en una de sus manos,
sin decir palabra, se lo extendió a su partener
con la cabeza baja en señal de ofrecimiento.
Él se acercó, lo cogió, y con una rodilla en el suelo, le introdujo la
sandalia alta en el píe, para llevarla hasta su pierna no flexionada del todo y
así poder proceder a su abrochado.
Y después de una vino la otra, y en ambas, casi como un fetiche, al
terminar de colocarlas, con sus manos, acariciaba la piel que los recubría, sin que
ella mostrase rechazo en ningún momento.
Al alzar su vista, el rostro de Heyden le esclareció que se encontraba
preocupada y nerviosa, lo que hizo aumentar aún más sus dudas sobre el acto al que había aceptado
asistir con ella y del que no sabía ningún detalle por expreso deseo de su
anfitriona.
Cogiendo sus manos, consiguió que le prestase su atención. Heyden
intentó aguantar estoicamente hasta que sus ojos y su falta de voluntad dijeron
basta, comenzando a humedecérseles.
Se incorporó, y se sentó a su
lado abrazándola fuertemente. Era consciente, por como la conocía, que en algún
momento hablaría, y que lo haría con él.
Sólo una pregunta antes de que ella subiese al coche: “¿En serio
quieres ir?"
Unas únicas palabras con el sonido de su voz, la dirección del lugar.
Una sola mirada atenta que buscaba refugio aquel día, y la respuesta
de quién se la tenía que dar.
Una vez el coche hubo llegado a destino, dos jóvenes convenientemente
uniformados se acercaron al vehículo para abrirles sendas puertas. Según
descendió él, ella lo hizo a continuación, caminando rápidamente con dirección
a su brazo.
Estando a los píes de la escalinata que daba lugar al salón reservado
para la ocasión, uno de los restaurantes más afamados de la ciudad, respiró
hondo y subieron a su terraza exterior que era donde se celebraba la fiesta.
Heyden sabía perfectamente, que
en el momento en que hiciese aparición, más de uno de los asistentes se quedaría de
piedra, hasta era posible que pocos la saludaran, pero a ella todo eso le daba igual.
Cuando las puertas del ascensor se abrieron y se dirigió al acceso, en
seguida sintió las miradas de todos los invitados que los habían visto llegar en
primer lugar. A partir de entonces, la
voz corrió como la pólvora.
A Michael le bastó la primera visualización general del panorama que
se le presentaba ante sus ojos para presuponer de qué iba aquello.
Una evasiva mirada , casi furtiva a su acompañante femenina , y la
palidez de su rostro respondía todas sus dudas, poniendo en alerta todos sus
sentidos.
Sin que Michael se le despegase por un instante, en primer lugar se
encontró con familiares suyos que se alegraban mucho de haberla visto después
de tantos años y que la saludaban más que efusivamente. Posteriormente,
sucedería lo mismo con compañeros del cuerpo y la comisaría que la conocían.
Sean se encontraba ,como no podía ser menos en aquella
celebración, y una vez los rumores de
corrillo se convirtieron en aseveraciones para sus oídos, dejó aparcada la
conversación que venía manteniendo hacía rato con alguien en una de las barras
dispuestas, para empezar a intentar, con
su vista, a ubicarla desde su posición.
Una vez localizada, trató de buscar a su padre para hacerse una composición de lugar. Relativamente
alejados , pero sin seguridad alguna de que la noticia aún no hubiese llegado a
los oídos del progenitor , sin pensárselo demasiado , fue a por ella para
tratar de convencerla de que se marchase lo antes posible de allí para evitar
males mayores. Mientras Heyden saludaba y presentaba a Michael a unos amigos
suyos , sintió que la observaban , y al darse la vuelta le vio.
La templanza recuperada poco a poco, volvía a desaparecer ante la atenta
mirada de Michael, el cual no perdía detalle.
·
SEAN: ¿Qué haces aquí?
Como si de una armadura natural se tratase, la ironía y una refrescante pedantería orgullosa se
apoderaron de su persona. No estaba dispuesta a que se le denotase ningún signo
de debilidad.
·
HEYDEN: Sean, quiero presentarte a un muy buen
amigo, Michael Fassworth.
Resultando de lo más desagradable, acorde a su línea habitual, desoyó
aquellas palabras para proseguir con el interrogatorio ante la atenta mirada de
Michael , pendiente de cualquier movimiento que el sujeto pudiese hacer.
·
SEAN: No volveré a repetírtelo Heyden , ¿qué
haces aquí?
·
HEYDEN: Hay que ver como ni los años ni la
educación de pago recibida te han enseñado modales.
Sean, con gesto visiblemente molesto y un tono de voz muy serio e
imponente, le recordó una evidencia de aquella noche.
·
SEAN: Tu padre está al otro lado del salón. No
tardará en saber que te encuentras aquí, y ya sabes cuál será su reacción
¿verdad?
·
HEYDEN: Que venga. Que venga a buscarme, que le
estoy esperando con los brazos abiertos y el corazón vibrante.
Sean hizo el amago de acercarse para cogerla del brazo, pero Michael
se le interpuso acercándosele más aún a ella y cogiéndola por la cintura sin dejar de observarle.
·
SEAN : ¿No crees que ya has provocado
suficiente?
·
HEYDEN: Tengo tanto derecho a estar aquí como
él, más aún si tenemos en cuenta su historial.
·
SEAN: Es un homenaje que le hacen sus
compañeros, no un acto social.
·
HEYDEN: No.
En ese instante, una visita inesperada , David , muy bien acompañado por Liz.
Escuchar la voz de su hermano la tranquilizó en parte. Sin embargo, al
que le cambió el rostro fue a Michael.
·
DAVID: ¡Hermanita! Que alegría de que pudieras
venir. Michael.
·
MICHAEL: David.
Liz se le acercó para besarla , sin quitarle ojo de encima a Michael el
cual, apenas le dedicó un instante.
·
DAVID: Sucede algo Sean, pareces disgustado.
·
SEAN: - Sin retirar su mirada de ella- Más bien
preocupado. Trato de convencer a tu hermana que estar aquí no le reportará más
que disgustos en cuanto vuestro padre se entere , y tanto tú como ella sabéis perfectamente lo
que puede suceder.
Aún sabiéndolo, David trató de tranquilizarlo.
·
DAVID: Sean , te agradezco que te preocupes por
ella de esta forma y de su integridad, pero en serio, ya no hace falta, para
eso ya nos valemos Michael y yo a partir de ahora.
Sean, cada vez más nervioso, se giró hacia David .
·
SEAN: te digo que esta es la peor idea que haya
podido tener tu hermana. Tienes que sacarla de aquí.
Y de pronto , los murmullos dejaron paso a un silencio progresivo. A
espaldas de Sean, la gente abría un
pasillo. En el fondo, su padre, acercándose muy despacio y con rostro de no
creerse que aquello estuviera pasando.
David le vio, y su gesto entrecortado puso en sobre aviso a Sean de que el capitán
se encontraba justo a su espalda. Éste decidió echarse a un lado pero sin dejar la vigilancia hacia el
mandante.
Tal y como le recordaba. Esa podría ser la mejor frase que definiera
lo que Heyden veía de nuevo. Habían pasado muchos años desde la última vez que
aquella cara cuya boca emanaba puro vaho a alcohol se le acercase tanto. Había
llegado el momento de la verdad y ambos
lo sabían. Ellla , sola, enfrentándose ante él. Así era como se sentía.
Mientras Sean vigilaba al mando policial, David intentaba mantener el
control de la situación entre ambos, y Michael procuraba no distanciarse ni por un solo instante de Heyden, a la que
mantenía junto a su cuerpo, notando como
le temblaba.
·
PADRE: ¡Tú!
·
HEYDEN: Buenas noches padre.
·
PADRE: ¡Hay que ser desvergonzada para atreverse
a venir aquí!
Extrañamente a lo que pudiera pensarse en una circunstancia como esa,
Heyden sonreía constantemente con la única intención de provocar la ira de su
padre, la cual, por cierto era cada vez más creciente.
·
HEYDEN: ¿Desvergonzada? Digna hija de mi padre
diría yo. Bueno, más bien, del hombre que creía que me criaba.
·
PADRE: No tienes nada que hacer aquí.- se
dirigió a David muy alterado- ¿Y a ti que te pasa? ¿Con el paso de los años te
has convertido en un cobarde faldero de ésta?
Entre el pasillo abierto por los asistentes, el Alcalde y el
Superintendente Superior de policía se acercaron al lugar para comprobar qué
estaba sucediendo.
·
DAVID: - Con auténtica resignación por algo que
desgraciadamente le resultaba muy familiar- No empecemos de nuevo padre.
·
PADRE: ¡Pues a que esperas para llevarte a esta
desgraciada de aquí!
·
HEYDEN: Todo un modelo de conducta a seguir. Y
se supone que van a condecorarte, ¿no te estarán dando la patada por la puerta
grande verdad?
Con un enfado creciente y fácilmente identificable por ambos hermanos,
se dispuso a darse la media vuelta , cuando Heyden continuó hablando.
·
HEYDEN: ¿Sabes? Ahora que lo pienso, tienes
razón.- El padre volvió a girarse hacia ella-
Hay que ser una auténtica desvergonzada
y digna hija de mi padre poli condecorado por su labor policial; claro
que , si tuviéramos que valorar la actividad de ese policía en su vida privada
y familiar, papá, probablemente no
estarías ni en el cuerpo.
Sean, que progresivamente y sin que el padre se hubiera enterado se
hubo ido acercando a él por precaución,
vio como la culata de una pistola
asomaba por uno de los laterales de su chaqueta, haciéndole una seña a Michael para
que tuviera cuidado y estuviera pendiente.
• PADRE: Dos palabras
más y te aseguro que podrían ser las últimas.
Heyden comenzó a reírse a carcajadas. Cogió una copa de champagne de
uno de los camareros que ofrecían deambulando por el lugar, y alzándola en la
cara de su padre, le dijo algo que terminaría por provocarle de forma
definitiva.
• HEYDEN:
Desgraciadamente para ti, padre, tengo más derecho a estar aquí que tú, ya que
ni yo he matado a mi mujer , ni he maltratado a una hija.
En ese instante, un gesto tan
rápido como incontrolable de su brazo izquierdo , hizo que la pistola
dejase la cartuchera para encontrarse en la mano del capitán .
El sonido de la retirada del seguro , hizo que Sean diese dos pasos
hacia él sin que el conmemorado se
percatase de ello . Y con la
pistola en la mano, sostenida con una seguridad aplastante, la cabeza de su hija fue el objetivo a batir.
Michael trató de cogerla del brazo por si tuviera que tirar de ella en cualquier momento, y Sean ,atento, vigilaba que su padre no
deslizara el dedo por el gatillo mientras continuaba avanzando.
Ella, con un gesto provocador y desafiante, sabiendo que tanto el
gobernador como el alcalde estaban viendo aquello, continuaba su confrontación.
• HEYDEN: Brillante,
realmente espectacular. No has perdido facultades, ni habilidad , ni
rapidez. Ahora no sólo te conformas con
encañonar a los hombres con los que
salgo, sino que también lo haces
conmigo.
• MICHAEL: Heyden, no merece la pena.
Bebiéndose de un solo trago su copa la dejó caer al suelo, y pisando
sobre el fino cristal, apartó la mano de Michael no admitiendo que éste la
volviese a coger. Decidida y aparentemente confiada , acercó su cuerpo al cañón
de la pistola, y con su mano derecha, cogiéndolo con apenas
dos dedos, lo guio hasta colocarlo a la altura del corazón. Su gesto, serio, hacía destacar aún más su estado de
impotencia por no ser ella quién la portara.
• HEYDEN: Nunca lo
has tenido más fácil que ahora, papá.
• PADRE: ¡Deja de llamarme
así!
• HEYDEN: Sé que
relames del gusto sólo de pensar como tu dedo se desliza en ese gatillo. La
idea de terminar con esto te excita, lo sé. ¿A qué esperas?
Sean se sintió en la necesidad de intervenir, intentando evitar que
aquella locura siguiera adelante.
• SEAN: Roger no lo
hagas, baja la pistola.
• HEYDEN: Vamos
padre, termina lo que empezaste hace más de veinte años con mi madre y nunca
tuviste valor de terminar conmigo. No volverás a tener una ocasión como esta.
El padre cada vez más
enfurecido, Sean intentaba convencerlo
para que soltara el arma ya que podía convertirse en una situación
incontrolable, y ella, empujando su cuerpo más aún contra el cañón, creando
resistencia en la mano de quien la apuntaba.
• HEYDEN: Ya veo,
sólo eres valiente cuando has bebido y tienes un puto cinturón en la mano. Pero
fíjate, sereno y con un arma de fuego , el gran policía resulta que no es capaz de
cumplir con lo que siempre ha considerado su obligación moral, acabar con la vida de lo único que le sigue
recordando lo que hizo con su mujer. Supongo que es más fácil cuando nadie te ve
¿no?. Cuando te aseguras de que no hay
testigos, y tanto el gobernador como el alcalde te
protegen aun estando con el cinturón en una mano y la espalda desnuda de tu
hija de diez años en la otra.
Sean oyó de repente el ligero martillo del gatillo deslizarse ,
abalanzándose sobre el capitán para
empujarle, mientras Michael hacía lo propio con Heyden colocándose en
mitad de la posible trayectoria del disparo.
Y el disparo se oyó, al aire. Con Michael intentando comprobar que ella
se encontraba bien, se dio la vuelta para ver qué había pasado, y fue la
intermediación certera de Sean, que logró alzarle el brazo a tiempo para que la
bala fuese al aire, lo que impidió una desgracia mayor.
El gobernador que lo había visto todo, ordenó que se llevaran a su
padre de allí de forma inmediata y que lo encerrasen en un calabozo, como
mínimo hasta el día siguiente. Se acercó a su hija interesándose por su estado,
pero no se encontraba bien para responder a ninguna pregunta. Hasta Sean ,
consciente de su estado , se acercó , le vio su rostro y casi ordenó a Michael y a su hermano que se la llevasen de
allí de inmediato.
Con alguna dificultad para caminar , e intentando darse cuenta de lo
que acababa de hacer, David la cogió en
brazos y la sacó de allí llevándola al coche de su acompañante por aquella noche. Con
ambas ventanillas abiertas para que le diese todo el aire posible, por más que
Michael intentase que reaccionase haciéndole preguntas , bloqueada por
completo, no parecía siquiera escucharle.
Seguidos por David y Liz en el coche alquilado por estos al llegar al
Aeropuerto, la desviación que el primer coche tomó en un momento determinado , al primero le resultó muy familiar.
Llevaba a una playa muy conocida por ambos y por ella también, aunque
por distintas circunstancias.
Cuando niños, Heyden y David pasaban horas muertas en ella.
Disfrutaban de placenteros atardeceres para alejarse del mundanal ruido y cruel
realidad de su casa.
Por casualidades de la vida, Michael también la conocía, aunque por otras circunstancias. Pero sí era cierto
que, en más de una ocasión, en una de aquellas largas noches de conversación mantenida por
ambos, sin que él tuviera que preguntar casi nada, Heyden confió en él lo
bastante como para que supiese un poco más
de sí misma, y por ende, aquella playa, siempre era de los mejores recuerdos
que conservaba.
Sabiéndose el hombre que mejor la conocía , ni siquiera pensó a dónde
tendría que ir antes de llevarla a casa, ni qué necesitaba. Simplemente
condujo, vio la desviación, y se detuvo cuando hubo llegado.
Detenido el coche, la ayudó a
bajar. Como si hubiera sufrido un
arrebato, comenzó a respirar con dificultad sin conseguir que le entrase aire, teniendo la sensación de que se asfixiaba.
Entre David y Michael intentaron relajarla mientras Liz buscaba algo
que pudiera utilizar para abanicarla. Mientras su hermano se aseguraba de sostenerla
para que no se cayese , Michael le desabrochaba el vestido en su enganche de la
nuca para que se sintiese más liberada.
Sin esperarlo ninguno de los dos, bastante angustiada, comenzó a
separarlos con sus manos en sendos pechos escapando como alma que lleva al
diablo, caminando muy deprisa, sin sentido, en dirección al agua.
Ambos salieron en su búsqueda mientras Liz se quedaba vigilando los
coches.
No permitía que ninguno de los dos la tocase . Pese a los intentos de ambos por agarrarla e impedir que
continuara, el que osase tocarla , recibía profundos gritos y manotazos sin
doquier. Ambos se miraron y decidieron dejarle algo de espacio, deteniéndose.
Se acercó a la orilla, y una vez allí , gritó como forma única forma
de desahogarse. Un grito fuerte y
profundo, desgarrador, y a continuación , mientras lloraba sin consuelo,
respirando con dificultad, empezó a meterse en el agua. Michael no se atrevía a acercarse hasta que ella misma
intentara auto controlarse, pero dispuesto y atento por si pasase algo una vez dentro,
le hacía señas a David para que no intentase ir a por ella es ese
instante.
Bajo la observación atenta de los dos, y en la lejanía, de su amiga
Liz, fue caminando despacio mientras la
luna, llena aquella noche, la cubría con su manto de luz. Cuando el agua le llagaba
por el pecho, elevó su mirada hacia aquella luna que la arropaba y se sumergió
lentamente.
Pasados unos instantes, Michael comenzó a preocuparse porque no emergía, y a punto de introducirse
en el agua para sacarla, vio como su
cabeza comenzaba a sobresalir, tranquilizándose
cuando la vio caminar hacia ellos de forma sinuosa y aparentemente más
relajada.
Para Michael , la estampa no podía resultarle más evocadora . Con su
pelo largo hasta la cintura completamente empapado sobre su espalda, el brillo
de su piel húmeda, el traje completamente pegado a su cuerpo delineando su
figura, y su andar, sinuoso y seguro de
sí misma acercándosele lentamente
demostrando su poderío de mujer a cada paso que daba. Todo lo que él
menos esperaba poder contemplar aquella noche.
Un amargo trago de veneno en el alma , y la pureza de un mar algo
agitado aquella noche , que parecía
haberle devuelto lo que siempre aparentó ser: ellas misma.
Cuando llegó hasta ellos, lo hizo mucho más relajada, guardando silencio.
Su hermano se abalanzó sobre ella con su
chaqueta en las manos para taparla , la
cogió en sus brazos y la subió al coche de Michael con dirección a su casa.
Durante el trayecto, y sin tener muchas ganas de hablar, Liz intento
que David se olvidase de lo ocurrido.
·
LIZ: Creo que deberíamos llevárnosla a Nueva
York. Una temporada.
·
DAVID: Ni querrá ni podrá.
·
LIZ: Pero para eso estáis vosotros dos. Sois las
personas más influyentes, los únicos capaces de convencerla.
Preocupado, comenzaba a agobiarse.
·
DAVID: Ni siquiera sé ………………..¡Dios! A estas
alturas ya no sé nada.
Y continuó conduciendo bajo la extrañeza de una Liz que nunca lo había
visto de esa forma.
Así, hasta llegar a la casa de Heyden.
Mojada, muerta de frío y todavía aturdida, tardó en reaccionar.
Michael decidió meterla en la ducha lo
antes posible, aunque fuera con la ropa puesta, para que el agua caliente procurase devolverle
la temperatura.
Una vez fuera, sentada en la cama, le retiró la ropa lo más deprisa
que pudo para intentar evitar que se enfríase. La tapó con una manta que cogió
del armario, y salió a toda prisa para prepararle una taza de chocolate que la
ayudase a entrar en calor.
Con la intención de no dejarla sola, David se sentó a su lado, y mientras la
abrazaba, frotaba su espalda con una de sus manos para ayudarla a entrar en calor.
Al volver aquel con la taza y tomar el primer sorbo, un regusto
extraño pobló su boca. Su mirada extrañada y curiosa se encontraba ávida de una
respuesta.
·
MICHAEL: Bébetelo, sólo tiene una gota de ron,
es lo que tenías más a mano.
Con ambos fuera y Liz cuidándola durante unos instantes, los dos
hombres aparentemente más cercanos a ella, comenzaron a hablar mientras Michael preparaba
unas copas.
Con un David altamente preocupado que no podía evitar dar vueltas continuas a su cabeza sobre lo que
acababa de presenciar y de cómo había
evolucionado la relación entre ellos, mientras
observaba el exterior apoyado en uno de los ventanales, Michael le acercó la copa y se quedó junto a él.
·
DAVID: Hacía mucho que no recordaba verla así.
·
MICHAEL: ¿De
quién fue la idea de invitarla?
·
DAVID: Del Departamento. Me enviaron una invitación conjunta porque decían que no la
habían localizado.
·
MICHAEL: Desde luego acertaron de pleno, claro
que , lo que realmente me pregunto es porque guardó el silencio sobre el destino.
Su hermano se extrañó por el comentario.
·
DAVID: ¿Qué quieres decir?
·
MICHAEL: Me pidió que la acompañara. Me dijo que
era una fiesta, nada más.
David agachó la cabeza y su media sonrisa posterior, atrajo al
curiosidad de su amigo.
·
DAVID: Nunca fue una niña convencional. Recuerdo
que el primer día que aparecieron por casa ella y su madre, la miré, ella me sonrió sin decir nada, y me
cautivó. Supe que no sería un enemigo a batir. Mi padre jamás se lo ha puesto fácil
a nadie. Primero le hizo la vida imposible a mi madre, y después cargó sobre
ellas.
·
MICHAEL: ¿Y tú?
·
DAVID: A mí, simplemente decidió dejarme en paz,
aunque en realidad , dado que mi desarrollo siempre fue sobresaliente, creo que
tenía miedo de mi respuesta.
Ambos se sonrieron y tras permanecer en silencio unos minutos y beber
unos cuantos sorbos, la conversación prosiguió.
·
DAVID: Es curioso. Siempre estuvimos muy unidos,
y hoy, me ha dado la impresión de tener a una desconocida por hermana. Hemos mantenido el contacto, no como antes ,
eso es cierto, pero……..nos lo contábamos prácticamente todo, sabíamos lo que
pensaba cada uno con tan sólo mirarnos, y hoy, me ha dado la impresión de que en
ese campo ha encontrado un sustituto - Michael
dejó de mirar a través de la ventana
para centrarse en lo que le planteaba -. ¡Oh no! No me entiendas mal. Realmente
me alegro de que tenga a alguien con quien contar realmente cuando lo necesita
y que la conozca tan bien, y , ciertamente, prefiero que seas tú a otro, contigo es mucho más fácil la verdad. Pero……
Aquella forma de mirarlo parecía adelantar unos términos algo más
comprometidos, a los que Michael prefirió adelantarse.
·
MICHAEL: No hay nada entre ella y yo David. Somos
lo que ves. Nada más.
Su amigo se sonrió , y se dirigió hacia la encimera alta , sentándose en una de las sillas y dejando el
vaso en ella.
·
DAVID: Pues ……….será porque no has querido.
Antes de que la otra parte implicada pudiera contestarle, Liz apareció
en la estancia reclamando una copa. David se ofreció para sustituirla.
Mientras Michael se la servía, Liz
trataba de pensar cómo introducir la conversación.
·
LIZ: Intensa noche sin duda.
·
MICHAEL: Sí.
Nervioso, cuando colocó el vaso delante de ella, Liz trató de cogerle
la mano, pero él la apartó nada más notar su roce. Tratando de aparentar
normalidad, prosiguió la conversación como si nada hubiera pasado en ese instante.
·
LIZ: Ahora parece más relajada. Con suerte descansará toda la noche, pero alguien va a tener que quedarse con ella.
·
MICHAEL: Lo haré yo – contestó determinante y
sin pensar, lo que la descolocó aún más si cabe -.
·
LIZ: Bueno………..no sé qué querrá hacer David.
·
MICHAEL: Vosotros tenéis que volver al despacho.
Esto sólo ha sido una mala noche que
pasará a engrosar la bolsa gorda de
recuerdos marchitos y que es
mejor olvidar. Yo puedo encargarme .
Aunque no le sostuviera la mirada todo el tiempo, podía percibir
aquellos ojos cuestionadores de su actitud.
·
MICHAEL: Si quieres decirme algo , será mejor
que lo hagas de una vez.
Pero aunque sus primeras intenciones si fueron preguntarle, su tono
seco y cortante, y una mirada rabiosa y muy poco participativa, la hicieron
desistir. Por suerte , David volvía del dormitorio.
·
DAVID: Michael ¿Te quedarás tú con ella?
·
MICHAEL: Sí, por supuesto.
·
DAVID: Liz y yo pensamos que le vendría bien venirse
una temporada a Nueva York,, no muy larga , pero sí lo suficiente para que
desconecte.
·
MICHAEL: La verdad es que lo veo bastante
complicado por el momento. Le ha surgido trabajo nuevo y sé que está bastante
liada, pero se lo propondré en cuanto sea posible.
·
DAVID: Me fastidia irme y dejarla así.
Michael se acercó a él y , con la mano en el hombro, trató de
tranquilizarlo.
·
MICHAEL: Lo sé, pero debéis volver, los dos. Yo
trataré de convencerla de esos días y así podrás estar con ella en su máximo
apogeo, pero ahora aquí no hacéis nada. Puedes marcharte tranquilo. está en
buenas manos.
·
DAVID: Lo sé.
Fundidos en un abrazo sincero, la pareja recogió sus cosas , y lejos
de que Liz pudiese despedirse como hubiese
querido, la mirada fría de aquellos ojos azules se le clavaba aún más
hondo .
Solos en el piso. Oscuridad relativa porque la luna llena volvía a
hacer de las suyas iluminando tenuemente todo, su caminar lento hacia el dormitorio le trajo el culmen de la fotografía fija.
Arropada y acostada con su cuerpo hacia la ventana, impidió que
Michael cerrase el gran estor.
Con mucho cuidado , bordeó la cama hacia el otro lado, se quitó los
zapatos, y se recostó a su espalda. Su
medio rostro, sus largas pestañas que apenas se movían aquella noche, y el
ligero tono azulón sobre la piel, hicieron de
aquel momento, un espectáculo casi iniciático.
Con mucho cuidado, comenzó a
retirarle el pelo húmedo que mantenía pegado a sus rostro , acariciándoselo a
efectos de intentar conseguir que se durmiera.
Apenas unos minutos después, sorpresivamente , Heyden se dio la vuelta hacia él, lo miró a
los ojos, y sin esperarlo, se acurrucó en su pecho.
Ella nunca supo hasta que hora estuvo despierto acariciándola, pero el
último recuerdo vivo de aquella noche, fueron sus labios besándola tiernamente en la frente y
sentir , mientras el sueño se hacía con ella, su barbilla rozándole en la
cabeza.
A la mañana siguiente, cuando
abrió los ojos, la primera visión matutina fue verle al lado suyo, dormido . Y mientras le observaba , no podía evitar
preguntarse una y otra vez, qué extraña
misión habría de depararle a este hombre respecto a ella. Alguien que por caprichos del destino, había entrado en su vida de forma tan
peculiar, y que por supuesto, estaba empezando a dejar una huella profunda por
extraño que pareciera.
Ana Patricia Cruz López
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