sábado, 31 de octubre de 2015

NADA ES LO QUE PARECE. CAPITULO NOVENO. PRIMERA PARTE. Punto y a parte- ( Registrado en SAFE CREATIVE en JUNIO 2015)

CAPITULO NOVENO ( Primera parte)

PUNTO Y A PARTE
Créditos a quién corresponda

¿Cuántos años habrían de pasar para que todo comenzase a disiparse? ¿Cuánto tiempo tendría que esperar alguien para que su vida volviese a la normalidad , dejando de sentirse extraña consigo misma?

Con cada pregunta nueva, una duda que surgía inexplicablemente. Dudas que hace años ni se hubiese planteado , y que subsistían. Aquellas que le hacían arrepentirse sinceramente de no haber tomado, en aquel entonces, otro tipo de soluciones , o de haber  acudido más a su hermano tal y como él mismo le sugirió en más de una ocasión.

Pero no había tiempo en realidad ,ni  para arrepentirse ni para mirar atrás. Las opciones habían sido adoptadas entonces y así quedaban , y cada uno, siendo responsable, debía tratar de convivir con ello.

Apenas su avión aterrizaba en Washington, realizó una llamada, y el interlocutor que se encontraba al otro lado, le dio una dirección a la que acudir.
Apenas una hora después, en el lugar convenido, una cafetería céntrica pero no con demasiada gente a esa hora, mientras ella tomaba el que posiblemente sería el primero de muchos cafés en ese día, la persona con la que había concertado la cita se le presentaba mientras ella bebía un nuevo sorbo del oro líquido de su taza.

·        FRANK: ¿Cuántos llevas ya?

Ella se sonrió, y tras darse media vuelta, pudo contemplar como el paso de los años no habían hecho mella alguna en un hombre como él.

No habiéndose visto desde los tiempos universitarios, y especialmente cuando fue despedido por ella en el aeropuerto,  justo al inicio de alistarse , aquel hombre alto , aquel cerebro agradecido y cortés , aquel campeón nacional de saltos y deportista olímpico , debía gozar de un pacto con algún dios extraño o con el mismo diablo, porque ni sus mañas, ni su sonrisa agradecida y dulce , habían desaparecido.
Su voz, siempre imponente, hizo las delicias de más de una , y de algún que otro interesado en conocer sus más íntimos secretos.


Pese al tiempo pasado , y apenas haberse visto muy esporádicamente en un par de ocasiones, una de ellas , solicitada por el propio Frank antes de marcharse a combate, el contacto nunca se hubo perdido. Los mensajes de correo electrónico resultaban más o menos habituales, y en ellos, como auténticas cartas noveladas de varias páginas, lograban contarse las mil y una tragedias harto habituales que les iban sucediendo.
Para Frank, lo que consideraba como simples anécdotas, llegó a convertirse en un extenso diario de  guerra difícil de asimilar. Aquel, en el que cada palabra trataba de suavizar , como antesala perfecta, la  crueldad que deparaba la siguiente. Exclamaciones lamentosas de un panorama sombrío , que entretejían sus días y amenazaban la tranquilidad de sus noches entre los bombardeos aislados que los poblaban en más de una ocasión. Saber de sus múltiples habilidades en plena zona de guerra ante la incipiente falta de material o medios adecuados , y aún así, obrar milagros.  Devoción. Amor por su trabajo y por un mundo en el que soportó más de lo que nadie esperaba, y del que solicitó su vuelta a la tranquila realidad  tras sobrevivir a tres reenganches seguidos sin plazo de descanso por la especialidad de su cuerpo y lo reclamado del equipo médico del que formaba parte. Un destino mucho más tranquilo que probablemente , le tardó más en llegar de lo que él pensaba, debiendo mantenerse vivo con la sola esperanza de poder verlo cumplido.
Una vida, en la que ni por aquel entonces ni ahora, la necesidad de una compañía femenina que le  otorgase cierta estabilidad,  se encontraba entre sus planes. 
Aunque entre ellos jamás volvieron a comentar aquel tema del pasado, ella sabía perfectamente que nunca superó realmente la ruptura y el consiguiente plantón de Liz casi en las puertas de una boda, y por motivos que ciertamente nadie que los conociera bien , llegó a entender. Pero lo que sí sabía , de alguna u otra forma, es que aquel lazo que los unía a ambos, se había roto en falso  y que posiblemente, restos de lo que fue antaño una gran historia, podría reavivarse en caso de volver a coincidir.

Sentándose a su lado, pidió un café irlandés, y su sonrisa, contagiosa, rebotó en ella salpicándola por completo.

·        FRANK: Me congratula observar que aquella chiquilla alocada que dejé en la universidad, sólo ha cambiado para mejorar. Aunque he de reconocer que teniendo en cuenta tu independencia , tu llamada me preocupó bastante.
·        HEYDEN: ¿No me harás que te recuerde, que fuiste tú quién te ofreciste a estar dispuesto en caso de necesitarte? Una sola llamada de teléfono necesitaría, eso dijiste.
·        FRANK: Cierto. Pero nunc a te ha hecho falta, o más bien, me parece a mí que nunca has querido utilizarla, y que lo hagas precisamente ahora , y de esta manera tan precipitada, es realmente extraño.
·        HEYDEN: A veces pienso que a parte de mi transparencia, debería medir mejor los tiempos de mis actuaciones.
·        FRANK: ¿Medir los tiempos? ¿ Y cuándo no lo has hecho? Hace mucho que convertiste tu vida en una agenda demasiado cuadriculada , con demasiados apartados , y muchos muros que tengo la impresión que no has querido derribar.

Sinceridad. A borbotones como la sangre que emanaba de una herida recién abierta, limpia pero profunda. Es posible que no se hubieran visto desde hacía años, pero el conocimiento mutuo desde la Universidad no había cambiado. Mujer de costumbres fijas, maniática por naturaleza y estricta en algunos aspectos como el de la puntualidad o el orden, quién la conociese bien, sabía que esos aspectos de su vida  no habrían cambiado, y por si fuera poco, se notaba.
Ojos los suyos que apenas se humedecían levemente en recordatorio fatal de los buenos tiempos. De aquellos en que sus amigos no abundaron en demasía , y dónde él demostró que las cosas podían comenzar a ser diferentes entre un hombre y una mujer.

·        FRANK: Pero no hablemos de eso ahora ¿tienes prisa?
·        HEYDEN: No, ninguna.
·        FRANK: Bien. Porque previendo que posiblemente tardaría otros cien años en volver a verte, di aviso de que me cogería el resto del día libre, y empiezo a tener algo de hambre. ¿Me acompañas?

Y le ofreció su mano . Ella se la aceptó y él la acercó consigo hasta una de las mesas con reservado en uno de los laterales del salón.
Mientras él revisaba la carta, se percató de que ella había comenzado a mirar de forma concreta  hacia ciertos puntos del local. Lejos de aplacar su curiosidad, para alguien como él , que trabajaba dónde lo hacía, aquella actitud no constituía sólo una manía o parte de la deformación profesional. Su rostro denotaba lo que en el argot se denomina “ amenaza real “, sobre todo cuando no sabías con exactitud si quienes los enviaban eran de tu mismo bando o del contrario.
Pese al hecho de encontrarse en alerta, ella trató de conservar la misma naturalidad innata de siempre. Bien adiestrada en lo básico , el resto, era cuestión de supervivencia.

·        FRANK: ¿Aún no lo has dejado?

Mientras cortaba la carne , observaba su plato, pinchaba el trozo que iba a llevarse a la boca con el tenedor, y justo antes de iniciar aquel corto viaje con él hasta su degustación, sin alzar la vista, contestó antes de saborearlo.

·        HEYDEN: No.
·        FRANK:  ¿Y no crees que estas tardando demasiado?

Ella continuó comiendo hasta que después de tragar el último bocado decidió dejar los cubiertos bien colocados encima del plato. Cogió la servilleta, se limpió la boca, y tras beber agua, se dirigió a él.

·        HEYDEN: ¿A caso hubo alguien capaz de retenerte cuándo te empeñaste en alistarte sabiendo que podías haber sido contratado por los mejores hospitales del país y se te insistió que era un gran error?
·        FRANK: ¿Vas a compararlo?
·        HEYDEN: No.  Pero a lo que quiero llegar , es que pese a las distintas circunstancias, los dos henos hecho o hacemos lo que creemos más conveniente.  Que me peguen un tiro y me quiten del mapa es sólo cuestión de tiempo o suerte, pero lo asumí cuando entré, como hiciste tú, pero es algo que debo hacer, y por una vez siento que es lo correcto.
·        FRANK:  ¿Y no estar tranquila en ningún sitio te compensa? Te he visto Heyden, y en tu cabeza los cálculos están hechos por si hiciera falta. El tipo de la mesa a la izquierda de la puerta con abrigo negro que toma una cerveza mientras hace creer que lee el periódico, el que está  entre la cocina y la entrada a los baños llamando la atención con su atuendo excesivamente elegante, el tipo de la barra  de la chamarra color militar y gafas Ray Ban colocadas en abierto y que aprovecha el espejo que tiene justo delante para tener la mejor visión y perspectiva, y el joven de cara afilada y ojos penetrantes de la última mesa a nuestra izquierda que parece recién salido de la academia a juzgar por su falta de discreción. ¿Desde cuándo te has convertido en incómoda para la Agencia?
·        HEYDEN: ¿Sinceramente? No lo sé.
·        FRANK: Será mejor seguir hablando fuera – le hizo la señal a uno de los camareros para que trajese la cuenta-  ahora te convienen los espacios abiertos.

Tras pagar, ambos salieron del Restaurante paseando en silencio, pero no solos. Nada más incorporarse a la calle, dos de los  individuos que la seguían , manteniendo las distancias y procurando una discreción que no era tal, fueron detrás suyo , mientras los otros dos , supuestamente, se disponían a coger el vehículo esperando las indicaciones de los que se encontraban yendo a píe.

Tras un paseo  de unos treinta minutos de duración aproximadamente, llegaron a un parque cercano con grandes espacios abiertos , cerca de una zona destinada a juegos infantiles , pero que por ser hora escolar, estaba vacío en ese momento.
Se sentaron en un banco , y sin apenas mirarse, ambos esperaban que fuera el otro quién rompiera el silencio.

·        FRANK: ¿Y Liz? ¿Sigue siendo una abogada de postín?
·        HEYDEN: Es buena , eso no se le puede negar. Está trabajando con mi hermano y otro socio, en Nueva York.
·        FRANK: Al final consiguió lo que siempre quiso, no depender de su padre.
·        HEYDEN: Sí. Ya sabes como era…….y es.
·        FRANK: ¿Y………..?

La temida pregunta. La confirmación de que algo debía quedar o que por lo menos todo no se había borrado . No hacía falta continuarla. A buen entendedor……….. y Heyden , con respecto a él y a este tema, era la mejor posible.

·        HEYDEN: No. Claro que tampoco hablamos demasiado de ello. En realidad hace tiempo que no hablamos de nada. Mi vida se ha complicado bastante y ni siquiera con David puedo permitirme tener la misma relación que antes.
·        FRANK: Bueno. Supongo que es el sacrificio que todos debemos pagar por la vida moderna. Yo también llevo años en que el trabajo lo es todo para mí. Apenas he podido coger días para disfrutar de Europa, y de mi casa en Italia.

Que buenos recuerdos se le venían a la mente nada más nombrarlo. Una sensación agradable recorría su cuerpo como hacía tiempo que no sentía, y el tono y la dirección de la conversación entre ambos, dio un giro .

·        HEYDEN: Así ¿qué la sigues conservando?
·        FRANK: Con todo. Por cierto, yo no soy el único que te echado de menos. “La niña” también .
·        HEYDEN: Siempre ha tenido un dueño que ha sabido hacerse con ella mejor de lo que yo nunca lo hubiera hecho.
·        FRANK: Pero sentir tus piernas a ambos lados del tanque, siempre resulta mucho más sugerente que las mías. Pareciera que la hubiera comprado para ser conducida por una mujer.
·        HEYDEN: Quién sabe. Algún día es posible que consigas alguien adecuado para ella.
·        FRANK: No lo creo, para ella no.

Cierto tono de melancolía al final de sus palabras. Largas noches  acompañados de sus días durante las pequeñas estancias en aquella casa que hicieron las delicias de los dos . Pequeños permisos entre reenganches , que él aprovechaba allí para aislarse, bien en soledad, o con alguna invitada como ella, de la que siempre disfrutó por las pocas veces que tuve que decirle que no.
Y es que aquella casa, en plena Toscana Italiana, lejos de toda civilización posible, rodeada de viñedos y tranquilidad, ofrecía el mejor lugar para reencontrarse con uno mismo. Una casa grande , antigua , que tardó años en reformar a su gusto, y que después de terminada, ofrecía el marco incomparable de las mejores  vistas de los amaneceres en rojizo y anaranjado, más impresionantes que se podían disfrutar. El olor a la humedad sobre las hojas , propio del rocío y el sereno caído durante la noche, grandes acristalamientos  que invitaban a disfrutar de toda la inmensidad del campo sin apenas esfuerzo. Tiempo de paseos improvisados, desde las primeras luces del alba , hacia los pueblos cercanos , convirtiendo aquellas maravillosas excursiones , en todo lo que se necesitaba para pasar desapercibidos, como si fuesen meros turistas. Sin llamadas intempestivas, sin sonido de bombardeos nocturnos ni sirenas de aviso, sin servicios extras. Sólo dos personas en un mundo a parte , tratando de encontrar un hueco en un mundo azul oscuro creado por ellos , en  una burbuja real pero diferente , en donde poder aislarse de todo y todos aunque sólo fuese durante un tiempo, pero que les permitiría seguir adelante .

Y pese al paso inexcusable del tiempo, aquel rincón en medio del campo se mantenía, como si nada hubiera pasado, abierto a todas las nuevas y viejas posibilidades de encuentros para aislarse o simplemente cambiar de aires. Y hoy , como entonces, la oferta , con ella, seguía en píe. Pero como todo momento bucólico, la realidad se abría paso simplemente por ser ella, sin necesidad de pedir permiso, sin excusas.

·        FRANK: Sinceramente , hubiera preferido que la llamada no hubiese sido tan urgente. Ello sólo puede significar una cosa . Y conociéndote , muy mal deben andar las cosas para que recurras a mí.
·        HEYDEN: Yo también hubiera preferido no hacerlo, pero no es que anden exactamente mal, podrían ir peor pero el tiempo no juega precisamente a mi favor, y lo que necesito  no puedo conseguirlo por mí misma.
·        FRANK:¿ Lo que necesitas tú o ellos?
·        HEYDEN: Yo, en algo de ellos. Pero necesito saber con cuánto tiempo real cuento.
·        FRANK: Dime.
·        HEYDEN: Necesito que contactes con tu gente en Brasil. Algo se está preparando con mucha prisa, con ofertas a locales. Probablemente con gente de Dos Guararapes  y de Sao Paulo.
·        FRANK: ¿Qué es lo que estás buscando exactamente?
·        HEYDEN: Fechas, una casa , grande fortificada de aspecto y posiblemente en un lugar aislado y alto. Algo que le permita tener visión de alrededor, pero en medio de una zona boscosa probablemente. Le interesa pasar desapercibido. Barcos con necesidades especiales, mercantes de gran tamaño preferiblemente y gente dispuesta a transportes por carretera.
·        FRANK: ¿Juegas con algún margen en fechas?
·        HEYDEN: No. Pero algo han debido decirle . Le corre mucha prisa liquidar todo lo que tiene aquí, y no puede hacerlo. No sin que salte la liebre.
·        FRANK: Así que ¿jugando con fuego?
·        HEYDEN: Sólo me aproveche de la incapacidad de sus contables. Él aún no lo sabe, pero tiene demasiados contactos en todas partes y no sé cuánto tiempo pueda retrasarlo.
·        FRANK: Haré un par de llamadas y hablaré con alguna gente allá. ¿Un pez gordo?
·        HEYDEN: Te sonará familiar. John Bourke.

Sintiendo su gesto de suma sorpresa, ella no pudo evitar mirarle entonces, previendo lo que abría de decirle a continuación.

·        HEYDEN: Lo sé.

Su gesto de sorpresa pasó a  ser de preocupación.

·        FRANK: No. No lo sabes.
·        HEYDEN:  Sé lo que necesito saber y punto.
·        FRANK: ¿Sabes cuántas veces la DEA, el FBI e incluso la gente de la CIA ha intentado atraparle contando con nosotros?
·        HEYDEN: No, eso no lo sé pero la Agencia sólo necesita de mí fechas .
·        FRANK: Y si tú ya estás haciendo tu trabajo, ¿a qué vienen esas prisas?

Ella le retiró de nuevo la mirada volviendo a su punto de atención en el horizonte , donde los columpios del parque infantil , permanecían tranquilos.
Él, cayendo en la cuenta, se echó las manos a la cabeza.

·        FRANK: Dime que no es lo que estoy pensando. – pero su silencio fue la respuesta esperada- ¡Dios Heyden!
·        HEYDEN: Tengo la casi seguridad de que yo terminaré allí de alguna u otra forma, pero hasta ahora no consigo averiguar mucho más, y el agente de contacto que tengo dentro es alguien que se supone de su confianza , pero tampoco le suelta demasiado. Él está convirtiendo esto en algo personal, y sé que puedo extraer mucho más de lo que he hecho, pero necesito tener alguna ventaja.
·        FRANK: Eso tío ha hecho negocios donde la cifra de la que se ha hablado superaba muchas veces el PIB de algunos países . Y sí, tiene muchos contactos.
·        HEYDEN: Sé que no tardará demasiado en averiguar quién soy, y para entonces , quiero que no sea capaz de desprenderse de mí.  Su mente no difiere mucho más de la del resto de los hombres con un objetivo, pero el de él es ciego. Sé lo que quiere y como, y esa será la forma de convertime en imprescindible.
·        FRANK: Nadie lo es para él.
·        HEYDEN: Cierto, pero la duda se lo comerá por dentro antes de decidir si deshacerse de mí, y eso es tiempo que juega a mi favor.
·        FRANK: Has perdido la cabeza, y ellos también por proponértelo.
·        HEYDEN: Saben que no tengo nada que perder, que no arriesgo gran cosa. Sabían que aceptaría por como soy . Supongo  que en eso acertaron.
·        FRANK: Es posible, pero yo también sé cómo eres, y sólo por eso haré lo que me pides, pero tendrás que aceptar una sola condición.
·        HEYDEN: ¿Cuál?
·        FRANK: Vente a casa unos días. Yo pediré un permiso y me encontraré contigo allí. Si estamos hablando de que en esto estás sola y de que ese tipo está de por medio, necesitarás algo más que información para ganar ese tiempo del que hablas.
·        HEYDEN: Pero……..
·        FRANK:  Revístelo como algo familiar, háblate  con David. Que vengan desde el despacho. Sólo serán unos días.
·        HEYDEN: ¿Incluida Liz?

Él bajó la cabeza y respiró hondo.

·        FRANK: Sí, incluida ella, si quiere.  Viniendo con ellos , la Agencia no sospechará. Yo procuraré salir en cuanto tú me confirmes la fecha de salida de ellos. Ve a Nueva York  y habla con David. Convéncele para que salga del despacho.

Aunque reticente, decidió aceptar. ¿Cómo negarse cuándo para poder sacar algo en claro, se encontraba más en sus manos que nunca?

No mucho más larga fue la conversación ni la visita.

El siguiente paso y destino, en busca de David. Apenas sin tiempo , volvió al hotel y tras ducharse y cambiarse de ropa, volvió al Aeropuerto para intentar que le localizaran una  plaza libre en el primer vuelo con destino a la ciudad residencia de su hermano. Por suerte , ese primer vuelo no iba lleno  y poco después de estar en la ventanilla de facturación a la espera de un milagro, lo siguiente, fue correr hacia la de embarque puesto que el avión apenas cerraba puertas en diez minutos.

Tiempo nada propicio y caos en la ciudad. Algo a lo que los neoyorquinos estaban más que acostumbrados cuando las lluvias lo cubrían todo, pero que a ella sólo le suponía retrasos que en ese momento no podía permitirse. Actuar totalmente contrarreloj y sin haber pensado aún que podía contarle a David para convencerle de que aceptase marcharse unos días.

Tras intentar localizar un taxi libre, se dirigió directamente al despacho, pero , pese a mantenerse las luces encendidas y la puerta abierta de la oficina, no parecía haber nadie salvo el personal de limpieza.
Apurada y empapada  hasta chorrear agua a través de la ropa, tras atravesar los cubículos que se encontraban como antesala del pasillo que la llevaba al despacho de su hermano, vio la puerta del mismo abierta y luz, corriendo hasta la puerta y empujándola para terminar de abrirla, pero allí, ya no había nadie.

Sin embargo , no se encontraba sola en la planta. Volvió a salir al pasillo para intentar averiguar si Michael estaría en su despacho, y al ver luz a través del cristal situado encima de la puerta, tocó ligeramente y abrió pero nada más hacerlo, se quedó paralizada por la sorpresa.
Efectivamente, Michael se encontraba en su despacho pero no estaba solo. La imagen de Liz sentada en el filo de la mesa , semidesnuda, abrazándolo por completo y rodeándolo con sus piernas  mientras él se hacía con su cuerpo, le resultó sorpresivamente turbadora.  Sin apenas haber asumido lo visto, la pareja se detuvo en seco al escuchar la puerta abrirse . Liz se limitó a soltar a  Michael y dejarse caer sobre la mesa , mientras él sólo cerraba los ojos y trataba de recomponer la situación, y Heyden, de la misma forma que entró silenciosa en la estancia, volvió a salir de ella sin musitar una sola palabra, cerrando la puerta tras de sí,  dirigiéndose al despacho de su hermano.
Dejó las cosas en el suelo, cerca de la puerta, y aprovechando que su oficina contaba con un baño completo , le cogió una de las toallas del armarito para secarse como podía . Sentada en su silla mientras trataba de secarse el pelo, llamó a su hermano por teléfono. Se encontraba en un conocido restaurante , en medio de una cena de negocios. Como no quiso interrumpirle, trató de quedar con él después de la misma en el hotel dónde pensaba pernoctar, pero él le insistió que fuese a su casa, la cual no había tenido oportunidad de conocer en todos aquellos años dadas sus visitas fugaces. Tras un debate dialéctico en el que David resultó el ganador indiscutible,  y convencida de que no podía negarse al menos esta vez, mientras se despedía de él , Michael entró silenciosamente en el despacho quedándose en la puerta. Una vez ella hubo colgado , apoyó su espalda en la silla y esperó pacientemente a que fuese él quién dijese la primera palabra, pero como no parecía haber solución de continuidad al respecto , ni intención para ello, quizás porque las palabras no eran tan fáciles de buscar, decidió ser ella quién rompiera el hielo.

·        HEYDEN: Vine a buscar a David.
·        MICHAEL: Está en una reunión de trabajo.
·        HEYDEN: Lo sé.  He recibido una invitación para todos. Unos días de descanso en Italia, en la casa de un viejo amigo. Me gustaría que fueseis también vosotros  ya que lo hizo extensivo.
·        MICHAEL: ¿Un viejo amigo?
·        HEYDEN: Me lo he vuelto a encontrar hace poco. Necesitaba abrir su casa en La Toscana por unos días y nos invitó a todos.
·        MICHAEL: ¿Incluso a los que no conoce? Que generoso tu amigo.
·        HEYDEN: Mucho. Siempre lo ha sido. – se levantó de la silla dispuesta a marcharse , pero él la detuvo –
·        MICHAEL: ¿No vas a preguntarme?
·        HEYDEN: No creo que deba ni me importe en realidad. Por lo que a mi respecta , sois dos personas adultas que sabéis lo que estáis haciendo, o por lo menos eso es lo que me gustaría pensar respecto a ti. Con ella , me temo que no estoy tan segura.

Ella se acercó a la puerta con la intención de marcharse , y de nuevo, palabras suyas la volvieron a detener justo cuando se disponía a cruzarla.

·        MICHAEL: Heyden..
·      HEYDEN  : - Con la mirada puesta en el pasillo, Liz salió a la puerta y con rostro de circunstancia , quedó apoyada en la moldura-  Ella no es como yo o como las mujeres que estás acostumbrado a tratar. Sólo espero que de verás, le hayas dejado claro de lo se trata.

Y siguió adelante sin decir nada más , ni siquiera a su amiga a la cual se limitó mirarla brevemente mientras pasaba por su lado.

Conforme llegó al edificio dónde vivía su hermano, el portero la acompañó y le abrió con su llave ya que éste había recibido aviso de que ella se presentaría.
Sólo una palabra podría definir lo que se abría ante sus ojos. Aquella que siempre le había definido , y que el éxito profesional y el dinero acumulado no le habrían descabezado como principio de vida : sobriedad.
Indiscutiblemente situado en uno de los puntos neurálgicos de la ciudad , lo cuál se podría justificar por una simple cuestión de accesibilidad laboral , la sencillez en tonos blancos , grises y negros, un diseño minimalista y un gusto casi exagerado por los espacios abiertos, le daban la seña de identidad de que su hermano, pese a los años, seguía disfrutando de las mismas cosas, incluyendo de amplias vistas a un horizonte en vertical y apabullante que todo lo puede, por lo que no podía esperarse menos , de que casi hubiera escogido el edificio por su altura , y el  piso por ser el ático , que por cualquier otra ventaja .

Sin querer curiosear demasiado, si deambuló por las habitaciones . Ordenado, casi impoluto. Como si en realidad quién viviera en él fuera un piloto de aerolíneas muy activo y solo, o sencillamente, no viviera nadie.

Disfrutada la visión general de la residencia, se dispuso a disfrutar de las vistas sentada en uno de los sillones cercanos a los ventanales, pero previamente, para hacer más vibrante las sensaciones, apagó la luz.

Un par de horas después llegaba David , el cual, extrañado por la oscuridad,  dio al interruptor viéndola cómodamente sentada . Al ver que no se percataba de su presencia, que no se movía, pensó que podría encontrarse traspuesta , y con cuidado se le acercó. Y efectivamente, tal y como había supuesto bien, se encontraba dormida con su cara reflejada por las luces exteriores .
Con el anverso de la mano , mientras le retiraba un mechón de pelo del rostro, aprovechó para acariciarle y que se despertase con la caricia, pero sin éxito. Cambiando de táctica, se acercó a su frente, y como antaño hiciera cuando no eran más que unos críos, la besó en la frente, surtiendo efecto .

Aquellos ojos adormilados y casi infantiles , que trataban de recomponer la situación en la que se encontraba su portadora, vio el rostro de un apuesto hombre de ojos vivos y deliciosa sonrisa , que le daba las buenas noches.

·        DAVID: Realmente me ha dado pena despertarte.
·        HEYDEN: Ni me había dado cuenta. ¿Qué hora es?
·        DAVID: - sentándose en el reposabrazos del sofá- Las doce. Lo siento , no pensaba llegar tan tarde, pero por una vez que tengo prisa, son los clientes los que tenían ganas de continuar.
·        HEYDEN: No te preocupes- trataba de decirle mientras se recomponía y se sentaba bien – La verdad es que estoy algo cansada. Llevo un par de días de mucho ajetreo y no duermo demasiado bien.
·        DAVID: Entonces será mejor que  lo que haya que hablar lo dejemos para mañana. Te enseñaré la habitación de invitados, aunque supongo que a la hora que llegaste ya lo habrás visto todo.
·        HEYDEN: No espera. Quiero decir que sí, estuve dando una vuelta. Y no, mejor no lo dejemos para mañana. Probablemente tengas que cambiar algunos planes y debas hacerlo mañana.
·        DAVID: - Está bien – se sentó al lado de ella- soy todo oídos.
·        HEYDEN:  ¿Recuerdas a Frank? ¿Frank Martin?
·        DAVID: ¿El  enfermero olímpico?
·        HEYDEN: El mismo. Me lo encontré después de mucho tiempo, y me invitó a pasar unos días en su casa de La Toscana.
·        DAVID: Ah bien ¿Y?
·        HEYDEN: Pues que lo hizo extensivo a ti , a Liz y por supuesto a Michael.
·        DAVID: Lo de Liz puedo entenderlo, y lo tuyo por descontado ¿pero los demás?
·        HEYDEN: Le encanta tener gente en casa. Además , le parecía descortés no hacerla extensiva .
·        DAVID: La propuesta es interesante , pero… estoy muy liado en este momento, no puedo permitirme coger vacaciones.
·        HEYDEN:  No serán exactamente vacaciones, sólo un par de días.
·        DAVID: Me encantaría, pero sabes que no puedo. Pero seguro que Michael y Liz irán encantados.
·        HEYDEN: Eso seguro- dijo en un tono casi imperceptible – pero me gustaría que fueses tú, sería una gran oportunidad para estar juntos unas horas al menos. Hace tanto que no lo estamos.

Aunque en principio pareciera convencido de que no se lo pudiese permitir, y siendo verdad que en aquel tiempo su trabajo no le permitía escaparse por más que quisiera, el tono rogatorio de su hermana, y la forma en que se lo pedía nada más mirarla a los ojos, le hacía dudar. Lo siguiente que ella le diría, sería determinante.

·        HEYDEN: Una vez me dijiste que si te necesitaba acudiese y te lo pidiese. Bien, ahora te necesito, ¿Cumplirás con tu palabra?

David, observándola, se sumergió en una duda acuciante durante unos instantes.
Sus obligaciones le reclamaban casi todo el tiempo, pero bien cierto era , que también él se había quejado de que su distanciamiento casi se debía más a las ocupaciones de ella que a él mismo. Sea como fuere, la oportunidad de poder disfrutar de su compañía , estaba a la vuelta de la esquina . Sólo serían dos días, lo suficiente para ponerse al día pensó él.
A punto del bloqueo mental, y mientras pensaba en cómo mover su agenda para los dos próximos días , no tuvo más remedio que decirle que sí, ante la consiguiente respuesta satisfactoria de ella , lanzándose a sus brazos con una enorme sonrisa que le hacía brillar el rostro.

Habiéndose dado el visto bueno que faltaba, una vez se encontró en la habitación de invitados, una llamada a Frank le confirmaría el día de partida. Todo estaba listo. La rueda había comenzado a girar, al antojo de quién más lo necesitaba en ese momento: ella.

Ana Patricia Cruz López
Todos los derechos reservados.


1 comentario:

  1. Esa escena donde Heyden descubre a Mike y Liz fue sensacional, magnifica, excitante, sin igual.
    Gracias Amada mía esta lectura es exquisita como todas, a sus pies como siempre.

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