CAPITULO NOVENO ( Primera parte)
¿Cuántos años habrían de pasar para que todo
comenzase a disiparse? ¿Cuánto tiempo tendría que esperar alguien para que su
vida volviese a la normalidad , dejando de sentirse extraña consigo misma?
Con cada pregunta nueva, una duda que surgía
inexplicablemente. Dudas que hace años ni se hubiese planteado , y que
subsistían. Aquellas que le hacían arrepentirse sinceramente de no haber
tomado, en aquel entonces, otro tipo de soluciones , o de haber acudido más a su hermano tal y como él mismo
le sugirió en más de una ocasión.
Pero no había tiempo en realidad ,ni para arrepentirse ni para mirar atrás. Las
opciones habían sido adoptadas entonces y así quedaban , y cada uno, siendo
responsable, debía tratar de convivir con ello.
Apenas su avión aterrizaba en Washington, realizó
una llamada, y el interlocutor que se encontraba al otro lado, le dio una
dirección a la que acudir.
Apenas una hora después, en el lugar convenido, una
cafetería céntrica pero no con demasiada gente a esa hora, mientras ella tomaba
el que posiblemente sería el primero de muchos cafés en ese día, la persona con
la que había concertado la cita se le presentaba mientras ella bebía un nuevo
sorbo del oro líquido de su taza.
·
FRANK: ¿Cuántos llevas ya?
Ella se sonrió, y tras darse media vuelta, pudo
contemplar como el paso de los años no habían hecho mella alguna en un hombre
como él.
No habiéndose visto desde los tiempos
universitarios, y especialmente cuando fue despedido por ella en el aeropuerto,
justo al inicio de alistarse , aquel
hombre alto , aquel cerebro agradecido y cortés , aquel campeón nacional de
saltos y deportista olímpico , debía gozar de un pacto con algún dios extraño o
con el mismo diablo, porque ni sus mañas, ni su sonrisa agradecida y dulce ,
habían desaparecido.
Su voz, siempre imponente, hizo las delicias de más
de una , y de algún que otro interesado en conocer sus más íntimos secretos.
Pese al tiempo pasado , y apenas haberse visto muy
esporádicamente en un par de ocasiones, una de ellas , solicitada por el propio
Frank antes de marcharse a combate, el contacto nunca se hubo perdido. Los
mensajes de correo electrónico resultaban más o menos habituales, y en ellos,
como auténticas cartas noveladas de varias páginas, lograban contarse las mil y
una tragedias harto habituales que les iban sucediendo.
Para Frank, lo que consideraba como simples
anécdotas, llegó a convertirse en un extenso diario de guerra difícil de asimilar. Aquel, en el que
cada palabra trataba de suavizar , como antesala perfecta, la crueldad que deparaba la siguiente.
Exclamaciones lamentosas de un panorama sombrío , que entretejían sus días y
amenazaban la tranquilidad de sus noches entre los bombardeos aislados que los
poblaban en más de una ocasión. Saber de sus múltiples habilidades en plena
zona de guerra ante la incipiente falta de material o medios adecuados , y aún
así, obrar milagros. Devoción. Amor por
su trabajo y por un mundo en el que soportó más de lo que nadie esperaba, y del
que solicitó su vuelta a la tranquila realidad
tras sobrevivir a tres reenganches seguidos sin plazo de descanso por la
especialidad de su cuerpo y lo reclamado del equipo médico del que formaba
parte. Un destino mucho más tranquilo que probablemente , le tardó más en
llegar de lo que él pensaba, debiendo mantenerse vivo con la sola esperanza de
poder verlo cumplido.
Una vida, en la que ni por aquel entonces ni ahora,
la necesidad de una compañía femenina que le
otorgase cierta estabilidad, se
encontraba entre sus planes.
Aunque entre ellos jamás volvieron a comentar aquel
tema del pasado, ella sabía perfectamente que nunca superó realmente la ruptura
y el consiguiente plantón de Liz casi en las puertas de una boda, y por motivos
que ciertamente nadie que los conociera bien , llegó a entender. Pero lo que sí
sabía , de alguna u otra forma, es que aquel lazo que los unía a ambos, se
había roto en falso y que posiblemente,
restos de lo que fue antaño una gran historia, podría reavivarse en caso de
volver a coincidir.
Sentándose a su lado, pidió un café irlandés, y su
sonrisa, contagiosa, rebotó en ella salpicándola por completo.
·
FRANK: Me congratula observar que aquella
chiquilla alocada que dejé en la universidad, sólo ha cambiado para mejorar.
Aunque he de reconocer que teniendo en cuenta tu independencia , tu llamada me
preocupó bastante.
·
HEYDEN: ¿No me harás que te recuerde, que fuiste
tú quién te ofreciste a estar dispuesto en caso de necesitarte? Una sola
llamada de teléfono necesitaría, eso dijiste.
·
FRANK: Cierto. Pero nunc a te ha hecho falta, o
más bien, me parece a mí que nunca has querido utilizarla, y que lo hagas
precisamente ahora , y de esta manera tan precipitada, es realmente extraño.
·
HEYDEN: A veces pienso que a parte de mi
transparencia, debería medir mejor los tiempos de mis actuaciones.
·
FRANK: ¿Medir los tiempos? ¿ Y cuándo no lo has
hecho? Hace mucho que convertiste tu vida en una agenda demasiado cuadriculada
, con demasiados apartados , y muchos muros que tengo la impresión que no has
querido derribar.
Sinceridad. A borbotones como la sangre que emanaba
de una herida recién abierta, limpia pero profunda. Es posible que no se
hubieran visto desde hacía años, pero el conocimiento mutuo desde la
Universidad no había cambiado. Mujer de costumbres fijas, maniática por
naturaleza y estricta en algunos aspectos como el de la puntualidad o el orden,
quién la conociese bien, sabía que esos aspectos de su vida no habrían cambiado, y por si fuera poco, se
notaba.
Ojos los suyos que apenas se humedecían levemente
en recordatorio fatal de los buenos tiempos. De aquellos en que sus amigos no
abundaron en demasía , y dónde él demostró que las cosas podían comenzar a ser
diferentes entre un hombre y una mujer.
·
FRANK: Pero no hablemos de eso ahora ¿tienes
prisa?
·
HEYDEN: No, ninguna.
·
FRANK: Bien. Porque previendo que posiblemente
tardaría otros cien años en volver a verte, di aviso de que me cogería el resto
del día libre, y empiezo a tener algo de hambre. ¿Me acompañas?
Y le ofreció su mano . Ella se la aceptó y él la
acercó consigo hasta una de las mesas con reservado en uno de los laterales del
salón.
Mientras él revisaba la carta, se percató de que
ella había comenzado a mirar de forma concreta
hacia ciertos puntos del local. Lejos de aplacar su curiosidad, para
alguien como él , que trabajaba dónde lo hacía, aquella actitud no constituía
sólo una manía o parte de la deformación profesional. Su rostro denotaba lo que
en el argot se denomina “ amenaza real “, sobre todo cuando no sabías con exactitud
si quienes los enviaban eran de tu mismo bando o del contrario.
Pese al hecho de encontrarse en alerta, ella trató
de conservar la misma naturalidad innata de siempre. Bien adiestrada en lo
básico , el resto, era cuestión de supervivencia.
·
FRANK: ¿Aún no lo has dejado?
Mientras cortaba la carne , observaba su plato,
pinchaba el trozo que iba a llevarse a la boca con el tenedor, y justo antes de
iniciar aquel corto viaje con él hasta su degustación, sin alzar la vista,
contestó antes de saborearlo.
·
HEYDEN: No.
·
FRANK: ¿Y
no crees que estas tardando demasiado?
Ella continuó comiendo hasta que después de tragar
el último bocado decidió dejar los cubiertos bien colocados encima del plato.
Cogió la servilleta, se limpió la boca, y tras beber agua, se dirigió a él.
·
HEYDEN: ¿A caso hubo alguien capaz de retenerte
cuándo te empeñaste en alistarte sabiendo que podías haber sido contratado por
los mejores hospitales del país y se te insistió que era un gran error?
·
FRANK: ¿Vas a compararlo?
·
HEYDEN: No.
Pero a lo que quiero llegar , es que pese a las distintas
circunstancias, los dos henos hecho o hacemos lo que creemos más
conveniente. Que me peguen un tiro y me
quiten del mapa es sólo cuestión de tiempo o suerte, pero lo asumí cuando
entré, como hiciste tú, pero es algo que debo hacer, y por una vez siento que
es lo correcto.
·
FRANK: ¿Y
no estar tranquila en ningún sitio te compensa? Te he visto Heyden, y en tu
cabeza los cálculos están hechos por si hiciera falta. El tipo de la mesa a la
izquierda de la puerta con abrigo negro que toma una cerveza mientras hace
creer que lee el periódico, el que está
entre la cocina y la entrada a los baños llamando la atención con su
atuendo excesivamente elegante, el tipo de la barra de la chamarra color militar y gafas Ray Ban
colocadas en abierto y que aprovecha el espejo que tiene justo delante para
tener la mejor visión y perspectiva, y el joven de cara afilada y ojos
penetrantes de la última mesa a nuestra izquierda que parece recién salido de
la academia a juzgar por su falta de discreción. ¿Desde cuándo te has convertido
en incómoda para la Agencia?
·
HEYDEN: ¿Sinceramente? No lo sé.
·
FRANK: Será mejor seguir hablando fuera – le
hizo la señal a uno de los camareros para que trajese la cuenta- ahora te convienen los espacios abiertos.
Tras pagar, ambos salieron del Restaurante paseando
en silencio, pero no solos. Nada más incorporarse a la calle, dos de los individuos que la seguían , manteniendo las
distancias y procurando una discreción que no era tal, fueron detrás suyo ,
mientras los otros dos , supuestamente, se disponían a coger el vehículo
esperando las indicaciones de los que se encontraban yendo a píe.
Tras un paseo
de unos treinta minutos de duración aproximadamente, llegaron a un
parque cercano con grandes espacios abiertos , cerca de una zona destinada a
juegos infantiles , pero que por ser hora escolar, estaba vacío en ese momento.
Se sentaron en un banco , y sin apenas mirarse,
ambos esperaban que fuera el otro quién rompiera el silencio.
·
FRANK: ¿Y Liz? ¿Sigue siendo una abogada de
postín?
·
HEYDEN: Es buena , eso no se le puede negar.
Está trabajando con mi hermano y otro socio, en Nueva York.
·
FRANK: Al final consiguió lo que siempre quiso,
no depender de su padre.
·
HEYDEN: Sí. Ya sabes como era…….y es.
·
FRANK: ¿Y………..?
La temida pregunta. La confirmación de que algo
debía quedar o que por lo menos todo no se había borrado . No hacía falta
continuarla. A buen entendedor……….. y Heyden , con respecto a él y a este tema,
era la mejor posible.
·
HEYDEN: No. Claro que tampoco hablamos demasiado
de ello. En realidad hace tiempo que no hablamos de nada. Mi vida se ha
complicado bastante y ni siquiera con David puedo permitirme tener la misma
relación que antes.
·
FRANK: Bueno. Supongo que es el sacrificio que
todos debemos pagar por la vida moderna. Yo también llevo años en que el
trabajo lo es todo para mí. Apenas he podido coger días para disfrutar de
Europa, y de mi casa en Italia.
Que buenos recuerdos se le venían a la mente nada
más nombrarlo. Una sensación agradable recorría su cuerpo como hacía tiempo que
no sentía, y el tono y la dirección de la conversación entre ambos, dio un giro
.
·
HEYDEN: Así ¿qué la sigues conservando?
·
FRANK: Con todo. Por cierto, yo no soy el único
que te echado de menos. “La niña” también .
·
HEYDEN: Siempre ha tenido un dueño que ha sabido
hacerse con ella mejor de lo que yo nunca lo hubiera hecho.
·
FRANK: Pero sentir tus piernas a ambos lados del
tanque, siempre resulta mucho más sugerente que las mías. Pareciera que la
hubiera comprado para ser conducida por una mujer.
·
HEYDEN: Quién sabe. Algún día es posible que
consigas alguien adecuado para ella.
·
FRANK: No lo creo, para ella no.
Cierto tono de melancolía al final de sus palabras.
Largas noches acompañados de sus días
durante las pequeñas estancias en aquella casa que hicieron las delicias de los
dos . Pequeños permisos entre reenganches , que él aprovechaba allí para
aislarse, bien en soledad, o con alguna invitada como ella, de la que siempre
disfrutó por las pocas veces que tuve que decirle que no.
Y es que aquella casa, en plena Toscana Italiana,
lejos de toda civilización posible, rodeada de viñedos y tranquilidad, ofrecía
el mejor lugar para reencontrarse con uno mismo. Una casa grande , antigua ,
que tardó años en reformar a su gusto, y que después de terminada, ofrecía el
marco incomparable de las mejores vistas
de los amaneceres en rojizo y anaranjado, más impresionantes que se podían
disfrutar. El olor a la humedad sobre las hojas , propio del rocío y el sereno
caído durante la noche, grandes acristalamientos que invitaban a disfrutar de toda la
inmensidad del campo sin apenas esfuerzo. Tiempo de paseos improvisados, desde
las primeras luces del alba , hacia los pueblos cercanos , convirtiendo
aquellas maravillosas excursiones , en todo lo que se necesitaba para pasar
desapercibidos, como si fuesen meros turistas. Sin llamadas intempestivas, sin
sonido de bombardeos nocturnos ni sirenas de aviso, sin servicios extras. Sólo
dos personas en un mundo a parte , tratando de encontrar un hueco en un mundo
azul oscuro creado por ellos , en una
burbuja real pero diferente , en donde poder aislarse de todo y todos aunque
sólo fuese durante un tiempo, pero que les permitiría seguir adelante .
Y pese al paso inexcusable del tiempo, aquel rincón
en medio del campo se mantenía, como si nada hubiera pasado, abierto a todas
las nuevas y viejas posibilidades de encuentros para aislarse o simplemente
cambiar de aires. Y hoy , como entonces, la oferta , con ella, seguía en píe.
Pero como todo momento bucólico, la realidad se abría paso simplemente por ser
ella, sin necesidad de pedir permiso, sin excusas.
·
FRANK: Sinceramente , hubiera preferido que la
llamada no hubiese sido tan urgente. Ello sólo puede significar una cosa . Y
conociéndote , muy mal deben andar las cosas para que recurras a mí.
·
HEYDEN: Yo también hubiera preferido no hacerlo,
pero no es que anden exactamente mal, podrían ir peor pero el tiempo no juega
precisamente a mi favor, y lo que necesito
no puedo conseguirlo por mí misma.
·
FRANK:¿ Lo que necesitas tú o ellos?
·
HEYDEN: Yo, en algo de ellos. Pero necesito
saber con cuánto tiempo real cuento.
·
FRANK: Dime.
·
HEYDEN: Necesito que contactes con tu gente en
Brasil. Algo se está preparando con mucha prisa, con ofertas a locales.
Probablemente con gente de Dos Guararapes
y de Sao Paulo.
·
FRANK: ¿Qué es lo que estás buscando
exactamente?
·
HEYDEN: Fechas, una casa , grande fortificada de
aspecto y posiblemente en un lugar aislado y alto. Algo que le permita tener
visión de alrededor, pero en medio de una zona boscosa probablemente. Le
interesa pasar desapercibido. Barcos con necesidades especiales, mercantes de
gran tamaño preferiblemente y gente dispuesta a transportes por carretera.
·
FRANK: ¿Juegas con algún margen en fechas?
·
HEYDEN: No. Pero algo han debido decirle . Le
corre mucha prisa liquidar todo lo que tiene aquí, y no puede hacerlo. No sin
que salte la liebre.
·
FRANK: Así que ¿jugando con fuego?
·
HEYDEN: Sólo me aproveche de la incapacidad de
sus contables. Él aún no lo sabe, pero tiene demasiados contactos en todas
partes y no sé cuánto tiempo pueda retrasarlo.
·
FRANK: Haré un par de llamadas y hablaré con
alguna gente allá. ¿Un pez gordo?
·
HEYDEN: Te sonará familiar. John Bourke.
Sintiendo su gesto de suma sorpresa, ella no pudo
evitar mirarle entonces, previendo lo que abría de decirle a continuación.
·
HEYDEN: Lo sé.
Su gesto de sorpresa pasó a ser de preocupación.
·
FRANK: No. No lo sabes.
·
HEYDEN:
Sé lo que necesito saber y punto.
·
FRANK: ¿Sabes cuántas veces la DEA, el FBI e
incluso la gente de la CIA ha intentado atraparle contando con nosotros?
·
HEYDEN: No, eso no lo sé pero la Agencia sólo
necesita de mí fechas .
·
FRANK: Y si tú ya estás haciendo tu trabajo, ¿a
qué vienen esas prisas?
Ella le retiró de nuevo la mirada volviendo a su
punto de atención en el horizonte , donde los columpios del parque infantil ,
permanecían tranquilos.
Él, cayendo en la cuenta, se echó las manos a la
cabeza.
·
FRANK: Dime que no es lo que estoy pensando. –
pero su silencio fue la respuesta esperada- ¡Dios Heyden!
·
HEYDEN: Tengo la casi seguridad de que yo
terminaré allí de alguna u otra forma, pero hasta ahora no consigo averiguar
mucho más, y el agente de contacto que tengo dentro es alguien que se supone de
su confianza , pero tampoco le suelta demasiado. Él está convirtiendo esto en
algo personal, y sé que puedo extraer mucho más de lo que he hecho, pero
necesito tener alguna ventaja.
·
FRANK: Eso tío ha hecho negocios donde la cifra
de la que se ha hablado superaba muchas veces el PIB de algunos países . Y sí,
tiene muchos contactos.
·
HEYDEN: Sé que no tardará demasiado en averiguar
quién soy, y para entonces , quiero que no sea capaz de desprenderse de
mí. Su mente no difiere mucho más de la
del resto de los hombres con un objetivo, pero el de él es ciego. Sé lo que
quiere y como, y esa será la forma de convertime en imprescindible.
·
FRANK: Nadie lo es para él.
·
HEYDEN: Cierto, pero la duda se lo comerá por
dentro antes de decidir si deshacerse de mí, y eso es tiempo que juega a mi
favor.
·
FRANK: Has perdido la cabeza, y ellos también
por proponértelo.
·
HEYDEN: Saben que no tengo nada que perder, que
no arriesgo gran cosa. Sabían que aceptaría por como soy . Supongo que en eso acertaron.
·
FRANK: Es posible, pero yo también sé cómo eres,
y sólo por eso haré lo que me pides, pero tendrás que aceptar una sola
condición.
·
HEYDEN: ¿Cuál?
·
FRANK: Vente a casa unos días. Yo pediré un
permiso y me encontraré contigo allí. Si estamos hablando de que en esto estás
sola y de que ese tipo está de por medio, necesitarás algo más que información
para ganar ese tiempo del que hablas.
·
HEYDEN: Pero……..
·
FRANK:
Revístelo como algo familiar, háblate
con David. Que vengan desde el despacho. Sólo serán unos días.
·
HEYDEN: ¿Incluida Liz?
Él bajó la cabeza y respiró hondo.
·
FRANK: Sí, incluida ella, si quiere. Viniendo con ellos , la Agencia no
sospechará. Yo procuraré salir en cuanto tú me confirmes la fecha de salida de
ellos. Ve a Nueva York y habla con David.
Convéncele para que salga del despacho.
Aunque reticente, decidió aceptar. ¿Cómo negarse
cuándo para poder sacar algo en claro, se encontraba más en sus manos que
nunca?
No mucho más larga fue la conversación ni la
visita.
El siguiente paso y destino, en busca de David.
Apenas sin tiempo , volvió al hotel y tras ducharse y cambiarse de ropa, volvió
al Aeropuerto para intentar que le localizaran una plaza libre en el primer vuelo con destino a
la ciudad residencia de su hermano. Por suerte , ese primer vuelo no iba
lleno y poco después de estar en la
ventanilla de facturación a la espera de un milagro, lo siguiente, fue correr
hacia la de embarque puesto que el avión apenas cerraba puertas en diez
minutos.
Tiempo nada propicio y caos en la ciudad. Algo a lo
que los neoyorquinos estaban más que acostumbrados cuando las lluvias lo
cubrían todo, pero que a ella sólo le suponía retrasos que en ese momento no
podía permitirse. Actuar totalmente contrarreloj y sin haber pensado aún que
podía contarle a David para convencerle de que aceptase marcharse unos días.
Tras intentar localizar un taxi libre, se dirigió
directamente al despacho, pero , pese a mantenerse las luces encendidas y la
puerta abierta de la oficina, no parecía haber nadie salvo el personal de
limpieza.
Apurada y empapada
hasta chorrear agua a través de la ropa, tras atravesar los cubículos
que se encontraban como antesala del pasillo que la llevaba al despacho de su
hermano, vio la puerta del mismo abierta y luz, corriendo hasta la puerta y
empujándola para terminar de abrirla, pero allí, ya no había nadie.
Sin embargo , no se encontraba sola en la planta.
Volvió a salir al pasillo para intentar averiguar si Michael estaría en su
despacho, y al ver luz a través del cristal situado encima de la puerta, tocó
ligeramente y abrió pero nada más hacerlo, se quedó paralizada por la sorpresa.
Efectivamente, Michael se encontraba en su despacho
pero no estaba solo. La imagen de Liz sentada en el filo de la mesa ,
semidesnuda, abrazándolo por completo y rodeándolo con sus piernas mientras él se hacía con su cuerpo, le resultó
sorpresivamente turbadora. Sin apenas
haber asumido lo visto, la pareja se detuvo en seco al escuchar la puerta
abrirse . Liz se limitó a soltar a
Michael y dejarse caer sobre la mesa , mientras él sólo cerraba los ojos
y trataba de recomponer la situación, y Heyden, de la misma forma que entró
silenciosa en la estancia, volvió a salir de ella sin musitar una sola palabra,
cerrando la puerta tras de sí,
dirigiéndose al despacho de su hermano.
Dejó las cosas en el suelo, cerca de la puerta, y
aprovechando que su oficina contaba con un baño completo , le cogió una de las
toallas del armarito para secarse como podía . Sentada en su silla mientras
trataba de secarse el pelo, llamó a su hermano por teléfono. Se encontraba en
un conocido restaurante , en medio de una cena de negocios. Como no quiso
interrumpirle, trató de quedar con él después de la misma en el hotel dónde
pensaba pernoctar, pero él le insistió que fuese a su casa, la cual no había
tenido oportunidad de conocer en todos aquellos años dadas sus visitas fugaces.
Tras un debate dialéctico en el que David resultó el ganador indiscutible, y convencida de que no podía negarse al menos
esta vez, mientras se despedía de él , Michael entró silenciosamente en el
despacho quedándose en la puerta. Una vez ella hubo colgado , apoyó su espalda
en la silla y esperó pacientemente a que fuese él quién dijese la primera
palabra, pero como no parecía haber solución de continuidad al respecto , ni
intención para ello, quizás porque las palabras no eran tan fáciles de buscar,
decidió ser ella quién rompiera el hielo.
·
HEYDEN: Vine a buscar a David.
·
MICHAEL: Está en una reunión de trabajo.
·
HEYDEN: Lo sé.
He recibido una invitación para todos. Unos días de descanso en Italia,
en la casa de un viejo amigo. Me gustaría que fueseis también vosotros ya que lo hizo extensivo.
·
MICHAEL: ¿Un viejo amigo?
·
HEYDEN: Me lo he vuelto a encontrar hace poco.
Necesitaba abrir su casa en La Toscana por unos días y nos invitó a todos.
·
MICHAEL: ¿Incluso a los que no conoce? Que
generoso tu amigo.
·
HEYDEN: Mucho. Siempre lo ha sido. – se levantó
de la silla dispuesta a marcharse , pero él la detuvo –
·
MICHAEL: ¿No vas a preguntarme?
·
HEYDEN: No creo que deba ni me importe en
realidad. Por lo que a mi respecta , sois dos personas adultas que sabéis lo
que estáis haciendo, o por lo menos eso es lo que me gustaría pensar respecto a
ti. Con ella , me temo que no estoy tan segura.
Ella se acercó a la puerta con la intención de
marcharse , y de nuevo, palabras suyas la volvieron a detener justo cuando se
disponía a cruzarla.
·
MICHAEL: Heyden..
· HEYDEN : - Con la mirada puesta en el pasillo,
Liz salió a la puerta y con rostro de circunstancia , quedó apoyada en la
moldura- Ella no es como yo o como las
mujeres que estás acostumbrado a tratar. Sólo espero que de verás, le hayas
dejado claro de lo se trata.
Y siguió adelante sin decir nada más , ni siquiera
a su amiga a la cual se limitó mirarla brevemente mientras pasaba por su lado.
Conforme llegó al edificio dónde vivía su hermano,
el portero la acompañó y le abrió con su llave ya que éste había recibido aviso
de que ella se presentaría.
Sólo una palabra podría definir lo que se abría
ante sus ojos. Aquella que siempre le había definido , y que el éxito
profesional y el dinero acumulado no le habrían descabezado como principio de
vida : sobriedad.
Indiscutiblemente situado en uno de los puntos
neurálgicos de la ciudad , lo cuál se podría justificar por una simple cuestión
de accesibilidad laboral , la sencillez en tonos blancos , grises y negros, un
diseño minimalista y un gusto casi exagerado por los espacios abiertos, le
daban la seña de identidad de que su hermano, pese a los años, seguía disfrutando
de las mismas cosas, incluyendo de amplias vistas a un horizonte en vertical y
apabullante que todo lo puede, por lo que no podía esperarse menos , de que
casi hubiera escogido el edificio por su altura , y el piso por ser el ático , que por cualquier
otra ventaja .
Sin querer curiosear demasiado, si deambuló por las
habitaciones . Ordenado, casi impoluto. Como si en realidad quién viviera en él
fuera un piloto de aerolíneas muy activo y solo, o sencillamente, no viviera
nadie.
Disfrutada la visión general de la residencia, se
dispuso a disfrutar de las vistas sentada en uno de los sillones cercanos a los
ventanales, pero previamente, para hacer más vibrante las sensaciones, apagó la
luz.
Un par de horas después llegaba David , el cual,
extrañado por la oscuridad, dio al
interruptor viéndola cómodamente sentada . Al ver que no se percataba de su
presencia, que no se movía, pensó que podría encontrarse traspuesta , y con
cuidado se le acercó. Y efectivamente, tal y como había supuesto bien, se encontraba
dormida con su cara reflejada por las luces exteriores .
Con el anverso de la mano , mientras le retiraba un
mechón de pelo del rostro, aprovechó para acariciarle y que se despertase con
la caricia, pero sin éxito. Cambiando de táctica, se acercó a su frente, y como
antaño hiciera cuando no eran más que unos críos, la besó en la frente,
surtiendo efecto .
Aquellos ojos adormilados y casi infantiles , que
trataban de recomponer la situación en la que se encontraba su portadora, vio
el rostro de un apuesto hombre de ojos vivos y deliciosa sonrisa , que le daba
las buenas noches.
·
DAVID: Realmente me ha dado pena despertarte.
·
HEYDEN: Ni me había dado cuenta. ¿Qué hora es?
·
DAVID: - sentándose en el reposabrazos del sofá-
Las doce. Lo siento , no pensaba llegar tan tarde, pero por una vez que tengo
prisa, son los clientes los que tenían ganas de continuar.
·
HEYDEN: No te preocupes- trataba de decirle
mientras se recomponía y se sentaba bien – La verdad es que estoy algo cansada.
Llevo un par de días de mucho ajetreo y no duermo demasiado bien.
·
DAVID: Entonces será mejor que lo que haya que hablar lo dejemos para
mañana. Te enseñaré la habitación de invitados, aunque supongo que a la hora
que llegaste ya lo habrás visto todo.
·
HEYDEN: No espera. Quiero decir que sí, estuve
dando una vuelta. Y no, mejor no lo dejemos para mañana. Probablemente tengas
que cambiar algunos planes y debas hacerlo mañana.
·
DAVID: - Está bien – se sentó al lado de ella-
soy todo oídos.
·
HEYDEN:
¿Recuerdas a Frank? ¿Frank Martin?
·
DAVID: ¿El
enfermero olímpico?
·
HEYDEN: El mismo. Me lo encontré después de
mucho tiempo, y me invitó a pasar unos días en su casa de La Toscana.
·
DAVID: Ah bien ¿Y?
·
HEYDEN: Pues que lo hizo extensivo a ti , a Liz
y por supuesto a Michael.
·
DAVID: Lo de Liz puedo entenderlo, y lo tuyo por
descontado ¿pero los demás?
·
HEYDEN: Le encanta tener gente en casa. Además ,
le parecía descortés no hacerla extensiva .
·
DAVID: La propuesta es interesante , pero… estoy
muy liado en este momento, no puedo permitirme coger vacaciones.
·
HEYDEN:
No serán exactamente vacaciones, sólo un par de días.
·
DAVID: Me encantaría, pero sabes que no puedo.
Pero seguro que Michael y Liz irán encantados.
·
HEYDEN: Eso seguro- dijo en un tono casi
imperceptible – pero me gustaría que fueses tú, sería una gran oportunidad para
estar juntos unas horas al menos. Hace tanto que no lo estamos.
Aunque en principio pareciera convencido de que no
se lo pudiese permitir, y siendo verdad que en aquel tiempo su trabajo no le
permitía escaparse por más que quisiera, el tono rogatorio de su hermana, y la
forma en que se lo pedía nada más mirarla a los ojos, le hacía dudar. Lo
siguiente que ella le diría, sería determinante.
·
HEYDEN: Una vez me dijiste que si te necesitaba
acudiese y te lo pidiese. Bien, ahora te necesito, ¿Cumplirás con tu palabra?
David, observándola, se sumergió en una duda
acuciante durante unos instantes.
Sus obligaciones le reclamaban casi todo el tiempo,
pero bien cierto era , que también él se había quejado de que su
distanciamiento casi se debía más a las ocupaciones de ella que a él mismo. Sea
como fuere, la oportunidad de poder disfrutar de su compañía , estaba a la
vuelta de la esquina . Sólo serían dos días, lo suficiente para ponerse al día
pensó él.
A punto del bloqueo mental, y mientras pensaba en
cómo mover su agenda para los dos próximos días , no tuvo más remedio que
decirle que sí, ante la consiguiente respuesta satisfactoria de ella ,
lanzándose a sus brazos con una enorme sonrisa que le hacía brillar el rostro.
Habiéndose dado el visto bueno que faltaba, una vez
se encontró en la habitación de invitados, una llamada a Frank le confirmaría
el día de partida. Todo estaba listo. La rueda había comenzado a girar, al
antojo de quién más lo necesitaba en ese momento: ella.
Ana Patricia Cruz López
Todos los derechos reservados.

Esa escena donde Heyden descubre a Mike y Liz fue sensacional, magnifica, excitante, sin igual.
ResponderEliminarGracias Amada mía esta lectura es exquisita como todas, a sus pies como siempre.