sábado, 31 de octubre de 2015

UNA HISTORIA INACABADA. CAPITULO DECIMO SEGUNDO. PRIMERA PARTE . Encontrando la realidad frente al espejo ( Registrado en SAFE CREATIVE JUNIO 2015)

CAPITULO DECIMO SEGUNDO (Primera parte)

“  Me creí valiente  ante todo,
y sin embargo,
me he convertido en lo más indefenso entre tus brazos.
Una mirada tuya capaz de desarmarme,
Capaz de atrapar mi alma sin que pueda hacer nada por evitarlo.
Sentimientos que creí olvidados en el cajón de mi mente,
Al que ahora descubro, que jamás cerré con llave” .

ENCONTRANDO LA REALIDAD FRENTE AL ESPEJO


Créditos a quién corresponda
Descentrada de forma involuntaria, su cabeza se manejaba entre las olas de la indecisión y de los sentimientos encontrados.
Sólo le quedaba el consuelo de mantenerse ocupada con clases casi todo el tiempo. La excusa perfecta para no tener casi que pensar en cómo afrontar lo que siempre quiso saber y ahora le resultaba  terrible. Terrible por el miedo que la acuciaba y se hacía con ella por completo.
Durante los silencios entre clases, sólo podía pensar en una cosa , una de esas ideas recurrentes que a veces se le aparecían  y que parecían volvérsele en contra respecto a  sus verdaderos deseos . ¿Hubiera sido preferible continuar ignorante de aquella faceta de su vida que se empeñaba en recordar?

Cuatro de la tarde. Última clase del día. Sarah se encontraba sentada en el filo de la mesa  leyendo un párrafo de un libro que permanecía abierto de par en par delante de ella. En un momento dado se detuvo, respiró hondo, y comenzó su disertación.


“ PROCTOR : (temblando , su vida derrumbándose a su alrededor): Yo la he conocido , señor, yo la he conocido.
DANFORTH: usted………..¿usted entregado al adulterio?
FRANCISCO: (horrorizado): juan, tú no puedes decir tal……
PROCTOR: ¡Oh, Francisco, quisiera que tuvieses algo de malo en ti, para que pudieses entender!
DANFORTH: (Alelado) : ¿Cuándo…. En qué época? ¿Dónde?
PROCTOR: (su voz a punto de quebrarse, grande su vergüenza): En el sitio apropiado…..donde se acuestan mis animales. En la noche que puso fin a mi alegría, hace unos ocho meses atrás. Ella trabajaba en nuestra casa. (tiene que apretar los dientes para no llorar). Un hombre  puede creer que Dios duerme, pero Dios lo ve todo, ahora lo sé. Le ruego, señor, se lo ruego…., mírela tal como es. Mi mujer, mi buena y amada esposa, poco después tomó a esta muchacha y la echó a la calle ( está agobiado) Perdóneme, Excelencia, perdóneme se lo ruego. ( Enojado consigo mismo, vuelve la espalda al Comisionado por un momento. Luego, como si el grito fuese el único medio de expresión que le quedase.) ¡Pretende saltar conmigo sobre la tumba de mi mujer! Dios me ayude, obedecía  la carne  y en esos sudores quedó hecha una promesa . pero esta es la venganza de una puta , y así tienen que verlo : me pongo enteramente en vuestras manos.
DANFORTH ( pálido, horrorizado, volviéndose a Abigail): ¿Niegas esto, palabra por palabra, hasta su punto final?
ABIGAIL: ¡Si debo contestar a eso, me iré de aquí y no volveré jamás ¡ (Danforth parece inseguro).
PROCTOR: ¡He hecho de mi honor una campana! He tañido la ruina de mi reputación. ¡Tiene que creerme a mí, señor Danforth!
ABIGAIL: (adelantándose a Danforth ) ¡Esa no es forma de mirarme! (Danfoth no puede hablar) ¡No permitiré que me miren así! (Se vuelve y se encamina hacia la puerta.)
DANFORTH: ¡No te muevas! (Herrick le corta el paso. Ella se detiene junto a él, sus ojos despiden fuego) Señor Parris, traiga aquí a la Señora Isabel Proctor.
PARRIS: (Objetando): Vuestra Excelencia, a mí no me parece…………..
DANFORTH: (bruscamente a Parris) : ¡Tráigala! Y no le diga una sola palabra de lo que aquí se ha hablado. (Parris sale)Ahora tocaremos fondo en este pantano . ( A Proctor) Su mujer ,dice usted, es mujer honesta.
PROCTOR: en su vida jamás ha mentido , señor . mi mujer no puede mentir.

DANFORTH: Y cuando ella echó a esta muchacha de su casa ¿la echó por prostituta? Bien , pués ( A Abigail) ¡Si ella me dice que fue por eso, criatura, quiera Dios apiadarse de ti! ( Alguien golpea. Hacia la puerta ) ¡Un momento! ( A Abigail) : De espaldas, de espaldas.( A Proctor) Haga lo mismo. (Ambos se vuelven de espaldas. Abigail con indignada lentitud). Ahora, ninguno de ustedes mirará a la señora Proctor. Nadie en esta habitación dirá una sola palabra, ni hará un gesto de sí o de no. ( Se vuelve  hacia la puerta y llama): ¡Adelante! (Se abre la puerta . Entra Isabel con Parris, Parris la deja. Queda ella sola , sus ojos buscando los de Proctor) Señor Cheever, tome nota de esta declaración con toda exactitud . ¿Está listo?
CHEEVER: Listo, señor.
DANFORTH: Aproxímate,  mujer. (Isabel se le acerca echando una mirada hacia Proctor , que está de espaldas.) Mírame sólo  a mí, no a tu marido. Sólo a mis ojos.
ISABEL: (Débilmente) Bien. Señor.
DANFORTH: Se nos ha hecho presente que en cierta ocasión, despediste a tu sirvienta Abigail Williams.
ISABEL: Es verdad, señor.
DANFORTH: ¿Por qué causa la echaste? ( Breve pausa. Luego Isabel  trata de mirar a Proctor.) mirarás sólo a mis ojos y no a tu marido. La respuesta está en tu memoria y no necesitas ayuda para dármela . ¿Por qué echaste a Abigail Williams?
ISABEL: (Sin saber qué decir, presintiendo algo, se humedece los labios para ganar tiempo) : Ella….no me satisfacía. Ni a mi marido.
DANFORTH: ¿Por qué no te satisfacía a ti?
ISABEL: Ella era……….(mira a Proctor en busca de una clave.)
DANFORTH: ¡Mujer, mírame a mí! ( Isabel lo hace) ¿Era una despilfarradora? ¿Floja? ¿Qué inconvenientes causó?
ISABEL: Vuestra Excelencia, yo……….para esa época estaba enferma. Y yo……….mi marido es un hombre bueno y recto. Nunca se emborracha como otros, sino que siempre trabaja. Pero durante mi enfermedad………yo estuve enferma largo tiempo después de tener a mi último hijo  y creí ver que mi marido se alejaba algo de mí. Y esta muchacha…( se vuelve a Abigail).
DANFORTH: Mírame  a mí.
ISABEL: Sí, señor. Abigail Williams……..(No puede continuar)
DANFORTH: ¿Qué hay con Abigail Williams?
ISABEL: Llegué a creer que ella le gustaba. Y así una noche perdí el juicio, creo, y la eché a la calle.
DANFORTH: Tu marido……..¿Se alejó realmente de ti?
ISABEL: (torturada) : Mi marido…………..es un hombre de bien , señor.
DANFORTH: Entonces , ¿no se apartó de ti?
ISABEL: ( comenzando a mirar a Proctor) : El………..
DANFORTH: (Extiende su brazo y tomándole la cara) ¡Mírame a mí! ¿Sabes tú si John Proctor  cometió alguna vez el crimen del adulterio? (En una crisis de indecisión, ella no puede hablar.) ¡ Contéstame! ¿Es tu marido adúltero?
ELISABETH: (débilmente) : No , señor.
DANFORTH: Sáquenla de aquí, alguacil.
PROCTOR: ¡Elisabeth, di la verdad!
DANFORTH: Ha declarado. ¡Sáquenla de aquí!
PROCTOR : (Gritando): ¡ Elisabeth, lo he confesado! ( la puerta se cierra  tras Elisabeth)¡Ella sólo pensaba en salvar mi nombre!”

•             SARAH: Las Brujas de Salem. Arthur Miller . – cerró el libro , dejándolo su mano durante un instante sobre la tapa envejecida y rugosa, con las letras del título en dorado incrustado en la portada- Costumbres, creencias, sentimientos, instintos,  principios, moral, religión y fanatismo. Todo absolutamente normal en nuestros días , pero que dependiendo del contexto histórico dónde nos encontremos  a todos ellos, una auténtica bomba de relojería . Como una obsesión se convierte en el peor arma mental  en cuanto la persona, inmadura o no, se enfrenta a una situación de rechazo frontal del objeto vivo que centra su conducta obsesiva, sobre todo cuando este le otorgó por error falsas esperanzas. La verdad. ¿La política y socialmente correcta  o la que subyace según los hechos ? Miller a través de un supuesto esquema básico, nos propone una historia completamente atemporal y llena de metáforas en torno a las que podemos viajar y hacer uso de nuestra conciencia. Subjetivo concepto de justicia , cuando los que han de juzgarnos, son los que se consideran padres de los principios sociales por los que se supone que debemos regirnos.- dirigiéndose a los alumnos- ¿Cuál creen ustedes qué es el esquema base propuesto?

Una de las alumnas situada en la parte elevada de la clase, alzó la mano. Ella le dio permiso para contestar con un gesto de su cabeza.

•             ALUMNA: Comunidad fervientemente religiosa en la que un hombre cae ante las tentaciones de una cría que trabajaba en su casa , y cuando ella ve que no consigue nada, decide vengarse con algo creíble en aquella  época , acusando a su esposa de brujería, creyendo que así podría recuperarlo.
•             SARAH: Así que según lo explicado por usted, ¿podríamos resumirlo como la venganza en mitad de un triángulo amoroso o va más allá?
•             ALUMNA: Creo que va mucho más allá.

Continuó preguntándole.

•             SARAH: Continúe por favor.
•             ALUMNA: Creo que durante mucho tiempo, esa obra ha sido entendida como un trato ejemplificador  en contra de la mujer. De que entre nosotras somos o podemos ser las peores víctimas de nosotras mismas,  sobre todo cuando hay sentimientos de por medio, pudiendo abarcar hasta la locura, mientras que el hombre es representado de forma mucho más fría y distante , de carne débil capaz de caer en las tentaciones, pero ese es casi su único pecado. Sin embargo, conforme más se estudia la obra, aunque claro depende del estudioso que lo haga, puede ser una metáfora cambiante de la verdad , y de que como en realidad el arrepentimiento puede ser la única salida que le quede al ser humano , aunque no siempre surta efecto. No es una simple cuestión de sexos , en realidad usa al hombre y la mujer  como metáforas de lo que es y debe ser.

Una vez hubo terminado , y sin que ella le hubiese dejado de prestar atención ni por un segundo, prosiguió con la clase.

•             SARAH: Arthur Miller y sus metáforas. Ciertamente  la verdad vista desde una contextualización social , y el peso de la duda conforme el grupo estima y ve al individuo que forma parte de él. Aparentemente , como bien decía la compañera, el esquema es básico y sencillo. Un matrimonio en crisis, una tentación joven que se obsesiona con el hombre para el que trabaja, una esposa que lo descubre y la despide, y una venganza usando el propio juego del que disfrutaba con sus amigas , implicando en la rueda  a medio pueblo, aprovechando las creencias fanático-religiosas de la época y la comunidad. Ese sería el esquema de una novela normal a priori, pero efectivamente , Las Brujas de Salem , usada como ejemplo y lectura tipo a lo largo de los años , nos lleva mucho más allá.  Nos presenta la situación nada hipotética de como modulamos nuestra vida a lo que impone el grupo social reducido en el que nos movemos , y como salirse de esas normas establecidas, seamos fundadores o no del mismo, conlleva una responsabilidad y unas consecuencias. Nos enseña como una conducta que según ciertas culturas poligámicas, incluso actuales, estaría muy bien vista, o simplemente una decisión libremente adoptada hoy en día por cualquier ser humano comprometido o no,  que se vea envuelto en un momento de raciocinio o de simple impulso, conlleva una sucesión de arrepentimiento con castigo , atacando lo que en principio más duele. ¿Lección moral? Hace unos años , quizás Miller fuera visto así. – comenzó a dramatizar su argumentación - ¡Fijaos comunes mortales lo que puede pasaros si caéis en las tentaciones mundanas de la carne. Sobre vosotros  se fundirá toda la cólera de Dios , y os arrebatará aquello que más queréis en este mundo convirtiendo vuestras vidas en un infierno! Pero ¿ y hoy? Las Brujas de Salem ha pasado por convertirse en la mayor y cruel sátira de aquello que socialmente unos hombres con influencia acaban convirtiendo en reglas de costumbre o convivencia. La lucha descarnada porque sobreviva la verdad por encima de todo, el ánimo de supervivencia cuando no queda más salida. La angustia de quién sufre la opresión de quiénes le rodean , usando a Dios , un dios propio y colérico ante el incumplimiento de las normas, como la excusa perfecta para justificar una limpia en base al testimonio  de una cría enloquecida y vengativa.   ¿Es el espíritu humano en mitad de un momento de locura no razonado, capaz de no permitirnos medir las consecuencias de nuestros actos, y sólo cuándo nos damos cuenta que hemos entrado en mitad de esa vorágine de sucesos provocados por nosotros mismos y de los cuales no tenemos salida, llegamos a creernos tanto el papel que todo da igual y sólo nos importa continuar por miedo a las represalias ?

Y tras continuar un ávido debate sobre las impresiones que la obra había causado, el glorificado timbre  sonó , y ante  las ansias de muchos de sus alumnos por salir del aula casi corriendo,  ella les miró con aquel gesto característico que todos respetaban, y  como por orden automática, decidieron permanecer sentados.

•             SARAH: Dado que se supone que es una de las obras tipo que se encuentra en todo plan de estudio de bachillerato , en condiciones normales les pediría que me trajesen para mañana una valoración mucho más detallada y completa que la realizada por su compañera , la cual representarían aquí de viva voz, pero como también he sido alumna y he tenido compañeros , y sé perfectamente que algunas obras , al ser leídas por obligación dentro de planes de estudio pueden olvidarse o saltarse intencionalmente, y sabiendo que algunos de ustedes podrían  haber optado , por motivos varios, por ver alguna de las versiones cinematográficas en vez de leérsela, les daré un margen de tiempo algo más amplio. Tendrán dos días para traerme los análisis personalizados de la obra y no admitiré excusas de ningún tipo ni retrasos.

En silencio, les observó durante un instante. Sus ansias por salir de allí quedaba reflejada a la perfección en sus caras, pero para ella, que hacía años que también se había encontrado en su lugar, y tras hacer una barrida visual de toda su clase, sólo observaba las jóvenes mentes brillantes del mañana a la que ella se sentía afortunada de encumbrar y engrandecer. Inteligencias  nada fugaces , que en un futuro más o menos cercano, podrían ejercer sus profesiones libremente , sin presión social. Mentes libres , que divagaban entre las letras con auténtico espíritu crítico, pero que en realidad, continuaban siendo sólo, jóvenes inquietos con ganas de cambiar de aires , de momento, hasta el día siguiente, así que, si hacerles sufrir más, procedió a permitirles salir de una vez.

•             SARAH: Hasta mañana .

Con calma, recogió sus cosas y recompuso su maletín con la intención de dejar todo en el Departamento y marcharse a casa,  ya que quería dejar todo listo a tiempo de poder relajarse un poco antes de que Steve se presentase.

Dejando todo lo referente a la cena listo , decidió tomar una ducha , y al salir, en frente del armario, abriendo la puerta , se quedó inmóvil frente a su ropa cuidadosamente colocada en las distintas perchas. Y allí de píe, sin saber  bien por qué, pero tampoco sin necesidad de cuestionarlo, su mente viajó lejos de allí, a un lugar que  interiormente sabía que conocía aunque no fuese capaz de reconocerlo.

Una pequeña casa de tres alturas, típica londinense,  cuyo acceso se encontraba en la parte baja,  y por la que  para acceder a su cuerpo central,  habían de subirse unas estrechas y empinadas  escaleras.
No era demasiado grande, lo justo e ideal para un soltero.  Algo antigua aunque deliciosamente reformada.  Grandes vigas de madera cruzaban el techo de forma discreta, y desde ese piso central,  se podía contemplar el último piso , una especie de  buhardilla grande, en donde se encontraba un pequeño pasillo al aire que llevaba al dormitorio también en abierto.
Sarah estaba acostumbrada a ese tipo de casas por la moda de los loft en Nueva York. Grandes zonas industriales revalorizadas después de años de abandono . Grandes naves y edificios de no más de seis plantas casi en ruinas, reconvertidos en grandes salas y talleres de arte,  y en fastuosos apartamentos a precios más que rentables para quienes podían permitírselo.

Pero en aquella casa, lo cierto es que todo, absolutamente todo, se había adaptado al tamaño realmente disponible. El mobiliario se ajustaba dimensionalmente aprovechando  las puertas rodadas en vez de las abatibles. Pocos muebles y casi siempre empotrados.
Algo sí le llamó la atención, y reconoce que no era la primera vez que lo veía: la distribución del cuarto de baño respecto al resto de la casa. Podría pensarse en algo reducido y minimalista, y sin embargo, se notaba que  había preferido sacrificar metros del resto de la estancia a favor de colocar una bañera grande , acorde a su tamaño, un lavabo cuadrado de diseño no pequeño precisamente , y un wc estilo japonés de agua reciclada a través del lavabo.

Aunque Steve ya era un escritor de éxito desde que publicara su primera novela y   su carrera hubiera resultado imparable, todo el mundo sabía que provenía de una familia  de bien , de esas que con tal de conservar  el apellido y las tradiciones , procuraban encomendarse a todos los santos y demonios habidos y por haber,  con tal de tener varones entre su prole. No es que las mujeres estuvieran relegadas , pero cierto es,  que algunas tradiciones antiguas se conservaban, y en el tema de las herencias aún se producían graves discriminaciones, así como la moda , nunca perdida, pasasen los años que pasasen , de los matrimonios concertados.

Mientras Steve preparaba algo de cena ligera, Sarah , con su permiso, revoloteaba tranquila y curiosa por la casa. Unas pocas fotografías familiares colgadas o apoyadas en muebles. Y la gran estantería que cubría la totalidad de la pared del fondo del salón.
En ese punto de la casa,  sí que se podría decir que ella tenía verdadera curiosidad. Por los libros que presuntamente leía o por lo menos poseía, se podían extraer muchas conclusiones, y en este caso, a parte de los ya predecibles clásicos, el tema de la línea de libros dedicados a los artistas renacentistas le llamó poderosamente la atención.

Mientras él cocinaba, de vez en cuando levantaba la vista para observar qué hacía, disfrutando  de verla tocar con cuidado exquisito,   los filos exteriores de los clásicos, sobre todo de las ediciones más antiguas .

•             STEVE:  ¿Por qué no lo coges?

Siendo consciente del valor que aquellos volúmenes debían de tener en muchos aspectos, no se atrevía más que culminar la tentación de tocarlos por un lado y delicadamente.
Al ver que lo miraba sin atreverse, él le insistió.

•             STEVE: Si te sirve de consuelo,  más de uno se me ha caído de mis manos al suelo- ella lo miró casi como si hubiera cometido un atentado, apresurándose él  a contestarle- No fue a propósito, un accidente, no me dedico a tirarlos al suelo como si fuese un ruso con la vajilla, o un vikingo.

Con un trapo se secaba las manos mientras se acercaba a la librería. Sin pensárselo, cogió uno de los volúmenes con aspecto de antiguo. Un “Hamlet” que se reedito en 1920 conmemorativo. Se colocó el paño  sostenido por el cinturón,  lo abrió por una página concreta y comenzó a leer.

“HAMLET.- ¡Oh! ¡Si esta demasiado sólida masa de carne pudiera
ablandarse y liquidarse, disuelta en lluvia de lágrimas! ¡O el
Todopoderoso no asestara el cañón contra el homicida de sí mismo!
¡Oh! ¡Dios! ¡Oh! ¡Dios mío! ¡Cuán fatigado ya de todo, juzgo molestos,
insípidos y vanos los placeres del mundo! Nada, nada quiero de él, es
un campo inculto y rudo, que sólo abunda en frutos groseros y amargos.
¡Que esto haya llegado a suceder a los dos meses que él ha muerto! No,
ni tanto, aún no ha dos meses. Aquel excelente Rey, que fue comparado
con este, como con un Sátiro, Hiperión; tan amante de mi madre, que ni
a los aires celestes permitía llegar atrevidos a su rostro. ¡Oh! ¡Cielo y
tierra! ¿Para qué conservo la memoria? Ella, que se le mostraba tan
amorosa como si en la posesión hubieran crecido sus deseos. Y no
obstante, en un mes... ¡Ah! no quisiera pensar en esto. ¡Fragilidad! ¡Tú
tienes nombre de mujer! En el corto espacio de un mes y aún antes
de romper los zapatos  con que, semejante a Niobe, bañada en
lágrimas, acompañó el cuerpo de mi triste padre... Sí, ella, ella misma.
¡Cielos! Una fiera, incapaz de razón y discurso, hubiera mostrado
aflicción más durable. Se ha casado, en fin, con mi tío, hermano de mi
padre; pero no más parecido a él que yo lo soy a Hércules. En un mes...
enrojecidos aún los ojos con el pérfido llanto, se casó. ¡Ah!
¡Delincuente precipitación! ¡Ir a ocupar con tal diligencia un lecho
incestuoso! Ni esto es bueno, ni puede producir bien. Pero, hazte
pedazos corazón mío, que mi lengua debe reprimirse.”

Lo cerró, y mirándola satisfactoriamente, se lo ofreció.  Ella aún tenía el sonido de su voz en su cabeza. Un sonido parsimonioso, acompasado, sin prisa pero sin pausa. Deseoso de ser escuchado, se le notaba acostumbrado a generar la misma reacción , aunque quizás no la esperase de ella. Al ver que Sarah dudaba en recogerlo, él cambió de táctica de convencimiento.

•             STEVE: Si no te decides a cogerlo no cenaremos .

Ella se lo cogió finalmente. Y él volvió a retomar lo que estaba haciendo.

•             SARAH: ¿Dolido con la debilidad que representaba la mujer en la persona de su madre o con el mundo por lo que él consideraba un maltrato a su padre?
•             STEVE: Si nos ceñimos a la historia, yo diría que dolido con su madre y sus defectos los generaliza al resto del universo femenino.
•             SARAH: Gran contradicción de quien fue amado hasta la locura por alguien de dicho sexo.
•             STEVE: Lo que demostraría que el gran poeta indudablemente era poeta del amor más allá de sus sonetos.
•             SARAH: Sí claro, con su visión tan particular de las relaciones entre sexos y del papel de la mujer en ellas …..

La derivación de aquella conversación comenzó a picar la curiosidad de Steve, y mientras ella le ayudaba a colocar las cosas en la mesita de la cocina, continuaron hablando del mismo tema.

•             STEVE: ¡Ah! Me olvidaba. Es cierto que  contigo se montó un auténtico escándalo en la mesa debate de hace dos días  por tu visión extrapolada y exacerbadamente feminista .
•             SARAH: - sorprendida- Yo no soy feminista y menos radical.
•             STEVE: - Con una sonrisa irónica en los labios  mientras intentaba servirle vino- Sí claro. Llegaste a llamarle misógeno tapado , pero no, es cierto, no eres feminista radical ni lo extrapolaste.

Habiendo cogido el truco para que saltase y continuara sin darse cuenta de la provocación ni de su motivación por su ofuscamiento, él , habilidoso , continúo, y a cuanto más le decía, ella peor respondía.

•             SARAH: ¿Me quieres decir en cuál de sus obras hay una mujer que salga bien parada?
•             STEVE: Coriolanus, su madre.
•             SARAH: Pierde a su hijo, ¿a eso le llamas salir bien parada? Además  es una manipuladora nata de toda su familia  gracias a este señor. Su hijo un militar fascista peligrosísimo y ella la auténtica ideadora amante del poder.

Steve disimulaba como podía loa arranques de risa que se le venían de forma inesperada procurando taparse la boca con la mano o bien comiendo .

•             SARAH: En Macbeth casi es más oscura su esposa que él. En Henry VIII no hay ni una que escape bien, a la que no manda matar resulta que lo manipula  aunque termine mal parada. Y eso sin contar en cómo se convierten en objeto de cambio material de paz  firmada como en Henry V.

Sarah se dio cuenta de pronto que él apenas la miraba y que procuraba mantener la boca ocupada .

•             SARAH: ¿Te estás riendo?

Steve , al ser descubierto, decidió no ocultarse más.

•             STEVE: Lo siento, no puedo evitarlo. ¿Tú te estas escuchando? Y que conste que digo escuchando no oyendo. ¿Cómo alguien que afirma adorarle puede hablar así de él ? Sobre todo extrapolándolo a la actualidad de esa forma. Sabes perfectamente que fue arriesgado para su época. Las mujeres no tenían papeles importantes o destacados, eran meros muebles. Él jugó con la historia a su imagen y semejanza en base a lo que creía,  pero le dio a la mujer el protagonismo que debía cuando podía y como debía.
•             SARAH: Tener una opinión sobre algo o alguien no tiene por qué coincidir con qué adores lo que escribe o toleres de su literatura.
•             STEVE: Cierto, ni una opinión sobre un tema debe predisponer al que la tiene a no conocer ese tema. Es como la personalidad externa y la interna, o como valorar a las persona por lo que muestran exteriormente sin mirar nada más, haciéndote una opinión insuficiente de ellos.

Por un instante se hizo un silencio entre ambos. Steve parecía haber dicho algo que no sólo no estaba lleno de sentido , sino que parecía cargado de segundas intenciones.

•             SARAH: Pero a eso tendéis mucho ciertos  hombres respecto a ciertas mujeres. Os lleváis por lo que veis y sí os gusta os acercáis.  Sólo entonces cabrá la posibilidad de querer conocerla, pero será más la curiosidad que el interés real. Sin embargo, la graduación y el tipo de interés variará dependiendo de esa imagen externa y no me refiero sólo físicamente. Podemos hacer la prueba.

Interesado en gran medida por los derroteros de la conversación, se posicionó observándola fijamente , de frente a ella como estaba, con su espalda apoyada en la silla.

•             STEVE: Soy todo oídos.
•             SARAH: Dime lo que ves.

Él se extrañó por la pregunta y su gesto lo  delató.

•             SARAH: Sí, dime que es lo que tus ojos te transmiten. Tus sensaciones conmigo.

No pudo evitar reírse nerviosamente. Era una pregunta bastante difícil , no tanto por la posible respuesta sino porque habría de tener mucho tacto para responder.

•             STEVE: Es una pregunta demasiado comprometedora.
•             SARAH: ¿Así que te rajas? Que pena , pensé que en el fondo eras más atrevido, bueno esa es la impresión que me diste  la primera vez que te vi, cuando no dejabas de mirar a mis piernas y a mi trasero.

La sonrisa de ella al decir aquellas palabras  le provocaba mil sensaciones. ¿Su impresión? Que el juego por él comenzado tenía otra dirección. Mordisqueándose el labio con un gesto socarronamente incisivo como del que sabe perfectamente qué es lo que se quiere pero han descubierto mi plan, decidió jugar. Steve no soportaba un reto sin respuesta.

•             STEVE: Decidida, imponente, infranqueable. Segura de  ti misma hasta el punto de la autosuficiencia más desquiciante,  y perfeccionista hasta decir basta. Brutalmente franca y sincera. Sabes lo que quieres y vas a por ello , pero primero lo planificas, los pros y los contras, no te gusta dejar nada al azar, aunque sabes  que hay un pequeño margen de error que no puedes controlar, pero hasta eso lo tienes asumido.- el  rostro de ella cambiaba paulatinamente. La sonrisa socarrona fue dejando paso a una incredulidad extraña- No presumes de tus virtudes pese a tener muchas y con ellas disimulas tu posibles defectos. Desconfiada al principio hasta que tu instinto te da la luz verde, acostumbras a elevar un muro de pesado hormigón sólo derribado por quién tú permites. – A ella le costaba mantener fija la mirada, pero su gesto serio parecía demostrar que su juego no había salido como ella esperaba- ¿sigo?
•             SARAH: Por lo visto no soy la única que se maneja por instinto. No eres la primera persona que me define así, aunque no con tanto detalle, y menos en tan poco tiempo. Claro que supongo que a la hora de la verdad, es este tipo de definiciones llevadas a la práctica, las que terminan disuadiendo a más de uno de que yo pueda ser una opción para nada. ¿Directa? Sí, quizás demasiado , pero no sólo para hablar o en mi forma de entender la docencia universitaria en la rama artística. Soy directa porque puedo permitírmelo, sé lo que quiero porque me pasé mucho tiempo sin saber lo que quería y me cansé, y soy tan directa y abierta de mente que normalmente se me acaban asustando aquellos con los que me relaciono.
•             STEVE: Yo no.
•             SARAH: - no pudo evitar reírse- Ay Steve. Tú no sabes nada de mí, sólo lo que deduces, que por otra parte no está nada mal. Una mujer que piensa y actúa como yo se os acaba haciendo cargante. Una mujer abierta de mente , en todos los aspectos, empieza siendo un juguete apetitoso para tomar prestado, pero en cuanto entráis en el juego y veis , la mayoría por supuesto, que no estáis a la altura ,  salís huyendo porque no tenéis ni idea de cómo empezar , y no hablemos de cómo terminar.
•             STEVE: ¿Estamos hablando de intimidad?

La tensión comenzó a cargar el ambiente.

•             STEVE: Porque esa es la impresión que me está dando respecto a dónde estás llevando la conversación, y te aseguro que si tu intención es incomodarme con ello, lo único que consigues es avivar mi interés y mi curiosidad en ella.
•             SARAH: Hablábamos de impresiones, yo no pretendo provocar nada.
•             STEVE: Ah! Se me olvidaba un pequeño detalle. No sabes mentir. Y no hace falta que hables. Todo tu cuerpo habla por sí solo.  Estás acostumbrada a controlar todo ambientalmente, hasta que algo sale mal, o más bien contestatario .
•             SARAH: ¿Me estás acusando de provocarte?

Steve se incorporó con sus codos sobre la mesa, y aquella sonrisa socarrona volvió a su cara.

•             STEVE: Yo no acuso, afirmo. Pero no de ahora. Tú has empezado acusándome de no haberte quitado el ojo del trasero el primer día que nos encontramos, y ¿qué cabría decir de la que sabiéndolo me miró de la forma en que lo hizo y bajó aquellas escaleras convencida de que seguiría degustando de la vista de su trasero y sus piernas?
•             SARAH: ¿Así que esto es un juego y tú has decidido entrar en la partida? ¿Es eso?
•             STEVE: Dímelo tú. Fuiste quién lo inició.

Sarah sonreía sorprendida y casi sin reacción. Apenas le conocía, pero lo que tenía frente a ella era un Steve que le atraía mucho por aquella actitud , y no podía pero tampoco quería evitarlo.
Ella adelantó su cuerpo y también se apoyó sobre la mesa.

•             SARAH: Yo no fui la que se acercó a la mesa aquel día para conocer al otro.
•             STEVE: Pero sí quien lo estaba esperando.
•             SARAH: Lo tienes muy claro ¿verdad?
•             STEVE: ¿Y tú?

A cada pregunta suya , ella  iba quedándose casi sin posibilidad de continuación. Su rapidez de respuesta y reacción la dejaban casi sin posibilidad de asimilación.

•             SARAH: No eres real. – volvió a apoyarse en el espaldar- Estás interpretando el papel que sabes que me gustaría que  protagonizaras.

Él se puso de píe y caminó lentamente hasta desaparecer detrás de ella. Sólo un instante después, su voz, sorpresivamente insinuante y retadora, se hacía con ella desde su espalda.

•             STEVE: ¿Estás segura? ¿Pondrías toda tu confianza en mí sino fuera así?

Lejos de retirar sus manos, las mantuvo cuando,   sin esperárselo, él apoyó las suyas justo detrás casi depositando su cuerpo encima de ella, pero asegurándose el toque justo con absoluta precisión. Se acercó lo suficiente a su oído derecho, y antes de decir nada, sí observó que su respiración  se había  agitado un poco.

•             STEVE: No me has respondido Sarah.
•             SARAH: Me cuesta bastante confiar en la gente.
•             STEVE: Eso ya lo sé. Te lo preguntaré de otra forma ¿Serás tú misma si te demuestro que no es un papel ? Que soy tal y como me muestro ante ti, sin más. ¿Estarás dispuesta tú a arriesgarte y seguir jugando?

Sarah miró al frente  y pensó si arriesgarse o no.
Todo fue cubierto por una nebulosa hasta que observando una pieza concreta, un jersey de punto azul oscuro, lo cogió entre las manos y casi estrujándolo , se lo acercó a la nariz y cerró los ojos.

En mitad de aquella nebulosa que se negaba a marcharse , a abandonarla, el sonido de  los truenos de media tarde deparaban una de las primeras tormentas de aquel invierno. Trabajando en la mesa de la salita de su habitación en la residencia , sintió algo frío y húmedo bajarle por la espalda. De pronto , otra gota aparecía de improviso en su brazo.  Miró hacia el techo y comprobó que  la claraboya volvía a encontrarse  abombada por el agua acumulada de días anteriores.
Retiró el portátil y todo cuanto pudiese estropearse , buscó un taburete  más o menos estable y lo depositó encima de la mesa. Subida a ella, intentó llegar hasta la claraboya para abrirla hacia afuera y que soltase todo el agua antes de que se reventase de forma definitiva. Por más que lo intentaba, a parte del cerrojo que no se encontraba en muy buen estado y solía atascarse, le costaba mucho llegar , aunque se pusiese de putillas.

Steve fue a verla para entregarle algo y encontró la puerta de la habitación semiabierta. La empujó y la imagen que vio , lejos de resultarle habitual, le pareció una locura pero no dijo nada. Entró, dejó la chaqueta de cuero  colgada cerca de la puerta y se acercó sigilosamente a la mesa.  Sin perderla de vista no fuera a caerse, lo cual parecía lo más probable a juzgar por la escena, y cruzado de brazos , se dedicó a contemplar el espectáculo, aderezado por una espectacular  falda de vuelo corta y un jersey de punto azul oscuro de cuello alto. Una imagen embriagadora , que inútilmente , trataba de esforzarse en llegar a la claraboya, mientras él, justo debajo, disfrutaba de la visión de parte de su vientre y de su ropa interior.

•             STEVE: Creo que te faltan unos centímetros.

Sarah se sobresaltó , y antes de provocar que se cayera , él la sujetó por la piernas.

•             SARAH: Muy gracioso.
•             STEVE: ¿Nadie te ha dicho que hace mucho se inventaron las escaleras para evitar cosas como ésta?
•             SARAH: No tengo ninguna aquí y no me atrevía a llamar dada la hora.  Ya me habían advertido que podía pasar pero no imaginé que tan pronto. Apenas han comenzado las primeras lluvias.
•             STEVE: Baja de ahí antes de que te mates, déjame a mí. ¿Qué hay que hacer?
•             SARAH: La claraboya se abomba , así que hay que abrirla y empujarla hacia afuera para que expulse el agua.- Steve se subió a la silla con cuidado mientras ella trataba de explicarle el mecanismo- El problema es que el cierre está estropeado y cambiado de lado. -Steve ya tenía la mano en el cierre y trataba de girarlo- y si se abre para el lado equivocado el agua entrará en vez de salir- cuando él creyó que había logrado desatascarlo, ella miró lo que estaba haciendo y trató de avisarle, pero era demasiado tarde. La claraboya,  en vez de ir hacia fuera vino hacia dentro cayéndoles todo el agua encima , resultando él , el más perjudicado-  ¡Dios! Era a la izquierda no a la derecha, iba a avisarte cuando he visto que ya la tenías en la mano.

Mirando la escena y la cara de él como si fueses el espectador en una película, ella no pudo evitar reírse.

•             STEVE: Ah ya veo, te parece divertido.
•             SARAH: No me creerás,  pero sé que no lo es. Aunque no te has visto la cara. Anda , será mejor que te bajes de ahí , ¿dónde dejaste la chaqueta?
•             STEVE: En el perchero junto a la puerta.
•             SARAH: Voy a traerte una toalla y de paso la chaqueta. Sería mejor que te quitases la camisa , lo que faltaba es que te pusieses enfermo por mi culpa.

Al sostener la silla para que él bajase, ella le pilló mirándola . El agua la había alcanzado en parte de la cabeza ,  especialmente, en todo el frente de la camisa transparentándole.

•             SARAH: Como ves no eres el único que ha salido perjudicado.

Fue al cuarto de baño para buscarle una toalla del armarito, y antes de volver al saloncito, decidió lavarse la cara para quitarse los restos de agua sucia que se le habían caído encima.
Al volver, paró en el colgador de al lado de su puerta, una especie de pequeño habitáculo que servía al mismo tiempo de pequeño depósito.
Con la chaqueta en una mano y la toalla en la otra, fue a cerrar la puerta cuando sintió como un brazo  la acariciaba desde su espalda, rodeándola por toda la cintura hasta su vientre. Un frío helado le sobrevino recorriéndole la espalda, manteniéndosele,  cuando sintió el pecho desnudo de Steve junto a su cuerpo.
La respiración se le entrecortaba aún más. Le sentía,  pero no podía verle. No podía prever su siguiente movimiento. Y ella, con las manos ocupadas y sin reaccionar, sin poder soltar lo que portaban, sentía como  la boca se le secaba y no era capaz de que sus piernas respondiesen, aunque en sus adentros tampoco una retirada o maniobra esquiva entrase en sus planes.

•             SARAH: ¿Qué se supone qué estás haciendo?

Con la otra mano le apartó el pelo de uno de los laterales del cuello y acercó su rostro al de ella, sintiendo como su piel se erizaba sólo con sentir el roce de sus labios o su respiración.

•             STEVE: Hacerte caso.

Intencionalmente, él oscilaba su cuerpo unido al de ella sintiéndose con claridad el resto de su anatomía  gracias a pequeños  y sutiles empujones.
Sentir como los dedos de su otra mano , cual garras, se le clavaban en el muslo ascendiendo lentamente   por dentro de la falda, hizo que tirase lo que llevaba en las manos, cerrase los ojos , bajase la cabeza ligeramente, y se apoyase contra la moldura de la puerta del armarito.
Con su cuerpo ligeramente arqueado y a merced de él, le fue levantando lentamente el jersey  mientras mordisqueaba su espalda.
Incómoda y asfixiada por el cuello alto del suéter, ayudada por él, se lo quitó dejándolo caer. Apoyada sobre sus manos, sintió como él introducía una de sus rodillas entre sus piernas separándoselas ligeramente, decidiendo observar como lo hacía , mientras su boca se apoderaba del sabor de su piel.
Sin esperarlo, una mano en su cuello  tiró de la cabeza hacia detrás obligándola a apoyarla  en el pecho de él. Con la visión espectacular de la parte superior de su cuerpo erizado por completo y a priori entregado , mientras él disfrutaba de sus reacciones a cada iniciativa suya ,  iba introduciéndose por la cinturilla de la falda desde la cadera, acariciando su pubis por encima de su ropa interior. Unos labios femeninos y ansiosos entreabiertos que reclamaban atención, y unos ojos saciantes, que hacían excitar el cuerpo que los portaban, sólo con el seguimiento de su lengua cada vez que se los humedecía.

Recordando lo dicho por él aquella noche, una sola palabra y una mirada, le bastaron para obtener la respuesta que deseaba.

•             STEVE: Mírame.

Al girar su cabeza y ver aquel rostro complaciente, aquellos ojos claros brillantes y sentir el continuo roce de su piel , se dio la vuelta inesperadamente, apoyándose en la pared. Visualizar aquel cuerpo sabiendo que se encontraba a un paso de hacerlo suyo, sin pensar en nada más ni en nadie, sólo viviendo el instante , le resultaba más excitante incluso que el hecho mismo en el que acabaría la noche. Una mirada dulce y cómplice por su parte , contraste perfecto de sus arrebatos .
Una mirada directa a sus pantalones , mensaje revelador y entendido por él de que debía acercarse, pero detenido en su paso por las manos de ella directamente en su cinturón, que una vez desabrochado, fue retirado muy despacio ante su atenta mirada.

Él aún mirando como perdía el cinturón, y la voz de ella sonó para darle  una instrucción muy clara y determinante.

•             SARAH: Quítatelo, lentamente.

Pero antes de hacer nada, se acercó a la pared, y apoyándose sobre sus brazos,  uno a  cada lado del cuerpo de ella, con su rostro de nuevo cerca del oído, mientras ella disfrutaba del olor humedecido de la piel de él, le hizo una sola pregunta.

•             STEVE: ¿Entiendo que has decidido bajar tus defensas conmigo?

Acercó sus labios a la cara de su compañero , y tras conseguir que los suyos quedasen lo suficientemente cerca al ladear ligeramente la cabeza hacia ella, Steve pudo contemplar su sonrisa maliciosa y de pleno disfrute del juego provocador en el que ambos estaban metidos.  Su gesto denotaba que aquello le gustaba sobremanera.

Tal como se lo dijo lo hizo. Separándose de ella el espacio suficiente,  con una sola mano,  desabrochó el botón y tiró de una de las lengüetas  abriendo la cremallera. Cogió el pantalón por ambos lados , sin dejar de mirarla con aquella misma cara , mientras ella disfrutaba con la visualización de cada centímetro de su piel desnuda, más la que iba apareciendo  conforme el pantalón bajaba solo .
Una vez retirado, la fase contemplativa aún perduraba .
Él , envuelto en su propia desnudez, se le acercó y volvió a apoyarse en la pared con ambos brazos rodeándola de igual forma que minutos antes. Miró hacia abajo y volvió a subir la cara acercándose  peligrosamente a sus labios que no se habían cerrado aún.
Apenas un leve susurro,  fue en lo que su voz, potente y penetrante , se convirtió en ese instante.

•             STEVE:  Esto no es estar en igualdad de condiciones.

Ella se miró la falda  y volvió a recorrer todo el cuerpo de él recalando en su boca.

•             SARAH: ¿Y a qué estás esperando?

Él se sonrió.

•             STEVE: ¿Estás segura?

Nunca una pregunta había resultado tan seductoramente planteada , ni nunca ella la había escuchado con una voz tan sugerente a la que resultase imposible decir que no.

•             SARAH: Sorpréndeme.

Aquella sonrisa provocadora fue dejando paso de nuevo a la mirada tierna y a la fijación por los labios de ella.  Agarrándole las manos con las suyas por las muñecas para extender sus dedos buscando los suyos , sus labios apenas la rozaban en un jugueteo intenso y excitante.
A cada acercamiento suyo sin culminar, ella entreabría con claro signo de correspondencia.
Que ella se apoderase de su boca inesperadamente olvidando ternuras  fue sólo el comienzo .  Manos entrelazadas que acaban quedándose solas en la pared , mientras él , cogiéndola por las nalgas, la levantaba siendo rodeado por sus piernas mientras degustada sus senos con ansiedad. 

Con sus roces continuos, y la pared como apoyo perfecto, sentir la excitación de él, crecía su desesperación por sentirle, pero lejos de querer corresponderla en la rapidez requerida, se detuvo para observarla , y haciéndose con ella de igual forma, como mismo la tenía sostenida, se acercó a la mesa  sentándola no en el filo precisamente.
Colocándole sus manos encima de la madera , sin permitir tocarle, mientras abalanzaba su cuerpo sobre el de ella , sus manos la rodearon hasta dar con la cremallera de la falda en la parte baja de la espalda, y con apenas dos dedos, la bajó.

Amagando besarla,  y dejándola con sus labios entre abiertos y las ganas de que sus intenciones se cumplieran, acercó su rostro a uno de los hombros besándolo casi delicadamente .
Conforme su boca descendía, al irse dejando llevar, su cuerpo tendía , flojo, a caer hacia detrás, impidiéndoselo una de sus manos  situada en la espalda.
Cada apoderamiento, agresivo en intensidad progresiva de sus pechos por encima de la ropa interior , hasta casi sentir que se la destrozaba con los dientes, la provocaba a mover de forma involuntaria su pelvis reclamándole por completo. Pero lejos de complacerla en sus tiempos marcados,  prefirió continuar siendo él quién llevase el control, a efectos de darle lo que ella deseaba, que la sorprendieran.

Y sin descanso que le facilitase asumir lo que estaba sucediendo, con cuidado,  la hizo recostarse sobre la mesa , empujándola con una mano en el esternón .
Si antes , la meticulosa observación le tocaba a ella, ahora era él quién la disfrutaba. De pie junto a la mesa,  con ambas manos en las caderas, le retiró la falda hasta tirarla en el suelo,  y con una de sus manos  manos,  fue ascendiendo por todo el centro de su cuerpo acariciando su piel. Al llegar a la parte superior de su ropa interior, simplemente abrió el corchete que lo mantenía , retirando ambas partes con tanta delicadeza, que el reverso de sus manos acariciaba sus senos  erizándole la piel continuamente .

Descendiendo con aquel mismo reverso por sus costados , mientras se acercaba a besarla livianamente en su vientre jugando de forma premeditada con el límite de piel del filo de la ropa,  sin que ella dejase de observarle , sus ojos se cruzaron con los de él instantes antes de que, tras retirarle la tela, Steve hiciese completamente suya su más extrema intimidad. Un cuerpo, el de ella,  deliciosamente retorcido y completamente entregado , sin saber dónde poder colocar sus manos , tratando de buscar un punto de apoyo a donde poder agarrarse, y que  cuanto más  le suplicaba involuntariamente que parase, más intensa era su respuesta.
 Un momento de calma y algo de respiro,  sólo roto por un previo  intercambio de miradas. Sin necesidad de palabras de aviso o mensajes velados de lo que sucedería a continuación, se adentró lentamente en ella con la consiguiente torsión de un cuerpo que se mantenía duro y  firme,  mientras él disfrutaba manteniendo el control   sosteniéndola por la cadera y con la otra mano entre sus pechos.
Apenas podía verle la cara, pero escucharla era el mejor acompañamiento, y observar el cambio constante de su cuerpo  a cada una de sus acciones,  la mejor recompensa.

Acostumbrada a ser ella quién lo controlase todo, quién tomase las decisiones sin consultar, quién improvisara nuevas formas de asumir el placer del otro, por aquella vez, no le importaba nada que él se apoderase de ella si resistencia alguna. Simplemente se dejó llevar. 

Pausas sufridas, súplicas susurradas, gotas de sudor entremezcladas, y una mirada final en conjunción completa con un éxtasis sumo del que ella había disfrutado como nunca y de forma repetida, y que él no deseaba llegase jamás  para que aquella noche no se acabase.
Sólo dejarse llevar, la mejor regla del juego.

Un oportuno timbre, el de su puerta, la sacó del mundo onírico de los recuerdos de momentos extasiantes vividos . Sensaciones que parecían repetirse de forma real conforme los sucesos  eran vistos por su ávida mente. Echos, que no parecían producirse fruto de un presunto deseo voluntario.

Ana Patricia Cruz López

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