CAPITULO DECIMO SEGUNDO (Primera
parte)
“ Me creí valiente ante todo,
y sin
embargo,
me he
convertido en lo más indefenso entre tus brazos.
Una
mirada tuya capaz de desarmarme,
Capaz
de atrapar mi alma sin que pueda hacer nada por evitarlo.
Sentimientos
que creí olvidados en el cajón de mi mente,
Al
que ahora descubro, que jamás cerré con llave” .
ENCONTRANDO LA REALIDAD FRENTE AL
ESPEJO
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Descentrada
de forma involuntaria, su cabeza se manejaba entre las olas de la indecisión y
de los sentimientos encontrados.
Sólo le
quedaba el consuelo de mantenerse ocupada con clases casi todo el tiempo. La
excusa perfecta para no tener casi que pensar en cómo afrontar lo que siempre
quiso saber y ahora le resultaba
terrible. Terrible por el miedo que la acuciaba y se hacía con ella por
completo.
Durante los
silencios entre clases, sólo podía pensar en una cosa , una de esas ideas
recurrentes que a veces se le aparecían
y que parecían volvérsele en contra respecto a sus verdaderos deseos . ¿Hubiera sido
preferible continuar ignorante de aquella faceta de su vida que se empeñaba en
recordar?
Cuatro de la
tarde. Última clase del día. Sarah se encontraba sentada en el filo de la
mesa leyendo un párrafo de un libro que
permanecía abierto de par en par delante de ella. En un momento dado se detuvo,
respiró hondo, y comenzó su disertación.
“
PROCTOR : (temblando , su vida derrumbándose a su alrededor): Yo la he conocido
, señor, yo la he conocido.
DANFORTH:
usted………..¿usted entregado al adulterio?
FRANCISCO:
(horrorizado): juan, tú no puedes decir tal……
PROCTOR:
¡Oh, Francisco, quisiera que tuvieses algo de malo en ti, para que pudieses
entender!
DANFORTH:
(Alelado) : ¿Cuándo…. En qué época? ¿Dónde?
PROCTOR:
(su voz a punto de quebrarse, grande su vergüenza): En el sitio
apropiado…..donde se acuestan mis animales. En la noche que puso fin a mi
alegría, hace unos ocho meses atrás. Ella trabajaba en nuestra casa. (tiene que
apretar los dientes para no llorar). Un hombre
puede creer que Dios duerme, pero Dios lo ve todo, ahora lo sé. Le
ruego, señor, se lo ruego…., mírela tal como es. Mi mujer, mi buena y amada
esposa, poco después tomó a esta muchacha y la echó a la calle ( está agobiado)
Perdóneme, Excelencia, perdóneme se lo ruego. ( Enojado consigo mismo, vuelve
la espalda al Comisionado por un momento. Luego, como si el grito fuese el
único medio de expresión que le quedase.) ¡Pretende saltar conmigo sobre la
tumba de mi mujer! Dios me ayude, obedecía
la carne y en esos sudores quedó
hecha una promesa . pero esta es la venganza de una puta , y así tienen que
verlo : me pongo enteramente en vuestras manos.
DANFORTH
( pálido, horrorizado, volviéndose a Abigail): ¿Niegas esto, palabra por
palabra, hasta su punto final?
ABIGAIL:
¡Si debo contestar a eso, me iré de aquí y no volveré jamás ¡ (Danforth parece
inseguro).
PROCTOR:
¡He hecho de mi honor una campana! He tañido la ruina de mi reputación. ¡Tiene
que creerme a mí, señor Danforth!
ABIGAIL:
(adelantándose a Danforth ) ¡Esa no es forma de mirarme! (Danfoth no puede
hablar) ¡No permitiré que me miren así! (Se vuelve y se encamina hacia la
puerta.)
DANFORTH:
¡No te muevas! (Herrick le corta el paso. Ella se detiene junto a él, sus ojos
despiden fuego) Señor Parris, traiga aquí a la Señora Isabel Proctor.
PARRIS:
(Objetando): Vuestra Excelencia, a mí no me parece…………..
DANFORTH:
(bruscamente a Parris) : ¡Tráigala! Y no le diga una sola palabra de lo que
aquí se ha hablado. (Parris sale)Ahora tocaremos fondo en este pantano . ( A
Proctor) Su mujer ,dice usted, es mujer honesta.
PROCTOR:
en su vida jamás ha mentido , señor . mi mujer no puede mentir.
DANFORTH: Y cuando ella echó a esta muchacha de su casa ¿la echó por prostituta? Bien , pués ( A Abigail) ¡Si ella me dice que fue por eso, criatura, quiera Dios apiadarse de ti! ( Alguien golpea. Hacia la puerta ) ¡Un momento! ( A Abigail) : De espaldas, de espaldas.( A Proctor) Haga lo mismo. (Ambos se vuelven de espaldas. Abigail con indignada lentitud). Ahora, ninguno de ustedes mirará a la señora Proctor. Nadie en esta habitación dirá una sola palabra, ni hará un gesto de sí o de no. ( Se vuelve hacia la puerta y llama): ¡Adelante! (Se abre la puerta . Entra Isabel con Parris, Parris la deja. Queda ella sola , sus ojos buscando los de Proctor) Señor Cheever, tome nota de esta declaración con toda exactitud . ¿Está listo?
CHEEVER:
Listo, señor.
DANFORTH:
Aproxímate, mujer. (Isabel se le acerca
echando una mirada hacia Proctor , que está de espaldas.) Mírame sólo a mí, no a tu marido. Sólo a mis ojos.
ISABEL:
(Débilmente) Bien. Señor.
DANFORTH:
Se nos ha hecho presente que en cierta ocasión, despediste a tu sirvienta
Abigail Williams.
ISABEL:
Es verdad, señor.
DANFORTH:
¿Por qué causa la echaste? ( Breve pausa. Luego Isabel trata de mirar a Proctor.) mirarás sólo a mis
ojos y no a tu marido. La respuesta está en tu memoria y no necesitas ayuda
para dármela . ¿Por qué echaste a Abigail Williams?
ISABEL:
(Sin saber qué decir, presintiendo algo, se humedece los labios para ganar
tiempo) : Ella….no me satisfacía. Ni a mi marido.
DANFORTH:
¿Por qué no te satisfacía a ti?
ISABEL:
Ella era……….(mira a Proctor en busca de una clave.)
DANFORTH:
¡Mujer, mírame a mí! ( Isabel lo hace) ¿Era una despilfarradora? ¿Floja? ¿Qué
inconvenientes causó?
ISABEL:
Vuestra Excelencia, yo……….para esa época estaba enferma. Y yo……….mi marido es
un hombre bueno y recto. Nunca se emborracha como otros, sino que siempre
trabaja. Pero durante mi enfermedad………yo estuve enferma largo tiempo después de
tener a mi último hijo y creí ver que mi
marido se alejaba algo de mí. Y esta muchacha…( se vuelve a Abigail).
DANFORTH:
Mírame a mí.
ISABEL:
Sí, señor. Abigail Williams……..(No puede continuar)
DANFORTH:
¿Qué hay con Abigail Williams?
ISABEL:
Llegué a creer que ella le gustaba. Y así una noche perdí el juicio, creo, y la
eché a la calle.
DANFORTH:
Tu marido……..¿Se alejó realmente de ti?
ISABEL:
(torturada) : Mi marido…………..es un hombre de bien , señor.
DANFORTH:
Entonces , ¿no se apartó de ti?
ISABEL:
( comenzando a mirar a Proctor) : El………..
DANFORTH:
(Extiende su brazo y tomándole la cara) ¡Mírame a mí! ¿Sabes tú si John
Proctor cometió alguna vez el crimen del
adulterio? (En una crisis de indecisión, ella no puede hablar.) ¡ Contéstame!
¿Es tu marido adúltero?
ELISABETH:
(débilmente) : No , señor.
DANFORTH:
Sáquenla de aquí, alguacil.
PROCTOR:
¡Elisabeth, di la verdad!
DANFORTH:
Ha declarado. ¡Sáquenla de aquí!
PROCTOR
: (Gritando): ¡ Elisabeth, lo he confesado! ( la puerta se cierra tras Elisabeth)¡Ella sólo pensaba en salvar
mi nombre!”
• SARAH: Las Brujas de Salem. Arthur
Miller . – cerró el libro , dejándolo su mano durante un instante sobre la tapa
envejecida y rugosa, con las letras del título en dorado incrustado en la
portada- Costumbres, creencias, sentimientos, instintos, principios, moral, religión y fanatismo. Todo
absolutamente normal en nuestros días , pero que dependiendo del contexto
histórico dónde nos encontremos a todos
ellos, una auténtica bomba de relojería . Como una obsesión se convierte en el
peor arma mental en cuanto la persona,
inmadura o no, se enfrenta a una situación de rechazo frontal del objeto vivo
que centra su conducta obsesiva, sobre todo cuando este le otorgó por error
falsas esperanzas. La verdad. ¿La política y socialmente correcta o la que subyace según los hechos ? Miller a
través de un supuesto esquema básico, nos propone una historia completamente
atemporal y llena de metáforas en torno a las que podemos viajar y hacer uso de
nuestra conciencia. Subjetivo concepto de justicia , cuando los que han de juzgarnos,
son los que se consideran padres de los principios sociales por los que se
supone que debemos regirnos.- dirigiéndose a los alumnos- ¿Cuál creen ustedes
qué es el esquema base propuesto?
Una de las
alumnas situada en la parte elevada de la clase, alzó la mano. Ella le dio
permiso para contestar con un gesto de su cabeza.
• ALUMNA: Comunidad fervientemente
religiosa en la que un hombre cae ante las tentaciones de una cría que
trabajaba en su casa , y cuando ella ve que no consigue nada, decide vengarse
con algo creíble en aquella época ,
acusando a su esposa de brujería, creyendo que así podría recuperarlo.
• SARAH: Así que según lo explicado
por usted, ¿podríamos resumirlo como la venganza en mitad de un triángulo
amoroso o va más allá?
• ALUMNA: Creo que va mucho más allá.
Continuó
preguntándole.
• SARAH: Continúe por favor.
• ALUMNA: Creo que durante mucho
tiempo, esa obra ha sido entendida como un trato ejemplificador en contra de la mujer. De que entre nosotras
somos o podemos ser las peores víctimas de nosotras mismas, sobre todo cuando hay sentimientos de por
medio, pudiendo abarcar hasta la locura, mientras que el hombre es representado
de forma mucho más fría y distante , de carne débil capaz de caer en las
tentaciones, pero ese es casi su único pecado. Sin embargo, conforme más se
estudia la obra, aunque claro depende del estudioso que lo haga, puede ser una
metáfora cambiante de la verdad , y de que como en realidad el arrepentimiento
puede ser la única salida que le quede al ser humano , aunque no siempre surta
efecto. No es una simple cuestión de sexos , en realidad usa al hombre y la
mujer como metáforas de lo que es y debe
ser.
Una vez hubo
terminado , y sin que ella le hubiese dejado de prestar atención ni por un
segundo, prosiguió con la clase.
• SARAH: Arthur Miller y sus
metáforas. Ciertamente la verdad vista
desde una contextualización social , y el peso de la duda conforme el grupo
estima y ve al individuo que forma parte de él. Aparentemente , como bien decía
la compañera, el esquema es básico y sencillo. Un matrimonio en crisis, una
tentación joven que se obsesiona con el hombre para el que trabaja, una esposa
que lo descubre y la despide, y una venganza usando el propio juego del que
disfrutaba con sus amigas , implicando en la rueda a medio pueblo, aprovechando las creencias
fanático-religiosas de la época y la comunidad. Ese sería el esquema de una
novela normal a priori, pero efectivamente , Las Brujas de Salem , usada como
ejemplo y lectura tipo a lo largo de los años , nos lleva mucho más allá. Nos presenta la situación nada hipotética de
como modulamos nuestra vida a lo que impone el grupo social reducido en el que
nos movemos , y como salirse de esas normas establecidas, seamos fundadores o
no del mismo, conlleva una responsabilidad y unas consecuencias. Nos enseña
como una conducta que según ciertas culturas poligámicas, incluso actuales,
estaría muy bien vista, o simplemente una decisión libremente adoptada hoy en
día por cualquier ser humano comprometido o no,
que se vea envuelto en un momento de raciocinio o de simple impulso,
conlleva una sucesión de arrepentimiento con castigo , atacando lo que en
principio más duele. ¿Lección moral? Hace unos años , quizás Miller fuera visto
así. – comenzó a dramatizar su argumentación - ¡Fijaos comunes mortales lo que
puede pasaros si caéis en las tentaciones mundanas de la carne. Sobre
vosotros se fundirá toda la cólera de
Dios , y os arrebatará aquello que más queréis en este mundo convirtiendo
vuestras vidas en un infierno! Pero ¿ y hoy? Las Brujas de Salem ha pasado por
convertirse en la mayor y cruel sátira de aquello que socialmente unos hombres
con influencia acaban convirtiendo en reglas de costumbre o convivencia. La
lucha descarnada porque sobreviva la verdad por encima de todo, el ánimo de
supervivencia cuando no queda más salida. La angustia de quién sufre la
opresión de quiénes le rodean , usando a Dios , un dios propio y colérico ante
el incumplimiento de las normas, como la excusa perfecta para justificar una limpia
en base al testimonio de una cría
enloquecida y vengativa. ¿Es el
espíritu humano en mitad de un momento de locura no razonado, capaz de no
permitirnos medir las consecuencias de nuestros actos, y sólo cuándo nos damos
cuenta que hemos entrado en mitad de esa vorágine de sucesos provocados por
nosotros mismos y de los cuales no tenemos salida, llegamos a creernos tanto el
papel que todo da igual y sólo nos importa continuar por miedo a las
represalias ?
Y tras
continuar un ávido debate sobre las impresiones que la obra había causado, el
glorificado timbre sonó , y ante las ansias de muchos de sus alumnos por salir
del aula casi corriendo, ella les miró
con aquel gesto característico que todos respetaban, y como por orden automática, decidieron permanecer
sentados.
• SARAH: Dado que se supone que es
una de las obras tipo que se encuentra en todo plan de estudio de bachillerato
, en condiciones normales les pediría que me trajesen para mañana una
valoración mucho más detallada y completa que la realizada por su compañera ,
la cual representarían aquí de viva voz, pero como también he sido alumna y he
tenido compañeros , y sé perfectamente que algunas obras , al ser leídas por
obligación dentro de planes de estudio pueden olvidarse o saltarse intencionalmente,
y sabiendo que algunos de ustedes podrían
haber optado , por motivos varios, por ver alguna de las versiones
cinematográficas en vez de leérsela, les daré un margen de tiempo algo más
amplio. Tendrán dos días para traerme los análisis personalizados de la obra y
no admitiré excusas de ningún tipo ni retrasos.
En silencio,
les observó durante un instante. Sus ansias por salir de allí quedaba reflejada
a la perfección en sus caras, pero para ella, que hacía años que también se
había encontrado en su lugar, y tras hacer una barrida visual de toda su clase,
sólo observaba las jóvenes mentes brillantes del mañana a la que ella se sentía
afortunada de encumbrar y engrandecer. Inteligencias nada fugaces , que en un futuro más o menos
cercano, podrían ejercer sus profesiones libremente , sin presión social.
Mentes libres , que divagaban entre las letras con auténtico espíritu crítico,
pero que en realidad, continuaban siendo sólo, jóvenes inquietos con ganas de
cambiar de aires , de momento, hasta el día siguiente, así que, si hacerles
sufrir más, procedió a permitirles salir de una vez.
• SARAH: Hasta mañana .
Con calma,
recogió sus cosas y recompuso su maletín con la intención de dejar todo en el
Departamento y marcharse a casa, ya que
quería dejar todo listo a tiempo de poder relajarse un poco antes de que Steve
se presentase.
Dejando todo
lo referente a la cena listo , decidió tomar una ducha , y al salir, en frente
del armario, abriendo la puerta , se quedó inmóvil frente a su ropa
cuidadosamente colocada en las distintas perchas. Y allí de píe, sin saber bien por qué, pero tampoco sin necesidad de
cuestionarlo, su mente viajó lejos de allí, a un lugar que interiormente sabía que conocía aunque no
fuese capaz de reconocerlo.
Una pequeña
casa de tres alturas, típica londinense,
cuyo acceso se encontraba en la parte baja, y por la que
para acceder a su cuerpo central,
habían de subirse unas estrechas y empinadas escaleras.
No era
demasiado grande, lo justo e ideal para un soltero. Algo antigua aunque deliciosamente
reformada. Grandes vigas de madera
cruzaban el techo de forma discreta, y desde ese piso central, se podía contemplar el último piso , una
especie de buhardilla grande, en donde
se encontraba un pequeño pasillo al aire que llevaba al dormitorio también en
abierto.
Sarah estaba
acostumbrada a ese tipo de casas por la moda de los loft en Nueva York. Grandes
zonas industriales revalorizadas después de años de abandono . Grandes naves y
edificios de no más de seis plantas casi en ruinas, reconvertidos en grandes
salas y talleres de arte, y en fastuosos
apartamentos a precios más que rentables para quienes podían permitírselo.
Pero en
aquella casa, lo cierto es que todo, absolutamente todo, se había adaptado al
tamaño realmente disponible. El mobiliario se ajustaba dimensionalmente
aprovechando las puertas rodadas en vez
de las abatibles. Pocos muebles y casi siempre empotrados.
Algo sí le
llamó la atención, y reconoce que no era la primera vez que lo veía: la
distribución del cuarto de baño respecto al resto de la casa. Podría pensarse
en algo reducido y minimalista, y sin embargo, se notaba que había preferido sacrificar metros del resto
de la estancia a favor de colocar una bañera grande , acorde a su tamaño, un
lavabo cuadrado de diseño no pequeño precisamente , y un wc estilo japonés de
agua reciclada a través del lavabo.
Aunque Steve
ya era un escritor de éxito desde que publicara su primera novela y su carrera hubiera resultado imparable, todo
el mundo sabía que provenía de una familia
de bien , de esas que con tal de conservar el apellido y las tradiciones , procuraban
encomendarse a todos los santos y demonios habidos y por haber, con tal de tener varones entre su prole. No
es que las mujeres estuvieran relegadas , pero cierto es, que algunas tradiciones antiguas se
conservaban, y en el tema de las herencias aún se producían graves
discriminaciones, así como la moda , nunca perdida, pasasen los años que
pasasen , de los matrimonios concertados.
Mientras
Steve preparaba algo de cena ligera, Sarah , con su permiso, revoloteaba
tranquila y curiosa por la casa. Unas pocas fotografías familiares colgadas o
apoyadas en muebles. Y la gran estantería que cubría la totalidad de la pared
del fondo del salón.
En ese punto
de la casa, sí que se podría decir que
ella tenía verdadera curiosidad. Por los libros que presuntamente leía o por lo
menos poseía, se podían extraer muchas conclusiones, y en este caso, a parte de
los ya predecibles clásicos, el tema de la línea de libros dedicados a los
artistas renacentistas le llamó poderosamente la atención.
Mientras él
cocinaba, de vez en cuando levantaba la vista para observar qué hacía,
disfrutando de verla tocar con cuidado
exquisito, los filos exteriores de los
clásicos, sobre todo de las ediciones más antiguas .
• STEVE: ¿Por qué no lo coges?
Siendo
consciente del valor que aquellos volúmenes debían de tener en muchos aspectos,
no se atrevía más que culminar la tentación de tocarlos por un lado y
delicadamente.
Al ver que
lo miraba sin atreverse, él le insistió.
• STEVE: Si te sirve de
consuelo, más de uno se me ha caído de
mis manos al suelo- ella lo miró casi como si hubiera cometido un atentado,
apresurándose él a contestarle- No fue a
propósito, un accidente, no me dedico a tirarlos al suelo como si fuese un ruso
con la vajilla, o un vikingo.
Con un trapo
se secaba las manos mientras se acercaba a la librería. Sin pensárselo, cogió
uno de los volúmenes con aspecto de antiguo. Un “Hamlet” que se reedito en 1920
conmemorativo. Se colocó el paño
sostenido por el cinturón, lo
abrió por una página concreta y comenzó a leer.
“HAMLET.-
¡Oh! ¡Si esta demasiado sólida masa de carne pudiera
ablandarse
y liquidarse, disuelta en lluvia de lágrimas! ¡O el
Todopoderoso
no asestara el cañón contra el homicida de sí mismo!
¡Oh!
¡Dios! ¡Oh! ¡Dios mío! ¡Cuán fatigado ya de todo, juzgo molestos,
insípidos
y vanos los placeres del mundo! Nada, nada quiero de él, es
un
campo inculto y rudo, que sólo abunda en frutos groseros y amargos.
¡Que
esto haya llegado a suceder a los dos meses que él ha muerto! No,
ni
tanto, aún no ha dos meses. Aquel excelente Rey, que fue comparado
con
este, como con un Sátiro, Hiperión; tan amante de mi madre, que ni
a los
aires celestes permitía llegar atrevidos a su rostro. ¡Oh! ¡Cielo y
tierra!
¿Para qué conservo la memoria? Ella, que se le mostraba tan
amorosa
como si en la posesión hubieran crecido sus deseos. Y no
obstante,
en un mes... ¡Ah! no quisiera pensar en esto. ¡Fragilidad! ¡Tú
tienes
nombre de mujer! En el corto espacio de un mes y aún antes
de
romper los zapatos con que, semejante a
Niobe, bañada en
lágrimas,
acompañó el cuerpo de mi triste padre... Sí, ella, ella misma.
¡Cielos!
Una fiera, incapaz de razón y discurso, hubiera mostrado
aflicción
más durable. Se ha casado, en fin, con mi tío, hermano de mi
padre;
pero no más parecido a él que yo lo soy a Hércules. En un mes...
enrojecidos
aún los ojos con el pérfido llanto, se casó. ¡Ah!
¡Delincuente
precipitación! ¡Ir a ocupar con tal diligencia un lecho
incestuoso!
Ni esto es bueno, ni puede producir bien. Pero, hazte
pedazos
corazón mío, que mi lengua debe reprimirse.”
Lo cerró, y
mirándola satisfactoriamente, se lo ofreció.
Ella aún tenía el sonido de su voz en su cabeza. Un sonido parsimonioso,
acompasado, sin prisa pero sin pausa. Deseoso de ser escuchado, se le notaba
acostumbrado a generar la misma reacción , aunque quizás no la esperase de
ella. Al ver que Sarah dudaba en recogerlo, él cambió de táctica de convencimiento.
• STEVE: Si no te decides a cogerlo
no cenaremos .
Ella se lo
cogió finalmente. Y él volvió a retomar lo que estaba haciendo.
• SARAH: ¿Dolido con la debilidad que
representaba la mujer en la persona de su madre o con el mundo por lo que él consideraba
un maltrato a su padre?
• STEVE: Si nos ceñimos a la
historia, yo diría que dolido con su madre y sus defectos los generaliza al
resto del universo femenino.
• SARAH: Gran contradicción de quien
fue amado hasta la locura por alguien de dicho sexo.
• STEVE: Lo que demostraría que el
gran poeta indudablemente era poeta del amor más allá de sus sonetos.
• SARAH: Sí claro, con su visión tan
particular de las relaciones entre sexos y del papel de la mujer en ellas …..
La
derivación de aquella conversación comenzó a picar la curiosidad de Steve, y
mientras ella le ayudaba a colocar las cosas en la mesita de la cocina,
continuaron hablando del mismo tema.
• STEVE: ¡Ah! Me olvidaba. Es cierto
que contigo se montó un auténtico
escándalo en la mesa debate de hace dos días
por tu visión extrapolada y exacerbadamente feminista .
• SARAH: - sorprendida- Yo no soy
feminista y menos radical.
• STEVE: - Con una sonrisa irónica en
los labios mientras intentaba servirle
vino- Sí claro. Llegaste a llamarle misógeno tapado , pero no, es cierto, no
eres feminista radical ni lo extrapolaste.
Habiendo
cogido el truco para que saltase y continuara sin darse cuenta de la
provocación ni de su motivación por su ofuscamiento, él , habilidoso ,
continúo, y a cuanto más le decía, ella peor respondía.
• SARAH: ¿Me quieres decir en cuál de
sus obras hay una mujer que salga bien parada?
• STEVE: Coriolanus, su madre.
• SARAH: Pierde a su hijo, ¿a eso le
llamas salir bien parada? Además es una
manipuladora nata de toda su familia
gracias a este señor. Su hijo un militar fascista peligrosísimo y ella
la auténtica ideadora amante del poder.
Steve
disimulaba como podía loa arranques de risa que se le venían de forma
inesperada procurando taparse la boca con la mano o bien comiendo .
• SARAH: En Macbeth casi es más
oscura su esposa que él. En Henry VIII no hay ni una que escape bien, a la que
no manda matar resulta que lo manipula
aunque termine mal parada. Y eso sin contar en cómo se convierten en
objeto de cambio material de paz firmada
como en Henry V.
Sarah se dio
cuenta de pronto que él apenas la miraba y que procuraba mantener la boca
ocupada .
• SARAH: ¿Te estás riendo?
Steve , al
ser descubierto, decidió no ocultarse más.
• STEVE: Lo siento, no puedo
evitarlo. ¿Tú te estas escuchando? Y que conste que digo escuchando no oyendo.
¿Cómo alguien que afirma adorarle puede hablar así de él ? Sobre todo
extrapolándolo a la actualidad de esa forma. Sabes perfectamente que fue arriesgado
para su época. Las mujeres no tenían papeles importantes o destacados, eran
meros muebles. Él jugó con la historia a su imagen y semejanza en base a lo que
creía, pero le dio a la mujer el
protagonismo que debía cuando podía y como debía.
• SARAH: Tener una opinión sobre algo
o alguien no tiene por qué coincidir con qué adores lo que escribe o toleres de
su literatura.
• STEVE: Cierto, ni una opinión sobre
un tema debe predisponer al que la tiene a no conocer ese tema. Es como la
personalidad externa y la interna, o como valorar a las persona por lo que
muestran exteriormente sin mirar nada más, haciéndote una opinión insuficiente
de ellos.
Por un
instante se hizo un silencio entre ambos. Steve parecía haber dicho algo que no
sólo no estaba lleno de sentido , sino que parecía cargado de segundas
intenciones.
• SARAH: Pero a eso tendéis mucho
ciertos hombres respecto a ciertas
mujeres. Os lleváis por lo que veis y sí os gusta os acercáis. Sólo entonces cabrá la posibilidad de querer
conocerla, pero será más la curiosidad que el interés real. Sin embargo, la
graduación y el tipo de interés variará dependiendo de esa imagen externa y no
me refiero sólo físicamente. Podemos hacer la prueba.
Interesado
en gran medida por los derroteros de la conversación, se posicionó observándola
fijamente , de frente a ella como estaba, con su espalda apoyada en la silla.
• STEVE: Soy todo oídos.
• SARAH: Dime lo que ves.
Él se
extrañó por la pregunta y su gesto lo
delató.
• SARAH: Sí, dime que es lo que tus
ojos te transmiten. Tus sensaciones conmigo.
No pudo
evitar reírse nerviosamente. Era una pregunta bastante difícil , no tanto por
la posible respuesta sino porque habría de tener mucho tacto para responder.
• STEVE: Es una pregunta demasiado
comprometedora.
• SARAH: ¿Así que te rajas? Que pena
, pensé que en el fondo eras más atrevido, bueno esa es la impresión que me
diste la primera vez que te vi, cuando
no dejabas de mirar a mis piernas y a mi trasero.
La sonrisa
de ella al decir aquellas palabras le
provocaba mil sensaciones. ¿Su impresión? Que el juego por él comenzado tenía
otra dirección. Mordisqueándose el labio con un gesto socarronamente incisivo
como del que sabe perfectamente qué es lo que se quiere pero han descubierto mi
plan, decidió jugar. Steve no soportaba un reto sin respuesta.
• STEVE: Decidida, imponente,
infranqueable. Segura de ti misma hasta
el punto de la autosuficiencia más desquiciante, y perfeccionista hasta decir basta.
Brutalmente franca y sincera. Sabes lo que quieres y vas a por ello , pero
primero lo planificas, los pros y los contras, no te gusta dejar nada al azar,
aunque sabes que hay un pequeño margen
de error que no puedes controlar, pero hasta eso lo tienes asumido.- el rostro de ella cambiaba paulatinamente. La
sonrisa socarrona fue dejando paso a una incredulidad extraña- No presumes de
tus virtudes pese a tener muchas y con ellas disimulas tu posibles defectos.
Desconfiada al principio hasta que tu instinto te da la luz verde, acostumbras
a elevar un muro de pesado hormigón sólo derribado por quién tú permites. – A
ella le costaba mantener fija la mirada, pero su gesto serio parecía demostrar
que su juego no había salido como ella esperaba- ¿sigo?
• SARAH: Por lo visto no soy la única
que se maneja por instinto. No eres la primera persona que me define así,
aunque no con tanto detalle, y menos en tan poco tiempo. Claro que supongo que
a la hora de la verdad, es este tipo de definiciones llevadas a la práctica,
las que terminan disuadiendo a más de uno de que yo pueda ser una opción para
nada. ¿Directa? Sí, quizás demasiado , pero no sólo para hablar o en mi forma
de entender la docencia universitaria en la rama artística. Soy directa porque
puedo permitírmelo, sé lo que quiero porque me pasé mucho tiempo sin saber lo que
quería y me cansé, y soy tan directa y abierta de mente que normalmente se me
acaban asustando aquellos con los que me relaciono.
• STEVE: Yo no.
• SARAH: - no pudo evitar reírse- Ay
Steve. Tú no sabes nada de mí, sólo lo que deduces, que por otra parte no está
nada mal. Una mujer que piensa y actúa como yo se os acaba haciendo cargante.
Una mujer abierta de mente , en todos los aspectos, empieza siendo un juguete
apetitoso para tomar prestado, pero en cuanto entráis en el juego y veis , la
mayoría por supuesto, que no estáis a la altura , salís huyendo porque no tenéis ni idea de
cómo empezar , y no hablemos de cómo terminar.
• STEVE: ¿Estamos hablando de
intimidad?
La tensión
comenzó a cargar el ambiente.
• STEVE: Porque esa es la impresión
que me está dando respecto a dónde estás llevando la conversación, y te aseguro
que si tu intención es incomodarme con ello, lo único que consigues es avivar
mi interés y mi curiosidad en ella.
• SARAH: Hablábamos de impresiones,
yo no pretendo provocar nada.
• STEVE: Ah! Se me olvidaba un
pequeño detalle. No sabes mentir. Y no hace falta que hables. Todo tu cuerpo
habla por sí solo. Estás acostumbrada a
controlar todo ambientalmente, hasta que algo sale mal, o más bien contestatario
.
• SARAH: ¿Me estás acusando de
provocarte?
Steve se
incorporó con sus codos sobre la mesa, y aquella sonrisa socarrona volvió a su
cara.
• STEVE: Yo no acuso, afirmo. Pero no
de ahora. Tú has empezado acusándome de no haberte quitado el ojo del trasero
el primer día que nos encontramos, y ¿qué cabría decir de la que sabiéndolo me
miró de la forma en que lo hizo y bajó aquellas escaleras convencida de que
seguiría degustando de la vista de su trasero y sus piernas?
• SARAH: ¿Así que esto es un juego y
tú has decidido entrar en la partida? ¿Es eso?
• STEVE: Dímelo tú. Fuiste quién lo
inició.
Sarah
sonreía sorprendida y casi sin reacción. Apenas le conocía, pero lo que tenía
frente a ella era un Steve que le atraía mucho por aquella actitud , y no podía
pero tampoco quería evitarlo.
Ella
adelantó su cuerpo y también se apoyó sobre la mesa.
• SARAH: Yo no fui la que se acercó a
la mesa aquel día para conocer al otro.
• STEVE: Pero sí quien lo estaba
esperando.
• SARAH: Lo tienes muy claro ¿verdad?
• STEVE: ¿Y tú?
A cada
pregunta suya , ella iba quedándose casi
sin posibilidad de continuación. Su rapidez de respuesta y reacción la dejaban
casi sin posibilidad de asimilación.
• SARAH: No eres real. – volvió a
apoyarse en el espaldar- Estás interpretando el papel que sabes que me gustaría
que protagonizaras.
Él se puso
de píe y caminó lentamente hasta desaparecer detrás de ella. Sólo un instante
después, su voz, sorpresivamente insinuante y retadora, se hacía con ella desde
su espalda.
• STEVE: ¿Estás segura? ¿Pondrías
toda tu confianza en mí sino fuera así?
Lejos de
retirar sus manos, las mantuvo cuando,
sin esperárselo, él apoyó las suyas justo detrás casi depositando su
cuerpo encima de ella, pero asegurándose el toque justo con absoluta precisión.
Se acercó lo suficiente a su oído derecho, y antes de decir nada, sí observó
que su respiración se había agitado un poco.
• STEVE: No me has respondido Sarah.
• SARAH: Me cuesta bastante confiar
en la gente.
• STEVE: Eso ya lo sé. Te lo
preguntaré de otra forma ¿Serás tú misma si te demuestro que no es un papel ?
Que soy tal y como me muestro ante ti, sin más. ¿Estarás dispuesta tú a
arriesgarte y seguir jugando?
Sarah miró
al frente y pensó si arriesgarse o no.
Todo fue
cubierto por una nebulosa hasta que observando una pieza concreta, un jersey de
punto azul oscuro, lo cogió entre las manos y casi estrujándolo , se lo acercó
a la nariz y cerró los ojos.
En mitad de
aquella nebulosa que se negaba a marcharse , a abandonarla, el sonido de los truenos de media tarde deparaban una de
las primeras tormentas de aquel invierno. Trabajando en la mesa de la salita de
su habitación en la residencia , sintió algo frío y húmedo bajarle por la
espalda. De pronto , otra gota aparecía de improviso en su brazo. Miró hacia el techo y comprobó que la claraboya volvía a encontrarse abombada por el agua acumulada de días
anteriores.
Retiró el
portátil y todo cuanto pudiese estropearse , buscó un taburete más o menos estable y lo depositó encima de
la mesa. Subida a ella, intentó llegar hasta la claraboya para abrirla hacia
afuera y que soltase todo el agua antes de que se reventase de forma
definitiva. Por más que lo intentaba, a parte del cerrojo que no se encontraba
en muy buen estado y solía atascarse, le costaba mucho llegar , aunque se
pusiese de putillas.
Steve fue a
verla para entregarle algo y encontró la puerta de la habitación semiabierta.
La empujó y la imagen que vio , lejos de resultarle habitual, le pareció una
locura pero no dijo nada. Entró, dejó la chaqueta de cuero colgada cerca de la puerta y se acercó
sigilosamente a la mesa. Sin perderla de
vista no fuera a caerse, lo cual parecía lo más probable a juzgar por la
escena, y cruzado de brazos , se dedicó a contemplar el espectáculo, aderezado
por una espectacular falda de vuelo
corta y un jersey de punto azul oscuro de cuello alto. Una imagen embriagadora
, que inútilmente , trataba de esforzarse en llegar a la claraboya, mientras
él, justo debajo, disfrutaba de la visión de parte de su vientre y de su ropa
interior.
• STEVE: Creo que te faltan unos
centímetros.
Sarah se
sobresaltó , y antes de provocar que se cayera , él la sujetó por la piernas.
• SARAH: Muy gracioso.
• STEVE: ¿Nadie te ha dicho que hace
mucho se inventaron las escaleras para evitar cosas como ésta?
• SARAH: No tengo ninguna aquí y no
me atrevía a llamar dada la hora. Ya me
habían advertido que podía pasar pero no imaginé que tan pronto. Apenas han
comenzado las primeras lluvias.
• STEVE: Baja de ahí antes de que te
mates, déjame a mí. ¿Qué hay que hacer?
• SARAH: La claraboya se abomba , así
que hay que abrirla y empujarla hacia afuera para que expulse el agua.- Steve
se subió a la silla con cuidado mientras ella trataba de explicarle el
mecanismo- El problema es que el cierre está estropeado y cambiado de lado.
-Steve ya tenía la mano en el cierre y trataba de girarlo- y si se abre para el
lado equivocado el agua entrará en vez de salir- cuando él creyó que había
logrado desatascarlo, ella miró lo que estaba haciendo y trató de avisarle,
pero era demasiado tarde. La claraboya,
en vez de ir hacia fuera vino hacia dentro cayéndoles todo el agua
encima , resultando él , el más perjudicado-
¡Dios! Era a la izquierda no a la derecha, iba a avisarte cuando he
visto que ya la tenías en la mano.
Mirando la
escena y la cara de él como si fueses el espectador en una película, ella no
pudo evitar reírse.
• STEVE: Ah ya veo, te parece
divertido.
• SARAH: No me creerás, pero sé que no lo es. Aunque no te has visto
la cara. Anda , será mejor que te bajes de ahí , ¿dónde dejaste la chaqueta?
• STEVE: En el perchero junto a la
puerta.
• SARAH: Voy a traerte una toalla y
de paso la chaqueta. Sería mejor que te quitases la camisa , lo que faltaba es
que te pusieses enfermo por mi culpa.
Al sostener
la silla para que él bajase, ella le pilló mirándola . El agua la había
alcanzado en parte de la cabeza ,
especialmente, en todo el frente de la camisa transparentándole.
• SARAH: Como ves no eres el único
que ha salido perjudicado.
Fue al
cuarto de baño para buscarle una toalla del armarito, y antes de volver al
saloncito, decidió lavarse la cara para quitarse los restos de agua sucia que
se le habían caído encima.
Al volver,
paró en el colgador de al lado de su puerta, una especie de pequeño habitáculo
que servía al mismo tiempo de pequeño depósito.
Con la
chaqueta en una mano y la toalla en la otra, fue a cerrar la puerta cuando
sintió como un brazo la acariciaba desde
su espalda, rodeándola por toda la cintura hasta su vientre. Un frío helado le
sobrevino recorriéndole la espalda, manteniéndosele, cuando sintió el pecho desnudo de Steve junto
a su cuerpo.
La
respiración se le entrecortaba aún más. Le sentía, pero no podía verle. No podía prever su
siguiente movimiento. Y ella, con las manos ocupadas y sin reaccionar, sin
poder soltar lo que portaban, sentía como
la boca se le secaba y no era capaz de que sus piernas respondiesen,
aunque en sus adentros tampoco una retirada o maniobra esquiva entrase en sus
planes.
• SARAH: ¿Qué se supone qué estás
haciendo?
Con la otra
mano le apartó el pelo de uno de los laterales del cuello y acercó su rostro al
de ella, sintiendo como su piel se erizaba sólo con sentir el roce de sus
labios o su respiración.
• STEVE: Hacerte caso.
Intencionalmente,
él oscilaba su cuerpo unido al de ella sintiéndose con claridad el resto de su
anatomía gracias a pequeños y sutiles empujones.
Sentir como
los dedos de su otra mano , cual garras, se le clavaban en el muslo ascendiendo
lentamente por dentro de la falda, hizo
que tirase lo que llevaba en las manos, cerrase los ojos , bajase la cabeza
ligeramente, y se apoyase contra la moldura de la puerta del armarito.
Con su
cuerpo ligeramente arqueado y a merced de él, le fue levantando lentamente el
jersey mientras mordisqueaba su espalda.
Incómoda y
asfixiada por el cuello alto del suéter, ayudada por él, se lo quitó dejándolo
caer. Apoyada sobre sus manos, sintió como él introducía una de sus rodillas
entre sus piernas separándoselas ligeramente, decidiendo observar como lo hacía
, mientras su boca se apoderaba del sabor de su piel.
Sin
esperarlo, una mano en su cuello tiró de
la cabeza hacia detrás obligándola a apoyarla
en el pecho de él. Con la visión espectacular de la parte superior de su
cuerpo erizado por completo y a priori entregado , mientras él disfrutaba de
sus reacciones a cada iniciativa suya ,
iba introduciéndose por la cinturilla de la falda desde la cadera,
acariciando su pubis por encima de su ropa interior. Unos labios femeninos y
ansiosos entreabiertos que reclamaban atención, y unos ojos saciantes, que
hacían excitar el cuerpo que los portaban, sólo con el seguimiento de su lengua
cada vez que se los humedecía.
Recordando
lo dicho por él aquella noche, una sola palabra y una mirada, le bastaron para
obtener la respuesta que deseaba.
• STEVE: Mírame.
Al girar su
cabeza y ver aquel rostro complaciente, aquellos ojos claros brillantes y
sentir el continuo roce de su piel , se dio la vuelta inesperadamente,
apoyándose en la pared. Visualizar aquel cuerpo sabiendo que se encontraba a un
paso de hacerlo suyo, sin pensar en nada más ni en nadie, sólo viviendo el
instante , le resultaba más excitante incluso que el hecho mismo en el que
acabaría la noche. Una mirada dulce y cómplice por su parte , contraste
perfecto de sus arrebatos .
Una mirada
directa a sus pantalones , mensaje revelador y entendido por él de que debía
acercarse, pero detenido en su paso por las manos de ella directamente en su
cinturón, que una vez desabrochado, fue retirado muy despacio ante su atenta
mirada.
Él aún
mirando como perdía el cinturón, y la voz de ella sonó para darle una instrucción muy clara y determinante.
• SARAH: Quítatelo, lentamente.
Pero antes
de hacer nada, se acercó a la pared, y apoyándose sobre sus brazos, uno a
cada lado del cuerpo de ella, con su rostro de nuevo cerca del oído,
mientras ella disfrutaba del olor humedecido de la piel de él, le hizo una sola
pregunta.
• STEVE: ¿Entiendo que has decidido
bajar tus defensas conmigo?
Acercó sus
labios a la cara de su compañero , y tras conseguir que los suyos quedasen lo
suficientemente cerca al ladear ligeramente la cabeza hacia ella, Steve pudo
contemplar su sonrisa maliciosa y de pleno disfrute del juego provocador en el
que ambos estaban metidos. Su gesto
denotaba que aquello le gustaba sobremanera.
Tal como se
lo dijo lo hizo. Separándose de ella el espacio suficiente, con una sola mano, desabrochó el botón y tiró de una de las
lengüetas abriendo la cremallera. Cogió
el pantalón por ambos lados , sin dejar de mirarla con aquella misma cara ,
mientras ella disfrutaba con la visualización de cada centímetro de su piel
desnuda, más la que iba apareciendo
conforme el pantalón bajaba solo .
Una vez
retirado, la fase contemplativa aún perduraba .
Él ,
envuelto en su propia desnudez, se le acercó y volvió a apoyarse en la pared
con ambos brazos rodeándola de igual forma que minutos antes. Miró hacia abajo
y volvió a subir la cara acercándose
peligrosamente a sus labios que no se habían cerrado aún.
Apenas un
leve susurro, fue en lo que su voz,
potente y penetrante , se convirtió en ese instante.
• STEVE: Esto no es estar en igualdad de condiciones.
Ella se miró
la falda y volvió a recorrer todo el
cuerpo de él recalando en su boca.
• SARAH: ¿Y a qué estás esperando?
Él se
sonrió.
• STEVE: ¿Estás segura?
Nunca una
pregunta había resultado tan seductoramente planteada , ni nunca ella la había
escuchado con una voz tan sugerente a la que resultase imposible decir que no.
• SARAH: Sorpréndeme.
Aquella
sonrisa provocadora fue dejando paso de nuevo a la mirada tierna y a la
fijación por los labios de ella.
Agarrándole las manos con las suyas por las muñecas para extender sus
dedos buscando los suyos , sus labios apenas la rozaban en un jugueteo intenso
y excitante.
A cada
acercamiento suyo sin culminar, ella entreabría con claro signo de
correspondencia.
Que ella se
apoderase de su boca inesperadamente olvidando ternuras fue sólo el comienzo . Manos entrelazadas que acaban quedándose
solas en la pared , mientras él , cogiéndola por las nalgas, la levantaba
siendo rodeado por sus piernas mientras degustada sus senos con ansiedad.
Con sus
roces continuos, y la pared como apoyo perfecto, sentir la excitación de él,
crecía su desesperación por sentirle, pero lejos de querer corresponderla en la
rapidez requerida, se detuvo para observarla , y haciéndose con ella de igual
forma, como mismo la tenía sostenida, se acercó a la mesa sentándola no en el filo precisamente.
Colocándole
sus manos encima de la madera , sin permitir tocarle, mientras abalanzaba su
cuerpo sobre el de ella , sus manos la rodearon hasta dar con la cremallera de
la falda en la parte baja de la espalda, y con apenas dos dedos, la bajó.
Amagando
besarla, y dejándola con sus labios
entre abiertos y las ganas de que sus intenciones se cumplieran, acercó su
rostro a uno de los hombros besándolo casi delicadamente .
Conforme su
boca descendía, al irse dejando llevar, su cuerpo tendía , flojo, a caer hacia
detrás, impidiéndoselo una de sus manos
situada en la espalda.
Cada
apoderamiento, agresivo en intensidad progresiva de sus pechos por encima de la
ropa interior , hasta casi sentir que se la destrozaba con los dientes, la
provocaba a mover de forma involuntaria su pelvis reclamándole por completo. Pero
lejos de complacerla en sus tiempos marcados,
prefirió continuar siendo él quién llevase el control, a efectos de
darle lo que ella deseaba, que la sorprendieran.
Y sin
descanso que le facilitase asumir lo que estaba sucediendo, con cuidado, la hizo recostarse sobre la mesa ,
empujándola con una mano en el esternón .
Si antes ,
la meticulosa observación le tocaba a ella, ahora era él quién la disfrutaba.
De pie junto a la mesa, con ambas manos
en las caderas, le retiró la falda hasta tirarla en el suelo, y con una de sus manos manos,
fue ascendiendo por todo el centro de su cuerpo acariciando su piel. Al
llegar a la parte superior de su ropa interior, simplemente abrió el corchete
que lo mantenía , retirando ambas partes con tanta delicadeza, que el reverso
de sus manos acariciaba sus senos
erizándole la piel continuamente .
Descendiendo
con aquel mismo reverso por sus costados , mientras se acercaba a besarla
livianamente en su vientre jugando de forma premeditada con el límite de piel
del filo de la ropa, sin que ella dejase
de observarle , sus ojos se cruzaron con los de él instantes antes de que, tras
retirarle la tela, Steve hiciese completamente suya su más extrema intimidad.
Un cuerpo, el de ella, deliciosamente
retorcido y completamente entregado , sin saber dónde poder colocar sus manos ,
tratando de buscar un punto de apoyo a donde poder agarrarse, y que cuanto más
le suplicaba involuntariamente que parase, más intensa era su respuesta.
Un momento de calma y algo de respiro, sólo roto por un previo intercambio de miradas. Sin necesidad de
palabras de aviso o mensajes velados de lo que sucedería a continuación, se
adentró lentamente en ella con la consiguiente torsión de un cuerpo que se
mantenía duro y firme, mientras él disfrutaba manteniendo el
control sosteniéndola por la cadera y
con la otra mano entre sus pechos.
Apenas podía
verle la cara, pero escucharla era el mejor acompañamiento, y observar el
cambio constante de su cuerpo a cada una
de sus acciones, la mejor recompensa.
Acostumbrada
a ser ella quién lo controlase todo, quién tomase las decisiones sin consultar,
quién improvisara nuevas formas de asumir el placer del otro, por aquella vez,
no le importaba nada que él se apoderase de ella si resistencia alguna.
Simplemente se dejó llevar.
Pausas
sufridas, súplicas susurradas, gotas de sudor entremezcladas, y una mirada
final en conjunción completa con un éxtasis sumo del que ella había disfrutado
como nunca y de forma repetida, y que él no deseaba llegase jamás para que aquella noche no se acabase.
Sólo dejarse
llevar, la mejor regla del juego.
Un oportuno
timbre, el de su puerta, la sacó del mundo onírico de los recuerdos de momentos
extasiantes vividos . Sensaciones que parecían repetirse de forma real conforme
los sucesos eran vistos por su ávida
mente. Echos, que no parecían producirse fruto de un presunto deseo voluntario.
Ana Patricia
Cruz López
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