![]() |
| Créditos a quién corresponda |
Casi se podría decir, que los
propósitos pueden conseguirse si hay intención en ello y las cosas se tienen
claras al respecto de las decisiones que se adoptan.
Cuatro meses después de aquel último punto hablado que cambiaría la
relación habida entre Heyden y los negocios de Robert, en lo personal, la
situación se había convertido algo más llevadera desde que , inexplicablemente
para él, ella decidiese , por cuenta propia, mantener las distancias
hábilmente. El lema de “quería a la profesional”, se cumplió en toda su
extensión, y lejos de aspirar a algo más que lo que tenía, se volcó en el
trabajo financiero para él y en tratar de implicarse más en el mundo de Bourke
.
Las reuniones en lugares apartados con Sanders se habían distanciado al contar con información directa de Andy, y ella trataba de estar en alerta permanente cada vez que el socio de su jefe se encontraba en el mismo espacio que ella.
La incomodidad inicial, había pasado a convertirse en una ardua tarea
de lucha intestina por hacerse valer en las reuniones a las que asistía. Robert,
tal y como ella le había impuesto como condición sine qua non para no
marcharse, le hizo ver de la
necesariedad para él de que ella estuviese presente, y pese a no mostrar
demasiada resistencia, siempre por propio interés, lo cierto es que a Bourke, el hecho de tenerla allí no
le hacía las cosas más fáciles ni cómodas.
Las miradas inquisitivas y descaradas
de forma continua , centrando su atención provocativamente delante de su socio, y la
rápida capacidad de respuesta de ella ante las medias palabras que parecía
decir cuando se hablaba de “aquellos otros negocios”, le enervaban hasta límites insospechados ,
debiendo contenerse , al menos en
presencia de los asistentes.
En todo este tiempo pasado, durante todas aquellas reuniones, Heyden
hizo algo más que tratar de negocios avispadamente. Aprovechó para calcular
cada uno de los puntos débiles de su objetivo, se concentró en saber cómo
ponerlo nervioso más de lo que se encontraba ante su presencia , y en saber
cómo descolocarlo delante de un Sheldon que, para vanagloria y satisfacción de éste , llegó
a dejar el mando y curso de muchas de
esas reuniones a ella .
Reuniones que eran preparadas meticulosamente por ella días antes , y
que, tras redactar uno de sus completos informes para él, Robert revisaba
varias veces , con el objetivo de no caer en posibles fallos o grietas.
Reuniones en las que ella asumía el papel de ayudante y asesora
financiera en toda su extensión apoyando el argumentario previsto, pero en las
que para Bourke, adoptaba más
protagonismo del que sería deseable.
Una mañana, Robert recibió una comunicación urgente de Bourke en la
que se le convocaba a una reunión
urgente a celebrar al día
siguiente, en una dirección concreta ,
fuera del país.
Por algún motivo que se desconocía , le habían entrado prisas
repentinas por conocer su estado de cuentas.
Aunque su necesariedad tenía una causa que la justificaba , y que
apremiaba dicha urgencia. Un motivo que, aunque su socio desconociera, éste era
harto conocido por ella.
Bourke habría tenido que acelerar de improviso sus planes para
marcharse del país , y necesitaba conocer de inmediato su estado de cuentas al
requerir liquidar algunos negocios, entre los cuales , se encontraban muchos de
los que poseía en común con Sheldon.
Según la información que le aportaron a Heyden, la búsqueda de un
destino seguro en Brasil era prácticamente un hecho, contando con gente
afincada allí, en un lugar aún por determinar, que le allanara el terreno con
la gente local y le dispusiera todo, incluso la búsqueda de la que resultaría
su residencia efectiva y definitiva , al menos durante un largo período de
tiempo.
La Agencia, incluso a través de Andy,
la había puesto al día de la venta apresurada de algunos inmuebles que
poseía en Sudamérica, y otras
propiedades cuyo titular resultaban ser
algunas de las sociedades de inversiones
creadas .
Dispuestos a acudir con todo listo , más alguna sorpresa prevista en
el maletín de ella, cogieron el avión privado indicado por quién la convocaba,
a primera hora de la mañana, con una ruta de vuelo prefijada, y para ellos
desconocida.
Aproximadamente dos horas después, el jet aterrizaba en una pista
privada y semi abandonada de un lugar caluroso y húmedo. Nada más abrirse la
puerta, un coche todoterreno les estaba esperando , y un hombre , de los dos
que vinieron en él, se bajó del mismo con sendos pañuelos oscuros en una de sus
manos.
Tras solicitarles que se tapasen los ojos, ante la disposición de
Robert a llevarlo a cabo, ella le miró extrañada. Él le gesticuló, y
simplemente, le hizo caso.
Subidos en la parte trasera del auto, el recorrido se hizo
angosto y empedrado. A
punto de llegar a destino, el olor que provenía de las ventanas abiertas
le resultó muy familiar a él, provocando que se relajara, y que buscando a
tientas , diese con la mano de ella cogiéndosela unos instantes con fuerza ante su sorpresa.
Nada más detenerse y apagar el
motor del coche, fueron ayudados a bajar del mismo. Cuando se retiraron las vendas de los ojos, el
rostro de Robert observándola con confianza y tranquilidad , se la traspasó en
parte, pero su mayor seguridad, se la otorgó , una vez en su interior, ver a
Andy acercarse hasta ellos.
·
ANDY: Bienvenidos. Sheldon . Srta. Nash es un
placer volver a verla. Acompáñenme por favor.
La casa era perfectamente reconocible . Estaban en Panamá, en la casa
dónde ellos habían mantenido más de una reunión , y cuyas paredes férreas
parecían darle más seguridad que otra cosa.
Ella , sin embargo, amplificaba
su curiosidad de la forma más discreta posible, llamada por , entre otras cosas, las apreciables vistas
con las que dicha vivienda parecía contar.
Mientras Andy les acompañaba a la terraza donde Robert y Bourke
tuvieron su último encuentro , les
mantuvo ocupados con su conversación.
·
ANDY: Espero hayan tenido un vuelo agradable,
hasta última hora se decía que posiblemente hubiera habido tormentas.
·
SHELDON: Todo lo agradable que puede ser un
aviso con tanta premura, claro que, lo que menos entiendo es el secretismo
respecto al sitio, por lo menos tratándose de mí. No hace tanto tiempo que
estuve. ¿Se espera a alguien más?
·
ANDY: Ahí sí que puedo asegurar que no tuve nada
que ver. - soslayadamente procuraba mirar hacia ella- Sabes como es y que no le
discutan. Y sí, se espera a alguien más, pero no llegará hasta mañana. Sus
planes es hablar contigo hoy como preparatoria para lo que ha de venir mañana
por la mañana.
Detenidos junto a la puerta, les abrió, les anunció y les invitó a
pasar, cerrándola puerta tras de sí.
Bourke se encontraba sentado en la mesa donde él y Robert desayunaron
la última vez, consultando su portátil. Nada más oir a su ayudante, alzó la
vista, y en lo primero que sus ojos se fijaron
fue en ella. Cerró la tapa, y se
acercó a ellos mostrando su cara más amable .
·
BOURKE:
¡Por fín! – estrechó la mano de su socio, ofreciéndosela a continuación
a ella, la cual le correspondió- Bienvenidos. Tomemos asiento, en seguida nos
traerán un refrigerio .
Aparentemente tranquilo, su estado, sin embargo, denotaba ligera tensión
de fondo. La mezcla voluble y peligrosa en su caso de encontrarse en su situación y tenerla a
ella presente cuando había que hablar de temas de “negocios”, le resultaba
estresante.
·
BOURKE: Sé que todo esto te habrá parecido
precipitado Robert, pero han surgido ciertas complicaciones que han producido
que todo se acelere.
Sentados ambos en frente suya, la serenidad de ella casi le resultaba
más incómoda que la situación en sí.
·
SHELDON: Ciertamente esperaba que me lo
explicases, porque muy grave a tenido que ser para hacernos venir hasta aquí, y
mucho más si tenemos en cuenta las medidas de seguridad que has empleado.
·
BOURKE: Era necesario. – antes de proseguir,
volvió a mirarla. – Necesito liquidez de la que no dispongo en este momento,
así que, requeriría de tu autorización para vender algunas de las empresas ,
liquidar acciones , y los inmuebles a los que están asociados. Según mis contables es u buen momento para que pueda deshacerme
de algunas inversiones que no me están dando beneficios- volvió a mirarla –
bueno, a los dos claro.
Su aparente calma, sólo era un tramo transitorio pésima ocultado, que
por la forma en que ella le miraba, fija y atenta pero con gesto muy serio y
profesional, había comenzado a desmoronarse.
Robert se percató de que aquella no era una situación en la que
alguien como su socio navegase tranquilo, y mirándola, decidió dejarle paso a
ella.
·
HEYDEN: ¿Y sus contables le han dicho por qué
estiman que es tan buen momento?
·
BOURKE:
No soy economista Srta . Nash. De las cuentas se ocupan ellos, yo sólo
les hago preguntas, ellos me buscan las respuestas y después ejecuto.
Ella abrió su maletín y sacó una documentación que abrió encima de la
mesa.
·
HEYDEN: Pués me gustaría poder hablar con ellos
o ver sus informes la verdad, para contrastarlos con los míos, que desde luego
no lanzan resultados tan favorecedores.
·
BOURKE: Sinceramente Srta. Nash, no pretende
desmerecer su profesionalidad ni la calidad de su trabajo , motivo por el cual,
mi socio creyera la necesidad de contar
con sus servicios al frente de sus cuentas , pero los negocios comunes siempre
han sido llevados por otra gente de mi más estricta confianza y le puedo
asegurar , que me fío completamente de
su opinión y crédito.
·
HEYDEN: No lo dudo, y jamás me atrevería a
cuestionar a otro colega de profesión, pero- sacó una de las carpetas y la
lanzó en la esa deslizándose esta hasta él- me temo que, o bien sus contables
les han estado engañando a los dos, o no se han ganado su sueldo, que, a juzgar
por algunas de las inscripciones contables aparecidas en las cuentas de mi
cliente, son suyos pero pagan ambos. ¿a partes iguales?
Bourke alternaba su gesto serio y alterable entre un Robert más
clamado de lo normal dejándola llevar la reunión , y una mujer, que en ese momento, se convertía en un
estorbo.
Sin haber abierto la carpeta entregada por ella, la miró un instante,
y preguntó.
·
BOURKE: ¿Qué se supone que es?
·
HEYDEN: Un estado de cuentas, de mi cliente por
supuesto, aunque deduzco que el suyo , el auténtico, debería tener un aspecto
posiblemente similar si es que los documentos aportados por mi cliente y
previamente entregados por usted , son ciertos, respecto a las condiciones de
la sociedad. Según ese informe , y los datos aportados en los informes
complementarios, las sociedades en común han dejado de percibir en los dos
últimos años , más de quince millones de dólares , aproximadamente hablando
claro está. Las acciones han decrecido su valor progresivamente ya que desde
hacía tiempo la sociedades de inversiones y cotizables en bolsa no
experimentaban casi actividad ni movimiento en estos mercados. No se incentivó lo
suficiente a los inversores para que no buscaran otros campos más rentables y
sus asesores sí les indicaron correctamente cuándo vender. A parte de ello, las
sucesivas investigaciones fiscales , han hecho que descendieron mucho en el
ranking de inversiones confiables y otros potenciales inversores han preferido
retener sus intenciones.
·
BORUKE: ¿Y su solución?
·
HEYDEN: Esperar. Liquidar ahora es la peor idea.
Alterado por completo, explotó, y levantándose agitado de la silla,
deambuló por la habitación de forma nerviosa, hasta que en un momento dado , se detuvo y dándose la vuelta
, trató de aparentar de nuevo ese estado de calma en falso.
·
BOURKE: No puedo permitirme esperar. Necesito
liquidar como sea .
·
HEYDEN: Me ha preguntado por una solución, y yo
le he ofrecido la profesional que más les beneficia a los dos. Yo optaría por
esperar, al menos lo suficiente para incentivar a los inversores, una ligera
subida de las cotizaciones, y entonces vender.
·
BOURKE: ¿De cuánto tiempo estamos hablando?
·
HEYDEN: Me temo que es oscilante como el mismo
mercado, y mucho más si hablamos de bolsa y partimos de la mala fama de las
empresas cotizables. No será fácil
convencerles.
·
BOURKE: ¡Joder!
Con numerosos aspavientos y una incipiente pérdida de control, Robert
trató de mediar entre ambos a efectos de poder calmarle. Se levantó y se acercó
hasta él.
·
SHELDON: John, ella sólo te está dando las
mejores opciones , lo que no quiere decir que se acomoden a lo que necesitas,
pero ¿ a qué viene tanta prisa?
Bourke lo miró para después girar su cabeza hasta ella y bajarla para
respirar hondo antes de proseguir.
Mientras , Andy, como si se tratase de la visualización de un partida
de tenis, no perdía vista de la reacción de ambos para con el otro. La tensión se respiraba en exceso,
especialmente, porque para su jefe , la seguridad manifiesta de ella le
desencajaba , y mucho más cuando era para ponerle todo tipo de trabas y obstáculos
ante algo que, sin entender, él sólo quería soluciones inmediatas. Por su
parte, lo que Bourke era capaz de pensar cuando se sentía contrariado y , al
mismo tiempo, transmitir con los ojos, eso, era otra historia. Andy estaba
demasiado acostumbrado a verle en situaciones de extrema tensión, y en más de
una ocasión, por sólo emplear un tono de voz que él considerase inadecuado
dirigiéndose a su persona, había sacado su arme y disparado a la cabeza, su deporte favorito.
Como él mismo decía para orgullo propio, las cosas había que hacerlas efectivas
de una sola vez, y con una sola bala, así que se aseguraba el resultado
sabiendo el punto exacto donde terminar
con todo lo que le molestaba de alguna forma.
Vigilante externo de todo aquello, por el momento, se limitó a
continuar estudiando la perfecta ambientación de lo que parecía ser , un
complicado Réquiem de un final anunciado.
·
BOURKE: Antes de ayer impidieron la salida de
dos de mis contenedores en Amberes , y los controles en los aeropuertos de
Londres y Estambul se han intensificado. Me falla gente Robert. A veces tengo
la impresión de que saben mis pasos, de que controlan mi agenda de envíos mejor
que yo mismo. Creo que alguien me está traicionando, y sé que es uno de los
míos . Aún no logro averiguar quién pero lo haré. Necesito marcharme ya de aquí y desaparecer un tiempo. Además, el puñetero fisco me está
crujiendo por sorpresa.
·
SHELDON: ¿traicionado por uno de los tuyos? Vamos John. ¿Realmente
crees que con el miedo que te tienen y sabiendo cómo te las gastas , alguien
pensaría en traicionarte?
Su socio lo miró fijamente , y la voz de ella de fondo , lo hizo
focalizarla.
·
HEYDEN: si eso es así, cualquier movimiento
brusco y sin meditar bien , sólo
confirmaría las sospechas bloqueando desde arriba cualquier tipo de operación.
Posiblemente , la Comisión nacional de Valores ya haya sido avisada, y si es
así, habrá de operar con más cuidado. ¿Sabían todo esto sus fantásticos
asesores de confianza?
La rabia contenida manifestada por él en ese instante , hacía que
desease hacerle saber de lo que podía
ser capaz cuando le desafiaban, pero Sheldon trataba de controlarlo.
·
SHELDON: Actuar por impulso no te ayudará , y a
mí tampoco. – En ese momento entró el servicio con el refrigerio- Comamos algo
y relajémonos . Mejor pensar y adoptar decisiones con el estómago lleno ¿no
crees?
Escuchando las palabras de su socio, Bourke pareció relajarse algo más
, acercándose ambos hasta la mesa, disponiéndose a degustar la comida,
postergando, tal y como se había propuesto, la debida conversación .
Tiempo . Tiempo que parece no marcado por un reloj cuando son plazos
más amplios los que los determinan y las horas de intensificado trabajo de
oficina, juzgado y calle se convierten en todo lo realmente importante. Tiempo
que tampoco cuenta ni se mide para el descanso o el sosiego , porque apenas
para respirar llega.
Y así era al menos en la otra
punta de la costa.
Habiéndose acrecentado el
trabajo en los últimos meses, el despacho de David , con la ayuda de sus
socios , apenas sabía lo que era apagar
luces y marcharse a casa. Por sorpresa, varias demandas colectivas aparecidas
por sorpresa, una de ellas contra una de las más importantes firmas
farmacéuticas del país, habían requerido contratar nuevos ayudantes . Muchas horas de convivencia entre los tres
preparando los casos y tratando de distribuirlos, muchas horas de
conversaciones interminables que acaban empatando con el día siguiente sin que
se diesen cuenta salvo por la luz del día entre las ventanas.
Una locura de no vida , que les mantenía en una situación de tensión
permanente.
Por su parte , Michael había apreciado aquellas horas de intensa
convivencia. Ello le otorgaba la posibilidad de conocer más a fondo a Liz,
aunque fuera de forma no voluntaria . Y
para ella, poder limar , quizás, las pocas asperezas que pudieran quedar entre
ambos.
Tras un viaje de tres días para indagar sobre uno de los casos, volvió
directa del Aeropuerto a su piso.
Liz llegaba a casa con deseos de tomar un baño relajante y evadirse de
todo, pero al llegar a la recepción , le
entregaron una nota que había dejado aquella misma mañana un mensajero.
Nada más llegar a su casa y habiendo dejado las cosas encima de la
mesa de la cocina, abrió el sobre , y en su interior había una nota: “ En el
Hilton Manhattan East a las 8 pm .Fdo: M.F.”
Mientras en su cabeza rondaban las dudas sobre qué tipo de juego podría
traerse entre manos Michael al quedar en uno de los hoteles más lujosos de la
ciudad, preparó su baño de espuma
relajante, y acompañó aquel instante con una copa de vino blanco. Una vez el
agua comenzó a enfriarse, decidió que
era el momento de salir. Cogió la toalla ,
se secó y untó todo su cuerpo con
una crema suave como era costumbre en ella.
Desnuda frente al espejo enterizo del dormitorio , se percató de lo
que ante sus ojos se mostraba, evadiendo
su mente, hacia los recuerdos más
realistas de como su cuerpo era poseído
una y otra vez por un dominador nato de situaciones como era Michael. Un cuerpo
hermoso, que en sus manos, sólo tenía un dueño absoluto y así se lo hacía
sentir.
Del mueble que tenía justo en frente escogió un perfume , y habiéndose
humedecido apenas las yemas de los dedos,
acarició su cuello con él pensando en sus manos, reflejándosele sus
ojos mientras bajaba hacia su canalillo, rozaba el interior de sus muñecas y el
de sus rodillas, e incidía en su piel
con presión placentera. Sólo la realidad de su carne y de lo que era capaz de
sentir en ese momento, entraba en lucha
continua con lo que su mente le decía que Michael le transmitía cuando se
encontraba en su interior.
Se acercó al cajón donde guardaba la ropa interior, escogiendo una de seda y encaje negro sin
estrenar, y unas medias del mismo color con ligero.
Las medias se las fue subiendo lentamente, mientras su piel se erizaba con el tacto
intencionado de sus dedos en ellas.
Se acercó al armario, y escogió un vestido negro de tirantas finas y
generoso escote, con altura hasta la rodilla y
caída tan insinuante, que
conforme se movía, se realzaba tanto su
figura que incrementaba por momentos la
tentación de saber que habría debajo, y ella era perfectamente consciente de
ello.
La guinda final a tan delicioso pastel, la pondrían los zapatos negros de tacón
generoso y fino, culminando todo ello, con el pelo en un recogido sencillo. Sin más adornos.
Cogió un abrigo , se acercó al ascensor , y cuando se dirigía a la
puerta de salida del edificio, en el vestíbulo, el portero de turno le indicó que se acercara. ¿Su intención? Comunicarle
que en la entrada había un coche esperándola . A través de la cristalera, pudo ver un vehículo , un Audi A8 negro , y por fuera del mismo, un hombre
bastante joven y atractivo, trajeado de oscuro,
con la puerta del asiento de atrás abierta .
Sin querer hacerle esperar más, se acercó . Encontrándose junto al
coche, el hombre le dio las buenas noches citando su apellido, y le rogó se
subiera al vehículo. Una vez en el hotel de destino, el joven la acompañó hasta
la puerta de la suite, abrió con la llave electrónica que dejó en la consola que se encontraba a su izquierda, y se marchó cerrando la puerta tras de sí.
De píe cerca de la puerta, con una luz muy tenue, logró tener ante
ella una suite grande, minimalista en
cuanto a su decoración, revestida de tonos suaves. Grandes sofás y enormes
ventanales con vistas a lo mejor de la ciudad.
Caminó unos pasos, y un ligero
y encantador olor a azahar llegó hasta su nariz.
Sin tocar nada pero observándolo todo, aquella habitación impoluta que pareciera sacada de un reportaje
de una revista de decoración, transpiraba un aire tranquilo y sutil.
Al acercarse a los sofás, no pudo evitar tocarlos, mientras seguía con sus dedos la ajustada
línea de la piel del más grande de los
tres que centraban lo que parecía ser el salón.
De pronto , una voz tan
sugerente como su dueño, acompañada de
un olor muy familiar, le daba la
bienvenida a su espalda.
• MICHAEL: Déjame tu
abrigo.
Se dio la vuelta muy despacio y
allí estaba él, Michael.
Vestido elegantemente con un traje de chaqueta oscuro que realzaba sin
duda ese cuerpo del que él tanto le
gustaba presumir sin hacerlo, sabiéndose
admirado , con una corbata del mismo tono, y ese porte de seguridad en sí mismo que solía
acompañarlo, se personó ante Liz con su característica sonrisa y sus más penetrantes
y casi intimidatorios ojos azules.
Con sus manos en las solapas
del abrigo , se las retiró hacia detrás mientras ella pudo percibir su aliento , cálido y cercano.
Ella comenzó a encontrarse tensa, descolocada ¿por qué quedar en este
hotel en vez de en su casa o en la de él? Cada vez que se encontraban compartiendo
espacio, aquella mujer, segura de sí misma, perdía parte de su voluntad sin
saber bien por qué. Sus piernas no solían responder como su cabeza le pidiera
que lo hicieran. Se sentía contrariada. No es que su vida sentimental estuviera
cargada de experiencias, pero las que había tenido resultaban ser muy selectas
, y sin embargo, de entre todas ellas, no recordaba a ningún hombre que pudiera
hacerle olvidar quién era de aquella forma, ni que la hiciera sentir de esa
manera con tan sólo mirarla.
·
MICHAEL: Te noto tensa.
Y ciertamente lo estaba.
Michael se acercó al mueble bar y preparó dos bourbon. Caminó hasta
uno de los sofás y se sentó, y con una de sus manos, le hizo el gesto del que ofrece asiento.
·
MICHAEL: Por favor. – acercándose a la mesita
que tenía delante , donde previamente había colocado los vasos, se acercó y
cogió uno , ofreciéndoselo - Sé que
normalmente no bebes esto, pero creo que ahora
te ayudará a relajarte más que cualquier otra cosa.
Una vez sentados, tras tomar un sorbo y seguir sintiéndose
incómodamente observada de manera
continua por aquellos ojos azules, los más posesivos e intrigantes que jamás había
visto, se armó de valor para comenzar a indagar.
• MICHAEL: Te noto
ansiosa por preguntar algo.
Pese al tiempo, lo que no había cambiado, era su imposibilidad ,
cuando permanecían solos , de fijar sus ojos en él.
• LIZ: No
especialmente, pero sí, me resulta extraño que hayamos quedado aquí.
• MICHAEL: Creo que
llevábamos mucho tiempo estresados y que merecíamos darnos un descanso, y por
supuesto, no podía ser en otro sitio que un lugar inmejorable.
• LIZ: No seré yo
quién te lo niegue.
Ella bebía pequeños sorbos casi de forma compulsiva como medida de
autoprotección, cuando él se la retiró y colocaba ambos vasos encima de la
mesita.
·
MICHAEL: Sé que no nos lo hemos puesto fácil
ninguno de los dos, pero somos personas adultas y conscientes de lo que hay .
·
LIZ: - extrañada- ¿De lo que hay? ¿Te refieres
entre nosotros?
·
MICHAEL: ¿Hay alguien más? Porque yo no lo veo.
·
LIZ: ¿Y qué se supone que hay a parte de una
relación profesional muy bien llevada y algún que otro encuentro esporádico?
Ante la falta de respuesta por su parte , los nervios se acrecentaron.
·
MICHAEL: Liz, voy a preguntarte algo . ¿Serás
capaz de darme una respuesta sincera?
Temiéndose lo peor mientras comenzó a juguetear con sus manos, sólo
podía continuar preguntando a efectos de
alargar el momento.
• LIZ: ¿Puedo abstenerme de responderte?
·
MICHAEL: ¿Confías en mí?
Y sus manos pararon , y con un
giro rápido de su cabeza hacia él, sólo pudo observarle más directamente a los
ojos que nunca.
·
LIZ: ¿Qué?
• MICHAEL: ¿Qué si confías
por entero en mí?
Sólo la expresión de sus ojos , seguido de un inseguro y casi temeroso
“ no lo sé” fueron suficientes. Le ofreció su mano esperando que ella la
aceptase. Ella la miró, la devolvió a sus ojos, y tras cogérsela, se levantaron
del sofá.
• MICHAEL: Ven
conmigo.
Se dirigieron a la terraza donde una cena ligera estaba preparada, pero antes , Liz , impresionada por las
vistas de la ciudad, decidió disfrutarlas un poco.
• MICHAEL: Es una
ciudad que te atrapa o terminas aborreciendo.
• LIZ: Nunca pensé
que me pudiera gustar tanto. Todo lo que te ofrece sin apenas esfuerzo.
• MICHAEL: Bueno….
Alguno hay.
• LIZ: ¿Por qué me
has preguntado si confiaba en ti?
Michael se sonrió y no le contestó.
• MICHAEL: Cenemos
algo. Más tarde tendremos oportunidad de comprobarlo.
Durante la cena, las tensiones
parecían haber desaparecido. Ella se encontraba más cómoda y relajada, sin
embargo, él no dejó en ningún momento de
prestarle atención. Cada gesto, cada mirada, cada palabra, todo era
minuciosamente estudiado por él, y sólo cuando
lo creyó oportuno, decidió terminar con aquella situación para poner a
prueba dicha presunta confianza.
Sin mediar palabra, tan sólo extendiéndole su mano de nuevo , esperó
que ella depositase la suya, y una vez lo hizo , sin pensárselo, lo acompañó hasta el dormitorio.
Deteniéndose ambos junto a la cama, se acercó a uno de sus oídos
y le susurró algo .
• MICHAEL: No te muevas.
Dejándola allí de píe, caminó hasta la
mesilla de noche que más cerca tenía de él , extrayendo un pañuelo largo de seda de uno de los cajones.
Con él en ambas manos, volvió sobre sus pasos hacia Liz, y sólo con la mirada, le preguntó si podía usarlo. Su lenguaje no
verbal resultaba inconfundible, y con el tiempo, Liz había aprendido a traducirlo. Introducida en un mundo desconocido hasta ese
momento y sin saber qué la deparaba, tragando saliva con cierta
dificultad, decidió seguir adelante con
su juego. Asintió , sin saber ni cómo ni
dónde lo utilizaría, pero con la
sensación de convertirse en una mesa de juegos , teniendo conciencia de que los
propuestos por el jugador resultaban de lo más excitantes.
Con el pañuelo en ambas manos, volvió a acercarse a su oído, y el tono susurrante volvió a resonar.
• MICHAEL: Cierra los
ojos.
Con una suavidad y delicadeza extremas, le colocó el pañuelo en los
ojos y lentamente ,fue apretándolo para asegurarse de que no pudiera ver nada.
• MICHAEL: Relájate.
Simplemente, déjate llevar.
La sentó en el borde de la cama y ella apoyó sus manos a los lados de su cuerpo.
Agachado y muy cerca de ella,
con sus manos a los lados de las suyas y sin modificar su sugerente tono
de voz, volvió a preguntarle.
• MICHAEL: Te lo
preguntaré una sola vez más ¿Confías en mí? – Tras pensarlo durante un instante
, y debiendo reconocer para sus adentros que en el fondo la curiosidad la
podía, asintió con la cabeza, Michael le insistía- Dilo Elisabeth.
• LIZ: -en voz baja-
Sí.
• MICHAEL: No te
oigo.
• LIZ: -En voz un poco más alta- Sí.
Oyó ligeramente como si se alejase , pero no demasiado, y poco
después, el movimiento encima de la cama, detrás suyo, le daba la pista de
dónde se encontraba.
Tras un instante de silencio donde intentaba controlar su respiración
entrecortada, un escalofrío constante recorrió su cuerpo en toda su amplitud.
Sintió como unas yemas de dedos , suaves, apenas imperceptibles,
recorrían su nuca sin distraerse, disfrutando de su piel erizada.
Instintivamente, pudo percibir, como su
cuerpo comenzaba a evadirse al mismo tiempo que la tensión comenzaba a
disiparse.
Michael la ayudó a incorporarse encima de la cama y a sentarse
sobre sus rodillas flexionadas encima
del colchón , de frente suya. El revés de los dedos de él , tan lentamente como deseaba
disfrutar de ese momento , circundaron por el borde del escote del traje , dibujando suaves trazos por encima de su ropa
interior, y conforme se incrementaba la
presión de las caricias en sus senos,
ella no pudo evitar dejar caer su cabeza hacia atrás buscando un apoyo
inexistente, dejando todo su cuello al
descubierto, incitándole a seguir el recorrido por su erizada piel. Dedos firmes y suaves, que decidieron ascender ejerciendo más presión en su cuello hasta
tensarlo, obligándola a dejar caer aún más su cabeza, mientras con su otra mano la sostenía por la
cintura.
Dedos inquietos pero sabiamente mandatados, que según llegaron a su barbilla, decidieron
hacer una parada en sus labios entreabiertos recorriéndolos por completo,
mientras la víctima de los mismos, caía en
niveles de excitación
oscilante muy placenteros.
Y en aquel recorrido inusual para lo que ella estaba acostumbrada de
él, las caricias sobre los hombros, utilizando como instrumento complementario para terminar
de doblegar su voluntad , el interior de las asillas del vestido en toda su longitud, apoderándose de ellas una y otra vez, dejando
rozar la fina tela sobre su piel, parecía ser más un preámbulo
que la culminación de todo placer dado ,distinto, sutil.
De rodillas frente a ella como estaba, sin despegar las manos de su
cuerpo , acercó el suyo hasta donde apenas hubo dejado espacio entre ambos , y las deslizó hasta llegar a sus piernas
introduciéndolas por el interior de sus muslos,
sin que el creciente deseo por abordar sus labios cesase ni por un instante , desarrollando con
ella, una especie de juego casi mortal
de resistencia inaudita.
Un cuerpo femenino, que cuando las manos de quién se apoderaba de
ella sin preverlo, se situaron cerca de su pelvis , continuando su recorrido
, sin solución de continuidad, hacia el interior de sus muslos, obedeció sin
oposición alguna a su indicación de que los abriera.
Un tanteo casi desesperado de sus manos por encontrar el nudo de la
corbata , unos movimientos casi huidizos
para no conseguirlo por parte de él, culminaron con que acabase
agarrándolo con tanta fuerza, que para asegurarse, tirase de él hacia ella,
hasta que casi sus labios pudieron rozarse, desatándolo y tirando de uno de los
lados hasta dejarla caer encima de la cama.
Liberada por el momento de su apoderamiento, las manos de ella buscaron
su pecho instintivamente, desabrochando cada botón de la camisa , disfrutando como nunca del tacto que se
presentaba ante ella. Michael, indudablemente, no buscaba más que ella pudiese conocer hasta
dónde podía disfrutar de sus otros sentidos y de su propia imaginación, y hasta
el momento , su morboso juego lo estaba culminando con plena satisfacción.
Mientras ella disfrutaba saboreando su
cuerpo , la indicación perfecta del camino a seguir por sus labios se la dio
él, inclinando su cuerpo hacia detrás para obligarla a descender, deteniéndose
cual manjar descubierto, en sus pezones ,
mientras con sus manos , trataba de hacerse la situación mental.
Aquel maravilloso y elegante
cuerpo, de cuya desnudez había
disfrutado en más de una ocasión, le volvía a ser ofrecido por entero, pero en esta ocasión, la sensación le resultaba a Liz completamente
diferente. Ella dibujaba lentos surcos con
leve presión sobre la piel de él.
Para Michael, sin embargo , poder sentir aquellas manos, aquellas uñas
marcando su piel, no eran suficiente. Aún su juego debía deparar una jugada
más. Era él quién marcaba los límites de lo que consideraba auténtica y plena
confianza, y aún esos límites no habían sido ni levemente rozados a su juicio.
Aquel hombre que acababa de resolverle todas las dudas posibles sobre
su capacidad para dar un placer inconmensurable a una mujer , volvió a
acercarse a su oído para susurrarle insinuantemente : “¿Quieres seguir adelante?”.
Con la respiración entre cortada y sin que apenas saliese de su
garganta un mínimo hilo de voz, sabiendo
que se encontraba muy cerca de ella esperando la respuesta, pareció dudar,
hasta que con voz casi imperceptible, le contestó que “sí”.
Pese a haberlo escuchado, Michael se lo volvió a preguntar señalándole
que no la había oído. Ella se reafirmó.
Incorporándose, empujándola
consigo junto a su cuerpo, colocó sus manos detrás de ella , le soltó el pelo y
tirando de él, echó su cabeza hacia
detrás. El recorrido perfecto y
simétrico que la punta de su lengua realizaba desde la barbilla hasta sus pechos,
provocaba su excitación hasta puntos incalculables, mientras que la
motivación para comportarse más férreamente con ella , sin dejarla descansar en
el mar de sensaciones, se acrecentaba con la respuesta recibida de su
cuerpo. Ella tenía muy claro lo que
deseaba en aquel momento, él lo sabía, y
ésto le estaba pareciendo una tortura.
Michael le colocó entonces una
de las manos en el esternón, entre los senos, sintiendo como su corazón latía disparado. Parecía
querer conseguir un objetivo completamente desconocido y deliciosamente
deseado.
La cogió de la cintura de nuevo y la hizo recostarse . Él se colocó encima
suyo cogiéndole uno de los brazos. Al ella comprobar que parecía estarla
amarrando de las muñecas , la relajación
dio paso a una tensión nerviosa , cuya respuesta inmediata, fue no dejarse coger del otro y forcejear
ligeramente, para evitar que
Michael consiguiera la inmovilización
total.
Tras un rato intentándolo, y
teniendo en cuenta que ni veía ni podía moverse demasiado, la ventajas de ver y
la fuerza aplicada por él , vencieron su resistencia.
Sensaciones contradictorias recorrían el cuerpo de Liz en ese momento.
Querer que la soltase y marcharse de allí , y al mismo tiempo desear que la
hiciese suya en cuanto sentía su miembro erecto encima de la zona púbica.
Al no haber forma alguna de que se tranquilizase y se quedase quieta,
Michael fue apoyando su cuerpo sobre
ella mientras sus brazos agarraban los suyos con la idea de conseguir una
inmovilización total y una derrota .
El roce de su cuerpo y de su piel era tan excitante, y la presión
ejercida tanta, que Liz decidió rendirse
a su voluntad , y rodear con sus piernas las caderas de él para que el contacto fuese máximo.
Inmóvil, acercó sus labios a los de ella, y apenas rozándolos, comprobó sus esfuerzos para buscarlos.
Pero ella no sólo los buscaba, sino que los deseaba a toda costa , haciendo auténticos esfuerzos por levantar su
cabeza, sintiéndose impotente cuando él
los retiraba sin que hubiera habido contacto.
Michael, consciente de que en el punto de excitación en el que se
encontraba Liz sería capaz de saber la respuesta por adelantado, le hizo una última pregunta, pero ésta vez sin susurros, con su propia voz
firme y sensual “¿Cuánto eres capaz de entregarte?”
La tensión volvió a un cuerpo prácticamente inmovilizado y a merced de
un profesional , encontrándose en ese punto real, en el que tuvo que esperar a
llegar hasta allí , para sentirse realmente imposibilitada y a merced de otro.
Ella no podía parar de pensar, que aquellos ojos penetrantes y aquel
atractivo rostro se encontraba tan cerca , que resistirse a la tentación de hacerlo suyo
era peor que entregarse.
• MICHAEL: Volveré a
preguntártelo una sola vez ¿Cuánto eres capaz de entregarte?
• LIZ: Michael..
• MICHAEL: ¿Cuánto?
LIZ no podía evitar encontrar
excitante la forma insinuante y provocativa de preguntarle todo aquello, de ser
capaz de cuestionarla como si él se
excitase con cada respuesta.
• LIZ : ¿Cuánto
deseas tú que me entregue?
Michael sonrió ligeramente, había conseguido uno de sus objetivos: que
se rindiese a él de forma incondicional.
• MICHAEL: Voy a quitarte
el pañuelo y a soltarte las manos. Te pondrás de rodillas encima de la cama,
mirando hacia la pared de enfrente. Dándome la espalda.
Sin dejar de tocarla y
acariciarla con leve presión de sus dedos, se inclinó un poco hacia adelante para
llegar hasta las manos y liberárselas.
Una vez liberada, bajó las manos con la intención de tocarle, pero él no la dejó, y con uno de sus dedos, le indicó que se diese la vuelta para que
hiciese lo que él le había dicho.
Situada de espaldas , de rodillas sobre la cama e intentando relajarse abriendo y cerrando
las manos sobre sus muslos, Michael se colocó detrás de ella pegando su cuerpo
como en comunión perfecta, deslizándole una mano desde la cintura al pecho, mientras la otra, en la cabeza, entrelazaba
los dedos en su cabello masajeándoselo, para culminar agarrándola fuertemente de
él y tirándole hacia su hombro, con el consiguiente gemido aspirado de ella.
Y con la misma mano que sostenía su cabeza con fuerza, la empujó hacia
delante, la bajó por toda la espalda
siguiendo la ruta de su columna, mientras con la parte baja de su cuerpo, rozaba su sexo con
el cuerpo de ella.
• MICHAEL: Dime que
quieres sentirme dentro de ti.
Su tono de voz, malévolamente sensual y provocador, sólo lograba acrecentar la excitación.
Michael pretendía, sin duda, que ella llegase a su límite de aguante en cuanto
al grado de placer que era capaz de contener, y se rindiera sin más a él suplicándole que la penetrara y no se
atreviera a salir. Quería su entrega total y absoluta, quería escucharla
implorar , lo necesitaba . Todo ello, como prueba de que él tenía el control de la
situación y de su persona.
Como ella misma se había figurado sabía jugar, y tan bien y con tanta
perfección, que siguió rozándose una y
otra vez esperando el cercano momento de la deliciosa gloria que suponía
hacerla suya completamente.
• MICHAEL: - con voz
cargada de intensidad y decisión- Dímelo Liz.
Pese a que en sus adentros deseaba ser ella misma quien le empujara y culminar
lo que más deseaba en ese momento, algo hacía que se resistiera a darse por
vencida. Como si quisiera demostrarle que en estos juegos es una ganadora consumada
y ella es la que manda, o que no le iba a resultar tan fácil al menos.
Michael fue elevando el tono de su voz y aplicando más intensidad a
los roces, empujándola con su pelvis con fuerza, como si de verdad la estuviera
penetrando mientras le tiraba del cabello para poder ver su cara.
• MICHAEL: -¡Dímelo!
Y pese a sus intentos, pese a su contención, ya no resistió más. No podía soportar que el placer extremo en lo
que se suponía era un juego previo pero muy intenso, siguiera convirtiéndose en
dolor agudo , y que todas sus defensas
se vinieron abajo.
• LIZ: - Enfadada
consigo misma por la derrota, le dio a Michael la respuesta deseada- ¡Sí!
Escuchar aquella respuesta , más que predecible, le hizo sonreírse ,
soltándole el pelo como compensación. Extrañada de no haber dejado sentirle
junto a ella, observó que Michael se
retiraba hacia detrás , donde se
encontraban las almohadas.
Ella giró su cabeza hacia
detrás, se sentó de lado, y vio a un Michael exultante y echido de felicidad
extrema por haber conseguido triunfar en un juego que sólo él conocía.
·
LIZ: - Bastante enfadada- Pero ¿de qué va esto?
• MICHAEL: Quería comprobar hasta dónde llegaba tu
confianza en mí. Nada más.
• LIZ: - sonrió
sorpresivamente al no entender de qué iba todo aquello- Muy presuntuoso por tu
parte creerte tan irresistible ¿no?. Tan poderoso con tus historias que todas
caen a tus píes sin resistencia. Si crees que esto se ha terminado de esta
forma andas muy equivocado.
El rostro seductoramente burlón de Michael se tornó excesivamente
serio, y hasta se podría decir que su enfado progresaba adecuadamente.
·
MICHAEL:
Aceptaste las condiciones, puedo decidir parar cuando lo deseo. Tú
podías haberme dicho que no.
• LIZ: - volvió a colocarse de rodillas , y con las
manos sobre la cama fue gateando muy
despacio hacia él- ¿En serio crees que puedes provocarme de esta forma y
dejarlo todo? ¿Acaso vas a atreverte a
mentir diciéndome que no me deseas? –Justo se situó con tan solo dos
centímetros de separación entre sus labios, y ahora era ella la que le susurraba mirándole fijamente a los
ojos – No me gusta que jueguen conmigo
¿es qué ésta es tu venganza por tomar la iniciativa el otro día?
Michael miraba sus labios, tan tremendamente tentadores y apetecibles
con auténtico deseo.
• LIZ: Ahora
entiendo, no te gusta que tomen la iniciativa, o¿ es qué prefieres ser tú el
que dicte la última palabra ?
Humedeciendo sus labios , Michael la agarró con firmeza cogiendo su
cabeza con ambas manos, y la besó apasionadamente y con fiereza, le
mordisqueaba los labios, la separaba para contemplarla y volvía a besarla.
Liz se puso de pie en la cama y adelantándose hacia él, fue bajando
lentamente su ropa interior sin que
Michael perdiera la atención ni un solo instante. Se sentó encima de su zona pélvica con sus
piernas cruzadas en la espalda de él. Un solo instante bastó, para sentir que su
miembro viril se apoderaba de forma esplendorosa de todo su interior, y como
sus manos, en sus nalgas, empujaban su
cuerpo hacia él , rigiéndole todos sus movimientos.
Con cada incursión , los jadeos de ella se hacían más patentes , la
respiración parecía faltar y no lograba
decir otra cosa que “ SÍ” de forma reiterativa y constante. Cuanto más se excitaba ella y lo demostraba
en su rostro, más se excitaba él viéndola. Su cara de plena satisfacción , con su boca
entreabierta, sus labios secos, su
cuerpo comenzando a brotar la humedad y la tensión, el sí repetitivo y suplicante de ella, su deseo
irrefrenable de que una vez en su interior
él saliese ni se detuviese por
nada del mundo, supusieron una tensión sexual , que provocaron en él , el
arranque de su sujetador, y que los
senos de ella, liberados, hiciera
suyos con ansiedad inusitada , abarcando con la boca la mayor superficie
posible.
La excesiva expresividad de Liz en aquella entrega mutua, le llevaba a él a modificar la intensidad y velocidad de las
penetraciones sólo por oírla suplicarle
que no se detuviera, por disfrutar con su cara desecha de placer, y por demostrarle que tenía razón en algo :
la deseaba y mucho , desde el momento en que la vio en el despacho , y que
dicho deseo no había logrado relajarse una pizca.
Haciendo caso omiso de su intenciones, y demostrándole su entrega por
completo, ella agradecía la intensidad clavando en su espalda sus uñas,
tensionándose mucho más al sentirlas.
Gozando de los rostros de inmenso placer que provocaba, él no le
quitaba la vista . Pese a sus intentos por ser discreta, en los momentos en que
las penetraciones eran más intensas, sus sonidos interiores casi parecieron
alaridos brutales. Ante el intento por parte de su pareja de taparle la
boca con sus dedos, ella los mordía una y otra vez.
Le encantaba ver como gozaba extasiada .
Ejerciendo presión sobre él, ayudada de sus manos y piernas, logró
girarlo tirándole bocarriba en la cama, sin perder la
conectividad íntima. Ahora era ella la
que retomaba el control de su cuerpo y dirigía el acto como quería. Aquel
cuerpo ahora sí que era suyo, y él voluntariosamente la dejaba hacer.
Tan sólo un instante después, cuando ya no resistía más, sintiendo
ambos el estallido perfecto y el clímax máximo, agotada por el esfuerzo, cayó sobre él en un estado de desmayo
consciente y falta de aire continuo.
Michael, que hasta entonces no había expresado ternura salvo en
contadas ocasiones, cerró los ojos, y la abrazó fuertemente besándola en el
pelo.
Ana Patricia Cruz López
Todos los derechos reservados

No hay comentarios:
Publicar un comentario
Muchísimas gracias por participar en esta página