sábado, 17 de octubre de 2015

NADA ES LO QUE PARECE. CAPITULO OCTAVO . LA TRANQUILIDAD, NUNCA DURA DEMASIADO. (Registrado en SAFE CREATIVE junio 2015)

Créditos a quién corresponda
Casi se podría decir,  que los propósitos pueden conseguirse si hay intención en ello y las cosas se tienen claras al respecto de las decisiones que se adoptan.

Cuatro meses después de aquel último punto hablado que cambiaría la relación habida entre Heyden y los negocios de Robert, en lo personal, la situación se había convertido algo más llevadera desde que , inexplicablemente para él, ella decidiese , por cuenta propia, mantener las distancias hábilmente. El lema de “quería a la profesional”, se cumplió en toda su extensión, y lejos de aspirar a algo más que lo que tenía, se volcó en el trabajo financiero para él y en tratar de implicarse más en el mundo de Bourke .

Las reuniones en lugares apartados  con Sanders se habían distanciado al contar con información directa de Andy, y ella trataba de estar en alerta permanente cada vez que el socio de su jefe se encontraba en el mismo espacio que ella.
La incomodidad inicial, había pasado a convertirse en una ardua tarea de lucha intestina por hacerse valer en las reuniones a las que asistía. Robert, tal y como ella le había impuesto como condición sine qua non para no marcharse,  le hizo ver de la necesariedad para él de que ella estuviese presente, y pese a no mostrar demasiada resistencia, siempre por propio interés, lo cierto  es que a Bourke, el hecho de tenerla allí no le hacía las cosas más fáciles ni cómodas.
Las miradas inquisitivas y descaradas  de forma continua , centrando su atención  provocativamente delante de su socio, y la rápida capacidad de respuesta de ella ante las medias palabras que parecía decir cuando se hablaba de “aquellos otros negocios”,  le enervaban hasta límites insospechados , debiendo contenerse  , al menos en presencia de los asistentes.

En todo este tiempo pasado, durante todas aquellas reuniones, Heyden hizo algo más que tratar de negocios avispadamente. Aprovechó para calcular cada uno de los puntos débiles de su objetivo, se concentró en saber cómo ponerlo nervioso más de lo que se encontraba ante su presencia , y en saber cómo descolocarlo delante de un Sheldon que,   para vanagloria y satisfacción de éste , llegó a dejar el mando y curso de  muchas de esas reuniones  a ella .

Reuniones que eran preparadas meticulosamente por ella días antes , y que, tras redactar uno de sus completos informes para él, Robert revisaba varias veces , con el objetivo de no caer en posibles fallos o grietas.
Reuniones en las que ella asumía el papel de ayudante y asesora financiera en toda su extensión apoyando el argumentario previsto, pero en las que para Bourke,  adoptaba más protagonismo del que sería deseable.

Una mañana, Robert recibió una comunicación urgente de Bourke en la que se le convocaba  a una reunión urgente  a celebrar al día siguiente,  en una dirección concreta , fuera del país.
Por algún motivo que se desconocía , le habían entrado prisas repentinas por conocer su estado de cuentas.
Aunque su necesariedad tenía una causa que la justificaba , y que apremiaba dicha urgencia. Un motivo que, aunque su socio desconociera, éste era harto conocido por ella.

Bourke habría tenido que acelerar de improviso sus planes para marcharse del país , y necesitaba conocer de inmediato su estado de cuentas al requerir liquidar algunos negocios, entre los cuales , se encontraban muchos de los que poseía en común con Sheldon.
Según la información que le aportaron a Heyden, la búsqueda de un destino seguro en Brasil era prácticamente un hecho, contando con gente afincada allí, en un lugar aún por determinar, que le allanara el terreno con la gente local y le dispusiera todo, incluso la búsqueda de la que resultaría su residencia efectiva y definitiva , al menos durante un largo período de tiempo.
La Agencia, incluso a través de Andy,  la había puesto al día de la venta apresurada de algunos inmuebles que poseía en Sudamérica, y  otras propiedades cuyo titular  resultaban ser algunas  de las sociedades de inversiones creadas .

Dispuestos a acudir con todo listo , más alguna sorpresa prevista en el maletín de ella, cogieron el avión privado indicado por quién la convocaba, a primera hora de la mañana, con una ruta de vuelo prefijada, y para ellos desconocida.
Aproximadamente dos horas después, el jet aterrizaba en una pista privada y semi abandonada de un lugar caluroso y húmedo. Nada más abrirse la puerta, un coche todoterreno les estaba esperando , y un hombre , de los dos que vinieron en él, se bajó del mismo con sendos pañuelos oscuros en una de sus manos.
Tras solicitarles que se tapasen los ojos, ante la disposición de Robert a llevarlo a cabo, ella le miró extrañada. Él le gesticuló, y simplemente, le hizo caso.

Subidos en la parte trasera del auto, el recorrido se hizo angosto  y empedrado.  A  punto de llegar a destino, el olor que provenía de las ventanas abiertas le resultó muy familiar a él, provocando que se relajara, y que buscando a tientas , diese con la mano de ella cogiéndosela unos instantes con fuerza  ante su sorpresa.

Nada más detenerse  y apagar el motor del coche, fueron ayudados a bajar del mismo. Cuando  se retiraron las vendas de los ojos, el rostro de Robert observándola con confianza y tranquilidad , se la traspasó en parte, pero su mayor seguridad, se la otorgó , una vez en su interior, ver a Andy acercarse hasta ellos.

·        ANDY: Bienvenidos. Sheldon . Srta. Nash es un placer volver a verla. Acompáñenme por favor.

La casa era perfectamente reconocible . Estaban en Panamá, en la casa dónde ellos habían mantenido más de una reunión , y cuyas paredes férreas parecían darle más seguridad que otra cosa.
Ella , sin embargo,  amplificaba su curiosidad de la forma más discreta posible, llamada por  , entre otras cosas, las apreciables vistas con las que dicha vivienda parecía contar.
Mientras Andy les acompañaba a la terraza donde Robert y Bourke tuvieron su último encuentro ,  les mantuvo ocupados con su conversación.

·        ANDY: Espero hayan tenido un vuelo agradable, hasta última hora se decía que posiblemente hubiera habido tormentas.
·        SHELDON: Todo lo agradable que puede ser un aviso con tanta premura, claro que, lo que menos entiendo es el secretismo respecto al sitio, por lo menos tratándose de mí. No hace tanto tiempo que estuve. ¿Se espera a alguien más?
·        ANDY: Ahí sí que puedo asegurar que no tuve nada que ver. - soslayadamente procuraba mirar hacia ella- Sabes como es y que no le discutan. Y sí, se espera a alguien más, pero no llegará hasta mañana. Sus planes es hablar contigo hoy como preparatoria para lo que ha de venir mañana por la mañana.

Detenidos junto a la puerta, les abrió, les anunció y les invitó a pasar, cerrándola puerta tras de sí.
Bourke se encontraba sentado en la mesa donde él y Robert desayunaron la última vez, consultando su portátil. Nada más oir a su ayudante, alzó la vista, y en lo primero que sus ojos se fijaron  fue en ella.  Cerró la tapa, y se acercó a ellos mostrando su cara más amable .

·        BOURKE:  ¡Por fín! – estrechó la mano de su socio, ofreciéndosela a continuación a ella, la cual le correspondió- Bienvenidos. Tomemos asiento, en seguida nos traerán un refrigerio .

Aparentemente tranquilo, su estado, sin embargo, denotaba ligera tensión de fondo. La mezcla voluble y peligrosa en su caso  de encontrarse en su situación y tenerla a ella presente cuando había que hablar de temas de “negocios”, le resultaba estresante.

·        BOURKE: Sé que todo esto te habrá parecido precipitado Robert, pero han surgido ciertas complicaciones que han producido que todo se acelere.

Sentados ambos en frente suya, la serenidad de ella casi le resultaba más incómoda que la situación en sí.

·        SHELDON: Ciertamente esperaba que me lo explicases, porque muy grave a tenido que ser para hacernos venir hasta aquí, y mucho más si tenemos en cuenta las medidas de seguridad que has empleado.
·        BOURKE: Era necesario. – antes de proseguir, volvió a mirarla. – Necesito liquidez de la que no dispongo en este momento, así que, requeriría de tu autorización para vender algunas de las empresas , liquidar acciones , y los inmuebles a los que están asociados.  Según mis contables  es u buen momento para que pueda deshacerme de algunas inversiones que no me están dando beneficios- volvió a mirarla – bueno, a los dos claro.

Su aparente calma, sólo era un tramo transitorio pésima ocultado, que por la forma en que ella le miraba, fija y atenta pero con gesto muy serio y profesional, había comenzado a desmoronarse.

Robert se percató de que aquella no era una situación en la que alguien como su socio navegase tranquilo, y mirándola, decidió dejarle paso a ella.

·        HEYDEN: ¿Y sus contables le han dicho por qué estiman que es tan buen momento?
·        BOURKE:  No soy economista Srta . Nash. De las cuentas se ocupan ellos, yo sólo les hago preguntas, ellos me buscan las respuestas y después ejecuto.

Ella abrió su maletín y sacó una documentación que abrió encima de la mesa.

·        HEYDEN: Pués me gustaría poder hablar con ellos o ver sus informes la verdad, para contrastarlos con los míos, que desde luego no lanzan resultados tan favorecedores.
·        BOURKE: Sinceramente Srta. Nash, no pretende desmerecer su profesionalidad ni la calidad de su trabajo , motivo por el cual, mi socio creyera  la necesidad de contar con sus servicios al frente de sus cuentas , pero los negocios comunes siempre han sido llevados por otra gente de mi más estricta confianza y le puedo asegurar  , que me fío completamente de su opinión y crédito.
·        HEYDEN: No lo dudo, y jamás me atrevería a cuestionar a otro colega de profesión, pero- sacó una de las carpetas y la lanzó en la esa deslizándose esta hasta él- me temo que, o bien sus contables les han estado engañando a los dos, o no se han ganado su sueldo, que, a juzgar por algunas de las inscripciones contables aparecidas en las cuentas de mi cliente, son suyos pero pagan ambos. ¿a partes iguales?

Bourke alternaba su gesto serio y alterable entre un Robert más clamado de lo normal dejándola llevar la reunión , y una mujer,  que en ese momento, se convertía en un estorbo.
Sin haber abierto la carpeta entregada por ella, la miró un instante, y preguntó.

·        BOURKE: ¿Qué se supone que es?
·        HEYDEN: Un estado de cuentas, de mi cliente por supuesto, aunque deduzco que el suyo , el auténtico, debería tener un aspecto posiblemente similar si es que los documentos aportados por mi cliente y previamente entregados por usted , son ciertos, respecto a las condiciones de la sociedad. Según ese informe , y los datos aportados en los informes complementarios, las sociedades en común han dejado de percibir en los dos últimos años , más de quince millones de dólares , aproximadamente hablando claro está. Las acciones han decrecido su valor progresivamente ya que desde hacía tiempo la sociedades de inversiones y cotizables en bolsa no experimentaban casi actividad ni movimiento en estos mercados. No se incentivó lo suficiente a los inversores para que no buscaran otros campos más rentables y sus asesores sí les indicaron correctamente cuándo vender. A parte de ello, las sucesivas investigaciones fiscales , han hecho que descendieron mucho en el ranking de inversiones confiables y otros potenciales inversores han preferido retener sus intenciones.
·        BORUKE: ¿Y su solución?
·        HEYDEN: Esperar. Liquidar ahora es la peor idea.

Alterado por completo, explotó, y levantándose agitado de la silla, deambuló por la habitación de forma nerviosa, hasta que en un  momento dado , se detuvo y dándose la vuelta , trató de aparentar de nuevo ese estado de calma en falso.

·        BOURKE: No puedo permitirme esperar. Necesito liquidar como sea .
·        HEYDEN: Me ha preguntado por una solución, y yo le he ofrecido la profesional que más les beneficia a los dos. Yo optaría por esperar, al menos lo suficiente para incentivar a los inversores, una ligera subida de las cotizaciones, y entonces vender.
·        BOURKE: ¿De cuánto tiempo estamos hablando?
·        HEYDEN: Me temo que es oscilante como el mismo mercado, y mucho más si hablamos de bolsa y partimos de la mala fama de las empresas cotizables.  No será fácil convencerles.
·        BOURKE: ¡Joder!

Con numerosos aspavientos y una incipiente pérdida de control, Robert trató de mediar entre ambos a efectos de poder calmarle. Se levantó y se acercó hasta él.

·        SHELDON: John, ella sólo te está dando las mejores opciones , lo que no quiere decir que se acomoden a lo que necesitas, pero ¿ a qué viene tanta prisa?

Bourke lo miró para después girar su cabeza hasta ella y bajarla para respirar hondo antes de proseguir.
Mientras , Andy, como si se tratase de la visualización de un partida de tenis, no perdía vista de la reacción de ambos para con el otro.  La tensión se respiraba en exceso, especialmente, porque para su jefe , la seguridad manifiesta de ella le desencajaba , y mucho más cuando era para ponerle todo tipo de trabas y obstáculos ante algo que, sin entender, él sólo quería soluciones inmediatas. Por su parte, lo que Bourke era capaz de pensar cuando se sentía contrariado y , al mismo tiempo, transmitir con los ojos, eso, era otra historia. Andy estaba demasiado acostumbrado a verle en situaciones de extrema tensión, y en más de una ocasión, por sólo emplear un tono de voz que él considerase inadecuado dirigiéndose a su persona, había sacado su arme y  disparado a la cabeza, su deporte favorito. Como él mismo decía para orgullo propio, las cosas había que hacerlas efectivas de una sola vez, y con una sola bala, así que se aseguraba el resultado sabiendo el  punto exacto donde terminar con todo lo que le molestaba de alguna forma.
Vigilante externo de todo aquello, por el momento, se limitó a continuar estudiando la perfecta ambientación de lo que parecía ser , un complicado Réquiem  de  un final anunciado.

·        BOURKE: Antes de ayer impidieron la salida de dos de mis contenedores en Amberes , y los controles en los aeropuertos de Londres y Estambul se han intensificado. Me falla gente Robert. A veces tengo la impresión de que saben mis pasos, de que controlan mi agenda de envíos mejor que yo mismo. Creo que alguien me está traicionando, y sé que es uno de los míos . Aún no logro averiguar quién pero lo haré.  Necesito marcharme ya de aquí  y desaparecer un  tiempo. Además, el puñetero fisco me está crujiendo por sorpresa.
·        SHELDON: ¿traicionado por  uno de los tuyos? Vamos John. ¿Realmente crees que con el miedo que te tienen y sabiendo cómo te las gastas , alguien pensaría en traicionarte?

Su socio lo miró fijamente , y la voz de ella de fondo , lo hizo focalizarla.

·        HEYDEN: si eso es así, cualquier movimiento brusco y sin meditar  bien , sólo confirmaría las sospechas bloqueando desde arriba cualquier tipo de operación. Posiblemente , la Comisión nacional de Valores ya haya sido avisada, y si es así, habrá de operar con más cuidado. ¿Sabían todo esto sus fantásticos asesores de confianza?

La rabia contenida manifestada por él en ese instante , hacía que desease  hacerle saber de lo que podía ser capaz cuando le desafiaban, pero Sheldon trataba de controlarlo.

·        SHELDON: Actuar por impulso no te ayudará , y a mí tampoco. – En ese momento entró el servicio con el refrigerio- Comamos algo y relajémonos . Mejor pensar y adoptar decisiones con el estómago lleno ¿no crees?

Escuchando las palabras de su socio, Bourke pareció relajarse algo más , acercándose ambos hasta la mesa, disponiéndose a degustar la comida, postergando, tal y como se había propuesto, la debida conversación .


Tiempo . Tiempo que parece no marcado por un reloj cuando son plazos más amplios los que los determinan y las horas de intensificado trabajo de oficina, juzgado y calle se convierten en todo lo realmente importante. Tiempo que tampoco cuenta ni se mide para el descanso o el sosiego , porque apenas para respirar llega.
Y así era al  menos en la otra punta de la costa.

Habiéndose acrecentado  el trabajo en los últimos meses, el despacho de David , con la ayuda de sus socios  , apenas sabía lo que era apagar luces y marcharse a casa. Por sorpresa, varias demandas colectivas aparecidas por sorpresa, una de ellas contra una de las más importantes firmas farmacéuticas del país, habían requerido contratar nuevos ayudantes .  Muchas horas de convivencia entre los tres preparando los casos y tratando de distribuirlos, muchas horas de conversaciones interminables que acaban empatando con el día siguiente sin que se diesen cuenta salvo por la luz del día entre las ventanas.
Una locura de no vida , que les mantenía en una situación de tensión permanente.

Por su parte , Michael había apreciado aquellas horas de intensa convivencia. Ello le otorgaba la posibilidad de conocer más a fondo a Liz, aunque fuera de forma no voluntaria .  Y para ella, poder limar , quizás, las pocas asperezas que pudieran quedar entre ambos.

Tras un viaje de tres días para indagar sobre uno de los casos, volvió directa del Aeropuerto a su piso.
Liz llegaba a casa con deseos de tomar un baño relajante y evadirse de todo,  pero al llegar a la recepción , le entregaron una nota que había dejado aquella misma mañana un mensajero.
Nada más llegar a su casa y habiendo dejado las cosas encima de la mesa de la cocina, abrió el sobre , y en su interior había una nota: “ En el Hilton Manhattan East a las 8 pm .Fdo: M.F.”

Mientras en su cabeza rondaban las dudas sobre qué tipo de juego podría traerse entre manos Michael al quedar en uno de los hoteles más lujosos de la ciudad, preparó  su baño de espuma relajante, y acompañó aquel instante con una copa de vino blanco. Una vez el agua comenzó a enfriarse,  decidió que era el momento de salir. Cogió la toalla ,  se secó y  untó todo su cuerpo con una crema suave como era costumbre en ella.
Desnuda frente al espejo enterizo del dormitorio , se percató de lo que ante sus ojos se mostraba,  evadiendo su mente,  hacia los recuerdos más realistas de  como su cuerpo era poseído una y otra vez por un dominador nato de situaciones como era Michael. Un cuerpo hermoso, que en sus manos, sólo tenía un dueño absoluto y así se lo hacía sentir.

Del mueble que tenía justo en frente escogió un perfume , y habiéndose humedecido apenas las yemas de los dedos,  acarició  su cuello con él  pensando en sus manos, reflejándosele sus ojos mientras bajaba hacia su canalillo, rozaba el interior de sus muñecas y el de sus rodillas,   e incidía en su piel con presión placentera. Sólo la realidad de su carne y de lo que era capaz de sentir en ese momento,  entraba en lucha continua con lo que su mente le decía que Michael le transmitía cuando se encontraba en su interior.

Se acercó al cajón donde guardaba la ropa interior,  escogiendo una de seda y encaje negro sin estrenar, y unas medias del mismo color con ligero.
Las medias se las fue subiendo lentamente,   mientras su piel se erizaba con el tacto intencionado de sus dedos en ellas.
Se acercó al armario, y escogió un vestido negro de tirantas finas y generoso escote, con altura hasta la rodilla y  caída tan insinuante,  que conforme se movía,  se realzaba tanto su figura que incrementaba por momentos  la tentación de saber que habría debajo, y ella era perfectamente consciente de ello.
La guinda final a tan delicioso pastel,  la pondrían los zapatos negros de tacón generoso y fino, culminando todo ello, con el pelo en un  recogido sencillo.  Sin más adornos.

Cogió un abrigo , se acercó al ascensor , y cuando se dirigía a la puerta de salida del edificio, en el vestíbulo, el portero de turno  le indicó que se acercara. ¿Su intención? Comunicarle que en la entrada había un coche esperándola . A través de la cristalera,  pudo ver un vehículo , un Audi A8  negro , y por fuera del mismo, un hombre bastante joven y atractivo, trajeado de oscuro,  con la puerta del asiento de atrás  abierta .

Sin querer hacerle esperar más, se acercó . Encontrándose junto al coche, el hombre le dio las buenas noches citando su apellido, y le rogó se subiera al vehículo. Una vez en el hotel de destino, el joven la acompañó hasta la puerta de la suite, abrió con la llave electrónica que dejó en la  consola que se encontraba a su izquierda,  y se marchó cerrando la puerta tras de sí.

De píe cerca de la puerta, con una luz muy tenue, logró tener ante ella una suite  grande, minimalista en cuanto a su decoración, revestida de tonos suaves. Grandes sofás y  enormes  ventanales con vistas a lo mejor de la ciudad.
Caminó unos pasos,  y un ligero y encantador olor a azahar llegó hasta su nariz.
Sin tocar nada pero observándolo todo, aquella habitación  impoluta que pareciera sacada de un reportaje de una revista de decoración, transpiraba un aire tranquilo y sutil.
Al acercarse a los sofás, no pudo evitar tocarlos,  mientras seguía con sus dedos la ajustada línea de la piel del  más grande de los tres que centraban lo que parecía ser el salón.

De pronto , una voz  tan sugerente como su dueño,  acompañada de un olor muy familiar,  le daba la bienvenida a su espalda.

•             MICHAEL: Déjame tu abrigo.

 Se dio la vuelta muy despacio y allí estaba él, Michael.
Vestido elegantemente con un traje de chaqueta oscuro que realzaba sin duda ese cuerpo del que él  tanto le gustaba presumir sin hacerlo,  sabiéndose admirado , con una corbata del mismo tono,  y ese porte de seguridad en sí mismo que solía acompañarlo, se personó ante Liz con su característica sonrisa y sus más penetrantes y casi intimidatorios ojos azules.

 Con sus manos en las solapas del abrigo , se las retiró hacia detrás mientras ella pudo  percibir su aliento , cálido y cercano.
Ella comenzó a encontrarse tensa, descolocada ¿por qué quedar en este hotel en vez de en su casa o en la de él? Cada vez que se encontraban compartiendo espacio, aquella mujer, segura de sí misma, perdía parte de su voluntad sin saber bien por qué. Sus piernas no solían responder como su cabeza le pidiera que lo hicieran. Se sentía contrariada. No es que su vida sentimental estuviera cargada de experiencias, pero las que había tenido resultaban ser muy selectas , y sin embargo, de entre todas ellas, no recordaba a ningún hombre que pudiera hacerle olvidar quién era de aquella forma, ni que la hiciera sentir de esa manera con tan sólo mirarla.

·        MICHAEL: Te noto tensa.

Y ciertamente lo estaba.
Michael se acercó al mueble bar y preparó dos bourbon. Caminó hasta uno de los sofás y se sentó, y con una de sus manos,  le hizo el gesto del que ofrece asiento.
·        MICHAEL: Por favor. – acercándose a la mesita que tenía delante , donde previamente había colocado los vasos, se acercó y cogió uno , ofreciéndoselo -  Sé que normalmente no bebes esto, pero creo que ahora  te ayudará a relajarte más que cualquier otra cosa.

Una vez sentados,   tras tomar un sorbo y seguir sintiéndose incómodamente observada  de manera continua  por aquellos ojos azules, los  más posesivos e intrigantes que jamás había visto, se armó de valor para comenzar a indagar.

•             MICHAEL: Te noto ansiosa por preguntar algo.

Pese al tiempo, lo que no había cambiado, era su imposibilidad , cuando permanecían solos , de fijar sus ojos en él.


•             LIZ: No especialmente, pero sí,   me resulta extraño que hayamos quedado aquí.
•             MICHAEL: Creo que llevábamos mucho tiempo estresados y que merecíamos darnos un descanso, y por supuesto, no podía ser en otro sitio que un lugar inmejorable.
•             LIZ: No seré yo quién te lo niegue.

Ella bebía pequeños sorbos casi de forma compulsiva como medida de autoprotección, cuando él se la retiró y colocaba ambos vasos encima de la mesita. 

·        MICHAEL: Sé que no nos lo hemos puesto fácil ninguno de los dos, pero somos personas adultas y conscientes de lo que hay .
·        LIZ: - extrañada- ¿De lo que hay? ¿Te refieres entre nosotros?
·        MICHAEL: ¿Hay alguien más? Porque yo no lo veo.
·        LIZ: ¿Y qué se supone que hay a parte de una relación profesional muy bien llevada y algún que otro encuentro esporádico?

Ante la falta de respuesta por su parte , los nervios se acrecentaron.

·        MICHAEL: Liz, voy a preguntarte algo . ¿Serás capaz de darme una respuesta sincera?

Temiéndose lo peor mientras comenzó a juguetear con sus manos, sólo podía continuar preguntando  a efectos de alargar el momento.

•             LIZ: ¿Puedo  abstenerme de responderte?
·        MICHAEL: ¿Confías en mí?

Y sus manos pararon , y  con un giro rápido de su cabeza hacia él, sólo pudo observarle más directamente a los ojos que nunca.

·        LIZ: ¿Qué?
•             MICHAEL: ¿Qué si confías por entero en mí?

Sólo la expresión de sus ojos , seguido de un inseguro y casi temeroso “ no lo sé” fueron suficientes. Le ofreció su mano esperando que ella la aceptase. Ella la miró, la devolvió a sus ojos, y tras cogérsela, se levantaron del sofá.

•             MICHAEL: Ven conmigo.

Se dirigieron a la terraza donde una cena ligera estaba preparada,   pero antes , Liz , impresionada por las vistas de la ciudad, decidió disfrutarlas un poco.

•             MICHAEL: Es una ciudad que  te atrapa o  terminas aborreciendo.
•             LIZ: Nunca pensé que me pudiera gustar tanto. Todo lo que te ofrece sin apenas esfuerzo.
•             MICHAEL: Bueno…. Alguno hay.
•             LIZ: ¿Por qué me has preguntado si confiaba en ti?

Michael se sonrió y no le contestó.

•             MICHAEL: Cenemos algo. Más tarde tendremos oportunidad de comprobarlo.

Durante la cena,  las tensiones parecían haber desaparecido. Ella se encontraba más cómoda y relajada, sin embargo,  él no dejó en ningún momento de prestarle atención. Cada gesto, cada mirada, cada palabra, todo era minuciosamente estudiado por él, y sólo cuando  lo creyó oportuno, decidió terminar con aquella situación para poner a prueba dicha presunta confianza.
Sin mediar palabra, tan sólo extendiéndole su mano de nuevo , esperó que ella depositase la suya, y una vez lo hizo ,  sin pensárselo,  lo acompañó hasta el dormitorio.

Deteniéndose ambos junto a la cama, se acercó a uno de sus oídos y  le susurró algo .

•             MICHAEL:  No te muevas.

Dejándola allí de píe, caminó hasta la  mesilla de noche que más cerca tenía de él ,  extrayendo  un pañuelo largo de seda de uno de los cajones. Con él en ambas manos, volvió sobre sus pasos hacia Liz,  y sólo con la mirada,  le preguntó si podía usarlo. Su lenguaje no verbal resultaba inconfundible, y con el tiempo,  Liz había aprendido a traducirlo.  Introducida en un mundo desconocido hasta ese momento y sin saber qué la deparaba, tragando saliva con cierta dificultad,  decidió seguir adelante con su  juego. Asintió , sin saber ni cómo ni dónde lo utilizaría,  pero con la sensación de convertirse en una mesa de juegos , teniendo conciencia de que los propuestos por el jugador resultaban de lo más excitantes.

Con el pañuelo en ambas manos, volvió a acercarse a su oído, y el  tono susurrante volvió a resonar.

•             MICHAEL: Cierra los ojos.

Con una suavidad y delicadeza extremas, le colocó el pañuelo en los ojos y lentamente ,fue apretándolo para asegurarse de que no pudiera ver nada.

•             MICHAEL: Relájate. Simplemente, déjate llevar.

La sentó en el borde de la cama y ella  apoyó sus manos a los lados de su cuerpo.

Agachado y muy cerca de ella,  con sus manos a los lados de las suyas y sin modificar su sugerente tono de voz, volvió a preguntarle.

•             MICHAEL: Te lo preguntaré una sola vez más ¿Confías en mí? – Tras pensarlo durante un instante , y debiendo reconocer para sus adentros que en el fondo la curiosidad la podía, asintió con la cabeza, Michael le insistía- Dilo Elisabeth.
•             LIZ: -en voz baja- Sí.
•             MICHAEL: No te oigo.
•             LIZ:  -En voz un poco más alta- Sí.

Oyó ligeramente como si se alejase , pero no demasiado, y poco después, el movimiento encima de la cama, detrás suyo, le daba la pista de dónde se encontraba.
Tras un instante de silencio donde intentaba controlar su respiración entrecortada, un escalofrío constante recorrió  su cuerpo en toda su amplitud.
Sintió como unas yemas de dedos , suaves, apenas imperceptibles, recorrían su nuca sin distraerse,  disfrutando de su piel erizada. Instintivamente,  pudo percibir,   como su cuerpo comenzaba a evadirse al mismo tiempo que la tensión comenzaba a disiparse.

Michael la ayudó a incorporarse encima de la cama y a sentarse sobre  sus rodillas flexionadas encima del colchón , de frente suya. El revés de los  dedos de él , tan lentamente como deseaba disfrutar de ese momento ,  circundaron  por el borde del escote del traje ,  dibujando suaves trazos por encima de su ropa interior, y conforme se  incrementaba la presión de  las caricias en sus senos, ella no pudo evitar dejar caer su cabeza hacia atrás buscando un apoyo inexistente,   dejando todo su cuello al descubierto, incitándole a seguir el recorrido por su erizada piel.  Dedos firmes y suaves,  que decidieron ascender  ejerciendo más presión en su cuello hasta tensarlo,   obligándola  a dejar caer aún más su cabeza,  mientras con su otra mano la sostenía por la cintura.
Dedos inquietos pero sabiamente mandatados,  que según llegaron a su barbilla, decidieron hacer una parada en sus labios entreabiertos recorriéndolos por completo, mientras la víctima de los mismos, caía en  niveles de  excitación oscilante   muy placenteros.
Y en aquel recorrido inusual para lo que ella estaba acostumbrada de él, las  caricias sobre  los hombros,  utilizando  como instrumento complementario para terminar de doblegar su voluntad , el interior de las asillas  del vestido en toda su longitud,  apoderándose de ellas una y otra vez, dejando rozar la  fina tela  sobre su piel, parecía ser más un preámbulo que la culminación de todo placer dado ,distinto, sutil.




De rodillas frente a ella como estaba, sin despegar las manos de su cuerpo , acercó el suyo hasta donde apenas hubo dejado espacio entre ambos , y  las deslizó hasta llegar a sus piernas introduciéndolas por el interior de sus muslos,  sin que el creciente deseo por abordar  sus labios  cesase ni por un instante , desarrollando con ella,  una especie de juego casi mortal de resistencia inaudita.  
Un cuerpo femenino, que cuando las manos de quién se apoderaba de ella  sin preverlo, se situaron  cerca de su pelvis , continuando su recorrido , sin solución de continuidad, hacia el interior de sus muslos, obedeció sin oposición alguna a su indicación de que los abriera.  
Un tanteo casi desesperado de sus manos por encontrar el nudo de la corbata , unos movimientos casi huidizos  para no conseguirlo por parte de él, culminaron con que acabase agarrándolo con tanta fuerza, que para asegurarse, tirase de él hacia ella, hasta que casi sus labios pudieron rozarse, desatándolo y tirando de uno de los lados hasta dejarla caer encima de la cama.
Liberada por el momento de su apoderamiento, las manos de ella buscaron su pecho instintivamente, desabrochando cada botón de la camisa ,  disfrutando como nunca del tacto que se presentaba ante ella. Michael, indudablemente,  no buscaba más que ella pudiese conocer hasta dónde podía disfrutar de sus otros sentidos y de su propia imaginación, y hasta el momento , su morboso juego lo estaba culminando con plena satisfacción. Mientras ella disfrutaba saboreando  su cuerpo , la indicación perfecta del camino a seguir por sus labios se la dio él, inclinando su cuerpo hacia detrás para obligarla a descender, deteniéndose cual manjar descubierto, en sus pezones ,  mientras con sus manos , trataba de hacerse la situación mental.

 Aquel maravilloso y elegante cuerpo,  de cuya desnudez había disfrutado en más de una ocasión, le volvía a ser ofrecido por entero,  pero en esta ocasión,  la sensación le resultaba a Liz completamente diferente. Ella dibujaba lentos surcos con  leve presión sobre la piel de él.
Para Michael, sin embargo , poder sentir aquellas manos, aquellas uñas marcando su piel, no eran suficiente. Aún su juego debía deparar una jugada más. Era él quién marcaba los límites de lo que consideraba auténtica y plena confianza, y aún esos límites no habían sido ni levemente rozados a su juicio.
Aquel hombre que acababa de resolverle todas las dudas posibles sobre su capacidad para dar un placer inconmensurable a una mujer , volvió a acercarse a su oído para susurrarle   insinuantemente : “¿Quieres seguir adelante?”.

Con la respiración entre cortada y sin que apenas saliese de su garganta un mínimo hilo de voz,  sabiendo que se encontraba muy cerca de ella esperando la respuesta, pareció dudar, hasta que  con  voz casi imperceptible, le contestó  que “sí”.
Pese a haberlo escuchado, Michael se lo volvió a preguntar señalándole que no la había oído. Ella se reafirmó.
Incorporándose,  empujándola consigo junto a su cuerpo, colocó sus manos detrás de ella , le soltó el pelo y tirando de él,  echó su cabeza hacia detrás.  El recorrido perfecto y simétrico que la punta de su lengua realizaba desde la barbilla hasta  sus pechos,  provocaba su excitación hasta puntos incalculables, mientras que la motivación para comportarse más férreamente con ella , sin dejarla descansar en el mar de sensaciones, se acrecentaba con la respuesta recibida de su cuerpo.  Ella tenía muy claro lo que deseaba en aquel momento, él lo sabía,  y ésto le estaba pareciendo una tortura.

Michael  le colocó entonces una de las manos en el esternón, entre los senos,  sintiendo como su corazón latía disparado. Parecía querer conseguir un objetivo completamente desconocido y deliciosamente deseado.

La cogió de la cintura de nuevo  y la hizo recostarse . Él se colocó encima suyo cogiéndole uno de los brazos. Al ella comprobar que parecía estarla amarrando de las muñecas ,  la relajación dio paso a una tensión nerviosa , cuya respuesta inmediata,  fue no dejarse coger del otro y forcejear ligeramente,  para evitar que Michael  consiguiera la inmovilización total.
Tras un rato intentándolo,  y teniendo en cuenta que ni veía ni podía moverse demasiado, la ventajas de ver y la fuerza aplicada por él , vencieron su resistencia.

Sensaciones contradictorias recorrían el cuerpo de Liz en ese momento. Querer que la soltase y marcharse de allí , y al mismo tiempo desear que la hiciese suya en cuanto sentía su miembro erecto encima de la zona púbica.
Al no haber forma alguna de que se tranquilizase y se quedase quieta, Michael  fue apoyando su cuerpo sobre ella mientras sus brazos agarraban los suyos con la idea de conseguir una inmovilización total y una derrota .
El roce de su cuerpo y de su piel era tan excitante, y la presión ejercida tanta,  que Liz decidió rendirse a su voluntad , y  rodear con sus  piernas las caderas de él  para que el contacto fuese máximo.
Inmóvil, acercó sus labios a los de ella, y apenas rozándolos,  comprobó sus esfuerzos para buscarlos. Pero  ella no sólo los buscaba,  sino que los deseaba a toda costa ,  haciendo auténticos esfuerzos por levantar su cabeza,  sintiéndose impotente cuando él los retiraba sin que hubiera habido contacto.

Michael, consciente de que en el punto de excitación en el que se encontraba Liz sería capaz de saber la respuesta por adelantado,  le hizo una última pregunta,  pero ésta vez sin susurros, con su propia voz firme y sensual “¿Cuánto eres capaz de entregarte?”

La tensión volvió a un cuerpo prácticamente inmovilizado y a merced de un profesional , encontrándose en ese punto real, en el que tuvo que esperar a llegar hasta allí , para sentirse realmente imposibilitada y a merced de otro.  

Ella no podía parar de pensar,  que aquellos ojos penetrantes y aquel atractivo rostro se encontraba tan cerca ,  que resistirse a la tentación de hacerlo suyo era peor que entregarse.
•             MICHAEL: Volveré a preguntártelo una sola vez ¿Cuánto eres capaz de entregarte?
•             LIZ: Michael..
•             MICHAEL: ¿Cuánto?

LIZ  no podía evitar encontrar excitante la forma insinuante y provocativa de preguntarle todo aquello, de ser capaz de cuestionarla  como si él se excitase con cada respuesta.
•             LIZ : ¿Cuánto deseas tú que me entregue?

Michael sonrió ligeramente, había conseguido uno de sus objetivos: que se rindiese a él de forma incondicional.

•             MICHAEL: Voy a quitarte el pañuelo y a  soltarte las manos.   Te pondrás de rodillas encima de la cama, mirando hacia la pared de enfrente. Dándome la espalda.

Sin dejar de tocarla  y acariciarla con leve presión de sus dedos, se inclinó un poco hacia adelante para llegar hasta las manos y liberárselas.
Una vez liberada, bajó las manos con la intención de tocarle,  pero él no la dejó, y  con uno de sus dedos,  le indicó que se diese la vuelta para que hiciese lo que él le había dicho.
Situada de espaldas , de rodillas sobre la cama  e intentando relajarse abriendo y cerrando las manos sobre sus muslos, Michael se colocó detrás de ella pegando su cuerpo como en comunión perfecta, deslizándole una mano desde la cintura al pecho,  mientras la otra, en la cabeza, entrelazaba los dedos en su cabello masajeándoselo,  para culminar agarrándola fuertemente de él   y tirándole  hacia su hombro,  con el consiguiente gemido aspirado  de ella.
Y con la misma mano que sostenía su cabeza con fuerza, la empujó hacia delante, la  bajó por toda la espalda siguiendo la ruta de su columna, mientras con la  parte baja de su cuerpo, rozaba su sexo con el cuerpo de ella.

•             MICHAEL: Dime que quieres sentirme dentro de ti.

Su tono de voz, malévolamente sensual y provocador,  sólo lograba acrecentar la excitación. Michael pretendía, sin duda, que ella llegase a su límite de aguante en cuanto al grado de placer que era capaz de contener, y se rindiera sin más  a él suplicándole que la penetrara y no se atreviera a salir. Quería su entrega total y absoluta, quería escucharla implorar , lo necesitaba .  Todo ello,  como prueba de que él tenía el control de la situación y de su persona.

Como ella misma se había figurado sabía jugar, y tan bien y con tanta perfección,  que siguió rozándose una y otra vez esperando el cercano momento de la deliciosa gloria que suponía hacerla suya completamente.

•             MICHAEL: - con voz cargada de intensidad y decisión- Dímelo Liz.

Pese a que en sus adentros deseaba ser ella misma quien le empujara y culminar lo que más deseaba en ese momento, algo hacía que se resistiera a darse por vencida. Como si quisiera demostrarle que en estos juegos es una ganadora consumada y ella es la que manda, o que no le iba a resultar tan fácil al menos.
Michael fue elevando el tono de su voz y aplicando más intensidad a los roces, empujándola con su pelvis con fuerza, como si de verdad la estuviera penetrando mientras le tiraba del cabello para poder ver su cara.

•             MICHAEL: -¡Dímelo!

Y pese a sus intentos, pese a su contención,  ya no resistió más.  No podía soportar que el placer extremo en lo que se suponía era un juego previo pero muy intenso, siguiera convirtiéndose en dolor agudo , y que  todas sus defensas se vinieron abajo.

•             LIZ: - Enfadada consigo misma por la derrota, le dio a Michael la respuesta deseada- ¡Sí!

Escuchar aquella respuesta , más que predecible, le hizo sonreírse , soltándole el pelo como compensación. Extrañada de no haber dejado sentirle junto a ella, observó que  Michael se retiraba  hacia detrás , donde se encontraban las almohadas.

Ella  giró su cabeza hacia detrás, se sentó de lado, y vio a un Michael exultante y echido de felicidad extrema por haber conseguido triunfar en un juego que sólo él conocía.

·        LIZ: - Bastante enfadada- Pero ¿de qué va esto?
•             MICHAEL:  Quería comprobar hasta dónde llegaba tu confianza en mí. Nada más.
•             LIZ: - sonrió sorpresivamente al no entender de qué iba todo aquello- Muy presuntuoso por tu parte creerte tan irresistible ¿no?. Tan poderoso con tus historias que todas caen a tus píes sin resistencia. Si crees que esto se ha terminado de esta forma andas muy equivocado.

El rostro seductoramente burlón de Michael se tornó excesivamente serio, y hasta se podría decir que su enfado progresaba adecuadamente.

·        MICHAEL:  Aceptaste las condiciones, puedo decidir parar cuando lo deseo. Tú podías haberme dicho que no.
•             LIZ:  - volvió a colocarse de rodillas , y con las manos  sobre la cama fue gateando muy despacio hacia él- ¿En serio crees que puedes provocarme de esta forma y dejarlo todo? ¿Acaso vas a atreverte  a mentir diciéndome que no me deseas? –Justo se situó con tan solo dos centímetros de separación entre sus labios, y ahora era ella  la que le susurraba mirándole fijamente a los ojos –  No me gusta que jueguen conmigo ¿es qué ésta es tu venganza por tomar la iniciativa el otro día?

Michael miraba sus labios, tan tremendamente tentadores y apetecibles con auténtico deseo.

•             LIZ: Ahora entiendo, no te gusta que tomen la iniciativa, o¿ es qué prefieres ser tú el que dicte la última palabra ?

Humedeciendo sus labios , Michael la agarró con firmeza cogiendo su cabeza con ambas manos, y la besó apasionadamente y con fiereza, le mordisqueaba los labios, la separaba para contemplarla y volvía a besarla.
Liz se puso de pie en la cama y adelantándose hacia él, fue bajando lentamente su  ropa interior sin que Michael perdiera la atención ni un solo instante. Se  sentó encima de su zona pélvica con sus piernas cruzadas en la espalda de él. Un solo instante bastó, para sentir que su miembro viril se apoderaba de forma esplendorosa de todo su interior, y como sus manos,  en sus nalgas, empujaban su cuerpo hacia él , rigiéndole todos sus  movimientos.
Con cada incursión , los jadeos de ella se hacían más patentes , la respiración parecía faltar y no lograba   decir otra cosa que “ SÍ” de forma reiterativa y constante.   Cuanto más se excitaba ella y lo demostraba en su rostro, más se excitaba él viéndola. Su cara  de plena satisfacción , con su boca entreabierta, sus labios secos,  su cuerpo  comenzando  a brotar la humedad y la tensión,  el sí repetitivo y suplicante de ella, su deseo irrefrenable de que una vez en su interior  él saliese ni se detuviese  por nada del mundo, supusieron una tensión sexual , que provocaron en él , el arranque de su  sujetador, y que los senos de ella, liberados,   hiciera suyos  con ansiedad inusitada ,  abarcando con la boca la mayor superficie posible.

La excesiva expresividad de Liz  en aquella entrega mutua, le  llevaba a él a  modificar la intensidad y velocidad de las penetraciones  sólo por oírla suplicarle que no se detuviera, por disfrutar con su cara desecha de placer,  y por demostrarle que tenía razón en algo : la deseaba y mucho , desde el momento en que la vio en el despacho , y que dicho deseo no había logrado relajarse una pizca.
Haciendo caso omiso de su intenciones, y demostrándole su entrega por completo, ella agradecía la intensidad clavando en su espalda sus uñas, tensionándose mucho más al sentirlas.
Gozando de los rostros de inmenso placer que provocaba, él no le quitaba la vista . Pese a sus intentos por ser discreta, en los momentos en que las penetraciones eran más intensas, sus sonidos interiores casi parecieron alaridos brutales. Ante el intento por parte de su pareja de taparle la boca  con sus dedos, ella  los mordía una y otra vez.
Le encantaba ver como gozaba extasiada .

Ejerciendo presión sobre él,  ayudada de sus manos y piernas,  logró   girarlo  tirándole  bocarriba en la cama, sin perder la conectividad íntima.  Ahora era ella la que retomaba el control de su cuerpo y dirigía el acto como quería. Aquel cuerpo ahora sí que era suyo, y él voluntariosamente la dejaba hacer.
Tan sólo un instante después, cuando ya no resistía más, sintiendo ambos el estallido perfecto y el clímax máximo, agotada por el esfuerzo,  cayó sobre él en un estado de desmayo consciente y falta de aire continuo.
Michael, que hasta entonces no había expresado ternura salvo en contadas ocasiones, cerró los ojos, y la abrazó fuertemente besándola en el pelo.


Ana Patricia Cruz López

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