sábado, 24 de octubre de 2015

NADA ES LO QUE PARECE. CAPITULO OCTAVO. SEGUNDA PARTE. La tranquilidad, nunca dura demasiado. ( Registrado en SAFE CREATIVE en JUNIO 2015)

CAPITULO  OCTAVO (SEGUNDA PARTE)

LA TRANQUILIDAD , NUNCA DURA DEMASIADO
Créditos a quién corresponda

Las horas en Panamá pasaron más despacio de lo que hubiera sido deseable para más de uno de los presentes.

Una jornada larga y sin descanso tras el momento de paz y respiro vivido durante la comida , que prosiguió con una intensa dación de cuentas y planificación de siguientes actuaciones. Todo lo técnico que podía esperarse y más.
A lo largo de ese día, los datos y las posibilidades sobre el  cierre de  negocios,  y la búsqueda incesante de las mejores soluciones para conseguir el objetivo previsto ,  se habían convertido en el pesado y a la vez desesperante tema central de una reunión a tres , con Andy como mero observador, durante la cual, Bourke no dejó de observarla detenidamente creyendo que Heyden, concentrada en aportar todos sus conocimientos, no se estaría dando cuenta. Y no era el único.


Convertida en el centro de atención predilecto de un Bourke cambiante que no cesaba en centrarse en sus labios y los exquisitos movimientos de los mismos mientras hablaba, su discreción rozó fallos abismales sin importarle. Para él, en aquella sala sólo se encontraban ellos dos.  Sentía una extraña curiosidad desde el día que la vio por primera vez , y mucho más , teniendo en cuenta los exquisitos gustos de su socio, pero conforme más coincidía con ella, cuanto más la escuchaba y la trataba, más le atraía la idea de que aquella mujer no era tan corriente o normal,  como las otras empleadas que Sheldon había tenido bajo su firma.
Transpiraba algo que él no podía identificar con claridad. Su seguridad , le hacía deducir una personalidad aguerrida y un carácter muy fuerte , lo que no era tan habitual en las acompañantes de su socio , cuyo carácter era bastante similar.  ¿Entonces? ¿Qué era lo que le hacía querer tenerla con él?  Su profesionalidad y visión para los negocios estaba más que comprobada, y no sólo por lo versado aquel día o por las jornadas anteriores en las que ella estuvo presente, ni por su curriculum debidamente acompañado de nombres ilustres. Ella se había ganado la opción de ser muy reclamada , y en algunos casos hasta de forma reiterada , pero no siendo una persona a priori fácil de llevar, había algo en ella mucho más  profundo, incapaz de dejar indiferente a quién se preciara de ser un buen observador, y Bourke lo era.

Siendo cerca de las dos de la mañana  , y el cansancio presente haciendo mella , Sheldon decidió que era hora de retirarse.

·        SHELDON: En fín, creo que por ahora es todo lo que podemos hacer.- frotándose los ojos con ambas manos- Por cierto, aún no nos has dicho quién viene mañana.

Bourke se encontraba de pie junto a la terraza,  con  ambas manos en los bolsillos, y disfrutando del aire fresco que llegaba aquella noche.

·        BOURKE : Es una buena amiga , y mi nueva socia en negocios que estoy emprendiendo.

Sheldon miró hacia Heyden extrañado, y ella le correspondió con el mismo gesto. Intentado averiguar de quién se trataba , Robert trató de indagar.

·        SHELDON: ¿No sabía que tuviéramos una nueva incorporación?
·        BOURKE: No tenemos- se dio la vuelta fijando su vista en Robert- tengo.
·        SHELDON: ¡Oh! Bien, creo que entonces será mejor ir a descansar, ¿saldremos mañana por la mañana temprano ?
·        BOURKE: Mi idea es que os quedéis a la reunión y os marchéis si queréis después de almorzar.
·        SHELDON: Pero………….es tu socia, ¿no entiendo que pintamos nosotros en esto?
·        BOURKE: Tú puede , pero ella – mirando y señalando con la mano que portaba el vaso –se queda.

Gesto de incredulidad más que justificado dado el tono impositivo de su voz al decirlo. Seguridad a flor de piel , y una forma de mirarla que calaba hondo sin que nada pudiera detenerle. Robert sabía interpretar todo aquello a la perfección, y sabía que su socio le estaba cogiendo la partida, pero nunca había sido tan directo, lo cual, posiblemente, debería hasta de agradecerle para saber a qué atenerse.

·        SHELDON: Tú ya tienes tus asesores ¿Para qué la necesitas a ella?

Sin retirarle los ojos ni un solo instante, ella le correspondió de igual forma, como si fuese una competición desafiante sin ganador claro.
A él , ella le incitaba a provocarla. La incomodidad por tenerla en su presencia había ido desapareciendo y ahora se centraba en otro aspecto. Para ella, sus intenciones estaban más que claras, desconociendo cuan fácil se lo estaba poniendo como objetivo. Apenas esfuerzo le estaba resultando tenerlo comiendo prácticamente de su mano. Ahora , la prudencia es la que debía dominar todos y cada uno de sus movimientos.

·        SHELDON: ¿Estás pensando en despedir a los tuyos y cambiarlos?
·        BOURKE: Puede.
·        HEYDEN: Estos servicios no estaban previstos y son de consultoría externa, se tarifican a parte.
·        BOURKE: No me importa, ni cuánto cuesten. Mi socia necesita que le dejen las cosas claras respecto a  sus inversiones, y ahora mismo confío más en usted que en los míos.
·        SHELDON: - Notablemente molesto por aquella situación decidió un cambio de planes sobre la marcha- Ya que veo que sobro en todo esto, me gustaría poder marcharme a primera hora si no es molestia.
·        BOURKE: Dejaré orden dada para el avión y el coche. Lo tendrás todo listo desde las seis .
·        SHELDON: Bien. Gracias.

Y mirándola una  última vez , con su rostro fijo y tranquilamente desafiante hacia Bourke y sus manos apoyadas en los reposabrazos de la silla , se dio la vuelta y simplemente se marchó, con una sensación de impotencia que se reiteraba una y otra vez  y que le resultaba demasiado familiar.

Solos ambos en aquel salón comedor, la tensión parecía no existir. Ambos espacios alrededor de ellos,  les cubrían como esferas aisladas en donde sentirse protegidos y a la expectativa de lo que pudiera venir . Sólo frente a ella, él encontró su lugar y su momento para proseguir aquella conversación dejada a medias según su juicio. Tenía un presentimiento, y quería confirmar que no se equivocaba.

·        BOURKE: Esto le conllevará una dura reprimenda.
·        HEYDEN: No más que otras veces.
·        BOURKE: Siente que está perdiendo una batalla- volvió a darse la vuelta hacia el exterior, bebiendo un sorbo de su copa y con una sensación de inmensa complacencia que le recorría por completo-  y no le culpo.
·        HEYDEN: ¿No sabía que me encontrase en mitad de una guerra?
·        BOURKE: Ni yo.

Por una vez, el tono de voz de él sonó sincero. Parecía desubicado y extrañado consigo mismo, aunque aquella actitud no duraría demasiado.

·        HEYDEN: - Levantándose de la silla- Si mañana he de hablar de datos y convencer a alguien, deberé estar descansada. Será mejor que me retire.
·        BOURKE: - que había oído el rodamiento  de la silla en el suelo- Quédate- volvió a girarse hacia ella- Por favor.

Su voz , la cual había perdido prácticamente su aparente firmeza, su fuerza, sonaba casi suplicante , desesperada. Sus ojos ya no expresaban esa superioridad , aunque sólo fuera perceptible unos segundos.

Él se acercó a la mesa donde ella aún se mantenía en píe sorprendida por aquella petición.  John sirvió en una copa   más vino del que había sobrado en la cena y se la ofreció.
Heyden miró la copa y deslizó sus ojos hacia sus dedos , largos , cuidados, como el resto de su piel. Alargó su brazo y la cogió llegando a sentir el roce de su mano con la de él. Mientras Bourke volvía al punto inicial para seguir caminando hacia el final de la terraza, como en un gesto de encierro para que no se escapara  la  sensación , la mano rozada fue encerrada en un puño en el bolsillo de su pantalón.
Ella, simplemente, se acercó hasta donde él estaba, mientras él escuchaba sus pasos acercarse.

·        BOURKE:  Cree que acabará perdiendo, como siempre. Nunca ha sido un hombre muy seguro de sí mismo.
·        HEYDEN: No creo que sea en todos los aspectos de su vida.
·        BOURKE: Quizás, pero a mí me enseñaron una sola regla , y no la he olvidado nunca.
·        HEYDEN: ¿Y cuál es?

Se apoyó en el borde del muro que delimitaba la terraza, de frente suya , bebiendo un sorbo antes de continuar hablando.

·        BOURKE: Cuando algo se desea, no se debe cejar en el empeño de conseguirlo.
·        HEYDEN: ¿Y cuándo se obtiene?
·        BOURKE: No dejarlo escapar.
·        HEYDEN: Una regla excelente, aunque tiene un problema o contrariedad, no sirve en todos los aspectos .
·        BOURKE: ¿Por?
·        HEYDEN: Cuando los elementos entremezclados en la consecución del objetivo son personas, éstas son impredecibles. Uno puede desear mucho obtener a otro, pero no depende de él el conseguirlo, si no de que la otra persona se dé cuenta de que realmente es objeto de  deseo y que , por supuesto, le sea factible la correspondencia.
·        BOURKE: ¿Y esa posibilidad real es lo que provocaría una falta de decisión para siquiera intentarlo?
·        HEYDEN: No la justifica desde luego, pero creo que cuando uno se arriesga es porque ve posibilidades de éxito, si no ¿para qué molestarse?
·        BOURKE: Entonces el problema puede que esté en la falta de aptitud de quién desea , incapaz de trabajárselo lo suficiente para hacer atractivo al otro la propuesta.

Ella , escuchando cada palabra dicha por él, con su significado preciso y sin margen de error o malinterpretación, optó por hacer lo mismo que él, apoyarse en el mismo muro que proseguía a su espalda, y que le permitía tenerle en un ángulo de visión perfecto,  con el panorama de las luces de lo que parecía una ciudad justo detrás suya, y el cielo estrellado con algunas nubes  paseantes y esporádicas.

·        HEYDEN: Nunca he sido  exclusividad de nadie, y menos en lo profesional.

Y el rostro de él, se tiñó de aquella media sonrisa malévola intencional e interesada.

·        HEYDEN: Como con tantos clientes, tengo un contrato con él, pero no excluye otros posibles servicios, y lo sabe.
·        BOURKE: El problema no es ese.
·        HEYDEN: ¿Entonces?
·        BOURKE: Cree que terminarás abandonándole.

Ella no pudo evitar reírse livianamente.

·        HEYDEN: ¿Abandonarle? Se abandona a las personas. Los trabajos se terminan o se dejan.
·        BOURKE: Sé perfectamente la diferencia, y se lo que he dicho.

Y de la misma forma que cada palabra dicha sonaba como una verdad aplastante, ella misma comenzó a extraer sus propias conclusiones sobre lo que parecía , aunque no por su parte.
·        BOURKE:  Su experiencia anterior avala sus temores. Cuando algo es bueno, tengo el gusto caprichoso de ofrecer algo inexcusablemente irrechazable.
·        HEYDEN: Para mí la palabra lealtad lo significa todo. Quizás esas otras que forman parte de su experiencia anterior no lo concebían de igual manera.
·        BOURKE: Lealtad . Curiosa palabra. ¿Cuántos te han faltado a la que te debían?
·        HEYDEN: Más de los que hubiera deseado.
·        BOURKE: ¿Y aún así sigues creyendo en ella y en su posibilidad? Eso es un criterio subjetivo .
·        HEYDEN: Yo la mantengo con quien creo que la mantendrá , si este me falla, la confianza se pierde, pero no generalizo. No me gusta hacerlo.
·        BOURKE: Así que, debo deducir que eres …………¿insobornable?
·        HEYDEN: No voy a intentar quedar bien defendiendo la falsa idea de que no tengo un precio , todos lo tenemos de alguna u otra forma, pero dependiendo de quién sea la persona que vaya a afectarse con mi decisión, adopto y confronto las consecuencias de mis actos de la mejor manera posible.
·        BOURKE: ¿Y si yo hiciera una oferta que no pudieras rechazar?

Sorpresivamente rápido para lo que ella esperaba, esto la cogió desprevenida. Apenas la conocía  salvo por los datos descubiertos por Andy, más los que ella podía desconocer que hubiera conseguido por fuentes externas siendo tan desconfiado como era, y aquello sonaba brutalmente directo.
Intentando disimular los nervios crecientes que ascendían por su cuerpo , acogió la copa que llevaba en la mano como parapeto natural, bebiendo un sorbo que hizo más largo de lo normal mientras bajaba su mirada al suelo. Sin embargo, él se incorporó y se le  acercó . La realidad de su cercanía , culminó cuando en el suelo, justo en donde ella estaba mirando, aparecieron sus zapatos.

·        BOURKE: Sé que mi comportamiento contigo, al principio, no fue el deseado, incluso rocé lo grosero, lo que en mí no suele ser habitual. Sé que además, no confiaba en los criterios de Robert para contratarte,  y estimé que eras como las otras que habían trabajado para él. Pero en todo este tiempo te he venido observando, y he pensado mucho.

Un paso más hacia delante y las distancias se acortaban como si ni el aire pudiera circular.

·        BOURKE:  Y de la misma forma que te digo esto, sé perfectamente  que si te ofreciera  que trabajases para mí , no lo harías. Pero , me pregunto cuál sería tu respuesta si te pidiera……- ella le elevó el rostro- que vinieses conmigo.

Imponente en altura , aquellos ojos verdiazules , aún en la oscuridad , aquella expresión de ir a por todas que daría miedo a  cualquiera….
Juego abierto sin más trampas ni cartón. Directamente a por ella como no podía ser de otro modo y con una única sensación en duda : saber si realmente esto lo hacía por fastidiar a su socio como en las anteriores ocasiones, o si aquí atravesaría sus propios límites e iría más allá por puro interés personal.
Ojos que de forma penetrante, se deslizaron a sus labios cuando ella se los humedeció, dándole la impresión de que cabía una duda razonable.

·        BOURKE: Claro que, no me lo vas a decir porque crees que es una pregunta hipotética y no sabes lo que esconde en realidad.
·        HEYDEN: Teniendo en cuenta que has descartado en primer término la opción laboral adelantando mi respuesta, sí, creo que yo también sé lo que querías decir.
·        BOURKE:  ¿Y si te dijera, que sé que algún día , cuándo vuelva a preguntártelo, no te cabrán las dudas y tu respuesta será apareciendo ante mí, sin más?

Mientras ella se quedaba pensativa, él se agachó acercándose a su mejilla sin rozarla, pero procurando que lo escuchase.

·        BOURKE: Llegará el día , en que un solo gesto sirva para complacerte , y una sola palabra para satisfacerme a mí. Llegará el día , en que tu adoraba palabra lealtad no haga falta entre nosotros porque se dará por supuesta, y en donde el trabajo, sea un placer más a compartir. Y ese día, te puedo asegurar que no te importara dejar atrás a quién haga falta.

Al terminar, lejos de incorporarse, sólo colocó su rostro tan cerca del suyo que apenas podía respirar sin sentir la respiración de él.  Segundos, donde las miradas intermitentes compartidas entre los ojos de ambos y sus labios respectivos, daban claras muestras de unas intenciones ya adelantadas, confirmando que el juego definitivamente estaba abierto , y que en él , estaba más que seguro de que ella caería pero no sin resistirse. Ya se lo advirtió Michael. Respuestas directas y carácter, dificultades añadidas que parecían atraerle sobre manera a este hombre acostumbrado a tenerlo todo con el movimiento de un dedo,   y que a diferencia de las otras, con ella, no se encontraba actuando de la misma forma .

Sí, estaba dentro. Dentro de su círculo, dentro de su mundo , y ahora le tocaba jugar en él. 

Él se incorporó totalmente y volvió al punto de partida . A su lado de la terraza desde donde , con tranquilidad pasmosa, oyó como ella se despedía.

·        HEYDEN: Será mejor que me vaya a descansar. ¿A qué hora llegará?
·        BOURKE: Temprano, sobre las nueve.
·        HEYDEN: Estaré lista para entonces. Buenas noches.

Y se marchó a su habitación mientras el socio de su jefe se quedaba allí, terminando su copa mientras disfrutaba de la noche, con la sensación del trabajo bien hecho , y una ligera muesca de satisfacción en el rostro.

Respecto a ella, nada más abrir la puerta, un olor a perfume masculino muy familiar le golpeó en la nariz. Sin tan siquiera cerrarla  y con el dormitorio a oscuras, entró , deteniéndose unos pasos más adelante.

·        HEYDEN: ¿No se supone que deberías estar durmiendo?

El sonido del portazo  la hizo sobresaltarse , pero aún así no se dio la vuelta. Sabía que la presencia en su habitación la observaba  , y pese a sentirse como objeto de fijación, decidió permanecer en la misma posición por el momento.

·        SHELDON: ¿Te lo ha ofrecido verdad?

Su voz, ronca, seca y hasta enfadada , resonó en el silencio de aquella habitación como si ella se encontrase en el interior de una campana de hierro.

·        HEYDEN: ¿Qué respuesta prefieres escuchar?
·        SHELDON: ¿Cuándo te irás?
·        HEYDEN: Mañana a medio día , aún no sé si antes o después de almorzar -contestó concierto tono de ironía-.
·        SHELDON: ¿Cuándo?

Y sus pasos oyó acercarse apresuradamente hasta sentir escuchar su respiración entrecortada a su espalda. Ella optó por darse entonces la vuelta y tenerle de frente. La escasa luz que entraba por la ventana, permitía una relativa visión de su gesto serio y ofuscado. Notablemente molesto, ella sabía el motivo de su estado, sabiendo que en este momento resultaba bastante impredecible.

·        HEYDEN: Hizo una oferta , sí, pero no a la profesional precisamente.  Sutil , discreto, para leer entre líneas, pero directo, demostrando saber lo qué quiere.

Él abría sus puños y los cerraba con tanta fuerza desmedida, que hasta las venas del cuello parecían querer explotar.

·        HEYDEN: Así que, no tienes de que preocuparte ¿o sí?

Tras observar sus labios y acercarse a ellos  casi sin pensar , algo le hizo retenerse a última hora.

·        HEYDEN: Hazlo - le susurró de forma ahogada y casi suplicante- no lo pienses, sólo hazlo.

Y tras un rato de intentos frustrados, bajó la cabeza tratando de respirar hondo y pausadamente para calmarse.
Ante la ofuscación por aquella no respuesta, ella decidió sentenciar.

·        HEYDEN: ¿Y todavía te extrañas de qué te haya ganado siempre la partida?

Subiendo su cara rápidamente, le clavó una mirada de enfurecimiento capaz de ahondar mucho más profundo que nada.  Un escalofrío recorrió su cuerpo llegando a sentir miedo con aquella expresión.
Pero lejos de reaccionar de la forma esperada, optó por marcharse como siempre, dando un portazo al salir.
Aquel rostro suyo lo decía todo. Si aún cabía la posibilidad de que hubiera habido algo entre los dos, aquel último puñal verbal, podría haber sido definitivo para que todo se desvaneciese.

Y las horas pasaron. Deprisa para algunos, y muy lentas para los que querían desaparecer y regresar a la normalidad.
Heyden no logró conciliar el sueño, y cuando llegó la hora, antes de amanecer, unos pasos delante de su puerta se detuvieron un instante. Era él que observaba la puerta antes de comenzar a bajar la escalera.

No. Ninguno de los dos pudo conciliar el sueño aquella noche. Ninguno de los dos pudo quitar de sus mentes la idea continuada de su falta de valor mutua, de estar siempre esperando que el otro le diese “la vez” y poder arrancarle el poco arresto  que debía permanecer oculto en alguna parte.  Una inseguridad revestida de arco protector frente a los demás , que ya comenzaba a pasarles factura, y que resultaba un lastre demasiado pesado para hacer desaparecer uno solo. Ese mismo arco protector que tantas veces les impidió pasar página y afrontar una verdad inmutable pero no reconocida , desde el mismo instante que sus miradas se cruzaron en el local aquella noche, cuando ella  , siendo enfocada por él, alzó el rostro y le miró directamente a los ojos. Una escena tantas veces revivida, tantas veces sentida por ambos, y que en esta ocasión, le acompañaría a él durante todo el camino de vuelta, junto con la sensación de que pese a creer que Heyden sería diferente, en el fondo, era igual que las demás, y por tanto, capaz de caer en la misma rueda viciosa en manos del talento de su socio .

Por su parte, una insomne Heyden, con un fuerte dolor de cabeza como acompañamiento perfecto y ejerciendo el mejor papel posible, se presentó en el comedor a primera hora para desayunar algo antes de la inesperada reunión. Un largo momento de paz , en el que la soledad y el sol ascendiendo, le dieron la oportunidad de relajarse y de disfrutar de un instante consigo misma.
Una sensación agradable, que una voz harto conocida y sorpresiva le rompería por completo.

·        VICTORIA: La vida nunca dejará de sorprendernos ¿Verdad Heyden?

Quería creer que lo escuchado no era cierto, que era un producto de su mente que osaba castigarla con la vuelta de su peor pasado , pero no. Bastó girar la cabeza hacia el lugar de procedencia de la voz, y allí se encontraba ella, la última persona que esperaba volver a ver, acompañada de un Bourke con un aplastante rostro de satisfacción .

Sin reacción y sin capacidad para moverse, no podía salir de su sorpresa mientras no le perdía la vista. Y Victoria, como si de un triunfo personal se tratase, glorificaba su magnífico aspecto con  una amplia sonrisa conforme se acercaba a la mesa.

·        BOURKE: Te notó ligeramente pálida ¿Te encuentras bien?
·        VICTORIA:  Debe haber sido la impresión . Hacía mucho que no nos veíamos.

Tratando de ubicarse y encontrándose muy traspuesta, pidió disculpas , debiendo salir de allí para poder respirar . Sólo algo de espacio, algo de aire que entrase limpio, un poco de paz, algo a lo que poder aferrarse un solo segundo.
Sin saber a dónde ir, descentrada y buscando espacios abiertos que tenía justo delante y no veía, unos brazos la agarraron fuertemente. Trató de soltarse pero no pudo, hasta que  vio su rostro.

·        ANDY: ¡Eh eh eh !Tranquila. Estoy aquí.

Se la llevó a parte, detrás del recodo de una de las escaleras para que nadie pudiese verlos.  Débil de las piernas, tendía a irse sobre sus rodillas, mientras él la sostenía como podía apoyándola contra la pared. Con una de sus manos en la parte trasera de la cabeza, la apoyó sobre su pecho , mientras ella se agarraba fuertemente a su camisa estrujándola hasta casi querer romperla. Haciendo presión con su cuerpo,  con ambas manos a los lados de su rostro, trató de mantenerle la cara en alto , y mirándola a los ojos, intentó tranquilizarla.

·        ANDY: Mírame. Mírame Heyden. Estoy aquí contigo  ¿vale? Estoy contigo. Trata de respirar lento . Despacio.
·        HEYDEN:  No puedo – musitó muy nerviosa y angustiada-
·        ANDY : Sí puedes. Hazlo Heyden. Escúchame ….- ella sólo negaba con la cabeza-  No pude avisarte, yo no sabía nada de esto hasta que la vi.

Conforme fue relajándose, él la soltó y la fue dejando sin soporte sobre la pared.

·        HEYDEN: Ahora entiendo algunas cosas, algunas palabras. Ahora entiendo.
·        ANDY: Heyden ¿Quieres que hable con Sanders?
·        HEYDEN: No.
·        ANDY: ¿Segura? Sé que estás acostumbrada  a las complicaciones , pero esto……….
·        HEYDEN:  Ahora sé realmente a lo que está jugando. Por una vez, juego la misma mano que él en esta partida. – pasándose las manos por la cara tratando de recomponerse- No. Si antes me cabía un atisbo de duda , ahora puedo decir que nunca lo tuve tan claro. No. No hará falta que hables con Sanders. Esto seguirá adelante , sólo que las reglas han variado, y el tiempo de juego se acelera. Sí él lo quiere, él lo tendrá. Avisa a Sanders que esté pendiente.

Y decidida , volvió al comedor donde el anfitrión y su nueva socia la esperaban, ante la preocupación más que evidente de un Andy que no terminaba de quedarse tranquilo. Aquel exceso de pronta seguridad sobre lo qué debía hacer respecto de un sujeto que no conocía bien del todo , y más, teniendo la sensación de que se había perdido parte de la historia.

Su vuelta fue recibida como grata sorpresa por los presentes que andaban departiendo de lo más divertidos cuando ella entró.
·        VICTORIA: ¡Vaya! ¿Mejor?
·        BOURKE: - acercándose a ella- Mejor cara tiene desde luego. ¿Un poco de agua fresca tal vez?
·        HEYDEN: Sí , gracias.

Victoria sabía perfectamente que aquel estado se debía a su presencia. Heyden seguía incomodándose cuando ella permanecía delante, y pese a los años, su percepción no había cambiado. Disfrutando del momento sólo como ella sabía, no le quitó los ojos de encima , y su sonrisa socarrona y tendenciosa nunca desapareció, mientras ella trataba de aparentar una vuelta a la normalidad tras encontrarse traspuesta.

·        HEYDEN: Lo lamento, no he pasado muy buena noche , y de pronto me encontré algo mareada.
·        VICTORIA: Y tan de pronto. Una palidez casi instantánea.

Él , que aún continuaba disfrutando para sí mismo de la escena, le entregó el vaso con el agua observándola detenidamente.

·        BOURKE: Ahora seré yo el que deba ausentarme un instante. He de realizar una llamada . No se marchen, vuelvo en seguida.

Y ambas mujeres quedaron solas, en aquella estancia abierta hacia una terraza , que para una de las dos se convertía en una salida , una forma de huir. Para la otra, la oportunidad perfecta de volver a ser ella frente a su “capricho” más preciado y no visto en años. Una , atenta a cada movimiento de la otra. La externa y más nueva en estos lares de los negocios de Bourke, calculando el terreno mientras procedía al acercamiento vital y tan ansiado, con una sonrisa  rebosante de sincera felicidad.

·        VICTORIA: Al final conseguiste lo que querías , ganarte la vida fuera del club.
·        HEYDEN: Se le conoce como consecución de objetivos.

Con Heyden apoyada en una de las columnas de la habitación , y Victoria apoyada en el filo de la gran mesa , la conversación depararía tintes de auténtico recordatorio del pasado.

·        VICTORIA: Y ya veo que los has conseguido. Te seguí la trayectoria. Aunque tendrás que reconocerme, que esos objetivos, sin tu paso por el club, se hubieran quedado en nada.
·        HEYDEN: ¿Esperas que te lo agradezca o un margen de mis beneficios?
·        VICTORIA: - pensativa- No estaría mal a decir verdad. Sería un detalle a tener en cuenta puesto que de otra forma, no les hubieras conocido y tampoco hubieras podido publicitarte. Pero no. Supongo que tampoco tengo derecho a reclamarte nada de eso puesto que nadie tiene la exclusividad sobre los clientes. Cosa diferente hubiera sido, que te hubieses decidido a seguir con el “negocio” por tu cuenta y  me los hubieses arrebatado. Pero eso no ha sucedido, por suerte para las dos.
·        HEYDEN: El día que decidí abandonar el  club, también decidí dejar atrás todo lo que conllevaba.

Victoria bajó la cabeza  frotándose uno de los muslos con una mano ,y tras incorporarse, se acercó a Heyden lentamente.

·        VICTORIA: De eso ya he obtenido buena cuenta.

Viéndola venir y sus intenciones manifiestamente claras, Heyden trató de desviar la atención hacia otro tema, pero el anfitrión llegaba justo en ese momento.

·        BOURKE: Bien señoras , esperando no me interrumpan más,  podemos comenzar cuando lo crean oportuno.
·        VICTORIA: Sí por favor,  esto de tener que dejar el negocio en manos de otro no es algo que me plazca demasiado.
·        HEYDEN: Hay cosas que no cambian.

Sentados todos de nuevo en la mesa, Bourke junto a Victoria, y Heyden en frente de los dos, sería esta última la que introduciría  el punto de partida.

·        HEYDEN: Teniendo en cuenta que ustedes dos ya han hablado de lo que querían y que tú necesitabas Victoria, creo que cualquiera de los dos puede resumirme brevemente de qué va esto.

Su exjefa, la vinculación viva con su pasado, se mostró sonriente y hasta complacida creyéndose , una vez más, la que llevase las riendas. Apoyada completamente en la silla  y con ambas manos entrecruzadas encima de sus piernas, su gesto de prepotencia y sobredosis de importancia , rebotaba sobre una Heyden que ya la había soportado en papeles similares y que estaba más que acostumbrada a llevarla de esa forma.

·        VICTORIA: Te lo resumiré en pocas palabras. John necesitaba un socio capitalista y ese soy yo. Aportaré una cantidad determinada de dinero inicial sin importarme dónde se invierta. Lo único que me interesa es mi nivel de beneficios y un informe que se me irá pasando puntualmente cada tres meses. En el momento en que esos beneficios disminuyan o desaparezcan , retiraré mis fondos.

Clara, concisa y directa. Así era ella normalmente en todos los aspectos de su vida.

·        HEYDEN: -extrañada- ¿Sin más?

Bourke , como un espectador ante un partido de tenis, en ese momento crucial en que está en juego el punto de partido, observaba aquella  dialéctica entre ambas mujeres con suma atención. La tensión entre ambas era más que evidente, y casi se podía cortar con un fino cuchillo , que parecían  portar como autodefensa.

·        VICTORIA: ¿Para qué más? John y yo ya nos conocemos desde hace tiempo. Que yo sepa  sigue dedicándose a lo mismo, y ciertamente, eso es algo que no me incumbe. Pero tiene éxito , gana mucho dinero y mantiene su buen ojo para las inversiones ya sea de forma directa o a través de otros, que para el caso, es lo mismo, ya que  el dinero revierte  y suma  engrandeciéndolo todo. Eso es lo único que me interesa. Si tu pregunta es si me fio de John, mi respuesta no puede ser otra que plenamente.
·        BOURKE: Como te acaba de decir, simplemente aporta capital. Su confianza en mi balance de resultados hace el resto. Ella no es economista y  los informes que solicita , simplemente, son para añadir a su estado de cuentas y justificar de cara al fisco. ¿No creo que haya problema en eso verdad?
·        HEYDEN: No debería haberlo, pero sólo veo una pega en todo este asunto. – Mirando fijamente a su oponente masculino- ¿A quién se supone que debo tarificar estos extras?

Victoria giró su cabeza hacia su anfitrión sorprendida.

·        VICTORIA: ¿Creía que trabajaba para ti?

Unos ojos verdiazules acusadores  se depositaron en Heyden. Ella, sin observarlos directamente,  ya que se encontraba estudiando minuciosamente a la nueva socia , se sintió un centro de atención involuntario e incómodo. Aquel  juego a tres bandas , comenzado en tensión , no deparaba nada bueno. El tono de voz seco  de él, ayudaría a confirmarlo.

·        BOURKE: No . En realidad trabaja para mi socio.
·        HEYDEN: Mi tiempo vale oro, y como en todo lo que hago, siendo perfeccionista y garantizando resultados , resulto muy cara, especialmente sin un contrato de por medio, el cual , efectivamente, mantengo con su socio, no con él. De echo , a esta hora debería haber vuelto a  mi punto de partida, y me quedé por ser quién es.

Victoria se sonrió ampliamente, mientras el gesto que se apoderaba de su rostro, denotaba la carrera iniciática de la ironía más pura e hiriente , propia de ella. Marca de su casa.

·        VICTORIA: ¿Así que las cosas no han cambiado? Al igual que entonces, sigues ofreciendo los mejores resultados.
·        HEYDEN: Siempre.
·        VICTORIA: Y al igual que entonces, tu cotización por ello sigue siendo alta, en función del valor de lo que ofreces.
·        HEYDEN: Jamás por debajo de lo que cuesta mi tiempo y mi esfuerzo.
·        VICTORIA: Sí. Lo sé a la perfección. ¿Sabes John? Realmente es una pena que no llegaras a conocerla. Si la hubieras visto cuándo llegó. No sabía dónde se metía exactamente, pero no le importó.

Heyden, agarró fuertemente con sus manos el reposabrazos de la silla dónde se encontraba , mientras Bourke continuaba observando cada uno de sus cambios de expresión, sin perder detalle de la disertación de su improvisada invitada.
·        VICTORIA: Selecta y dulcemente salvaje, así la definían quienes la reclamaban. Superó con creces la mayor prueba de fuego de todas. Jamás se me hubiera ocurrido hacerlo con una novata  pero …………..   ella apuntaba maneras de no achantarse, y así fue.
·        HEYDEN: Era una cuestión de supervivencia.
·        VICTORIA: Y tanto. Aunque contando con un maestro de esa categoría…………….- se levantó , y comenzó a deambular lentamente alrededor de la mesa  , comenzando por el lado donde se encontraba su nuevo socio -  supo enseñarte todo lo que necesitabas , aunque siempre me pregunté hasta dónde fue capaz de llegar, porque con el resto de las chicas nunca fue tan atento y considerado, y menos aún protector.  – Colocando sus manos en los hombros de él , presionando de vez en cuando sobre la base del cuello ante su atenta observación, mientras acercaba su cara a un lateral de la de él- ¿Sabes John? Si la hubieras conocido entonces, ella hubiera sido la única con la que hubieras deseado estar. – el rostro de él fue cambiando. Su gesto, serio al principio, fue relajándose paulatinamente ante cada palabra de Victoria sobre Heyden, ante cada imagen visual en que convertía cada una de las expresiones gráficas de lo que era capaz de hacer, y siempre ahondando en aquello de lo que él se preciaba en solicitar- Nunca se negó a nada . Siempre complaciente y ansiosa . Danzando suavemente entre la más encandilante de las dulzuras y la más salvaje de las amazonas. Una auténtica dama con delicioso cuero , su segunda piel, y sutiles juegos de seducción dominante por entero.  Pronto fue la favorita de quienes admiraban y deseaban ese tipo de prestaciones. Dulce y amarga al mismo tiempo. Exquisitez y elegancia en cada gesto, en cada roce con sus guantes de piel , y absoluta pretenciosidad colocando las correas. Sí mi querido John, solicitada y dispuesta a todo . Una superviviente como ella misma te ha dicho, pero sin que nada la detuviera. Nada.

Una mirada lanzada de soslayo por encima del hombro hacia  la enseñante que departía, y sus ojos volvieron hacia su principal objeto de atención. Poco le faltaba a Heyden para convertirse en el objeto de deseo absoluto de aquel individuo. Ello había quedado claro tras aquel incipiente pero intenso intercambio de palabras de la primera vez. Pero de ahí a convertirse en el único y más temido objeto de deseo, en el más ansiado …………para eso, sólo hacía falta alguien que le avivase la imaginación y le graduase las imágenes haciéndoselas reales, y en eso, Victoria era toda una especialista desde que trabajaba en el club.

Era su táctica de venta de las chicas y los servicios. Era su forma de negociar . Su forma de enganchar y convertir en fijos a los clientes más dudosos o a los que lo visitaban por primera vez. Y según el tipo y categoría de cliente,  la asignación de las chicas variaba.
Clientes con costumbres y que frecuentaban la poca variabilidad, eran pocos los sujetos que buscasen a chicas diferentes de aquellas con las que llegaban a sentirse cómodos.
El caso de Heyden fue diferente.  Combinando los espectáculos de danza con los servicios extras, su nombre comenzó a solicitarse por algo más que por la capacidad para prestar cualquier tipo de servicio sin miramiento alguno, y siempre adaptándose enteramente a lo que cada cliente necesitase. Sus exquisitas formas, su educación refinada y hasta un cierto halo de ternura  natural y nada fingido, a priori y ante los ojos de quienes la contrataban, la hacían especial y distinta. Su conversación notable , su capacidad para prácticamente hablar de cualquier tema, incluso de política internacional, fue lo que provocó que muchos de los clientes que la reclamasen fuesen los más “vips” del club, aquellos  que incluso  en más de una ocasión, se lo habían pedido a la misma Victoria, debiendo esta ceder y asistir por temor a perderlos. Clientes satisfechos que se convertían en agentes publicitarios involuntarios con todo rico lujo de detalles , y que suponían una oportunidad nada despreciable a la que había que tratar con lo mejor.  Tener que prescindir de ella para su exquisito gusto personal fue algo no superado por Victoria, pero el día que Heyden le dijo adiós desde la puerta del local , antes de que abriese, supuso un recuerdo imborrable que no se le olvidaría nunca a la dueña del club más selecto de la ciudad.

Victoria le soltó, para continuar andando en dirección a ella.

·        VICTORIA: Realmente fue una pena que te marchases. Quedé tan desolada.
·        HEYDEN: - Sin soltar sus manos de los reposabrazos- Sobre todo porque se te iba  tu juguete preferido -  con sus ojos fijos en él -  aquel que nunca pudiste tener por entero.
·        VICTORIA: - sonriéndose dolida con recuerdos de aquellos momentos en su mente-  Cierto. Nunca te tuve como siempre quise desde que te vi al lado del mostrador la primera vez. – y ahora eran sus manos las que se apoderaban de sus hombros, con la consiguiente pero disimulada incomodidad de ella -  pero sí degusté tu cuerpo, sí obtuve el sabor de tus labios de todas las maneras posibles y deseadas. Sí. No obtuve lo que faltaba, lo que más hubiera querido, porque te fuiste, pero al menos, conseguí la parte de ti que más ansiaba , y aunque sólo fuese así, fuiste mía. Ahora es Sheldon el que te disfruta de esa forma ¿no?

Bourke volvió al gesto serio y seco, siendo el que decidiera acabar con ello de forma tajante.

·        BOURKE: Me encargaré de que mi abogado redacte un contrato y lo tendrás en dos días. Me ocuparé personalmente de que te lo hagan llegar.

Victoria apretó con mucha más fuerza los hombros de Heyden, mientras le observaba.  Victoria llevaba mucho tiempo en el negocio , y había aprendido a detectar cuándo la incomodidad de quién se deseaba obtener , le resultaba aún más molesta a quién deseaba obtenerla. Sus gestos hacia ella, aunque melodiosa venganza por el reencuentro, le podrían acarrear problemas con su nuevo socio, y aunque en este caso , él pareciera más interesado en ella que al revés, lo cierto, es que a Victoria también le interesaba esta nueva relación comercial.
Sin que sus ojos dejasen de observarle ni un solo segundo, fue retirando las manos y caminando lentamente hasta dónde se encontraba sentada para recoger sus cosas, dispuesta a marcharse.

·        VICTORIA:  Será mejor que me marche. No me gusta dejar mi negocio en manos extrañas demasiado tiempo . Nunca se logran hacer las cosas como uno quiere  si no las hace por sí mismo.
·        BOURKE: Te acompañaré a la puerta.

Antes de proseguir su camino, aún con la mesa como parapeto entre ellas dos, Victoria giró una vez su cabeza hacia ella,  la cual mantenía su vista fija hacia el frente,  y con una media sonrisa complaciente , decidió despedirse.

·        VICTORIA: Me ha encantado volver a verte. Nunca olvidaré este instante, te lo puedo asegurar.

Y Bourke la acompañó con su mano en la espalda como sutil empuje y señal de que sobraba en esa sala .

·        BOURKE: Tendré todo listo dentro de unos dos días. Si hiciera falta me encargaré personalmente de entregártelo.

Ella le detuvo el paso nada más llegar a la puerta .

·        VICTORIA: No.

Él la miró extrañado.

·        VICTORIA: Quiero que sea ella quién me lo traiga.

Aquello comenzaba a resultar altamente molesto hasta para un hombre como él.

·        BOURKE: Victoria..- ella le interrumpió colocándola la palma de la mano en el pecho y ladeando ligeramente su cabeza hacia detrás- .
·        VICTORIA: Ella John. Sólo cuando la vea ante mí con el contrato, daré orden para ejecutar la transferencia. Si no lo hace ella - volvió a mirarle amenazadoramente-  no tendrás un solo dólar. Tú eliges.

Y tras abrirle la puerta, uno de los ayudantes , apostados detrás de la misma, recibía la orden de acompañarla durante todo el trayecto hasta el avión.

Y la puerta fue cerrada de nuevo, y la imagen de una Heyden aparentemente serena fue lo que él encontró. Cuánto no hubiera dado él por saber qué pensaba  en ese instante. Tratando de aparentar  normalidad , se acercó hasta la mesa.

·        BOURKE: En cuanto esté listo, enviaré el contrato a casa de Robert. A ella se lo haré llegar a través de uno de mis hombres.
·        HEYDEN: No – sin mirarle ni tener la mínima intención de hacerlo- envía los dos ejemplares. Yo se lo entregaré a Victoria.
·        BOURKE: No hace falta. Ya me encargaré de ello.
·        HEYDEN: Ha hablado bajo, pero no lo suficiente. Y sé que cumplirá lo dicho. Mejor envíamelo y así me aseguraré de que da la orden . -  Se levantó de la silla apartándola, y cogiendo su bolso, trató de despedirse – Será mejor que me marche.
·        BOURKE: Convendría que te acordaras de enviarme la factura por lo de hoy, en cuanto te sea posible.
·        HEYDEN: No tendré en cuenta lo que ha pasado aquí. En realidad ni siquiera mi presencia hacía falta. Ella sabía perfectamente lo que quería.

Cuando se disponía a pasar al lado suyo, él se le acercó obligándola a detenerse.

·        BOURKE: A mí sí me hacía falta.
·        HEYDEN: - mirándole por última vez- Lo sé.

Y desviándose , prosiguió su camino para volver a casa.

Casa. ¿Eso que era ?  Dejar todo atrás. ¿Cómo hacerlo realmente?
Se encontraba en un momento personalmente incómodo. Azotada por su pasado en más de una ocasión, ya debería estar acostumbrada, y eso era justamente en lo que recalaba su cabeza una y otra vez, pero habían sucesos, capítulos imborrables, que se repetían incesantemente con demasiada frecuencia.
Momentos que le recordaban la sucesión de decisiones erróneas adoptadas, de caminos y personas de acompañamiento  mal escogidas.
Mientras el coche la llevaba al Aeropuerto, no podía dejar de pensar qué había de bueno en su vida que realmente mereciera la pena, qué debía conservar en realidad y con qué tendría que comenzar a hacer una limpieza definitiva.
En su interior , la desagradable sensación de estar ahogándose en si misma, de agobio permanente sin salida , la estaba mermando. Demasiados temores, demasiados miedos del pasado que la impedían pensar con claridad en lo personal .
Temores que convertían su vida en indecisiones, en falta de valor donde más lo necesitaba, en su incapacidad para ponerse delante de las personas que de alguna forma le importaban y, a corazón abierto, decirles quién era realmente. Todo o nada. No había términos intermedios. Deber. Obligación. Rectitud. Apariencia. Sin lugar para los sentimientos. La oscuridad de “lo que se debe” lo copaba todo , como una plaga que se extendiera y resultase imparable, y ella, en medio de todo, de su propia vida que no sentía suya, dejándose llevar.

Un cambio de planes a última hora, haría que su destino fuese Florida, pero sólo como transbordo. Nada más bajar del avión, cogería su pequeña  bolsa de viaje en dirección a otro destino necesario . Washington. Necesitaba contactar con un viejo amigo al que encontraría a través de sus contactos en Inteligencia: Frank Martin.

Ana Patricia Cruz López
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