CAPITULO OCTAVO (SEGUNDA PARTE)
Las horas en Panamá pasaron más despacio de lo que hubiera sido
deseable para más de uno de los presentes.
Una jornada larga y sin descanso tras el momento de paz y respiro
vivido durante la comida , que prosiguió con una intensa dación de cuentas y
planificación de siguientes actuaciones. Todo lo técnico que podía esperarse y
más.
A lo largo de ese día, los datos y las posibilidades sobre el cierre de negocios, y la búsqueda incesante de las mejores
soluciones para conseguir el objetivo previsto , se habían convertido en el pesado y a la vez
desesperante tema central de una reunión a tres , con Andy como mero
observador, durante la cual, Bourke no dejó de observarla detenidamente
creyendo que Heyden, concentrada en aportar todos sus conocimientos, no se
estaría dando cuenta. Y no era el único.
Convertida en el centro de atención predilecto de un Bourke cambiante
que no cesaba en centrarse en sus labios y los exquisitos movimientos de los
mismos mientras hablaba, su discreción rozó fallos abismales sin importarle.
Para él, en aquella sala sólo se encontraban ellos dos. Sentía una extraña curiosidad desde el día
que la vio por primera vez , y mucho más , teniendo en cuenta los exquisitos
gustos de su socio, pero conforme más coincidía con ella, cuanto más la
escuchaba y la trataba, más le atraía la idea de que aquella mujer no era tan
corriente o normal, como las otras
empleadas que Sheldon había tenido bajo su firma.
Transpiraba algo que él no podía identificar con claridad. Su
seguridad , le hacía deducir una personalidad aguerrida y un carácter muy
fuerte , lo que no era tan habitual en las acompañantes de su socio , cuyo
carácter era bastante similar.
¿Entonces? ¿Qué era lo que le hacía querer tenerla con él? Su profesionalidad y visión para los negocios
estaba más que comprobada, y no sólo por lo versado aquel día o por las
jornadas anteriores en las que ella estuvo presente, ni por su curriculum
debidamente acompañado de nombres ilustres. Ella se había ganado la opción de
ser muy reclamada , y en algunos casos hasta de forma reiterada , pero no
siendo una persona a priori fácil de llevar, había algo en ella mucho más profundo, incapaz de dejar indiferente a
quién se preciara de ser un buen observador, y Bourke lo era.
Siendo cerca de las dos de la mañana
, y el cansancio presente haciendo mella , Sheldon decidió que era hora
de retirarse.
·
SHELDON: En fín, creo que por ahora es todo lo
que podemos hacer.- frotándose los ojos con ambas manos- Por cierto, aún no nos
has dicho quién viene mañana.
Bourke se encontraba de pie junto a la terraza, con ambas manos en los bolsillos, y disfrutando
del aire fresco que llegaba aquella noche.
·
BOURKE : Es una buena amiga , y mi nueva socia
en negocios que estoy emprendiendo.
Sheldon miró hacia Heyden extrañado, y ella le correspondió con el
mismo gesto. Intentado averiguar de quién se trataba , Robert trató de indagar.
·
SHELDON: ¿No sabía que tuviéramos una nueva
incorporación?
·
BOURKE: No tenemos- se dio la vuelta fijando su
vista en Robert- tengo.
·
SHELDON: ¡Oh! Bien, creo que entonces será mejor
ir a descansar, ¿saldremos mañana por la mañana temprano ?
·
BOURKE: Mi idea es que os quedéis a la reunión y
os marchéis si queréis después de almorzar.
·
SHELDON: Pero………….es tu socia, ¿no entiendo que
pintamos nosotros en esto?
·
BOURKE: Tú puede , pero ella – mirando y
señalando con la mano que portaba el vaso –se queda.
Gesto de incredulidad más que justificado dado el tono impositivo de
su voz al decirlo. Seguridad a flor de piel , y una forma de mirarla que calaba
hondo sin que nada pudiera detenerle. Robert sabía interpretar todo aquello a
la perfección, y sabía que su socio le estaba cogiendo la partida, pero nunca
había sido tan directo, lo cual, posiblemente, debería hasta de agradecerle
para saber a qué atenerse.
·
SHELDON: Tú ya tienes tus asesores ¿Para qué la
necesitas a ella?
Sin retirarle los ojos ni un solo instante, ella le correspondió de
igual forma, como si fuese una competición desafiante sin ganador claro.
A él , ella le incitaba a provocarla. La incomodidad por tenerla en su
presencia había ido desapareciendo y ahora se centraba en otro aspecto. Para
ella, sus intenciones estaban más que claras, desconociendo cuan fácil se lo
estaba poniendo como objetivo. Apenas esfuerzo le estaba resultando tenerlo
comiendo prácticamente de su mano. Ahora , la prudencia es la que debía dominar
todos y cada uno de sus movimientos.
·
SHELDON: ¿Estás pensando en despedir a los tuyos
y cambiarlos?
·
BOURKE: Puede.
·
HEYDEN: Estos servicios no estaban previstos y
son de consultoría externa, se tarifican a parte.
·
BOURKE: No me importa, ni cuánto cuesten. Mi
socia necesita que le dejen las cosas claras respecto a sus inversiones, y ahora mismo confío más en
usted que en los míos.
·
SHELDON: - Notablemente molesto por aquella
situación decidió un cambio de planes sobre la marcha- Ya que veo que sobro en
todo esto, me gustaría poder marcharme a primera hora si no es molestia.
·
BOURKE: Dejaré orden dada para el avión y el
coche. Lo tendrás todo listo desde las seis .
·
SHELDON: Bien. Gracias.
Y mirándola una última vez ,
con su rostro fijo y tranquilamente desafiante hacia Bourke y sus manos
apoyadas en los reposabrazos de la silla , se dio la vuelta y simplemente se
marchó, con una sensación de impotencia que se reiteraba una y otra vez y que le resultaba demasiado familiar.
Solos ambos en aquel salón comedor, la tensión parecía no existir.
Ambos espacios alrededor de ellos, les
cubrían como esferas aisladas en donde sentirse protegidos y a la expectativa
de lo que pudiera venir . Sólo frente a ella, él encontró su lugar y su momento
para proseguir aquella conversación dejada a medias según su juicio. Tenía un
presentimiento, y quería confirmar que no se equivocaba.
·
BOURKE: Esto le conllevará una dura reprimenda.
·
HEYDEN: No más que otras veces.
·
BOURKE: Siente que está perdiendo una batalla-
volvió a darse la vuelta hacia el exterior, bebiendo un sorbo de su copa y con
una sensación de inmensa complacencia que le recorría por completo- y no le culpo.
·
HEYDEN: ¿No sabía que me encontrase en mitad de
una guerra?
·
BOURKE: Ni yo.
Por una vez, el tono de voz de él sonó sincero. Parecía desubicado y
extrañado consigo mismo, aunque aquella actitud no duraría demasiado.
·
HEYDEN: - Levantándose de la silla- Si mañana he
de hablar de datos y convencer a alguien, deberé estar descansada. Será mejor
que me retire.
·
BOURKE: - que había oído el rodamiento de la silla en el suelo- Quédate- volvió a
girarse hacia ella- Por favor.
Su voz , la cual había perdido prácticamente su aparente firmeza, su
fuerza, sonaba casi suplicante , desesperada. Sus ojos ya no expresaban esa
superioridad , aunque sólo fuera perceptible unos segundos.
Él se acercó a la mesa donde ella aún se mantenía en píe sorprendida
por aquella petición. John sirvió en una
copa más vino del que había sobrado en la cena y se
la ofreció.
Heyden miró la copa y deslizó sus ojos hacia sus dedos , largos ,
cuidados, como el resto de su piel. Alargó su brazo y la cogió llegando a
sentir el roce de su mano con la de él. Mientras Bourke volvía al punto inicial
para seguir caminando hacia el final de la terraza, como en un gesto de
encierro para que no se escapara la sensación , la mano rozada fue encerrada en
un puño en el bolsillo de su pantalón.
Ella, simplemente, se acercó hasta donde él estaba, mientras él
escuchaba sus pasos acercarse.
·
BOURKE:
Cree que acabará perdiendo, como siempre. Nunca ha sido un hombre muy
seguro de sí mismo.
·
HEYDEN: No creo que sea en todos los aspectos de
su vida.
·
BOURKE: Quizás, pero a mí me enseñaron una sola
regla , y no la he olvidado nunca.
·
HEYDEN: ¿Y cuál es?
Se apoyó en el borde del muro que delimitaba la terraza, de frente
suya , bebiendo un sorbo antes de continuar hablando.
·
BOURKE: Cuando algo se desea, no se debe cejar
en el empeño de conseguirlo.
·
HEYDEN: ¿Y cuándo se obtiene?
·
BOURKE: No dejarlo escapar.
·
HEYDEN: Una regla excelente, aunque tiene un
problema o contrariedad, no sirve en todos los aspectos .
·
BOURKE: ¿Por?
·
HEYDEN: Cuando los elementos entremezclados en
la consecución del objetivo son personas, éstas son impredecibles. Uno puede
desear mucho obtener a otro, pero no depende de él el conseguirlo, si no de que
la otra persona se dé cuenta de que realmente es objeto de deseo y que , por supuesto, le sea factible
la correspondencia.
·
BOURKE: ¿Y esa posibilidad real es lo que
provocaría una falta de decisión para siquiera intentarlo?
·
HEYDEN: No la justifica desde luego, pero creo
que cuando uno se arriesga es porque ve posibilidades de éxito, si no ¿para qué
molestarse?
·
BOURKE: Entonces el problema puede que esté en
la falta de aptitud de quién desea , incapaz de trabajárselo lo suficiente para
hacer atractivo al otro la propuesta.
Ella , escuchando cada palabra dicha por él, con su significado
preciso y sin margen de error o malinterpretación, optó por hacer lo mismo que
él, apoyarse en el mismo muro que proseguía a su espalda, y que le permitía
tenerle en un ángulo de visión perfecto, con el panorama de las luces de lo que parecía
una ciudad justo detrás suya, y el cielo estrellado con algunas nubes paseantes y esporádicas.
·
HEYDEN: Nunca he sido exclusividad de nadie, y menos en lo
profesional.
Y el rostro de él, se tiñó de aquella media sonrisa malévola
intencional e interesada.
·
HEYDEN: Como con tantos clientes, tengo un
contrato con él, pero no excluye otros posibles servicios, y lo sabe.
·
BOURKE: El problema no es ese.
·
HEYDEN: ¿Entonces?
·
BOURKE: Cree que terminarás abandonándole.
Ella no pudo evitar reírse livianamente.
·
HEYDEN: ¿Abandonarle? Se abandona a las
personas. Los trabajos se terminan o se dejan.
·
BOURKE: Sé perfectamente la diferencia, y se lo
que he dicho.
Y de la misma forma que cada palabra dicha sonaba como una verdad
aplastante, ella misma comenzó a extraer sus propias conclusiones sobre lo que
parecía , aunque no por su parte.
·
BOURKE:
Su experiencia anterior avala sus temores. Cuando algo es bueno, tengo
el gusto caprichoso de ofrecer algo inexcusablemente irrechazable.
·
HEYDEN: Para mí la palabra lealtad lo significa
todo. Quizás esas otras que forman parte de su experiencia anterior no lo
concebían de igual manera.
·
BOURKE: Lealtad . Curiosa palabra. ¿Cuántos te
han faltado a la que te debían?
·
HEYDEN: Más de los que hubiera deseado.
·
BOURKE: ¿Y aún así sigues creyendo en ella y en
su posibilidad? Eso es un criterio subjetivo .
·
HEYDEN: Yo la mantengo con quien creo que la
mantendrá , si este me falla, la confianza se pierde, pero no generalizo. No me
gusta hacerlo.
·
BOURKE: Así que, debo deducir que eres
…………¿insobornable?
·
HEYDEN: No voy a intentar quedar bien
defendiendo la falsa idea de que no tengo un precio , todos lo tenemos de
alguna u otra forma, pero dependiendo de quién sea la persona que vaya a
afectarse con mi decisión, adopto y confronto las consecuencias de mis actos de
la mejor manera posible.
·
BOURKE: ¿Y si yo hiciera una oferta que no
pudieras rechazar?
Sorpresivamente rápido para lo que ella esperaba, esto la cogió
desprevenida. Apenas la conocía salvo
por los datos descubiertos por Andy, más los que ella podía desconocer que
hubiera conseguido por fuentes externas siendo tan desconfiado como era, y
aquello sonaba brutalmente directo.
Intentando disimular los nervios crecientes que ascendían por su
cuerpo , acogió la copa que llevaba en la mano como parapeto natural, bebiendo
un sorbo que hizo más largo de lo normal mientras bajaba su mirada al suelo.
Sin embargo, él se incorporó y se le
acercó . La realidad de su cercanía , culminó cuando en el suelo, justo
en donde ella estaba mirando, aparecieron sus zapatos.
·
BOURKE: Sé que mi comportamiento contigo, al
principio, no fue el deseado, incluso rocé lo grosero, lo que en mí no suele
ser habitual. Sé que además, no confiaba en los criterios de Robert para
contratarte, y estimé que eras como las
otras que habían trabajado para él. Pero en todo este tiempo te he venido
observando, y he pensado mucho.
Un paso más hacia delante y las distancias se acortaban como si ni el
aire pudiera circular.
·
BOURKE: Y
de la misma forma que te digo esto, sé perfectamente que si te ofreciera que trabajases para mí , no lo harías. Pero ,
me pregunto cuál sería tu respuesta si te pidiera……- ella le elevó el rostro-
que vinieses conmigo.
Imponente en altura , aquellos ojos verdiazules , aún en la oscuridad
, aquella expresión de ir a por todas que daría miedo a cualquiera….
Juego abierto sin más trampas ni cartón. Directamente a por ella como
no podía ser de otro modo y con una única sensación en duda : saber si
realmente esto lo hacía por fastidiar a su socio como en las anteriores
ocasiones, o si aquí atravesaría sus propios límites e iría más allá por puro
interés personal.
Ojos que de forma penetrante, se deslizaron a sus labios cuando ella
se los humedeció, dándole la impresión de que cabía una duda razonable.
·
BOURKE: Claro que, no me lo vas a decir porque
crees que es una pregunta hipotética y no sabes lo que esconde en realidad.
·
HEYDEN: Teniendo en cuenta que has descartado en
primer término la opción laboral adelantando mi respuesta, sí, creo que yo
también sé lo que querías decir.
·
BOURKE:
¿Y si te dijera, que sé que algún día , cuándo vuelva a preguntártelo,
no te cabrán las dudas y tu respuesta será apareciendo ante mí, sin más?
Mientras ella se quedaba pensativa, él se agachó acercándose a su
mejilla sin rozarla, pero procurando que lo escuchase.
·
BOURKE: Llegará el día , en que un solo gesto
sirva para complacerte , y una sola palabra para satisfacerme a mí. Llegará el
día , en que tu adoraba palabra lealtad no haga falta entre nosotros porque se
dará por supuesta, y en donde el trabajo, sea un placer más a compartir. Y ese
día, te puedo asegurar que no te importara dejar atrás a quién haga falta.
Al terminar, lejos de incorporarse, sólo colocó su rostro tan cerca
del suyo que apenas podía respirar sin sentir la respiración de él. Segundos, donde las miradas intermitentes
compartidas entre los ojos de ambos y sus labios respectivos, daban claras muestras
de unas intenciones ya adelantadas, confirmando que el juego definitivamente
estaba abierto , y que en él , estaba más que seguro de que ella caería pero no
sin resistirse. Ya se lo advirtió Michael. Respuestas directas y carácter,
dificultades añadidas que parecían atraerle sobre manera a este hombre
acostumbrado a tenerlo todo con el movimiento de un dedo, y que a diferencia de las otras, con ella, no
se encontraba actuando de la misma forma .
Sí, estaba dentro. Dentro de su círculo, dentro de su mundo , y ahora
le tocaba jugar en él.
Él se incorporó totalmente y volvió al punto de partida . A su lado de
la terraza desde donde , con tranquilidad pasmosa, oyó como ella se despedía.
·
HEYDEN: Será mejor que me vaya a descansar. ¿A
qué hora llegará?
·
BOURKE: Temprano, sobre las nueve.
·
HEYDEN: Estaré lista para entonces. Buenas
noches.
Y se marchó a su habitación mientras el socio de su jefe se quedaba
allí, terminando su copa mientras disfrutaba de la noche, con la sensación del
trabajo bien hecho , y una ligera muesca de satisfacción en el rostro.
Respecto a ella, nada más abrir la puerta, un olor a perfume masculino
muy familiar le golpeó en la nariz. Sin tan siquiera cerrarla y con el dormitorio a oscuras, entró ,
deteniéndose unos pasos más adelante.
·
HEYDEN: ¿No se supone que deberías estar
durmiendo?
El sonido del portazo la hizo
sobresaltarse , pero aún así no se dio la vuelta. Sabía que la presencia en su
habitación la observaba , y pese a sentirse
como objeto de fijación, decidió permanecer en la misma posición por el
momento.
·
SHELDON: ¿Te lo ha ofrecido verdad?
Su voz, ronca, seca y hasta enfadada , resonó en el silencio de
aquella habitación como si ella se encontrase en el interior de una campana de
hierro.
·
HEYDEN: ¿Qué respuesta prefieres escuchar?
·
SHELDON: ¿Cuándo te irás?
·
HEYDEN: Mañana a medio día , aún no sé si antes
o después de almorzar -contestó concierto tono de ironía-.
·
SHELDON: ¿Cuándo?
Y sus pasos oyó acercarse apresuradamente hasta sentir escuchar su
respiración entrecortada a su espalda. Ella optó por darse entonces la vuelta y
tenerle de frente. La escasa luz que entraba por la ventana, permitía una
relativa visión de su gesto serio y ofuscado. Notablemente molesto, ella sabía
el motivo de su estado, sabiendo que en este momento resultaba bastante
impredecible.
·
HEYDEN: Hizo una oferta , sí, pero no a la
profesional precisamente. Sutil ,
discreto, para leer entre líneas, pero directo, demostrando saber lo qué
quiere.
Él abría sus puños y los cerraba con tanta fuerza desmedida, que hasta
las venas del cuello parecían querer explotar.
·
HEYDEN: Así que, no tienes de que preocuparte ¿o
sí?
Tras observar sus labios y acercarse a ellos casi sin pensar , algo le hizo retenerse a
última hora.
·
HEYDEN: Hazlo - le susurró de forma ahogada y
casi suplicante- no lo pienses, sólo hazlo.
Y tras un rato de intentos frustrados, bajó la cabeza tratando de
respirar hondo y pausadamente para calmarse.
Ante la ofuscación por aquella no respuesta, ella decidió sentenciar.
·
HEYDEN: ¿Y todavía te extrañas de qué te haya
ganado siempre la partida?
Subiendo su cara rápidamente, le clavó una mirada de enfurecimiento
capaz de ahondar mucho más profundo que nada.
Un escalofrío recorrió su cuerpo llegando a sentir miedo con aquella
expresión.
Pero lejos de reaccionar de la forma esperada, optó por marcharse como
siempre, dando un portazo al salir.
Aquel rostro suyo lo decía todo. Si aún cabía la posibilidad de que
hubiera habido algo entre los dos, aquel último puñal verbal, podría haber sido
definitivo para que todo se desvaneciese.
Y las horas pasaron. Deprisa para algunos, y muy lentas para los que
querían desaparecer y regresar a la normalidad.
Heyden no logró conciliar el sueño, y cuando llegó la hora, antes de
amanecer, unos pasos delante de su puerta se detuvieron un instante. Era él que
observaba la puerta antes de comenzar a bajar la escalera.
No. Ninguno de los dos pudo conciliar el sueño aquella noche. Ninguno
de los dos pudo quitar de sus mentes la idea continuada de su falta de valor mutua,
de estar siempre esperando que el otro le diese “la vez” y poder arrancarle el
poco arresto que debía permanecer oculto
en alguna parte. Una inseguridad
revestida de arco protector frente a los demás , que ya comenzaba a pasarles
factura, y que resultaba un lastre demasiado pesado para hacer desaparecer uno
solo. Ese mismo arco protector que tantas veces les impidió pasar página y
afrontar una verdad inmutable pero no reconocida , desde el mismo instante que
sus miradas se cruzaron en el local aquella noche, cuando ella , siendo enfocada por él, alzó el rostro y le
miró directamente a los ojos. Una escena tantas veces revivida, tantas veces
sentida por ambos, y que en esta ocasión, le acompañaría a él durante todo el
camino de vuelta, junto con la sensación de que pese a creer que Heyden sería
diferente, en el fondo, era igual que las demás, y por tanto, capaz de caer en
la misma rueda viciosa en manos del talento de su socio .
Por su parte, una insomne Heyden, con un fuerte dolor de cabeza como
acompañamiento perfecto y ejerciendo el mejor papel posible, se presentó en el
comedor a primera hora para desayunar algo antes de la inesperada reunión. Un
largo momento de paz , en el que la soledad y el sol ascendiendo, le dieron la
oportunidad de relajarse y de disfrutar de un instante consigo misma.
Una sensación agradable, que una voz harto conocida y sorpresiva le
rompería por completo.
·
VICTORIA: La vida nunca dejará de sorprendernos
¿Verdad Heyden?
Quería creer que lo escuchado no era cierto, que era un producto de su
mente que osaba castigarla con la vuelta de su peor pasado , pero no. Bastó
girar la cabeza hacia el lugar de procedencia de la voz, y allí se encontraba
ella, la última persona que esperaba volver a ver, acompañada de un Bourke con
un aplastante rostro de satisfacción .
Sin reacción y sin capacidad para moverse, no podía salir de su
sorpresa mientras no le perdía la vista. Y Victoria, como si de un triunfo
personal se tratase, glorificaba su magnífico aspecto con una amplia sonrisa conforme se acercaba a la
mesa.
·
BOURKE: Te notó ligeramente pálida ¿Te
encuentras bien?
·
VICTORIA:
Debe haber sido la impresión . Hacía mucho que no nos veíamos.
Tratando de ubicarse y encontrándose muy traspuesta, pidió disculpas ,
debiendo salir de allí para poder respirar . Sólo algo de espacio, algo de aire
que entrase limpio, un poco de paz, algo a lo que poder aferrarse un solo
segundo.
Sin saber a dónde ir, descentrada y buscando espacios abiertos que
tenía justo delante y no veía, unos brazos la agarraron fuertemente. Trató de
soltarse pero no pudo, hasta que vio su
rostro.
·
ANDY: ¡Eh eh eh !Tranquila. Estoy aquí.
Se la llevó a parte, detrás del recodo de una de las escaleras para
que nadie pudiese verlos. Débil de las
piernas, tendía a irse sobre sus rodillas, mientras él la sostenía como podía
apoyándola contra la pared. Con una de sus manos en la parte trasera de la
cabeza, la apoyó sobre su pecho , mientras ella se agarraba fuertemente a su
camisa estrujándola hasta casi querer romperla. Haciendo presión con su
cuerpo, con ambas manos a los lados de
su rostro, trató de mantenerle la cara en alto , y mirándola a los ojos,
intentó tranquilizarla.
·
ANDY: Mírame. Mírame Heyden. Estoy aquí
contigo ¿vale? Estoy contigo. Trata de
respirar lento . Despacio.
·
HEYDEN: No puedo – musitó muy nerviosa y angustiada-
·
ANDY : Sí puedes. Hazlo Heyden. Escúchame ….-
ella sólo negaba con la cabeza- No pude
avisarte, yo no sabía nada de esto hasta que la vi.
Conforme fue relajándose, él la soltó y la fue dejando sin soporte
sobre la pared.
·
HEYDEN: Ahora entiendo algunas cosas, algunas
palabras. Ahora entiendo.
·
ANDY: Heyden ¿Quieres que hable con Sanders?
·
HEYDEN: No.
·
ANDY: ¿Segura? Sé que estás acostumbrada a las complicaciones , pero esto……….
·
HEYDEN:
Ahora sé realmente a lo que está jugando. Por una vez, juego la misma
mano que él en esta partida. – pasándose las manos por la cara tratando de
recomponerse- No. Si antes me cabía un atisbo de duda , ahora puedo decir que
nunca lo tuve tan claro. No. No hará falta que hables con Sanders. Esto seguirá
adelante , sólo que las reglas han variado, y el tiempo de juego se acelera. Sí
él lo quiere, él lo tendrá. Avisa a Sanders que esté pendiente.
Y decidida , volvió al comedor donde el anfitrión y su nueva socia la
esperaban, ante la preocupación más que evidente de un Andy que no terminaba de
quedarse tranquilo. Aquel exceso de pronta seguridad sobre lo qué debía hacer
respecto de un sujeto que no conocía bien del todo , y más, teniendo la
sensación de que se había perdido parte de la historia.
Su vuelta fue recibida como grata sorpresa por los presentes que
andaban departiendo de lo más divertidos cuando ella entró.
·
VICTORIA: ¡Vaya! ¿Mejor?
·
BOURKE: - acercándose a ella- Mejor cara tiene
desde luego. ¿Un poco de agua fresca tal vez?
·
HEYDEN: Sí , gracias.
Victoria sabía perfectamente que aquel estado se debía a su presencia.
Heyden seguía incomodándose cuando ella permanecía delante, y pese a los años,
su percepción no había cambiado. Disfrutando del momento sólo como ella sabía,
no le quitó los ojos de encima , y su sonrisa socarrona y tendenciosa nunca
desapareció, mientras ella trataba de aparentar una vuelta a la normalidad tras
encontrarse traspuesta.
·
HEYDEN: Lo lamento, no he pasado muy buena noche
, y de pronto me encontré algo mareada.
·
VICTORIA: Y tan de pronto. Una palidez casi
instantánea.
Él , que aún continuaba disfrutando para sí mismo de la escena, le
entregó el vaso con el agua observándola detenidamente.
·
BOURKE: Ahora seré yo el que deba ausentarme un
instante. He de realizar una llamada . No se marchen, vuelvo en seguida.
Y ambas mujeres quedaron solas, en aquella estancia abierta hacia una
terraza , que para una de las dos se convertía en una salida , una forma de
huir. Para la otra, la oportunidad perfecta de volver a ser ella frente a su
“capricho” más preciado y no visto en años. Una , atenta a cada movimiento de
la otra. La externa y más nueva en estos lares de los negocios de Bourke,
calculando el terreno mientras procedía al acercamiento vital y tan ansiado,
con una sonrisa rebosante de sincera
felicidad.
·
VICTORIA: Al final conseguiste lo que querías ,
ganarte la vida fuera del club.
·
HEYDEN: Se le conoce como consecución de
objetivos.
Con Heyden apoyada en una de las columnas de la habitación , y
Victoria apoyada en el filo de la gran mesa , la conversación depararía tintes
de auténtico recordatorio del pasado.
·
VICTORIA: Y ya veo que los has conseguido. Te
seguí la trayectoria. Aunque tendrás que reconocerme, que esos objetivos, sin
tu paso por el club, se hubieran quedado en nada.
·
HEYDEN: ¿Esperas que te lo agradezca o un margen
de mis beneficios?
·
VICTORIA: - pensativa- No estaría mal a decir
verdad. Sería un detalle a tener en cuenta puesto que de otra forma, no les
hubieras conocido y tampoco hubieras podido publicitarte. Pero no. Supongo que
tampoco tengo derecho a reclamarte nada de eso puesto que nadie tiene la
exclusividad sobre los clientes. Cosa diferente hubiera sido, que te hubieses
decidido a seguir con el “negocio” por tu cuenta y me los hubieses arrebatado. Pero eso no ha
sucedido, por suerte para las dos.
·
HEYDEN: El día que decidí abandonar el club, también decidí dejar atrás todo lo que
conllevaba.
Victoria bajó la cabeza
frotándose uno de los muslos con una mano ,y tras incorporarse, se
acercó a Heyden lentamente.
·
VICTORIA: De eso ya he obtenido buena cuenta.
Viéndola venir y sus intenciones manifiestamente claras, Heyden trató
de desviar la atención hacia otro tema, pero el anfitrión llegaba justo en ese
momento.
·
BOURKE: Bien señoras , esperando no me
interrumpan más, podemos comenzar cuando
lo crean oportuno.
·
VICTORIA: Sí por favor, esto de tener que dejar el negocio en manos
de otro no es algo que me plazca demasiado.
·
HEYDEN: Hay cosas que no cambian.
Sentados todos de nuevo en la mesa, Bourke junto a Victoria, y Heyden
en frente de los dos, sería esta última la que introduciría el punto de partida.
·
HEYDEN: Teniendo en cuenta que ustedes dos ya
han hablado de lo que querían y que tú necesitabas Victoria, creo que
cualquiera de los dos puede resumirme brevemente de qué va esto.
Su exjefa, la vinculación viva con su pasado, se mostró sonriente y
hasta complacida creyéndose , una vez más, la que llevase las riendas. Apoyada
completamente en la silla y con ambas
manos entrecruzadas encima de sus piernas, su gesto de prepotencia y sobredosis
de importancia , rebotaba sobre una Heyden que ya la había soportado en papeles
similares y que estaba más que acostumbrada a llevarla de esa forma.
·
VICTORIA: Te lo resumiré en pocas palabras. John
necesitaba un socio capitalista y ese soy yo. Aportaré una cantidad determinada
de dinero inicial sin importarme dónde se invierta. Lo único que me interesa es
mi nivel de beneficios y un informe que se me irá pasando puntualmente cada
tres meses. En el momento en que esos beneficios disminuyan o desaparezcan ,
retiraré mis fondos.
Clara, concisa y directa. Así era ella normalmente en todos los
aspectos de su vida.
·
HEYDEN: -extrañada- ¿Sin más?
Bourke , como un espectador ante un partido de tenis, en ese momento
crucial en que está en juego el punto de partido, observaba aquella dialéctica entre ambas mujeres con suma
atención. La tensión entre ambas era más que evidente, y casi se podía cortar
con un fino cuchillo , que parecían
portar como autodefensa.
·
VICTORIA: ¿Para qué más? John y yo ya nos
conocemos desde hace tiempo. Que yo sepa sigue dedicándose a lo mismo, y ciertamente,
eso es algo que no me incumbe. Pero tiene éxito , gana mucho dinero y mantiene
su buen ojo para las inversiones ya sea de forma directa o a través de otros,
que para el caso, es lo mismo, ya que el
dinero revierte y suma engrandeciéndolo todo. Eso es lo único que me
interesa. Si tu pregunta es si me fio de John, mi respuesta no puede ser otra
que plenamente.
·
BOURKE: Como te acaba de decir, simplemente
aporta capital. Su confianza en mi balance de resultados hace el resto. Ella no
es economista y los informes que
solicita , simplemente, son para añadir a su estado de cuentas y justificar de
cara al fisco. ¿No creo que haya problema en eso verdad?
·
HEYDEN: No debería haberlo, pero sólo veo una
pega en todo este asunto. – Mirando fijamente a su oponente masculino- ¿A quién
se supone que debo tarificar estos extras?
Victoria giró su cabeza hacia su anfitrión sorprendida.
·
VICTORIA: ¿Creía que trabajaba para ti?
Unos ojos verdiazules acusadores
se depositaron en Heyden. Ella, sin observarlos directamente, ya que se encontraba estudiando minuciosamente
a la nueva socia , se sintió un centro de atención involuntario e incómodo.
Aquel juego a tres bandas , comenzado en
tensión , no deparaba nada bueno. El tono de voz seco de él, ayudaría a confirmarlo.
·
BOURKE: No . En realidad trabaja para mi socio.
·
HEYDEN: Mi tiempo vale oro, y como en todo lo
que hago, siendo perfeccionista y garantizando resultados , resulto muy cara,
especialmente sin un contrato de por medio, el cual , efectivamente, mantengo
con su socio, no con él. De echo , a esta hora debería haber vuelto a mi punto de partida, y me quedé por ser quién
es.
Victoria se sonrió ampliamente, mientras el gesto que se apoderaba de
su rostro, denotaba la carrera iniciática de la ironía más pura e hiriente ,
propia de ella. Marca de su casa.
·
VICTORIA: ¿Así que las cosas no han cambiado? Al
igual que entonces, sigues ofreciendo los mejores resultados.
·
HEYDEN: Siempre.
·
VICTORIA: Y al igual que entonces, tu cotización
por ello sigue siendo alta, en función del valor de lo que ofreces.
·
HEYDEN: Jamás por debajo de lo que cuesta mi
tiempo y mi esfuerzo.
·
VICTORIA: Sí. Lo sé a la perfección. ¿Sabes
John? Realmente es una pena que no llegaras a conocerla. Si la hubieras visto
cuándo llegó. No sabía dónde se metía exactamente, pero no le importó.
Heyden, agarró fuertemente con sus manos el reposabrazos de la silla
dónde se encontraba , mientras Bourke continuaba observando cada uno de sus
cambios de expresión, sin perder detalle de la disertación de su improvisada invitada.
·
VICTORIA: Selecta y dulcemente salvaje, así la
definían quienes la reclamaban. Superó con creces la mayor prueba de fuego de
todas. Jamás se me hubiera ocurrido hacerlo con una novata pero …………..
ella apuntaba maneras de no achantarse, y así fue.
·
HEYDEN: Era una cuestión de supervivencia.
·
VICTORIA: Y tanto. Aunque contando con un
maestro de esa categoría…………….- se levantó , y comenzó a deambular lentamente
alrededor de la mesa , comenzando por el
lado donde se encontraba su nuevo socio - supo enseñarte todo lo que necesitabas ,
aunque siempre me pregunté hasta dónde fue capaz de llegar, porque con el resto
de las chicas nunca fue tan atento y considerado, y menos aún protector. – Colocando sus manos en los hombros de él ,
presionando de vez en cuando sobre la base del cuello ante su atenta
observación, mientras acercaba su cara a un lateral de la de él- ¿Sabes John?
Si la hubieras conocido entonces, ella hubiera sido la única con la que
hubieras deseado estar. – el rostro de él fue cambiando. Su gesto, serio al
principio, fue relajándose paulatinamente ante cada palabra de Victoria sobre
Heyden, ante cada imagen visual en que convertía cada una de las expresiones
gráficas de lo que era capaz de hacer, y siempre ahondando en aquello de lo que
él se preciaba en solicitar- Nunca se negó a nada . Siempre complaciente y
ansiosa . Danzando suavemente entre la más encandilante de las dulzuras y la
más salvaje de las amazonas. Una auténtica dama con delicioso cuero , su
segunda piel, y sutiles juegos de seducción dominante por entero. Pronto fue la favorita de quienes admiraban y
deseaban ese tipo de prestaciones. Dulce y amarga al mismo tiempo. Exquisitez y
elegancia en cada gesto, en cada roce con sus guantes de piel , y absoluta
pretenciosidad colocando las correas. Sí mi querido John, solicitada y
dispuesta a todo . Una superviviente como ella misma te ha dicho, pero sin que
nada la detuviera. Nada.
Una mirada lanzada de soslayo por encima del hombro hacia la enseñante que departía, y sus ojos
volvieron hacia su principal objeto de atención. Poco le faltaba a Heyden para
convertirse en el objeto de deseo absoluto de aquel individuo. Ello había
quedado claro tras aquel incipiente pero intenso intercambio de palabras de la
primera vez. Pero de ahí a convertirse en el único y más temido objeto de
deseo, en el más ansiado …………para eso, sólo hacía falta alguien que le avivase
la imaginación y le graduase las imágenes haciéndoselas reales, y en eso,
Victoria era toda una especialista desde que trabajaba en el club.
Era su táctica de venta de las chicas y los servicios. Era su forma de
negociar . Su forma de enganchar y convertir en fijos a los clientes más
dudosos o a los que lo visitaban por primera vez. Y según el tipo y categoría
de cliente, la asignación de las chicas
variaba.
Clientes con costumbres y que frecuentaban la poca variabilidad, eran
pocos los sujetos que buscasen a chicas diferentes de aquellas con las que
llegaban a sentirse cómodos.
El caso de Heyden fue diferente.
Combinando los espectáculos de danza con los servicios extras, su nombre
comenzó a solicitarse por algo más que por la capacidad para prestar cualquier
tipo de servicio sin miramiento alguno, y siempre adaptándose enteramente a lo
que cada cliente necesitase. Sus exquisitas formas, su educación refinada y
hasta un cierto halo de ternura natural
y nada fingido, a priori y ante los ojos de quienes la contrataban, la hacían
especial y distinta. Su conversación notable , su capacidad para prácticamente
hablar de cualquier tema, incluso de política internacional, fue lo que provocó
que muchos de los clientes que la reclamasen fuesen los más “vips” del club,
aquellos que incluso en más de una ocasión, se lo habían pedido a
la misma Victoria, debiendo esta ceder y asistir por temor a perderlos.
Clientes satisfechos que se convertían en agentes publicitarios involuntarios
con todo rico lujo de detalles , y que suponían una oportunidad nada
despreciable a la que había que tratar con lo mejor. Tener que prescindir de ella para su exquisito
gusto personal fue algo no superado por Victoria, pero el día que Heyden le
dijo adiós desde la puerta del local , antes de que abriese, supuso un recuerdo
imborrable que no se le olvidaría nunca a la dueña del club más selecto de la
ciudad.
Victoria le soltó, para continuar andando en dirección a ella.
·
VICTORIA: Realmente fue una pena que te
marchases. Quedé tan desolada.
·
HEYDEN: - Sin soltar sus manos de los
reposabrazos- Sobre todo porque se te iba
tu juguete preferido - con sus
ojos fijos en él - aquel que nunca
pudiste tener por entero.
·
VICTORIA: - sonriéndose dolida con recuerdos de
aquellos momentos en su mente- Cierto.
Nunca te tuve como siempre quise desde que te vi al lado del mostrador la
primera vez. – y ahora eran sus manos las que se apoderaban de sus hombros, con
la consiguiente pero disimulada incomodidad de ella - pero sí degusté tu cuerpo, sí obtuve el sabor
de tus labios de todas las maneras posibles y deseadas. Sí. No obtuve lo que
faltaba, lo que más hubiera querido, porque te fuiste, pero al menos, conseguí
la parte de ti que más ansiaba , y aunque sólo fuese así, fuiste mía. Ahora es
Sheldon el que te disfruta de esa forma ¿no?
Bourke volvió al gesto serio y seco, siendo el que decidiera acabar
con ello de forma tajante.
·
BOURKE: Me encargaré de que mi abogado redacte
un contrato y lo tendrás en dos días. Me ocuparé personalmente de que te lo
hagan llegar.
Victoria apretó con mucha más fuerza los hombros de Heyden, mientras
le observaba. Victoria llevaba mucho
tiempo en el negocio , y había aprendido a detectar cuándo la incomodidad de
quién se deseaba obtener , le resultaba aún más molesta a quién deseaba
obtenerla. Sus gestos hacia ella, aunque melodiosa venganza por el reencuentro,
le podrían acarrear problemas con su nuevo socio, y aunque en este caso , él
pareciera más interesado en ella que al revés, lo cierto, es que a Victoria también
le interesaba esta nueva relación comercial.
Sin que sus ojos dejasen de observarle ni un solo segundo, fue retirando
las manos y caminando lentamente hasta dónde se encontraba sentada para recoger
sus cosas, dispuesta a marcharse.
·
VICTORIA: Será mejor que me marche. No me gusta dejar mi
negocio en manos extrañas demasiado tiempo . Nunca se logran hacer las cosas
como uno quiere si no las hace por sí
mismo.
·
BOURKE: Te acompañaré a la puerta.
Antes de proseguir su camino, aún con la mesa como parapeto entre
ellas dos, Victoria giró una vez su cabeza hacia ella, la cual mantenía su vista fija hacia el
frente, y con una media sonrisa complaciente
, decidió despedirse.
·
VICTORIA: Me ha encantado volver a verte. Nunca
olvidaré este instante, te lo puedo asegurar.
Y Bourke la acompañó con su mano en la espalda como sutil empuje y
señal de que sobraba en esa sala .
·
BOURKE: Tendré todo listo dentro de unos dos
días. Si hiciera falta me encargaré personalmente de entregártelo.
Ella le detuvo el paso nada más llegar a la puerta .
·
VICTORIA: No.
Él la miró extrañado.
·
VICTORIA: Quiero que sea ella quién me lo
traiga.
Aquello comenzaba a resultar altamente molesto hasta para un hombre
como él.
·
BOURKE: Victoria..- ella le interrumpió
colocándola la palma de la mano en el pecho y ladeando ligeramente su cabeza
hacia detrás- .
·
VICTORIA: Ella John. Sólo cuando la vea ante mí
con el contrato, daré orden para ejecutar la transferencia. Si no lo hace ella -
volvió a mirarle amenazadoramente- no
tendrás un solo dólar. Tú eliges.
Y tras abrirle la puerta, uno de los ayudantes , apostados detrás de
la misma, recibía la orden de acompañarla durante todo el trayecto hasta el
avión.
Y la puerta fue cerrada de nuevo, y la imagen de una Heyden
aparentemente serena fue lo que él encontró. Cuánto no hubiera dado él por
saber qué pensaba en ese instante.
Tratando de aparentar normalidad , se
acercó hasta la mesa.
·
BOURKE: En cuanto esté listo, enviaré el contrato
a casa de Robert. A ella se lo haré llegar a través de uno de mis hombres.
·
HEYDEN: No – sin mirarle ni tener la mínima
intención de hacerlo- envía los dos ejemplares. Yo se lo entregaré a Victoria.
·
BOURKE: No hace falta. Ya me encargaré de ello.
·
HEYDEN: Ha hablado bajo, pero no lo suficiente.
Y sé que cumplirá lo dicho. Mejor envíamelo y así me aseguraré de que da la
orden . - Se levantó de la silla
apartándola, y cogiendo su bolso, trató de despedirse – Será mejor que me
marche.
·
BOURKE: Convendría que te acordaras de enviarme
la factura por lo de hoy, en cuanto te sea posible.
·
HEYDEN: No tendré en cuenta lo que ha pasado
aquí. En realidad ni siquiera mi presencia hacía falta. Ella sabía perfectamente
lo que quería.
Cuando se disponía a pasar al lado suyo, él se le acercó obligándola a
detenerse.
·
BOURKE: A mí sí me hacía falta.
·
HEYDEN: - mirándole por última vez- Lo sé.
Y desviándose , prosiguió su camino para volver a casa.
Casa. ¿Eso que era ? Dejar todo
atrás. ¿Cómo hacerlo realmente?
Se encontraba en un momento personalmente incómodo. Azotada por su
pasado en más de una ocasión, ya debería estar acostumbrada, y eso era
justamente en lo que recalaba su cabeza una y otra vez, pero habían sucesos,
capítulos imborrables, que se repetían incesantemente con demasiada frecuencia.
Momentos que le recordaban la sucesión de decisiones erróneas adoptadas,
de caminos y personas de acompañamiento
mal escogidas.
Mientras el coche la llevaba al Aeropuerto, no podía dejar de pensar
qué había de bueno en su vida que realmente mereciera la pena, qué debía
conservar en realidad y con qué tendría que comenzar a hacer una limpieza
definitiva.
En su interior , la desagradable sensación de estar ahogándose en si
misma, de agobio permanente sin salida , la estaba mermando. Demasiados
temores, demasiados miedos del pasado que la impedían pensar con claridad en lo
personal .
Temores que convertían su vida en indecisiones, en falta de valor
donde más lo necesitaba, en su incapacidad para ponerse delante de las personas
que de alguna forma le importaban y, a corazón abierto, decirles quién era
realmente. Todo o nada. No había términos intermedios. Deber. Obligación.
Rectitud. Apariencia. Sin lugar para los sentimientos. La oscuridad de “lo que
se debe” lo copaba todo , como una plaga que se extendiera y resultase
imparable, y ella, en medio de todo, de su propia vida que no sentía suya,
dejándose llevar.
Un cambio de planes a última hora, haría que su destino fuese Florida,
pero sólo como transbordo. Nada más bajar del avión, cogería su pequeña bolsa de viaje en dirección a otro destino necesario
. Washington. Necesitaba contactar con un viejo amigo al que encontraría a
través de sus contactos en Inteligencia: Frank Martin.
Ana Patricia Cruz López
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