CAPITULO DECIMO
PRIMERO
“Has vuelto a mí sin esperarlo
Consiguiendo que vuelva a sentir por ti aquello que permanecía
olvidado.
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| Créditos a quién corresponda |
Has vuelto sin exigir aquel amor interrumpido,
Sin pedir correspondencia ni explicación.
Has vuelto amándome de la misma forma.
Sin embargo, la que ha cambiado he sido yo”.
UN CAMINO DE IDA Y
VUELTA
Habiendo abandonado aquella estancia con los sentimientos más encontrados que nunca
y una gran sensación de desconcierto , se dirigió velozmente al despacho del
Rector puesto que llegaba tarde para la reunión programada.
Nada más entrar, Candice , que se encontraba hablando con uno de los profesores, cuando le vio el
rostro , interrumpió lo que estaba haciendo y fue directamente hacia ella preocupada por su palidez y más
que evidente nerviosismo.
• CANDICE: ¿Sarah?
¿Te encuentras bien?
Su amiga intentó disimular y
asintió con la cabeza, pero aquella que la aventajaba en edad y
experiencia ya no se separó de ella, no
se fiaba de esa respuesta.
Aún tuvieron que esperar unos diez minutos para que la reunión pudiese
dar comienzo. Steve fue el último en llegar.
• FREDDY: ¡Por fin
estamos todos!
• STEVE: Lo siento,
me surgió una complicación.
Nada más entrar, visualizó la sala y prefirió quedarse
de pie, apoyado en la mesa del fondo donde Freddy solía colocar
expedientes pendientes, y sus ojos no podían despegarse de la nuca y la espalda
de Sarah.
• FREDDY: Bien, no os
entretendré mucho porque sé que estamos todos muy ocupados.
La Junta Rectora ha tenido una reunión extraordinaria ayer, dada la comunicación recibida hace unos días
respecto a la titularidad del puesto de Director de Área Departamental de Artes y Humanidades. Los de arriba ya nos
habían advertido que los Estatutos y normas , imponían que ese puesto no podía
encontrarse en situación de vacante más de siete años y han pasado diez. Es
cierto que esa responsabilidad fue asumida al principio, casi por obligación, pero siempre de forma magistral por la
profesora McBridge, la cual, pese a las numerosas dificultades personales lo
ha desempeñado de maravilla, y desde
aquí quiero manifestarle nuestro más sincero reconocimiento por ello en el nombre de la Junta Rectora y en el mío
propio. - Candice la observó sonriente -
Bien, dicho esto, concluiré señalando , que
tras tres horas de arduo debate en el
que hemos valorado entre otros aspectos la carrera profesional y por tanto la
trayectoria, profesionalidad y valía , sin contar por supuesto el tiempo de
disposición que tiene para tal responsabilidad…
Candice cogió fuertemente la mano de Sarah y se le acercó al oído.
• CANDICE: Ya está,
es tuyo.
Sarah siempre había sido desconfiada por naturaleza, tanto, como para excederse de precavida y hasta que
no escuchase su nombre no creérselo. Desde el comienzo de curso había tenido un
mal presentimiento con este tema y así se lo dejó claro a su amiga.
Ambas continuaron escuchando a Freddy.
• FREDDY: Así que tras muchas deliberaciones , la Junta ha
decidido por unanimidad , que la persona que ocupe la titularidad del Área
Departamental, sea Steve Lowell.
A Steve le cambió el rostro de pronto y sólo podía mirar hacia Sarah,
para seguidamente bajar la cabeza.
• STEVE: ¡Oh Dios!
Candice aflojó la mano de Sarah,
intentó comprobar su reacción. No podía creer que aquello fuera cierto,
y Sarah…..
• CANDICE: ¿Lowell? ¡
Por amor de Dios Freddy! , ni siquiera va a quedarse, al finalizar de curso se
marchará .
• FREDDY: Bueno….eso
no es lo que me dijo hace un par de días.
Candice se dirigió hacia el
final de la sala encontrándose con un rostro de Steve cabizbajo , deseando que se lo tragara la tierra.
• STEVE: Fue una
conversación extraoficial, y dije que no dependía de mí- y miró directamente
hacia Sarah.
Candice volvió a dirigirse directamente hacia Freddy.
• CANDICE: ¿Por
unanimidad Freddy? ¿Después de los años de servicios prestados y de sacarte el culo
del agujero más de una vez, me dices en serio que no has movido ni un dedo
porque ese puesto recale en quien siempre debió ocuparlo?
La principal perjudicada se
limitó a quedarse petrificada en la silla, mirando al suelo, sin decir nada.
Sólo trataba de asumir la noticia dada.
• FREDDY: Sarah, pensándolo
bien, te vendrá mejor quitarte responsabilidades de encima. Tendrás más tiempo
para tus obligaciones literarias e incluso para ti misma. Podrás descansar. Te
lo mereces después de tantos años, sin duda.
Sarah se levantó de la silla, cogió su bolso y comenzó a caminar hacia
la salida. Llegando a la altura de la mesa donde Steve permanecía sentado, y
sin dejar de mirar hacia la puerta , se detuvo.
• SARAH: La Junta
Rectora tendrá que volver a reunirse. Tendréis que buscar al nuevo titular de Literatura Americana. Cuando termine el
año, me marcho.- dio media vuelta con su
cuerpo para dirigirse a Freddy
directamente a los ojos- y reza porque redacte la carta en frío y ponga
exclusivamente motivos personales, porque si doy los auténticos y se la hago
llegar a los de arriba, estarás dando explicaciones todo el año siguiente.
Y volviendo su cabeza al frente, salió por la puerta ante la sorpresa
de todos , especialmente de Candice y de Steve.
Sin parar un ápice su paso decidido,
salió del edificio y cogió un taxi con una dirección muy clara: el
teatro dónde se iba a representar la obra en la que Richard trabajaba, en pleno
Broadway, y en el que se encontraban a pleno rendimiento con los últimos
ensayos.
Al llegar , uno de los asistentes que se encontraba cerca de la
entrada, fue a dar con ella por aviso de
la Portería, y en seguida la acompañaron hasta su camerino.
Pasados unos diez o tal vez quince minutos, Richard apareció, bastante preocupado.
• RICHARD: ¿Sarah?
Se acercó rápidamente a abrazarla.
• RICHARD: ¿Pasa
algo? ¿Qué…. qué haces aquí?
• SARAH: -tratando de
disimular- No pasa nada tranquilo. Estaba de gestiones en el centro y me
preguntaba si tendrías un momento para tomar algo , cuando termines.
• RICHARD: Claro- con
la cabeza anormalmente baja más tiempo del que pudiera considerarse normal por
él , que se preciaba de conocerla bastante, le levantó la barbilla y al
verle los ojos, ya sabía que algo había salido mal, pero que
aquel no era el momento para preguntarle- el ensayo terminará dentro de una
media hora, me ducho , me cambió y vengo a dar contigo.
• SARAH: Prefiero
esperarte donde siempre , si no te importa.
• RICHARD: Claro que
no, espérame allí mejor.
Ella se iba a marchar cuando él
la retuvo sin soltarle la mano. Miró su mano cogida por la de él y seguidamente
elevó los ojos.
·
RICHARD: No tardaré.
Una media sonrisa forzada fue la mejor respuesta de complacencia a sus
palabras que ella podía dispensar en ese momento.
A la salida del teatro , se dirigió por toda la avenida hasta el sitio
de “siempre”. Un bar con actuaciones en
directo toda la noche y una pequeña pista de baile entre el escenario y las
primeras mesas. El local donde solían quedar siempre que él se encontraba en la
ciudad a partir del día en el que se conocieron. Aunque quedasen a cenar en
otros lugares o a comer , la jornada, casi siempre , se terminaba allí.
Nada más entrar, se sentó en una de las mesas más separadas de la
puerta, en una especie de reservado cuya tenue luz ambiental y su distancia
respecto al escenario, le otorgaba la
tranquilidad e intimidad que podía requerir en ciertos momentos, como aquel.
Apenas hubo tomado asiento , el camarero se acercó para tomarle la
comanda, y ella, como siempre había hecho desde hacía años, optó por solicitar
que le trajeran una copa de vino blanco como aperitivo.
Allí sentada, sola, con la música ambiental como única compañía, y con
la cabeza aún ida y sin ganas de pensar, mirando la copa mientras acariciaba el
frío cristal que comenzaba a sudar , comenzó una especie de viaje improvisado.
No lo podría haber programado, imposible. Hacía tiempo que no era dueña de sus
propios pensamientos, de aquellos recuerdos que no sueños recurrentes, que ahora sí comenzaban a aparecer cada vez
más claros y contundentes. Los rostros no se difuminaban, al menos no todos. No
todas las voces se distorsionaban.
Y su mente la hizo viajar, y aquellos recuerdos comenzaron a tomar
sentido cronológicamente, con el inicio de una historia que la marcaría y que
ella creía inexistente aunque siempre pensase, al verle, que su cuerpo
reaccionase ante su persona de forma siempre extraña por algo.
Y efectivamente. Su mente se retrotajo misteriosamente a los tiempos
en que llevaba saliendo casi un año con
Bruce, su editor.
Siempre le habían dicho que mezclar el trabajo y las relaciones
personales no solía acabar bien, que no era una buena idea, pero ella prefirió
no hacer caso y seguir adelante con una relación bastante descompensada
sentimentalmente hablando. A ojos de todos , siempre pareció que Sarah
estuviera mucho más enamorada de él de
lo que Bruce le mostraba . El stress, la exigencia de un trabajo cada vez más
forzado , y del cumplimiento de unos plazos en los últimos tiempos más
estrechos, hicieron que pronto a ella se la viera con un aspecto
preocupantemente cansado, ojeroso y con pérdida progresiva de peso.
Ella siempre había destacado por ser una mujer independiente y a la que le gustaba moverse a su aire, sin
dar demasiadas explicaciones de su vida y actos a los demás. Jamás le importó
lo que quisieran decir de ella y se
limitaba a vivir según sus principios.
Amante incondicional de las letras , llevaba tiempo dando clase de
Literatura Americana en la misma universidad dónde estudió y en la que se
graduó con un expediente brillante, la
Universidad de Columbia . Gracias a su historial y a unos excelentes informes
por parte del decanato, consiguió , después de mucha lucha, el puesto que
ostentaba entonces , incluyendo la Dirección Adjunta del Área
Departamental.
Contestataria y rebelde desde joven, siempre se enfrentó
dialécticamente a varias direcciones de
Facultad y Juntas Rectoras, por
entender que sus métodos de impartición
de clases no eran demasiado didácticas ni prácticas, como para poder extraer lo mejor de los
alumnos a juicio de los principios harto arcaicos que solían manejarse , y
desde luego, sabía de lo que hablaba , porque ella misma lo había sufrido en
sus propias carnes.
Siempre había defendido , y en eso no había cambiado, que los hombres y mujeres que optaban por una carrera
tan difícil como la suya, eran artistas
en potencia. Escritores, periodistas o dramaturgos a los que sólo les faltaba
el último empujón , los brotes de unas pocas ideas de como poder enderezar toda
esa creatividad que llevaban dentro y no sabían cómo sacar a fuera. Por ello,
sus métodos nunca fueron los habituales , pero tampoco nadie pudo con ella
nunca , porque los éxitos eran notables en cuanto a número y calidad de los
alumnos que habían pasado por sus manos , y jamás se encontró a nadie , pese a su
juventud en aquel entonces, que la discutiera.
Sin embargo, aquellos mismos principios y aquella misma visión, no le resultó tan exitosa a la hora de
parecerle interesante a las editoriales. La prosa poética no era comercialmente rentable como para conseguir a nadie interesado en arriesgarse a
publicársela, y sólo , a través de Bruce
y sus magníficas tácticas de
venta, consiguió que se publicase su primer libro. Sin embargo, pese a la
profesional y contactos del sujeto en cuestión, antes de que resultase ser un
éxito de ventas, en sus comienzos tuvo
que ser destinado a círculos selectos de
lectores y profesionales del ramo. Pronto se comenzaría a hablar de ella , y
fue en ese momento, cuando aprovechó para publicar todo lo que guardaba en un
cajón y que estimase que merecía la pena
. A partir de entonces, lo demás fue un no parar. Charlas, conferencias, programas
de televisión , giras….. Desde luego
supo cómo no dejar a nadie indiferente,
porque aquel estilo literario
hacía mucho tiempo que no se estiraba y
menos remozadamente. Era más propio de los clásicos, en círculos más cerrados y exclusivos. Y mucho
menos se había visto escrito por una mujer, con tintes de erotismo velado y deliciosamente
insinuante, que le otorgaban un aspecto
nuevo y diferente.
En definitiva, algo novedoso por completo y rompedor , partiendo de
algo ya inventado por los grandes clásicos.
Fue una mañana de Septiembre, cuando recibía en su despacho del Departamento
una invitación formal y personalizada para acudir a la Universidad de Oxford,
para asistir como ponente a un simposio
que ellos hacía años que organizaban, y
ofrecer una serie de masterclass sobre
literatura americana y comparada, aprovechando sus estudios sobre Shakespeare
realizados años antes, y sobre los que
además basó parte de su Doctorado .
Para ella resultaba una auténtica oportunidad, una especie de reconocimiento
a todo su trabajo y lucha continua, pero el echo de permanecer fuera tres
meses, era una de sus mayores dudas. En
aquel instante no atravesaba un momento personal demasiado bueno, y no sólo
porque su relación con Bruce no estuviera atravesando su mejor época.
Fue Candice quien, viéndola tal y cómo se encontraba, la convenció de
que debía marcharse y cambiar de aires, que sólo eran tres meses , poco tiempo
en realidad, y que Europa le sentaría estupendamente. Cambio de aires, de ambientes y de gente. Una mentalidad
diferente, y la posibilidad de demostrar
lo buena que era en su campo . En definitiva, todo lo que necesitaba para
descansar , olvidarse de los meses pasados y lo vivido, volviendo , cuando tocase
hacerlo, con las pilas cargadas.
Y fue gracias a ella, como
Sarah decidió aceptar el ofrecimiento y marcharse.
Sólo una vez, hacía años , había estado en Londres. Y tanto tiempo era
el que había pasado, que fue durante el
viaje de fin de curso de su instituto. Sin embargo, la imagen que lograba ver
desde la ventanilla del avión, le
confirmaba por que se la seguía
llamando “ muestra de la vieja Europa”.
Salvo por el distrito financiero, con algunas construcciones nuevas, nada había cambiado en una ciudad de
la que se llevaría recuerdos imborrables y muchas amistades que aún conservaba.
Llegada a Heathrow a primera hora de la mañana por el cambio horario y
con el jet lag aún a cuestas, decidió presentarse en Oxford donde incluso le
habían ofrecido quedarse en una de las residencias universitarias.
Tras coger un taxi que la
llevaría por toda la ciudad hasta su destino , un recorrido de aproximadamente
una hora, Sarah tuvo oportunidad de remozar sus visiones de aquella ciudad pero
con un aire nuevo . Desde luego no era aquella chiquilla alocada que sólo
pensaba en salir de fiesta , dormir poco y aprovechar los días para algo de
turismo cultural y disfrute del ambiente diurno. Ahora era una mujer de 37
años con un objetivo distinto y que
observaba Londres con otros ojos, aunque tuviera muy presente sus maravillosos
pubs.
Una vez llegó, se presentó en la Secretaría de la Facultad con la
carta de invitación y toda la documentación requerida.
La acompañaron a una salita anexa al despacho del Rector, dónde sólo tuvo que esperar apenas cinco
minutos para que la hicieran pasar. La cortesía y la exquisita educación del
sumo gerente de la Institución, fueron
casi apabullantes. Éste se mostró en
todo momento inmensamente agradecido porque hubiera aceptado la invitación, ya que reconocía que una propuesta así , por
tanto tiempo, no era nada fácil . Durante la casi hora y media que departieron
amigablemente, resultó sorprendente los
halagos y el conocimiento de su obra que tenía este señor. Desde luego se le
notaba informado, y mucho. Una auténtica labor de investigación como siempre
había venido siendo costumbre, por parte
de los altos estamentos de esta Universidad, respecto de los docentes que
contrataban.
Una vez concluyeron la conversación, él mismo la acompañó en una
especie de mini recorrido por el edificio, en el cual le mostraba , apoyando la visión
con la historia respectiva de cada estancia, parte de las claves de por qué
Oxford era lo que es hoy en día.
El recorrido finalizó en el edificio de la residencia Universitaria
dónde le habían ofertado quedarse. La
habitación no era demasiado grande pero completa. Se situaba en una de las alas
laterales del edificio . Una zona que se
había adaptado como residencia de profesorado y que en realidad , había supuesto pequeñas variaciones sobre
habitaciones ,en principio pensadas, para la convivencia de cuatro estudiantes.
Decidida a convivir de cerca en el ámbito universitario, aceptó la
propuesta de quedarse allí.
Mientras tanto, en otra parte del edificio, más concretamente en la
biblioteca de la facultad, un joven brillante que aspiraba a terminar su
doctorado en un par de meses y que se encontraba rebuscando algo entre las
estanterías, fue sorprendido por un amigo .
• PAUL: ¡Steve!
Realmente concentrado en una especie de búsqueda sin cuartel , la presencia inesperada de su amigo hizo
que se asustara.
·
STEVE:
¡Dios Paul! Siempre tienes la misma manía. ¿No te das cuenta de dónde
estamos?
• PAUL: - Con su tono
guasón habitual- Yo sí, pero es que si no pierde la
gracia.
• STEVE: ¿Qué haces
aquí?¿ No se supone que deberías estar haciendo el estudio?
• PAUL: Y lo estaba
haciendo, pero de repente me llegó un vientecillo con aires interesantes,
especialmente para ti, y me dije, tengo que ir a comunicárselo lo antes posible
porque si se entera tarde o por otro no me lo perdonará.
Steve seguía buscando incesantemente entre los demás libros, y
conforme cogía lo que le parecía interesante, aprovechando que su amigo estaba
allí para írselos colocando encima de las manos.
• STEVE: ¿Ya estás
otra vez? Te advierto que si se trata de
un nuevo rumor sobre una de las chicas del equipo de gimnasia no me interesa.
Paul siempre había tenido una fama más que merecida de bromista
incansable, así que en la mayoría de las ocasiones , nadie lograba distinguir
cuando hablaba en serio y cuando no.
• PAUL: Ojalá fuera
eso, claro que en ese caso tú no dejarías de hacer lo que estás haciendo , y no
hay nada que me apetezca más que verte dejándome con todo esto – señalando con
la vista hacia los libros que tenía encima de las manos- en las manos y salir
corriendo hacia el despacho de Rupert.
Steve dejó de buscar. El tono
de Paul , aunque mantuviera la sonrisa, no parecía ser de broma.
• STEVE: Está bien,
lo has conseguido. Tienes mi atención.
• PAUL: ¡Vaya! Es la
primera vez que lo haces con tanta rapidez.
• STEVE: - apoyado en
la estantería con los brazos cruzados- será mejor que te des prisa, mi tiempo
vale mucho y no me sobra.
• PAUL: Está bien
¿Sabes el simposio de tres meses que incluía master class que estaba preparando
el Departamento ?
• STEVE: Sí.
• PAUL: Bien ¿te
acuerdas que sacaron el programa casi desde su convocatoria?
• STEVE: - con cara
de comenzar a cansarse del quiz de su amigo- ¿a dónde quieres llegar?
• PAUL: Pues que a
mis manos llegó el programa nuevo, y ha habido un cambio de última hora.
• STEVE: ¿De qué
estás hablando?
• PAUL: Si coges tú
los libros lo sacaré del maletín.
Steve volvió a cogerle los libros para que su amigo lo buscase, y una
vez lo encontró, volvió a dárselos mientras
él lo visualizaba rápido.
• STEVE: No veo
cambios, los temas son los mismos y las mesas redondas también. Incluso la
distribución de los horarios permanece idéntica.
• PAUL: Desde luego
debes de estar con la cabeza muy metida
en otra parte. Algo así no se te escaparía .
Steve comenzaba a impacientarse.
• STEVE: Oye,
¿Quieres decirme de qué hablas? Estoy bastante apurado de tiempo .
• PAUL: Me temo que
no has mirado adecuadamente. No es el orden de la programación lo que deberías
mirar, ni los horarios, sino los
intervinientes. El cambio del que te
hablo no pudo introducirse hasta hace un par de días porque no podía confirmar
asistencia hasta ahora. El cambio es un añadido, el hueco que siempre has
notado que faltaba, sobre todo en la mesa del gran debate.
Steve repasó con más detenimiento el programa haciendo más hincapié en los asistentes. Nada
más ver uno de los nombres sus ojos
azules parecieron salirse de las órbitas.
• STEVE: ¿Éste es el
definitivo?
• PAUL: Sí, recién
salido de imprenta .
Steve, nervioso, lo cerró, y
tal como Paul había previsto, lo besó en la mejilla, le dio las gracias y lo
dejó allí plantado con todos los libros en las manos.
• PAUL: No, si ya lo sabía yo.
Steve corrió a toda velocidad sin fijarse demasiado en los obstáculos
que se le cruzaban , ya fueran alumnos , mesas o puertas que imprevistamente se
abrían. Todos eran obstáculos que esquivaba con una precisión y unos reflejos
envidiables.
Y así continuó caminando , casi corriendo, apresuradamente y sin
control, con una emoción desbordante reflejado en su rostro jovial y de piel
blanquecina, sin detenerse, hasta que logró llegar , casi sin aliento, al
despacho del Secretario de la Facultad que era uno de los organizadores.
Tras la insistencia de él a su secretaria, le dejó pasar.
• SECRETARIO: A ver Steve
¿qué pasa ahora?
• STEVE: Esto- le
dejó el folleto con el programa encima de la mesa- tienes que conseguir que
entre.
• SECRETARIO: ¿De qué
estás hablando?
• STEVE: Necesito que
me incluyas , como un asistente más.
• SECRETARIO: Pero
…..tú no lo necesitas , además estás a punto de presentar la tesis.
• STEVE:
Escucha, necesito poder asistir a tiempo
completo, la tesis puedo retrasarla un par de meses.
• SECRETARIO: En tus condiciones podrías asistir como
invitado a muchos de los actos , sobre todo a las mesas redondas ¿para qué
quieres formar parte? ¿ Y de comparada?
Nada de lo que hablen allí te será nuevo.
• STEVE: -casi en
tono suplicante- Por favor. Sé que estoy fuera de plazo, pero también sé que tú eres el que te
encargas de las plazas. Si no fuera importante para mí no te lo pediría , no a
ti.
• SECRETARIO: Desde
luego…..a los jóvenes no hay quién os entienda. Está bien, lo arreglaré.
Recuerda que empieza mañana por la
mañana.
• STEVE: Lo sé- su
rostro comenzó a relajarse-. Por cierto..
• SECRETARIO: ¿SI?
Steve se quedó pensativo y al final no dijo nada y se marchó.
A la mañana siguiente , el simposio daba comienzo con una mesa debate
en el teatro de la Facultad. Steve llegó casi cuando estaban a punto de
comenzar ya que había estado trabajando en su tesis toda la noche. Se sentó en
el anfiteatro , donde se situaba el resto del público, en su parte más elevada, junto al pasillo,
como siempre le había gustado por costumbre desde que estudiaba.
Pendiente de todo lo que sucedía a su alrededor, y con los miembros de
la mesa ya dispuestos, el acto no parecía dar comienzo. Hablaban entre ellos gesticulando , dando
muestras aisladas de preocupación.
Toda su atención hacia lo que se sucedía en el escenario, se vio
interrumpida por el sonido de unos
pasos de tacón alto bajando por aquellos escalones de piedra. Ladeó ligeramente la cabeza hacia su izquierda , y
sus ojos quedaron clavados en el
recorrido sinuoso de unas piernas femeninas a su juicio perfectamente
delineadas. Un recorrido visual ascendente, que continuaba por una figura atractivamente serena, con
unas caderas sutilmente marcadas tras
una falda ajustada hasta las rodillas en
tono beige y una chaqueta a juego. Un cabello castaño , suelto y ligeramente
ondulado, brillante y largo hasta casi
la cintura, culminaba aquella visión.
Aquella figura sinuosa a la que
prestaba toda su atención casi de forma involuntaria, se detuvo justo en el
siguiente escalón para sentarse delante suyo.
Steve, que nunca había sido un hombre curioso, no pudo evitar que
aquella mujer le llamase la atención.
Mujer de la que todavía no había logrado ver el rostro.
Y la preocupación inicial, dio
lugar a la imagen de la dispersión en el
escenario, al que él devolvía su atención de nuevo. Cada uno de los oradores
tomaba asiento en sus respectivos lugares . El acto inaugural del Simposio
comenzaba. El centro de atención de Steve pasó al escenario en el que no veía a
ninguna mujer, surgiéndole la duda sobre la veracidad del programa. Lo revisó una y otra vez , y en
principio, ella debía de estar presente
en esa mesa, pero no aparecía por
ninguna parte.
Tras la salutación del Rector, el Secretario y por tanto uno de los
principales organizadores del evento, confirmó a los presentes la incorporación
al programa y a las jornadas de ella, el motivo por el cual había querido entrar como asistente. Mientras
escuchaba aquellas palabras, él no pudo
evitar desviar su atención hacia aquella mujer que tenía delante .
Sólo cuando el organizador citó su nombre y él la buscaba por todo el
recinto para ver por dónde podría encontrarse,
quedó petrificado cuando vio levantarse precisamente a aquella mujer del
asiento justo delante suyo , que se disponía a recoger sus cosas en el asiento de al lado suyo. Ante la
sensación de observación que la recorría, apenas le dirigió la mirada. Instante
breve pero muy intenso. Seguidamente, se dispuso a bajar cuidadosamente cada
uno de los escalones que la llevaban directamente al escenario, ante la continuada observación minuciosa del
improvisado asistente.
Aquella mujer de imponentes piernas y aspecto misterioso era Sarah
McBridge, la escritora americana que llevaba años admirando
y deseando conocer. Tuvo oportunidad de conocerla a través de sus obras
durante el estudio de la carrera, y una vez comenzada a leer , para él resultó
un auténtico y maravilloso mundo por
descubrir. Ya entonces, hubiera dado
cualquier cosa por poder hablar con ella aunque sólo hubiera sido cinco
minutos.
Y ahora, la había tenido a
menos de dos metros, cercana , discreta y serena. Su aspecto, cansado, no desmerecía su imagen de
desapercibida madurez, consistente y
segura de sí misma.
Tras las dos horas de debate en
el que el tema rondó prácticamente en los cambios evolutivos de la literatura , especialmente en nuestros días, se optó por
hacer un descanso de una hora hasta comenzar los pequeños grupos que asistirían
a las clases magistrales. Sarah aprovechó entonces, para dirigirse a la
cafetería del centro sin que Steve
dejase de seguirla, pidió un café en la barra y se sentó sola en una mesa.
Él, ansioso por dirigirle la
palabra, pero temeroso también de que su
conducta pudiese ser tomada como atrevimiento por su parte, tras dudar , se armó de valor y se acercó
hasta ella, la cual se encontraba, en
ese preciso instante, leyendo un libro.
Viendo una mancha oscura y borrosa por encima del filo del mismo, alzó
ligeramente la vista .
Unas largas y estilizadas
piernas enfundadas en unos vaqueros , un torso joven y presumiblemente más que
apetecible para cualquier fémina enfundado en un polo azul oscuro, sobre el que se apoyaba un largo cuello con
nuez marcada, daban apoyo a una cabeza de cabello rubio y deliciosa sonrisa,
cuya mirada curiosa recordaba haber visto no hace demasiado.
• SARAH: ¿Sí?
• STEVE:¿ Le importa
si me siento ?
• SARAH: Los asientos
no son de mi propiedad. Y hasta ahora no los ocupaba nadie, así que ¿Si lo desea?
Mientras intentó volver a su
lectura, era consciente de que aquel joven
no dejaba de observarla, y aunque
ella no le estuviera correspondiendo ,
sus más que penetrantes ojos verdiazules le provocaron preguntarle sin
dejar, supuestamente, de seguir leyendo.
• SARAH: ¿Nadie le ha
dicho que es de mala educación observar de forma fija a otra persona y más
cuándo no la conoce de nada?
• STEVE: Lo siento,
no era mi intención molestarla. Es que…soy uno de los asistentes al Simposio y..-ella
le interrumpió-
• SARAH: Lo sé.
A Steve le recorrió un escalofrío por toda la espalda.
Ella volvió a dejar el libro abierto encima de la mesa, desviando en
ese instante su centro de atención.
• SARAH: Para no
tener intención de molestarme, refleja muy bien sus fijaciones.
• STEVE: ¿Disculpe?
• SARAH: Usted es el
joven del Teatro, el que no dejaba de
mirarme las piernas cuando me levanté a coger mis cosas, ni cuando bajaba la
escalera .
Como si de un niño pequeño pillado en mitad de una travesura se
tratase, bajó la cabeza avergonzado y la sonrisa nerviosa , signo
identificativo suyo, hacía acto de presencia.
• SARAH: Tiene una
mirada difícilmente olvidable.
Bloqueado sin saber qué
decir, tuvo que ser ella la que
continuara rompiendo el hielo.
• SARAH: ¡Vaya!-
sonriendo también- ¿pensaba que a los hombres ingleses de exquisita educación
les enseñaban a no mostrar sus sentimientos y emociones en público? Y usted se
está sonrojando.
• STEVE: Eso sólo
pasa con la casa real. -los dos rieron- Llevaba
un buen rato en la barra sin saber si
acercarme o no, pensando que creería que soy un atrevido o que podría
molestarla mi actitud.
• SARAH: Siento
contrariarle , pero me temo que empezamos mal
si no contamos toda la verdad.
Steve se sorprendió, y como siempre, la transparencia de su rostro no
dejaba de evidenciar su sorpresa.
• SARAH: Me lleva
siguiendo desde que salí del teatro,
¿creía que no me daría cuenta?
• STEVE: Lo siento-tremendamente avergonzado- Es que……
Sarah le interrumpió encarrilando la conversación por otros derroteros
ante la evidente incomodidad del joven.
• SARAH: Y aún
continuaremos peor si no nos presentamos, aunque en mi caso es evidente que
sabe quién soy , Sarah Mcbridge.- le extendió la mano-.
• STEVE: Sí, se perfectamente quién es . Steve
Lowell.- él le correspondió estrechándosela-.
• SARAH: Un enorme
placer Sr. Lowell. Ahora que ya nos hemos presentado y es oficial ¿va a decirme
el verdadero motivo de su persecución hacia mi persona?
Y ahí quedaron los dos, hablando los aproximadamente quince minutos
que quedaban libres hasta que tuvieran que volver al aula .
Los días fueron pasando, y los instantes de conversación y debate
tanto dentro como fuera de las aulas, se
sucedieron de forma casi imperceptible, con esa exquisita normalidad de lo que
siempre podría haber sido deseable en el trato entre iguales.
Los cafés a media tarde, algún paseo por el centro de la ciudad, y una
oferta irrechazable , la de servirle de guía ,
conllevaron , por parte de ella, que su experiencia londinense , le
estuviera resultando la mejor excusa para no acordarse de que su casa no era
aquella, que todo aquello terminaría un día ya prefijado de antemano. La
compañía, pese a su juventud, demostraba tener una madurez increíblemente
asentada para su edad, imbuida de una enorme y dulce sencillez , nada
previsible si se le juzgaba por su expediente curricular.
Con ese paso de las agujas del reloj, con sus amaneceres y atardeceres
continuos, las primeras nieves, los abrigos y los guantes, dieron la apertura
al inicio de la campaña navideña.
Una sorpresa inesperada surgió una tarde de sábado, y lo vino a hacer,
en un punto concreto del centro de la
capital londinense.
Un gran oso era la insignia de la casa. Una voz
familiar para Steve le daba la
bienvenida a Harrods, uno de los complejos de tiendas más lujosos del mundo y
de los más famosos. Siempre se había dicho que no se sabía lo que era
vivir la Navidad, si no se había estado
al menos una vez en la vida allí por esas fechas. Con una decoración exterior
apabullante, su interior no desmerecía
menos.
Apenas la vista de Sarah le
alcanzaba para observar cada detalle, preguntándose si éste
era su panorama habitual o sólo se encontraba así por las fechas que
eran. La resolución de su duda le vino de la mano de Steve , el cual le dijo
que efectivamente, siempre era así en
Navidad, aunque el resto del año, siendo menos recargado, también resultaba
sorprendente.
Sin cambiar de planta, él la guío
a través de uno de los pasillos llenos de expositores con perfumes y algunos de joyerías , hasta la que sin duda , era uno de los
lugares especialistas en café más chic de todo Londres: Ca´Puccino, dónde el menú de bebidas presentaba una gran variedad de delicias sin igual.
Steve, ante la incomparable cara de sorpresa de ella , que no había
desaparecido ni por un instante desde que entraron, comenzó a comentarle las
maravillas y especialidades del lugar, señalándole que eran capaces de
realizar expressos con cremas con sabor a avellanas, sabayón, marsala, o limoncino. Que
era un lugar tan creativo por sí mismo, que incluso se recreaban bebidas italianas legendarias como el Caffè
del Professore de Napoli, y cuya receta exacta nadie conocía porque se
mantenía en cuidadoso secreto. En su senda de relato, confesándose
tremendamente goloso aunque selectivo en ese campo, le indicó haber gozado allí
de su amplia carta de postres italianos tradicionales, llegando a degustarlos
con bebidas como el Caffè Al Tiramisú,
con crema de tiramisú y una galleta savoiardo , y Caffè alla Panna Cotta. Finalizando su elocución sobre el lugar, con
que su mayor garantía, resultaba ser su elaboración enteramente
artesanal .
Tras sentarse ambos en una de las mesas, él le preguntó por su café
favorito, y ella le contestó que el que daba nombre a la cafetería; seguidamente, tras ofrecerle una
recomendación, pidió al camarero , en
presunto perfecto italiano, uno con un nombre muy largo que ella no logró
entender.
Sentados uno frente al otro, ella le observaba analizando cada uno de
sus estudiados gestos, mientras él
contestaba una llamada de
teléfono .
Terminando dicha conversación, el camarero que vino a tomarles el
pedido se los trajo.
A parte del curioso dibujo realizado en la superficie, algo más la
llamó la atención de aquel cappuccino. Cogió la taza, y antes de beber lo
olfateó. La mezcla de un fondo de café con cuerpo y un suave olor a vainilla, resultaba una mezcla curiosa y atrayente de sabores que jamás había probado.
El momento de acercamiento del borde de la taza con sus labios ,
coincidió con la finalización de la llamada y la fijación de los ojos de él , para
comprobar su primera reacción ante el contraste de sabores.
Un pequeño y desconfiado sorbo,
un poco de espuma que se deposita traviesamente en el filo del labio superior
de ella, un gesto de él indicándoselo con una picarona y comprometida sonrisa, ya que denotaría lo qué estaría mirando en realidad, y una
retirada del mismo, primero por la punta de la lengua y su posterior corrección con uno de sus
dedos, resultaba toda una inolvidable escala consecutiva de imágenes
completamente inocentes, pero no sin
contenido ni significado para aquel que las observaba cuidadosamente.
• STEVE: ¿Qué tal?
• SARAH: Mezcla
curiosa.
• STEVE: El café es
arábigo, bastante más fuerte de lo que puede que estés acostumbrada a juzgar
por tu expresión.
• SARAH: ¿Y el aroma
a vainilla?
• STEVE: Marca de la
casa para ese cappuccino concretamente.
Ella miró su taza, y volvió a alzar los ojos para fijarlos en los de
él que no se le despegaban.
• SARAH: ¿Para éste?
• STEVE: Sí, sólo
para ese.
Sarah se sonrió y decidió relajarse apoyando la espalda en el banco
acolchado donde estaba sentada.
Él , después de beber un sorbo del suyo, hizo lo propio , con sus
manos apoyadas en las piernas cruzadas.
• SARAH: Así que a
parte de un historial impresionante y exquisitos modales, ¿aún tienes capacidad
para sorprender con algo tan sencillo como un cappuccino especial debidamente
pedido en italiano?
Steve bajó la cabeza riéndose y mordisqueándose el labio inferior como
cuando a un chiquillo se le coge en su propia travesura.
• SARAH: Lo que no
termino de entender es ¿ qué hace alguien cómo tú en el Simposio y las Master
Class? Tú no lo necesitabas.
El rostro de un Steve capaz de comerse el mundo , seguro de sí mismo y
confiado, fue lo que se encontró ella
tras su pregunta.
• STEVE: Quería
estar. Necesitaba estar.
• SARAH: ¿Aún a
riesgo de retrasar la presentación de la tesis casi un trimestre entero? Muy
importante tiene que ser tu motivación como para que eches al traste todo por lo que llevas
trabajando ¿cuánto, tres años, cuatro quizás?
• STEVE: Año y medio,
y sí , mi motivación lo es .
Sarah no podía negarle su capacidad para sorprenderla continuamente.
• SARAH: No hay
muchos que en tus circunstancias hubieran hecho igual ¿puedo preguntarte cuál
es?
Steve continuaba con aquella mirada serena pero ligeramente
desafiante. En su interior, su realidad
, similar a sus verdaderos deseos , luchaba con la dación de oportunidad, no
sabiendo hasta qué punto decirle la verdad, podría ser una buena idea.
• STEVE: Personales.
• SARAH: Vaya, no me dices demasiado. Supongo que son motivaciones personales las
que te llevan a presentar la tesis , y teniendo en cuenta su complicación ,
éstas ya debían ser poderosas. ¿Y ahora pretendes hacerme creer que las que te
motivan a retrasar su presentación son más fuertes siendo igual de personales?
• STEVE: No pretendo
hacértelo creer, lo son, si te lo crees o no
no está en mi mano.
Aquella sobredosis de seguridad resultaba casi cargante, así que ella
decidió cambiar el tono de las preguntas y por tanto, el tono de las mismas.
• SARAH: - En un tono mucho más serio- Sería una atrevida
si pusiese en duda la veracidad de tus razones , y tampoco te conozco tanto
como para hacerlo. Puede que lo sea en
otros campos, por lo general me encanta el riesgo, pone cierto color a mi vida
pero, no hasta el punto de dudar de
alguien que apenas conozco, ni de lo que
me diga. No estoy aquí para juzgar a nadie , y posiblemente sea la última
persona en este mundo adecuada para tal labor. Pero reconocerás que para
alguien como yo, le resulte sorprendente que la joyita de la Corona Oxford, con
publicaciones arrasadoras en los mercados de venta desde los quince años,
varios premios de literatura nacionales, y con un doctorado tan complicado en
tan poco tiempo y una más que previsible cátedra antes de los treinta , decida
dejarlo todo aparcado para perder el tiempo en algo que no necesita porque con
su formación y expediente, anda más que
sobrado en estas lides.
Steve respiró hondo, miró a sus manos cuyos dedos pulgares llevaban
rato frotándose mutuamente y volvió a
mirarla.
• STEVE: ¿Me has
investigado?
• SARAH: Sí.
Su fría y determinante respuesta,
le emitían señales inequívocas sobre esa seguridad que aparentaba. Sabía
lo que quería y osaba demostrarlo. En
respuesta a su actitud, y viendo en ella que
degustaba de las cosas
claras, decidió ser así y olvidarse de sus
indecisiones.
• STEVE: Como te he
dicho, mis motivaciones son personales
y sí, son importantes para mí. Quería
conocerte y tener la oportunidad de poder hablar contigo aunque fueran cinco
segundos. Pedí a alguien de confianza entrar con las opciones de matriculación
cerradas , por el mero placer de poder estar cerca de ti, y poder comprobar si
en persona eras como siempre me transmitías cada vez que te leía o te veía en una entrevista. Quería tener la oportunidad de conocer , ver y
escuchar en persona, a la escritora que
llevo admirando desde que comencé la carrera, aquella que sirvió de ejemplo en
clase una vez y me dieron a conocer como la Shakespeare femenina y americana,
la de la prosa poética exquisita y arriesgada, la mujer capaz de enfrentarse con los editores y
con el mercado, y revolucionarlo con un
estilo que se creía en desuso salvo para ambientes muy selectos. Deseaba
poder tener al menos una posibilidad cercana de hablar con esa mujer
sobre literatura, y especialmente sobre Shakespeare, e incluso sobre su obra
preferida , Hamlet, si fuese posible.
Esas son mis razones personales de peso Dra. Mcbridge. Puede que
efectivamente no las entienda, pero a mí me bastan, y eso es suficiente.
Sarah fue incapaz de contestarle. Sus argumentos, que la atañían
personalmente, la habían dejado sin palabras.
Él había decidido enseñar sus cartas, y a ella, sólo le quedó
asumirlo.
Todo aquello le supo a nuevo. No estaba acostumbrada a sentirse
importante para alguien, a convertirse
en la motivación de nadie. Nunca le había gustado destacar, prefería pasar
desapercibida, y por mucho que pudieran haberle dicho que aún así, esa forma de
ser, atraía y mucho la atención de
quienes la rodeaban o incluso de los que no la conocían, atravesando una racha
personal no demasiado buena, su autoestima pudo sentir una chispa de orgullo
por una vez.
No podía negar que su falta de costumbre respecto a todo aquello le
pasaba factura.
Conforma más tiempo pasaba con él, más cómoda se sentía, pero a la
vez, su afanada seguridad, se convertía en fino papel cuando lo tenía cerca.
Nunca pudo negar aquella atracción especial por aquel hombre, joven y
de ojos tan expresivos que parecieran ofrecerte un mundo si los atravesabas.
Una inteligencia privilegiada , a la que poder escuchar durante horas sin miedo al cansancio.
Sin embargo, una mano amiga devolvió a Sarah al presente, a la
realidad que la rodeaba. Una mano cálida, que viéndola concentrada en su ensoñación, no se atrevió a “despertarla” de otra forma
para no asustarla.
Aun reconociendo a Richard, se
encontraba como traspuesta, intentando asumir en el espacio en el que se
encontraba y con quién.
• RICHARD: ¿Te
encuentras bien?
• SARAH: - aún
aturdida- Sí, perdona.
Él se agachó un poco para besarla en la mejilla y se sentó a su lado
en el sillón continuo.
Extrañado desde que la viera en el teatro, prefirió no dejar de
observarla con atención. Cuando el camarero se acercó a recoger la nueva
comanda , pidió lo mismo que ella , añadiendo una nueva copa para su
acompañante que parecía necesitarla.
• RICHARD: Veo que
aún conservas las mismas costumbres.
Sarah permanecía en silencio.
• RICHARD: Bien, ¿
vas a decirme qué pasa o tendré que sacártelo con cuchara como siempre ?
Conservando aquel aire serio y medio ido , su tono resultó acorde a su
presencia.
• SARAH: ¿Sabías que
vendría?
No hicieron falta más palabras. Richard y Sarah se conocían desde
hacía mucho tiempo, y la confianza habida
entre ambos, siempre había llegado a cotas inimaginables para unos amigos que
por lo demás, parecían mostrarse a
distancia.
El camarero llegó con las sendas copas de vino blanco. Richard bebió
un sorbo y volvió a dejarla encima de la mesa. Ella, mientras tanto, esperaba
una respuesta.
• RICHARD: ¿Has
recordado verdad?
• SARAH: No me has
respondido.
• RICHARD: Cuando me
lo dijeron ya se encontraba aquí. No sabía si te acordarías. Cuando te vi el
otro día y os vi juntos , me di cuenta de que ….
Sarah le interrumpió.
• SARAH: No te estoy recriminando nada Richard.
• RICHARD: ¿Cómo ha
sido?
• SARAH: Una
discusión en su casa. Los recuerdos y las imágenes se sucedían , una tras otra,
pero esta vez no estaban difuminadas y las voces no estaban distorsionadas. Las
mismas imágenes que aparecían antes, pero cristalinas.
• RICHARD: - Volvió a
beber otro sorbo , y esta vez prefirió
quedarse con la copa entre las manos- ¿En su casa?
Ella, que hasta ese instante había mantenido su atención visual en el
fondo del local, se centró en él inesperadamente. Aquel tono de voz , escuchado
más de una vez, retomaba una actitud que no traía nada bueno.
• SARAH: No puedo
creerlo. ¿ Dime que eso no es una puñetera muestra de celos por favor?
Él intentó serenarse, pero su excesiva naturalidad le hacía ser
demasiado expresivo.
• RICHARD: Se supone
que no te acuerdas de nada, se supone que es un desconocido con el que empiezas
a trabajar, y ¿te metes en su casa?
Pese a no ser la primera vez que le veía así con ella, aún lograba
sorprenderse por estos gestos suyos.
• SARAH: Estábamos
trabajando en el libro que nunca terminé, se ofreció a ayudarme.
• RICHARD: ¡Vaya! Muy
generoso por su parte.
Costándole mantener su mirada , le hablaba intentando razonar sus
ideas mientras que su concentración se
encontraba en otra parte.
• SARAH: ¿Cuándo vas
a tener el valor suficiente de decirme qué pasó entre los dos? Y no vuelvas a
decirme que nada porque ya no resulta creíble.
Él se limitó a mantener su cabeza baja.
• SARAH: Me he pasado
años con vacíos mentales cubiertos por imágenes que venían a mí sin sentido. Y
durante todo este tiempo, he creído que
perdía la cordura por algo que al final han resultado ser retazos de mi vida que
pedían salir de una vez.
• RICHARD: Sarah, los
médicos nos dijeron…..- ella le interrumpió
bastante afectada-
• SARAH: ¡No se te
ocurra hablarme de los médicos Richard!. Ellos sólo se dedicaron a
empastillarme como método de combatir lo que creían fruto de mi propia locura , de un
convencimiento cerrado en falso. Y resulta , que era mi vida, esa que os negasteis a contarme. Y fíjate por
donde, en uno de esos flashes aparecéis
los dos . No llega a ser una imagen completa, pero lo que más me llamó
la atención fue tu rostro ante él, curiosamente, el mismo que tenías el día que
te lo presentaba en la Universidad.
Observando la reacción que sus palabras causaban en él, apuró su copa
y solicitó otra.
El silencio se hizo pesadamente presente durante los siguientes minutos. Él, trataba
de calmarse y asumir cómo arreglar algo que no parecía empezar bien, y ella,
intentaba que la alteración del momento y las circunstancias , no le obstruyeran su intención de pensar con
claridad.
• RICHARD: ¿Qué quieres que te diga?
Inicialmente cabizbajo, su barbilla fue elevándose mostrando a un
hombre herido por dentro, por sus
propios errores y decisiones tomadas pensando demasiado en los contras.
• SARAH: Lo sabes.
Reticente , sólo logró reaccionar cuando ella, desesperada por su
indecisión, bebió de un solo trago lo que le quedaba de vino y se dispuso a
levantarse.
Tras fijarse en él de nuevo brevemente, caminó aceleradamente hacia la puerta. Richard cogió algo de dinero
de su cartera , en el bolsillo trasero de su pantalón, y se levantó a toda
prisa para ir a dar con ella.
Tras ir a su caza mientras gritaba su nombre , y ver que ella , aún
sabiendo que le escuchaba no se detenía, decidió acelerar hasta alcanzarla y agarrarla de uno de los
brazos.
Su mirada hacia su mano impeditiva, fue gesto suficiente para soltarla
interponiéndole el cuerpo delante. Con alguna dificultad para respirar, intentó
calmarse y dirigirse a ella con tranquilidad.
• RICHARD: ¿Podemos hablar en otro sitio que no sea
delante de todo el mundo?
Completamente a la defensiva, su reacción , le exigiría a él un mayor
cuidado en cuanto a las palabras a emplear o a sus actos.
• SARAH: ¿De qué
serviría?
• RICHARD: ¿Quieres
respuestas? De acuerdo, pero no aquí.
Sin palabra alguna que interceder, ella se acercó a la acera con la
intención de parar un taxi que los llevase a su casa.
Pese a la dificultad inicial para encontrar uno libre que se detuviera
, al cabo de un rato, lo consiguieron
tras casi lanzársele encima del capó.
Un recorrido silencioso y tenso, en el que ambos permanecían dando
vueltas a sus cabezas, mientras el
paisaje vivo de la ciudad al otro lado de las ventanillas , les permitía
evadirse ligeramente.
Coches con gente normal, con una vida corriente de la que posiblemente
ni les apeteciera hablar por lo aburrido de su transcurso.
Niños correteando e imitando una pelea entre sí, mientras una mujer de
mediana edad les llamaba la atención por haberse separado del grupo compuesto
por el resto de compañeros, con marcada dirección
hacia el Museo situado dos manzanas más
adelante.
Dos agentes de policía que interrogaban a un hombre en no muy buen estado, y cuyos brazos
parecían no contenerse de la necesidad de toquetear a los agentes.
Un repartidor de bebidas refrescantes y botellas de agua en dirección
al restaurante turco de la próxima esquina…..
Ciudades. Tan opacas como a la vez cristalinas. Exigentes hacia
quienes la levantan y la hacen marchar .
Gente que pese a odiar sus
aburridas y monótonas vidas, nunca tuvieron el valor suficiente para marcharse en
busca de la felicidad soñada y en tan pocas ocasiones real.
Vida de ciudad. Aquella que la había visto crecer y que por un momento
sintió nada suya , aunque eso …..era otra historia.
Llegados hasta el edificio, el silencio perduró durante todo el
trayecto a lo largo de aquel vestíbulo , prosiguió mientras ascendieron, y
continuó incluso habiendo atravesado y cerrado la puerta.
Muy nerviosa y mostrando con sus gestos un enfado considerable,
Richard prefirió mantenerse a distancia de momento. Abría y cerraba los cajones de la cocina de
forma abrupta , acompañada de una especie de quejido por parte de la madera de
que estaban hechos. Las cosas que parecía estar buscando, cuando las
encontraba, eran prácticamente lanzadas
a la encimera.
Conociéndola desde hace tantos años, para él , esa actitud no le era
desconocida. Tampoco era la primera vez que discutían y que ello llegaba a
cotas de bastante violencia verbal, aunque nunca se atravesasen los invisibles
límites impuestos por el respeto que se tenían mutuamente. Pero en aquella
ocasión, su manera de actuar era más propia de un enorme sentimiento interior
de impotencia que de enfado en sí.
Encontrándose en un punto de no retorno,
dónde le resultaría muy fácil saltar
a la forma más desagradable de ella misma, comenzó a acercarse
lentamente, deteniéndose al mismo tiempo que ella lo hizo por instinto.
Apoyada sobre la encimera , con la cabeza baja y su boca entre
abierta, él intuyó que podría haberse roto y comenzado a llorar. Prosiguió su
paso hasta que ella le interrumpió , pero lejos de achantarse, continuó hasta
el mismo punto de apoyo, pero con él como barricada improvisada.
• SARAH: No se te ocurra hacer lo que estás pensando.
• RICHARD: Lo
necesitas.
Elevó su rostro, y las lágrimas sólo disimulaban tibiamente su ira.
• SARAH: ¿Y qué se
supone que es lo que necesito ?
• RICHARD: ¿Qué
quieres de mí Sarah?
Y la ira sobresalió por encima
de todo, mostrándose desafiante mientras abalanzaba su cuerpo sobre el frío mármol.
• SARAH: Que por una vez te comportes como el hombre que
se supone que eres , y no el que tratas de venderme.
Con la sensación de haber recibido un puñetazo sin mano en toda la
cara, le comenzaron a surgir dudas sobre
a lo qué podía referirse, e intentó indagar.
• RICHARD: ¿En qué
sentido?
Ella le dio la espalda mientras , con el agua del grifo abierto y una
de sus manos, trataba de refrescarse la nuca para intentar relejarse.
• SARAH: En el único posible Richard, ¿a caso hay otro?
Pensaba que todo estaba claro entre nosotros.
• RICHARD: Y lo sigue estando.
Ella cerró sus puños una sola vez , antes de volver a abrirlos y
estirar con fuerza sus dedos.
• SARAH: ¿Por qué
tengo la sensación de que soy la única
que lo ha tenido claro desde el principio?
Él se atrevió a rodear la improvisada empalizada hasta situarse muy
cerca de su espalda.
• RICHARD: Nunca hizo falta hablarlo. No hubieron
instrucciones. Sarah…..
En ese instante , ella se giró sobre sí misma, apoyándose donde mismo
se encontraba ya, con ambas manos a cada lado de su cuerpo. Y la recomposición
de lugar de aquella situación, volvió a mostrar a una Sarah nada vacilante y
muy dispuesta a dejar las cosas claras de una vez entre los dos.
• SARAH: Nunca te has
atrevido a dar el paso que faltaba.
Siempre te atoró el miedo a mi reacción. Con el tiempo , simplemente te
acostumbraste a asumir tu papel de ángel de la guarda por la culpa que siempre
has sentido con lo de Bruce, y todo ello, pensando que yo ni siquiera me habría
dado cuenta.
Con la cabeza gacha, y apoyado en el otro lado de la encimera,
escuchaba con atención las verdades que sus labios expresaban y que tanto le
habían atormentado.
• SARAH: Siempre
pendiente. Siempre vigilante. Siempre deseoso.
Apenas alzó levemente su cabeza, sus ojos, se alzaron al mismo nivel.
Expresivo como siempre era, trataba de buscar las palabras adecuadas con las
que poder responder, mientras su cerebro procesaba esta nueva situación,
dilucidando entre si tomar valor de sus adentros y seguir adelante, o
permanecer como siempre.
• SARAH: La cuestión, es cuánto tiempo más vas a
soportar este castigo que tú mismo te
has impuesto, o si decidirás salir huyendo de forma definitiva.
• RICHARD: Yo no he
huido.
• SARAH: No, eso es
cierto. Te has escondido que es peor .
• RICHARD: Porque te
respetaba, y aún lo sigo haciendo.
• SARAH: ¡ Porque me
querías y aún me quieres , pero tenías miedo y aún te sigue dando!
Erguido por completo, aquella rabia interior manifestada por ella ,
hizo que él arrancase desde donde estaba,
hacia su cuerpo , muy nervioso. Su mayor corpulencia parecía abarcarlo
todo , parecía consumirla y empequeñecerla.
Con sus manos en el mostrador , a ambos lados de las de ella, y su
rostro cerca de una de sus mejillas, recorrió con la vista su antebrazo y cada
uno de sus dedos. En su mente, eran sus labios quienes realizaban ese
recorrido, con la extrema suavidad que sabía que ella necesitaba y que él
quería transmitirle. En su mente, sus dedos se entrelazaban mutuamente ,
mientras el olor fresco de su piel se introducía por sus fosas nasales hasta la
locura, como siempre había sucedido. Pero eso, era en su mente.
La cruel realidad, es que ella
tenía razón y el miedo le atoraba, le impedía actuar como deseaba. Una
sensación de cobardía intrínseca ante ella y todo lo que implicaba su mundo, al
que él pertenecía por elección propia.
Palabras ciertas que le crujían en su interior por ser ella
precisamente quién las pronunciaba, y a las que le era muy difícil responder.
Mientras, a ella , su exceso de
seguridad le estaba pasando factura. De
todas las reacciones posibles que
pudiera esperar de él, jamás imaginó que lo hiciese de esa forma, dado su
exceso de respeto hacia su persona, en la que siempre procuró mantener las
distancias.
Ladeando hacia él su rostro, se dispuso a hablarle.
• SARAH: Dímelo. Dime a qué tienes tanto miedo.
Él , queriendo gritarlo , no podía articular ninguna de las palabras.
Sentir el calor de su mejilla tan cerca,
sólo le hacía sentir deseos de abrazarla, y de hacerlo tan fuerte que
apenas pudiera respirar.
Ante su silencio, ella intentó colocar una de sus manos encima de la
de él. Lejos de retirarla, permaneció inmóvil, disfrutando del calor
transmitido, de esa sensación de paz que le hacía asimilar cada vez que estaban juntos.
Y en medio de todo aquello, encontró el valor. Le devolvió aquella
mirada fija tan penetrante , y le respondió.
• RICHARD: A
perderte.
No. No era la respuesta que ella esperaba, y lo denotó su expresión.
Sabía el por qué de la misma , pero algo así, sólo le indicaba que aquello era
más fuerte e imponente de lo que ella creía . Mientras intentaba encontrar como
continuar hablando, sintió humedecerse sus ojos sin poder evitarlo, y estos,
continuaron observándole mientras tenía que proseguir escuchándole.
• RICHARD: Te he
querido desde el primer día que te cruzaste conmigo, cuando nos
presentaron en la fiesta de aquel
estreno, y ni siquiera hoy , sé decir cómo. Sentía la necesidad de volver a
verte, de volver a escucharte. De sentirte cerca.
Y la resistencia mostrada hasta aquel entonces , de forma férrea y
tenaz, sucumbió a la libertad de expresión de sentimientos en forma de lágrimas
huidizas que buscaban respirar un aire menos espeso.
Él, con la otra mano, le secó las mejillas, acompañado por la otra, con
su rostro entre ellas, y sin dejar de mirarla fijamente a los ojos, con el
reflejo de la agonía interna que comenzaba a liberarse, resolvió continuar su
elocución.
• RICHARD: Es cierto
lo que me has dicho. He sido y soy un cobarde. Posiblemente el mayor que hayas
conocido jamás. Pero cuando me dijiste…… – y prefirió no mencionar aquello que
siempre le había aturdido, aquello que le había acobardado- tuve que tomar una
decisión, no fácil. Preferí amarte sin tenerte , que perderte siendo mía.
En un simulacro de cordura , intentó razonar en alto lo que acababa de escuchar.
• SARAH: Pero…….
• RICHARD: ¿Cobarde?
Sí, siempre. Pero asumí que pasase lo que pasase , me tendrías siempre, sin más, sin necesidad de dar explicaciones.
Que cuando me reclamases, aunque estuviera fuera, sabrías que me encontraba a
tu lado.
• SARAH: ¡Oh Dios ¡
Cuánto dolor has llegado a albergar.
Desconcertada y nerviosa, le retiró las manos de su cara y lo apartó
para dirigirse a una de las ventanas.
• SARAH: Estar sin
estar. Lo más cómodo.
Aquel comentario, dicho con rabia,
fue recibido por él como un puñetazo en toda la cara.
• RICHARD: ¡¿Cómodo?
¿Realmente crees que ha sido cómodo?!
Al ver que no era respondido , se apresuró a acercársele.
• RICHARD: ¡ Saber que
podía tenerte entre mis brazos y sin embargo evitar tocarte , pero no poder
rechazarte cuando me dabas muestras de afecto! ¡Encontrarme despierto toda la
noche en aquella maldita habitación del
hospital impotente por no haber hecho nada , sin poder alejarme porque sentía que te seguía
abandonando! ¡¿Cómodo?!
Una mirada dura y fría , fue la respuesta encontrada. El peor de los
desplantes ante sus palabras que por
supuesto no venían solas.
• SARAH: ¿Y Steve?
• RICHARD: ¿Steve?
• SARAH: ¿Pagas tu
frustración e impotencia con quién sí puede tenerme?
Aquello comenzó a sonar familiar. No era la primera vez que el miedo
hacía que se comportase de esa forma. Acostumbrada a llevar el control de las
situaciones , de todo lo que la rodeaba, cuando éste se perdía y ella no
encontraba mástil al que aferrarse ,
buscaba tiempo, y entonces , comenzaba a provocar el inicio de una batalla
campal verbal que nunca terminaba bien , y con el que ella tampoco se sentía
cómoda, pero que se convertía en la única forma posible de ganarlo, y poder volver a retomar el control de todo.
• RICHARD: No. –
negando con la cabeza- No hagas esto, otra vez no.
• SARAH: ¿Por eso
nunca le has soportado?
• RICHARD: Sarah no
continúes, por ahí no.
• SARAH: Ni siquiera
le diste una oportunidad. ¿Te cabreaba saber que él sí había tomado las
decisiones que tú te negaste a adoptar o
era saber que él sí podría tocarme sin dañarse lo que realmente te ofuscaba?
• RICHARD: Me
marcho.- dándose la vuelta para dirigirse a la puerta- No vas a conseguirlo Sarah, esta vez no.
• SARAH: O ¿es saber
que me ha hecho inmensamente feliz
durante el tiempo que fuera lo que realmente no soportas pensar Richard?
Se dio la vuelta de nuevo muy agitado . Volvió hasta ella y la cogió
por los brazos agitándola con fiereza.
• RICHARD:¡ Porque os
veía juntos.! ¡Te observaba a ti y
después miraba su cara de inmensa e ignorante felicidad , mientras me retorcía por dentro preguntándome si habrías
tenido tú el valor de decirle tu verdad,
la que yo no quise admitir jamás y por la que yo no quise tenerte y
amarte como deseaba, porque si el fatal desenlace de esta historia se culminaba
como se pronosticaba, me acabaría hundiendo contigo y sabía que no lo
soportaría! ¡Te amaba demasiado Sarah, demasiado como para saber que lo nuestro podría tener fecha de caducidad ,
demasiado para verte postrada en una cama mientras te ibas yendo poco a poco! – El zarandeo se detuvo, y con la
respiración agitada , se separó de ella unos pasos. – En el hospital, mientras
estabas en coma, todas aquellas ideas,
todos aquellos recuerdos , todo lo que me atemorizaba siempre de nosotros,
reaparecía todos y cada uno de los días que permanecía al lado de tu cama,
mientras en mi interior , no hacía otra cosa que insultarme a mí mismo por no
haber decidido tomar el camino más
difícil y arriesgarme. Y encima, allí, sin saber si despertarías o no, te decía
todos y cada uno de aquellos días, cuanto te quería, y cuanto sería capaz de
quererte y hacerte feliz si alguna vez pudieses fijarte en mí , como algo más
que un amigo leal y fiel, buscando falsamente una salida que me diera el valor
que me faltaba y arriesgarme.
Volvió a darse la vuelta decidido a continuar su camino fuera de
aquella casa, y apenas llegar a la puerta, a ella aún le esperaba el broche
final.
• RICHARD: No te
atrevas a juzgarme Sarah, y piensa que
es lo que aún no has hecho.
Tiene derecho a saberlo.
Y cerrando la puerta de un portazo, su sombra se perdió mientras sus
palabras permanecieron duras , como la realidad que las rodeaba.
Apoyada en el cristal, sin dejar de mirar hacia donde sólo unos
instantes antes se encontraba Richard, su mente decidió hacerla retroceder de
nuevo, mientras procuraba enlazar todo aquel sin sentido que ahora mismo
parecía un rompecabezas de adulto dejado en las manos de un niño.
Agotada, prefirió olvidarse por unos instantes de todo aquello.
Relajarse y dejar su mente en blanco aunque sólo fuese un rato. Un vía de escape
que posteriormente la dejase volver a poner en orden sus ideas y recomponerlo todo.
Se preparó un baño de agua templada y sacó de la nevera una botella de vino blanco ya comenzada. Lo colocó todo en un banco
pequeño de madera auxiliar y , tras quitarse la ropa, se introdujo en la
bañera.
Sólo ella, la luz ambiental , el vino y el silencio de la casa, marcado por un lejano y apenas imperceptible
sonido de sirenas que parecía oírse lejano.
Varios sorbos después de su especial oro líquido, el agua templada
comenzó a surtir efectos, y tras coger una pequeña toalla de lavabo ,
enrollarla bien y colocársela en el cuello para no hacerse daño, cerró los
ojos.
Mientras disfrutaba de la
temperatura del agua y del relax que ello le producía, movía ligeramente los
brazos a efectos de remover el agua sobre su cuerpo. Dos leves roces del líquido elemento en el lateral de su cuello, le bastaron para
que se desencadenase una nueva tanda de imágenes frescas, nada difumadas ni
sutiles.
Se vio de píe, frente al espejo
de un cuarto de baño que no parecía reconocer, con una camisa de botones
blanca , ancha y cuyas mangas mantenía remangadas, mientras la apertura de la misma dejaba
entrever parte de sus pechos.
Observándose fijamente a sí
misma, pensativa, se recogía el pelo cuidadosamente con una pinza, cuando
sintió unos brazos que desde su espalda seguían todo el recorrido de su cintura
hacia su vientre, apareciendo el rostro
de Steve al lado de su mejilla izquierda, mirándola con los mismos ojos que en su mente recordaba
haberle visto en el Restaurante, o en la
terraza de la habitación en los Hamptons.
Unos ojos, los de ambos , que no dejaban de observarse fijamente
emitiendo señales inequívocas de lo que esperaba el uno del otro. Unas miradas, que
acompañadas de unos sutiles dedos, los de él, comenzaban con habilidad
inusitada y lentitud casi desesperante, a desabrocharle cada uno de los botones
que mantenían la camisa medio cerrada. Unas manos, las de ella, que colocadas encima de las de él , trataban
de que los dedos de ambos se entrecruzasen, mientras que Steve ,
empujándolas con fuerza, se las
retiraba como muestra de que deseaba esa zona libre de cualquier obstáculo,
libre para el disfrute de su visión. Y
mientras, prosiguió su descenso hasta que el último botón que aprisionaba la
piel manteniéndola oculta, dejó de
cumplir su función.
Ella fue bajando sus ojos siguiendo el camino de su piel desnuda ,
esperando su siguiente movimiento.
Mientras, en la bañera, las manos de Steve se habían convertido en las
de ella. Cada lugar que ella mentalmente veía y corporalmente sentía que rozaba, era traducido en la caricia real
de las suyas propias sobre su cuerpo hundido en el agua.
Aquella imagen del espejo, sin que ambos dejasen de mirarse fijamente
a los ojos del otro, ella apoyando su espalda en su pecho quedando la totalidad
de su cuerpo a su entera merced, aquella visión de una de sus manos aferrado
con fuerza en su vientre, mientras la otra , separando la tela, ocupaba su
espacio de piel ascendiendo lenta pero sentidamente hasta apoderarse de sus
senos , ejerciendo presiones cada vez
más pronunciadas acompasadas con
empujones hacia el lavabo, hacía
que la excitación transmitida en una imagen , se transmutase a la realidad de
un cuerpo húmedo que sentía la presión de unas caricias reales ,
tensionado cada uno de sus músculos conforme en su mente, los labios
de él se apoderaban de todo lo que estuviera a su mano. Completamente ida y dejada a todo lo que
debiera venir , él se apropió de su
cuello sin dejar de mirar la escena en
el espejo , disfrutando del rostro de su víctima , completamente lacio y dócil, con los labios entreabiertos y…………………..
Sarah abrió los ojos de repente. Agitada y con aquella cara presente y
muy real, hundió su cabeza en la bañera.
Aún en la cama , no podía evitar tener aquella misma sensación de
turbación en su cuerpo. Aquella forma de mirarla en el espejo le producía
escalofríos, le erizaba toda la piel por completo y la hacía pensar en lo que
no quería , porque sabía que no podía.
Sólo pasado un buen rato, logró
que su mente quedase lo suficientemente en blanco como para poder dejar que
Morfeo se apoderase de ella.
A la mañana siguiente , en el despacho del Departamento, antes de que
comenzase la vida académica estricto sensu, Candice acudía a él para recoger algunas cosas y ver
si se tropezaría con su amiga a la cual
no había visto después de salir del despacho de Freddy.
Nada más verla, con un aire más relajado si cabe, se tranquilizó un
poco y se acercó a su mesa.
• CANDICE: Menos mal.
Pensé que no te vería.
Sarah se quedó sorprendida por tal afirmación.
• SARAH: ¿Por?
• CANDICE: Bueno……….
Ya sabes.
• SARAH: - dejando de
hacer lo que estaba haciendo y prestándole toda su atención - ya te dije que
era imposible que me lo dieran a mí. Yo
ya llevo demasiado años como para haber aprendido a no dar nada por supuesto
hasta que haya una confirmación oficial.
• CANDICE: No puedes
hacerte una idea del cabreo que me cogí con Freddy. De los demás de la Junta
podía esperar cualquier cosa , ¿pero de él ?
• SARAH: Él es el que
más miedo tiene a perder su puesto de trabajo. Si tiene que volver a dar
clase comenzarán a lloverle las críticas
de nuevo. Yo estoy segura de que en caso de haber alguno dudoso , Freddy fue el encargado de terminar de convencerlo.
Sarah se levantó para recoger un libro cuando se oyó
cerrar la puerta de la entrada.
Candice alargó el cuello hacia un lado porque la moldura de la puerta no le
permitía ver quién venía. Al comprobarlo, sus ojos se abrieron de par en par.
• CANDICE ¡Vaya!
Buenos días flamante nuevo director de área.
Un tono irónico e hiriente como apenas nunca se le había escuchado a
la mayor de las amigas , culminó en que él casi pareciese disculparse con su
mirada hacia ella, mientras por el rabillo del ojo le pareció reconocer a
Sarah.
• STEVE: Buenos días.
• CANDICE: Para
algunos más que para otros seguro.
Sarah trataba de mantener la calma mientras , desconcentrada, trataba
de buscar algo en uno de los libros que tenía delante suya.
• STEVE: Candice, no
voy a justificarme por la conversación extraoficial que tuviera con Freddy,
pero yo no busqué esto, me ha cogido tanto de sorpresa como a vosotras .
• CANDICE: - Riéndose
compulsivamente- ¡Oh sí , claro! Como a nosotras.
Sarah comenzaba a sentirse incómoda.
• CANDICE: Desde
luego hay que tener mucha cara para ahora venir a hacerse el nuevo.
• SARAH: Candice.
Pese al toque de atención, Candice continuaba hablando.
• CANDICE: ¿Desde
cuándo se supone que lo llevabas preparando? Seguro que viniste con ese
objetivo.
• SARAH: Candice,
déjalo.
Steve no podía evitar fijar su vista en el suelo y aguantar aquel
chaparrón con toda soltura, comprendiendo el malestar generado por aquella
decisión ajena , de la que sentía
protagonista involuntario.
• CANDICE La verdad
es que así da gusto, tu cátedra asegurada en casa y ahora esto , ¿algo más con
lo que engordar tu currículum?
Sarah dio un golpe en la mesa
que tenía delante y sin darse la vuelta , mostró su hartazgo con el cariz de la
conversación y el talante de su amiga.
• SARAH: ¡Candice!
¡Déjalo de una vez!.
Ella, muy sorprendida por su reacción , recogió sus cosas y se marchó
a toda prisa de allí.
Steve no había podido ver el
rostro de Sarah aún, sólo su espalda, su cabeza gacha, y sus manos que de nuevo
habían comenzado a moverse buscando entre las páginas del libro escogido.
Dejó sus cosas encima de su lado de la mesa y se dio la vuelta. Sarah
se encontraba justo a su espalda, y en aquel preciso instante , él no
sabía qué decir ni cómo. Buscó la excusa de estar necesitando algo de
los cajones cuyo acceso impedía con su cuerpo.
• STEVE: Disculpa.
Ella le miró de reojo. Él le señalada justo al cajón que tapaba con su
cuerpo enteramente. Se apartó un poco, y
pudo coger lo que buscaba.
No pasarían ni cinco minutos , cuando dada la estrechez del espacio habido entre ellos dos, entre su
espalda y la silla de él, éste prácticamente le echó parte de su pecho encima
para poder coger algo de los muebles superiores.
Aquella situación resultaba aún más incómoda que la de Candice.
Detenido a los pies del filo de la mesa, dejó las cosas encima , se
dio la vuelta, y sin saber cómo
dirigirse a ella, decidió hacerlo de la
única forma que conocía : directa.
• STEVE: Sarah…
Ella seguía dándole la espalda haciendo como que le ignoraba cuando en
realidad le estaba escuchando
• STEVE: Yo no sabía lo de ayer. Cuando Freddy habló
conmigo no me dijo por qué me preguntaba, pensé que se refería a mi interés por
seguir dando clase aquí.
Sarah seguía escuchando su voz mientras las imágenes del cuarto de
baño volvían a su mente. Continuó sin querer darse la vuelta.
• STEVE: Sarah, por favor…
Ese maldito tono casi suplicante en su voz…………..Sarah se detuvo y se
limitó a mirar hacia abajo aguantado las ganas de marcharse.
Steve se acercó a ella con la intención de lograr que se diera la
vuelta. Pese a que ni siquiera se rozase, ella
pudo sentirle muy cerca. Cuando
una mano suya hubo cogido uno de sus brazos, ella lo apartó violentamente y se
dio la vuelta empujándolo para acercarse a su mesa y coger sus cosas con la
única intención de marcharse.
• STEVE: Sarah….Sarah
por favor.
Al ver que recogía las cosas y que pensaba irse, Steve corrió hacia la
puerta colocándose delante, cogiendo el pomo para que no pudiese abrirla. Ella
continuaba caminando rápidamente con la cabeza baja hasta que al
llegar a la puerta vio sus piernas. Alzó la cabeza, y con una expresión de
inmenso enfurecimiento se le dirigió, sin que él supiese cómo reaccionaría o si
aquello era una buena idea.
• SARAH: Déjame salir
Steve.
• STEVE: No, no puedo
dejarte salir sin que lo hablemos.
• SARAH: No tengo
nada que hablar contigo, apártate ahora mismo de esa puerta o juro por Dios que
te arrepentirás.
Aquella frase sonaba a seria amenaza, aún así Steve se la jugó y no se
movió.
• STEVE: Sarah, sólo
te pido que me escuches, sólo eso , por
favor.
Ella dejó caer al suelo lo que
llevaba en las manos , lanzando su bolso
con fuerza sin importarle que su contenido de desparramara por completo al
abrirse la cremallera. Y así como estaba,
se acercó a él deteniéndose justo
cuando apenas les separaban unos pocos centímetros. Con su pecho en toda la
cara y sus manos cerradas con ganas de golpearle, las abría y cerraba de forma continua sin saber si agarrarle de la camisa y
apartarlo, o no parar de darle
puñetazos.
Al ver su impotencia y su incapacidad para reaccionar, saltó de la
puerta y la abrazó fuertemente.
Ella reaccionó e intentó escabullirse empujándole. Incluso le pisó con fuerza para que la soltase. Pese al
dolor, él continuaba apresándola. Se
retorcía, y cuanto más lo hacía, él apretaba mucho más esperando que se
cansase.
Con tanto retorcimiento, a ella
no le quedó más que intentar , con los brazos inmovilizados, que usar la
cabeza, pero al ser él más alto no
lograba darle . En uno de los giros , él
perdió el control de las piernas y cayó
al suelo empujándola , terminando encima
suya.
El gesto de dolor de Sarah era más que patente, mientras los brazos de
él no se habían separado de su espalda
clavándosele.
• STEVE: ¡Oh Dios! Lo
siento. ¿Te duele mucho?
Ella abrió los ojos , y su expresión resultó diferente. Él se apoyó en
sus brazos para no seguir perjudicándola y se incorporó ligeramente, sin
embargo, no podía dejar de mirarla. Aquella expresión de su rostro, indefensa ,
casi llorosa, en expectativa, no era la primera vez que la había visto. Siempre había sido una de las cosas que más
le habían atraído de ella, la facilidad para mostrarse ante él no como la mujer
segura de sí misma , madura y
formalmente perfecta, sino como un alma completamente desnuda y sin tacha
entregada por completo a él.
Con la respiración agitada de ambos aún, él se fijó en sus labios
para seguidamente volverse a cruzar con aquellos ojos humedecidos que lo observaban en silencio .
Tras un tiempo, inmensamente largo e intenso para ambos, él optó por
dejarla y levantarse.
Una vez de píe, le extendió la mano para ayudarla a incorporarse .
Tras convertirlo en su centro de atención ,
se la ofreció.
Una vez hubo recogido sus cosas en silencio, y mientras él la
observaba desde la puerta, estando a punto de salir, se detuvo y giró la cabeza hacia él.
• SARAH: ¿Aún sigue
en pie tu compromiso con el libro?
• STEVE: Por
supuesto.- dijo decidido-.
• SARAH: Ven a mi
casa en cuanto termines las clases.
Y salió por la puerta, dejando a Steve
tomando resuello y preguntándose qué había ocurrido para este cambio de
actitud.
Ana Patricia Cruz López
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