viernes, 2 de octubre de 2015

NADA ES LO QUE PARECE. CAPITULO SEPTIMO, PARTE SEGUNDA. Casilla de salida. Siguiente jugada ( Registrado en Safe Creative Junio 2015)

CAPITULO SEPTIMO (SEGUNDA  PARTE)
CASILLA DE SALIDA. SIGUIENTE JUGADA
Créditos foto APCL73 . Museo de Orsay

Unos ojos que no podían mentir. Unos ojos que manifestaban clara incomodidad nada más verlos. Porque así se sentía ella en ese instante delante de lo que era un objetivo. Desconfiado sí, ya se lo habían señalado, pero que jugase con semejante ventaja resultaba notablemente  mortal.
Acostumbrada a no perder el control de las situaciones, aquello la descolocó hasta el punto de que sólo el timbre de la puerta con el anunciado almuerzo le dio un pequeño respiro , y la oportunidad de pensar qué hacer o qué decir a continuación ya que se esperaba un día muy largo.

Tras abrir la puerta y mientras el camarero preparaba la mesa , el  “cazador” estudiaba metódicamente a la presa. A diferencia de los que se dedicaban de forma habitual a estas labores, Bourke disfrutaba mucho más hiriendo lenta y progresivamente a la víctima en lugar de asestarle el golpe seco y definitivo.


Una vez todo estuvo listo, se acercó a ella con la intención de invitarla a sentarse.

·        BOURKE: Cuándo guste.

Tratando de reaccionar, la consabida normalidad no lograba volver del todo, y el apetito apenas emergía.
Sentado en frente suya, ambos iniciaron el acto de degustación sin apenas intercambiar una sola palabra. E incluso se podría decir, que a ella le costaba mirarle directamente a los ojos  por miedo a lo siguiente que pudiera decir.

Y el “cazador “captó el mensaje sin duda alguna  sobre la herida producida, y conociendo que podría obtener una respuesta negativa o desagradable por su parte , esta vez, decidió cambiar de estrategia.
Tras degustar un nuevo bocado del plato servido, se limpió la boca, y dejó la servilleta encima de la mesa , al lado del plato.

·        BOURKE: Debería estar acostumbrada a la gente como yo, sobre todo cuando convive y trabaja para uno.

Primera mirada directa, y ensalzamiento de su carácter.

·        HEYDEN: ¿Y qué clase de gente se supone que  es?
·        BOURKE : Precavido.  

Al denotarla pensativa , prefirió continuar su interrogatorio.

·        BOURKE: Daría lo que fuera por saber qué está pensando.
·        HEYDEN:  ¿Lo que fuera? ¿Eso no supone demasiado riesgo para usted?, especialmente si no soy capaz de cubrir sus expectativas.
·        BOURKE: Debemos saber cuándo podemos permitirnos arriesgarnos. Saber si ha valido la pena o no sólo depende de mi criterio.

Cada nueva palabra dicha, cada gesto simplificado de sus manos, cada movimiento de sus ojos hacia su invitada…..todo poseía un mensaje propio fácilmente predecible. No contento con investigarla, se permitía estudiarla, analizarla , con el fín de extraer mucho más de su personalidad .
Cautelosa, entendió que no siendo un tipo fácil de cazar, y que sus puntos débiles, definitivamente, no eran tan evidentes, ella decidió continuar mirándole de frente, de forma clara y directa , con cierto tono desafiante puesto que podía permitírselo. Él la estaba poniendo a prueba , y Heyden lo sabía.

·        HEYDEN: Me preguntaba hasta dónde llegaría su insaciable curiosidad.

Sus ojos se abrieron aún más si cabe. Bourke había entendido aquello como una aceptación implícita de las condiciones del juego impuesto y por supuesto, no la dejaría escapar. Ante su reacción, ella comprendió que había dado en el punto exacto .

Con su cuerpo incorporado y apoyado sobre sus antebrazos encima de la mesa, tras mirar hacia los pliegues del mantel unos segundos, aquellos penetrantes ojos verdiazules se incrustaron en ella atravesándola una vez más. El cazador se sentía triunfante, aunque la presa no hubiera caído del todo en su trampa.

·        BOURKE: No estoy seguro realmente de que quiera saberlo.

Repitiendo los mismos gestos que previamente si anfitrión había realizado, el desafío continuó.

·        HEYDEN: Pruébeme.

Tentado por ella, por aquella forma de decirle que siguiera hacia delante,  apenas dos segundos le costó decidirse. Volvió a apoyar su cuerpo sobre el espaldar de la silla. Necesitaba no sólo estar cómodo, sino sentirse cómodo. Necesitaba disfrutar este momento. Vanagloriarse en sus adentros, de haber sabido escoger a alguien que al menos estuviera en su mismo nivel de exigencia , y que no se achantase ni cayese con tanta relativa facilidad. Heyden no se lo iba a poner fácil y lo sabría, y casi se podría decir que ello era una situación que prácticamente añoraba.


·        BOURKE:  Me preguntaba si realmente es tan buena en todo como parece.

Aquello la puso muy tensa , y no pudo ocultarlo. Siendo un hombre que acaba de reconocer que investigaba todo, aquella insinuación tenía un sentido específico. No hacía falta ser demasiado inteligente para saber a qué se estaba refiriendo.

·        HEYDEN:   Hasta ahora no he recibido ninguna queja al respecto.
·        BOURKE: ¿Alguna petición especial ?

Aquella mirada , penetrante y sutilmente directa, escondía a un hombre que quería indagar mucho más sobre una faceta de su vida existente pero que prefería olvidar. Sin embargo, su forma de observarla, de juguetear con sus dedos en el mantel mientras le hablaba pausadamente, modulando su voz de forma simplemente perfecta, le recordaba a aquellos selectos clientes que a veces contactaban con ella. Aquellos de los que tras una noche en calma, colmada de placeres superfluos, se quitaban toda máscara posible, para mostrarse tal cual eran en realidad.
Mientras continuaba aquella especie de interrogatorio cargado de dobles intenciones, ella procuró mostrarse segura y preferentemente distante, pero sólo lo justo para que él pudiera sentirse confiado.

·        HEYDEN: Depende.
·        BOURKE: ¿De?
·        HEYDEN: De dónde se considere que se encuentra el límite de lo normal y hasta dónde se está dispuesto a llegar con lo especial.
·        BOURKE: ¿ Y quién se supone que marca esos límites , el cliente o quién presta los servicios?

Y humedeciendo sus labios, vio como los ojos de él se centraron rápidamente en aquel gesto, deteniendo sus manos.

·        HEYDEN:  Todo se concierta antes. Siempre. Las condiciones impuestas por ambos participantes . Las necesidades a cubrir con cada uno de los movimientos a realizar, con cada operación que se lleva a cabo.  Las exigencias que el cliente requiera con todas sus especificaciones  - conforme ella hablaba, a cada palabra, su respiración se agitaba notablemente, circunstancia que ella continuó aprovechando – y hasta dónde está dispuesto a llegar.

·        BOURKE: ¿Y la otra parte?
·        HEYDEN: Dependiendo del grado de complacencia y seguridad que tenga en aquello que cree que realiza bien y al cliente le puede interesar, sólo le queda satisfacerle.
·        BOURKE: ¿Y si sobre la marcha apeteciese ir más allá,  fuera de lo establecido?
·        HEYDEN: En ese caso, siempre prima más la libertad de quién los presta, al ser un extra no negociado previamente.
·        BOURKE: ¿Y cuál sería su criterio en ese caso?

Le observó detenidamente en silencio . Las empuñaduras de la camisa  con los gemelos a juego con el alfiler de corbata. Correctas y firmes . La chaqueta del traje perfectamente colocada salvo por las arrugas de posición. El cuello de la camisa debidamente abrochado, coronado por un nudo de corbata perfectamente hecho. Un rostro afeitado reciente, posiblemente de ese día a juzgar por sus poros aun notablemente abiertos pese al masaje empleado. Unos labios perfectamente perfilados para ser hombre, que pedían a gritos apoderarse de los que le hablaban, y unos ojos bastante incómodos para mirar de fijamente pero inevitables al mismo tiempo.

·        HEYDEN: No me da miedo extralimitarme, siempre que el cliente sepa dónde se mete solicitándomelo.
·        BOURKE: ¿Cómo saberlo ?
·        HEYDEN:  No tengo límites Sr. Bourke, jamás los he tenido en nada de lo que he hecho, y siempre he velado por la plena satisfacción de mis clientes en todos los ámbitos donde me he movido, y hasta el momento, ninguno de ellos ha tenido un solo motivo de queja. 
·        BOURKE: ¿ Es eso lo que vio Sheldon ? ¿ La posibilidad de que todo marchase bien sin límite alguno?
·        HEYDEN: El Sr. Sheldon y yo mantenemos una acordada relación contractual bastante bien delimitada. Aunque reciente en tiempo, su confianza en mí no diré que es plena , porque ningún cliente la tiene, pero profunda y ampliable hasta llegar al cien por cien , seguro. Ha visto mi trabajo y goza de las mejores referencias por parte de algunos de mis clientes más influyentes. Y respondiendo a su pregunta, sí, es mi nivel de superación y valoración del riesgo lo que le hizo contratarme.
·        BOURKE: A estas alturas sólo me queda una duda ¿ Cómo pudo medir Sheldon ese nivel de competencia en el club?

Agachando la cabeza con una ligera sonrisa de complacencia por haber llegado al punto esperado una vez más, miró la servilleta, la cogió de encima de sus piernas, y la colocó en la mesa . Retiró la silla hacia detrás, y se levantó colocándose el vestido. Sólo cuando hubo cogido su bolso, situado a su izquierda, volvió a alzar la mirada y a fijarla en él.

·        HEYDEN: No quisiera parecer descortés, pero creo que ha llegado la hora de marcharme. De ahora en adelante, le rogaría encarecidamente que cualquier solicitud de cita pasase previamente por el Sr. Sheldon.
·        BOURKE: ¿Y si no es a Sheldon a quién deseo ver?
·        HEYDEN: Como le acabo de decir hace unos instantes, el Sr Sheldon y yo mantenemos una estricta relación comercial. Como empleada suya, cualquier reunión que se concierte debe serle informada, siendo él , el que decide quién asiste , o si debemos hacerlo los dos.
·        BOURKE: Insisto. ¿Y si no es a él a quién necesito?

Ella se dio media vuelta de forma agitada y comenzó a andar hacia la puerta siendo seguida por él.

·        BOURKE: ¿Y si yo le ofreciera mucho más que él?

Ella se detuvo , pero no se dio la vuelta en ningún momento.

·        HEYDEN: Sé de sus debilidades Sr . Bourke. Ya me advirtieron profusamente sobre ellas. Me temo que no todo es cuestión de dinero, ni de ventajas materiales.  Todos tenemos un precio, es verdad. Pero en mi caso, son mis servicios los que lo tienen. A mí no se me obtiene . - giró su cabeza hacia él-  No sé qué fue lo que les ofreció a las demás, pero mi concepto de lealtad es algo incalculable hasta para alguien como usted.

Y volviendo su cabeza hacia la puerta, recuperó la compostura mientras le movimiento de su figura era detenidamente seguido por él.
Sólo tras salir de allí y escuchar la puerta cerrarse, los nervios , aunque templados ligeramente, volvieron a apoderarse de su cuerpo. Mientras se dirigía a toda prisa hacia uno de los ascensores, rebuscó el móvil en su bolso , trató de encontrar el nombre pretendido y marcó. Señales de comunicación continua . una , dos y hasta tres veces seguidas en mitad de un estado exasperante de nervios e indecisión, de bloqueo mental por lo que acababa de pasar, y la inquietante necesidad de hablar con la única persona que podría sacarla de toda duda.

Detalles. Demasiados detalles encubiertos que sólo dos personas podían conocer . Detalles que la convertían en un presa relativamente  fácil en boca y manos del que se supone era su objetivo.
Contactos, llamadas, gente averiguando todo sobre ella desde vete a saber cuándo. ¿Hasta dónde habrían sido capaces de llegar?

Llamadas incesantes. Marcando el mismo teléfono una y otra vez , sin que hubiera respuesta al otro lado.

Nada más traerle el coche a la puerta del hotel , se subió bastante agitada al mismo  sin poder pensar con claridad, poniendo rumbo a su piso . Necesitaba sentirse segura , y eso no lo conseguiría en la casa de Robert.
Detrás suyo, sin que ella se percatase de nada, un coche la seguía muy de cerca, situación de la que hubiera podido percatarse de no encontrarse en un creciente estado de ansiedad  contra el que luchaba denodadamente.

Aparcado su vehículo en el parking del edificio , apenas cerró la puerta empujándola , pero ni se acordó de presionar el mano. Sólo necesitaba correr hacia el ascensor, continuar por aquel pasillo que se le hizo eterno, y entrar en su casa pasando el fechillo por dentro.
Aire de seguridad entre sus cuatro paredes, aquellas  que habían resultado lo único material realmente suyo , ansiado , peor que le recordaban como lo había conseguido, aunque en el fondo no le importase .

Era cierto. No se arrepentía de nada, porque por una vez , para conseguir el fin el medio hubiera dado igual, y el objetivo estaba más que conseguido.
Alejada de todo aquel mundo desde hacía tiempo, sabía que la marca en su piel no se borraría nunca . Siempre encontraría un cliente , por muy antiguo que fuese, en algún sitio, y sabía perfectamente que no todos conservarían la discreción suficiente como para tratarla como una mujer corriente y normal,  y no como aquello que ellos habían poseído.
Pero la cabeza a veces juega malas pasadas, y este caso no iba a ser diferente.

Dicen que quién tiene la información  tiene el poder. El poder y la fuerza para manejarlo todo y a todos, para poder usarlos como marionetas en la historia que quiera desarrollar. Todos somos actores de nuestra propia historia en definitiva. Y la libertad con la que nos desenvolvemos, es lo que produce que elijamos a quién, cómo y cuándo, proporcionamos la parte de nuestras vidas  que más nos convenga en ese momento preciso.
Pero cuando el actuante del que se presume que tiene la información es otro, y de sólo dos pinceladas, deja ver todo lo que posiblemente sepa de nosotros sin que sienta el menor pudor al respecto, nosotros , los que estamos en frente , el centro de esa información que maneja, nos convertimos en sus muñecos que debemos danzar a su antojo dependiendo del tipo de datos que sobre nosotros haya averiguado.

Eso era lo que realmente la desconcertaba. El juego se supone que era de otra forma, al menos así se lo habían vendido. No era miedo lo que sentía, sino inseguridad porque  sus pies parecían andar sobre un fino papel vegetal que se deslizase sobre agua de forma frágil .

Nunca le gustó sentirse insegura. La última vez que recordaba prometerse a sí misma que aquella sensación sería  olvidada para siempre, fue el día que escapó de su casa para no volver.

Sin embargo, en mitad de todo aquel cúmulo de sensaciones , de recuerdos y de nervios, que unas manos tocasen a la puerta , hizo que tuviera que reaccionar sobre dónde se encontraba.
Sin tan siquiera asomarse a la mirilla, algo que no hacía nunca, abrió la puerta directamente encontrándose a Andy justo detrás.

·        HEYDEN: ¡Dios! ¡Esto ahora no!
·        ANDY: Heyden….

Trató de cerrar la puerta empujándola con fuerza , pero él le hacía resistencia justo desde el otro lado, hasta que él la abrió de golpe , obligándola a retroceder.

·        HEYDEN: ¿Qué pu……….? Llamaré a la policía si no te largas de aquí ahora mismo.

Él cerró la puerta y se quedó delante de la misma.

·        ANDY: No lo harás.
·        HEYDEN : Muy seguro pareces.
·        ANDY: Lo estoy.

Apoyada en el sofá, él andaba dubitativo y muy lentamente hacia ella teniendo mucho cuidado ya que sabía que se encontraba a la defensiva.

·        HEYDEN: ¿Qué quieres de mí? ¿Te ha enviado tu amo?
·        ANDY: Lo que quiero es hablar contigo, y no, Bourke no es mi amo. Yo no tengo amo, sólo jefe o superior , y desde luego la última vez que le vi no se le parecía mucho.

Al ver su expresión, comenzó a comportarse con más naturalidad.

·        ANDY: ¿Más relajada? – visualizando todo el piso, parecía mostrar una especie de deliciosa conformidad con lo que se le mostraba delante suyo- Veo que las cosas no te han ido nada mal. ¿Dónde tienes las bebidas? Creo que necesitamos relajar un poco el ambiente.

Ella le indicó con los ojos  y él fue directamente. Sacó dos vasos del mismo mueble , y puso algo de bourbon que descubrió tras revisar todas las botellas.

·        ANDY: Buen bourbon. Algo fuerte nos irá bien.

Le ofreció el suyo, pero ella no dio un solo paso para ir a recogerlo obligándole a acercarse. Mientras bebía un sorbo del licor, sus ojos la observaban tan detenidamente como la noche de la fiesta, y como ella recordaba de él, pese a los años pasados, de forma tan directa como clara.

·        ANDY: Ha pasado mucho tiempo. Sin embargo, mirándote, cualquiera lo diría.
·        HEYDEN: Han pasado muchos años y muchas cosas por lo que veo.

Su tono, ciertamente agresivo , le hacía concluir que no le pondría las cosas fáciles.

·        ANDY: No deberías prejuzgarme.
·        HEYDEN: No lo hago. Me remito a los hechos recientes.
·        ANDY: Por eso precisamente te lo estoy diciendo.
·        HEYDEN: Considerando que la última vez que nos vimos te recomendé un traslado del Cuerpo y de la comisaría, y ahora resulta , que tú decidiste pasarte al bando contrario, la verdad,  no veo dónde cabe  el prejuicio.

Volvió a beber otro sorbo y decidió distanciarse de ella  .

·        ANDY:  ¿Acaso te juzgo yo por lo que hiciste para conseguir esto?- le dijo señalándole hacia lo que les rodeaba-.
·        HEYDEN: No diría que es lo mismo.

Acercándose hasta el sofá , decidió sentarse estirando sus brazos por encima del espaldar.

·        ANDY: La vida da muchas vueltas, y a veces uno tiene que tomar decisiones difíciles, y eso sí que sería lo mismo.

Ella se acercó sentándose en el otro extremo.

·        ANDY: Sé lo que estás pensando.
·        HEYDEN: -mostrándose irónica- ¿ no me digas?
·        ANDY: Y lo qué pensaste cuando me viste en la fiesta.
·        HEYDEN: Entonces ¿ por qué no me dices qué haces aquí?
·        ANDY: No creo que en este momento te des cuenta de lo que voy a decirte, pero si lo piensas con la cabeza fría , te darás cuenta de que tengo razón. – ella pareció mostrarse interesada -  Soy lo único que tienes dentro, y lo sabes.

Con gesto de desconfianza, continuó observándole.

·        ANDY: Lo sé. No te fías , y no te quito razón. Has visto algo y ahora parezco querer venderte lo contrario.
·        HEYDEN: Sé lo que vi, y no parecía otra cosa. Un perro obediente siguiendo la voz de su amo que no tuvo lo que había que tener para negarme el acceso a la cara , y menos aún para disculparse.
·        ANDY: Bonita síntesis – bebió un nuevo sorbo y se quedó observando el cambio de tonalidad del líquido que contenía el vaso , conforme lo rotaba en forma circular- pero equivocada. –  Volviendo a situar el vaso entre sus labios, bebió lo que restaba de un solo trago y le devolvió el rostro y la mirada observadora al detalle-  Te diré lo que vamos a hacer. Voy a dejar el vaso en la mesa y voy a levantarme. Me dirigiré a la puerta y me marcharé hasta donde aparqué el coche y me subiré a él esperando que me llames  y me digas que vuelva, eso sí, después de que hayas cogido tu móvil, marques ………déjame pensar……….. ¡ah sí! El uno y el siete si no recuerdo mal aunque claro ese no será el orden ya que confías más en uno que en el otro. Así que  marcarás primero el número siete  y hablarás con Fassworth preguntándole si sabe quién soy y lo que hago en la casa de Bourke, y sólo cuando él te haya dado una respuesta lo suficientemente satisfactoria, marcarás el uno y hablarás con Sanders para reconfirmar que soy el que digo ser, y que  trabajo en el lado correcto.

Y tal y como había dicho,  dejó el vaso en la mesita que tenía delante y, levantándose, Salió por la puerta del piso dejándola sola.
Ella buscó su teléfono, y justo cuando se disponía a marcar el número de alineación rápida, pensó el orden para hacerlo. La primera llamada no funcionó, continuaba sin cogérselo  pese a la insistencia. La segunda……….

Se dirigió a la puerta a toda velocidad, y la abrió para salir fuera del  edificio, pero nada más atravesarla, Andy se encontraba apoyado en la pared .

·        ANDY: Sin mi número no podías llamarme.

Retrocedió unos pasos, y apostada en la moldura, esperó a que volviese a adentrarse.

Con el sonido de su cierre, aquella frontera imaginaria de madera , resultaba el más idóneo de los puntos de partida desde cero.
De pie en mitad del salón, miró su reloj.

·        ANDY: Muy rápidas esas llamadas ¿no?
·        HEYDEN: No las he hecho.
·        ANDY: ¿Y eso?

Recogió los vasos de la mesa auxiliar y se dirigió de nuevo al mueble bar para volver a llenarlos.
Cuando lo hubo hecho, regresó hasta dónde él se encontraba  para devolverle el ofrecimiento.

·        HEYDEN: Porque prefiero que seas tú el que me lo cuente. El que me dé la primera versión.

Y ambos se sentaron en el sofá.

·        ANDY: ¿Estás segura?
·        HEYDEN: ¿Puede estarlo alguien?
·        ANDY: ¿Tú lo parecías cuando me echaste de la habitación en el hospital?
·        HEYDEN: Te hubiera matado. No había una próxima vez, ni advertencias veladas. Pero eso es otra historia que los dos conocemos perfectamente y no merece la pena remover.
·        ANDY: Claro. Y tú quieres oír la nueva.
·        HEYDEN: Soy toda oídos.

Sin dejar de mirar el vaso, sus dedos comenzaron a acariciar el frío cristal en su exterior tratando de pensar cómo y qué decirle sobre cómo habían cambiado las cosas desde la última vez que se vieron, porque aquella marcha, supuso algo más que un mal recuerdo. 

·        ANDY: Después de que me echaras del hospital, hice algunas llamadas. Contactos que aún me quedaban , y te hice caso. Me largué de la ciudad, del estado, y me fui a Chicago. Estuve en homicidios unos años, hasta que un amigo me dijo que la Agencia buscaba gente con específica formación policial y un expediente sin manchas ni nada raro. Me presenté, superé las pruebas y ya está. Dentro. Lo de  estar de incognito vino después, con el tiempo. Siempre buscan preferiblemente gente sin afiliación familiar , al menos cercana. No es agradable tener que asumir cargas ajenas, aunque supongo que eso – alzó sus ojos  hacia ella- ya lo sabes.

Durante todo el rato que estuvo hablando, Heyden no dejó de observar su movimiento nervioso con las manos, sus dedos. Amante del detalle , por costumbre y por trabajo, trató de quedarse con todo lo que le aportara algo de información sobre su vida estos años anteriores . Aquello, que posiblemente, no contaría de forma voluntaria.

·        HEYDEN: ¿Y Bourke?

Él bebió un nuevo sorbo, y dejó el vaso encima de la mesa que tenía delante.

·        ANDY: Digamos que no entré a trabajar con él siguiendo las reglas. Nunca se hace de esa forma y ellos lo saben, pero eso no cuenta. Si no calculo mal , debo llevar ahí dentro como unos siete años más o menos, y pese a todo, aún no se fía del todo de mí. Claro que, dudo que lo haga incluso de sí mismo.
·        HEYDEN: A mí no me pareció que no confiase precisamente.
·        ANDY: ¿Por el recado? Eso no es nada. Baste convivir con él un tiempo para darte cuenta de la clase de persona que es. Te acabas acostumbrando.
·        HEYDEN: No me refiero a eso. Antes. Estando  en el piso le hice una recriminación muy concreta y me aseveró que no era un cualquiera a quién había enviado con las disculpas.

Visualizó la sala por entero durante un instante antes de devolver la mirada a la mesa y al vaso. Le costaba mantenerla fija en ella. Los recuerdos de hace años, de momentos en que lo más que se recriminaba era ser mayor que ella,  y cómo Heyden se aprovechaba de resultar una dulce tentación para saber hasta dónde podría llegar, y como en más de una ocasión , esos límites deseó saltárselos sin temor a que su conciencia le recordase que era la hija de su capitán  y que éste estaba loco, y que era menor de edad pudiendo costarle la placa.
Nada de eso importaba entonces , pero nunca se había sentido tan a gusto con nadie como lo estaba con ella. Nadie hasta entonces, le había mostrado las distintas caras de la inocencia y de la entrega sincera cuando algo se quiere de veras.
Su sonrisa, sus enfados producto de un carácter marcado , y por medio del cual , parecía saber lo que quería y cómo obtenerlo, siendo este objetivo, en aquel instante, él.

Intentando guardar la compostura, evitando hacer las preguntas en alto  que su mente atesoraba , decidió volver  al tema de conversación central, pero al devolverle la mirada, observó que sus ojos quedaban fijos en un punto concreto: sus manos.

·        ANDY: ¿Sanders no te dijo que habría alguien dentro? Tuvo que habértelo dicho.
·        HEYDEN:  Lo hizo.
·        ANDY: Pues ahora tendrás que guardar el secreto- se sonrió- porque si descubren que he revelado mi identidad tan pronto me costará una buena bronca.

Sin poder evitarlo, comenzaba a ponerse nervioso.

·        HEYDEN: ¿No permiten que lo tengas puesto o ya no lo llevas?

Entendiendo por dónde iba la pregunta, se tocó el dedo anular como si faltase algo.

·        HEYDEN:  Tienes la marca, por eso te lo  pregunto.
·        ANDY: Prefieren que no lo lleves, pero aun así hace mucho tiempo que ya no está ahí.
·        HEYDEN: ¿No lo soportó?
·        ANDY: Demasiadas ausencias y fechas en solitario supongo.
·        HEYDEN: ¿Hijos?
·        ANDY: Dos. Una niña y un niño.  Están en Philadelphia con su madre y……….su nueva pareja. Buenos chicos. Y buenos estudiantes, ahí supongo que salen a la madre.- y se quedó mirando fijo hacia las manos de ella , dándose cuenta puesto que no pecó de discreción precisamente-  y tú…………
·        HEYDEN: No. No vas a encontrar marcas de desgaste o ensombrecimiento ya que apenas los llevo,  ni de diario. No. Ni me he casado, ni hay nadie en mi vida en estos momentos que merezca la pena mencionar.
·        ANDY: Y……….

Ella se levantaba mientras le respondía.

·        HEYDEN: Lo otro nunca ha sido siquiera una posibilidad viable.
Por el tono de su voz, Andy no sabía si la velada pregunta sin realizar, o  escucharse dar la respuesta , era lo que la tensaba y hacía que su tono de voz se agriase. Intentando poner algo de calma y normalidad, se levantó del sofá y se dirigió hasta la misma ventana.

·        ANDY: Bueno, en el fondo , siempre admiraste la libertad que poseías gracias a tu situación. Supongo , que ello te lo habrá hecho más fácil.
·        HEYDEN: ¿Qué parte? ¿La del club o la de la Agencia? Mi vida. Si al menos encontrase sentido a lo que eso significa ………….
·        ANDY: Nadie dijo que fuera fácil. Y desde luego- ella  giró su cabeza hacia él de forma rápida y tajante , silenciándolo-.
·        HEYDEN: No me arrepiento de lo que he hecho porque tenía que sobrevivir. Tenía que salir de aquella casa y nunca quise ser una carga para David. Podía haber terminado en la calle, o en un antro. Pero algo me dijo que debía acudir a la cita del panel. No fue fácil, nada fácil. Debiendo ponerme el listón cada vez más alto para evitar los acosos de algunos clientes y hasta de la encargada y dueña todopoderosa. Debiendo tragar más que las demás  que todavía se permitía el lujo de no aceptar según qué servicios. No. No me arrepiento de nada .Ni de lo hecho ni de lo pensado. No me arrepiento de mi estilo de vida que es lo único que pude sacar de todos aquellos años, contactos a parte. Pero ¿puedes hacerte una somera idea de cuánto hubiera dado por tener una vida normal? Y no hablo de familia exactamente.  Mi puñetera vida , de la que no me arrepiento, es una etiqueta difícil de borrar. A nadie le interesa lo que hay detrás, o lo que hayas tenido qué tragar o hacer ni con quién. Tú te metiste, tú recibiste, no tienes derecho a quejarte. Y conforme esas palabras retumbaban en mi cabeza con cada nuevo cliente, más ambiciosa me volvía, porque era la única forma de escapar de allí. De ser yo misma. Y ahora que puedo serlo, me doy cuenta de que sigo atrapada en u cuerpo maniatado por la etiqueta , que por dentro, no ha hecho más que llenarme de inseguridades, y que no me deja volver a ser yo. – volvió a mirar hacia el exterior mostrado a través del cristal-  Puedo sentir  pero no puedo enfrentarme a ello. Ya no soy la chiquilla arriesgada a la que todo le daba igual Andy. Aquella a la que le importaba poco  mostrarse rebelde y contestataria delante de su padre. Aquella que disfrutaba provocándole para que algún día se decidiese a apretar el gatillo de su arma  tantas veces colocada en frente mía, y así terminar con todo esto de una vez. No más etiquetas, no más justificaciones, no más miedo a sentir .

Aquellas palabras tan suyas , le dieron a él la imagen de que efectivamente mucho habían cambiado las cosas. Por mucho que los jefes o los papeles dijeran datos y circunstancias, éstos, eran incapaces de reflejar lo que verdaderamente podía llegar a sentir una persona cuando se enfrentaba a algo , aparentemente vendido de forma frívola.

Elegida para este caso mucho antes de que ella fuese consciente,  su nombre y presencia, fueron las dos razones para que Andy se presentase voluntario. Todo ello , sabiendo los riesgos que suponía, pero en cierta forma, necesitaba no sólo volver a verla y quizás, sólo quizás, tener la posibilidad de arreglar las cosas que tan mal terminaron entre ambos, o al menos, poder normalizar una relación de amistad  que nunca logró quitarse de la cabeza. 
Saber que podía coincidir con ella, protegerla, hacer algo bueno con lo que compensar lo que él entendió ,  mucho tiempo después , como un sacrificio por su parte, era lo que le esperanzaba  para presentarse voluntario, pese a poseer una familia detrás por aquel entonces.
La Agencia no tenía por costumbre aceptar agentes  encubiertos con cargas familiares. Así que él, tuvo que poner toda la carne en el asador, y mover algunos hilos , para que los superiores le aceptasen en este caso.
Ellos jamás preguntaron sus verdaderas motivaciones, pero su insistencia tampoco pasó inadvertida. No teniéndolo fácil al principio dado el carácter de Bourke para con quién trabajaba con él,  los resultados fueron llegando , y así pasaron los años. Lo que no llegaría , no  con el tiempo en principio prometido ni con fecha cierta, era su detención .

Escurridizo e inteligente, incluso le ocultaba pasos , planes e información a su gente. Habiendo Andy cometido actos que jamás hubiese pensado hacer sólo porque su jefe se lo mandataba, las pruebas de confianza  a las que le sometía entonces y aún , años después, seguía padeciendo, le hacían al convivencia a su lado llevadera pero no cómoda.

¿Cuántas veces  no se hubo preguntado qué habría sido de ella? ¿Cuántas veces no imaginó , dado su carácter decidido, que habría logrado conocer a alguien apasionado que fuera capaz de darle lo que sólo ella era capaz de pedir?  ¿Cuántas noches, teniendo ya su expediente entre sus manos, se preguntó  si esto la habría cambiado tanto y cuántas noches se habría ido a la cama llorando de impotencia? Unas palabras, las dicha por ella , bastaron para que todas sus dudas se disiparan. Para que todas aquellas preguntas mantenidas durante años desaparecieran, quedando sólo lamentar, que parte del sueño ansiado por él , se quedase en nada , al menos de momento.


Ana Patricia Cruz López
Todos los derechos reservados






1 comentario:

  1. Sin duda alguna un capitulo intenso, sentimientos, pensamientos y emociones develadas por parte de Heyden, su forma de ser y de actuar ante la vida, las decisiones que tomo y de las cuales no se arrepiente le han pasado factura, cada dia mas me gusta esta historia ya que me encanta el misterio y sin duda alguna y como ya lo he dicho antes me encantaria ver esta historia en la pantalla grande. Patricia Cruz eres Grande mujer Gracias por compartir este Don tuyo verdaderamente una historia sin igual.

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