CAPITULO DECIMO (TERCERA PARTE)
“Eres mío aunque no quiera.
Marioneta involuntaria de mis caprichos de mujer ante mis ojos.
Cuerpo deseado.
| RODIN. CASA MUSEO PARIS. Créditos foto APCL73 |
Sabia inteligencia.
Me hiciste tuya sin saberlo, sin darme cuenta.
Un gesto, una palabra….una mirada.
Enséñame a vivir en tu mundo,
Ante ti, te ofrezco mi alma´
Signo de mi rendición absoluta.”
SENTIMIENTOS ENCONTRADOS
La tormenta fue a más. Aquella noche predecía dificultades para
dormir. Pese a cerrarse bien las ventanas, el fuerte viento empujaba las ramas
de los árboles hacia las contraventanas,
organizando su propia orquesta con aquella parsimoniosa melodía alterada
por momentos.
Sarah siguió el consejo de Steve y tomó una ducha con agua templada.
Cuando estuvo a punto de finalizar, la luz se apagó de golpe. A tientas, intentó salir del plato de ducha , buscó la
toalla, se la enrolló en el cuerpo, y con mucho cuidado, fue hasta la cama para coger la ropa y vestirse. Sólo atinó a ponerse la sudadera
que le prestó, no se acordaba donde se encontraban los pantalones. Por suerte
le quedaba bastante larga.
Steve tocó a la puerta y la medio abrió .
• STEVE: ¿Estás bien?
• SARAH: Sí, por
suerte acababa la ducha.
• STEVE: Hay que
bajar, se está más seguro abajo . Voy a ver si encuentro la linterna y bajo al
sótano a ver los fusibles- entró en la habitación- sigue hablando necesito
saber dónde estás.
• SARAH: Estoy aquí.
Ella le alargó los brazos, y él extendió los suyos con cuidado dando
bandazos hasta dar con sus manos. Se las cogió con fuerza y salieron de la
habitación.
• STEVE: Escucha,
ahora procura no soltarte de la mano, iremos despacio. Necesito la otra libre
para tentar la pared por todo el pasillo hasta llegar a la escalera.
• SARAH: De acuerdo.
• STEVE: El viento ha
roto algunas de las contraventanas al lanzar las ramas de los árboles contra
ellas.
Fueron caminando muy despacio hasta llegar a lo alto de la escalera.
Steve, agarrado a la pared, comprobó lo cerca que se encontraba el primer
escalón al estirar el pie.
• STEVE: Bien , ya hemos
llegado a la escalera, ahora atiéndeme. Necesito tener las dos manos, una para la barandilla y otra para la pared,
así que tendrás que cogerte a mi cintura. Yo bajaré cada escalón despacio y
luego bajas tú, procura pegarte bien a mí
y no te separes .
• SARAH: De acuerdo.
Durante la bajada del primer escalón, la falta de cálculo de
ella, hizo que juntase su cuerpo a la espalda de él más de lo que
Steve hubiese deseado. Sentirla así, natural, sin más impedimento entre
su piel y la de él que la sudadera, le
resultaba desconcentrante por momentos y parecía costarle seguir.
• SARAH: Lo siento,
me cuesta calcular a oscuras cuando no conozco la casa.
• STEVE: No te
preocupes- dijo con aparente normalidad.
Continuaron bajando despacio, y
ella, al intentar bajar otro de los
escalones, le empujó hasta el punto de
casi caerse si él no la hubiera agarrado
por la cintura, aún a riesgo de rodar
los dos por las escaleras. La percepción de su aliento cerca de su boca, hizo
que ella hiciese una composición de lugar de cómo estaban situados ambos. Él
podía sentir su respiración sabiendo lo cerca que tenía sus labios, y aunque la
situación era de lo más tentadora, decidió dejarlo pasar, después de hacer el gesto de rabia e
impotencia característico aprovechando que ella no podía verle.
• SARAH: Nunca soy
tan torpe.
• STEVE: Escucha, la
seguridad te la dará agarrarte con una mano a mi cintura y con la otra a la
barandilla, ello te permitirá ir más erguida y no perder el equilibrio.
• SARAH: Está bien.
Cuando ella puso su mano en la barandilla , la colocó directamente
sobre la mano de él, y aunque no le veía , se sintió observada de forma
directa. A continuación, sin más palabras, cuando reaccionó , la retiró de
golpe como si se tratase de un acto reflejo.
Al llegar a la parte baja, logró dejarla sentada en el sofá mientras
él intentaba localizar la linterna para bajar al sótano. Por suerte, su amigo
solía ser previsor y la dejaba en lugar visible y accesible, encima de la
nevera , al lado de un pequeño cesto que
contenía velas. En el salón, aún contaban con la luz de la chimenea, lo que
trasmitía un poco más de tranquilidad. Unos diez minutos después , Steve volvía
del sótano con relativas malas noticias.
• STEVE: No son los
fusibles, debe de haberse caído una torre de alta tensión en alguna parte.
• SARAH: La
perspectiva mejora.
• STEVE: Viendo este
viento, a mí no me extrañaría que hasta
la carretera estuviera cortada por la caída de algún árbol.- Steve no se había
percatado hasta ese instante de lo bien que le sentaba a ella su sudadera. Tenía un aspecto diferente, con
el pelo suelto húmedo, caído por un lado sobre el pecho, en plan alocado y salvaje, y descalza. Casi
se derrumbaba su planta de mujer dura y de carácter, si no fuera,
porque eso es algo que no se deja en un cajón.- Bien , me parece que la noche se nos avecina
larga.
• SARAH: Y no hemos
terminado de cenar.
• STEVE: Eso es
cierto. Espera aquí , voy a buscar las cosas, incluyendo el libro.
Cuando Steve regresó, ella se encontraba sentada en la alfombra, con
las piernas estiradas por debajo de la mesa y su espalda apoyada en el sofá.
Él sirvió de nuevo las copas, y
mientras continuaban cenando, buscaba el
punto exacto donde habían dejado la lectura.
Una vez lo hubo localizado, volvió a mirarla por completo .
Ella que pensaba que era por su falta de pantalones , se miró las
piernas , y se estiró hacia abajo la sudadera un poco más.
• SARAH: Lo sé, pero
de milagro encontré esto. Menos mal que me queda larga.
• STEVE: - Con una
medio sonrisa interesada- No he dicho nada.
• SARAH: Pero te lo
digo, sobre todo para que no pienses que
me gusta ir semidesnuda por las casas
ajenas , por lo menos de quien no conozco.
Steve no pudo evitar reírse.
• STEVE: ¿Continúo yo
o prefieres empezar a hacerlo tú?
Desde donde ella se encontraba sentada , su perspectiva no podía
resultar más atrayente. La luz del fuego de la chimenea le iluminaba la cara
lateralmente, otorgando un espectacular y extraño color en los ojos, el segundo
tono que le había visto hoy. Ese tostado
oscilante de su piel y un pelo relativamente más oscuro por el efecto de la
luz, lo hacía especialmente……….diferente
a cualquier otra perspectiva , ni siquiera el color del sol en pleno
atardecer, le otorgaba aquella belleza
extraña que el fuego le brindaba.
Él , sabiendo que ella le observaba de forma diferente a como lo había
hecho hasta ahora, lejos de sobrecogerse
o disimular, prefirió disfrutar del momento de apoderamiento invisible de su
persona y de su cuerpo, mientras él hacía lo propio con ella.
Una observación minuciosa de como
los labios de ella se entreabrían para beber un nuevo sorbo de vino
blanco mientras su paladar saboreaba el delicioso manjar , y el sutil gesto
final, apretar sus labios como para que aquella sensación dejada por el líquido
elemento, no tuviera opción a
escapársele.
• SARAH: Me gustaría
poder escucharte un poco más.
• STEVE: - con una
sonrisa picarona en su cara- De acuerdo.
Dentro de su capacidad de concentración, se percató de que era permanentemente
observado.
• STEVE: “Libre
. Constante. Segura. Así haces que me sienta ,
y no puedo , no quiero dejar de sentirme así.
¿Antes que era? Ya ni me acuerdo. Una sombra, un espectro de mi misma.
Una mujer sin raza, sin fuerzas. Sólo un cuerpo. Un desaprovechado cuerpo que
no es capaz de reconocerse en el espejo, igual que un guiñapo estropajeado y
afeado con los años y con el maltrato que el tiempo ha hecho en él.
Recuerdo un tiempo, en que mi cuerpo era ágil, deseado. Un tiempo, en
que los hombres se daban la vuelta cuando se percataban de mi presencia y
disfrutaban con el contoneo de mi cuerpo , imaginando sus manos en mis caderas
y sus miembros viriles en mi interior, cual prostituta de lujo, sin pago a
medias, o sedienta necesitada de sexo habitual, a la que le diese igual todo
con tal de obtener lo que la saciara.
Y también recuerdo, a quién hizo de mí lo que era , antes de que tú me
encontrases.
Mal amor lo llaman. Veneno en sangre , cuyo recorrido fatal atenaza mis
sentidos al circular a la misma velocidad que mi rabia. Sentimientos presas de
la opulencia exterior, de los placeres materiales, de los halagos fáciles, del
puro instinto, doblegado a la voluntad del que más tiene.
Lo tuve todo, sí, menos la dignidad y la certeza, perdida por un camino
sin migas de pan ni huellas. Eximidas de toda culpa, fueron víctimas de la
ambigüedad en la que me vi sumida y que me nubló mi sentido de la realidad. Mi
verdad. Aquella por la que me había guiado siempre.
Y yo, ignorante, rompí mis principios , mis reglas, mi alma ,
haciéndolos desaparecer, y permitiendo que ni mi mente reconociera , cuando vi
en lo que me estaba convirtiendo.
Deseaba mostrarme como lo que ellos querían. Sí, ese fue mi pecado, ese
mi augurio de un final que se veía venir.
Yo, que tuve todo el poder y la gloria en mis manos, vi como se
escurría a la misma velocidad que habían venido, sin dejar huella ni rastro que
seguir, apagando toda luz que iluminase
mi centro y me permitiera continuar. Porque , pese al destrozo, pese a los
daños colaterales de a quiénes acompañé alguna vez en el sentimiento cuando les
vi caer, mi espíritu, en aquel instante, confundido, deseaba proseguir en la
senda que lo continuaría destruyendo , sin mirar atrás, sin mirar a ninguna
parte, sin escuchar los alaridos suplicantes de que se detuviera .
Recuerdo un tiempo, en que mi cuerpo desnudo , frente al gran espejo de
la vida, no era más que carne inmunda que rechazar , sesgando trozos de mi piel
con las uñas , para desprenderme de ella, sin querer que mis heridas se
cubrieran , como señal inequívoca que
era indigna para seguir viviendo ante los ojos de los demás”.
Durante mucho tiempo más , ella seguía disfrutando de la vista y del
sonido de su voz , mientras él leía y adelantaba las páginas.
Entre tanto, la cena había desaparecido de los platos
paulatinamente, y el vino ya iba bajando
su nivel en la segunda botella.
Él decidió parar un momento para coger resuello, y ella , continuaba
observándole con máxima atención, aunque muy relajadamente, quizás por el
efecto del vino y el calor de la chimenea.
• STEVE: Realmente
cambia la perspectiva cuando se lee más despacio y en alto.
• SARAH: Tú que dices
haberte leído todo lo mío anterior a éste, ¿cuál es el cambio?
• STEVE: ¿Cuál? Es
todo. Tipo de texto, sentimiento, temática.
Normalmente solías escribir cosas más cotidianas , historias más frías ,
por decirlo de alguna forma.
• SARAH: ¿Frías?
• STEVE: En las
relaciones personales resultabas demasiado …. No sé cómo decírtelo…
• SARAH: Inténtalo.
• STEVE: Eras
demasiado directa, muy explícita y muy directa. No es que no estuviera bien, de
echo a la gente le gustaba lo que escribías , nadie tiene un record de
ventas cinco años consecutivos por nada, pero todo resultaba demasiado
práctico, demasiado tirar a matar , no
sé si me entiendes. Tus personajes femeninos aparecían casi masculinizados,
perdían su propia naturaleza. No es que no fuera bueno un rato entre iguales ,
pero ……….
• SARAH: Demasiado
autosuficientes, demasiado “ tíos “ para marcar que pueden.
• STEVE: Exactamente,
y no es que no sea bueno, pero todas eran iguales, mujeres de carácter fuerte
que parecieran llevar una guerra
permanentemente consigo mismas.
• SARAH: Entonces ,
según tu criterio, ¿el problema estaría en la autosuficiencia o en su carácter
fuerte?
Steve bebió un nuevo sorbo de vino y se levantó para estirar las piernas.
• STEVE: Yo no he
dicho que haya un problema en la construcción de tus personajes, sólo que…
• SARAH: A lo mejor
es que, lo que tú ves como un problema sólo oculta tus verdaderos miedos.
• STEVE: -
sorprendido - ¿Miedos?
• SARAH: Sí. ¿Cómo te
gustan las mujeres ?
Una pregunta directa que volvía no sólo a dejarle traspuesto , sino
que su capacidad de respuesta volvía a mermarse considerablemente.
• STEVE: No estamos
hablando de mí.
• SARAH: - se sonreía
mientras bebía un nuevo sorbo- En toda la línea de flotación, sí señor, la
respuesta políticamente correcta y debidamente preparada en algún rinconcito de
ese privilegiado cerebro.
• STEVE: Creía que
hablábamos de tus libros y tus protagonistas femeninos. Si llego a saber que
esto se iba a convertir en un test sobre mis gustos sexuales, hubiera tenido otro tipo de respuesta
preparada.
Su tono irónico evidenciaba una ligera molestia con los
derroteros que estaba adoptando la
conversación.
• SARAH: Uh, vaya, el
señorito inglés se ha molestado. Vuelvo
a decirte, y ya lo hice en la cocina,
que no hay palabras mal dichas sino mal interpretadas. Tras muchos
estudios de mercado elaborados por mi editorial , sobre el parámetro que siguen
mis lectores masculinos, te aseguro que los resultados que arrojaron en más de
un ochenta por ciento sobre lo qué les motivaba de mis protagonistas femeninas, tenía más que ver con sus estereotipos
sexuales que sobre el carácter en sí de ellas.
Steve apuró su copa después de esta explicación y volvió a servirse,
cogió una nuez de las pocas que quedaban , parecía nervioso. Se apoyó en el
saliente de encima de la chimenea observando el cambio continuo del fuego.
Sarah comenzó a notarse tensa e incómoda. Cuando Steve volvió a
girarse para sentarse de nuevo, la vio con rostro molesto, girando la cabeza
intentando aliviarse el cuello y con la mano en su nuca.
• STEVE: ¿Molesta?
• SARAH: Últimamente
no duermo demasiado bien, y éste es mi punto débil, todas las tensiones me van
al mismo sitio.
• STEVE: Yo podría
ayudarte- momento de silencio casi condicional- si quieres.
Ella centró una vez más sus ojos en su anfitrión, separó las manos de su cuello, y con los brazos a cada lado y la cabeza baja
, él contaba con su asentimiento.
Steve dejó la copa en la mesa.
• STEVE: Voy a traer
algo.
Fue al botiquín de la cocina con la linterna y se trajo un botecito de
aceite balsámico . Se sentó en el borde del sofá, detrás de ella, con sus piernas a ambos lados.
Ella se recogió el pelo como pudo y lo colocó a un lado, y se abrió el cuello de la sudadera todo lo
que dio de sí, para echarla hacia detrás
y dejarle espacio .
La imagen de su cuello y parte de su espalda, desnudo, a su libre
disposición, sin obstáculo alguno, sin
impedimento, resultaban deliciosamente tentadores.
Abrió el tarrito, se echó una gotita de su contenido en las manos y se
lo extendió procurando calentarlas. Tras pensárselo un instante e intentar tragar
saliva, tomó aire profundamente, y con ambas manos, con mucha suavidad, a ambos
lados de la nuca, comenzó a presionar en círculos con los pulgares en la base del cráneo.
Por su parte, ella, expectante y no confiada del todo, comenzó a
sentir la presión de aquellos dedos bajar lentamente desde su punto inicial
hasta la base de la nuca y comienzo de la espalda , mientras el resto de los
dedos ejercían presiones similares. Apenas bastaron aquellos segundos de
presión, para comenzar a notar un ligero
alivio . Ella comenzaba a sentirse más floja e ida conforme sentía deslizarse
en sentido ascendente aquellos dedos bañados en aceite, hasta el punto de que
la cabeza parecía pesarle más de lo que pensaba y se dejaba ir.
En un momento determinado, dejó
caer la cabeza hacia delante mientras él cambiaba la ubicación de sus manos hacia sus hombros.
Cerrando sus ojos , no era capaz de oír el viento que arremetía
fuertemente contra las ventanas, ni la
fuerza del agua caer.
Y él, presionaba cada vez más fuerte, mientras su
cabeza , parecía evadirse en otras
imágenes , mientras sus manos apreciaban ese más que roce con su piel. Sin
darse cuenta, tocó más fuerte de lo
esperado en un punto del hombro izquierdo y ella se resintió , dejó caer su
cabeza encima de él y le agarró las manos.
Aquella visión de su rostro, con
los ojos cerrados y sus labios
ligeramente entre abiertos , la hacían el deseo más apetecible. Sentir que sus
manos volvían a estar unidas, provocaba
en él , que el hecho de tener que
retenerse le resultase sumamente doloroso.
Miró al techo, volvió a cerrar
sus ojos por un instante y resopló. Comenzaba a notar la falta de aire que la
situación de por sí le provocaba. Cuando volvió a bajar la cabeza, se encontró directamente con sus ojos
abiertos , mirándole fijamente. Aquella lucha que mantenía en silencio, entre
su interior que reclamaba arriesgarse y hacerla suya y su cerebro, que le recordaba la cordura que debía
imperar, lo mantenían tenso. Deseo frente a cerebro. Difícil elección.
Ninguno de los dos parecían querer dejar esa situación. Sarah se
encontraba más cómoda de lo que esperaba,
y con un punto de relajación extremo dada la mezcla del vino y sus manos
.A él, le encanta sentir que había algo
diferente, quizás más confianza, quizás otra vuelta de tuerca más .
Ella, sintiendo en lo que podía acabar todo aquello, decidió pararlo
antes de que no fuese capaz de controlarlo.
• SARAH: Será mejor
volver al libro.
Steve bajó la cabeza devuelto a
la más cruda realidad, su propuesta y compromiso. Sólo había sido un instante,
había sido un poco suya aunque fuese por un mínimo instante.
Ana Patricia Cruz López
Todos los derechos reservados
Indudablemente ANA PATRICIA CRUZ LOPEZ me tienes... soy tuya, haz de mi lo que quieras, que barbaridad, esta historia es fenomenal tanto en el aspecto en como esta narrada, el hecho que haya una historia dentro de otra historia es lo que mas me atrae, esta habilidad tuya para incorporar parte de una historia y que a la vez este tan bien llevada, bueno que te digo me fascina, ya no se que mas decir mas que Gracias Totales, y lo que dije al principio es cierto, Soy tuya... soy tu fan numero 9,999,999,999.99 hahahaha se que no soy la única que le voy hacer. otra cosa muy corto también hahaaha
ResponderEliminarhmmmmmm.... :3 ja ja ja! yo se lo que sucede alli :P
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