domingo, 11 de octubre de 2015

UNA HISTORIA INACABADA. CAPITULO DECIMO TERCERA PARTE. Sentimientos encontrados. (Registrada en SAFE CREATIVE JUNIO 2015)

CAPITULO DECIMO (TERCERA PARTE)

“Eres mío aunque no quiera.
Marioneta involuntaria de mis caprichos de mujer ante mis ojos.
Cuerpo deseado.
RODIN. CASA MUSEO PARIS.
Créditos foto APCL73
Sabia inteligencia.
Me hiciste tuya sin saberlo, sin darme cuenta.
Un gesto, una palabra….una mirada.
Enséñame a vivir en tu mundo,
Ante ti, te ofrezco mi alma´
Signo de mi rendición absoluta.”

SENTIMIENTOS ENCONTRADOS

La tormenta fue a más. Aquella noche predecía dificultades para dormir. Pese a cerrarse bien las ventanas, el fuerte viento empujaba las ramas de los árboles hacia las contraventanas,  organizando su propia orquesta con aquella parsimoniosa melodía alterada por momentos.

Sarah siguió el consejo de Steve y tomó una ducha con agua templada. Cuando estuvo a punto de finalizar, la luz se apagó de golpe. A tientas,  intentó salir del plato de ducha , buscó la toalla,  se  la enrolló en el cuerpo,  y con mucho cuidado,  fue hasta la cama para coger la ropa  y vestirse. Sólo atinó a ponerse la sudadera que le prestó, no se acordaba donde se encontraban los pantalones. Por suerte le quedaba bastante larga.

Steve tocó a la puerta y la medio abrió .

•             STEVE: ¿Estás bien?
•             SARAH: Sí, por suerte acababa la ducha.
•             STEVE: Hay que bajar, se está más seguro abajo . Voy a ver si encuentro la linterna y bajo al sótano a ver los fusibles- entró en la habitación- sigue hablando necesito saber dónde estás.
•             SARAH: Estoy aquí.

Ella le alargó los brazos, y él extendió los suyos con cuidado dando bandazos hasta dar con sus manos. Se las cogió con fuerza y salieron de la habitación.


•             STEVE: Escucha, ahora procura no soltarte de la mano, iremos despacio. Necesito la otra libre para tentar la pared por todo el pasillo hasta llegar a la escalera.
•             SARAH: De acuerdo.
•             STEVE: El viento ha roto algunas de las contraventanas al lanzar las ramas de los árboles contra ellas.

Fueron caminando muy despacio hasta llegar a lo alto de la escalera. Steve, agarrado a la pared, comprobó lo cerca que se encontraba el primer escalón al estirar el pie.

•             STEVE: Bien , ya hemos llegado a la escalera, ahora atiéndeme. Necesito tener las dos manos,  una para la barandilla y otra para la pared, así que tendrás que cogerte a mi cintura. Yo bajaré cada escalón despacio y luego bajas tú, procura pegarte bien a mí  y no te separes .
•             SARAH: De acuerdo.

Durante la bajada del primer escalón, la falta de cálculo de ella,  hizo que juntase  su cuerpo a la espalda de él  más de lo que  Steve hubiese deseado. Sentirla así, natural, sin más impedimento entre su piel y la de él que la sudadera,  le resultaba desconcentrante por momentos y parecía costarle seguir.

•             SARAH: Lo siento, me cuesta calcular a oscuras cuando no conozco la casa.
•             STEVE: No te preocupes- dijo con aparente normalidad.

Continuaron bajando despacio,  y ella,  al intentar bajar otro de los escalones,  le empujó hasta el punto de casi caerse  si él no la hubiera agarrado por la cintura,  aún a riesgo de rodar los dos por las escaleras. La percepción de su aliento cerca de su boca, hizo que ella hiciese una composición de lugar de cómo estaban situados ambos. Él podía sentir su respiración sabiendo lo cerca que tenía sus labios, y aunque la situación era de lo más tentadora, decidió dejarlo pasar,  después de hacer el gesto de rabia e impotencia característico aprovechando que ella no podía verle.

•             SARAH: Nunca soy tan  torpe.
•             STEVE: Escucha, la seguridad te la dará agarrarte con una mano a mi cintura y con la otra a la barandilla, ello te permitirá ir más erguida y no perder el equilibrio.
•             SARAH: Está bien.

Cuando ella puso su mano en la barandilla , la colocó directamente sobre la mano de él, y aunque no le veía , se sintió observada de forma directa. A continuación, sin más palabras, cuando reaccionó , la retiró de golpe como si se tratase de un acto reflejo.

Al llegar a la parte baja, logró dejarla sentada en el sofá mientras él intentaba localizar la linterna para bajar al sótano. Por suerte, su amigo solía ser previsor y la dejaba en lugar visible y accesible, encima de la nevera , al lado de un  pequeño cesto que contenía velas. En el salón, aún contaban con la luz de la chimenea, lo que trasmitía un poco más de tranquilidad. Unos diez minutos después , Steve volvía del sótano con relativas malas noticias.

•             STEVE: No son los fusibles, debe de haberse caído una torre de alta tensión en alguna parte.
•             SARAH: La perspectiva mejora.
•             STEVE: Viendo este viento,   a mí no me extrañaría que hasta la carretera estuviera cortada por la caída de algún árbol.- Steve no se había percatado hasta ese instante de lo bien que le sentaba a ella  su sudadera. Tenía un aspecto diferente, con el pelo suelto húmedo, caído por un lado sobre el pecho,  en plan alocado y salvaje, y descalza. Casi se derrumbaba su planta de mujer dura y de carácter,  si no fuera,  porque eso es algo que no se deja en un cajón.-  Bien , me parece que la noche se nos avecina larga.
•             SARAH: Y no hemos terminado de cenar.
•             STEVE: Eso es cierto. Espera aquí , voy a buscar las cosas, incluyendo el libro.

Cuando Steve regresó, ella se encontraba sentada en la alfombra, con las piernas estiradas por debajo de la mesa y su espalda apoyada en el sofá.

Él sirvió de nuevo las copas,  y mientras  continuaban cenando, buscaba el punto exacto donde habían dejado la lectura.
Una vez lo hubo localizado, volvió a mirarla por completo .
Ella que pensaba que era por su falta de pantalones , se miró las piernas , y se estiró hacia abajo la sudadera un poco más.

•             SARAH: Lo sé, pero de milagro encontré esto. Menos mal que me queda larga.
•             STEVE: - Con una medio sonrisa interesada- No he dicho nada.
•             SARAH: Pero te lo digo, sobre todo  para que no pienses que me gusta ir semidesnuda  por las casas ajenas , por lo menos de quien no conozco.

Steve no pudo evitar reírse.

•             STEVE: ¿Continúo yo o prefieres empezar a hacerlo tú?

Desde donde ella se encontraba sentada , su perspectiva no podía resultar más atrayente. La luz del fuego de la chimenea le iluminaba la cara lateralmente, otorgando un espectacular y extraño color en los ojos, el segundo tono que le había visto hoy.  Ese tostado oscilante de su piel y un pelo relativamente más oscuro por el efecto de la luz,  lo hacía especialmente……….diferente a cualquier otra perspectiva , ni siquiera el color del sol en pleno atardecer,  le otorgaba aquella belleza extraña que el fuego le brindaba.
Él , sabiendo que ella le observaba de forma diferente a como lo había hecho  hasta ahora, lejos de sobrecogerse o disimular, prefirió disfrutar del momento de apoderamiento invisible de su persona y de su cuerpo, mientras él hacía lo propio con ella.
Una observación minuciosa de como  los labios de ella se entreabrían para beber un nuevo sorbo de vino blanco mientras su paladar saboreaba el delicioso manjar , y el sutil gesto final, apretar sus labios como para que aquella sensación dejada por el líquido elemento, no  tuviera opción a escapársele.

•             SARAH: Me gustaría poder escucharte un poco más.
•             STEVE: - con una sonrisa picarona en su cara- De acuerdo.

Dentro de su capacidad de concentración, se percató de que era permanentemente observado.

•             STEVE: “Libre . Constante. Segura. Así haces que me sienta ,  y no puedo , no quiero dejar de sentirme así.
¿Antes que era? Ya ni me acuerdo. Una sombra, un espectro de mi misma. Una mujer sin raza, sin fuerzas. Sólo un cuerpo. Un desaprovechado cuerpo que no es capaz de reconocerse en el espejo, igual que un guiñapo estropajeado y afeado con los años y con el maltrato que el tiempo ha hecho en él.

Recuerdo un tiempo, en que mi cuerpo era ágil, deseado. Un tiempo, en que los hombres se daban la vuelta cuando se percataban de mi presencia y disfrutaban con el contoneo de mi cuerpo , imaginando sus manos en mis caderas y sus miembros viriles en mi interior, cual prostituta de lujo, sin pago a medias, o sedienta necesitada de sexo habitual, a la que le diese igual todo con tal de obtener lo que la saciara.
Y también recuerdo, a quién hizo de mí lo que era , antes de que tú me encontrases.

Mal amor lo llaman. Veneno en sangre , cuyo recorrido fatal atenaza mis sentidos al circular a la misma velocidad que mi rabia. Sentimientos presas de la opulencia exterior, de los placeres materiales, de los halagos fáciles, del puro instinto, doblegado a la voluntad del que más tiene.

Lo tuve todo, sí, menos la dignidad y la certeza, perdida por un camino sin migas de pan ni huellas. Eximidas de toda culpa, fueron víctimas de la ambigüedad en la que me vi sumida y que me nubló mi sentido de la realidad. Mi verdad. Aquella por la que me había guiado siempre.
Y yo, ignorante, rompí mis principios , mis reglas, mi alma , haciéndolos desaparecer, y permitiendo que ni mi mente reconociera , cuando vi en lo que me estaba convirtiendo.
Deseaba mostrarme como lo que ellos querían. Sí, ese fue mi pecado, ese mi augurio de un final que se veía venir.

Yo, que tuve todo el poder y la gloria en mis manos, vi como se escurría a la misma velocidad que habían venido, sin dejar huella ni rastro que seguir, apagando toda luz que  iluminase mi centro y me permitiera continuar. Porque , pese al destrozo, pese a los daños colaterales de a quiénes acompañé alguna vez en el sentimiento cuando les vi caer, mi espíritu, en aquel instante, confundido, deseaba proseguir en la senda que lo continuaría destruyendo , sin mirar atrás, sin mirar a ninguna parte, sin escuchar los alaridos suplicantes de que se detuviera .

Recuerdo un tiempo, en que mi cuerpo desnudo , frente al gran espejo de la vida, no era más que carne inmunda que rechazar , sesgando trozos de mi piel con las uñas , para desprenderme de ella, sin querer que mis heridas se cubrieran , como señal inequívoca que  era indigna para seguir viviendo ante los ojos de los demás”.


Durante mucho tiempo más , ella seguía disfrutando de la vista y del sonido de su voz , mientras él leía y adelantaba las páginas.

Entre tanto, la cena había desaparecido de los platos paulatinamente,  y el vino ya iba bajando su nivel en la segunda botella.

Él decidió parar un momento para coger resuello, y ella , continuaba observándole con máxima atención, aunque muy relajadamente, quizás por el efecto del vino y el calor de la chimenea.

•             STEVE: Realmente cambia la perspectiva cuando se lee más despacio y en alto.
•             SARAH: Tú que dices haberte leído todo lo mío anterior a éste, ¿cuál es el cambio?
•             STEVE: ¿Cuál? Es todo. Tipo de texto, sentimiento, temática.  Normalmente solías escribir cosas más cotidianas , historias más frías , por decirlo de alguna forma.
•             SARAH: ¿Frías?
•             STEVE: En las relaciones personales resultabas demasiado …. No sé cómo decírtelo…
•             SARAH: Inténtalo.
•             STEVE: Eras demasiado directa, muy explícita y muy directa. No es que no estuviera bien, de echo a la gente le gustaba lo que escribías , nadie tiene un record  de  ventas cinco años consecutivos por nada, pero todo resultaba demasiado práctico, demasiado tirar a matar  , no sé si me entiendes. Tus personajes femeninos aparecían casi masculinizados, perdían su propia naturaleza. No es que no fuera bueno un rato entre iguales , pero ……….
•             SARAH: Demasiado autosuficientes, demasiado “ tíos “ para marcar que pueden.
•             STEVE: Exactamente, y no es que no sea bueno, pero todas eran iguales, mujeres de carácter fuerte que parecieran llevar una guerra  permanentemente consigo mismas.
•             SARAH: Entonces , según tu criterio, ¿el problema estaría en la autosuficiencia o en su carácter fuerte?

Steve bebió un nuevo sorbo de vino y se levantó  para estirar las piernas.

•             STEVE: Yo no he dicho que haya un problema en la construcción de tus personajes, sólo que…
•             SARAH: A lo mejor es que, lo que tú ves como un problema sólo oculta tus verdaderos miedos.
•             STEVE: - sorprendido - ¿Miedos?
•             SARAH: Sí. ¿Cómo te gustan las mujeres ?

Una pregunta directa que volvía no sólo a dejarle traspuesto , sino que su capacidad de respuesta volvía a mermarse considerablemente.

•             STEVE: No estamos hablando de mí.
•             SARAH: - se sonreía mientras bebía un nuevo sorbo- En toda la línea de flotación, sí señor, la respuesta políticamente correcta y debidamente preparada en algún rinconcito de ese privilegiado cerebro.
•             STEVE: Creía que hablábamos de tus libros y tus protagonistas femeninos. Si llego a saber que esto se iba a convertir en un test sobre mis gustos sexuales,  hubiera tenido otro tipo de respuesta preparada.

Su tono irónico evidenciaba una ligera molestia con los derroteros  que estaba adoptando la conversación.

•             SARAH: Uh, vaya, el señorito inglés  se ha molestado. Vuelvo a decirte, y ya lo hice en la cocina,  que no hay palabras mal dichas sino mal interpretadas. Tras muchos estudios de mercado elaborados por mi editorial , sobre el parámetro que siguen mis lectores masculinos, te aseguro que los resultados que arrojaron en más de un ochenta por ciento sobre lo qué les motivaba de mis protagonistas femeninas,  tenía más que ver con sus estereotipos sexuales que sobre el carácter en sí de ellas.

Steve apuró su copa después de esta explicación y volvió a servirse, cogió una nuez de las pocas que quedaban , parecía nervioso. Se apoyó en el saliente de encima de la chimenea observando el cambio continuo del fuego.
Sarah comenzó a notarse tensa e incómoda. Cuando Steve volvió a girarse para sentarse de nuevo, la vio con rostro molesto, girando la cabeza intentando aliviarse el cuello y con la mano en su nuca.

•             STEVE: ¿Molesta?
•             SARAH: Últimamente no duermo demasiado bien, y éste es mi punto débil, todas las tensiones me van al mismo sitio.
•             STEVE: Yo podría ayudarte- momento de silencio casi condicional- si quieres.

Ella centró una vez más sus ojos en su anfitrión,  separó las manos de su cuello,  y con los brazos a cada lado y la cabeza baja , él contaba con  su  asentimiento.
Steve dejó la copa en la mesa.

•             STEVE: Voy a traer algo.

Fue al botiquín de la cocina con la linterna y se trajo un botecito de aceite balsámico . Se sentó en el borde del sofá, detrás de ella,  con sus piernas a ambos lados.
Ella se recogió el pelo como pudo y lo colocó a un lado,  y se abrió el cuello de la sudadera todo lo que dio de sí,  para echarla hacia detrás y dejarle espacio .
La imagen de su cuello y parte de su espalda, desnudo, a su libre disposición,  sin obstáculo alguno, sin impedimento, resultaban deliciosamente tentadores.

Abrió el tarrito, se echó una gotita de su contenido en las manos y se lo extendió  procurando calentarlas.  Tras pensárselo un instante e intentar tragar saliva, tomó aire profundamente, y con ambas manos, con mucha suavidad, a ambos lados de la nuca, comenzó a presionar en círculos  con los pulgares en la base del cráneo.
Por su parte, ella, expectante y no confiada del todo, comenzó a sentir  la presión de aquellos dedos   bajar lentamente desde su punto inicial hasta la base de la nuca y comienzo de la espalda , mientras el resto de los dedos ejercían presiones similares. Apenas bastaron aquellos segundos de presión,  para comenzar a notar un ligero alivio . Ella comenzaba a sentirse más floja e ida conforme sentía deslizarse en sentido ascendente aquellos dedos bañados en aceite, hasta el punto de que la cabeza parecía pesarle más de lo que pensaba y se dejaba ir.
En un momento determinado,  dejó caer la cabeza hacia delante mientras él cambiaba la ubicación de  sus manos hacia sus hombros.
Cerrando sus ojos , no era capaz de oír el viento que arremetía fuertemente contra las  ventanas, ni la fuerza del agua caer.
 Y él,  presionaba cada vez más fuerte, mientras su cabeza ,  parecía evadirse en otras imágenes , mientras sus manos apreciaban ese más que roce con su piel. Sin darse cuenta,  tocó más fuerte de lo esperado en un punto del hombro izquierdo y ella se resintió , dejó caer su cabeza encima de él y le agarró las manos.  Aquella visión de su rostro,  con los ojos cerrados y  sus labios ligeramente entre abiertos , la hacían el deseo más apetecible. Sentir que sus manos volvían a estar unidas,  provocaba en él ,  que el hecho de tener que retenerse le resultase sumamente doloroso. 
Miró al techo,  volvió a cerrar sus ojos por un instante y resopló. Comenzaba a notar la falta de aire que la situación de por sí le provocaba. Cuando volvió a bajar la cabeza,  se encontró directamente con sus ojos abiertos , mirándole fijamente. Aquella lucha que mantenía en silencio, entre su interior que reclamaba arriesgarse y hacerla suya y su cerebro,  que le recordaba la cordura que debía imperar, lo mantenían tenso. Deseo frente a cerebro. Difícil elección.
Ninguno de los dos parecían querer dejar esa situación. Sarah se encontraba más cómoda de lo que esperaba,  y con un punto de relajación extremo dada la mezcla del vino y sus manos .A él,  le encanta sentir que había algo diferente, quizás más confianza, quizás otra vuelta de tuerca más .

Ella, sintiendo en lo que podía acabar todo aquello, decidió pararlo antes de que no fuese capaz de controlarlo.

•             SARAH: Será mejor volver al libro.

Steve bajó la cabeza  devuelto a la más cruda realidad, su propuesta y compromiso. Sólo había sido un instante, había sido un poco suya aunque fuese por un mínimo instante.

Ana Patricia Cruz López

Todos los derechos reservados

2 comentarios:

  1. Indudablemente ANA PATRICIA CRUZ LOPEZ me tienes... soy tuya, haz de mi lo que quieras, que barbaridad, esta historia es fenomenal tanto en el aspecto en como esta narrada, el hecho que haya una historia dentro de otra historia es lo que mas me atrae, esta habilidad tuya para incorporar parte de una historia y que a la vez este tan bien llevada, bueno que te digo me fascina, ya no se que mas decir mas que Gracias Totales, y lo que dije al principio es cierto, Soy tuya... soy tu fan numero 9,999,999,999.99 hahahaha se que no soy la única que le voy hacer. otra cosa muy corto también hahaaha

    ResponderEliminar
  2. hmmmmmm.... :3 ja ja ja! yo se lo que sucede alli :P

    ResponderEliminar

Muchísimas gracias por participar en esta página