Fría y lluviosa mañana tras una noche de tempestad y lejana calma que parecía no llegar nunca. En circunstancias normales, a las seis de la
mañana , el sol ya lo habría cubierto todo, pero los restos de la noche, aún parecían presagiar el gusto por la compañía
humana .
En los astilleros de KIEL (Alemania) , el turno de las cuatro
trabajaba a destajo con los cargueros llegados durante la noche, envidiando ,
con toda la razón del mundo, a los compañeros del turno anterior que habían gozado de un día tranquilo.
La humedad , intensa y asfixiante, convertida en parte en frío helado
y cortante, lo cubría todo , siendo difícil mantenerse aislado . Las casas no
habían tenido tiempo de secarse de las humedades del último temporal de agua
nieve caído hace menos de un mes, y ahora debían enfrentarse a algo peor a punto de entrar en lo que se preveía, como uno de los peores inviernos de la década.
En plena crisis , con una tasa de paro acuciante , y un mundo donde
los más ricos acrecentaban sus beneficios
y los más pobres apenas tenían para comer, la palabra desarrollo se veía
destrozada en mil pedazos , cada vez que una cola de gente desesperada, se agolpaba a las puertas de los centros de
trabajo y principales industrias.
Caras de desesperación y hambre , mendigando algo a lo que poder
acogerse aunque sólo fuera por unas horas . Algo a lo que poder aferrarse como
una ilusión de que pronto se podría salir adelante.
La zona de los astilleros no estaba en un mundo aislado y a parte,
pero la valla a la entrada de las instalaciones, lejos de todo núcleo central
de trabajo efectivo, le daba cierto carácter de “isla” diferenciada . Una
especie de “mundo de Oz” ideal dónde
todo era posible, y que sin embargo, distaba de su realidad.
Pocos empresarios navieros quedaban en ellos. Durante el inicio de la
crisis , muchas empresas dejaron de
recibir los pagos de sus proveedores , y en su lugar, los barcos , incluso
matriculados en otros países, quedaban atracados de forma forzada en las
porciones de puerto que les pertenecían.
Muchas oficinas con el cartel de “se alquila” en sus puertas y
ventanas. Otros negocios , traspasados pero que no terminaban de arrancar. Y
los pocos que se mantenían, habían tenido que ampliar y diversificar sus
límites para sobrevivir.
Uno de ellos, una naviera , una
de la más antiguas del país , reflotada
por los antecesores de quién la regentaba hoy en día, afortunadamente ,
era una de las mantenidas a flote por la
visión con la que había sido llevada durante todo ese tiempo.
La ambición de quién en su día, con las puertas cerradas y toda la
maquinaria casi deteriorada por el tiempo de parón , decidiese , viniendo desde
muy lejos, aprovecharse de lo que consideraba como una excelente oportunidad de
negocio y de comenzar una nueva vida, en la que sin duda, se convirtió , a
partir de entonces , en su nuevo hogar.
Una saga de hombres solitarios y distinguidos , con extraordinario
parecido físico pese a las distintas generaciones habidas, por los que nunca
parecía pasar el tiempo, y tan bien relacionados en los ambientes más selectos
como entre las clases trabajadoras a las que ofrecían oportunidades siempre que
podían.
Pese a venir desde muy lejos,
apuntada dicha referencia al no conocerse la procedencia real del
primero de ellos que recaló en la ciudad, su integración en las costumbres
locales y en todo lo que socialmente podía moverse, fue una costumbre
deliciosamente llevada por sus generaciones venideras.
Hombres de los que nadie conocía familia o acompañantes femeninas , y
que sin embargo, parecían gozar de una prolijidad envidiable y secreta.
El tiempo hizo que su apellido resonara hasta en las instituciones más
afamadas e importantes del país, sintiéndose en la obligación, sus regentes, de
ofrecerles la oportunidad de aportar sus gloriosos y fructíferos conocimientos a través de las
mismas, pero , aunque resultasen propuestas de lo más tentadoras, jamás ninguno
de ellos quiso entrar en profundidad en ese terreno. Según su filosofía de vida
, altamente practicada por su apellido y linaje, “ la política está hecha para
los políticos , y el desarrollo para los
empresarios”.
Los ASTILLEROS CLAYBORN, contaban con una de las plantillas más
amplias mantenidas en la actualidad durante décadas, y quién la dirigía, BRIAN
CLAYBORN, gozaba del beneplácito de sus trabajadores por su justicia y
rectitud distribuida entre ellos a
partes iguales.
Y sin que pareciera extraño en
los círculos dónde apreciaba de moverse, el último de los Clayborn, de igual
forma que antaño lo fueron sus antecesores,
era requerido como invitado de honor en numerosos actos sociales . Un
atractivo físico indiscutible, unos modales cameladores más propios de un caballero
extraído de los libros de historia y leyendas , y una fortuna propiciatoria, lo
convertían en el objetivo más que apetecible para quiénes ,aún teniendo hijas casaderas que no
lograban colocar por el motivo que fuera, lo veían como una más que interesante oportunidad.
Aquella mañana , llegaría tan puntual como siempre a su oficina, y una
vez más, su coche tuvo que esperar a que la valla fuera abierta por el
vigilante de seguridad . En el interior del coche, al abrigo de la calefacción,
detenido esperando, la visión encontrada, una vez más, no pudo serle más
perturbadora. Caras que reconocía por ser habituales cerca de la valla aunque
sin poder predecir con exactitud su tiempo
de permanencia en ella. Rostros nuevos , escuálidos y con palidez
manifiesta , cada vez más jóvenes . Mujeres…. La cara menos conocida de la
necesidad y de la búsqueda de oportunidades en los astilleros.
Sin que ninguno se comportase de forma violenta o intimidatoria ,
simplemente observaban el coche y a quién iba en su interior pertrechado con
abrigo y bufanda , y guantes de piel sobre el volante, mientras ellos apenas tenían con qué revestirse .
Intercambio de miradas , que finalizó cuando la valla fue abierta
definitivamente , y él pudo adentrarse en las instalaciones.
Una vez dentro de la oficina , subió en el ascensor hasta su despacho.
La cortesía en el intercambio de los saludos mañaneros , resultaba una tónica
deseada y agradecida por todos, incluso por él, proporcionándole cierto aire de
normalidad , algo que deseaba a manos llenas de forma continua.
Apenas retirarse el abrigo y la chaqueta , y colgarlos en el perchero,
mientras encendía el ordenador y escuchaba sus mensajes en el contestador , su
secretaría le traía su habitual tazón de
café y el correo escrito, más la lista
de mensajes en una nota, esperando en silencio, como ya era habitual, a que
terminase de escuchar todo lo pendiente
para comenzar ella.
Con capacidad para , conforme se remangaba las mangas de la camisa,
escuchar lo pendiente, y mirar los
emails , cuando hubo terminado , la buena mujer , una excelente trabajadora de
unos cincuenta años aproximadamente, se dispuso a recitarle todo lo pendiente,
incluidas sus citas. Una vez hubo terminado, aún permaneció de píe esperando la
primera instrucción suya.
·
BRIAN: ¿Ha llegado Graham?
·
SECRETARIA: Hace una hora.
·
BRIAN: Llámalo y dile que venga con los informes
trimestrales por favor.
·
SECRETARIA: ¿Algo más?
·
BRIAN: No, es todo por el momento, gracias.
Una llamada y apenas quince minutos después , Graham, el Jefe de
Personal , uno de los más jóvenes que se recordaba en la empresa, de apenas
treinta años, se encontraba con el informe actualizado. Una llamada con los
nudillos en la puerta , bastó para que le diese paso y encontrase a su jefe
hablando por teléfono . Apenas se sentó
frente a él, con una carpeta donde portaba lo solicitado, la
conversación finalizaba.
·
GRAHAM: Buenos días Sr. Clayborn.
·
BRIAN: Buenos días Graham ¿tienes lo que te
solicité?
·
GRAHAM: Sí señor, aquí lo tiene.
Se incorporó ligeramente para acercarle la carpeta , y volvió a
acomodarse esperando, como ya era habitual, un comentario al respecto.
Una sola hoja fue la revisada por su jefe. La que determinaba la cifra
de trabajadores necesitados para cumplimentar ciertas labores así como los
tiempos estimados de duración de los mismos. Según el informe presentado ,
distintas áreas requerían incorporar
grupos reducidos de empleados nuevos o doblar los turnos a quiénes ya
trabajaban más horas de las que debían a base de sumarse extras. A través de
todo un juego de cálculos mentales
sabiamente llevados , aunque fuese por encima, los datos , aproximados
más que fuera, no engañaban. Brian optaría por dar oportunidades a gente nueva
y que lo necesitase, ofreciendo la posibilidad de volver a las jornadas
habituales a quiénes apenas gozaban de vida familiar por necesidad.
·
BRIAN: Quiero que inicies un proceso de
selección de personal, pero antes , debes hablarte con los trabajadores
listados que hacen los excesos de jornada . Quien esté interesado en
mantenerlas puede quedarse, quien quiera volver a la situación que tenía antes
podrá hacerlo sin problema. Una vez tengas las cifras definitivas, iniciarás lo
que te he dicho, pero deberás hacerlo con la gente que está al otro lado de la
valla.
·
GRAHAM: ¿ Perdón?
·
BRIAN: Y aún hay algo más, quiero que
incrementes la plantilla de mujeres en aquellos trabajos que ellas estimen que
pueden realizar.
·
GRAHAM: - sorprendido por la petición, le
costaba asimilar mentalmente la instrucción
dada- Con todos los respetos, Sr.
Clayborn, jamás me atrevería a discutir una orden suya , pero….. no creo
haberle entendido señor.
Detuvo lo que estaba haciendo para prestarle toda la atención que veía
que necesitaba.
·
BRIAN: ¿Qué parte exactamente no has entendido
Graham?
·
GRAHAM: La de seleccionar al personal acudiendo
a quienes están al otro lado de la valla , señor.
·
BRIAN: - con total naturalidad - ¿Y cuál es la
duda?
·
GRAHAM: Señor Clayborn, no sabemos si esas
personas tiene la formación requerida ,
y ciertamente , si me permite decírselo, no creo que su idea de aumentar el
número de contrataciones femeninas, cuando las exigencias y necesidades suponen la
cobertura de puestos y no precisamente de administrativas, sea coherente con
los datos proporcionados en función de las necesidades surgidas.
·
BRIAN: Graham.
·
GRAHAM: ¿Sí, Sr. Clayborn?
·
BRIAN: Yo mismo visualicé y estudié
detenidamente tu expediente universitario cuando seleccioné a la gente que
debería ocupar el puesto que te encuentras desempeñando en este momento , y no
creo recordar que la palabra experiencia se encontrara en ninguna de sus páginas.
Es más, creo acordarme que incluso te pregunté por dos veces , y sólo conseguí
una respuesta clara cuando te señalé que no me importaba tu inexperiencia , y
que te asignaría a alguien que te enseñase mientras tanto.
Graham se limitó a bajar su cabeza avergonzado. Realmente su punto de
vista, respetable dado lo importante en este caso, los negocios , contrastaba
con la realidad defendida por su jefe.
·
BRIAN: Mi querido Graham, sé que encontrarás la
mejor forma de que aquellas personas que no tengan la experiencia requerida, la
adquieran en el menor tiempo posible, y sé que ya te encargarás de que eso sea
así personalmente.
·
GRAHAM: Por supuesto Sr. Clayborn.
Nada más salir de allí, se dispuso a apresurarse para realizar lo
mandatado en el menor tiempo posible. Algunos días más tarde, Brian volvió a
solicitar su presencia en su despacho, a fín de que le presentase , realizando
una visita guiada por las instalaciones, al personal que definitivamente había
accedido a los distintos puestos. Uno por uno, con ficha personal en mano, fue
presentándose a ellos , hasta que llegó al departamento de coordinación y
logística .
Mientras andaban ambos por una de las pasarelas de la nave , en
dirección al puesto ocupado por la última persona de la que debían dar cuenta,
conforme se acercaban , Brian interrumpió su elocución con su joven empleado al
parecerle ver algo familiar.
Silenciado por las dudas y los nervios que se acrecentaban en la boca
de su estómago, por mucho que Graham
insistiera en saber qué le sucedía, no logró contestación alguna al respecto.
Temeroso por lo que podía ser una confirmación, abrió la puerta de
acceso a la parte alta de la nave, y adelantándose al joven, bajó las escaleras
de metal casi corriendo. Conforme se iba acercando inexplicablemente a esa
persona que había creído reconocer , una mujer de pelo largo y castaño recogido
en un moño con grandes horquillas, con
cubre mangas hasta los codos y
altura media , no comenzaron sus verdaderas inquietudes. Mientras ella
se encontraba concentrada en sus labores , fue incapaz de percatarse de las dos
presencias situadas a sus espaldas. Un compañero suyo, situado en frente suya,
fue quién le hizo la señal indicativa.
La trabajadora comenzó a girar su cabeza , mientras en Brian crecía el
nerviosismo y la tensión, y sólo cuando vio
a los dos hombres, se sobresaltó del susto, reaccionando él entonces al
comprobar que no era lo que suponía.
·
GRAHAM: Discúlpenos . El señor Clayborn se
encuentra presentándose personalmente a todos los trabajadores nuevos , y la
última que nos quedaba era usted.
La mujer , de ojos profundamente expresivos , se centró en el hombre
que venía con aquel que la había entrevistado. Él, que pese a la tranquilidad
manifiesta por comprobar de quién se trataba, no pudo hacer otra cosa , durante
los primeros instantes, que mirarla fijamente a los ojos . Aquella vivacidad,
su forma de sonreírle con sus ojos y de mostrarle el debido respeto al mismo
tiempo, su rostro delicado y de tez blanquecina , le recordaban mucho a ella.
·
GRAHAM: - acercándose a su espalda- ¿Sr. Clayborn?
Y Brian volvió al marco espacio –temporal en el que se encontraban
desde el inicio.
·
BRIAN: Lo lamento, siento que la hayamos asustado.
Como le ha dicho mi asistente y jefe de recursos humanos, se trataba de cumplir una formalidad que me
pareció necesaria como forma de dar la bienvenida.
·
TRABAJADORA: No se preocupe. Ciertamente, no
puede imaginar cuanto le agradezco esta oportunidad que me ha concedido .
·
BRIAN: Espero sepa aprovecharla . No la
interrumpiremos más. Buenos días.
·
TRABAJADORA: Buenos días Sr. Clayborn, y
muchísimas gracias de nuevo.
Aún aturdido por la creencia de algo que para él , por un instante,
había sido muy real, tras acompañar a Graham a su despacho, se quedó sentado en
el suyo, de cara a la pared, tratando de recomponer lo que habían engrosado la
pequeña bolsa de los recuerdos aparcados.
Aquellos que componían el breve pero incansable espacio de tiempo vivido juntos poco antes de
que todo cambiara.
Un tiempo precioso, sin fecha de término en aquel entonces, y que
comenzó por una mano extendida de ella frente al escaparate de la tienda de la
Sra. Pansworth hace tanto tiempo, que ningún reloj podría precisar con tanta
exactitud.
Un tiempo, dónde ambos se
aislaron en su mundo a parte de todo y todos , lejos de Inglaterra, hasta que todo se disipara y la gente
comenzase a olvidar.
Un período, para recuperar el
tiempo perdido, para encontrar un nuevo
sentido a lo que un gesto tan simple en principio, como entrelazar las manos
con cada encuentro, suponía entregar un pedazo de alma embaucado en una
sonrisa.
Y ahora, mucho tiempo después, ¿qué es lo que realmente la mente se
empeñaba en hacerle recordar una y otra vez, como cruel vengador que, en su
momento, advirtió de que la felicidad entre ellos era imposible? La despedida.
Imágenes claras de como el alma se destrozaba por sí sola durante un
amanecer, mientras el sol les daba su
última bienvenida conjunta. Un precioso día de Abril, que hasta en eso, la
meteorología jugó sus cartas de forma maestra , cuando durante años, por estas
mismas fechas , era habitual que comenzase a llover de forma continua y
torrencial. Y sin embargo, los dioses , vigilantes, como dulce culmen del peor
día de sus vidas, decidieron que no podría teñirse de gris y tristeza , cuando
era un Réquiem advertido desde el comienzo.
Nunca debieron estar juntos , jamás debieron encontrarse siquiera,
pero el destino jugó sus cartas en contra de lo establecido por ley divina. Y
esta misma ley que les permitía , sin castigo, disfrutar de los placeres mundanos, les recordaba , que
todo lo realizado debía tener el final previsto, y que éste no había tenido lugar
por intervención ajena e indebida.
Una visión de ella durante un sueño dio la señal de alarma, de que el final podría encontrarse más cerca
de lo que jamás hubieran previsto. Caballos, lobos utilizados como funestos
serviles casi humanizados y antorchas que cruzaban una arboleda. Ríos que se
atravesaban sin miedo a la profundidad o a la fuerza de las corrientes , como en comunión perfecta con quienes
mandataban ese medio vivo.
Y aún con más dolor del
imaginable, que fuera ella de quién partiera, con una paz inmensa en su rostro,
la iniciativa , para poder sobrevivir ,
de separarse.
Una verdad sacudida en la cara
de él, que negándose a aceptar, nunca reaccionó como siempre hubo imaginado.
Desesperado , trató de pensar soluciones intermedias sin que ninguna fuera realmente factible. Como
un ahogado al que su última esperanza
veía huir sin que sus gritos por evitarlo fueran escuchados, simplemente
, tuvo que conformarse con partir, y verla alejarse del puerto una vez su
cuerpo se daba la vuelta .
Y hoy, como entonces, las lágrimas volvían a recorrer su rostro,
tratando de aliviar una opresión que aún continuaba ahorcando su corazón, con esa cadena de pinchos invisibles que
parecía aliviarse cada vez que creía verla en alguien que se le parecía.
Un gesto, una leve sonrisa , una forma de andar , un cabello ……………….
Cualquier cosa suponía la esperanza más viva de algo que no podía ser. De algo,
que no debió ser jamás, y que el tiempo no lograba aplacar.
Estado de latente lástima por la revisión de su pasado , del que por
suerte, su secretaria venía a sacarle de
forma inmediata , para recordarle que debía
darse prisa si quería pasar por su casa primero , antes de
presentarse en la recepción que
celebraban en la sede de la Gobernación Portuaria.
Un acto de enjundia social , que llevaba más de cien años celebrándose
por estas fechas , y en las que se aprovechaba para dar una bienvenida
multitudinaria y cordial a nuevos ciudadanos , mientras se aprovechaba como excusa, para tratar de conseguir nuevos y
ávidos inversores empresariales que ayudasen a reflotar las actividades en el
puerto .
La invitación siempre le era
cursada con suficiente antelación como para, si surgía algún imprevisto
programado , poder enviar una contestación de inasistencia con sus consecuentes
disculpas . Pero pese a no prodigarse en demasía públicamente, siempre
procuraba al menos, hacer acto de presencia en este encuentro por el bien de la
comunidad a la que pertenecía y especialmente, por la amistad trabada desde
hacía mucho tiempo con quién la organizaba , Carrie Higgins. Una periodista
americana que dirigía la delegación del New York Times en Berlín. Destinada en
Alemania por voluntad propia a raíz de contraer matrimonio con un prometedor
armador de buques, Carrie y Brian se conocieron al comienzo de ella llegar al
país y a la ciudad, durante una cena que celebraba la misma entidad que ahora se convertía en el centro
neurálgico de la que se preparaba para asistir, y desde ese momento, aunque no se vieran con la
frecuencia deseada, su amistad , brotada de coincidentes gustos por la cultura
y todo lo que la rodeaba, sólo pudo acrecentarse.
Y ciertamente , como cada año por estas fechas, aunque surgiera algo
en su agenda que pudiera impedírselo, Brian siempre procuraba rodar dicho
“inconveniente” a efectos de no faltar a su inexcusable cita anual.
Retrasado en algo más de una hora por motivos ajenos a su voluntad, en
el lugar , Carrie trataba de entretenerse atendiendo de forma conveniente a sus
invitados , aunque más pendiente del reloj y de la puertas de acceso de lo que
hubiera deseado. Al verle entrar, su cuerpo comenzó a experimentar la agradable
sensación del sosiego sobrevenido, y la tranquilidad de que a partir de ese
instante , las cosas ya marcharían perfectamente.
Encontrándose departiendo en agradable conversación con una de las
gerentes del Museo de Bellas Artes, le pidió de forma inmediata disculpas, y a
paso presto, se acercó a su amigo para recibirle con la afectuosidad
acostumbrada.
Él, que trató de visualizarla en su búsqueda por toda la sala, nada
más verla, también denotó su más sincera alegría .
·
CARRIE: ¡Brian!
Cogiéndola de las manos, se acercó para besarla en la mejilla,
circunstancia que ella aprovechó para recriminarle su tardanza.
·
CARRIE: Pensé que ya no vendrías.
·
BRIAN: Sabes perfectamente que en ese caso te
hubiera avisado.
·
CARRIE: La verdad, empezaba a notárseme
demasiado ansiosa, pero ……………sabes cómo es esto, y sin ti no soy nadie ante
toda esta gente.
Él no pudo evitar reírse ampliamente .
·
BRIAN: Carrie , en cuanto te sacan de la
editorial ya te sientes perdida. Te he dicho muchas veces que deberías preparar
a alguien que pudiese encargarse de todo esto.
·
CARRIE: Lo sé. Pero entonces ¿cuándo te vería?
Ambos se miraron sonrientes . En el fondo él era consciente de que
ella tenía razón. Sus numerosas ocupaciones empresariales , y las
responsabilidades de ella a cargo de la Delegación del periódico, no les
dejaban demasiadas oportunidades libres para mantener de nuevo , aquellas
largas conversaciones a media tarde mientras compartían un café en la plaza
frente al Ayuntamiento.
Pronto , su ansiedad y sus prisas, por motivos en principio
desconocidos , volvieron a hacer aparición cuando enlazando su brazo por el
interior de su codo, comenzó a llevarle
a un punto concreto de aquella estancia , mientras le ponía verbalmente en
antecedentes sobre lo que iba a
encontrarse. Más bien , con quién.
·
CARRIE: ¿Recuerdas qué fue lo que me dijiste en
cierta ocasión ? A poco de ser presentados.
Tratando de recordar, su gesto de duda no lograba desaparecer . No
entendía a dónde quería llevarle.
·
CARRIE: Da igual. Recuerdo que recién llegada y
sin conocer a nadie, tus palabras me reconfortaron tanto que a partir de
entonces anduve mucho más cómoda, sin los prejuicios de ser una desconocida.
Conociéndola desde hacía tanto tiempo, bastaron aquellas palabras para
que uno de los motivos de más discordia entre ellos volviese a hacer acto de
presencia. Ante lo que él presumía que se avecinaba , detuvo el paso de los dos
de forma inesperada ante la sorpresa de ella. Por su rostro, Carrie sabía lo
que estaba por llegar.
·
CARRIE: No me digas nada – su tono suplicante,
habitual en ella dadas las circunstancias, casi no le generaba a él la lástima
de antaño – no al menos sin escucharme previamente.
Condescendiente con su amiga, decidió esperar a que ésta terminase de
explicarse, antes de procesar
mentalmente la conclusión de su juicio previo sobre lo que parecía, una vez
más, una encrucijada para tratar de emparentarle.
·
CARRIE: Verás, hace un par de semanas , en el
Museo , tuve la oportunidad de conocer a alguien . Es una mujer tan interesante, culta y con unas exquisitas
maneras propias de una educación intachable. Hacía muy poco tiempo que había
llegado al país , más aún a la ciudad, y como yo, desgraciadamente , no ha
tenido oportunidad de conocer demasiada gente ni hacer amistades . Su marido es
un importante empresario cuyos viajes de negocios le mantienen distante del ámbito familiar más
de lo que sería deseable.
El rostro de circunstancia mostrado por Brian le era harto conocido, y
previendo su respuesta , ella decidió adelantarse , intentado suavizar la
posible contestación.
·
CARRIE: Brian, sólo te estoy pidiendo que la
conozcas y despliegues tus encantos con una
mujer que se encuentra en
dificultades para socializarse, no estoy pidiendo que te conviertas en ………… -
el semblante de su amigo le resultaba suficientemente disipador como para
atreverse a continuar su disertación por ese camino - Sólo necesita algo de amabilidad , y un poco
de conversación. ¿Te importa?
Y sin que hiciera falta decir nada más, fue él quién decidió proseguir
el camino hacia la invitada sorpresa ,
dejándose guiar en los siguientes por ella.
Poco más de veinte pasos más adelante, la espalda elegante y en
apariencia distinguida de una mujer alta y estilizada, ataviada con un elegante
traje de chaqueta y pantalón en tono
crema , y pelo debidamente recogido en una coleta , pasó a tener un rostro bien
definido e inolvidable,
tras darse la vuelta al
escuchar que la llamaban.
·
CARRIE ¿Nagi?
La extrañeza de su nombre sólo podía corresponderse con la visión de
un rostro particularmente hermoso. De ojos profundamente oscuros, de un negro
azabache sobre- cogedor, su tez blanquecina sólo comparable con la más fina
de las porcelanas , marcando cada línea
de su anguloso rostro , especialmente destacado por sus pómulos , debidamente
disimulados por el difuminado
maquillaje, destacaban sobre manera dentro del conjunto visual , enmarcado
sobre un cabello rubio tan claro en su
tonalidad, que daba la impresión de cambiar a
un blanco puro conforme la luz sobre él cambiase.
Pese a la aparente frialdad de su aspecto, la esperada distancia
protectora que irradiaba, dio paso a una sonrisa casi angelical y gestos muy cuidados , casi preparados . Hasta en el giro dado por
su cuerpo para dirigirse a quién la reclamaba , se visualizaba cierta
coordinación de movimientos.
·
CARRIE: Mi querida Nagi, te presento a Brian Clayborn, el caballero del que te hablé
hace algunos días. Brian, esta es la
Sra. Haford , Nagi Haford.
Con exquisito cuidado y sin que sus ojos dejasen de observarse, ella
le extendió su mano para ofrecérsela acompañándolo de la correspondiente y
liviana oscilación lateral de su cabeza. Extrañado pero sin querer desmerecer
dicho gesto pareciendo descortés , se la
acogió con suma delicadeza , y bajó de forma elegante su rostro como gesto de
devolución de la cortesía que se requería en ese momento.
·
BRIAN: Es un placer conocerla , Sra. Haford. Ya
que yo no he tenido oportunidad de darle la bienvenida a Kiel con anterioridad, se la ofrezco en este
momento.
·
NAGI: El placer es sin duda mío Sr. Clayborn.
Realmente he oído hablar tanto de usted , que me resultaba extraño no
conocer personalmente a alguien ya tan
familiar.
Si cuidados eran sus gestos , si estudiados sus movimientos, la
profusión de su discurso no merecería menos elogios. Palabras en tonalidad adecuada , ninguna más
alta que la otra, transmitiendo auténtica paz interior y hacia los demás.
Propio de quién pareciese encontrarse
seguro de sí mismo, y ella no sólo lo parecía , lo estaba , y así procuraba
dejarlo de manifiesto.
·
CARRIE: Nagi es una gran amante del arte y de la
cultura. De hecho, me permití ponerla al día de toda la programación que
tendremos en la ciudad durante los próximos meses.
·
NAGI: Cierto, aunque no sé si me será posible
disfrutarla en su totalidad.
Aquella mujer logró despertar una insaciable curiosidad en un Brian
que, lejos de manifestarse inquieto por el hecho de que sus pensamientos
respecto a ella parecían divagar al no ubicarla en este mundo en el que se
desenvolvía, sintió deseos de conocer algo más sobre sus circunstancias
vivenciales, mostrándole verdadero interés .
·
BRIAN: Lamento la indiscreción por mi parte,
pero ¿podría saber por qué?
Sin embargo, no esperando a que ella pudiese contestarle de propia
voz, fue Carrie la que se adelantó con la somera idea de dichas causas
impeditivas, ante la mirada inmediata de su nueva amiga.
·
CARRIE:
Me temo querido Brian , que las numerosas ocupaciones del Sr. Haford son
la principal causa de ello. Un hombre de negocios muy inquieto que nunca les ha
permitido poder establecerse de forma definitiva en ningún sitio desde hace
años.
·
BRIAN: ¿Y esa es la causa por la que tampoco la
acompaña en este instante?
Alguien interrumpió la conversación reclamando a Carrie para que se
dispusiera a atender a unos invitados que procedían a retirarse en ese
instante. Ella, sabiéndose segura de que ambos parecían haber conectado
favorablemente, respiró con absoluta seguridad ante la posibilidad real de
dejarlos solos.
·
CARRIE: Me temo que tendré que dejaros
solos un momento, mis obligaciones como
organizadora y anfitriona son incansables a todas horas. – Cogió las manos de
su amiga - Pero sé que te dejo en las
mejores manos. Volveré con vosotros en cuanto me sea posible.
Y se marchó, dejándoles a ambos en una situación que podría pensarse
incómoda en un principio. Dos desconocidos recién presentados , y en dónde las
exquisitas formas de ella , le obligaban a él a procurar no salirse de ciertos
esquemas mentales de tradición y costumbrismo, de los que no hacía excesiva gala desde hacía
mucho tiempo.
Ante el silencio surgido y la expresiva serenidad de ella, en
expectativa de que la conversación fuese continuada mientras sus ojos vagaban
libremente por el resto del espacio , Brian decidió proseguir de la única forma
posible.
·
BRIAN: Lamento si la he molestado con la
indiscreción de mi pregunta, pero no es frecuente que una mujer casada asista a este tipo de eventos ,
más bien destinados a contar con la presencia y atención de su marido.
Sus profundos ojos oscuros devolvieron su atención a quién ejercía
como anfitrión suyo aquella noche.
·
NAGI: Que extraño. Por la forma en la Carrie me habló de usted, me había prefijado
una imagen ligeramente distinta.
Expresivo y directo como siempre degustaba de ser, no pudo evitar que
la mujer que se encontraba en frente suya , viese el reflejo de su extrañeza
por las palabras dichas.
·
BRIAN: ¿Disculpe?
·
NAGI: Ella me presentó a un caballero con
exquisitos modales , educación portentosa y cierta sensibilidad muy alejada , a
decir verdad, de lo que parece demostrar con el comentario que acaba de
realizarme.
Su presencia imponía , pero su forma de modular su voz para acrecentar
esa sensación , aún engrandecía más si cabe el atrayente misterio que la
rodeaba y cubría como un fino velo que sólo ella era capaz de ver.
Sorprendido por su capacidad resolutoria , y con su mente cubierta de
mil dudas, las que le dejaba no saber exactamente qué podría haber hablado su amiga con ella, trató de solventar la
interrogante planteada sobre sus principios , carácter y forma de ser.
·
BRIAN: Me temo, que desconociendo los términos de la
conversación mantenida por ustedes dos y en la que , al parecer, me vi
implicado, debo confesar , que no poseo en este momento los argumentos
adecuados , para poder contrarrestar la
impresión que mi mal entendido comentario haya podido originar respecto
a mi persona. Pero lo que sí creo poder decir a mi favor, es que en realidad,
me refería a la verdadera razón por la que este acto suele realizarse y en la
que no suelen prodigarse las esposas de aquellos para los que en realidad va
destinado, y menos sin su compañía. Dicho esto, le vuelvo a reiterar mis más
sinceras disculpas por las molestias que el susodicho comentario haya podido
originarle.
·
NAGI: Me apetecería tomar una copa de vino
blanco si no le importa.
·
BRIAN: Por supuesto.
Solícito como siempre, tratando de conservar la postura conservadora
que las circunstancias requerían , fue a una de las mesas dispuestas donde un
camarero sirvió sendas copas del dorado y frío manjar, volviendo al punto de
origen en cuanto tuvo ambas en la mano. Ofreciéndosele la suya a su improvisada
acompañante que, tras beber ella un
pequeño sorbo, su rostro pareció languidecerse y normalizarse.
·
NAGI: Darren
no ha podido asistir por encontrarse de viaje de negocios en Oriente
Medio.
·
BRIAN: ¿Puedo aún permitirme alguna indiscreción
más al respecto?
·
NAGI: Creo que a estas alturas de la
conversación, ya no debería considerarlo indiscreciones precisamente, aunque
tal vez sí curiosidad, lo que siempre me ha llamado mucho la atención en un
hombre.
Y tras mirar hacia la balaustrada de piedra de la terraza, comenzó a
dirigirse despacio hacia ese límite físico con su horizonte presente , siendo
acompañada por él.
·
NAGI:
¿Cree tener razones para preocuparse?
·
BRIAN: Más por lo que Carrie haya podido decirle
de mí en realidad , que por lo que pueda extraer de sus impresiones. No tengo
por costumbre tratar con personas a las cuales acabo de conocer y , que sin
embargo, ellas gocen de una ventaja que yo no poseo.
Sin haberle mirado una sola vez desde que llegaron al límite de la
terraza, sus ojos decidieron volver a
atraerle de forma inequívoca al mundo de
sus propios misterios, aquellos por los que ella era consciente que él sentía
mucha curiosidad.
·
NAGI: ¿Y
por qué no me cuenta su versión de sí mismo?
Mirarla le incomodaba, pero tampoco podía evitarlo. A cada palabra
dicha, a cada movimiento realizado con suma cautela, su sentimiento por saber ,
su necesidad por conocer , crecía por
momentos.
·
BRIAN: Por lo general , no me gusta convertirme
en protagonista de una conversación.
·
NAGI: Plausible, pero teniendo en cuenta que es
otra persona la que le ha puesto en el ojo de mira, quizás pudiese ser la única
ocasión que tenga para defenderse , e intentar variar la que usted presume como
mala opinión sobre su persona que se me ha generado.
Argumento tras argumento, Brian debía ser mucho más concienzudo en sus
argumentaciones. Habiendo perdido en su totalidad , la práctica para
enfrentarse a este tipo de conversaciones con alguien del sexo opuesto que
demostraba estar a su nivel, la búsqueda
iniciática de las palabras para contentarla le estaba resultando realmente
angustioso.
Reflejando casi una desesperación comprometedora en su rostro de
absoluta desubicación , la mujer a la que acompañaba y con la que hablaba, supo
desviar la atención y suavizar la situación a efectos de no continuar
incomodándole.
·
NAGI: No obstante , no quisiera que ahora fuera
usted el que se llevase una mala
impresión mía que sólo yo podría haberle generado. Menos, teniendo en cuenta
que no me gustaría prescindir de su presencia en sucesivas ocasiones , al
menos, por el tiempo que haya de permanecer en la ciudad. Todo ello, claro
está, si no se siente lo suficientemente contrariado ante mi persona como para
no aceptar el guante echado.
Simplemente se limitó a observarla. Haciendo gala de una desmesura
desmedida, aquellas palabras parecían descubrirle un aspecto no reflejado en su apariencia .
Quizás, uno de sus múltiples secretos escondidos que tanto clamaban ser descubiertos, o eso
creía él.
Con Carrie allí de nuevo, él vio la oportunidad idónea para marcharse.
Había comenzado a encontrarse extraño, molesto sin saber por qué, y recordando
que algo pendiente debía tener por hacer, porque siempre había algo que le
permitía aislarse de todo lo que le
molestaba de este mundo, de su vida aquí , esta parte y en esta época, con la
que nunca se sintió unido.
Aquellas maneras desplegadas, aquel
lenguaje utilizado , cada sonido , el tono y volumen enriquecido y a la vez
ajustado de su voz…… todo le hacía percatarse de que aquel seguía sin ser su
sitio. Que pese a los años , pese a que los relojes se hubieran detenido para
él hace mucho , y la fecha con la que se
recordaba el año ni siquiera le correspondiera, lo cierto, es que sabía que aquel nunca sería
su sitio , que nunca lo había sido, y que aunque su mente se encontrase en otro
lugar , junto a otra persona , la que se preveía como una medida temporal
prometida así a través de las mismas palabras que ahora le habían
retrocedido tanto, distaba mucho de lo
que se preveía cuando se gestó.
Ligeramente descompuesto , Carrie se preocupó por él. hacía mucho
tiempo que no lo había visto con aquel aspecto en su rostro, y aquella tristeza
en sus ojos.
·
CARRIE: Brian, ¿te encuentras bien?
Mirándola a ella tratando de extraer una sonrisa tranquilizadora de
dónde no podía, apoyándose en la fría piedra de la balaustrada, procuró notarse
cansado, hasta que sus ojos volvieron a encontrarse con los de la invitada, la
Sra. Haford.
·
BRIAN: Sí, sólo estoy algo cansado. Lamentándolo
mucho, me temo que tendré que marcharme antes de lo que tenía previsto.
·
CARRIE: lo cierto es que tienes mala cara,
¿quieres que te llame un taxi? En esas condiciones no deberías conducir .
·
BRIAN: Tranquila. De todas formas sólo serán
unos veinte minutos, y a estas horas no hay tanto tráfico . Además sólo es
cansancio. – dirigiéndose hacia la Sra. Hafford – Lo que sí lamento ciertamente
es marcharme de esta forma dejándola
abandonada ahora que parecía que comenzábamos a tener cierta confianza.
·
NAGI: Lo importante es que usted se encuentre
bien Sr. Clayborn. Ya me encargaré personalmente de que podamos continuar
disfrutando de la misma . Además , debemos terminar nuestra conversación
pendiente.
·
CARRIE: Te acompañaré hasta la puerta.
Pero él se apresuró a no permitírselo.
·
BRIAN: No, no te preocupes . No hace falta
. Sra. Haford.
Y su cabeza se reclinó ligeramente , respondiendo ella de la misma
forma elegante y distinguida.
Una última mirada determinante . Una despedida con sabor extraño ,
casi reconocible. Unos ojos negros como el azabache , que habían sabido
despertar en él sensaciones casi
olvidadas . Un temor muy reconocible a algo que no terminaba de entender porque
en ese momento era incapaz de pensar con claridad.
Una voz , cuyo timbre resultaba presente y duradero, acompañado de una
piel suave y sin olor. Pero ¿Cómo no oler a nada en absoluto si hasta los
niños, siendo bebés, transpiraban ese pequeño olor a acidez y piel nueva sin
curtir? Sin olor y sin tacha alguna por la que pudiera reprochársele algo.
Vibrante y fatal combinación de elementos encubiertos tras una elegancia innata
en un papel que no pareciese ser interpretado.
Ana Patricia Cruz López
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Lectura como ninguna mi estimada amiga canaria, sencillamente maravillosa, a punto de dar la una de la madrugada y su servidora sin rastro de sueño, por dios pero emocionante quiero masssssss
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