sábado, 14 de noviembre de 2015

LA LLAMADA DE LA SANGRE.( SECUELA DE ELECCIÓN) CAPITULO SEGUNDO (Registadro en SAFE CREATIVE OCTUBRE 2015)

CAPÍTULO SEGUNDO
KIEL. Créditos a quién corresponda

Fría y lluviosa mañana tras una noche de tempestad y lejana calma  que parecía no llegar nunca.  En circunstancias normales, a las seis de la mañana , el sol ya lo habría cubierto todo, pero los restos de la noche,  aún parecían presagiar el gusto por la compañía  humana .

En los astilleros de KIEL (Alemania) , el turno de las cuatro trabajaba a destajo con los cargueros llegados durante la noche, envidiando , con toda la razón del mundo, a los compañeros del turno anterior  que habían gozado de un día tranquilo.
La humedad , intensa y asfixiante, convertida en parte en frío helado y cortante, lo cubría todo , siendo difícil mantenerse aislado . Las casas no habían tenido tiempo de secarse de las humedades del último temporal de agua nieve caído hace menos de un mes, y ahora debían enfrentarse a algo peor  a punto de entrar en lo que se preveía,  como uno de los peores inviernos de la década.

En plena crisis , con una tasa de paro acuciante , y un mundo donde los más ricos acrecentaban sus beneficios  y los más pobres apenas tenían para comer, la palabra desarrollo se veía destrozada en mil pedazos , cada vez que una cola de gente desesperada,  se agolpaba a las puertas de los centros de trabajo y principales industrias.
Caras de desesperación y hambre , mendigando algo a lo que poder acogerse aunque sólo fuera por unas horas . Algo a lo que poder aferrarse como una ilusión de que pronto se podría salir adelante.


La zona de los astilleros no estaba en un mundo aislado y a parte, pero la valla a la entrada de las instalaciones, lejos de todo núcleo central de trabajo efectivo, le daba cierto carácter de “isla” diferenciada . Una especie de  “mundo de Oz” ideal dónde todo era posible, y que sin embargo, distaba de su realidad.
Pocos empresarios navieros quedaban en ellos. Durante el inicio de la crisis , muchas empresas  dejaron de recibir los pagos de sus proveedores , y en su lugar, los barcos , incluso matriculados en otros países, quedaban atracados de forma forzada en las porciones de puerto que les pertenecían.

Muchas oficinas con el cartel de “se alquila” en sus puertas y ventanas. Otros negocios , traspasados pero que no terminaban de arrancar. Y los pocos que se mantenían, habían tenido que ampliar y diversificar sus límites para sobrevivir.
Uno de ellos, una naviera ,  una de la más antiguas del país , reflotada  por los antecesores de quién la regentaba hoy en día, afortunadamente , era una de las mantenidas a flote  por la visión con la que había sido llevada durante todo ese tiempo.
La ambición de quién en su día, con las puertas cerradas y toda la maquinaria casi deteriorada por el tiempo de parón , decidiese , viniendo desde muy lejos, aprovecharse de lo que consideraba como una excelente oportunidad de negocio y de comenzar una nueva vida, en la que sin duda, se convirtió , a partir de entonces , en su nuevo hogar.
Una saga de hombres solitarios y distinguidos , con extraordinario parecido físico pese a las distintas generaciones habidas, por los que nunca parecía pasar el tiempo, y tan bien relacionados en los ambientes más selectos como entre las clases trabajadoras a las que ofrecían oportunidades siempre que podían.

Pese a venir desde muy lejos,  apuntada dicha referencia al no conocerse la procedencia real del primero de ellos que recaló en la ciudad, su integración en las costumbres locales y en todo lo que socialmente podía moverse, fue una costumbre deliciosamente llevada por sus generaciones venideras.
Hombres de los que nadie conocía familia o acompañantes femeninas , y que sin embargo, parecían gozar de una prolijidad envidiable y secreta.

El tiempo hizo que su apellido resonara hasta en las instituciones más afamadas e importantes del país, sintiéndose en la obligación, sus regentes, de ofrecerles la oportunidad de aportar sus gloriosos  y fructíferos conocimientos a través de las mismas, pero , aunque resultasen propuestas de lo más tentadoras, jamás ninguno de ellos quiso entrar en profundidad en ese terreno. Según su filosofía de vida , altamente practicada por su apellido y linaje, “ la política está hecha para los políticos , y  el desarrollo para los empresarios”.

Los ASTILLEROS CLAYBORN, contaban con una de las plantillas más amplias mantenidas en la actualidad durante décadas, y quién la dirigía, BRIAN CLAYBORN, gozaba del beneplácito de sus trabajadores por su justicia y rectitud  distribuida entre ellos a partes iguales.
Y  sin que pareciera extraño en los círculos dónde apreciaba de moverse, el último de los Clayborn, de igual forma que antaño lo fueron sus antecesores,  era requerido como invitado de honor en numerosos actos sociales . Un atractivo físico indiscutible, unos modales cameladores más propios de un caballero extraído de los libros de historia y leyendas , y una fortuna propiciatoria, lo convertían en el objetivo más que apetecible para  quiénes ,aún teniendo hijas casaderas que no lograban colocar por el motivo que fuera, lo veían como una más que  interesante oportunidad.

Aquella mañana , llegaría tan puntual como siempre a su oficina, y una vez más, su coche tuvo que esperar a que la valla fuera abierta por el vigilante de seguridad . En el interior del coche, al abrigo de la calefacción, detenido esperando, la visión encontrada, una vez más, no pudo serle más perturbadora. Caras que reconocía por ser habituales cerca de la valla aunque sin poder predecir con exactitud su tiempo  de permanencia en ella. Rostros nuevos , escuálidos y con palidez manifiesta , cada vez más jóvenes . Mujeres…. La cara menos conocida de la necesidad y de la búsqueda de oportunidades en los astilleros.
Sin que ninguno se comportase de forma violenta o intimidatoria , simplemente observaban el coche y a quién iba en su interior pertrechado con abrigo y bufanda , y guantes de piel sobre el volante, mientras  ellos apenas tenían con qué revestirse . Intercambio de miradas , que finalizó cuando la valla fue abierta definitivamente , y él pudo adentrarse en las instalaciones.

Una vez dentro de la oficina , subió en el ascensor hasta su despacho. La cortesía en el intercambio de los saludos mañaneros , resultaba una tónica deseada y agradecida por todos, incluso por él, proporcionándole cierto aire de normalidad , algo que deseaba a manos llenas de forma continua.

Apenas retirarse el abrigo y la  chaqueta , y colgarlos en el perchero, mientras encendía el ordenador y escuchaba sus mensajes en el contestador , su secretaría  le traía su habitual tazón de café  y el correo escrito, más la lista de mensajes en una nota, esperando en silencio, como ya era habitual, a que terminase de escuchar todo lo pendiente  para comenzar ella.
Con capacidad para , conforme se remangaba las mangas de la camisa, escuchar  lo pendiente, y mirar los emails , cuando hubo terminado , la buena mujer , una excelente trabajadora de unos cincuenta años aproximadamente, se dispuso a recitarle todo lo pendiente, incluidas sus citas. Una vez hubo terminado, aún permaneció de píe esperando la primera instrucción suya.

·        BRIAN: ¿Ha llegado Graham?
·        SECRETARIA: Hace una hora.
·        BRIAN: Llámalo y dile que venga con los informes trimestrales por favor.
·        SECRETARIA: ¿Algo más?
·        BRIAN: No, es todo por el momento, gracias.

Una llamada y apenas quince minutos después , Graham, el Jefe de Personal , uno de los más jóvenes que se recordaba en la empresa, de apenas treinta años, se encontraba con el informe actualizado. Una llamada con los nudillos en la puerta , bastó para que le diese paso y encontrase a su jefe hablando por teléfono . Apenas se sentó  frente a él, con una carpeta donde portaba lo solicitado, la conversación finalizaba.

·        GRAHAM: Buenos días Sr. Clayborn.
·        BRIAN: Buenos días Graham ¿tienes lo que te solicité?
·        GRAHAM: Sí señor, aquí lo tiene.

Se incorporó ligeramente para acercarle la carpeta , y volvió a acomodarse esperando, como ya era habitual, un comentario al respecto. 
Una sola hoja fue la revisada por su jefe. La que determinaba la cifra de trabajadores necesitados para cumplimentar ciertas labores así como los tiempos estimados de duración de los mismos. Según el informe presentado , distintas áreas requerían incorporar  grupos reducidos de empleados nuevos o doblar los turnos a quiénes ya trabajaban más horas de las que debían a base de sumarse extras. A través de todo un juego de cálculos mentales  sabiamente llevados , aunque fuese por encima, los datos , aproximados más que fuera, no engañaban. Brian optaría por dar oportunidades a gente nueva y que lo necesitase, ofreciendo la posibilidad de volver a las jornadas habituales a quiénes apenas gozaban de vida familiar por necesidad.

·        BRIAN: Quiero que inicies un proceso de selección de personal, pero antes , debes hablarte con los trabajadores listados que hacen los excesos de jornada . Quien esté interesado en mantenerlas puede quedarse, quien quiera volver a la situación que tenía antes podrá hacerlo sin problema. Una vez tengas las cifras definitivas, iniciarás lo que te he dicho, pero deberás hacerlo con la gente que está al otro lado de la valla.
·        GRAHAM: ¿ Perdón?
·        BRIAN: Y aún hay algo más, quiero que incrementes la plantilla de mujeres en aquellos trabajos que ellas estimen que pueden realizar.
·        GRAHAM: - sorprendido por la petición, le costaba asimilar mentalmente la instrucción  dada-  Con todos los respetos, Sr. Clayborn, jamás me atrevería a discutir una orden suya , pero….. no creo haberle entendido señor.

Detuvo lo que estaba haciendo para prestarle toda la atención que veía que necesitaba.

·        BRIAN: ¿Qué parte exactamente no has entendido Graham?
·        GRAHAM: La de seleccionar al personal acudiendo a quienes están al otro lado de la valla , señor.
·        BRIAN: - con total naturalidad - ¿Y cuál es la duda?
·        GRAHAM: Señor Clayborn, no sabemos si esas personas  tiene la formación requerida , y ciertamente , si me permite decírselo, no creo que su idea de aumentar el número de contrataciones femeninas,  cuando las exigencias y necesidades suponen la cobertura de puestos y no precisamente de administrativas, sea coherente con los datos proporcionados en función de las necesidades surgidas.
·        BRIAN: Graham.
·        GRAHAM: ¿Sí, Sr. Clayborn?
·        BRIAN: Yo mismo visualicé y estudié detenidamente tu expediente universitario cuando seleccioné a la gente que debería ocupar el puesto que te encuentras desempeñando en este momento , y no creo recordar que la palabra experiencia se encontrara en ninguna de sus páginas. Es más, creo acordarme que incluso te pregunté por dos veces , y sólo conseguí una respuesta clara cuando te señalé que no me importaba tu inexperiencia , y que te asignaría a alguien que te enseñase mientras tanto.

Graham se limitó a bajar su cabeza avergonzado. Realmente su punto de vista, respetable dado lo importante en este caso, los negocios , contrastaba con la realidad defendida por su jefe.

·        BRIAN: Mi querido Graham, sé que encontrarás la mejor forma de que aquellas personas que no tengan la experiencia requerida, la adquieran en el menor tiempo posible, y sé que ya te encargarás de que eso sea así personalmente.
·        GRAHAM: Por supuesto Sr. Clayborn.

Nada más salir de allí, se dispuso a apresurarse para realizar lo mandatado en el menor tiempo posible. Algunos días más tarde, Brian volvió a solicitar su presencia en su despacho, a fín de que le presentase , realizando una visita guiada por las instalaciones, al personal que definitivamente había accedido a los distintos puestos. Uno por uno, con ficha personal en mano, fue presentándose a ellos , hasta que llegó al departamento de coordinación y logística .
Mientras andaban ambos por una de las pasarelas de la nave , en dirección al puesto ocupado por la última persona de la que debían dar cuenta, conforme se acercaban , Brian interrumpió su elocución con su joven empleado al parecerle ver algo familiar.
Silenciado por las dudas y los nervios que se acrecentaban en la boca de su estómago,  por mucho que Graham insistiera en saber qué le sucedía, no logró contestación alguna al respecto.
Temeroso por lo que podía ser una confirmación, abrió la puerta de acceso a la parte alta de la nave, y adelantándose al joven, bajó las escaleras de metal casi corriendo. Conforme se iba acercando inexplicablemente a esa persona que había creído reconocer , una mujer de pelo largo y castaño recogido en un moño con grandes horquillas, con  cubre mangas hasta los codos y  altura media , no comenzaron sus verdaderas inquietudes. Mientras ella se encontraba concentrada en sus labores , fue incapaz de percatarse de las dos presencias situadas a sus espaldas. Un compañero suyo, situado en frente suya, fue quién le hizo la señal indicativa.
La trabajadora comenzó a girar su cabeza , mientras en Brian crecía el nerviosismo y la tensión, y sólo cuando vio  a los dos hombres, se sobresaltó del susto, reaccionando él entonces al comprobar que no era lo que suponía.

·        GRAHAM: Discúlpenos . El señor Clayborn se encuentra presentándose personalmente a todos los trabajadores nuevos , y la última que nos quedaba era usted.

La mujer , de ojos profundamente expresivos , se centró en el hombre que venía con aquel que la había entrevistado. Él, que pese a la tranquilidad manifiesta por comprobar de quién se trataba, no pudo hacer otra cosa , durante los primeros instantes, que mirarla fijamente a los ojos . Aquella vivacidad, su forma de sonreírle con sus ojos y de mostrarle el debido respeto al mismo tiempo, su rostro delicado y de tez blanquecina , le recordaban mucho  a ella.

·        GRAHAM: - acercándose a su espalda-  ¿Sr. Clayborn?

Y Brian volvió al marco espacio –temporal en el que se encontraban desde el inicio.

·        BRIAN: Lo lamento, siento que la hayamos asustado. Como le ha dicho mi asistente y jefe de recursos humanos,  se trataba de cumplir una formalidad que me pareció necesaria como forma de dar la bienvenida.
·        TRABAJADORA: No se preocupe. Ciertamente, no puede imaginar cuanto le agradezco esta oportunidad que  me ha concedido .
·        BRIAN: Espero sepa aprovecharla . No la interrumpiremos más. Buenos días.
·        TRABAJADORA: Buenos días Sr. Clayborn, y muchísimas gracias de nuevo.

Aún aturdido por la creencia de algo que para él , por un instante, había sido muy real, tras acompañar a Graham a su despacho, se quedó sentado en el suyo, de cara a la pared, tratando de recomponer lo que habían engrosado la pequeña bolsa de los recuerdos aparcados.

Aquellos que componían el breve pero incansable  espacio de tiempo vivido juntos poco antes de que todo cambiara.
Un tiempo precioso, sin fecha de término en aquel entonces, y que comenzó por una mano extendida de ella frente al escaparate de la tienda de la Sra. Pansworth hace tanto tiempo, que ningún reloj podría precisar con tanta exactitud.

Un tiempo,  dónde ambos se aislaron en su mundo a parte de todo y todos , lejos de Inglaterra,  hasta que todo se disipara y la gente comenzase a olvidar. 
Un período,  para recuperar el tiempo perdido, para encontrar  un nuevo sentido a lo que un gesto tan simple en principio, como entrelazar las manos con cada encuentro, suponía entregar un pedazo de alma embaucado en una sonrisa.

Y ahora, mucho tiempo después, ¿qué es lo que realmente la mente se empeñaba en hacerle recordar una y otra vez, como cruel vengador que, en su momento, advirtió de que la felicidad entre ellos era imposible? La despedida.
Imágenes claras de como el alma se destrozaba por sí sola durante un amanecer,  mientras el sol les daba su última bienvenida conjunta. Un precioso día de Abril, que hasta en eso, la meteorología jugó sus cartas de forma maestra , cuando durante años, por estas mismas fechas , era habitual que comenzase a llover de forma continua y torrencial. Y sin embargo, los dioses , vigilantes, como dulce culmen del peor día de sus vidas, decidieron que no podría teñirse de gris y tristeza , cuando era un Réquiem advertido desde el comienzo.

Nunca debieron estar juntos , jamás debieron encontrarse siquiera, pero el destino jugó sus cartas en contra de lo establecido por ley divina. Y esta misma ley que les permitía , sin castigo, disfrutar  de los placeres mundanos, les recordaba , que todo lo realizado debía tener el final previsto, y que éste no había tenido lugar por intervención  ajena e indebida.

Una visión de ella durante un sueño dio la señal de alarma,  de que el final podría encontrarse más cerca de lo que jamás hubieran previsto. Caballos, lobos utilizados como funestos serviles casi humanizados y antorchas que cruzaban una arboleda. Ríos que se atravesaban sin miedo a la profundidad o a la fuerza de las corrientes  , como en comunión perfecta con quienes mandataban ese medio vivo.
Y aún con más dolor  del imaginable, que fuera ella de quién partiera, con una paz inmensa en su rostro, la iniciativa ,   para poder sobrevivir , de separarse.
Una verdad sacudida en la cara  de él, que negándose a aceptar,   nunca reaccionó como siempre hubo imaginado. Desesperado , trató de pensar soluciones intermedias  sin que ninguna fuera realmente factible. Como un ahogado al que su última esperanza  veía huir sin que sus gritos por evitarlo fueran escuchados, simplemente , tuvo que conformarse con partir, y verla alejarse del puerto una vez su cuerpo se daba la vuelta .

Y hoy, como entonces, las lágrimas volvían a recorrer su rostro, tratando de aliviar una opresión que aún continuaba ahorcando su corazón,  con esa cadena de pinchos invisibles que parecía aliviarse cada vez que creía verla en alguien que se le parecía. 
Un gesto, una leve sonrisa , una forma de andar , un cabello ………………. Cualquier cosa suponía la esperanza más viva de algo que no podía ser. De algo, que no debió ser jamás, y que el tiempo no lograba aplacar.

Estado de latente lástima por la revisión de su pasado , del que por suerte,  su secretaria venía a sacarle de forma inmediata , para recordarle que debía  darse prisa si quería pasar por su casa primero , antes de presentarse  en la recepción que celebraban en la sede de la Gobernación Portuaria.

Un acto de enjundia social , que llevaba más de cien años celebrándose por estas fechas , y en las que se aprovechaba para dar una bienvenida multitudinaria y cordial a nuevos ciudadanos , mientras se aprovechaba  como excusa, para tratar de conseguir nuevos y ávidos inversores empresariales que ayudasen a reflotar las actividades en el puerto .

 La invitación siempre le era cursada con suficiente antelación como para, si surgía algún imprevisto programado , poder enviar una contestación de inasistencia con sus consecuentes disculpas . Pero pese a no prodigarse en demasía públicamente, siempre procuraba al menos, hacer acto de presencia en este encuentro por el bien de la comunidad a la que pertenecía y especialmente, por la amistad trabada desde hacía mucho tiempo con quién la organizaba , Carrie Higgins. Una periodista americana que dirigía la delegación del New York Times en Berlín. Destinada en Alemania por voluntad propia a raíz de contraer matrimonio con un prometedor armador de buques, Carrie y Brian se conocieron al comienzo de ella llegar al país y a la ciudad, durante una cena que celebraba la misma entidad  que ahora se convertía en el centro neurálgico de la que se preparaba para asistir, y desde  ese momento, aunque no se vieran con la frecuencia deseada, su amistad , brotada de coincidentes gustos por la cultura y todo lo que la rodeaba, sólo pudo acrecentarse.
Y ciertamente , como cada año por estas fechas, aunque surgiera algo en su agenda que pudiera impedírselo, Brian siempre procuraba rodar dicho “inconveniente” a efectos de no faltar a su inexcusable cita anual.


Retrasado en algo más de una hora por motivos ajenos a su voluntad, en el lugar , Carrie trataba de entretenerse atendiendo de forma conveniente a sus invitados , aunque más pendiente del reloj y de la puertas de acceso de lo que hubiera deseado. Al verle entrar, su cuerpo comenzó a experimentar la agradable sensación del sosiego sobrevenido, y la tranquilidad de que a partir de ese instante , las cosas ya marcharían perfectamente.

Encontrándose departiendo en agradable conversación con una de las gerentes del Museo de Bellas Artes, le pidió de forma inmediata disculpas, y a paso presto, se acercó a su amigo para recibirle con la afectuosidad acostumbrada.
Él, que trató de visualizarla en su búsqueda por toda la sala, nada más verla, también denotó su más sincera alegría  .

·        CARRIE: ¡Brian!

Cogiéndola de las manos, se acercó para besarla en la mejilla, circunstancia que ella aprovechó para recriminarle su tardanza.

·        CARRIE: Pensé que ya no vendrías.
·        BRIAN: Sabes perfectamente que en ese caso te hubiera avisado.
·        CARRIE: La verdad, empezaba a notárseme demasiado ansiosa, pero ……………sabes cómo es esto, y sin ti no soy nadie ante toda esta gente.

Él no pudo evitar reírse ampliamente .
·        BRIAN: Carrie , en cuanto te sacan de la editorial ya te sientes perdida. Te he dicho muchas veces que deberías preparar a alguien que pudiese encargarse de todo esto.
·        CARRIE: Lo sé. Pero entonces ¿cuándo te vería?

Ambos se miraron sonrientes . En el fondo él era consciente de que ella tenía razón. Sus numerosas ocupaciones empresariales , y las responsabilidades de ella a cargo de la Delegación del periódico, no les dejaban demasiadas oportunidades libres para mantener de nuevo , aquellas largas conversaciones a media tarde mientras compartían un café en la plaza frente al Ayuntamiento.
Pronto , su ansiedad y sus prisas, por motivos en principio desconocidos , volvieron a hacer aparición cuando enlazando su brazo por el interior de su codo,  comenzó a llevarle a un punto concreto de aquella estancia , mientras le ponía verbalmente en antecedentes  sobre lo que iba a encontrarse. Más bien , con quién.

·        CARRIE: ¿Recuerdas qué fue lo que me dijiste en cierta ocasión ? A poco de ser presentados.

Tratando de recordar, su gesto de duda no lograba desaparecer . No entendía a dónde quería llevarle.

·        CARRIE: Da igual. Recuerdo que recién llegada y sin conocer a nadie, tus palabras me reconfortaron tanto que a partir de entonces anduve mucho más cómoda, sin los prejuicios de ser una desconocida.

Conociéndola desde hacía tanto tiempo, bastaron aquellas palabras para que uno de los motivos de más discordia entre ellos volviese a hacer acto de presencia. Ante lo que él presumía que se avecinaba , detuvo el paso de los dos de forma inesperada ante la sorpresa de ella. Por su rostro, Carrie sabía lo que estaba por llegar.

·        CARRIE: No me digas nada – su tono suplicante, habitual en ella dadas las circunstancias, casi no le generaba a él la lástima de antaño – no al menos sin escucharme previamente.

Condescendiente con su amiga, decidió esperar a que ésta terminase de explicarse,  antes de procesar mentalmente la conclusión de su juicio previo sobre lo que parecía, una vez más, una encrucijada para tratar de emparentarle.

·        CARRIE: Verás, hace un par de semanas , en el Museo , tuve la oportunidad de conocer a alguien . Es una mujer  tan interesante, culta y con unas exquisitas maneras propias de una educación intachable. Hacía muy poco tiempo que había llegado al país , más aún a la ciudad, y como yo, desgraciadamente , no ha tenido oportunidad de conocer demasiada gente ni hacer amistades . Su marido es un importante empresario cuyos viajes de negocios  le mantienen distante del ámbito familiar más de lo que sería deseable.

El rostro de circunstancia mostrado por Brian le era harto conocido, y previendo su respuesta , ella decidió adelantarse , intentado suavizar la posible contestación.

·        CARRIE: Brian, sólo te estoy pidiendo que la conozcas y despliegues tus encantos con una  mujer  que se encuentra en dificultades para socializarse, no estoy pidiendo que te conviertas en ………… - el semblante de su amigo le resultaba suficientemente disipador como para atreverse a continuar su disertación por ese camino -  Sólo necesita algo de amabilidad , y un poco de conversación. ¿Te importa?

Y sin que hiciera falta decir nada más, fue él quién decidió proseguir el camino hacia la invitada sorpresa  , dejándose guiar en los siguientes por ella.

Poco más de veinte pasos más adelante, la espalda elegante y en apariencia distinguida de una mujer alta y estilizada, ataviada con un elegante traje de chaqueta y pantalón  en tono crema , y pelo debidamente recogido en una coleta , pasó a tener un rostro bien definido e inolvidable,
tras darse la vuelta al  escuchar que la llamaban.

·        CARRIE ¿Nagi?

La extrañeza de su nombre sólo podía corresponderse con la visión de un rostro particularmente hermoso. De ojos profundamente oscuros, de un negro azabache sobre- cogedor, su tez blanquecina sólo comparable con la más fina de  las porcelanas , marcando cada línea de su anguloso rostro , especialmente destacado por sus pómulos , debidamente disimulados por el  difuminado maquillaje, destacaban sobre manera dentro del conjunto visual , enmarcado sobre  un cabello rubio tan claro en su tonalidad, que daba la impresión de cambiar a  un blanco puro conforme la luz sobre él cambiase.

Pese a la aparente frialdad de su aspecto, la esperada distancia protectora que irradiaba, dio paso a una sonrisa casi angelical  y gestos muy cuidados  , casi preparados . Hasta en el giro dado por su cuerpo para dirigirse a quién la reclamaba , se visualizaba cierta coordinación de movimientos.

·        CARRIE: Mi querida Nagi, te presento a  Brian Clayborn, el caballero del que te hablé hace algunos días. Brian,  esta es la Sra. Haford , Nagi Haford.

Con exquisito cuidado y sin que sus ojos dejasen de observarse, ella le extendió su mano para ofrecérsela acompañándolo de la correspondiente y liviana oscilación lateral de su cabeza. Extrañado pero sin querer desmerecer dicho gesto pareciendo descortés ,  se la acogió con suma delicadeza , y bajó de forma elegante su rostro como gesto de devolución de la cortesía que se requería en ese momento.

·        BRIAN: Es un placer conocerla , Sra. Haford. Ya que yo no he tenido oportunidad de darle la bienvenida  a Kiel  con anterioridad, se la ofrezco en este momento.
·        NAGI: El placer es sin duda mío Sr. Clayborn. Realmente he oído hablar tanto de usted , que me resultaba extraño no conocer  personalmente a alguien ya tan familiar.
Si cuidados eran sus gestos , si estudiados sus movimientos, la profusión de su discurso no merecería menos elogios.  Palabras en tonalidad adecuada , ninguna más alta que la otra, transmitiendo auténtica paz interior y hacia los demás. Propio de quién pareciese  encontrarse seguro de sí mismo, y ella no sólo lo parecía , lo estaba , y así procuraba dejarlo de manifiesto.

·        CARRIE: Nagi es una gran amante del arte y de la cultura. De hecho, me permití ponerla al día de toda la programación que tendremos en la ciudad durante los próximos meses.
·        NAGI: Cierto, aunque no sé si me será posible disfrutarla en su totalidad.

Aquella mujer logró despertar una insaciable curiosidad en un Brian que, lejos de manifestarse inquieto por el hecho de que sus pensamientos respecto a ella parecían divagar  al  no  ubicarla en este mundo en el que se desenvolvía, sintió deseos de conocer algo más sobre sus circunstancias vivenciales, mostrándole verdadero interés .

·        BRIAN: Lamento la indiscreción por mi parte, pero ¿podría  saber por qué?

Sin embargo, no esperando a que ella pudiese contestarle de propia voz, fue Carrie la que se adelantó con la somera idea de dichas causas impeditivas, ante la mirada inmediata de su nueva amiga.

·        CARRIE:  Me temo querido Brian , que las numerosas ocupaciones del Sr. Haford son la principal causa de ello. Un hombre de negocios muy inquieto que nunca les ha permitido poder establecerse de forma definitiva en ningún sitio desde hace años.
·        BRIAN: ¿Y esa es la causa por la que tampoco la acompaña en este instante?

Alguien interrumpió la conversación reclamando a Carrie para que se dispusiera a atender a unos invitados que procedían a retirarse en ese instante. Ella, sabiéndose segura de que ambos parecían haber conectado favorablemente, respiró con absoluta seguridad ante la posibilidad real de dejarlos solos.

·        CARRIE: Me temo que tendré que dejaros solos  un momento, mis obligaciones como organizadora y anfitriona son incansables a todas horas. – Cogió las manos de su amiga -   Pero sé que te dejo en las mejores manos. Volveré con vosotros en cuanto me sea posible.

Y se marchó, dejándoles a ambos en una situación que podría pensarse incómoda en un principio. Dos desconocidos recién presentados , y en dónde las exquisitas formas de ella , le obligaban a él a procurar no salirse de ciertos esquemas mentales de tradición y costumbrismo,   de los que no hacía excesiva gala desde hacía mucho tiempo.

Ante el silencio surgido y la expresiva serenidad de ella, en expectativa de que la conversación fuese continuada mientras sus ojos vagaban libremente por el resto del espacio , Brian decidió proseguir de la única forma posible.

·        BRIAN: Lamento si la he molestado con la indiscreción de mi pregunta, pero no es frecuente que una  mujer casada asista a este tipo de eventos , más bien destinados a contar con la presencia y atención de su marido.

Sus profundos ojos oscuros devolvieron su atención a quién ejercía como anfitrión suyo aquella noche.

·        NAGI: Que extraño. Por la forma en la  Carrie me habló de usted, me había prefijado una imagen ligeramente distinta.

Expresivo y directo como siempre degustaba de ser, no pudo evitar que la mujer que se encontraba en frente suya , viese el reflejo de su extrañeza por las palabras dichas.

·        BRIAN: ¿Disculpe?
·        NAGI: Ella me presentó a un caballero con exquisitos modales , educación portentosa y cierta sensibilidad muy alejada , a decir verdad, de lo que parece demostrar con el comentario que acaba de realizarme.

Su presencia imponía , pero su forma de modular su voz para acrecentar esa sensación , aún engrandecía más si cabe el atrayente misterio que la rodeaba y cubría como un fino velo que sólo ella era capaz de ver.
Sorprendido por su capacidad resolutoria , y con su mente cubierta de mil dudas, las que le dejaba no saber exactamente qué podría haber hablado  su amiga con ella, trató de solventar la interrogante planteada sobre sus principios , carácter y forma de ser.

·        BRIAN: Me temo,  que desconociendo los términos de la conversación mantenida por ustedes dos y en la que , al parecer, me vi implicado, debo confesar , que no poseo en este momento los argumentos adecuados , para poder contrarrestar la  impresión que mi mal entendido comentario haya podido originar respecto a mi persona. Pero lo que sí creo poder decir a mi favor, es que en realidad, me refería a la verdadera razón por la que este acto suele realizarse y en la que no suelen prodigarse las esposas de aquellos para los que en realidad va destinado, y menos sin su compañía. Dicho esto, le vuelvo a reiterar mis más sinceras disculpas por las molestias que el susodicho comentario haya podido originarle.
·        NAGI: Me apetecería tomar una copa de vino blanco si no le importa.
·        BRIAN: Por supuesto.

Solícito como siempre, tratando de conservar la postura conservadora que las circunstancias requerían , fue a una de las mesas dispuestas donde un camarero sirvió sendas copas del dorado y frío manjar, volviendo al punto de origen en cuanto tuvo ambas en la mano. Ofreciéndosele la suya a su improvisada acompañante que,  tras beber ella un pequeño sorbo, su rostro pareció languidecerse y normalizarse.

·        NAGI: Darren no ha podido asistir por encontrarse de viaje de negocios en Oriente Medio.
·        BRIAN: ¿Puedo aún permitirme alguna indiscreción más al respecto?
·        NAGI: Creo que a estas alturas de la conversación, ya no debería considerarlo indiscreciones precisamente, aunque tal vez sí curiosidad, lo que siempre me ha llamado mucho la atención en un hombre.

Y tras mirar hacia la balaustrada de piedra de la terraza, comenzó a dirigirse despacio hacia ese límite físico con su horizonte presente , siendo acompañada por él.

·        NAGI:  ¿Cree tener razones para preocuparse?
·        BRIAN: Más por lo que Carrie haya podido decirle de mí en realidad , que por lo que pueda extraer de sus impresiones. No tengo por costumbre tratar con personas a las cuales acabo de conocer y , que sin embargo, ellas gocen de una ventaja que yo no poseo.

Sin haberle mirado una sola vez desde que llegaron al límite de la terraza,  sus ojos decidieron volver a atraerle  de forma inequívoca al mundo de sus propios misterios, aquellos por los que ella era consciente que él sentía mucha curiosidad.

·        NAGI: ¿Y  por qué no me cuenta su versión de sí mismo?

Mirarla le incomodaba, pero tampoco podía evitarlo. A cada palabra dicha, a cada movimiento realizado con suma cautela, su sentimiento por saber , su necesidad por conocer , crecía  por momentos.

·        BRIAN: Por lo general , no me gusta convertirme en protagonista de una conversación.
·        NAGI: Plausible, pero teniendo en cuenta que es otra persona la que le ha puesto en el ojo de mira, quizás pudiese ser la única ocasión que tenga para defenderse , e intentar variar la que usted presume como mala opinión sobre su persona que se me ha generado.

Argumento tras argumento, Brian debía ser mucho más concienzudo en sus argumentaciones. Habiendo perdido en su totalidad , la práctica para enfrentarse a este tipo de conversaciones con alguien del sexo opuesto que demostraba estar a su nivel,  la búsqueda iniciática de las palabras para contentarla le estaba resultando realmente angustioso.
Reflejando casi una desesperación comprometedora en su rostro de absoluta desubicación , la mujer a la que acompañaba y con la que hablaba, supo desviar la atención y suavizar la situación a efectos de no continuar incomodándole.

·        NAGI: No obstante , no quisiera que ahora fuera usted el que se llevase  una mala impresión mía que sólo yo podría haberle generado. Menos, teniendo en cuenta que no me gustaría prescindir de su presencia en sucesivas ocasiones , al menos, por el tiempo que haya de permanecer en la ciudad. Todo ello, claro está, si no se siente lo suficientemente contrariado ante mi persona como para no aceptar el guante echado.

Simplemente se limitó a observarla. Haciendo gala de una desmesura desmedida, aquellas palabras parecían descubrirle  un aspecto no reflejado en su apariencia . Quizás, uno de sus múltiples secretos escondidos  que tanto clamaban ser descubiertos, o eso creía él.

Con Carrie allí de nuevo, él vio la oportunidad idónea para marcharse. Había comenzado a encontrarse extraño, molesto sin saber por qué, y recordando que algo pendiente debía tener por hacer, porque siempre había algo que le permitía aislarse de todo  lo que le molestaba de este mundo, de su vida aquí , esta parte y en esta época, con la que nunca se sintió unido.
Aquellas maneras  desplegadas, aquel lenguaje utilizado , cada sonido , el tono y volumen enriquecido y a la vez ajustado de su voz…… todo le hacía percatarse de que aquel seguía sin ser su sitio. Que pese a los años , pese a que los relojes se hubieran detenido para él hace mucho , y la fecha  con la que se recordaba el año ni siquiera le correspondiera,  lo cierto, es que sabía que aquel nunca sería su sitio , que nunca lo había sido, y que aunque su mente se encontrase en otro lugar , junto a otra persona , la que se preveía como una medida temporal prometida así a través de las mismas palabras que ahora le habían retrocedido  tanto, distaba mucho de lo que se preveía cuando se gestó.

Ligeramente descompuesto , Carrie se preocupó por él. hacía mucho tiempo que no lo había visto con aquel aspecto en su rostro, y aquella tristeza en sus ojos.

·        CARRIE: Brian, ¿te encuentras bien?

Mirándola a ella tratando de extraer una sonrisa tranquilizadora de dónde no podía, apoyándose en la fría piedra de la balaustrada, procuró notarse cansado, hasta que sus ojos volvieron a encontrarse con los de la invitada, la Sra. Haford.

·        BRIAN: Sí, sólo estoy algo cansado. Lamentándolo mucho, me temo que tendré que marcharme antes de lo que tenía previsto.
·        CARRIE: lo cierto es que tienes mala cara, ¿quieres que te llame un taxi? En esas condiciones no deberías conducir .
·        BRIAN: Tranquila. De todas formas sólo serán unos veinte minutos, y a estas horas no hay tanto tráfico . Además sólo es cansancio. – dirigiéndose hacia la Sra. Hafford – Lo que sí lamento ciertamente es marcharme de esta forma  dejándola abandonada ahora que parecía que comenzábamos a tener cierta confianza.
·        NAGI: Lo importante es que usted se encuentre bien Sr. Clayborn. Ya me encargaré personalmente de que podamos continuar disfrutando de la misma . Además , debemos terminar nuestra conversación pendiente.
·        CARRIE: Te acompañaré hasta la puerta.

Pero él se apresuró a no permitírselo.

·        BRIAN: No, no te preocupes . No hace falta .  Sra. Haford.

Y su cabeza se reclinó ligeramente , respondiendo ella de la misma forma elegante y distinguida.
Una última mirada determinante . Una despedida con sabor extraño , casi reconocible. Unos ojos negros como el azabache , que habían sabido despertar en él  sensaciones casi olvidadas . Un temor muy reconocible a algo que no terminaba de entender porque en ese momento era incapaz de pensar con claridad.

Una voz , cuyo timbre resultaba presente y duradero, acompañado de una piel suave y sin olor. Pero ¿Cómo no oler a nada en absoluto si hasta los niños, siendo bebés, transpiraban ese pequeño olor a acidez y piel nueva sin curtir? Sin olor y sin tacha alguna por la que pudiera reprochársele algo. Vibrante y fatal combinación de elementos encubiertos tras una elegancia innata en un papel que no pareciese ser interpretado.

Ana Patricia Cruz López
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1 comentario:

  1. Lectura como ninguna mi estimada amiga canaria, sencillamente maravillosa, a punto de dar la una de la madrugada y su servidora sin rastro de sueño, por dios pero emocionante quiero masssssss

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