martes, 17 de noviembre de 2015

MOMENTOS. Siempre tuya (184)

Créditos a quién corresponda
Cuando el viento de madrugada parecía traer tu nombre, algo lo retuvo.
Sensación extraña la que en mi alma queda.
Algo que te impide llegar,
que te habla de cosas que no existen
sembrando la duda en ti.
Lucha sin cuartel la que mantienes contigo mismo
en el camino de vuelta a mis brazos.
Gritos de impotencia.
Brazos que, abiertos una vez más,
siguen esperándote.

Y en mi cabeza ,
pensamientos sobre abandono y oscuridad
navegan a sus anchas .
Por más que suplique tu nombre ,
por más que te piense y recuerde,
tu sombra no termina dejando su rastro.


Luchas a ambos lados del espejo
en el que nos vimos reflejados más de una vez.

La tuya , para no terminar de creer
lo que el viento malidicente te ha llevado
hasta tu regazo,
aquello que los aires impuros y salvajes ,
los mismos que nos recubrieron
en cada una de nuestras entregas,
ahora usan como arma para separarnos ,
envidiosos de que ésto,
lo nuestro,
sea la melodía que nunca se detiene.

La mía,
para seguir demostrándote que la confianza
debe seguir siendo ciega
como siempre fue,
y además sorda,
de aquello que sólo te aleja.
Una lucha cruel ,
en la que siempre me temí que saldría perdiendo,
pues la duda sembrada,
incipiente,
comenzó a echar sus raíces
en un corazón puro
emponzoñándolo todo.

Y yo,
ahora ,
aquí,
me pregunto qué hacer.
Qué sacrificio debo realizar para recuperarte , 
para qué te dejen llegar a mí.
Contra quiénes he de luchar .
Ante quién he de derramar mi sangre .
Ante quién he de prestar sumisión.
Ante quién he de dejar  de ser.

Y yo,
dispuesta a entregarlo todo,
a cambio de una sola cosa:
Tu libertad.

Traición  de quién protegió,
escrita con letras de sangre y oro.
Brazos imperceptibles y fríos,
cálidos sobre tu piel.
Voz sugerente,
modulado convincente,
argumentación brillante.

Me niego a creer que esto sea real,
que ciertamente esté hundida,
que pueda conmigo,
y que lo que siento
y sé que sientes,
no haya servido de nada.

Dispuesta a levantar un muro 
entre él y tú,
una alambrada de espinas
que al atravesar,
deje sus huellas en mi piel.
Dispuesta a conformarme con lo menos,
debiendo recibir lo más.
Dispuesta a sólo saber que serás feliz
que recuperarás tu libertad,
tu serenidad,
y que en la verdad volverás a creer,
aunque ya sea demasiado tarde.

La verdad.
La que siempre fue.
La que vivimos
tan intensamente desde el primer día,
la que hizo de nuestro mundo único.
La verdad que sentíamos
con cada caricia,
con cada beso,
piel con piel.
Y no ,
la que ahora se tiñe de mentiras.

Tu libertad,
y una sola vez más
en la que poder mirarte a los ojos,
y que  vuelvas a ver:
A la que fui.
A la que soy.
A la que siempre seré.
Aquella que ,
pese a todo,
pese a lo que escuches,
lo que creas,
a lo que el viento de la madrugada te traiga,
siempre te seguirá amando.

Ana Patricia Cruz López
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