viernes, 6 de noviembre de 2015

MOMENTOS. Siempre tuya (171)

Eres el espejo sobre el que mi imagen se refleja,
dándome cuenta de lo que realmente soy.
Un cuerpo que porta un alma oscura y desesperada
por poder sentir
aquello que sienten los humanos de verdad,
aquello a lo que hasta los animales salvajes  tienen derecho.

Un alma que reclama su espacio de salvación,
de creencia en que otra realidad es posible.
Un alma que se reviste cada día
de fuerza para sobrevivir.
Un alma a la que hartaron de juegos estúpidos
y sin sentido,
a la que el mundo real golpeó en la cara más de una vez.


Eres el espejo en el que reposar mis rabias mudas,
en el que descargar  mis propias agresiones contra el mundo,
contra el que descargar mis propias frustraciones.

Eres el enviado puro
que debe contrarrestar el estado de muerte en vida
que me asola.
Eres la paz personificada
sólo conseguida tras mi calma,
una calma que aún no llega ,
gracias a mis cuentas pendientes .
Cuentas que no quiero cerrar,
que me niego.
La venganza es lo que me mantiene viva,
y lo que le da sentido a mi vida.

Mandado para controlarme,
para retenerme,
para evitar seguir siendo un peligro
para mí misma  y para los demás,
esta imagen que profesas,
y  a la que se supone que debo respetar,
se ha convertido en la peor pesadilla ,
en mi peor tormento,
de deseo incansable y de no reconocerme.

Sin poder tocarte,
apareces esquivo y distante,
con un sola misión por la que acercarte a mí,
y mientras,
yo me pregunto
si algún día,  serás capaz de mostrar esa otra cara,
de darte la vuelta y ser tú mismo.
Si algún día ,
tu alma se abrirá a mí,
mostrándome que la mía tan dañada no estaba.

Y entonces,
como en medio de una gran tormenta,
el cielo se abrió,
y una sola palabra vertida por tus labios,
bastó para confirmar lo que ya imaginaba.
Una sola palabra de tres letras,
una petición segura y cierta,
y una mirada férrea , un acercamiento de una mano tuya,
y tiempo .

Y entonces ,
la verdad se consagró como auténtica ante nosotros,
pecadores eternos con nuestra propia penitencia,
llevada a cuestas como la pesada ancla del mayor de los barcos.
Pilotos de nuestra propia aventura,
desafiamos todo lo considerado normal o habitual,
y me atrajiste a ti ,
como el último salvavidas,
como el nuevo comienzo,
como la esperanza que creí perdida.

Metidos en una guerra ajena,
lo nuestro fue una cadena ,
necesaria pero cruel ,
con espinas que tuviste que retirar
sangrando tus manos , mientras lamía tus heridas.
Perseguidos ,
arriesgados sin importar nada más,
yo no decidí nada,
opté,
elegí.

Una palabra tuya bastó para sanarme.
Una palabra tuya , que me marcó para siempre.
Una palabra tuya.
Un nuevo comienzo.

Ven.

Ana Patricia Cruz López

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