CAPITULO DECIMO SEGUNDO (Tercera parte)
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“ Me creí valiente ante todo,
y sin embargo,
me he convertido en lo más
indefenso entre tus brazos.
Una mirada tuya capaz de
desarmarme,
Capaz de atrapar mi alma sin que
pueda hacer nada por evitarlo.
Sentimientos que creí olvidados
en el cajón de mi mente,
Al que ahora descubro, que jamás
cerré con llave” .
ENCONTRANDO LA REALIDAD FRENTE AL ESPEJO
Steve no fue el único que tuvo problemas para conciliar el sueño
aquella noche.
Los sonidos versados, las imágenes de aquellos gestos aún impotentes
ante el recuerdo de lo acontecido, vagaban por su mente como un látigo sinuoso
que ahora debía reconocer que hubiera preferido no recordar.
Para Sarah todo parecía mezclarse. Resultaba muy complicado pasar de
no recordar nada con claridad , a intentar poner orden en aquello que se le
había presentado de golpe sin esperar, y menos
de forma tan inmediata.
Noche tensa sin duda , donde Morfeo no quiso llegar a hacerle compaña
hasta que fue demasiado tarde y el despertador
de su móvil sonó para recordarle que
comenzaba una nueva jornada. Esta vez, con todas sus clases marcadas para la tarde, justo después de la hora de comer. Durante
la mañana, decidió que tenía un asunto importante que resolver y, saltándose su
propia regla sobre que no se debía molestar a los demás profesores en sus
horarios de clase, se presentó por sorpresa en la de Candice poco antes de
terminar la que para ella era su última clase de la mañana.
Nada más terminar , ambas salieron del aula y se dirigieron a la
cancha de atletismo con sus respectivos desayunos.
• CANDICE: Me ha sorprendido verte en mi clase ¿no sabía que empezase
a interesarte el inglés? Te había perdido la pista hace tiempo.
Por su forma de observarla mientras degustaba su sándwich , entendió
perfectamente que algo pasaba.
·
CANDICE: Vale ¿qué pasa? Y no se te ocurra
decirme que nada que nos conocemos y sé lo que significa cuando me miras de esa
forma.
• SARAH: Te lo preguntaré de forma directa
·
CANDICE: De acuerdo, dispara.
·
SARAH: ¿Qué hubo entre Richard y yo?
Candice, que se encontraba bebiendo su café en ese momento, se
atragantó y lo escupió todo en el escalón de piedra que tenía justo delante
suyo.
·
CANDICE:¡Dios!- decía mientras buscaba
desesperadamente una servilleta de papel, Sarah le dejó la suya- Desde luego
eres incapaz de dejar a nadie indiferente. Hace tiempo que no te veo y de
entrada me sueltas eso.
Sarah seguía comiendo mientras no le quitaba el ojo de encima esperaba
una respuesta y no pensaba dejarla levantarse de allí sin ella.
• CANDICE: ¿A qué viene esa pregunta?
• SARAH: Es una pregunta clara, precisa y concreta que requiere una
respuesta como mínimo igual de clara, precisa y concreta.
• CANDICE: Pero…..- Sarah la interrumpió-
• SARAH: Bien , te lo preguntaré de otra forma ¿me acostaba con él?
¿Salíamos de forma oficial? ¿Qué?
Candice no sabía dónde meterse ni qué contestar.
·
CANDICE: ¿Qué me he perdido?
·
SARAH: Nada importante, tal vez alguna
declaración de sentimientos precedido de cierto ataque de celos .
Candice no podía salir de su más que merecido sorpresa.
·
CANDICE: Menos mal que no era importante.
·
SARAH: De tener una brecha oscura en el ámbito
espacio-temporal, he pasado en días a tener un cataclismo.
·
CANDICE: Bien. Pero lo de los celos es lo que no
entiendo, ¿has vuelto a tener problemas con Bruce o algo?
·
SARAH: ¿Bruce? – una especie de nebulosa se
cernía sobre ella- ¿Qué tiene que ver
Bruce en esto?
Sobreentendiendo que lo que su amiga le planteaba no iba por esos
derroteros, y que lo planteado por ella había vuelto a abrir una nueva brecha
en realidad, decidió seguir delante de
una vez pasase lo que pasase. Lo que
para ella sólo era un aspecto más dentro de ese marco espacio temporal que
Sarah denominaba la “brecha invisible”, para su exalumna y compañera, podía
suponerle aclarar y unificar aún más esa
zona de oscuridad mental.
• CANDICE: Recuerdas cuándo y cómo le conociste ¿verdad?
• SARAH: ¿A Bruce o a Richard? Sé lo que tú me has contado y Richard
me ha corroborado, pero…… tengo lagunas hasta para con eso.
• CANDICE: Ambos, pero más concretamente a Bruce.
·
SARAH: Fue él quien me lo presentó.
·
CANDICE: Y nunca se arrepintió tanto de ello.
Sarah la miraba pareciendo que entendiera de qué hablaba.
• CANDICE: Al no poder hablarlo contigo porque jamás quiso
entrometerse, lo hizo conmigo. Siempre fue muy discreto, y al principio, aunque
con sus dudas , entendió que si era para bien de los dos, especialmente el
tuyo, merecería la pena echarse a un lado. Pero pronto comenzaron las
preocupaciones, las que todos teníamos, sólo que él, en la distancia, lo llevó
peor que ninguno. Y me llamaba por teléfono todos los días prácticamente.
Tenías que haber escuchado su voz, tan ansioso , casi desesperado me atrevería
a decir. Cuando le llamé para
comunicarle lo de tu accidente , el teléfono se le cayó de las manos, no supo
cómo reaccionar, y estando tú en coma, retrasó toda una semana los ensayos de
una obra por estar aquí contigo, en el hospital, día y noche. Nunca hizo falta que me dijese
más de lo imprescindible, pero tengo ojos y años encima, los suficientes como
para ver cuando un hombre siente algo más que una amistad por alguien. Se
pasaba horas sentado a tu lado, incluso alguna vez llegó a quedarse dormido en
el sillón de tu habitación, con medio cuerpo apoyado en tu cama, cogiéndote la mano y siempre con la esperanza de que
despertases estando él aquí. La forma en
la que te hablaba creyendo que podías escucharle, en que
te miraba o te besaba la frente cuando se despedía para ir a descansar y
cambiarse de ropa……… y estar en una hora de vuelta. Por suerte o por desgracia Richard siempre ha
sido un caballero y puede presumir de una exagerada discreción, algo que
reconozco que me mataba.
Sarah bajó la cabeza. Como si
fuese una chiquilla ante un descubrimiento nuevo, al levantar la cara de nuevo,
sus ojos se mostraban inmensamente abiertos y su gesto denotaba mucha
curiosidad.
• CANDICE: Bruce y Richard eran muy amigos, casi íntimos. Pero ver tu
deterioro a su lado y su actitud contigo y con los demás, esa apropiación
indebida de tu persona alejándote de todo y todos lo que suponía tu colchón de
seguridad y confianza fue mermando su confianza en él y en lo vuestro. No habiendo familiares tuyos cerca, a mí no
querían darme la información. Richard tuvo que hacerse pasar por tu marido para
convencerles. Cuando se enteró por los policías
que llevaban la investigación , y de las consecuencias de todo por los
médicos que te atendieron en primera instancia, ¡Dios Sarah!, no sabes cómo
reaccionó Richard, no puedes ni imaginártelo. Una de las tardes de la famosa semana Bruce
vino a verte. Yo no estaba , pero llegué cuando todo había pasado y me lo contó
una de las enfermeras. Por lo visto Richard venía de su hotel y al entrar en tu
habitación se lo encontró , al lado tuyo. Por lo que me dijeron , Richard entró
en cólera nada más verle, y cogiéndolo por un brazo y por la nuca con fuerza lo
sacó del hospital , y según algunos testigos , en el parking, los gritos y
gestos de un Richard hacían palidecer a
Bruce por momentos. Lo último que dicen que le vieron hacer, fue coger a Bruce
por el cuello de la camisa , hablarle en tono casi amenazante a la cara, y
empujarle contra uno de los coches. Nunca más apareció.
Sarah giró la cabeza hacia la pista de atletismo pensativa.
• CANDICE: Sinceramente Sarah, no creo que ni él te lo llegue a decir
nunca. Por lo poco que le conozco y dejándome llevar por mi instinto, ese
hombre te ama y respeta demasiado como para permitirse perderte .
Sarah continuó observando pensativa la pista y el horizonte. Su cabeza
era un maremágnum de ideas entremezcladas y sentimientos encontrados que de
pronto la habían invadido sin saber qué pensar o cómo reaccionar.
·
SARAH: Ya lo ha hecho.
Candice cerró sus ojos de incredulidad y bajó la cabeza , dejando el
café que sostenía en la mano en el muro
de piedra.
·
SARAH: Y también se declaró cobarde confeso y
por qué.
Sin saber qué más decirle, Candice optó por acompañar lo que restaba de
hora de almuerzo a su amiga con el marco incomparable del sonido de los
aspersores que comenzaban a refrescar , y sólo cuando tocó volver al interior del edificio , tras haber pensado
concienzudamente qué hacer , entró al mismo con un objetivo fijo y seguro. Un
destino y un propósito necesario, sobre todo porque no acababa de sentirse a gusto
consigo misma, ni con la imagen que
estaba ofreciendo que contrariaba a la
verdadera mujer que había detrás.
Continúo por el largo pasillo hasta llegar a aquella puerta. Aquella
madera oscura , se le hacía más pesada de lo normal, y eso, que ya estaba
acostumbrada a coger el pomo y abrirla. A atravesarla.
Decidida, la abrió , y en su
interior, se escucha una voz masculina, profunda, entonando cada palabra, cada
verso. Una voz segura de a lo que se
enfrenta, como siempre, cuando no era más que un chiquillo y apenas le había
cambiado la voz antes que a los demás chicos con los que se relacionaba.
Voz segura, sugerente, verdadera. La única capaz de declamar de
aquella forma que penetraba con la misma suavidad e imperceptibilidad que el aire roza nuestras caras.
Una voz que invitaba a no querer que se detuviera nunca.
Una voz, la suya.
• STEVE: “Deseamos
ver que lo más bello abunde
para
que la belleza en flor no muera,
pues
hasta el fruto pródigo sucumbe
y es
justo que un retoño lo suceda;
pero
en ti mandan tus hermosos ojos
y al
ser tú el alimento de tu llama,
siembras
el hambre allí donde hay de todo
y
eres tu propia presa maltratada.
Tú
que hoy adornas con tu encanto el mundo
Y
anuncias sin igual la primavera,
Mezquinas
el vigor de tu capullo
Y al
no gastar derrochas tus reservas
Apiádate y no dejes que tu gala
se
parta el pan del mundo con la tumba.”
(SONETO
I )
“Cuando
un asedio de cuarenta inviernos
Te surque el vello
prado de trincheras,
Tu atuendo, que
ahora es ostentoso y nuevo,
Será un guiñapo
que ya no interesa.
Y cuando te
pregunte dónde yace
El
esplendor de tus lozanos años,
No digas que en tus ojos espectrales,
pues sonará a artificio o a descaro.
Darás más digno empleo a tu apostura
Si puedes contestar: “Este hijo mío
Redime mi vejez, cuadra mi suma;
Mi patrimonio está en su parecido”.
Llegada
la vejez, su joven vida
Calentará
tu sangre que se enfría”
(SONETO II )
(WILLIAM
SHAKESPEARE)
Una vez hubo leído, cerró el libro y lo dejó encima de la mesa sin
levantar la vista. El silencio más absoluto se apoderaba del aula.
• STEVE: La belleza
superficial y descarada , frente al inevitable paso del tiempo y la no
inmutabilidad de la misma. Como la
vanidad es ganada por el reloj, como intentar redimirnos de los miedos que el
paso del tiempo conlleva no pretendiendo exteriorizar que no nos ha cambiado ,
sino transmutarlo a través de nuestros hijos señalándoles como seguidores de la
hermosura de su progenitor, y no
poseedores de una belleza por sí mismo considerada. O lo que es lo mismo, cómo
asumir el inexorable paso del tiempo. ¿La edad realmente importa para algo
tan esquivo y a la vez tan necesario
como el amor?. – Alzó la vista lentamente , visualizando el aula de derecha a
izquierda. Al llegar a la escalera que dividía los dos tramos, justo en el mismo
asiento en el que acostumbraba él a
sentarse cuando ejercía de oyente, la vio a ella, prestándole mucha
atención- Si tenemos en cuenta el resto
de la obra, dónde el amor profundo y descarnado es el protagonista, podremos
darnos en cuenta que estos dos primeros sonetos vienen a ser la introducción
perfecta de lo superfluo en lo que puede llegar a convertirse el ser humano
ante realidades menos mundanas en la que creer y a las que aferrarse. ¿Puede el
amor traspasar fronteras mentales ineludibles como la belleza exterior o –
y fijó su vista hacia ella- la
diferencia de edad? Especialmente cuando esta última es considerable a efectos
de las creencias sociales que nos rodean. - Volvió a centrarse en sus alumnos-
Piense en ello y tráiganmelo mañana por la mañana, por escrito en medio folio por soneto. Así
hasta el Soneto X . Que tengan buen día.
Y sus alumnos se levantaron. Sarah esperó a que casi todos hubiesen
salido de la clase para acercarse a la mesa donde Steve, se afanaba recogiendo sus cosas tratando de
comportarse como si todo fuera normal y no pasase nada.
Cuando ella hubo llegado , él seguía prefiriendo no dejar lo que
estaba haciendo , intentando ignorar su presencia obviando si quiera mirarla.
Su gesto serio, sin embargo, no la retuvo.
• SARAH: Lo siento.
Él , que se encontraba de espaldas removiendo papeles, al escuchar
aquellas palabras y el tono arrepentido y
aparentemente sincero con el que eran pronunciadas, detuvo en seco todo
movimiento .
• SARAH: Sé que no es
suficiente dadas las circunstancias. Sé que
no he sabido comportarme conforme se espera de una mujer seria y
presuntamente responsable de 43 años, al igual que posiblemente tampoco supiera
hacerlo en aquel entonces pero, no sé
de qué forma expresarte que , aunque tarde, reconozco que todo ha sido
un auténtico error, y que por mi culpa hemos empezado peor de lo que hubiera
sido deseable.
Steve permanecía inmutable, observando de forma intermitente todo lo
que delante se le presentaba mientras la
escuchaba. Por su parte, a Sarah le
resultaba cada vez más incómodo tener que hablar a su espalda porque no era
capaz de imaginar cómo estaría reaccionando a lo que le decía.
• SARAH: Soy consciente de que para ti no es
suficiente, y que ello no compensa todo el daño que te hice entonces ni el que
pueda haberte hecho ahora, pero no sé ,
en este momento, hacerlo de otra forma.
Steve se dio la vuelta y se sentó en el filo de la mesa mirándola a
los ojos. Ahora que sí le veía su cara, la expresión seria y casi enfadada de
él, hizo que ella casi cogiera miedo de errar de nuevo si no era capaz de
escoger adecuadamente las palabras.
Cuando Steve miró a sus manos,
llevaba una funda con papeles e imaginó
lo que era , pero esperó a que se lo
confirmase ella.
Sarah, que se percató de que lo había visto, pensó que quizás podría
derivarle la conversación casi monólogo por esa vía.
• SARAH: Me costó dormir así que , hice unas
correcciones a mano y añadí algunas cosas. – bajando la cabeza más de lo que le
hubiera gustado, pero su forma de mirarla le imponía – No tengo ningún derecho
, dado lo pasado, a pedirte y menos aún
a exigirte que cumplas con tu compromiso, pero sí que quiero que sepas que sin
ti no puedo continuarlo , porque te has convertido en una parte imprescindible
para ello y por ende, para mí, para poderlo terminar.
Steve no dejaba de observarla , alternando su vista con el manuscrito
, mientras pensaba en qué resultaba lo más correcto, si seguir sus instintos y
negarse porque aquella nunca fue una buena idea, o seguir su corazón pródigo en
actos nada razonados , coger el manuscrito , y seguir hacia delante con el
proyecto de terminarlo.
Teniendo en cuenta que parte de sus instintos aún se movían por lo que el corazón enviaba,
extendió uno de sus brazos y con la palma de la mano abierta, esperó que Sarah se lo entregara.
Ella apenas se permitió una
leve sonrisa de complacencia y se lo entregó.
• SARAH: Tu juego, tus reglas. De ahora en adelante no
volverás a verme comportarme como hasta ahora lo he hecho. Seré todo lo
correcta, seria y profesional que se supone que soy. Es lo único que puedo
prometerte. Es lo mínimo que puedo ofrecerte.- al ver que él no respondía, que
simplemente la miraba, decidió dejarlo sólo no fuera que se lo estuviera
pensando y se arrepintiese.- Será mejor que me marche, ambos tenemos cosas que hacer. – Y mientras hablaba subía
las escaleras- Si quieres puedes echar un vistazo a lo que he hecho , sobre todo para ver si
estoy en la línea o no, ya sabes- Antes de salir , giró medio cuerpo hacia la
mesa, Steve se encontraba con la cabeza gacha mirando los papeles- ¡Steve!-
levantó su rostro lentamente y aquella forma de mirarla se le clavaría para siempre-
Gracias.
Y allí , sentado en el filo de su mesa, en aquella aula vacía, quedó
Steve pensando aún si su aceptación habría sido una buena idea.
Sarah salió de allí convencida de haber hecho algo que debía. Por supuesto
, su noche de reflexión y sin dormir le había traído estas consecuencias, y
teniendo en cuenta las perspectivas que traía consigo al ir a dar con él, el
resultado no podría haber sido más
prometedor.
Pero esa madrugada dio más de sí. Al salir de la Facultad, se dirigió
al centro de la ciudad, concretamente al
despacho de su Editor .
Según fue anunciada por su Secretaria, apenas tuvo que esperar por él
dos minutos y ya despachaba por la puerta a quien había estado atendiendo.
Al verla, con aquel tono de falsa sorpresa tan característico suyo ,
le extendió los brazos para cogerla de las manos y meterla en el despacho.
• BRUCE: Mi querida
Sarah. Hacía mucho que no te veía. ¿Cómo te encuentras?
• SARAH: Para
empezar, no hace tanto que me abordaste en la Facultad, y por otro lado, no he
venido a hablar de mi estado.
Completamente a la defensiva, una actitud a la que él no estaba
acostumbrado de ella.
• BRUCE: ¿Por qué
tengo la impresión de que no vienes a decirme nada bueno?
• SARAH: Dependiendo
lo que entiendas por bueno. Desde luego
, para ti lo más seguro es que no lo sea, pero para mí es una auténtica
liberación.
Sentado en su silla, adoptando su clásica pose de señor dominante de
este mundo, se dispuso a escuchar lo que ella tenía que decirle.
• BRUCE: Adelante.
Soy todo oídos.
• SARAH: He vuelto a
trabajar sobre el libro inconcluso.
Medio incorporó su cuerpo hacia delante, mostrando relativa alegría.
• BRUCE: ¿Y?
• SARAH: Puedes ir
olvidándote de que te lo entregue.
Su sonrisa desapareció.
• BRUCE: ¿Perdón?
• SARAH: Lo he
retomado y voy a terminarlo, pero cuando esté finalizado seré yo la que se
encargue personalmente de hablar con las editoriales para su publicación. Hemos
terminado Bruce, de forma definitiva.
Para él, aquella era una declaración de guerra en toda regla.
Ella se levantó de la silla y dándose la vuelta , con la cabeza muy
alta, se dirigió a la puerta para marcharse.
De pronto, sintió un enorme y brusco tirón de pelo , mientras uno de sus brazos era apretado fuertemente.
Bruce la empujó hacia la pared inmovilizándola con su cuerpo mientras le seguía
tirando del cabello .
La rabia le consumía, la miraba con odio, y mientras sus ojos se
apoderaban de la parte de su cuerpo que
tenía más cerca, con una de las rodillas le apretaba en uno de sus muslos,
mientras con la otra , le separaba ambas piernas.
• BRUCE: ¿Crees en
serio que vas a salir de este despacho haciendo lo que te de la gana? Me perteneces, como todo lo tuyo. Te meteré
una demanda que te tendrá en el ojo de mira durante años .Nadie querrá trabajar
contigo, y no hablemos de la Universidad, con lo estrictos que son con sus
normas y el prestigio.
La mano con la que agarraba el pelo , lo soltó para depositarse
fuertemente en su garganta. Su boca permanecía tan cerca de su cara que casi la
rozaba con los labios al hablar. A ella, con el cuerpo de él aprisionándola de
tal manera, le costaba respirar, circunstancia
que sólo pudo ir a más conforme él apretaba más y más su cuello.
• BRUCE: Una sola
mano. Una sola me bastaría para que no fueses de nadie nunca más. – su tono de
voz comenzó a volverse morboso- ¿Recuerdas
esto? Es imposible que lo hayas olvidado
- conforme escuchaba la respiración más agitada y entrecortada de ella,
más la apretaba y más se le acercaba-
Retorcías tanto tu cuerpo de placer, y cuanto más apretado estaba - cada vez le costaba respirar más y , las venas de su cuello y frente, se denotaban por sí solas. El sudor comenzaba
a hacer acto de presencia- más me
pedías que siguiera haciéndolo y que entrase en ti una y otra vez. Es imposible
que no lo recuerdes. ¿O sí?
Y la soltó, apartándose. Sarah comenzó a toser abruptamente
mientras que con sus manos buscaba el
pomo de la puerta , no quería darle la espalda. Cuando lo hubo conseguido,
abrió la puerta y salió corriendo . No ,
ciertamente ella no recordaba nada de lo que Bruce le hablaba, y tampoco
entendía como podía haber estado saliendo con un hombre así tiempo atrás.
Tras caminar durante horas para intentar relajarse, dolorida como aún
estaba, su cabeza no dejaba de darle vueltas a la escena vivida. Cuando creía
que sus preguntas habían terminado o que podía dejarlas aparcadas, el destino
le volvía a jugar una mala pasada. Ya
bien entrada la noche, y en casa, a punto de tomar una ducha, creyó ver algo de
refilón en el espejo del baño. Tenía un moretón en el brazo cogido por Bruce y
la marca de sus dedos . Se levantó el pelo para mirarse el cuello, y allí él
también le había dejado su señal, aunque en este caso , fácilmente tapable por
el pelo.
Al día siguiente, una cita inesperada para comer : Richard. Quedaron cerca del teatro puesto que él salía
tarde del último gran ensayo. Estrenaban
al día siguiente.
Durante el almuerzo estuvieron hablando del trabajo de ambos, del
futuro y de los buenos tiempos, lo cual ella agradecía porque le permitiría
poder recordar, y la versión de él siempre era la más agradable. Nunca sabría
si realmente endulzaba a propósito para
no hacerla daño, pero eso sería algo que él jamás le confesaría.
Cuando terminaron, decidieron dar un paseo antes de que él la acompañase a casa.
• RICHARD: Tengo algo
para ti.
• SARAH: ¿En serio?
A él le encantaba sorprenderla
, disfrutaba con su reacción, dulce y casi aniñada , momento que siempre le
recordaba porque la quería tanto y a la
vez la respetaba.
Sacó un sobre del interior de su chaqueta y se lo entregó.
• RICHARD: Son dos
entradas para el estreno. En una zona privilegiada. Tráete a quien tú quieras.
Ella abrió el sobre y ciertamente , la ubicación de las localidades
resultaba una tentación difícilmente perdible.
• RICHARD: Cuando
termine habrá una fiesta de recepción e inauguración de la temporada.
• SARAH: ¿A quién yo
quiera?
Su tono atrevido y juguetón , y el mordisqueo del sobre por una de sus
esquinas, le hacían inducir que algo tenía entre manos.
• RICHARD: ¿En quién
estás pensando?
Sarah se rió , tenía por
costumbre hacerle siempre lo mismo
porque sabía que él siempre terminaba cayendo en la trampa.
• RICHARD: - con
gesto resignado- Pasarán cien años y seguiré cayendo. Anda vamos.
Al cogerla por el brazo, ella
dejó de reírse, hizo gesto de dolor y retiró el brazo bruscamente.
• RICHARD:
-Visiblemente preocupado- ¿Estás bien?
Sarah trataba de disimular, pero los nervios por el dolor la delataban.
• SARAH: Sí, sólo me
di un golpe con la moldura de la puerta.
• RICHARD: ¿Seguro?
Déjame ver.
Ella trataba de restarle importancia ante la insistencia de él.
• SARAH: No es nada,
de verdad.
Richard volvió a cogerla con la intención de detenerla, y ante el nuevo gesto de dolor incluso más agudo que el
anterior , le exigió que se quitase la chaqueta.
• SARAH: Vamos
Richard, sólo es un golpe.
• RICHARD: Bien
entonces no entiendo por qué no me lo enseñas.
Ella le miró a los ojos, temía su reacción, pero sabía que no podría
esquivar esa petición porque él no la dejaría en toda la noche hasta que
hubiera conseguido su objetivo.
Sarah se quitó la chaqueta. La blusa que llevaba debajo era de manga
corta, lo que evidenciaba un moretón
notablemente más extendido que cuando ella lo vio y la mayor acusación de la
marca de los dedos. Incapaz de mirarle a la cara mientras tanto, mantuvo la
vista en el suelo a la expectativa de su reacción.
• RICHARD: Levántate
el pelo.
Sorprendida, le miró bastante
nerviosa, dudando si debía o no hacerlo, pero el tono de Richard, serio, tosco
y convincente, no daba margen para no hacerlo.
• SARAH: Richard…
• RICHARD: He dicho
que te levantes el pelo .
Ella mantenía la cabeza gacha.
• RICHARD: Levanta la
cabeza Sarah.
Ella se resistía.
• RICHARD: Levántala
o lo haré yo.
La levantó y él , cogiéndola levemente por la barbilla, le giró la
cabeza hacia los dos lados. Estaba muy
enfadado, tanto que ella casi no lo reconocía. En sus ojos reflejaba la pérdida
de serenidad.
Una sola palabra en tono interrogativo culminaría sus dudas.
• RICHARD: ¿Bruce? –
Ante su cara de sorpresa- ¿Ha sido Bruce?
Y sin dar más explicaciones,
aceleró su paso notablemente enfadado, casi encendido, sin aparente
dirección clara, aunque en su cabeza el destino era nítido. Conforme ella le
seguía y trataba de saber a dónde se dirigía ,
le hablaba sin recibir repuesta,
pero sus pasos comenzaron a ser
reconocibles en un momento dado . Sarah aún se puso mucho más nerviosa. Comprendía
en ese instante de lo que era capaz Richard en el estado en el que se
encontraba y trataba de hacerle desistir , pero en cómo se encontraba ,
obcecado y furioso, la sordera y la ceguera intencional eran su arma para
llevar a cabo su objetivo.
Sin que nadie pudiese detenerlo y aparentando normalidad dado su porte
distinguido, logró que seguridad le dejase pasar al interior del edificio. Él
no necesitaba que nadie le confirmase ni el piso ni el despacho de Bruce, lo
conocía perfectamente, ya que aquella
no era la primera vez que había estado
allí.
Antes de que cruzase la puerta del recibidor y ante una insistencia
que no daba sus frutos, Sarah se le plantó delante como aparente obstáculo.
• SARAH: Richard, no
lo hagas.
• RICHARD: - mirando
a la puerta – Sarah quítate de en medio.
• SARAH: Richard por
favor. No es lo que tú crees.
Una mirada suya en aquel instante ante semejante comentario le bastó a
ella para dejarle pasar.
Richard entró y antes de que la Secretaria pudiese impedirle la entrada , abrió la puerta de su
despacho cerrándola tras de sí. Aprovechando que la empleada se adentraba, Sarah
la siguió.
• SECRETARIA: Lo
siento Sr. Davison, no ha habido forma de detenerle llamaré a seguridad.
• RICHARD: Dile que
no lo haga Bruce.
El Editor se resguardaba tras su mesa ante un Richard al que reconocía
a la perfección en ese estado y que se le enfrentaba justo en frente.
·
SECRETARIA: ¿Sr. Davison?
• RICHARD: No te lo
volveré a repetir Bruce, dile que no lo haga.
Bruce miró por un instante a Sarah la cual se encontraba muy asustada
y nerviosa.
• SARAH: Richard, por
favor, vámonos de aquí.
• RICHARD: - Gritando
enfurecido a Bruce - ¡Díselo!
• BRUCE No lo haga.
Le conozco . No me pase llamadas hasta que el caballero se haya marchado.
• SECRETARIA: ¿Está
seguro Sr. Davison?
• BRUCE: Sí lo estoy.
Déjenos solos.
Una vez se hubo cerrado la puerta, Richard caminaba lentamente hacia
dónde se encontraba sentado Bruce.
• RICHARD: Por lo que
veo , Sarah no es la única que tiene problemas de memoria.
• BRUCE: - Bastante
inquieto aunque tratando de mostrar su exceso de seguridad - Realmente no sé de
qué me hablas.
Ante aquella actitud que
recordaba bastante molesta y mezquina, Richard arrancó el paso y cogió a
bruce por la parte alta de la camisa , y levantándolo en peso , lo sacó de la
silla empotrándolo contra el ventanal que tenía justo detrás.
• RICHARD: Se ve que
a ti hay que recordarte las cosas cada
cierto tiempo. ¿No te acuerdas de lo que te dije en el parking aquella vez?
Porque creía que lo había dejado perfectamente claro.
• BRUCE: - Aplicando
su tono más irónico- La verdad , no sé de qué me estás hablando, no sé a qué
viene esto.
Lo levantó más aún.
• RICHARD: Sí, sí
sabes perfectamente de qué estoy hablando. No hagas que tenga que mostrártelas. Curiosamente
no son muy diferentes de las anteriores , de esas que tanto te encantaba
dejarle.
• SARAH: Richard ,
por favor, no merece la pena. Déjale. Vámonos.
Richard lo soltó sin dejar de mirarle a la cara, pero justo cuando se
encontraba dando la vuelta, Bruce quiso aprovechar para poner la guinda.
• BRUCE: Ya veo que
hay cosas que no cambian. A ella siguen
gustándole las mismas cosas, y tú sigues siendo su perrito faldero.
Richard se revolvió sobre sí mismo con el puño cerrado de su mano
izquierda y golpeó a Bruce con toda la fuerza que le salía de su interior. Éste
calló al suelo sangrándole abundantemente la nariz.
• RICHARD: Si vuelves
a acercarte a ella o la tocas mínimamente , te mato, y esta vez no es una
simple advertencia. A ver si ahora se te queda grabado de una vez.
Fue hacia Sarah, la cogió de la mano y ambos salieron del despacho.
Ana Patricia Cruz López
Todos los derechos reservados

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