domingo, 27 de diciembre de 2015

LA LLAMADA DE LA SANGRE ( SECUELA DE ELECCION) CAPITULO SEXTO ( Registrado en SAFE CREATIVE OCTUBRE 2015)

LA LLAMADA DE LA SANGRE
Créditos a quién corresponda
CAPITULO SEXTO

Frío,  el que decidió cubrir aquellas mañanas durante los días venideros,  y nieve, la que se acostumbró a acompañar  por las noches.

Espectáculo al que uno nunca lograba acostumbrarse por mucho tiempo que pasase, y en el que  las huellas de los niños disfrutando de la misma  antes de entrar en sus escuelas , proporcionaba la imagen recurrente  y habitual, de las alegrías infantiles entremezcladas con el agobio de a quiénes su trabajo , dicha estampa, parecía perjudicar sobremanera.

Días de trabajo sin pausa, de ajetreo continuo, de discusiones por la no conformidad con las planificaciones improvisadas y cambiantes de la dirección del centro hospitalario , de apenas poder comer en condiciones , de sueño atrasado, de mucha confraternización con el resto del personal……………y en definitiva, de una larga lista de despropósitos a los que el quehacer hizo coincidir en muy poco período de tiempo.

Noches , en las que los nervios no ayudaban a conciliar el sueño, y dónde la intranquilidad de Casey  parecía haberse traspasado a su nuevo vigilante. El animal,  notablemente nervioso , apenas permanecía quieto en el mismo sitio  unos minutos. Deambulaba por toda la casa asomándose  de forma continua a las ventanas, elevándose sobre sus patas delanteras cuando la altura de las mismas , no le dejaba ver con normalidad. Nunca se despegaba de ella. Cuando llegaba el momento de la ducha o baño relajante , el cánido  se echaba en la parte exterior de la puerta sin moverse hasta que ella terminase y saliese, y durante su sueño, parecía velarla a los pies de la cama , con su cabeza siempre en dirección hacia el ventanal.

Y el sueño se apoderó de ella  apenas reposar su cabeza en la mullida almohada,  presa del agotamiento y de un incipiente pero agudo dolor de cabeza  con el que llevaba batallando desde  la mañana, pero lejos de creer que el sueño repararía los daños ocasionados por todo lo acaecido acumuladamente, su mente se vio inmersa en una especie de pasaje virtual muy real.


Percibía dos presencias cercanas a ella. Sin ver bien de qué se trataba o cómo eran,  podía sentir la agresividad desafiante entre ellas que , respecto a ella, parecía actuar como una especie  fuerza centrífuga que la mantuviera  pegada al colchón sin apenas poder moverse.   Tensión  creciente que , en forma de viento fuerte y frío, parecía cubrirla por completo. Algo las separaba sin lograr distinguir el qué. Una con el ánimo de protección . La otra , la de arrebatarla y salir corriendo .  Como en una lucha  mantenida entre los miembros dirigentes  de una manada  por algo más que una cuestión territorial, una sombra alargada y un lejano sonido de un aleteo , hicieron que mirase, en su subconsciente, hacia la ventana.
Sin que pudiera evitar mantener su vista fija hacia  el cristal, comenzó a sentir una presión en el cuello. Algo le impedía respirar con normalidad , y por más esfuerzos que realizase , se encontraba inmovilizada,   sin sentir liga alguna  que de verdad la amarrasen a alguna parte , pero con un peso  invisible y muy real que  la aprisionaba sin remedio.
Sus reiterados esfuerzos sólo mermaban las escasas fuerzas habidas. Tan sólo un gesto por su parte, hizo que todo volviese a la relativa normalidad en ese estado en el que se encontraba. Giró su cabeza hacia el frente, alzó ligeramente su cuello, y una sombra oscura  alta y bien definida con el lobo a su lado, la observaba.  

Sobresaltada , sudorosa y con el corazón palpitando a mil por hora, los impedimentos desaparecieron, y sus ojos , ahora abiertos , por más que buscaron a ese otro en su dormitorio, sólo encontraron el cuerpo real y cubierto de pelo del animal que, situado de igual forma y con pose firme, no le quitaba los ojos de encima.

Tratando de buscar un atisbo de realidad a lo que para ella   no era simplemente un sueño, salió de la cama a toda prisa dirigiéndose a su ventana ,  tratando de buscar en el exterior, alguna muestra , por muy pequeña que fuese, de que lo sentido  era tan real como ella estaba segura de que lo era.
Pero tras un rato de intensa búsqueda a ese alrededor exterior , con plena noche cerrada , nada encontró que pudiera solventar sus dudas sobre lo vivido instantes antes.

Obcecada en tratar de asimilar aquel cúmulo de sensaciones  y aturdida por lo que representaban, sin tan siquiera abrigarse , salió de su cuarto para dirigirse a la cocina. Tras prepararse una taza de té bien caliente , sentada ante la mesa del comedor, no paraban de observar el humeante líquido, dando vueltas concéntricas , disminuyendo paulatinamente su velocidad.

Manos  que  cubrían cada centímetro de su piel.  Labios que la recorrían por completo , haciéndola disfrutar de una entrega tan sublime como deseada. Unos botones , a su espalda, desabrochados  con lentitud deliciosa ante la impaciencia de quién los portaba.
Negro recto y sereno , oscuridad entre la piel blanquecina , dedos entrelazados una y otra vez con fuerza.

Un nuevo sorbo de té, y el calor recorrió su cuerpo sintiéndolo descender hasta desaparecer.

Cerrando los ojos con fuerza , trató de olvidar lo que su maldita cabeza le estaba haciendo recordar sin saber por qué, pero  una nueva tanda de imágenes la asoló por completo.

Depositada sobre un lecho de hierba , recordaba ver las ramas de aquel árbol, enorme,   cubriéndola con su sombra. El viento mecía las hojas  cuyos susurros innatos , unidos, representaban la dulce melodía que la abrazaba en aquel instante .

Las imágenes , borrosas a destiempo, acompañaban el inmenso dolor del desgarro sufrido, mientras unas manos, las de él, ensangrentadas, buscaban entre sus ropajes  algo con lo que poder taponar la herida de la cual emanaba abundante sangre.
Aquel maldito puñal emponzoñado , cuya hoja de finos y afilados filos bañados en aquel delicioso veneno adormecedor de olor dulzón,  cruzó su piel hasta uno de sus pulmones, le desgarró algo más que la carne o las vísceras. Un dolor agudo en su pecho, propio del dolor ajeno  por aquellos ojos malditos a los que se hubo entregado una vez , y que  desconcertados por el acto realizado, no llegaron a comprender el significado del verdadero sacrificio.

Manos ahora ensangrentadas , que trataban de ganar tiempo hasta llegar al lugar en dónde curarían sus heridas y la harían sanar  extrayendo la sustancia de su sangre, ignorando  si el tiempo restante que se le ofrecía para ello , era o no suficiente para no verla perderse entre sus brazos.
Lágrimas  que inundaron una y otra vez,  aquellos ojos verdes y expresivos con los que se encontró la primera vez que lo vio en la Celda Nº 5. Ojos  que la acechaban desde la esquina oscura de la misma, antes de que la luz  viniese de nuevo a él.  Manos dañadas de sufrimiento, que buscaban mostrar que sabía quién era desde que se atrevió a coger parte de su falda.

Y de vuelta a la realidad, por más que sus ojos se cerrasen tratando de difuminar todas aquellas imágenes , por más que sus manos trataran de recomponerse de la vuelta a todo aquello, con esa falsa actualidad sobrevenida sin saber  la causa, de todos aquellos recuerdos de un tiempo pasado que había preferido conservar en el olvido en una pequeña parte de su memoria,  fue incapaz de sentir que el calor de la taza iba quemándole la piel hasta que, percatándose , la soltó .

De vuelta a la actividad del hospital apenas dos horas después, trató de mantener su mente lo más ocupada posible, sin embargo, sus nervios se evidenciaban y para quienes  trabajaban con ella todos los días , aquella actitud no era la frecuente.

Parecía concentrada en lo que hacía , diligente en lo que decía , pero sus instrucciones parecían más férreas e intransigentes que nunca.  Sus maneras secas  y su rostro , pálido y cansado,  provocó lo que menos esperaba , convertirse en el centro de atención, especialmente de alguien por encima de todos los demás.

La joven  auxiliar de enfermería adscrita a su servicio acababa de realizar la ronda de revisión de las bombas de medicación cuando la vio detenida , apoyada junto a uno de los armarios dispensadores de medicamentos, con la cabeza baja y de espaldas al resto del mundo. Indudablemente no se encontraba bien , pero tampoco quería que nadie la viese en ese estado.  Cuando la vio retirarse en dirección al cuartito , miró al reloj de pared del pasillo y comprobó que aún no era la hora del descanso. Tras cerrarse la puerta,  se dirigió al mismo. Abrió la puerta  y la vio sentada en la cama, con medio cuerpo apoyado sobre sus rodillas. Trató de aparentar normalidad.

·        AUX. ENFERMERÍA:  Perdón, Casey ¿te encuentras bien?

Al oír la voz se incorporó. Su palidez era notable, y el sudor le invadía toda la cara.

·        AUX. ENFERMERÍA : Voy por el tensiómetro, no te muevas de aquí.

Y salió corriendo en su busca. Una vez  dentro de nuevo, se dispuso a tomársela , el resultado parecía normal pero aquel aspecto decía lo contrario. Pensando que podría ser un error del aparato, se dispuso a buscar otro y a repetir la misma toma, arrojando el mismo resultado.
Indudablemente no se encontraba bien ,por mucho que ella quisiera aparentarlo.

No conforme con ello, la joven le tomó el nivel de azúcar , y los resultados volvían a ser normales . Extrañada,  cogió una toallita del armarito para prepararle una compresa fría con la que poder pasarle por el cuello y la cara, siendo casi milagroso.

Un poco más recuperada y sin quedarse sola ni un instante, estimó que ya era hora de volver al trabajo puesto que su ausencia  habría de notarse fuera, pero la compañera no estaba tan segura de que su estado fuera el propicio para volver. Sin embargo, pese a insistirle, no hubo forma de convencerla , y tras ponerse en píe y arreglarse algo la parte superior del uniforme, cuando la auxiliar se disponía a salir por la puerta , se dio media vuelta para decirle algo, pero al verla se asustó.

·        AUX. ENFERMERÍA: ¡Casey!

Ella la miró extrañada . La joven parecía muy asustada, y volvió sobre sus pasos , junto a ella de nuevo dirigiéndose a su espalda.

·        AUX. ENFERMERÍA: ¿Te has apoyado en algún lado?
·        CASEY: No ……- aún aturdida- no lo sé ¿Por qué? ¿Qué pasa?
·        AUX. ENFERMERÍA: Tienes una mancha en la espalda.

 Tocó la zona alrededor, y se asustó, lo que la puso más nerviosa.

·        AUX. ENFERMERÍA : ¡Dios Casey! Es sangre  y parece fresca.  Quítatela y déjame verte.

Tras hacerlo, observó que no tenía nada . Ninguna señal, ninguna marca de corte o herida por muy superficial que ésta pudiese ser.

·        CASEY: ¿Y bien? ¿Qué tengo?
·        AUX. ENFERMERÍA:  Parece imposible de creer, pero nada. Ni un solo corte ni signo evidente , y es extraño porque por la marca circular de la macha , casi se podría decir que  se produjo por un objeto punzante , pero ,  aunque no sea muy grande , te hubieses enterado y dices que no recuerdas haberte golpeado . ¿Llegaste a rozarte con algún paciente o alguna cama ?
·        CASEY: No que yo recuerde, pero lo hubiera visto , y tú misma dices que es reciente.
·        AUX. ENFERMERÍA: Pues un misterio que quedará sin resolver entonces. Por suerte , sólo ha sido un susto. ¿Tienes otra pieza aquí para cambiarte?
·        CASEY: Sí, tengo una en el armarito.
·        AUX. ENFERMERÍA: Bien, cámbiate , te espero fuera. Iré preparando las medicaciones de la nueva ronda.

Observando la camisa  aguantada con sus manos, observó durante unos instantes la mancha de sangre aún sin secar del todo. Mirándose en el espejo, volvió a colocársela, y se giró con la cabeza aún pendiente del reflejo. Sin creer lo extraño que parecía todo aquello, aún su sorpresa fue mayor cuando vio dónde surgía la mancha, en el lado de la espalda en el que recibió el apuñalamiento. Sin herida, sin marca alguna propia de una herida inciso contusa. Nada. ¿Qué estaba pasando?

Cogió  el uniforme de repuesto y dejó aquel dentro de una bolsa en el habitáculo de lavandería.  Sin entender nada de lo que le estaba ocurriendo, pero a la vez, temerosa por la sucesión de hechos , volvió al trabajo dispuesta a terminar su turno para marcharse a casa, y mientras tanto, no podía dejar de pensar que las casualidades no existían, que aquello que había parecido olvidar hacía mucho tiempo, reaparecía por una razón , pero aún no sabía por qué.

Horas más tarde, a punto de llegar la hora de marcharse , Casey recibió una oferta casi irrechazable sólo por la forma con la cual era solicitada, y la razón.

·        AUX. ENFERMERÍA:  ¿Mejor?
·        CASEY: Sí, bastante mejor , gracias.

Mientras colocaba los últimos tarros de cristal en las estanterías , se sintió observada de forma continua por la joven.

·        CASEY: ¿Qué?
·        AUX. ENFERMERÍA: Verás, me estaba apeteciendo ir a tomar algo a un pub cercano , para desconectar un poco , pero no quería ir sola , así que me preguntaba si querrías venir.

La oferta parecía tentadora , pero ella no se encontraba mucho por la labor, y la joven lo notó.

·        AUX. ENFERMERÍA: ¿i te digo que es mi cumpleaños vendrías?

Colocó el último bote , cerró  la puerta con llave y la miró.

·        CASEY: ¿ Lo es?
·        AUX. ENFERMERÍA: Vale no, pero para el caso da igual. Por favor .

Tanto su rostro como el tono de su voz, suplicante , mellaron su resistencia no pudiendo negarse, y tras cambiarse, se dirigieron al local , situado a unos diez minutos andando desde la puerta del hospital.

Tras ingerir la primera copa y comenzar a encauzar una segunda, la joven compañera aprovechó para tratar de indagar algo más.

·        AUX. ENFERMERIA:  ¿Sabes  qué eres un auténtico misterio? Claro que lo sabes.

Con serenidad absoluta , afrontaba una conversación cuyos derroteros conocía y que habían tardado en manifestarse.

·        AUX. ENFERMERÍA: No es que lleve demasiado en este hospital, pero de toda la gente que  he tenido que conocer o con la que he trabajo, tu nombre siempre ha salido en algún momento y lo cierto es que aunque parezca extraño, la unanimidad en cuanto a las opiniones favorables casi asusta.
·        CASEY: ¿Esperabas escuchar algo negativo?
·        AUX. ENFERMERÍA: Lo que no me esperaba es que le cayeses a todo el mundo bien, o que por lo menos encontrase a alguien que pudiera decirme algo diferente a lo buena persona que eres o lo brillante profesional que demuestras ser.

Con calma pasmosa observaba a la curiosa joven , mientras disfrutaba de la copa y el ambiente tranquilo.

En el momento en que la auxiliar cogía su copa para beber lo que le quedaba , alguien entró, pero sólo ella se percató de ello puesto que Casey se encontraba de espaldas a la puerta. Observando por unos instantes a aquel hombre de estatura media, pelo castaño , barba a media altura, y mirada penetrante, que se dirigía con una seguridad aplastante hacia la esquina del fondo de la barra , seguido por la estela dejada por su abrigo a cada paso que daba.

Volviendo a centrarse en la mesa y en su acompañante, retomó la conversación.

·        AUX. ENFERMERÍA: ¿Si te pregunto algo me contestarás?
·        CASEY: Depende.
·        AUX. ENFERMERÍA: En todo el tiempo que llevo trabajando contigo te he observado,  lo reconozco.
·        CASEY: Siempre lo hacen los estudiantes , y algunos compañeros. Hasta médicos he sorprendido vigilándome.
·        AUX. ENFERMERÍA: No me refería sólo a nivel profesional. Normalmente todos saben de todos ahí dentro. Desde maridos o esposas, hasta hijos habidos fuera de las parejas, líos entre compañeros que acaban en los cuartos de enfermería, y las opciones sexuales más evidentes. No es que la gente guarde demasiado su intimidad.
·        CASEY: En este país, eso es algo que nunca se ha tenido demasiado sobrevalorado en aras de la libertad a la europea.
·        AUX. ENFERMERÍA: ¿Y tú? ¿Ni maridos, ni hijos, ni familia cercana a la que acudir? ¿Ni amigos?
·        CASEY: Valoro en demasía mi estado de soledad. Es una forma de vivir envidiada por muchos.

Con disimulo, la joven volvió a centrase en el hombre que recién había hecho su acto de aparición y que desde ese instante,  no había cejado en su objetivo visual, la mesa donde se encontraban ellas dos.

·        AUX. ENFERMERÍA: Así que ……. Sin demasiada vida social .
·        CASEY: Sí. Disfruto de cortos paseos  cuando quiero , pero me gusta estar en casa. ¿Por qué?

Al ver como su joven ayudante se centraba en otro punto más lejano , intentó darse la vuelta para ver a dónde estaba mirando , pero ella no la dejó.

·        AUX. ENFERMERIA: ¡No!

Volviendo a estar de frente suya , extrañada , quiso saber qué estaba pasando.

·        CASEY: ¿Qué sucede?
·        AUX. ENFERMERÍA: Hace rato que ha entrado alguien, un hombre, atractivo, elegante , que apunta maneras. Se ha  sentado al final de la barra.
·        CASEY: ¿Y?
·        AUX. ENFERMERÍA: Que no ha dejado de mirar hacia aquí  desde entonces.

Ella no pudo evitar sonreírse.

·        CASEY: Bueno, creo que él también debe sentirse observado puesto que no has parado de hacerlo .
·        AUX. ENFERMERÍA: ¿Lo de la soledad siempre ha sido así o sucedió algo que la provocara?

Esa era la pregunta clave a la que para llegar ,  la joven auxiliar había decidido dar tantas vueltas. Como en una especie de tanteo  preparatorio, todo se centraba en la mayor de sus curiosidades . Con dificultad y gesto serio  decidió responderle , especialmente, para evitar que volviese a surgirle la oportunidad de repetirse.

·        CASEY: Hubo alguien  hace mucho tiempo. Después de aquello,  decidí que no necesitaba a nadie más.

Un mal recuerdo. Una experiencia casi traumática a deducir por el tono de su voz y su rostro cabizbajo. A la joven no se le escapaba nada de lo que la rodeaba, y antes de su compañera pudiera entristecerse más, decidió cambiar de tema.

·        AUX. ENFERMERÍA: Pues se ve que esa condición debe atraer , al menos a distancia.

Casey gesticuló extrañada esperando una aclaración por su parte.

·        AUX. ENFERMERÍA: ¿Me disculpas?

Se levantó y con paso sinuoso , la chica se acercó de forma directa al individuo sentado al final de la barra, deteniéndose justo a su altura. Ladeó la cabeza observándole de forma directa y sonriente , con gesto de plena satisfacción  y  voz casi susurrante, ante los ojos inquietantes del desconocido, le dijo lo que él esperaba oir.
·        AUX. ENFERMERÍA: Toda tuya.

Él , bajando ligeramente la cabeza en agradecimiento por el obsequio recibido, dejó que la joven continuara su camino, mientras se preparaba para acercarse a la mesa .

Absorta en sus propios pensamientos, sólo fue capaz de darse cuenta de que se acercaba alguien cuando un ligero aire frío le llegó a parte de su cara  y al mirar, un abrigo  oscilante en su extremo le pareció ver por el rabillo del ojo.  Volviendo su mirada hacia el asiento de su compañera,  no fue a ella a quién vio, sino a un hombre que concordaba con la descripción previa dada por ella. El sonido chirriante de la puerta de la entrada  hizo que girase su cabeza hacia ella, viendo , entre los cristales de la misma, a la joven salir a toda prisa de allí.

Centrada de nuevo en su inesperado acompañante, el silencio  y las miradas se cruzaron más serias que con nadie.  Simplemente a la expectativa. Él con un objetivo muy claro. Ella, intentando asimilar esta nueva incorporación a la historia.

·        CASEY: ¿Así que no sois una leyenda ?
·        KALEY: Nunca lo hemos sido.
·        CASEY: Ya eráis pocos cuando de niña me hablaban de vosotros. ¿Cuántos quedáis ahora?
·        KALEY: Tres conmigo.

Con pose regia y firme, aquel no era un hombre cualquiera. Era un cazador o por lo menos así les llamaban. Sin función propia o específica, gozaban de múltiples poderes  incluida la transmutación, siendo relacionados frecuentemente ,  por sus conocimientos,   con el águila.
Imponente , su saber estar , aunque fuera sentado, hacía que inspirase mucho respeto.

Con sus antebrazos encima de la mesa y sin dejar de mirarla a los ojos, en el fondo, ella sabía que  se encontraba pendiente de cualquier pequeño ardid o movimiento que a ella se le ocurriera hacer. Con mucha prudencia , Casey  trató de estudiar a su oponente, el cual, no le era del todo desconocido.

·        CASEY: Muy mal deben de estar yendo las cosas para que te hayan enviado precisamente a ti.

Él la pilló mirando su muñeca derecha.

·        CASEY: Sí, lo he reconocido. Nunca hago comentarios gratuitos , Kaley.
·        KALEY: Así que reconoces mi marca.
·        CASEY: El legendario y pequeño sello tatuado de carácter milenario que se os otorga al nacer y que cambia según adquirías más poder. Sí, es una de las primeras cosas que te enseñan y debes aprender para tener presente  lo qué puede pasar cuándo incumples las normas. Lo que no llego a tener muy claro, es qué haces exactamente aquí.
·        KALEY:  Me han mandato que te lleve de nuevo.

Sorprendida  por tal reclamo, le parecía increíble que algo así pudiera pasar, precisamente ahora.

·        KALEY: Lo extraño, es que mi venida te haya cogido por sorpresa.
·        CASEY: Hace mucho que mis poderes quedaron en el olvido de los tiempos. Ahora soy una ciudadana más, normal.
·        KALEY: Puede que como dices, tus habilidades estén en algún rincón de tu memoria, pero no se pierden jamás y lo sabes. Respecto a la ansiada normalidad a la que aspiras, es una quimera .
·        CASEY: Puede que para ti y los de tu estirpe lo sea, pero no para mí.
·        KALEY: ¿En serio vas a ponérmelo difícil o me dejarás hacer las cosas a mi manera ?
·        CASEY: ¿Hay alguna diferencia en tu caso? De entre las historias que nos contaban como complemento de advertencia, también se encontraban los actos que vosotros llamabais de caridad  y que no eran más que crueldad y sangre gratuita a partes iguales, sin distinción alguna sobre  gestantes a punto de dar a luz o  recién nacidos inocentes que dormitaban en sus cunas.  Soldados  sin corazón ni espíritu alguno, que brindabais sacrificios de sangre  a cambio de poder y de una dependencia a vuestros servicios, y de entre todos ellos, el que porta el corazón más oscuro  es precisamente a quién ahora tengo delante. El último que habrá de quedar de entre todos los suyos , el más poderoso y temible,  el que envían cuando todo parece imposible .  El único capaz de vivir consigo mismo  porque jamás ha  sabido lo que son los remordimientos, pero incapaz de dormir , porque las almas de los mortales cuya sangre derramaste, te atoran el sueño , apareciéndosete con sus gritos angustiosos e incansables .

La incomodidad denotada en la tensión de las venas de su cuello o en la rigidez mandibular, mostraba un enfurecimiento contenido pero creciente.

·        KALEY:  Aún no me has respondido.
·        CASEY: ¿En serio? No me había dado cuenta.

No le tenía miedo. Evidenciaba una ironía y un atrevimiento como pocas veces él se había encontrado, y pese a todo, nada le extrañaba.  Parte de lo que en principio le habían contado de ella se le confirmaba en pocos segundos, y la advertencia realizada respecto a esa mujer, que tuviera mucho cuidado y nunca la subestimara, cobraba forma definida.

·        CASEY: ¿Quieres respuestas? Te daré una inexcusable y cierta. Ahora voy a levantarme de aquí y me dirigiré a la puerta para salir al exterior, en dirección a mi casa, y a ti, por tu bien, no se te ocurrirá seguirme.
·        KALEY:  Muy buena, pero te equivocas en algo. No es para nada cierta.

Ella se puso de píe y comenzó a andar algunos pasos marcha atrás . Sin inmutarse ni acelerar el paso, salió del local en busca de la parada de metro más cercana.
Pese a la hora, no había nadie en la calle . Sólo sus pasos sobre la nieve y…………los de alguien más que efectivamente la seguían. Desviándose por un callejón, a unos veinte metros de la boca de metro, se detuvo cuando se encontraba justo a mitad, dónde más oscuro estaba, esperando a que apareciera, lo que no tardó en suceder.

Apenas se adentró en él, el soldado se detuvo justo en el límite entre la oscuridad y la luz . Sabía dónde se encontraba y hacia ella dirigió su voz.

·        KALEY: Te están buscando.
·        CASEY: ¿Quién?
·        KALEY: El mismo que ya le ha encontrado a él.

El mundo a sus pies. Sabía de quién hablaba , y aquella noticia derrumbaba todo aquello por lo que decidieron sacrificarse hace tanto tiempo. Adelantada unos pasos,  se dejó ver.

·        KALEY: No viene solo. Se hace acompañar por alguien a quién tú sí conoces bien , puesto que dio pie a tu  bautizo para alcanzar el rango supremo.
·        CASEY: Morigan.

Nerviosa e incrédula con todo lo que estaba escuchando,  intentaba mantener en falso cierta calma

·        CASEY: ¿Cómo han dado con él?
·        KALEY: Ella. A él todavía no le ha visto.
·        CASEY: Debo avisarle , si al menos supiera dónde está.
·        KALEY: No debes hacerlo, o él habrá conseguido lo que pretende.

Habiendo captado su atención de nuevo, se permitió acercarse con la seguridad sobrevenida de que ella no intentaría nada contra él.

·        KALEY: ¿Tus sueños han vuelto verdad?

La misma capacidad que tenía ella para ver de los demás, la poseía él. Lectores de mentes desde niños , su uso de razón y la madurez , sólo los engrandecía en ello , siendo el poder más preeminente más temido  entre todos.

·        KALEY: Tienes a un “rondante” contigo. Alguien poderoso y hábil que maneja para ambos y se encuentra cerca de ti, facilita que no puedas reconocerlo, ni yo tampoco. Sólo siento su presencia en torno a ti.
·        CASEY: ¿No vas a detenerte verdad?  Recurres a esas viejas leyendas sin fin sólo como medio para tratar de convencerme.
·        KALEY: Como bien sabes, no puedo mentir.

En un arrebato, se dio media vuelta. Apenas tres pasos dio, cuando la voz de él la detuvo de nuevo.

·        KALEY: Pero sí ocultar, y eso es justamente lo que ellos me pidieron.

Detenida y cerrando sus puños con fuerza, trató de respirar hondo y reaccionar con la cabeza fría. Lo que en estos instantes , resultaba demasiado difícil.

Ana Patricia Cruz López
Todos los derechos reservados



1 comentario:

  1. Interesante este nuevo personaje, la secuela me esta gustando demasiado aun no puedo decir que mas que la primera pero ss igual de atrapante. A tus pies Patri como siempre un placer leerte

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