miércoles, 2 de diciembre de 2015

MOMENTOS. Siempre tuya (185)

Es tan difícil a veces decirte cómo me siento.
Tan difícil explicarte cómo me haces sentir.
Créditos a quién corresponda


Contigo , jamás existieron los blancos o negros.
Los azules , suavizados en todas sus gamas,
siempre recordaron al cielo.
Los verdes, apastelados y sublimes,
a un campo infinito en el que nunca existe el otoño.

Cuéntame cómo es que vives en paz contigo mismo
pareciendo que no seas capaz de sentir lo que de verdad sientes,
que una sonrisa siempre sea lo que tu rostro muestra ,
cuando la rabia te corroe por dentro,
que las lágrimas se mantengan en secreto ,
mientras su torrente no finaliza nunca en tu interior.


Dime , cómo poder alcanzar aquello que deseas
sin destrozarte por dentro,
sin recriminarte que todo lo realizado tiene un fin,
aunque no se esté de acuerdo
por puro desconocimiento.

Dime por qué siento este ahogo inteiror
cuándo debería estar feliz,
dime por qué me aprisiona el pecho una y otra vez
hasta el punto de perder la poca cordura que creía que tenía,
por qué mis dudas sobre esta prueba que la vida me ha puesto,
tienen que seguir creciendo sin límite ni posibilidad de detención,
dime por qué, no puedo seguir como hasta ahora.

Y es que en un afán casi masoquista,
me castigo una y otra vez
rompiendo mi corazón
conforme una nueva grieta aparece ,
sabiendo que sólo es un instante,
pero que puede que nunca llegue.
Y en ese autoflagelamiento ,
consentido ,
solicitado,
inevitable,
mi alma pide la redención
de poder seguir amándote como hasta ahora lo he hecho,
como si fuese un pecado,
un vil secreto
fruto de una mente perturbada,
como lo más incomprensible de un ser humano,
algo ,
que sólo yo entiendo,
y que sé,
que sólo alguien cómo tú ,
eres capaz de comprender.

Fatal y duradero desasosiego
cual brujo con vara maldita
el que atina a darle de un sólo lance,
a los corazones que , dadivosos,
sólo pedían una décima parte de lo entregado,
encontrando rechazo a sus designios,
y que ahora,
les oprime con aquello que les es inalcanzable,
pese a conformarse con mucho menos de lo que a otros exigían.

Cruel desenlace a secas
de la melodía de la vida real,
en el que poco consuelo haya
el que siempre anda a la expectativa de cumplir sus sueños,
pero en el que la diosa esperanza,
reclamando su justo espacio,
actúa como el único soporte irreal pero posible
de una vida de por sí desahuciada
a una realidad que no quiere.

Ana Patricia Cruz López

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