CAPITULO TERCERO (
Segunda parte)
Fría comenzó la mañana . Tras tratar de descansar y no conseguirlo,
aún más agotada de cómo hubo terminado en la cama decidió incorporarse a su mundo antes de que
amaneciera. Antes incluso de preparar la ropa con la intención de tomar una
ducha rápida y salir a pasear para
disfrutar de una mañana de paz, hizo algo de café , cargado para no variar,
cogió dos pastillas para el incipiente dolor de cabeza que se avecinaba y calentó algo de leche para acompañar.
Con la taza en la mano, se acercó a una de las ventanas del salón , y
su vista volvió a centrarse , la igual que ya lo hiciera la noche anterior, al
mismo punto en la acera de en frente. Aquel, en el que aquellos dos puntos
brillantes la andaban observando hasta incluso después de asomarse desde su dormitorio.
No sabía por qué pero más allá de resultarle todo aquello bastante
extraño, algo la atraía de todo aquello, generando una malsana curiosidad.
Tras la ducha templada, se vistió con ropa cómoda , deportiva, y
cogiendo las llaves y la cartera , cerró con dos vueltas de llave como venía
siendo costumbre.
Apenas había nadie aún en la calle . era demasiado temprano para que
la vida se apropiase de la calle , al
menos, la vida humana y reconocible. La
otra, aquella que se mantenía oculta entre las sombras y la oscuridad total,
aquellos seres minúsculos o no que se adueñaban de todo a su paso mientras no
eran molestados porque el resto dormía, esos, hacían de las suyas en últimos
retazos de libertad nocturna antes de desaparecer hasta la noche siguiente.
Londres no era una ciudad que se mantuviera bulliciosa a todas horas ,
y ello les venía por tradición y sangre. Esta regla, dónde vivía ella, en una
zona residencial y tranquila, era “modus vivendi”.
Prácticamente a uno parecía acompañarlo en su deambular el sonido del
agua terminando de caer por el interior de las alcantarillas, algún correteo de patitas livianas de alguna
que otra rata lugareña, y el propio
sonido del choque o roce de la suela de
uno contra el arcén o la loseta de piedra de turno.
Pero en apenas diez minutos de recorrido, otro sonido intercalado se
incorporó. No era tan contundente , y variaba su velocidad conforme ella
maniobraba su paso, recorriendo el mismo camino justo detrás de ella. Se detuvo en un par de ocasiones pero sin
querer darse la vuelta para comprobar. Simplemente se detuvo, y su oído,
afinado entre los sonidos de la noche, captó como aquellos nuevos pasos
acompañantes se detenían conforme ella lo hacía, arrancando de nuevo nada más
hacerlo ella.
Decidida , continuó andando algún tiempo más, hasta detenerse en seco
y darse la vuelta sin aviso. Para su sorpresa ,
se creyó sugestionada por algo que no era capaz de entender, porque a su
espalda no había nada.
El sol y aquella vida que de alguna manera indirecta ejercían de
acompañantes comenzaron a abarcarlo
todo, y ya, los sonidos que en el inicio de su paseo habían estado arropándola,
se silenciaron para dejar paso al ruido frenético de la jornada matinal.
A pocos metros de su casa había un parque, no demasiado grande , pero
si lo suficiente como para que aquellos que necesitasen o quisieran correr lo
hicieran , los padre y abuelos pudieran disfrutar de zonas de esparcimiento con
sus bebes o sus nietos , y los poseedores de perros dejarlos correr a sus anchas en las zonas
habilitadas para ello.
Con árboles frondosos y altos que parecían abrazar el cielo ,
cobijando en verano cuando las olas de calor apretaban , y otorgando sombra
abundante a quién pudiese necesitarlo, se podía disfrutar hasta de amplias y
adecuadas zonas de césped desde donde organizar un picnic casero podía ser toda
una aventura.
Decidida a descansar durante un instante mientras observaba
plácidamente lo que sucedía a su alrededor, pudo ser testigo imprescindible de
la ruta de unos ciclistas que se convertían en dueños de los caminos asfaltados
mientras discutían sobre algo que no logró escuchar bien pero que parecía mantenerlos agitados y no
muy atentos a lo que les envolvía. Tras ellos, una madre que , cogiendo el
carrito del bebé con una mano, sostenía con la otra a su pequeño rubio y de
enormes ojos azules que parecía resistirse a caminar , y que al pasar delante
de ella, la miró fijamente y con una notable seriedad en su rostro. Ella , en
un gesto de cordialidad infantil, le saludó con la mano, pero el niño sólo
refrenaba a su madre que tiraba de él llamándole la atención , mientras el
pequeño sólo la miraba serio, sin parecer reaccionar a ningún estímulo, hasta
que su progenitora lo cogió en brazos y se lo llevó de allí. Parecía tener mucha prisa.
Apenas un tiempo después, se levantó algo de brisa. Casey decidió
cerrar los ojos y dejar caer su cabeza hacia detrás para disfrutarla mientras
acariciaba su cara bordeando cada curva y cada esquina, y así se mantuvo, en
relax continuo, hasta que sintió que alguien se sentaba a su lado. Abrió los
ojos, ladeó la cabeza hacia su izquierda
, y allí estaba sentada una pequeña de apenas seis o siete años , aunque
aparentaba más por su edad. La niña, con sus ojos negros como el azabache , la
miraba fijamente sin decir nada. Esta vez, lejos de volver a repetir el mismo
gesto que con el menor anterior,
simplemente se quedó observándola tan fijamente
como ella lo hacía, hasta que la vio mirar como a su espalda. En
principio, pensó que simplemente algo la
habría llamado la atención, pero aquella forma fría y fija de mirar de la
pequeña le daba escalofríos. Con cuidado
, fue girando parte de su cuerpo para ver hacia dónde estaba mirando, cuando lo
vio.
Un perro grande y fuerte, de pelaje negro y profundos ojos claros y brillantes , estaba sentado justo al lado suyo , donde
terminaba el banco. Con pose firme y correctamente sentado, su vista se
mantenía firme al frente , casi sin pestañear.
Cuando ella volvió a mirar a la niña, ésta la estaba mirando, y
aprovechando que su madre la descuidaba al haber recibido una llamada de móvil,
le hizo un gesto para que se le acercase. Extrañada, Casey decidió hacerlo, y
la chiquilla, con voz casi susurrante , le dijo: “ Está aquí”. La pequeña de ojos penetrantes
sintió el tirón del brazo de su madre, la cual, enfurecida de por sí a causa de la
conversación , se levantó del banco a toda prisa dirigiéndose a ella con voz en
grito.
·
MADRE: ¿Cómo se atreve a traer a ese animal así
aquí? ¿Es qué no sabe la normativa? ¡No debe traerlo sin correa y sin bozal!
Casey volvió a girarse hacia el animal que aún continuaba en el mismo
sitio y de la misma forma , sin haberse movido ni un ápice, para de seguida,
volverse hacia la angustiada madre.
·
CASEY: Disculpe, pero el animal no es mío.
·
MADRE: ¡Sí Claro ¡ ¡Esa es la excusa que ponen
todos ¡ ¡Pués para no ser suyo , bien que se mantiene a su lado si moverse! ¡ Y
con los niños que suelen estar por aquí! ¡Qué vergüenza! ¡La próxima vez que la
vea, me encargaré de denunciarla!
Y la alterada madre, tirando de
la niña de una forma en la que apenas podía caminar con normalidad, desapareció
de allí ante la más inesperada sorpresa de ella.
Extrañada por todo aquello, y en
vista de que unas amenazantes nubes gris oscuro parecían estar cubriendo de
nuevo el cielo, se levantó del banco y comenzó a alejarse de allí para regresar
a casa.
Apenas dio diez pasos y se detuvo para darse la vuelta y comprobar si
el animal aún permanecía sentado junto al banco , y por si las sorpresas fueran
pocas, vio que el perro se encontraba apenas a cinco pasos suyos , sentado ,
firme y observándola fijamente.
Volvió a girar sobre sí misma y continuó su camino , decidida a no
volver a darse la vuelta hasta que llegase a su casa , pero de la misma forma
que sentía la imperiosa necesidad de que su hogar estuviese cada vez más cerca
en vez de parecerle estar cada vez más lejos, sabía, que aquella gran incógnita
con patas , pelo negro y ojos brillantes , se mantenía detrás de ella ,
cercándola y siguiéndola justo detrás durante todo el camino.
Podía sentir aquellos
penetrantes ojos atravesándola, y en ocasiones , los nervios le hacían captar
los pasos del animal mucho más cerca de lo que en realidad estaban , hecho que no podía comprobar fehacientemente
ya que se había prometido a sí misma que no se daría la vuelta.
Con la puerta de su casa justo en frente, el último tramo de la calle,
cruzarla, lo hizo casi corriendo mientras , con la mano en el bolsillo de
la sudadera preparaba las llaves para no tener más que
abrir y entrar dejando todo atrás.
Justo en el porche, con la llave prácticamente en la mano, estas se le cayeron al suelo. Agachada a cogerlas ,
sintió su presencia de nuevo, muy cerca. Giró su cabeza a su derecha , y
aquellas cuatro patas peludas , negras e imponentes , se encontraban justo a su
lado, apenas a unos centímetros.
Continuó elevando la cabeza para mirarlo de frente ,a los ojos , porque sabía que eso era lo que
había que hacer para calcular con cierta previsión un posible movimiento y
reaccionar, pero sin bajar la guardia ni la posible defensa , especialmente de
la cara , lo que estaba más cerca.
Con movimiento sigiloso, cogió las llaves y se fue levantando muy
recta. Introdujo la llave en la cerradura , y tentando muy lentamente, la giró
hasta abrirla , entrando con la misma precaución que había tenido hasta ahora.
Tras de ella, apoyada, fue cuando pudo respirar con cierta seguridad.
Es cierto que no la había hecho nada , que ni realizó gesto alguno de
acercamiento real para atacarla cuando
podía haberlo hecho, incluso estando agachada y en clara posición de
inferioridad , pero su mirada y su aspecto grande , alto y fuerte, y un rostro muy serio y frío , no le otorgaron confianza
alguna.
Dejando todo en la cómoda de la entrada , subió las escaleras hasta el salón, dónde intentó encontrar , nerviosa, algo en
el mueble bar que la relajase .
Por un momento, creyó estar viviendo un episodio de alguna obra
oscura. Aquellos niños de mirada siniestra y fría , lo que la pequeña le dijo y
que cada vez que recordaba , era su voz lo que lo hacía más difícil , y el
perro.
“Está aquí” ¿Qué ¿ ¿Quién? ¿De qué hablaba ¿ ¿A quién se refería? ¿Por
qué una niña ni nadie que no la conociera , y de esa forma, debía decirle nada
y menos eso? No lograba entender qué
estaba pasando, pero los escalofríos no desaprecian.
Encontrándose de pronto indispuesta , decidió acostarse y cubrirse con
una manta. Sentía mucho frío y tenía la misma sensación que cuando la fiebre
muy alta se apodera de un cuerpo humano
débil y sin defensas , pero a diferencia de lo que pasaba con la fiebre, la temperatura era anormalmente baja . Se
sentía helada, sudaba profusamente y no
lograba entrar en calor . Así durante
horas.
Un sueño profundo en apariencia se hizo con ella , y sólo entonces ,
ello la alejó de todo lo que en ese momento la preocupaba o le hacía sentir mal
para aislarla en un mundo donde muchos brazos sin cuerpo parecían tirar de ella
desde diversas partes . Tiraban y
tiraban con fuerza , y sólo se oía gritar , pero sólo parecía escucharse ella .
Casi con la sensación de ser partida en
mil pedazos , o al menos de intentarlo ,
continuaba gritando , pero aquella voz parecía apagarse hasta silenciarla el sonido de una tormenta
de la que sólo se veía el resplandor de los relámpagos. Una luz fuerte y
brillante , que no dejaba ver nada en realidad , que cegaba de tal forma que no
permitía comprobar lo que pudiera haber rodeándola. Y sintió que su cuerpo caía sin ver fondo , y
que continuaba cayendo . Sintió que era empujada por aquellos mismos brazos sin
cuerpo definido que antes parecían querer apropiarse de cada parte del suyo
como para recomponerse . Y caía sin
control, muda, hasta que se despertó sobresaltada y con todo el cuerpo
dolorido. Por la extraña fiebre alta , pensó ella.
Y como la noche anterior, sin saber por qué, algo volvía a
incitarla a que se asomase a la ventana de su dormitorio. Como pudo, se
destapó y trató de sentarse en el filo de la cama para levantarse. Aturdida y
con un fuerte dolor de cabeza, se acercó a la ventana tambaleándose ,
acabando apoyada en el cristal. Aquello que mismo la había incitado a estar
dónde se encontraba , la hizo volver a mirar a la acera de en frente y
comprobar ,para su sorpresa que aquellas mismas dos pequeñas luces brillantes continuaban observándola
como la noche anterior.
Una sensación de incredulidad y curiosidad , aquella que siempre había
ella calificado como perjudicial pero inevitable, fue la que llevó a que
caminase como bien pudo hasta el recodo de la parte superior de la escalera , y
que agarrándose a la barandilla con ambas manos y con la mayor fuerza de la que era capaz ,
escalón a escalón, fuese descendiendo hasta el vestíbulo.
Una vez allí, tratando de encontrar las llaves sin querer encender la
luz , dio con ellas tras empujar algo al suelo que sonó roto en mil pedazos.
Como ida , sin poder calcular ni ver bien, a tientas , introdujo la llave en la
cerradura y abrió la puerta, miró hacia el frente , vio aquellas dos luces
brillantes y se desvaneció cayendo
abruptamente al suelo .
Con mucha
dificultad , fue abriendo los ojos. Una brillante luz lo abarcaba todo . Miró hacia la pared que
tenía a su izquierda para asegurarse de que aquello que la deslumbraba era luz
natural, y una vez lo comprobó, giró hacia el otro lado. Las cortinas
permanecían abiertas y a través de los
cristales , el cielo era anormalmente azul y estaba despejado, tanto como para
no encontrar ni una sola nube por mucho que se tratase de buscar.
Giró su vista un poco más hacia la derecha para ver su reloj despertador.
Marcaba las doce del mediodía. Confusa,
mientras se restregaba los ojos con las manos , trataba de pensar qué había
ocurrido. Recordaba haberse encontrado muy mal , y ahora parecía estar
simplemente descansada, muy descansada.
Le tocaba entrar a trabajar dentro de cuatro horas y debería
permanecer los dos días siguientes en el hospital. Así era el nuevo sistema de
guardias impuesto por la dirección, un auténtico caos para intentar mantener
una vida normal .
Extrañada por lo acontecido, simplemente no quiso pensar más , y se dispuso a prepararse para ese día de
trabajo. Preparó la ropa que se pondría, el calzado, se duchó rápidamente, y
una vez arreglada, terminó una taza de café a medias y bajó. Sin embargo , cuando llegó al vestíbulo, vio cristales en el suelo al
lado de la cómoda pero no recordaba que
hubiera pasado nada, sin embargo , tenía una sensación extraña. Al introducir
la llave en la puerta , una especie de recuerdo de estar cayendo al suelo le vino de pronto. Casi podría hasta describir
su silueta , como si pudiese verse allí , pero aquello no sería lo más extraño
ese día. Abriendo la puerta , encontró al perro del parque, sentado como de
costumbre. Firme, casi marcial, y , como siempre, mirando al frente .
El niño de extraña mirada, la niña de la incógnita por mensaje, el
perro vigilante del parque , su
malestar que desaparecía tan
inesperadamente como había surgido, y un jarrón roto de cristal regalo de unas
navidades que permanecía hecho
añicos, sin saber cómo , en el suelo.
Todo en un sólo día . Un día que se supone le debía servir para
descansar y volver a su realidad con fuerzas renovadas, y que en este caso ,
sólo le traía cansancio y dudas sobre qué estaría pasando. Acunada sobre la
idea de que podrían ser casualidades y
que Londres estaba repleta de gente extraña con independencia de la edad, cerró
la puerta y se acercó al metro más cercano con destino a su trabajo, no sin
antes constatar, sin saber la razón, que el animal permanecía echado por fuera de
la puerta de su casa sin moverse. Tampoco respecto a esto quiso preocuparse por el momento.
Posiblemente andaba perdido . Pese a su aspecto , no parecía agresivo pero
tampoco se fiaba, claro que dado lo dicho por aquella mujer en el parque , las
normas se habían recrudecido mucho en los últimos tiempos con la disposición de
animales , y si éste continuaba rondándola , debería adoptar medidas si no quería enfrentarse a problemas con los
vecinos de la zona.
Llegada en punto al hospital , el ambiente parecía tranquilo como una tarde cualquiera , pero por lo visto no
lo era , ni se le asemejaba lo más mínimo.
No hacía ni dos horas que la central del hospital había comunicado la
llegada de un grupo de pacientes a Urgencias , y que por lo complejo del
rescate , posiblemente , algunos
deberían ser derivados a la UVI.
Un tren de mercancías se había salido de la vía en una curva ,
chocando estrepitosamente contra otro tren de pasajeros que venía justo de
vuelta en las vías de al lado . Partido éste por la mitad y refrenado el mercancías por el de
pasajeros, muchos de estos, tuvieron que
ser extraídos de forma brutal tras horas de permanencia entre el amasijo de
hierros , mientras los destacamentos de bomberos trataban de retirar todos los
obstáculos de la forma más rápida posible.
Nada más entrar, la agitación por reubicar y preparar nuevas camas a
parte de las que ya permanecían vacías, hacía que todo el personal se
encontrase remodelando la planta prácticamente. Con las previsiones en el
tablón , todo hacía presagiar que las guardias se alargarían más de lo que
estaba previsto en los cuadrantes, y que hasta nueva orden , nadie gozaría de
permisos.
Hacía mucho tiempo que no se vivía en el centro una situación de
emergencia igual. La última vez, hacía unos dos años, resultó un accidente
multitudinario, aunque con lesionados más leves que graves por suerte, y
sucedió en un ámbito espacial diferente, el Aeropuerto de Gatwick.
Por pocos accidentados graves
que hubiera entonces , o que pudieran
haber en otras circunstancias similares , lo cierto es que los protocolos, pese a estar convenientemente
revisados y saber a ciencia cierta que
era efectivos , conllevaban siempre una
situación de pequeño caos local que hacía que todo se trastocase , hasta que la normalidad regresaba poco
después.
No pasaría ni media hora de su incorporación, y los primeros nuevos
inquilinos de la planta iban siendo reubicados convenientemente en una zona de
la sala , todos juntos , para facilitar
sus tratamientos y cuidados , incluso parte del personal , nuevo y menos nuevo,
les fue asignado en exclusiva, mientras los demás se encargaban de los que
llevaban más tiempo .
Acostumbrada a llevar adelante , prácticamente sola , situaciones de
crisis, motivo por el que fue ascendida, con apenas dos auxiliares y dos
enfermeras más, tuvo que afrontar la atención de los quince pacientes
habituales que allí se encontraban desde antiguo.
Sin tiempo casi para respirar , tuvo que reasignar tareas a las que habían
sido trasladadas para la ocasión como refuerzo, al personal que aún siendo
estudiante debía hacer las prácticas e incluso a sí misma. El orden de
preferencia en la atención de los pacientes sufrió variaciones como medida
temporal hasta que todo se normalizase, y aquellos que requiriesen menor
atención , sólo medicalización, serían los que
más estrictamente sufrirían lo estricto de los nuevos horarios , sumado
a la indecisión de saber cuándo serían vistos por los médicos , especialistas
algunos, cirujanos otros, que a partir de ese momento, también verían alterado
todo su cuadro de trabajo, debiendo retrasar,
en algunos casos, dichas visitas.
La situación de caos continuó instalada en la planta durante horas.
Conforme el personal lograba estabilizar a alguno de los accidentados , debían
correr por los carros de reanimación ,
ya que perdían a dos al mismo tiempo.
Pasos acelerados, choques entre el personal entre las camas , bolsas de material hospitalario desechable de
las que jamás se estaba en la certeza de
si alguna vez se habrían puesto vacías , las alarmas de las bombas y de la
maquinaria saltando de forma estruendosa de varias zonas distanciadas a la vez
…… Caos. Y entre todo ese caos , una sola zona de paz : el habitáculo de la
última cama situada a la derecha en el
pasillo que tenía justo en frente suyo.
Kilian permanecía tranquilamente sentado en su cama, con la espalda
erguida, observándolo todo. Desde dónde se encontraba , lo cierto es que
se podría decir que gozaba de las mejores vistas , del enfoque perfecto de
prácticamente toda la sala, y por su actitud, parecía ser consciente de todo
ello. Revisando los horarios actualizados, su medicación tocaba en ese momento,
y antes de recurrir a nadie , fue Casey
la que , personalmente, se la llevó.
Con toda la naturalidad de la que era capaz y con los tiempos medidos
, fue anotando la conformidad de las dosis entregadas mientras las depositaba
en la mesita.
·
CASEY: Buenas noches Sr. Ewan. Celebro comprobar que se encuentra
mejor.
Él, que permanecía atento a cuanto acontecía a su alrededor, no abrió
la boca. Ni siquiera se detuvo por un segundo a mirarla. Estaba demasiado
absorto con lo sucedido.
·
CASEY: Por suerte no siempre es así, lo que es
buena señal.
Concentrada en sus apuntes , él decidió dirigirse a ella .
·
KILIAN: ¿Y usted?
Aquel tono de voz una vez más despertó el interés . Levantó solamente
su mirada lo suficiente como para observarlo
por encima de sus gafas, topándose con aquellos imponentes y enormes ojos
azules una vez más.
·
CASEY: ¿Por qué tiene esa costumbre?
·
KILIAN: ¿Cuál? ¿Preguntar?
·
CASEY: No. Mirar de esa forma.
·
KILIAN: ¿De qué forma?
·
CASEY: Sabe perfectamente de qué le hablo Sr.
Ewan. Se lo han tenido que decir más de una vez . Resulta notablemente
incómodo.
·
KILIAN:
Tiene usted razón, me lo han dicho más de una vez y yo sólo puedo
limitarme a pedir disculpas por algo que no puedo evitar.
·
CASEY: - Terminando de apuntar – Pues , tendría
que poner más de su parte por tratar de evitarlo. Será mejor que se tome la
medicación y yo vuelva al trabajo.
·
KILIAN: No me ha respondido. ¿He de deducir que
la incomodidad de mi mirada es la consecuencia de su no intención de
responderme o sólo su no respuesta es fruto de un despiste propiciado por lo
que hoy hay aquí?
Perpleja por aquel juego de palabras
que denotaba una lucidez mental destacable, su forma de hablar , con
aquella corrección, hizo que se sintiese aún peor si cabe.
·
CASEY: Lo lamento, no quería parecer descortés
pero….. – ella sólo podía pensar en la forma que tenía de mirarla y lo extraña
que la hacía sentir - ¿Cuál era su pregunta?
·
KILIAN: Le preguntaba por su estado , si se encontraba
mejor.
·
CASEY:
Por supuesto , estoy mucho mejor,
gracias. Si me disculpa, he de continuar con mi trabajo.
Y bajó la cabeza en tono
reverencial de cortesía, ante la extrañeza
de una Casey que , a cada día que pasaba, algo nuevo descubría de aquel
paciente , y del que sin duda , sólo cuando pasado un buen rato se encontraba
ordenando la medicación nueva , cayó en la cuenta del tenor de su pregunta . “….su estado , si se encontraba
mejor.” ¿Su estado? ¿Por qué le
preguntaba por su estado?
Si su pregunta se hubiera limitado a un “ ¿y usted cómo se encuentra?”
todo hubiera parecido de lo más normal, pero
de aquella forma …….. ¿Cómo podía saber ……? Que locura de días estaba
sufriendo. Todo parecía una sucesión de casualidades desastrosas y extrañas que
prefirió asignar al cansancio y a la noche pasada , pero, hasta qué punto.
Desde que llegase , aquel paciente de la última cama a la derecha,
guardaba algo en su interior que sólo ella parecía capaz de percibir , de
sentir, de oler. No eran visiones lo que ella creía ver , para Casey era una
realidad nada subliminal que flotaba en el ambiente.
En un rato de paz con ella misma, trató de recordar aquellas viejas
lecciones que la Dama Blanca que la tutelaba, una de las más habilidosas
Druidesas de Primer Nivel habidas en el poblado , le contaba estando ambas dos
solas , siendo aún una niña, mientras la recostaba.
Historias que hablaban de lo que las druidesas podían llegar a
experimentar cuando alcanzaban cierto nivel y sólo ante ciertos fenómenos o sujetos,
y cómo interpretarlos convenientemente , ya que de ello dependía entender bien
el mensaje transmitido. La mujer , de
mucha más edad que la aparentada y de enorme y sutil belleza, le plasmaba en
imágenes que centraba en su cabeza a través de las palabras , el cuidado
exquisito que se debía tener a la hora de tomar ciertas decisiones , porque la
línea que separaba la conjura de la advertencia amenazante , era tan fina y
casi imperceptible, que ello podría nublar la visión respecto al emitente
, e incapacitarlas para distinguir a
alguien puro de un brujo.
Casey, una niña lista por aquel entonces , cuyos poderes ya se habían
acrecentado con rapidez , considerada entonces como una elegida , asumió de una
sola narración la descripción de lo que para ella entonces , suponía una
historia a tener en cuenta, pero una historia
en definitiva, la relativa a los brujos y sus graduaciones , de sus
capacidades y su fuerza. De cómo adquirían su poder y cómo podían perderlo.
Pero de entre todo ello, lo que nunca olvidó , fue cómo la mujer le explicaba
con todo lujo de detalles , lo que ellos y ellas llegaban a hacer para acumular
poder ilimitado y sin medida , pasando desapercibidos , salvo para quiénes
podían percibirlos, pero que aún así, resultaban muy difíciles de distinguir .
Que era su propio instinto el que debía descifrarle el misterio de sus
designios respecto de a quién se enfrentaba y lo que tenía delante suyo.
Instinto, corazón, presagios que habían desaparecido desde hacía tanto
tiempo , que ahora simplemente parecía que todo había evolucionado. Nadie en
todos aquellos años de aprendizaje le explicó jamás , qué pasaba cuándo se
incumplían las reglas, cuándo te saltabas los principios establecidos desde tiempos inmemorables por salvar un
inocente, pero entremezclándote en un rito ajeno con alguien del otro lado
mucho más poderoso que tú. Nadie le
había contado qué sucedía después de la vuelta a la normalidad , cuando con el
paso del tiempo todo parece desaparecer. Cuando tu vida pasa a ser normal ,
como la gente que te rodea , y crees que , pese a que el paso de los años
parezca no afectarte , sabes que algo no
va bien, que algo ha cambiado.
La Druidesa tutelante sí le habló de los procesos por edades a los que
se veían sometidas ellas. De cómo les afectaban las decisiones que
adoptasen , y que los poderes podían
ocultarse de forma voluntaria hasta un recóndito lugar de la memoria hasta que
un hecho los reavivase.
Fueron años de aprendizaje
intenso, durante los cuales, su
cuerpo se adaptaba a los cambios sobrevenidos mientras su mente asumía las
reglas impuestas. Años durante los
cuales , vio de todo lo que se supone que un niño no debe ver, conoció aquel
lado del mundo real al que sólo los adultos se suponen con derecho de acceso, y
dada su inteligencia y adelanto en su terreno , gozó de las puertas abiertas en
terrenos a los que sólo se permitía el acceso a las Druidesas de mayor rango y
a los brujos con más nivel de poder.
Sus ojos tuvieron que visualizar las mayores atrocidades que un padre
podía devenir en un hijo. Los destierros entre miembros familiares del clan se
prodigaban por traición o desobediencia
a las reglas sagradas, y el clan que lo dominaba todo , aquel que sumía a su
pueblo a una oscuridad con temporadas largas de hambrunas y períodos de guerras
continuas, gozaba mandatado por un jefe ,
al que ellas servían gentilmente
, muy temido por los poblados aliados y
aún más por los enemigos. Un hombre con
un carácter duro y frío , al que no le tembló la mano al aplicar las reglas de
destierro a uno de sus infantes , al mayor de todos , que con tan sólo diez
años, hizo abandonar las murallas limítrofes y los territorios, dejándolo a su
suerte , sin alimento ni armas con las
que poder defenderse.
Las reglas sagradas eran iguales para todos , y quién las aplicaba, el
jefe , lo hacía por igual a todos los hombres, y en aquel concepto , tan
ampliamente señalado, los niños , eran las primeras víctimas propiciatorias ,
especialmente si se trataba de aquellos de los que más se esperaba lealtad y
cumplimiento como claro ejemplo para el resto del poblado .
No, no le tembló la mano con su propia sangre , y durante un tiempo,
al principio, alguien le hizo seguimiento
al pequeño para saber si continuaba con vida , hasta que atravesó los límites
de las montañas no permitidas , perdiéndosele la pista de forma definitiva.
Reglas divinas y crueldad incluso con los propios hijos. Un
pensamiento que nunca pudo entender del todo pero que ella jamás se atrevió a
cuestionar . Simplemente asumió, como los demás, porque era lo que se esperaba
de ella.
Ana Patricia Cruz López
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