sábado, 28 de noviembre de 2015

LA LLAMADA DE LA SANGRE (Secuela de ELECCIÓN) . CAPÍTULO TERCERO. SEGUNDA PARTE .( registrado en SAFE CREATIVE OCTUBRE 2015)

LA LLAMADA DE LA SANGRE
Créditos a quién corresponda
CAPITULO TERCERO ( Segunda  parte)

Fría comenzó la mañana . Tras tratar de descansar y no conseguirlo, aún más agotada de cómo hubo terminado en la cama  decidió incorporarse a su mundo antes de que amaneciera. Antes incluso de preparar la ropa con la intención de tomar una ducha rápida y salir a pasear  para disfrutar de una mañana de paz, hizo algo de café , cargado para no variar, cogió dos pastillas para el incipiente dolor de cabeza que se avecinaba  y calentó algo de leche para acompañar.

Con la taza en la mano, se acercó a una de las ventanas del salón , y su vista volvió a centrarse , la igual que ya lo hiciera la noche anterior, al mismo punto en la acera de en frente. Aquel, en el que aquellos dos puntos brillantes la andaban observando hasta incluso después de asomarse desde su dormitorio.
No sabía por qué pero más allá de resultarle todo aquello bastante extraño, algo la atraía de todo aquello, generando una malsana curiosidad.

Tras la ducha templada, se vistió con ropa cómoda , deportiva, y cogiendo las llaves y la cartera , cerró con dos vueltas de llave como venía siendo costumbre.
Apenas había nadie aún en la calle . era demasiado temprano para que la vida  se apropiase de la calle , al menos, la vida humana y reconocible.  La otra, aquella que se mantenía oculta entre las sombras y la oscuridad total, aquellos seres minúsculos o no que se adueñaban de todo a su paso mientras no eran molestados porque el resto dormía, esos, hacían de las suyas en últimos retazos de libertad nocturna antes de desaparecer hasta la noche siguiente.


Londres no era una ciudad que se mantuviera bulliciosa a todas horas , y ello les venía por tradición y sangre. Esta regla, dónde vivía ella, en una zona residencial y tranquila, era “modus vivendi”.
Prácticamente a uno parecía acompañarlo en su deambular el sonido del agua terminando de caer por el interior de las alcantarillas,  algún correteo de patitas livianas de alguna que otra rata lugareña, y  el propio sonido del choque o roce de la suela  de uno contra el arcén o la loseta de piedra de turno.

Pero en apenas diez minutos de recorrido, otro sonido intercalado se incorporó. No era tan contundente , y variaba su velocidad conforme ella maniobraba su paso, recorriendo el mismo camino justo detrás de ella.  Se detuvo en un par de ocasiones pero sin querer darse la vuelta para comprobar. Simplemente se detuvo, y su oído, afinado entre los sonidos de la noche, captó como aquellos nuevos pasos acompañantes se detenían conforme ella lo hacía, arrancando de nuevo nada más hacerlo ella.
Decidida , continuó andando algún tiempo más, hasta detenerse en seco y darse la vuelta sin aviso. Para su sorpresa ,  se creyó sugestionada por algo que no era capaz de entender, porque a su espalda no había nada.

El sol y aquella vida que de alguna manera indirecta ejercían de acompañantes  comenzaron a abarcarlo todo, y ya, los sonidos que en el inicio de su paseo habían estado arropándola, se silenciaron para dejar paso al ruido frenético de la jornada matinal.
A pocos metros de su casa había un parque, no demasiado grande , pero si lo suficiente como para que aquellos que necesitasen o quisieran correr lo hicieran , los padre y abuelos pudieran disfrutar de zonas de esparcimiento con sus bebes o sus nietos , y los poseedores de perros  dejarlos correr a sus anchas en las zonas habilitadas para ello.
Con árboles frondosos y altos que parecían abrazar el cielo , cobijando en verano cuando las olas de calor apretaban , y otorgando sombra abundante a quién pudiese necesitarlo, se podía disfrutar hasta de amplias y adecuadas zonas de césped desde donde organizar un picnic casero podía ser toda una aventura.

Decidida a descansar durante un instante mientras observaba plácidamente lo que sucedía a su alrededor, pudo ser testigo imprescindible de la ruta de unos ciclistas que se convertían en dueños de los caminos asfaltados mientras discutían sobre algo que no logró escuchar bien  pero que parecía mantenerlos agitados y no muy atentos a lo que les envolvía. Tras ellos, una madre que , cogiendo el carrito del bebé con una mano, sostenía con la otra a su pequeño rubio y de enormes ojos azules que parecía resistirse a caminar , y que al pasar delante de ella, la miró fijamente y con una notable seriedad en su rostro. Ella , en un gesto de cordialidad infantil, le saludó con la mano, pero el niño sólo refrenaba a su madre que tiraba de él llamándole la atención , mientras el pequeño sólo la miraba serio, sin parecer reaccionar a ningún estímulo, hasta que su progenitora lo cogió en brazos y se lo llevó  de allí. Parecía tener mucha prisa.

Apenas un tiempo después, se levantó algo de brisa. Casey decidió cerrar los ojos y dejar caer su cabeza hacia detrás para disfrutarla mientras acariciaba su cara bordeando cada curva y cada esquina, y así se mantuvo, en relax continuo, hasta que sintió que alguien se sentaba a su lado. Abrió los ojos,  ladeó la cabeza hacia su izquierda , y allí estaba sentada una pequeña de apenas seis o siete años , aunque aparentaba más por su edad. La niña, con sus ojos negros como el azabache , la miraba fijamente sin decir nada. Esta vez, lejos de volver a repetir el mismo gesto que con el  menor anterior, simplemente se quedó observándola tan fijamente  como ella lo hacía, hasta que la vio mirar como a su espalda. En principio, pensó que  simplemente algo la habría llamado la atención, pero aquella forma fría y fija de mirar de la pequeña le daba escalofríos.  Con cuidado , fue girando parte de su cuerpo para ver hacia dónde estaba mirando, cuando lo vio.

Un perro grande y fuerte, de pelaje negro y profundos ojos  claros y brillantes ,  estaba sentado justo al lado suyo , donde terminaba el banco. Con pose firme y correctamente sentado, su vista se mantenía firme al frente , casi sin pestañear.
Cuando ella volvió a mirar a la niña, ésta la estaba mirando, y aprovechando que su madre la descuidaba al haber recibido una llamada de móvil, le hizo un gesto para que se le acercase. Extrañada, Casey decidió hacerlo, y la chiquilla, con voz casi susurrante , le dijo:  “ Está aquí”. La pequeña de ojos penetrantes sintió el tirón del brazo de su madre,  la cual, enfurecida de por sí a causa de la conversación , se levantó del banco a toda prisa dirigiéndose a ella con voz en grito.

·        MADRE: ¿Cómo se atreve a traer a ese animal así aquí? ¿Es qué no sabe la normativa? ¡No debe traerlo sin correa y sin bozal!
Casey volvió a girarse hacia el animal que aún continuaba en el mismo sitio y de la misma forma , sin haberse movido ni un ápice, para de seguida, volverse hacia la angustiada madre.

·        CASEY: Disculpe, pero el animal no es mío.
·        MADRE: ¡Sí Claro ¡ ¡Esa es la excusa que ponen todos ¡ ¡Pués para no ser suyo , bien que se mantiene a su lado si moverse! ¡ Y con los niños que suelen estar por aquí! ¡Qué vergüenza! ¡La próxima vez que la vea, me encargaré de denunciarla!

Y la  alterada madre, tirando de la niña de una forma en la que apenas podía caminar con normalidad, desapareció de allí ante la más inesperada sorpresa de ella.
Extrañada por todo aquello,  y en vista de que unas amenazantes nubes gris oscuro parecían estar cubriendo de nuevo el cielo, se levantó del banco y comenzó a alejarse de allí para regresar a casa.

Apenas dio diez pasos y se detuvo para darse la vuelta y comprobar si el animal aún permanecía sentado junto al banco , y por si las sorpresas fueran pocas, vio que el perro se encontraba apenas a cinco pasos suyos , sentado , firme y observándola fijamente.
Volvió a girar sobre sí misma y continuó su camino , decidida a no volver a darse la vuelta hasta que llegase a su casa , pero de la misma forma que sentía la imperiosa necesidad de que su hogar estuviese cada vez más cerca en vez de parecerle estar cada vez más lejos, sabía, que aquella gran incógnita con patas , pelo negro y ojos brillantes , se mantenía detrás de ella , cercándola y siguiéndola justo detrás durante todo el camino.
Podía  sentir aquellos penetrantes ojos atravesándola, y en ocasiones , los nervios le hacían captar los pasos del animal mucho más cerca de lo que en realidad estaban ,  hecho que no podía comprobar fehacientemente ya que se había prometido a sí misma que no se daría la vuelta.

Con la puerta de su casa justo en frente, el último tramo de la calle, cruzarla, lo hizo casi corriendo mientras , con la mano en el bolsillo de la  sudadera   preparaba las llaves para no tener más que abrir y entrar dejando todo atrás.
Justo en el porche, con la llave prácticamente en la mano, estas  se le cayeron al suelo. Agachada a cogerlas , sintió su presencia de nuevo, muy cerca. Giró su cabeza a su derecha , y aquellas cuatro patas peludas , negras e imponentes , se encontraban justo a su lado, apenas a unos centímetros.
Continuó elevando la cabeza para mirarlo de frente ,a  los ojos , porque sabía que eso era lo que había que hacer para calcular con cierta previsión un posible movimiento y reaccionar, pero sin bajar la guardia ni la posible defensa , especialmente de la cara , lo que estaba más cerca.
Con movimiento sigiloso, cogió las llaves y se fue levantando muy recta. Introdujo la llave en la cerradura , y tentando muy lentamente, la giró hasta abrirla , entrando con la misma precaución que había tenido hasta ahora.

Tras de ella, apoyada, fue cuando pudo respirar con cierta seguridad. Es cierto que no la había hecho nada , que ni realizó gesto alguno de acercamiento real para atacarla  cuando podía haberlo hecho, incluso estando agachada y en clara posición de inferioridad , pero su mirada y su aspecto grande , alto y fuerte, y un rostro  muy serio y frío , no le otorgaron confianza alguna.

Dejando todo en la cómoda de la entrada , subió las  escaleras hasta el salón,  dónde intentó encontrar , nerviosa, algo en el mueble bar que la relajase .
Por un momento, creyó estar viviendo un episodio de alguna obra oscura. Aquellos niños de mirada siniestra y fría , lo que la pequeña le dijo y que cada vez que recordaba , era su voz lo que lo hacía más difícil , y el perro.

“Está aquí” ¿Qué ¿ ¿Quién? ¿De qué hablaba ¿ ¿A quién se refería? ¿Por qué una niña ni nadie que no la conociera , y de esa forma, debía decirle nada y menos eso?  No lograba entender qué estaba pasando, pero los escalofríos no desaprecian. 
Encontrándose de pronto indispuesta , decidió acostarse y cubrirse con una manta. Sentía mucho frío y tenía la misma sensación que cuando la fiebre muy alta se apodera de un  cuerpo humano débil y sin defensas , pero a diferencia de lo que pasaba con la fiebre,  la temperatura era anormalmente baja . Se sentía helada, sudaba profusamente  y no lograba entrar en calor .  Así durante horas.

Un sueño profundo en apariencia se hizo con ella , y sólo entonces , ello la alejó de todo lo que en ese momento la preocupaba o le hacía sentir mal para aislarla en un mundo donde muchos brazos sin cuerpo parecían tirar de ella desde diversas partes .  Tiraban y tiraban con fuerza , y sólo se oía gritar , pero sólo parecía escucharse ella . Casi  con la sensación de ser partida en mil pedazos , o al menos de intentarlo ,  continuaba gritando , pero aquella voz parecía apagarse  hasta silenciarla el sonido de una tormenta de la que sólo se veía el resplandor de los relámpagos. Una luz fuerte y brillante , que no dejaba ver nada en realidad , que cegaba de tal forma que no permitía comprobar lo que pudiera haber rodeándola.  Y sintió que su cuerpo caía sin ver fondo , y que continuaba cayendo . Sintió que era empujada por aquellos mismos brazos sin cuerpo definido que antes parecían querer apropiarse de cada parte del suyo como para recomponerse .  Y caía sin control, muda, hasta que se despertó sobresaltada y con todo el cuerpo dolorido. Por la extraña fiebre alta , pensó ella.

Y como la noche anterior, sin saber por qué, algo volvía a incitarla  a que se asomase  a la ventana de su dormitorio. Como pudo, se destapó y trató de sentarse en el filo de la cama para levantarse. Aturdida y con un fuerte dolor de cabeza, se acercó a la ventana tambaleándose , acabando  apoyada en el cristal.  Aquello que mismo la había incitado a estar dónde se encontraba , la hizo volver a mirar a la acera de en frente y comprobar ,para su sorpresa que aquellas mismas dos  pequeñas luces brillantes continuaban observándola como la noche anterior.
Una sensación de incredulidad y curiosidad , aquella que siempre había ella calificado como perjudicial pero inevitable, fue la que llevó a que caminase como bien pudo hasta el recodo de la parte superior de la escalera , y que agarrándose a la barandilla con ambas manos y  con la mayor fuerza de la que era capaz , escalón a escalón, fuese descendiendo hasta el vestíbulo.
Una vez allí, tratando de encontrar las llaves sin querer encender la luz , dio con ellas tras empujar algo al suelo que sonó roto en mil pedazos. Como ida , sin poder calcular ni ver bien, a tientas , introdujo la llave en la cerradura y abrió la puerta, miró hacia el frente , vio aquellas dos luces brillantes  y se desvaneció cayendo abruptamente al suelo .

               Con mucha dificultad , fue abriendo los ojos. Una brillante luz  lo abarcaba todo . Miró hacia la pared que tenía a su izquierda para asegurarse de que aquello que la deslumbraba era luz natural, y una vez lo comprobó, giró hacia el otro lado. Las cortinas permanecían abiertas y  a través de los cristales , el cielo era anormalmente azul y estaba despejado, tanto como para no encontrar ni una sola nube por mucho que se tratase de buscar. 
Giró su vista un poco más hacia la derecha para ver su reloj despertador. Marcaba las doce  del mediodía. Confusa, mientras se restregaba los ojos con las manos , trataba de pensar qué había ocurrido. Recordaba haberse encontrado muy mal , y ahora parecía estar simplemente descansada, muy descansada.
Le tocaba entrar a trabajar dentro de cuatro horas y debería permanecer los dos días siguientes en el hospital. Así era el nuevo sistema de guardias impuesto por la dirección, un auténtico caos para intentar mantener una vida normal .

Extrañada por lo acontecido, simplemente no quiso pensar más  , y se dispuso a prepararse para ese día de trabajo. Preparó la ropa que se pondría, el calzado, se duchó rápidamente, y una vez arreglada, terminó una taza de café a medias  y bajó. Sin embargo , cuando llegó  al vestíbulo, vio cristales en el suelo al lado de la cómoda pero no recordaba  que hubiera pasado nada, sin embargo , tenía una sensación extraña. Al introducir la llave en la puerta , una especie de recuerdo de estar cayendo al suelo  le vino de pronto. Casi podría hasta describir su silueta , como si pudiese verse allí , pero aquello no sería lo más extraño ese día. Abriendo la puerta , encontró al perro del parque, sentado como de costumbre. Firme, casi marcial, y , como siempre, mirando al frente .

El niño de extraña mirada, la niña de la incógnita por mensaje, el perro vigilante  del parque , su malestar  que desaparecía tan inesperadamente como había surgido, y un jarrón roto de cristal regalo de unas navidades que  permanecía hecho añicos,  sin saber cómo , en el suelo.
Todo en un sólo día . Un día que se supone le debía servir para descansar y volver a su realidad con fuerzas renovadas, y que en este caso , sólo le traía cansancio y dudas sobre qué estaría pasando. Acunada sobre la idea de que podrían ser casualidades  y que Londres estaba repleta de gente extraña con independencia de la edad, cerró la puerta y se acercó al metro más cercano con destino a su trabajo, no sin antes  constatar, sin saber la razón,  que el animal permanecía echado por fuera de la puerta de su casa sin moverse. Tampoco respecto a  esto quiso preocuparse por el momento. Posiblemente andaba perdido . Pese a su aspecto , no parecía agresivo pero tampoco se fiaba, claro que dado lo dicho por aquella mujer en el parque , las normas se habían recrudecido mucho en los últimos tiempos con la disposición de animales , y si éste continuaba rondándola , debería adoptar medidas  si no quería enfrentarse a problemas con los vecinos de la zona.

Llegada en punto al hospital , el ambiente parecía tranquilo como  una tarde cualquiera , pero por lo visto no lo era , ni se le asemejaba lo más mínimo.
No hacía ni dos horas que la central del hospital había comunicado la llegada de un grupo de pacientes a Urgencias , y que por lo complejo del rescate , posiblemente  , algunos deberían ser derivados a la UVI.
Un tren de mercancías se había salido de la vía en una curva , chocando estrepitosamente contra otro tren de pasajeros que venía justo de vuelta en las vías de al lado . Partido éste por la mitad  y refrenado el mercancías por el de pasajeros, muchos de  estos, tuvieron que ser extraídos de forma brutal tras horas de permanencia entre el amasijo de hierros , mientras los destacamentos de bomberos trataban de retirar todos los obstáculos de la forma más rápida posible.

Nada más entrar, la agitación por reubicar y preparar nuevas camas a parte de las que ya permanecían vacías, hacía que todo el personal se encontrase remodelando la planta prácticamente. Con las previsiones en el tablón , todo hacía presagiar que las guardias se alargarían más de lo que estaba previsto en los cuadrantes, y que hasta nueva orden , nadie gozaría de permisos.

Hacía mucho tiempo que no se vivía en el centro una situación de emergencia igual. La última vez, hacía unos dos años, resultó un accidente multitudinario, aunque con lesionados más leves que graves por suerte, y sucedió en un ámbito espacial diferente, el Aeropuerto de Gatwick.

Por pocos  accidentados graves que hubiera entonces , o que  pudieran haber en otras circunstancias similares , lo cierto es que  los protocolos, pese a estar convenientemente revisados   y saber a ciencia cierta que era efectivos , conllevaban  siempre una situación de pequeño caos local que hacía que todo se trastocase ,   hasta que la normalidad regresaba poco después.

No pasaría ni media hora de su incorporación, y los primeros nuevos inquilinos de la planta iban siendo reubicados convenientemente en una zona de la sala , todos juntos  , para facilitar sus tratamientos y cuidados , incluso parte del personal , nuevo y menos nuevo, les fue asignado en exclusiva, mientras los demás se encargaban de los que llevaban más tiempo .

Acostumbrada a llevar adelante , prácticamente sola , situaciones de crisis, motivo por el que fue ascendida, con apenas dos auxiliares y dos enfermeras más, tuvo que afrontar la atención de los quince pacientes habituales que allí se encontraban desde antiguo.

Sin tiempo casi para respirar ,  tuvo que reasignar tareas a las que habían sido trasladadas para la ocasión como refuerzo, al personal que aún siendo estudiante debía hacer las prácticas e incluso a sí misma. El orden de preferencia en la atención de los pacientes sufrió variaciones como medida temporal hasta que todo se normalizase, y aquellos que requiriesen menor atención , sólo medicalización, serían los que  más estrictamente sufrirían lo estricto de los nuevos horarios , sumado a la indecisión de saber cuándo serían vistos por los médicos , especialistas algunos, cirujanos otros, que a partir de ese momento, también verían alterado todo su cuadro de trabajo, debiendo retrasar,  en algunos casos, dichas visitas.

La situación de caos continuó instalada en la planta durante horas. Conforme el personal lograba estabilizar a alguno de los accidentados , debían correr por los  carros de reanimación , ya que perdían a dos al mismo tiempo.
Pasos acelerados, choques entre el personal entre las camas ,  bolsas de material hospitalario desechable de las que jamás se  estaba en la certeza de si alguna vez se habrían puesto vacías , las alarmas de las bombas y de la maquinaria saltando de forma estruendosa de varias zonas distanciadas a la vez …… Caos. Y entre todo ese caos , una sola zona de paz : el habitáculo de la última cama situada a la derecha  en el pasillo que tenía justo en frente suyo.

Kilian permanecía tranquilamente sentado en su cama, con la espalda erguida,   observándolo todo.  Desde dónde se encontraba , lo cierto es que se podría decir que gozaba de las mejores vistas , del enfoque perfecto de prácticamente toda la sala, y por su actitud, parecía ser consciente de todo ello. Revisando los horarios actualizados, su medicación tocaba en ese momento, y antes de recurrir a nadie , fue Casey  la que , personalmente, se la llevó.
Con toda la naturalidad de la que era capaz y con los tiempos medidos , fue anotando la conformidad de las dosis entregadas mientras las depositaba en la mesita.

·        CASEY: Buenas noches  Sr. Ewan. Celebro comprobar que se encuentra mejor.

Él, que permanecía atento a cuanto acontecía a su alrededor, no abrió la boca. Ni siquiera se detuvo por un segundo a mirarla. Estaba demasiado absorto con lo sucedido.

·        CASEY: Por suerte no siempre es así, lo que es buena señal.

Concentrada en sus apuntes , él decidió dirigirse a ella .

·        KILIAN: ¿Y usted?

Aquel tono de voz una vez más despertó el interés . Levantó solamente su mirada  lo suficiente como para observarlo por encima de sus gafas, topándose con aquellos imponentes y enormes ojos azules  una vez más.

·        CASEY: ¿Por qué tiene esa costumbre?
·        KILIAN: ¿Cuál? ¿Preguntar?
·        CASEY: No. Mirar de esa forma.
·        KILIAN: ¿De qué forma?
·        CASEY: Sabe perfectamente de qué le hablo Sr. Ewan. Se lo han tenido que decir más de una vez . Resulta notablemente incómodo.
·        KILIAN:  Tiene usted razón, me lo han dicho más de una vez y yo sólo puedo limitarme a pedir disculpas por algo que no puedo evitar.
·        CASEY: - Terminando de apuntar – Pues , tendría que poner más de su parte por tratar de evitarlo. Será mejor que se tome la medicación y yo vuelva al trabajo.
·        KILIAN: No me ha respondido. ¿He de deducir que la incomodidad de mi mirada es la consecuencia de su no intención de responderme o sólo su no respuesta es fruto de un despiste propiciado por lo que hoy hay aquí?
Perpleja por aquel juego de palabras  que denotaba una lucidez mental destacable, su forma de hablar , con aquella corrección, hizo que se sintiese aún peor si cabe.

·        CASEY: Lo lamento, no quería parecer descortés pero….. – ella sólo podía pensar en la forma que tenía de mirarla y lo extraña que la hacía sentir - ¿Cuál era su pregunta?
·        KILIAN:  Le preguntaba por su estado , si se encontraba mejor.
·        CASEY:  Por supuesto , estoy mucho mejor,  gracias. Si me disculpa, he de continuar con  mi trabajo.

Y bajó la cabeza  en tono reverencial de cortesía, ante la extrañeza  de una Casey que , a cada día que pasaba, algo nuevo descubría de aquel paciente , y del que sin duda , sólo cuando pasado un buen rato se encontraba ordenando la medicación nueva , cayó en la cuenta del tenor  de su pregunta . “….su estado , si se encontraba mejor.”  ¿Su estado? ¿Por qué le preguntaba por su estado? 
Si su pregunta se hubiera limitado a un “ ¿y usted cómo se encuentra?” todo hubiera parecido de lo más normal, pero  de aquella forma …….. ¿Cómo podía saber ……? Que locura de días estaba sufriendo. Todo parecía una sucesión de casualidades desastrosas y extrañas que prefirió asignar al cansancio y a la noche pasada , pero, hasta qué punto.

Desde que llegase , aquel paciente de la última cama a la derecha, guardaba algo en su interior que sólo ella parecía capaz de percibir , de sentir, de oler. No eran visiones lo que ella creía ver , para Casey era una realidad nada subliminal que flotaba en el ambiente.
En un rato de paz con ella misma, trató de recordar aquellas viejas lecciones que la Dama Blanca que la tutelaba, una de las más habilidosas Druidesas de Primer Nivel habidas en el poblado , le contaba estando ambas dos solas , siendo aún una niña, mientras la recostaba.
Historias que hablaban de lo que las druidesas podían llegar a experimentar cuando alcanzaban cierto nivel y sólo ante ciertos fenómenos o sujetos, y cómo interpretarlos convenientemente , ya que de ello dependía entender bien el mensaje  transmitido. La mujer , de mucha más edad que la aparentada y de enorme y sutil belleza, le plasmaba en imágenes que centraba en su cabeza a través de las palabras , el cuidado exquisito que se debía tener a la hora de tomar ciertas decisiones , porque la línea que separaba la conjura de la advertencia amenazante , era tan fina y casi imperceptible, que ello podría nublar la visión respecto al emitente ,  e incapacitarlas para distinguir a alguien puro de un brujo.
Casey, una niña lista por aquel entonces , cuyos poderes ya se habían acrecentado con rapidez , considerada entonces como una elegida , asumió de una sola narración la descripción de lo que para ella entonces , suponía una historia a tener en cuenta, pero una historia  en definitiva, la relativa a los brujos y sus graduaciones , de sus capacidades y su fuerza. De cómo adquirían su poder y cómo podían perderlo. Pero de entre todo ello, lo que nunca olvidó , fue cómo la mujer le explicaba con todo lujo de detalles , lo que ellos y ellas llegaban a hacer para acumular poder ilimitado y sin medida , pasando desapercibidos , salvo para quiénes podían percibirlos, pero que aún así, resultaban muy difíciles de distinguir . Que era su propio instinto el que debía descifrarle el misterio de sus designios respecto de a quién se enfrentaba y lo que tenía delante suyo.

Instinto, corazón, presagios que habían desaparecido desde hacía tanto tiempo , que ahora simplemente parecía que todo había evolucionado. Nadie en todos aquellos años de aprendizaje le explicó jamás , qué pasaba cuándo se incumplían las reglas, cuándo te saltabas los principios establecidos  desde tiempos inmemorables por salvar un inocente, pero entremezclándote en un rito ajeno con alguien del otro lado mucho más poderoso que tú. Nadie  le había contado qué sucedía después de la vuelta a la normalidad , cuando con el paso del tiempo todo parece desaparecer. Cuando tu vida pasa a ser normal , como la gente que te rodea , y crees que , pese a que el paso de los años parezca no afectarte ,  sabes que algo no va bien, que algo ha cambiado.

La Druidesa tutelante sí le habló de los procesos por edades a los que se veían sometidas ellas. De cómo les afectaban las decisiones que adoptasen  , y que los poderes podían ocultarse de forma voluntaria hasta un recóndito lugar de la memoria hasta que un hecho los reavivase.

Fueron años de aprendizaje  intenso,  durante los cuales, su cuerpo se adaptaba a los cambios sobrevenidos mientras su mente asumía las reglas impuestas.  Años durante los cuales , vio de todo lo que se supone que un niño no debe ver, conoció aquel lado del mundo real al que sólo los adultos se suponen con derecho de acceso, y dada su inteligencia y adelanto en su terreno , gozó de las puertas abiertas en terrenos a los que sólo se permitía el acceso a las Druidesas de mayor rango y a los brujos con más nivel de poder.

Sus ojos tuvieron que visualizar las mayores atrocidades que un padre podía devenir en un hijo. Los destierros entre miembros familiares del clan se prodigaban por traición  o desobediencia a las reglas sagradas, y el clan que lo dominaba todo , aquel que sumía a su pueblo a una oscuridad con temporadas largas de hambrunas y períodos de guerras continuas, gozaba mandatado por un jefe ,  al que  ellas servían gentilmente ,  muy temido por los poblados aliados y aún más por los enemigos. Un hombre  con un carácter duro y frío , al que no le tembló la mano al aplicar las reglas de destierro a uno de sus infantes , al mayor de todos , que con tan sólo diez años, hizo abandonar las murallas limítrofes y los territorios, dejándolo a su suerte  , sin alimento ni armas con las que poder defenderse.

Las reglas sagradas eran iguales para todos , y quién las aplicaba, el jefe , lo hacía por igual a todos los hombres, y en aquel concepto , tan ampliamente señalado, los niños , eran las primeras víctimas propiciatorias , especialmente si se trataba de aquellos de los que más se esperaba lealtad y cumplimiento como claro ejemplo para el resto del poblado .

No, no le tembló la mano con su propia sangre , y durante un tiempo, al  principio, alguien le hizo seguimiento al pequeño para saber si continuaba con vida , hasta que atravesó los límites de las montañas no permitidas , perdiéndosele la pista de forma definitiva.

Reglas divinas y crueldad incluso con los propios hijos. Un pensamiento que nunca pudo entender del todo pero que ella jamás se atrevió a cuestionar . Simplemente asumió, como los demás, porque era lo que se esperaba de ella.

Ana Patricia Cruz López
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