“
Inevitable.
Imperdonable.
Deseado.”
……Y LLEGÓ
………NAVIDAD
Y llegaron las temidas Navidades, llegaron por fin aquellas fechas.
Fechas de recuerdos, fechas ….. para que Steve , en su casa, asomado a la
ventana y con una taza de té en la mano,
comenzando a nevar, recordara un
momento, un solo instante.
“París.
Paseo por la orilla del río , a la altura de Notre Dame.
Un café en uno de los Boulangeries de la zona. Tentador escaparate de
virtuosismo pastelero siempre tentador. El tiempo acompañaba, lo cual resultaba extraño para esa época del
año, y al igual que en Londres, las
decoraciones navideñas se había apoderado de la ciudad.
Al salir de allí, Steve parecía dirigirse a una localización exacta.
Sarah, disfrutando de los escaparates, se sorprendió por el cartel de uno de
ellos, debidamente habilitado en ambas lenguas : francés e inglés. Al detenerse
secamente, tiró de la mano de Steve obligándole a pararse también. Ella se
retiró unos pasos hacia atrás para ver dónde se encontraban y a qué pertenecía
dicho cartel anunciador. Parecía ser una
sala de subastas. Un lugar muy refinado y exquisito en una de las mejores zonas
de París, cerca de la Iglesia de la Madeleine.Steve le sonrió, y en esta ocasión fue él quien tiró de ella
hacia el interior de la sala de subastas.
Mientras ella curioseaba con lo allí expuesto en las vitrinas , objeto
central de la que se celebraría esa misma tarde-noche según el cartel del
escaparate, Steve debía arreglar algo con lo que la dejó sola unos instantes.
Cuando volvió, la vio muy quieta delante de una de esas vitrinas. Al acercarse por detrás, el lateral de su rostro reflejaba la expectación y admiración hacia algo que pareciera un oscuro objeto de deseo. Trató de seguir sus ojos hacia el punto donde ella se centraba y no pudo evitar sonreírse. Tan deseado como prohibido pensaría ella posiblemente. Era una réplica facsímil de uno de los primeros Hamlet en Edición limitada que se emitió para coleccionistas. Tanto el papel, envejecido para la ocasión emulando la antigüedad del libro original, las señas , las muescas, su cuidada encuadernación hecha a mano, todo completamente artesanal. Una auténtica joya .
Sin dejar de observar su objeto de admiración, supo que él se
encontraba a su lado.
• SARAH: Tan hermoso
como inalcanzable.
• STEVE: Me temo que
dado su precio de salida…sí, un poco.
• SARAH: Vendería mi
alma a cambio de poder tocar uno de éstos.
• STEVE:- pensativo- Bueno………No
creo que hiciera falta tanto exceso. Conozco a la dueña de la Sala, puedo
hablar con ella e intentarlo.
Ella le miró sorprendida.
• SARAH: ¿Intentar
qué?
• STEVE: Que puedas
tenerlo un instante en las manos.
A ella le cambió la cara. Por una parte era lo que más deseaba en este
mundo, aunque sólo fuera por un instante, pero , por otra parte, prefirió dejar
las cosas como estaban y no tenerlo. La tentación era demasiado grande.
Ante la duda de ella, él le planteó otra cosa.
• STEVE: La otra opción
es venir esta noche a la subasta. ¿Has visto alguna en directo?
• SARAH: No. Nunca me
lo he podido permitir así que …..¿para qué
ir?
• STEVE: Entonces
tendremos que hacerlo.
Y así fue. Aquella misma noche acudieron a la subasta. El facsímil era
la joya de todo el evento, y ciertamente su precio de salida , con el que se
abría la puja, resultaba morbosamente escandaloso, sólo al alcance de selectos
sujetos.
Puja reñida, sin duda, la del último gran objeto deseado por más
individuos de los que en principio se esperaba.
Cuando se encontraban recogiendo los abrigos en el guardarropa, Steve
volvió al interior de la sala para despedirse de la Directora de Sala dejando por unos minutos a Sarah en el vestíbulo.
Al mirar hacia la puerta, le
pareció ver algo familiar que echaba de menos, aunque allí con una luz muy
especial. Se acercó a la puerta giratoria y salió al exterior. Respiró hondo,
elevó su cara al cielo, cerró los ojos, y dejó que los suaves copos de nieve le
cayesen sin miramientos. Sólo el beso de Steve en una de sus mejillas hizo que
regresase .
De vuelta en el hotel, Sarah
fue adelantándose al ascensor mientras Steve terminaba de firmar la salida ya
que se marchaban muy temprano por la mañana.
Antes de que amaneciera , el roce de sus labios por toda la línea
central de su espalda, suaves, con aquella agradable y templada humedad , y el
calor de su cuerpo desnudo a continuación, acariciándola por completo sin terminar de apoyarse,
acompañado de un leve susurro, tan
cálido y extenuante como quien lo provocaba , la mantenía lejos de la realidad
por un instante más.
• STEVE: Tengo algo
para ti.
Se retiró sólo un segundo y le puso un paquete envuelto delicadamente
en papel de seda delante suyo.
Sin retirarse , quedó a un lado , con su cabeza apoyada en una mano y
acariciando su espalda con la otra.
Ella miró el paquete para después girarse hacia el otro lado y mirarle
a él , con medio rostro oculto por su propio
brazo.
• STEVE: Sé que no te
gustan las Navidades así que……. No diré que es un regalo de Navidad.
Simplemente es algo que quiero que tengas.
Ella volvió a mirar el paquete. Le quitó el lazo rojo que ataba el
papel de seda . Un recubrimiento de terciopelo rojo oscuro la separaba del
objeto en cuestión. Una especie de forro delicadamente escogido. Lo abrió e
introdujo parte de sus dedos en aquella bolsa . Tiró hacia fuera de su
contenido no pudiendo articular palabra
cuando vio lo que era.
Steve, expectante y emocionado
por su reacción, esperaba impaciente
alguna palabra suya.
• SARAH: El Hamlet.
• STEVE: No tenías que haberlo visto siquiera aquel
día, pero creo que te dejé sola demasiado tiempo.
• SARAH: - sin
quitarle ojo de encima y estando a punto de llorar- Pero…. No te vi pujar por
él. No pujaste.
• STEVE: Estaba todo
concertado con uno de los asistentes de sala. Lo hablé con la directora cuando
te dejé sola . Desde luego no podía pujar delante de ti, se habría descubierto
todo, y quería que fuera una sorpresa para disfrutar de tu cara al abrirlo.
Sarah no podía creerse lo que todo aquello significaba y más sabiendo
su valor. Posiblemente no recordase algo así
de nadie, más por su significado y lo que representaba para ella que por
su valor económico en sí.
• STEVE: Sarah - ella parecía no reaccionar- Sarah mírame.- al no hacerle caso, él acercó
su cabeza y colocó su cara justo al lado del libro para obligarla a mirarle –
mírame.
Por fin lo consiguió.
• STEVE: Ha
disfrutado mucho más esperando tu cara y viéndola después que con el echo en sí mismo de
regalártelo. No es una cuestión de
tradición o de dinero, al final eso es lo de menos en estos casos. Se trata del
amor y respeto por una obra de arte , y la satisfacción de quien la entrega, sólo es superada por la emoción que desprende
quien la recibe. Dijiste que venderías tu alma por tenerlo, ahora sabes a quién
pertenece . “
Recuerdos. Imágenes que se intercalaban, en este caso, con el instante
desagradable en el Departamento, cuando la misma caja dónde había sido
introducía debía volver a su propietario según sus propias palabras.
Sin saber a ciencia cierta qué le depararía de ahora en adelante ,
dando casi por perdido el poder recuperarla , simplemente , sin proponérselo, decidió
vivir de aquellos maravillosos recuerdos de algo que lo había marcado y que
jamás se repetiría.
Navidades. Las temidas Navidades.
Se acercaban las vacaciones de navidad y con ellas también los
exámenes previos .
Bibliotecas atestadas, pasillos con corrillos de gente en pleno debate
sobre los temas, sudores , cafeterías imposibles ….. Un nada despreciable,
tenso y estresante ambiente prenavideño.
Apenas tiempo para respirar. Interminables horas de trabajo y
departamentos que parecían no cerrar nunca. Correcciones interminables y mucha
falta de horas de sueño.
Bastaba observar los rostros de ciertos profesores, para comprender que todo el trabajo realizado
a lo largo del semestre no era comparable con el que se les juntaba en estas
fechas. Eso sin contar, por supuesto, la circunstancia de aquellos que ,
pasándolo en familia, debían salir días antes , debiendo acelerarse todo.
Por aquellas fechas, Sarah
apenas pisaba su casa. Se podría decir que vivía y hacía vida en el Campus.
Justamente , con vistas a fechas como éstas, fue por lo que se instalaron
servicios completos para profesores en cada Departamento y un sofá muy cómodo
para servir de cama improvisada en un momento dado.
La mañana justo antes del día de Navidad, Candice , con prisa, entró
casi a trompicones en el despacho, tanto, que se le cayeron los libros que
llevaba en las manos haciendo un ruido horroroso a aquellas horas de la mañana.
Aún la luz del alba ni siquiera había
asomado y hasta ella misma se asustó del estruendo. Se asomó discretamente al
pasillo de nuevo para comprobar que
nadie se había dado cuenta . El pasillo, a ambos lados, permanecía con aquella
luz amarilla tenue, solitario, sin un alma aún.
Tras recogerlo todo y colocarlo encima de la mesa, se dio cuenta de
que no se encontraba sola en el Departamento. Sarah , acostada en el sofá, se
encontraba tan profundamente dormida que ni se había percatado de su más que
escandalosa presencia. Ni un gesto, ni un ruido. Candice miró la hora y decidió
que debía despertarla antes de que se iniciase la actividad . Se acercó a ella y la tocó en el hombro con
suavidad, pero al ver que no se abría los ojos, tuvo que zarandearla algo más.
Aturdida, trataba de mirar su reloj dándose cuenta de que no lo
llevaba. Con dificultad para conseguir entrar en el mundo de los vivientes, se
restregaba los ojos cual niña pequeña y se revolvía el pelo con las manos.
• SARAH: ¿Qué hora
es?
• CANDICE: Las seis y
cuarto.
• SARAH: ¡Oh Dios!
Que dolor de cabeza más espantoso tengo.
• CANDICE: ¿Has
pasado la noche aquí?
• SARAH: Me puse a
corregir y cuando me vine a dar cuenta era demasiado tarde para coger el metro
o un taxi.
• CANDICE: Podías
haberme llamado , te hubiera llevado a casa.
• SARAH: Da igual,
ahora tomaré una ducha y me despejaré.
• CANDICE: Por tu
cara diría que además vas a necesitar tres cafeteras, ¿cuánto has dormido?
• SARAH: Creo que
apenas unos veinte minutos.
• CANDICE: Será mejor
que te vaya dejando preparada la cafetera en lo que te metes en el baño , para
que lo tengas recién hecho cuando salgas.
• SARAH: Por suerte
siempre guardo una muda en el armarito.
• CANDICE: Bien te lo
dejo puesto y me voy corriendo.
• SARAH: Gracias.
El dolor de cabeza fue relajándose conforme el agua corría por su pelo
y la cabeza permanecía debajo del abundante chorro. La apoyó en los azulejos y
simplemente la dejó circular por su
espalda. Dejó su mente en blanco. Necesitaba ausentarse aunque fuera cinco
minutos. Cuando creyó sentir algo de frío la cerró, y comenzó a secarse con la toalla recogiendo
su pelo con otra algo más pequeña.
La puerta del Departamento se abrió pero ella no la escuchó cerrarse.
Pese a encontrarse sola y en silencio , no fue capaz de escuchar los
pasos de Steve sobre la madera
del suelo.
Ella continuaba vistiéndose , mientras él colocaba las llaves del
coche y el resto de las cosas encima de su lado de la mesa.
El olor a café le animó a ponerse una taza y cuando se la estaba sirviendo , le pareció
oir ruido proveniente del fondo del despacho. Miró , y vio luz en el baño. Dejó
la taza en la encimera y se acercó a la puerta entreabierta.
Una imagen casi fija: ella,
cubierta sólo con una camisa blanca , subiéndose lentamente una de las medias, mientras sus manos se deslizaban pierna
arriba en dirección a su muslo donde recolocaba el ligero con interior de
silicona de las mismas , un espejo enterizo en frente y su mirada clavada hacia
él cuando lo descubre. Un regalo visual
inesperado justo antes de Navidad.
Él bajó la mirada , y se retiró de la puerta para volver al Office.
Intranquilo.
Cuando salió , sin cruzarse palabra, tenía una taza de café listo
encima de su lado de la mesa, mientras él removía papeles.
• SARAH: Gracias.
• STEVE: Alguien ha
debido saber que no has pasado buena noche.
• SARAH: En realidad
ni la he pasado, apenas veinte minutos y otra vez en pie.
• STEVE: Pues no llegarás muy lejos si sigues así.
• SARAH: ¡Vaya , gracias por la confianza!- en tono claramente
irónico que hizo centrar la atención de
Steve- Ya lo he hecho otras veces.
• STEVE: A lo que me
refiero es que te……- ella le interrumpió-
• SARAH: Sé
perfectamente a lo que te refieres. Sé que terminaré tarde y posiblemente con
la cabeza reventada, aunque no creo que más que ahora sinceramente.
Steve recordaba aquella actitud, la de la “típica enteradilla
impertinente” a la que jugaba ser en circunstancias como ésta.
Dándose cuenta de que estaba volviendo a alzar el tono revanchista , trató de
corregir.
• SARAH: Vale, lo
siento.
Él continuó mirándola hasta que ella , nerviosa , no pudo evitar
preguntarle.
• SARAH: ¿Qué? Te he
pedido disculpas.
• STEVE: Me
preguntaba qué tenías pensado hacer mañana.
• SARAH: Lo de
siempre . Estaré en casa, me levantaré tarde, disfrutaré de una deliciosa taza
de chocolate caliente, de una buena manta , buena música, y algo de lectura. O
tal vez, retome el libro.
• STEVE: ¡El libro!
Ese gesto tan característico en él de regañar la nariz denotaba que
efectivamente no se acordaba.
• STEVE: Lo cierto es
que con todo lo que ha pasado, lo
tenemos abandonado y en eso me incluyo.
• SARAH: Bueno pero hablábamos
de mis planes ¿y los tuyos?
• STEVE: Bueno,
supongo que levantarme más tarde, disfrutar de una buena taza de café caliente
y contemplar nevar desde mi porche.
• SARAH: - se rió- ¡Vamos!
¿No irás a decirme que no has quedado con nadie?
La cara de Steve, la mejor respuesta.
• SARAH: Pero …tú
tienes conocidos, amigos aquí.
• STEVE: Sí, es
posible.
• SARAH: Es realmente
triste algo así para quien sí le gustan estas fechas, a mí es que no me han
gustado nunca.
• STEVE: Lo sé.
Ella , nerviosa, se puso a desordenar sus montañas de papeles buscando
algo que él imaginaba pero que ella, pese a tenerlo delante no lograba ver: su
reloj.
Steve la dejó continuar durante un rato, hasta que ,lo cogió , y pese
a dejarlo colgando de su mano delante de ella, estaba tan obcecada
buscándolo que no fue capaz de verlo.
• SARAH: ¿Dónde
estará ese maldito……..?
Una de las veces que más cerca estuvo , él intentó llamar su atención,
pero ella continuaba .
• STEVE: Caliente, caliente.
• SARAH: Dios, nunca me lo quito por lo mismo, siempre
lo acabo perdiendo.
• STEVE: Quizás te
estás complicando demasiado. A veces no se trata tanto de buscar , si no saber
ver.
• SARAH: ¿Y qué
quieres que vea bien si no soy capaz de encontrar ni mi cabeza entre tanto
papel?
Levantó la cabeza y allí estaba, la mano de Steve y su reloj colgando
de sus dedos.
• STEVE: Saber ver.
Ella alargó parte del cuerpo para facilitarle la tarea a la mano, pero
él se alejó justo en ese momento.
Aquella sonrisa irónica transmitía un mensaje muy claro: el señor se había levantado con ganas de jugar.
Volvió a intentar cogerlo y él se la alejó un poco más, sacándola de
quicio.
• SARAH: ¿Te importa
dejarme mi reloj? Gracias.
Le cogió la mano y con la otra, le colocó el reloj en la palma cerrándole los
dedos.
Al ver que le costaba soltarla, ella le insistió.
• SARAH : ¿Te importa
devolvérmela?
Y él la soltó.
Sarah se acercó al office para ponerse algo más de café y se quedó
pensativa mientras lo servía. Sabía que tomar decisiones con falta de sueño no
solía ser lo más recomendable, pero el plan de él para ese día le pareció
tremendamente triste.
• SARAH: ¿En serio
vas a estar solo en Navidad?
Él recogió las cosas que iba a llevarse dispuesto a marcharse, y
cuando pasó al lado del office, se le acercó y le dijo al oído algo que la
haría decidirse.
• STEVE: Admito
sugerencias.
Él se acercaba a la puerta cuando Sarah le habló.
• SARAH: ¿Pasarlo con
alguien sin espíritu navideño por ejemplo?
Él se detuvo, se sonrió y volvió sobre sus pasos hasta asomar sólo su cabeza por el lateral del
mueble de la cocina.
• STEVE: ¿Es una
proposición?
Ante su tono sugerente , Sarah lo miró muy seria.
• STEVE: ¿Una obra de
caridad tal vez?
Cuanto más sonreía , más se desquiciaba.
• STEVE: ¡Vamos
Sarah! ¡ Es Navidad! Un poquitito de sentido del humor no te vendría nada mal.
• SARAH: Es que tu plan me parece de lo más triste.
• STEVE: Ya, así que
al final¿ eres tú la que haces la obra de caridad?
Dejando la taza desesperada encima de la encimera de un golpe.
• SARAH: ¡Oh dios!
¡Qué difícil es hablar contigo a veces!
• STEVE: ¡Huy! ¿No te
parece que esas palabras son un poquito fuertes teniendo en cuenta de quién
vienen?
• SARAH: Vas a hacer
que me arrepienta de decirte nada.
• STEVE: Cuenta
conmigo
• SARAH: Bien.- en un
tono muy bajito.
Su cabeza desapareció para dos segundos más tarde volver a reaparecer.
• STEVE: ¿Me ha
parecido escuchar un leve gesto de complacencia?
• SARAH: Sinceramente
Steve ¿no tienes exámenes con los que martirizar a tus alumnos ? Porque yo puedo prestarte algunos si quieres.
• STEVE: -pensativo y
con una sonrisa- ¿Tú Miller frente a mi Byron? Va a ser que no.
Y volvió a desaparecer, mientras ella comentaba de nuevo en el mismo
tono bajo.
• SARAH: ¿Byron
–Miller? Él se lo pierde.
Y se oyó una voz de fondo.
• STEVE: No creo.
Su fino y agudo oído hizo que tuviera que rendirse a la evidencia y
reírse sin hacer ruido. Y tras aquello,
con una extraña sensación de normalidad , respiró hondo y sentada, comenzó a
observar el café haciendo espirales humeantes. “Como si nada hubiera pasado”, “
como si el comienzo hubiera sido entre dos desconocidos”. Pensamientos como
estos comenzaron a rondarle. ¿Tregua cerrada en falso? No podía asegurarlo
y en eso no le mintió. Pero si en ella había voluntad, lo que resultaba aún más
encomiable era su actitud. Siendo el más perjudicado al serlo por partida doble
, la marcha de aquella manera de su casa en Inglaterra y la falta de memoria de
ella al volver a verla , parecía querer mostrarse como siempre debió haber sido
posiblemente , y no sólo porque se acercasen esta locura de fechas que tanto le
gustaban y ella tanto odiaba.
En su subconsciente , una leve impresión, que por
pequeños detalles en su carácter como el
que acababa de comprobar , pequeños y sutiles
pero habituales detalles, es por lo que pudo haberse enamorado de él de aquella forma , y si
sumaba el contraste a su exagerada dosis de responsabilidad en el trabajo y a
su inmensa madurez para su edad , todas las piezas comenzaban a recomponerse
solas, sobre por qué alguien al que le
llevaba casi diez años , que vulneraba
sin saberlo todos sus principios y
valores defendidos hasta ese momento
desde hacía años, pasaba a ser el motivo
de su mayor angustia en cuanto llegó la hora de separarse.
Ni una sola de sus reglas se respetaba , tampoco creía haberlas tenido
muy presentes desde que se le cruzase, pero entre los recuerdos más remotos y
los más recientes , como lo que fue capaz de hacerla sentir en los Hamptons y
lo que le provocó a hacer con apetencia absoluta , casi le parecía un despropósito por su parte que
hubiera obviado todo como cuando
se mete en una caja y se cierra con llave sin intención de volver a abrirla ,
dejando el campo libre a las intenciones de quién a su juicio debía ser la que
tomase la iniciativa esta vez .
Tratando de olvidar su
incipiente molestia , la falta de sueño y que al día siguiente nada sería igual a otros años, trató de
ocuparse durante toda la jornada e ir adelantando todo el trabajo que le fuera
posible ya que debería pasar por el supermercado antes de regresar a casa.
Como todo el que se precie de odiar las Navidades , el ambiente
respirado en las calles , quizás la excesiva felicidad de aquellos con los que
se cruzaba, la música ambiental de los villancicos tradicionales remasterizados
y con aquel tono de modernidad y ajuste a los nuevos tiempos que los
desvirtuaba , las luces , y todo lo que parecía respirarse en el aire , casi se
podría decir que acrecentaba su mal humor y sus nervios.
Llegada a su refugio , recogió todo lo comprado, y se abrió una
botella de vino para intentar concienciarse que a diferencia del chocolate
caliente y el libro, se había comprometido a hacer de cenar en una noche de
Navidad , con un desconocido-conocido , con todo lo que ello conllevaba.
Sólo cuando llevaba más de la mitad de botella consumida, decidió que le apetecía quedarse abrigada en el sofá.
El cansancio y el nivel de relajación que el alcohol y el exceso de stress le
habían proporcionado , hizo que no quisiese acercarse a su cama.
El cansancio debía de haber hecho mella en ella porque pensando que
sólo había dormido un par de horas , fue al mirar a su reloj cuando se
asustó. Corrió hacia las ventanas y no
podía creerse que estuviera oscureciendo de nuevo. Había dormido demasiadas
horas y ahora le quedaban apenas tres para que su invitado llegase.
Sarah había perdido la
costumbre de cocinar para alguien más
que no fuera ella misma el día de Navidad, y normalmente nunca solía
complicarse. Sus auténticos planes nunca distaban de lo que le comentó a Steve,
así que ahora, que tenía un invitado, le
costaba bastante organizarse por mucha planificación previa que hubiera
realizado.
Sabía que él llegaría temprano,
así que lo primero que hizo resultó ser el chocolate según una vieja receta
familiar conservada en una libreta. Para la cena, sin embargo, algo más ligero
y tranquilo, a base de pequeñas delicias rellenas con marisco y alguna que otras exquisitez , todo
regado con buen vino. Habiendo terminado todo, lo revisó
para que no le faltase nada , y lo dispuso todo de forma que sólo hubiese que
llevarlo a la mesa.
Terminando de arreglarse, tocaron al timbre. Ella miró el reloj: las seis. Su puntualidad británica, el mejor exponente
de su concepto de responsabilidad.
Fue a abrir la puerta, se asomó a la perilla y quitó la cadena.
Para ella la imagen de la sencillez convertida en elegancia cobraba
cuerpo en un traje de chaqueta y corbata
negro. Para él, su figura en blanco con mangas de encaje , la espalda descubierta , y sus maravillosas
piernas al descubierto a partir de la rodilla ,el mejor recuerdo que estas fechas podían traerle, con la nota
desenfadada de su pelo húmedo al aire y sin peinar .
Ella le dejó pasar y se volvió al dormitorio para terminar de arreglarse,
mientras él se encargaba de cerrar, quedándose en la puerta mientras lo observaba todo,
degustando toda la invasión de olores comestibles con la imaginación que le iba
llegando.
Cuando ella volvió, su pelo húmedo ya no estaba despeinado , y parecía
habérselo recogido de forma natural y rápida, dirigiéndose directamente a la cocina.
• SARAH: Quisiera
pensar que no se te ha ocurrido traer nada.
Él mantenía ambas manos en la parte de atrás de su cuerpo.
• SARAH: Lo digo por
lo que traes en las manos y que te impide ponerte cómodo.
• STEVE: Es que pasé
por un sitio y no pude evitar la tentación. Resultará la compañía perfecta para
ese delicioso chocolate que huelo.
Dejó una pequeña bolsa de papel en la encimera alta de la cocina y se quitó la chaqueta , pero cuando fue a colocarla en el espaldar de
una silla ella se lo impidió.
• SARAH: Ni se te
ocurra. Déjamela , te la colgaré en el armarito de la entrada.
Se giró sólo para verla caminar. Aquellas piernas siempre le habían
llamado la atención, y el contoneo natural que provocaban en el resto de su
cuerpo resultaba de lo más inspirador.
Al volverse a la cocina , lo pilló mirándola con aquella medio sonrisa
cómplice tan característica.
• SARAH: ¿Qué?
• STEVE: Nada,
simplemente disfrutaba observándote.
• SARAH: Será mejor
que te sirva el chocolate.
Mientras le daba vueltas la imagen de sus ojos observándola , con aquella
maldita expresión….. una y otra vez.
Cogió las tazas del armarito que tenía justo encima. Podía sentirle
mirándola, casi podía sentir su respiración encima de ella, sin embargo un muro
los separaba, una especie de barrera a media altura completamente franqueable .
Sirvió el delicioso manjar y lo espolvoreó con canela. Los llevó hasta aquella
encimera alta y se sentó en frente.
Steve acercó su nariz a la taza
y aspiró profundamente.
• STEVE: Huele
delicioso. Bien me toca.
Cogió la bolsa y abrió la lengüeta. Pero antes de introducir su mano ,
se apoyó sobre sus brazos y mirándola fijamente tuvo que pedirle algo
previamente.
• STEVE: Cierra los
ojos y abre la boca.
Con una sugerente mezcla de curiosidad por lo que la bolsa contenía, y lo que la mente frívola de
su invitado le había preparado y sus ojos claros le transmitían, no pudo evitar
dudar si seguir adelante.
• STEVE: Vamos. – al
ver que no se encontraba muy decidida intentó convencerla - ¿No te fías de mí?
Sarah se sonrió de la misma forma que lo hacía cuando estaba nerviosa
y prefirió mirar hacia la taza.
• SARAH: Es de mí de
quién no me fío.
Sorprendido por la respuesta , decidió seguir adelante.
• STEVE: ¡Vamos! ¿Qué
tienes que perder?
• SARAH: No me gustan…….-
él la interrumpió-
• STEVE: ¿Las
sorpresas? Lo sé, pero ésta te aseguro
que te gustará.
Ella se centró en sus ojos, cerró los suyos y entreabrió los labios.
Steve introdujo una de sus manos en la bolsa, partió un pedazo y fue a
ponerlo en su boca, deteniéndose antes .
• STEVE: No vayas a
morderme.
La hizo reir y casi la cierra en ese instante.
Con mucho cuidado le depósito algo en la boca, rozando con uno de sus
dedos su labio inferior. Cerró el puño en torno a él como queriendo
conservar más tiempo la sensación de
aquella tibia caricia mientras se deleitaba observando su boca.
• STEVE: Ahora
disfrútalo y dime si no te es familiar.
Sarah lo degustó. Ciertamente había algo familiar en aquel sabor.
• SARAH. Yo he comido
esto antes, con el mismo sabor y textura
.- y abrió los ojos.
Al mirar lo que él portaba en la mano, lo reconoció.
• SARAH: ¡Cookies
inglesas!
La emoción mostrada y el brillo que de pronto se reflejó en sus ojos, convertían aquel momento en algo especial.
• SARAH: ¿Dónde las
conseguiste?
• STEVE: Poco antes
de venir aquí descubrí una pastelería ,
en el centro. Entré y vi que tenían algunas delicias europeas muy caseras y
artesanales. Pregunté, y me dije por qué no llevar unas cuantas para degustar ese delicioso
chocolate.
• SARAH: ¿Me dejas
una? Solo una que si no, no cenamos.
Su cara, de pronto infantil, de niña buena, pudo con él y le dejó la
bolsa.
Hasta la hora de la cena estuvieron hablando largo y tendido Futuro,
proyectos, anécdotas.
Durante el transcurso de dicha conversación, prorrogada durante la cena , Sarah no se percató de que
Steve casi la analizaba, en cada gesto suyo, con cada parte del cuerpo que utilizase. Una
observación minuciosa, digna del más profundo estudio sobre el comportamiento
humano en determinadas circunstancias. Para su compañero , era como si la tensión
hacia él hubiera desaparecido, como si entrase en un estado de confianza
llevado a tono desde hace tiempo, mucho tiempo.
Sonreía, y mucho. Desde que comenzase el curso y la reencontrara, no
recordaba haberla visto disfrutar tanto
ni sonreír de aquella forma. Se mostraba natural, abierta, espontánea.
Durante la cena, ligera y diferente a lo que se podría considerar como
la cena de Navidad Típica, apenas llevaban la mitad de la noche departiendo
cuando el silencio se hizo un hueco. Un silencio más sonoro que cualquier
posible escandaloso ruido. Un sonido de miradas al frente, excepto ella.
Teniendo su perfil como punto de referencia y el jugueteo incesante e
ininterrumpido de sus dedos en el filo de la copa, Sarah no dejaba de darle
vueltas a algo mientras su centro de atención se convertía en el modelo
improvisado de su pintura mental.
Sabiéndose centro de atención durante tanto tiempo, decidió romper
dicho silencio. Sólo el mirarla en aquel instante supuso retrasar las ganas
siquiera de hablarla. Una mirada dulce, una luz tenue en el lateral visible de
su rostro, la cabeza apoyada en el brazo que tenía en el espaldar del sofá, y
parte del cabello cayéndole lánguido
sobre el pecho.
No podía mentirse a sí mismo ni a ella. Hablar no era lo que más deseaba. La sola idea de acercarse
y besarla, le resultaba una dura
tentación demasiado exquisita para rechazar. Algo que se había repetido con
demasiada frecuencia en poco tiempo. Se armó de valor y la miró, directamente,
sin miedos ni tapujos, sin disimulos porque de nada servían. Observaba sus labios y se notaba, y ello le
daba igual. No se podía ser más explícito con solo una mirada.
A Sarah, todo aquello no pareció importarle. Mantuvo el gesto, su
objetivo. Ni un intento de retirada, ni un gesto de mínima timidez. Se la veía cómoda, relajada, a
gusto.
• STEVE: Para no
gustarte las Navidades…….te sientan bien.
• SARAH: ¿Por?
• STEVE: Tienes algo
diferente. No recuerdo haberte visto tan relajada ni sonreír tanto como esta
noche, y me encanta .
• SARAH: Es la primera vez en mucho tiempo que paso
estas fechas con alguien. Si encima a ese alguien le gustan y ha decidido asumir el riesgo que suponía
compartirlas conmigo , lo menos que puedo hacer es ser agradable y estar bien.
Aunque he de reconocer, que contigo es fácil estar a gusto. Muy fácil.
No pudo disimular lo bien recibido que le era ese comentario, y olvidó
cualquier pequeño gesto de serena prudencia con una sonrisa que lo decía
todo. Sonrisa que mantuvo hasta que ella
volvió a hablar.
• SARAH: ¿Cuándo vas
a contarme cómo me propusiste el libro y por qué ?
Al volver a alzar la vista, un gesto de extrañeza mezclado con cierta
naturalidad hizo el resto.
• SARAH: ¿Creías en
serio que no me daría cuenta?
Sin saber a dónde mirar, aquella voz femenina, familiar y casi
susurrante , le recorría las entrañas una y otra vez.
• SARAH: Bastaba
escucharte cuando lo leías. Nadie que no lo conozca ni lo ame podría haberlo
leído como tú lo hacías, con sentimiento, con confianza. Me di cuenta la
primera vez. Había algo indescriptible entre las palabras y tú. Ante mis dudas ,
decidí insistir para que fueras tú el que prosiguieras con las lecturas. Y
cuanto más te escuchaba y te veía hacer aportaciones, más me convencía de que formabas parte de él. Siempre supe que no había sido escrito por
una sola persona, y por eso me resultaba tan difícil conectarme con él y seguir
adelante. No era realmente mío.
Steve reaccionó.
• STEVE: Eso no es
cierto. Yo sólo te lo propuse, te ayudé al principio con el cambio de estilo y
la entrega que creía que debías mostrar , pero el resto lo hiciste tú.
• SARAH: ¿Por qué
Steve?
• STEVE: Sarah……………
• SARAH: Eras un
escritor emergente, con éxito, ¿y de pronto decides ceder una idea tuya a otra
persona?
• STEVE: Sarah……….déjalo
por favor.
Se levantó del sofá y se dirigió a los ventanales.
El silencio volvió. Él apuró lo que le quedaba en la copa y respiró
todo lo profundamente que pudo.
• SARAH: Lo siento,
no….- él la interrumpió-.
• STEVE: Ni siquiera
lo pensé. Estábamos juntos, en la cama. Era temprano y hacía frío, pero no
corría prisa levantarse, fin de semana.
Me levanté y fui al baño, y cuando regresé, vi tu cuerpo, desnudo, vulnerable, entregado a
mí hacía pocas horas. Algo me cruzó entonces la mente. Sabía que te marcharías,
que volverías a tu vida y que posiblemente me terminarías olvidando, y que ya
no volvería a tenerte. Así que me dije ¡Dios , necesito estar ahí, necesito que
ella tenga un pedazo mío para siempre y
me recuerde! Algo hermoso que pudiera
ser de los dos, algo que te ayudase a no olvidarte de que pese al paso del
tiempo siempre me tendrías allí. –
Sarah se incorporó y se acercó a él-
Te comenté la idea, te la esbocé. Todo te gustó. La idea de hacerlo juntos hasta
te emocionaba, pese a reconocerme más atrás que nunca te hubieras planteado
algo así.
Sarah, justo a su espalda y con cierto sentimiento de culpa, quería
tocarle, poner su mano en su espalda
como signo de apoyo. Una forma inocente de mostrarle sus disculpas, pero
dudaba aun teniendo la mano cerca de él.
La acercaba y apartaba intermitentemente. Se decidió y se la puso.
• SARAH: Steve………… No
quería……
Él se dio la vuelta.
• STEVE: No pasa
nada. Es un bonito recuerdo, y aún seguirá siéndolo.
• SARAH: Tengo mi
copia de papel en el dormitorio. ¿Si la traigo continuarías leyendo para mí?
Le apartó el pelo de la cara y se lo puso por detrás del hombro.
• SARAH: Me gusta
escuchar tu voz. Todo parece cobrar vida cuando lees como tú lo haces.
La miró, y con leve gesto de asentimiento en la cabeza, dio el
pistoletazo para que ella fuese a buscarla, pero antes de que pudiese alejarse
lo suficiente de él, su mano fue retenida.
Ella se giró, miró su mano agarrada por la de él, ascendió y fue
con sus ojos con los que se encontró.
Sólo una vez le fue aflojando el agarre, ella pudo dirigirse al
dormitorio a buscarlo.
Ana Patricia Cruz López
Todos los derechos reservados

No hay comentarios:
Publicar un comentario
Muchísimas gracias por participar en esta página