domingo, 6 de diciembre de 2015

UNA HISTORIA INACABADA. CAPITULO DECIMO CUARTO ( Primera parte ) ...........Y llegó..........Navidad ( Registrado en SAFE CREATIVE JUNIO 2015)

CAPÍTULO DECIMO CUARTO (Primera parte)
Créditos a quién corresponda

“ Inevitable.
Imperdonable.
Deseado.”

……Y LLEGÓ ………NAVIDAD

Y llegaron las temidas Navidades, llegaron por fin aquellas fechas. Fechas de recuerdos, fechas ….. para que Steve , en su casa, asomado a la ventana y con una taza de té en la mano,  comenzando a nevar,  recordara un momento, un solo instante.


“París.

Paseo por la orilla del río , a la altura de Notre Dame.

Un café en uno de los Boulangeries de la zona. Tentador escaparate de virtuosismo pastelero siempre tentador. El tiempo acompañaba,   lo cual resultaba extraño para esa época del año, y al igual que en  Londres, las decoraciones navideñas se había apoderado de la ciudad.

Al salir de allí, Steve parecía dirigirse a una localización exacta. Sarah, disfrutando de los escaparates, se sorprendió por el cartel de uno de ellos, debidamente habilitado en ambas lenguas : francés e inglés. Al detenerse secamente, tiró de la mano de Steve obligándole a pararse también. Ella se retiró unos pasos hacia atrás para ver dónde se encontraban y a qué pertenecía dicho cartel anunciador.  Parecía ser una sala de subastas. Un lugar muy refinado y exquisito en una de las mejores zonas de París, cerca de la Iglesia de la Madeleine.Steve le sonrió,  y en esta ocasión fue él quien tiró de ella hacia el interior de la sala de subastas.

Mientras ella curioseaba con lo allí expuesto en las vitrinas , objeto central de la que se celebraría esa misma tarde-noche según el cartel del escaparate, Steve debía arreglar algo con lo que la dejó sola unos instantes.

Cuando volvió, la vio muy quieta delante de una de esas vitrinas. Al acercarse por detrás, el lateral de su rostro reflejaba la expectación y admiración hacia algo que pareciera un oscuro objeto de deseo. Trató de seguir sus ojos  hacia el punto  donde ella se centraba  y  no pudo evitar sonreírse.  Tan deseado como prohibido pensaría ella posiblemente. Era una réplica facsímil de uno de los primeros Hamlet en Edición limitada que se emitió para coleccionistas. Tanto el papel, envejecido para la ocasión emulando la antigüedad del libro original, las señas , las muescas,  su cuidada encuadernación hecha a mano,  todo completamente artesanal. Una auténtica joya .

Sin dejar de observar su objeto de admiración, supo que él se encontraba a su lado.

•             SARAH: Tan hermoso como inalcanzable.
•             STEVE: Me temo que dado su precio de salida…sí, un poco.
•             SARAH: Vendería mi alma a cambio de poder tocar uno de éstos.
•             STEVE:- pensativo- Bueno………No creo que hiciera falta tanto exceso. Conozco a la dueña de la Sala, puedo hablar con ella e intentarlo.

Ella le miró sorprendida.

•             SARAH: ¿Intentar qué?
•             STEVE: Que puedas tenerlo un instante en las manos.

A ella le cambió la cara. Por una parte era lo que más deseaba en este mundo, aunque sólo fuera por un instante, pero , por otra parte, prefirió dejar las cosas como estaban y no tenerlo. La tentación era demasiado grande.
Ante la duda de ella, él le planteó otra cosa.

•             STEVE: La otra opción es venir esta noche a la subasta. ¿Has visto alguna en directo?
•             SARAH: No. Nunca me lo he podido permitir así que …..¿para qué  ir?
•             STEVE: Entonces tendremos que hacerlo.

Y así fue. Aquella misma noche acudieron a la subasta. El facsímil era la joya de todo el evento, y ciertamente su precio de salida , con el que se abría la puja, resultaba morbosamente escandaloso, sólo al alcance de selectos sujetos.
Puja reñida,  sin duda,  la del último gran objeto deseado por más individuos de los que en principio se esperaba.

Cuando se encontraban recogiendo los abrigos en el guardarropa, Steve volvió al interior de la sala para despedirse de la Directora de Sala dejando  por unos minutos a Sarah en el vestíbulo.
Al mirar hacia la puerta,  le pareció ver algo familiar que echaba de menos, aunque allí con una luz muy especial. Se acercó a la puerta giratoria y salió al exterior. Respiró hondo, elevó su cara al cielo, cerró los ojos, y dejó que los suaves copos de nieve le cayesen sin miramientos. Sólo el beso de Steve en una de sus mejillas hizo que regresase .

De vuelta en el  hotel, Sarah fue adelantándose al ascensor mientras Steve terminaba de firmar la salida ya que se marchaban muy temprano por la mañana.

Antes de que amaneciera , el roce de sus labios por toda la línea central de su espalda, suaves, con aquella agradable y templada humedad , y el calor de su cuerpo desnudo a continuación,  acariciándola por completo sin terminar de apoyarse, acompañado de  un leve susurro, tan cálido y extenuante como quien lo provocaba , la mantenía lejos de la realidad por un instante más.

•             STEVE: Tengo algo para ti.

Se retiró sólo un segundo y le puso un paquete envuelto delicadamente en papel de seda delante suyo.
Sin retirarse , quedó a un lado , con su cabeza apoyada en una mano y acariciando su espalda con la otra.
Ella miró el paquete para después girarse hacia el otro lado y mirarle a él , con medio rostro oculto por su propio  brazo.

•             STEVE: Sé que no te gustan las Navidades así que……. No diré que es un regalo de Navidad. Simplemente es algo que quiero que tengas.

Ella volvió a mirar el paquete. Le quitó el lazo rojo que ataba el papel de seda . Un recubrimiento de terciopelo rojo oscuro la separaba del objeto en cuestión. Una especie de forro delicadamente escogido. Lo abrió e introdujo parte de sus dedos en aquella bolsa . Tiró hacia fuera de su contenido no pudiendo  articular palabra cuando vio lo que era.

Steve, expectante y  emocionado por su reacción,  esperaba impaciente alguna palabra suya.

•             SARAH: El Hamlet.
•             STEVE:  No tenías que haberlo visto siquiera aquel día, pero creo que te dejé sola demasiado tiempo.
•             SARAH: - sin quitarle ojo de encima y estando a punto de llorar- Pero…. No te vi pujar por él. No pujaste.
•             STEVE: Estaba todo concertado con uno de los asistentes de sala. Lo hablé con la directora cuando te dejé sola . Desde luego no podía pujar delante de ti, se habría descubierto todo, y quería que fuera una sorpresa para disfrutar de tu cara al abrirlo.

Sarah no podía creerse lo que todo aquello significaba y más sabiendo su valor. Posiblemente no recordase algo así  de nadie, más por su significado y lo que representaba para ella que por su valor económico en sí.

•             STEVE: Sarah  - ella parecía no reaccionar-  Sarah mírame.- al no hacerle caso, él acercó su cabeza y colocó su cara justo al lado del libro para obligarla a mirarle – mírame.

Por fin lo consiguió.

•             STEVE: Ha disfrutado mucho más esperando tu cara y viéndola después  que con el echo en sí mismo de regalártelo.  No es una cuestión de tradición o de dinero, al final eso es lo de menos en estos casos. Se trata del amor y respeto por una obra de arte , y la satisfacción de quien la entrega,  sólo es superada por la emoción que desprende quien la recibe. Dijiste que venderías tu alma por tenerlo, ahora sabes a quién pertenece . “

Recuerdos. Imágenes que se intercalaban, en este caso, con el instante desagradable en el Departamento, cuando la misma caja dónde había sido introducía debía volver a su propietario según sus propias palabras.  

Sin saber a ciencia cierta qué le depararía de ahora en adelante , dando casi por perdido el poder recuperarla , simplemente , sin proponérselo, decidió vivir de aquellos maravillosos recuerdos de algo que lo había marcado y que jamás se repetiría.

Navidades. Las temidas Navidades.
Se acercaban las vacaciones de navidad y con ellas también los exámenes previos .
Bibliotecas atestadas, pasillos con corrillos de gente en pleno debate sobre los temas, sudores , cafeterías imposibles ….. Un nada despreciable, tenso y estresante ambiente prenavideño.

Apenas tiempo para respirar. Interminables horas de trabajo y departamentos que parecían no cerrar nunca. Correcciones interminables y mucha falta de horas de sueño.

Bastaba observar los rostros de ciertos profesores,  para comprender que todo el trabajo realizado a lo largo del semestre no era comparable con el que se les juntaba en estas fechas. Eso sin contar, por supuesto, la circunstancia de aquellos que , pasándolo en familia, debían salir días antes , debiendo acelerarse todo.

Por aquellas fechas,  Sarah apenas pisaba su casa. Se podría decir que vivía y hacía vida en el Campus. Justamente , con vistas a fechas como éstas, fue por lo que se instalaron servicios completos para profesores en cada Departamento y un sofá muy cómodo para servir de cama improvisada en un momento dado.

La mañana justo antes del día de Navidad, Candice , con prisa, entró casi a trompicones en el despacho, tanto, que se le cayeron los libros que llevaba en las manos haciendo un ruido horroroso a aquellas horas de la mañana. Aún la luz del  alba ni siquiera había asomado y hasta ella misma se asustó del estruendo. Se asomó discretamente al pasillo de nuevo  para comprobar que nadie se había dado cuenta . El pasillo, a ambos lados, permanecía con aquella luz amarilla tenue, solitario, sin un alma aún.

Tras recogerlo todo y colocarlo encima de la mesa, se dio cuenta de que no se encontraba sola en el Departamento. Sarah , acostada en el sofá, se encontraba tan profundamente dormida que ni se había percatado de su más que escandalosa presencia. Ni un gesto, ni un ruido. Candice miró la hora y decidió que debía despertarla antes de que se iniciase la actividad .  Se acercó a ella y la tocó en el hombro con suavidad, pero al ver que no se abría los ojos, tuvo que zarandearla algo más.

Aturdida, trataba de mirar su reloj dándose cuenta de que no lo llevaba. Con dificultad para conseguir entrar en el mundo de los vivientes, se restregaba los ojos cual niña pequeña y se revolvía el pelo con las manos.

•             SARAH: ¿Qué hora es?
•             CANDICE: Las seis y cuarto.
•             SARAH: ¡Oh Dios! Que dolor de cabeza más espantoso tengo.
•             CANDICE: ¿Has pasado la noche aquí?
•             SARAH: Me puse a corregir y cuando me vine a dar cuenta era demasiado tarde para coger el metro o un taxi.
•             CANDICE: Podías haberme llamado , te hubiera llevado a casa.
•             SARAH: Da igual, ahora tomaré una ducha y me despejaré.
•             CANDICE: Por tu cara diría que además vas a necesitar tres cafeteras, ¿cuánto has dormido?
•             SARAH: Creo que apenas unos veinte minutos.
•             CANDICE: Será mejor que te vaya dejando preparada la cafetera en lo que te metes en el baño , para que lo tengas recién hecho cuando salgas.
•             SARAH: Por suerte siempre guardo una muda en el armarito.
•             CANDICE: Bien te lo dejo puesto y me voy corriendo.
•             SARAH: Gracias.

El dolor de cabeza fue relajándose conforme el agua corría por su pelo y la cabeza permanecía debajo del abundante chorro. La apoyó en los azulejos y simplemente la  dejó circular por su espalda. Dejó su mente en blanco. Necesitaba ausentarse aunque fuera cinco minutos. Cuando creyó sentir algo de frío la cerró,  y comenzó a secarse con la toalla recogiendo su pelo con otra algo más pequeña.

La puerta del Departamento se abrió pero ella no la escuchó cerrarse. Pese a encontrarse sola y en silencio , no fue capaz de escuchar  los  pasos de Steve  sobre la madera del suelo.
Ella continuaba vistiéndose , mientras él colocaba las llaves del coche y el resto de las cosas encima de su lado de la mesa.
El olor a café le animó a ponerse una taza  y cuando se la estaba sirviendo , le pareció oir ruido proveniente del fondo del despacho. Miró , y vio luz en el baño. Dejó la taza en la encimera y se acercó a la puerta entreabierta. 
Una imagen casi fija:  ella, cubierta sólo con una camisa blanca , subiéndose lentamente una de las medias,   mientras sus manos se deslizaban pierna arriba en dirección a su muslo donde recolocaba el ligero con interior de silicona de las mismas , un espejo enterizo en frente y su mirada clavada hacia él cuando lo descubre.  Un regalo visual inesperado justo antes de Navidad.
Él bajó la mirada , y se retiró de la puerta para volver al Office. Intranquilo.

Cuando salió , sin cruzarse palabra, tenía una taza de café listo encima de su lado de la mesa, mientras él removía papeles.

•             SARAH: Gracias.
•             STEVE: Alguien ha debido saber que no has pasado buena noche.
•             SARAH: En realidad ni la he pasado, apenas veinte minutos y otra vez en pie.
•             STEVE: Pues no  llegarás muy lejos si sigues así.
•             SARAH: ¡Vaya ,  gracias por la confianza!- en tono claramente irónico que hizo  centrar la atención de Steve- Ya lo he hecho otras veces.
•             STEVE: A lo que me refiero es que te……- ella le interrumpió-
•             SARAH: Sé perfectamente a lo que te refieres. Sé que terminaré tarde y posiblemente con la cabeza reventada, aunque no creo que más que ahora sinceramente.

Steve recordaba aquella actitud, la de la “típica enteradilla impertinente”  a la  que jugaba ser en circunstancias como ésta. Dándose cuenta de que estaba volviendo a alzar el tono revanchista , trató de corregir.

•             SARAH: Vale, lo siento.

Él continuó mirándola hasta que ella , nerviosa , no pudo evitar preguntarle.

•             SARAH: ¿Qué? Te he pedido disculpas.
•             STEVE: Me preguntaba qué tenías pensado hacer mañana.
•             SARAH: Lo de siempre . Estaré en casa, me levantaré tarde, disfrutaré de una deliciosa taza de chocolate caliente, de una buena manta , buena música, y algo de lectura. O tal vez, retome el libro.
•             STEVE: ¡El libro!

Ese gesto tan característico en él de regañar la nariz denotaba que efectivamente no se acordaba.

•             STEVE: Lo cierto es que con todo lo que ha pasado,  lo tenemos abandonado y en eso me incluyo.
•             SARAH: Bueno pero hablábamos de mis planes ¿y los tuyos?
•             STEVE: Bueno, supongo que levantarme más tarde, disfrutar de una buena taza de café caliente y contemplar nevar desde mi porche.
•             SARAH: - se rió- ¡Vamos! ¿No irás a decirme que no has quedado con nadie?

La cara de Steve, la mejor respuesta.

•             SARAH: Pero …tú tienes conocidos, amigos aquí.
•             STEVE: Sí, es posible.
•             SARAH: Es realmente triste algo así para quien sí le gustan estas fechas, a mí es que no me han gustado nunca.
•             STEVE: Lo sé.

Ella , nerviosa, se puso a desordenar sus montañas de papeles buscando algo que él imaginaba pero que ella, pese a tenerlo delante no lograba ver: su reloj.
Steve la dejó continuar durante un rato, hasta que ,lo cogió , y pese a dejarlo colgando de su mano delante de ella, estaba tan obcecada buscándolo  que no fue capaz de verlo.

•             SARAH: ¿Dónde estará ese maldito……..?

Una de las veces que más cerca estuvo , él intentó llamar su atención, pero ella continuaba .

•             STEVE: Caliente,  caliente.
•             SARAH:  Dios, nunca me lo quito por lo mismo, siempre lo acabo perdiendo.
•             STEVE: Quizás te estás complicando demasiado. A veces no se trata tanto de buscar , si no saber ver.
•             SARAH: ¿Y qué quieres que vea bien si no soy capaz de encontrar ni mi cabeza entre tanto papel?

Levantó la cabeza y allí estaba, la mano de Steve y su reloj colgando de sus dedos.

•             STEVE: Saber ver.

Ella alargó parte del cuerpo para facilitarle la tarea a la mano, pero él se alejó  justo en ese momento. Aquella sonrisa irónica transmitía un mensaje muy claro: el señor se  había levantado  con ganas de jugar.

Volvió a intentar cogerlo y él se la alejó un poco más, sacándola de quicio.

•             SARAH: ¿Te importa dejarme mi reloj? Gracias.

Le cogió la mano y con la otra,  le colocó el reloj en la palma cerrándole los dedos.
Al ver que le costaba soltarla, ella le insistió.

•             SARAH : ¿Te importa devolvérmela?

Y él la soltó.

Sarah se acercó al office para ponerse algo más de café y se quedó pensativa mientras lo servía. Sabía que tomar decisiones con falta de sueño no solía ser lo más recomendable, pero el plan de él para ese día le pareció tremendamente triste.

•             SARAH: ¿En serio vas a estar solo en Navidad?

Él recogió las cosas que iba a llevarse dispuesto a marcharse, y cuando pasó al lado del office, se le acercó y le dijo al oído algo que la haría decidirse.

•             STEVE: Admito sugerencias.

Él se acercaba a la puerta cuando Sarah le habló.

•             SARAH: ¿Pasarlo con alguien sin espíritu navideño por ejemplo?

Él se detuvo, se sonrió y volvió sobre sus pasos  hasta asomar sólo su cabeza por el lateral del mueble de  la cocina.

•             STEVE: ¿Es una proposición?

Ante su tono sugerente , Sarah lo miró muy seria.
•             STEVE: ¿Una obra de caridad tal vez?

Cuanto más sonreía , más se desquiciaba.

•             STEVE: ¡Vamos Sarah! ¡ Es Navidad! Un poquitito de sentido del humor no te vendría nada mal.
•             SARAH:  Es que tu plan me parece de  lo más triste.
•             STEVE: Ya, así que al final¿ eres tú la que haces la obra de caridad?

Dejando la taza desesperada encima de la encimera de un golpe.

•             SARAH: ¡Oh dios! ¡Qué difícil es hablar contigo a veces!
•             STEVE: ¡Huy! ¿No te parece que esas palabras son un poquito fuertes teniendo en cuenta de quién vienen?
•             SARAH: Vas a hacer que me arrepienta de decirte nada.
•             STEVE: Cuenta conmigo
•             SARAH: Bien.- en un tono muy bajito.

Su cabeza desapareció para dos segundos más tarde volver a reaparecer.

•             STEVE: ¿Me ha parecido escuchar un leve gesto de complacencia?
•             SARAH: Sinceramente Steve ¿no tienes exámenes con los que martirizar a tus alumnos ? Porque  yo puedo prestarte algunos si quieres.
•             STEVE: -pensativo y con una sonrisa- ¿Tú Miller frente a mi Byron? Va a ser que no.

Y volvió a desaparecer, mientras ella comentaba de nuevo en el mismo tono bajo.

•             SARAH: ¿Byron –Miller? Él se lo pierde.

Y se oyó una voz de fondo.

•             STEVE: No creo.

Su fino y agudo oído hizo que tuviera que rendirse a la evidencia y reírse  sin hacer ruido. Y tras aquello, con una extraña sensación de normalidad , respiró hondo y sentada, comenzó a observar el café haciendo espirales humeantes. “Como si nada hubiera pasado”, “ como si el comienzo hubiera sido entre dos desconocidos”. Pensamientos como estos  comenzaron a rondarle.  ¿Tregua cerrada en falso? No podía asegurarlo y en eso no le mintió. Pero si en ella había voluntad, lo que resultaba aún más encomiable era su actitud. Siendo el más perjudicado al serlo por partida doble , la marcha de aquella manera de su casa en Inglaterra y la falta de memoria de ella al volver a verla , parecía querer mostrarse como siempre debió haber sido posiblemente , y no sólo porque se acercasen esta locura de fechas que tanto le gustaban y ella tanto odiaba. 

En su subconsciente , una leve impresión,   que por pequeños detalles en su carácter  como el que acababa de comprobar , pequeños y sutiles  pero habituales detalles, es por lo que pudo haberse  enamorado de él de aquella forma , y si sumaba el contraste a su exagerada dosis de responsabilidad en el trabajo y a su inmensa madurez para su edad , todas las piezas comenzaban a recomponerse solas,  sobre por qué alguien al que le llevaba casi diez años , que  vulneraba sin saberlo  todos sus principios y valores  defendidos hasta ese momento desde hacía años,  pasaba a ser el motivo de su mayor angustia en cuanto llegó la hora de separarse.

Ni una sola de sus reglas se respetaba , tampoco creía haberlas tenido muy presentes desde que se le cruzase, pero entre los recuerdos más remotos y los más recientes , como lo que fue capaz de hacerla sentir en los Hamptons y lo que le provocó a hacer con apetencia absoluta , casi le parecía un  despropósito por su parte  que  hubiera obviado todo  como cuando se mete en una caja y se cierra con llave sin intención de volver a abrirla , dejando el campo libre a las intenciones de quién a su juicio debía ser la que tomase la iniciativa esta vez .

Tratando de olvidar su  incipiente molestia , la falta de sueño y que al día siguiente  nada sería igual a otros años, trató de ocuparse durante toda la jornada e ir adelantando todo el trabajo que le fuera posible ya que debería pasar por el supermercado antes de regresar a casa.

Como todo el que se precie de odiar las Navidades , el ambiente respirado en las calles , quizás la excesiva felicidad de aquellos con los que se cruzaba, la música ambiental de los villancicos tradicionales remasterizados y con aquel tono de modernidad y ajuste a los nuevos tiempos que los desvirtuaba , las luces , y todo lo que parecía respirarse en el aire , casi se podría decir que acrecentaba su mal humor y sus nervios.  

Llegada a su refugio , recogió todo lo comprado, y se abrió una botella de vino para intentar concienciarse que a diferencia del chocolate caliente y el libro, se había comprometido a hacer de cenar en una noche de Navidad , con un desconocido-conocido , con todo lo que ello conllevaba.
Sólo cuando llevaba más de la mitad de botella consumida, decidió  que le apetecía quedarse abrigada en el sofá. El cansancio y el nivel de relajación que el alcohol y el exceso de stress le habían proporcionado , hizo que no quisiese acercarse a su cama.

El cansancio debía de haber hecho mella en ella porque pensando que sólo había dormido un par de horas , fue al mirar a su reloj cuando se asustó.  Corrió hacia las ventanas y no podía creerse que estuviera oscureciendo de nuevo. Había dormido demasiadas horas y ahora le quedaban apenas tres para que su invitado llegase.

Sarah  había perdido la costumbre de cocinar  para alguien más que no fuera ella misma el día de Navidad, y normalmente nunca solía complicarse. Sus auténticos planes nunca distaban de lo que le comentó a Steve, así que  ahora, que tenía un invitado, le costaba bastante organizarse por mucha planificación previa que hubiera realizado.

Sabía que  él llegaría temprano, así que lo primero que hizo resultó ser el chocolate según una vieja receta familiar conservada en una libreta. Para la cena, sin embargo, algo más ligero y tranquilo, a base de pequeñas delicias rellenas con  marisco y alguna que otras exquisitez , todo regado  con  buen vino. Habiendo terminado todo, lo revisó para que no le faltase nada , y lo dispuso todo de forma que sólo hubiese que llevarlo a la mesa.

Terminando de arreglarse, tocaron al timbre. Ella miró el reloj: las seis.  Su puntualidad británica, el mejor exponente de su concepto de responsabilidad.
Fue a abrir la puerta, se asomó a la perilla y quitó la cadena.

Para ella la imagen de la sencillez convertida en elegancia cobraba cuerpo  en un traje de chaqueta y corbata negro. Para él, su figura en blanco con mangas de encaje ,  la espalda descubierta , y sus maravillosas piernas al descubierto a partir de la rodilla ,el mejor recuerdo  que estas fechas podían traerle, con la nota desenfadada de su pelo húmedo al aire y sin peinar .

Ella le dejó pasar y se volvió al dormitorio para terminar de arreglarse, mientras  él se encargaba de  cerrar, quedándose en  la puerta mientras lo observaba todo, degustando toda la invasión de olores comestibles con la imaginación que le iba llegando.

Cuando ella volvió, su pelo húmedo ya no estaba despeinado , y parecía habérselo recogido de forma natural y rápida, dirigiéndose directamente  a la cocina.

•             SARAH: Quisiera pensar que no se te ha ocurrido traer nada.

Él mantenía ambas manos en la parte de atrás de su cuerpo.

•             SARAH: Lo digo por lo que traes en las manos y que te impide ponerte cómodo.
•             STEVE: Es que pasé por un sitio y no pude evitar la tentación. Resultará la compañía perfecta para ese delicioso chocolate que huelo.

Dejó una pequeña bolsa de papel en la encimera alta de la cocina y  se quitó la chaqueta ,  pero cuando fue a colocarla en el espaldar de una silla ella se lo impidió.

•             SARAH: Ni se te ocurra. Déjamela , te la colgaré en el armarito de la entrada.

Se giró sólo para verla caminar. Aquellas piernas siempre le habían llamado la atención, y el contoneo natural que provocaban en el resto de su cuerpo  resultaba de lo más inspirador.
Al volverse a la cocina , lo pilló mirándola con aquella medio sonrisa cómplice tan característica.

•             SARAH: ¿Qué?
•             STEVE: Nada, simplemente disfrutaba observándote.
•             SARAH: Será mejor que te sirva el chocolate.

Mientras le daba vueltas la imagen de sus ojos observándola , con aquella maldita expresión….. una y otra vez.
Cogió las tazas del armarito que tenía justo encima. Podía sentirle mirándola, casi podía sentir su respiración encima de ella, sin embargo un muro los separaba, una especie de barrera a media altura completamente franqueable . Sirvió el delicioso manjar y lo espolvoreó con canela. Los llevó hasta aquella encimera alta y se sentó en frente.
Steve  acercó su nariz a la taza y aspiró profundamente.

•             STEVE: Huele delicioso. Bien me toca.

Cogió la bolsa y abrió la lengüeta. Pero antes de introducir su mano , se apoyó sobre sus brazos y mirándola fijamente tuvo que pedirle algo previamente.

•             STEVE: Cierra los ojos y abre la boca.

Con una sugerente mezcla de curiosidad por lo que la  bolsa contenía, y lo que la mente frívola de su invitado le había preparado y sus ojos claros le transmitían, no pudo evitar dudar si seguir adelante.

•             STEVE: Vamos. – al ver que no se encontraba muy decidida intentó convencerla - ¿No te fías de mí?

Sarah se sonrió de la misma forma que lo hacía cuando estaba nerviosa y prefirió mirar hacia la taza.

•             SARAH: Es de mí de quién no me fío.

Sorprendido por la respuesta , decidió seguir adelante.

•             STEVE: ¡Vamos! ¿Qué tienes que perder?
•             SARAH: No me gustan…….- él la interrumpió-
•             STEVE: ¿Las sorpresas? Lo sé, pero  ésta te aseguro que te gustará.

Ella se centró en sus ojos, cerró los suyos y entreabrió los labios.
Steve introdujo una de sus manos en la bolsa, partió un pedazo y fue a ponerlo en su boca, deteniéndose antes .

•             STEVE: No vayas a morderme.

La hizo reir y casi la cierra en ese instante.
Con mucho cuidado le depósito algo en la boca, rozando con uno de sus dedos su labio inferior. Cerró el puño en torno a él como queriendo conservar  más tiempo la sensación de aquella tibia caricia mientras se deleitaba observando su boca.

•             STEVE: Ahora disfrútalo y dime si no te es familiar.

Sarah lo degustó. Ciertamente había algo familiar en aquel sabor.
•             SARAH. Yo he comido esto antes,  con el mismo sabor y textura .- y abrió los ojos.

Al mirar lo que él portaba en la mano, lo  reconoció.

•             SARAH: ¡Cookies inglesas!

La emoción mostrada y el brillo que de pronto se reflejó en sus ojos,  convertían aquel momento en algo especial.

•             SARAH: ¿Dónde las conseguiste?
•             STEVE: Poco antes de venir aquí descubrí una pastelería  , en el centro. Entré y vi que tenían algunas delicias europeas muy caseras y artesanales.  Pregunté,  y me dije por qué no llevar unas  cuantas para degustar ese delicioso chocolate.
•             SARAH: ¿Me dejas una? Solo una que si no,  no cenamos.

Su cara, de pronto infantil, de niña buena, pudo con él y le dejó la bolsa.

Hasta la hora de la cena estuvieron hablando largo y tendido Futuro, proyectos, anécdotas.
Durante el transcurso de dicha conversación, prorrogada  durante la cena , Sarah no se percató de que Steve casi la analizaba, en cada gesto suyo,  con cada parte del cuerpo que utilizase. Una observación minuciosa, digna del más profundo estudio sobre el comportamiento humano en determinadas circunstancias. Para su compañero , era como si la tensión hacia él hubiera desaparecido, como si entrase en un estado de confianza llevado a tono desde hace tiempo, mucho tiempo.

Sonreía, y mucho. Desde que comenzase el curso y la reencontrara, no recordaba haberla visto disfrutar tanto  ni sonreír de aquella forma. Se mostraba natural, abierta, espontánea.
Durante la cena, ligera y diferente a lo que se podría considerar como la cena de Navidad Típica, apenas llevaban la mitad de la noche departiendo cuando el silencio se hizo un hueco. Un silencio más sonoro que cualquier posible escandaloso ruido. Un sonido de miradas al frente, excepto ella. Teniendo su perfil como punto de referencia y el jugueteo incesante e ininterrumpido de sus dedos en el filo de la copa, Sarah no dejaba de darle vueltas a algo mientras su centro de atención se convertía en el modelo improvisado de su pintura mental.

Sabiéndose centro de atención durante tanto tiempo, decidió romper dicho silencio. Sólo el mirarla en aquel instante supuso retrasar las ganas siquiera de hablarla. Una mirada dulce, una luz tenue en el lateral visible de su rostro, la cabeza apoyada en el brazo que tenía en el espaldar del sofá, y parte del cabello cayéndole lánguido  sobre el pecho.

No podía mentirse a sí mismo ni a ella. Hablar no era  lo que más deseaba. La sola idea de  acercarse  y besarla,  le resultaba una dura tentación demasiado exquisita para rechazar. Algo que se había repetido con demasiada frecuencia en poco tiempo. Se armó de valor y la miró, directamente, sin miedos ni tapujos, sin disimulos porque de nada servían.  Observaba sus labios y se notaba, y ello le daba igual. No se podía ser más explícito con solo una mirada.
A Sarah, todo aquello no pareció importarle. Mantuvo el gesto, su objetivo. Ni un intento de retirada, ni un gesto de mínima  timidez. Se la veía cómoda, relajada, a gusto.

•             STEVE: Para no gustarte las Navidades…….te sientan bien.
•             SARAH: ¿Por?
•             STEVE: Tienes algo diferente. No recuerdo haberte visto tan relajada ni sonreír tanto como esta noche, y me encanta .
•             SARAH:  Es la primera vez en mucho tiempo que paso estas fechas con alguien. Si encima a ese alguien le gustan  y ha decidido asumir el riesgo que suponía compartirlas conmigo , lo menos que puedo hacer es ser agradable y estar bien. Aunque he de reconocer, que contigo es fácil estar a gusto. Muy fácil.

No pudo disimular lo bien recibido que le era ese comentario, y olvidó cualquier pequeño gesto de serena prudencia con una sonrisa que lo decía todo.  Sonrisa que mantuvo hasta que ella volvió a hablar.

•             SARAH: ¿Cuándo vas a contarme cómo me propusiste el libro y por qué ?

Al volver a alzar la vista, un gesto de extrañeza mezclado con cierta naturalidad hizo el resto.

•             SARAH: ¿Creías en serio que no  me daría cuenta?

Sin saber a dónde mirar, aquella voz femenina, familiar y casi susurrante , le recorría las entrañas una y otra vez.

•             SARAH: Bastaba escucharte cuando lo leías. Nadie que no lo conozca ni lo ame podría haberlo leído como tú lo hacías, con sentimiento, con confianza. Me di cuenta la primera vez. Había algo indescriptible entre las palabras y tú. Ante mis dudas , decidí insistir para que fueras tú el que prosiguieras con las lecturas. Y cuanto más te escuchaba y te veía hacer aportaciones,  más me convencía de que formabas parte de él.  Siempre supe que no había sido escrito por una sola persona, y por eso me resultaba tan difícil conectarme con él y seguir adelante. No era realmente mío.
Steve reaccionó.

•             STEVE: Eso no es cierto. Yo sólo te lo propuse, te ayudé al principio con el cambio de estilo y la entrega que creía que debías mostrar , pero el resto lo hiciste tú.
•             SARAH: ¿Por qué Steve?
•             STEVE: Sarah……………
•             SARAH: Eras un escritor emergente, con éxito, ¿y de pronto decides ceder una idea tuya a otra persona?
•             STEVE: Sarah……….déjalo por favor.

Se levantó del sofá y se dirigió a los ventanales.
El silencio volvió. Él apuró lo que le quedaba en la copa y respiró todo lo profundamente que pudo.

•             SARAH: Lo siento, no….- él la interrumpió-.
•             STEVE: Ni siquiera lo pensé. Estábamos juntos, en la cama. Era temprano y hacía frío, pero no corría prisa levantarse, fin de semana.  Me levanté y fui al baño, y cuando regresé,  vi tu cuerpo, desnudo, vulnerable, entregado a mí hacía pocas horas. Algo me cruzó entonces la mente. Sabía que te marcharías, que volverías a tu vida y que posiblemente me terminarías olvidando, y que ya no volvería a tenerte. Así que me dije ¡Dios , necesito estar ahí, necesito que ella tenga un pedazo mío para siempre  y me recuerde!  Algo hermoso que pudiera ser de los dos, algo que te ayudase a no olvidarte de que pese al paso del tiempo siempre me tendrías allí. –   Sarah se incorporó y se acercó a él-   Te comenté la idea, te la esbocé.  Todo te gustó. La idea de hacerlo juntos hasta te emocionaba, pese a reconocerme más atrás que nunca te hubieras planteado algo así.

Sarah, justo a su espalda y con cierto sentimiento de culpa, quería tocarle, poner su mano en su espalda  como signo de apoyo. Una forma inocente de mostrarle sus disculpas, pero dudaba  aun teniendo la mano cerca de él. La acercaba y apartaba intermitentemente. Se decidió y se la puso.

•             SARAH: Steve………… No quería……

Él se dio la vuelta.

•             STEVE: No pasa nada. Es un bonito recuerdo, y aún seguirá siéndolo.
•             SARAH: Tengo mi copia de papel en el dormitorio. ¿Si la traigo continuarías leyendo para mí?

Le apartó el pelo de la cara y se lo puso por detrás del hombro.

•             SARAH: Me gusta escuchar tu voz. Todo parece cobrar vida cuando lees como tú lo haces.

La miró, y con leve gesto de asentimiento en la cabeza, dio el pistoletazo para que ella fuese a buscarla, pero antes de que pudiese alejarse lo suficiente de él, su mano fue retenida.
Ella se  giró, miró  su mano agarrada por la de él, ascendió y fue con sus ojos con los que se encontró.
Sólo una vez le fue aflojando el agarre, ella pudo dirigirse al dormitorio a buscarlo.

Ana Patricia Cruz López

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