domingo, 6 de diciembre de 2015

LA LLAMADA DE LA SANGRE ( secuela de ELECCION) CAPITULO CUARTO. ( Registrada en SAFE CREATIVE . OCTUBRE 2015)



·        LA LLAMADA DE LA SANGRE
CAPITULO CUARTO
Créditos a quién corresponda


¿Por qué aquellos pensamientos volvían a ella? ¿Por qué los recuerdos de épocas pasadas que siempre tuvo presente pero que apenas quería recordar , se enfrentaban a ella de nuevo?

Sólo cuando las cosas parecieron tranquilizarse,   le tocó descanso . Apenas quince minutos , veinte a lo sumo , en los que prefirió salir del edificio y acercarse aunque fuera al aparcamiento,  para coger aire no contaminado por el olor a medicación y a hospital.

Noche cerrada en el exterior y con una temperatura considerablemente baja , se apoyó en el portalón exterior mientras  se fijaba, sin saber por qué, en las farolas blancas. El calor que trataban de emanar debido a su potencia y a las horas que llevaban encendidas,  al chocar con el frío ambiental que  recubría las pantallas, emanaba un vapor que parecía disiparse deprisa . Una y otra vez .Todas consecutivas. Casi pérdida de la noción del tiempo en un ley física evidente y elemental sobre lo que sucede ante el choque de temperaturas , y en su mente , la idea asociada , de que algo similar es lo que acontecía cuando se generan tornados , pero con las masas de aire .

Sentirse observada a esas horas , en un parking solitario, no parecía el mejor presagio de nada, pero por el momento, lo que fuera, consiguió que lo buscase sin tener que esforzarse demasiado.  Dos luces pequeñas y blancas que la miraban fijamente y que partían de un cuerpo robusto de pelo oscuro que  sobre sus cuatro patas, parecía vigilante.


Sin saber qué la llamaba a hacerlo, decidió acercarse lentamente hacia él. El perro, sin perturbarse siquiera, se limitaba a observarla mientras se acercaba.  La escasez de luz no lo empequeñecía ni tranquilizaba a quién lo viera. Al contrario, su aspecto tenebroso podría con cualquiera , y sin apenas poder distinguir su cara con claridad, muchas ganas de encontrarse con él a solas no entraban. Sin embargo , a Casey le daba igual arriesgarse. Es cierto, no lo conocía, no sabía realmente cuan peligroso podía ser en realidad o si la terminaría atacando, pero tampoco se detuvo a pensarlo. Simplemente, se dejó llevar.
Junto a su hocico, del que emanaba abundante vaho, y manteniéndose de píe, le acercó la mano para que oliera , tal y como ella había escuchado tantas veces que debía hacerse, para que te reconocieran , y sobre todo, lo hizo tranquila . Nunca le tuvo miedo a nada , pero todo aquello , y más aún, lo de este animal,  extraño de por sí , rozaba la delicada línea de casi la locura de lo inexplicable.

El animal la olió tan sólo unos cinco segundos,  con eso le bastó, y se sentó, como esperando alguna orden, con sus orejas alzadas  y completamente erguido. Si se trataba de un perro de guarda , andaba demasiado vigilante a una orden humana y más de una desconocida. Si  era de autodefensa , debería andar con identificaciones , y éste sin embargo, a simple  vista , no parecía tener nada que facilitase conocer su procedencia o su dueño. Ni collar, ni placas. Nada.
El perro no daba signos de peligrosidad pese a su aspecto, pero tampoco mostraba ser cariñoso o juguetón. Definitivamente, daba más señas de ser un perro de trabajo que de hogar.
Miró su reloj y vio que su descanso hacía tiempo que había terminado , que se le pasaba la hora de volver, y tras mirar al can  una última vez , volvió al interior del edificio.

Tras  el tumulto y la sobrecarga de trabajo inicial, llegó la relativa calma  tan ansiada. Mientras los demás descansaban como podían, algunos en el cuartito del personal , otros en sus propias sillas y apoyados sobre las mesas , Casey decidió hacer una ronda más detenida por las camas. Con el tintineo y sonidos diversos de las diferentes bombas y máquinas estabilizadoras, su paseo de revisión se hizo casi en compaña.
Situada junto a  sus camas, revisaba que todas las conexiones estuvieran bien y que los apósitos no requieran cambiarse. Los goteros funcionaban al ritmo requerido y, por suerte, pocos tenían dificultades para dormir.

Encontrándose en la recta final del recorrido, se acordó que debía cambiar una de las bolsas de medicación del paciente situado justo al lado  del Sr. Ewan.  Regresó al cuarto para recogerlo y volvió a la cama.  Mientras lo colocaba encima de la mesita para retirarle el antiguo, ladeó sus ojos hacia su acompañante , el cual , abría los suyos en ese momento.

·        CASEY: A veces me pregunto cuándo duerme en realidad .
·        KILIAN: Nunca he necesitado  demasiadas horas de sueño.
·        CASEY: Indudablemente Sr Ewan, sigo opinando que es un ser especial y extraño.
·        KILIAN:  Me extraña que sólo lo piense usted.
·        CASEY: No he dicho que sea la única que lo crea.  No fui yo quién le apodó “el paciente milagro”.

Un esbozo de sonrisa , pareció emerger de su rostro.

·        CASEY: Vaya Sr Ewan, extraño puede pero ya veo que también es muy humano.
·        KILIAN: Todos tenemos misterios que recubren secretos. ¿Usted no?

Aquella adecuada voz otra vez. Aquel sonido que casi la convencía a confesarse de todos aquellos inexistentes pecados fruto de su vida pasada , y que por supuesto, no estaba dispuesta a revelar a un desconocido.

·        CASEY: No creo ser nada especial o poseer nada de misterio. Soy una profesional de la enfermería que realiza su trabajo de la mejor forma posible con los medios que le otorgan, nada más.
·        KILIAN: Entonces ¿sus secretos están al descubierto?

Una casi enfermiza sensación la obsesionaba. Parecía sentirse casi familiariza con sus formas, sus maneras. Aquellos ojos le transmitían sensaciones que ya había visto y vivido. Aquel tono de voz …….. ¿por qué se le metía en su cerebro como música inolvidable no permitiendo extraerla de ninguna de las formas posibles?

·        CASEY: Será mejor que trate de descansar. Mañana por la mañana, si todo sigue como hasta ahora, le bajarán a su planta . Un solo día más , y estará en su casa.

Bajó la cabeza. Su gesto  , en cuestión de segundos, mostró preocupación , casi desasosiego. Preocupada, optó por preguntarle.

·        CASEY: No he  tenido el placer de conocer a demasiados pacientes  capaces de mostrarse tristes porque reciban su salida de esta unidad , y menos aún cuando se les comunica que vuelven a casa.

Se acercó a la cama  para poder bajar el tono de voz .

·        CASEY: ¿Algún problema Sr. Ewan?

Sin dejar de mirar la colcha, sin que su  seriedad hubiera desaparecido de su cara, le contestó.

·        KILIAN: No.

Seco. Frío. La montaña rusa de emociones que este hombre era capaz de mostrar en cuestión de minutos era algo que no dejaba de sorprenderla. Pero debía continuar con sus tareas con la esperanza de que el tiempo pasase deprisa . Aún le quedaba otro día de trabajo más allí, seguido , antes de poder regresar a casa de nuevo.
Por suerte, a diferencia de otras situaciones accidentadas como la de aquella noche, no le  habían pedido que bajase a Urgencias para apoyar al equipo . Tampoco es que lo esperase porque sabían de las complicaciones existentes dónde se encontraba, pero la nueva dirección del hospital, parecía estar bastante confuso a la hora de organizar los servicios, o eso es lo que ella prefería pensar, ya que la realidad era otra, pero sólo aquellos que llevaban más tiempo  lo sabían.

Tuvo que esperar a que la actividad de la mañana se reanudase para poder descansar algunas horas en el cuartito , y la última imagen que vio antes de retirarse, fue la del celador que , con una silla de ruedas, venía buscando a Kilian Ewan para llevarlo a su planta , con sus pocas cosas servibles dentro de una bolsa.
Un último encuentro visual  entre ambos era todo lo que hacía falta , en teoría, para volver a encontrar la paz consigo misma. Una vez ya desaparecido de su vista, ninguna duda más la asaltaría , o al menos, eso creía ella.

El siguiente día de guardia fue particularmente tranquilo. Algunos de los pacientes más críticos habían ido mejorando asombrosamente ,  siendo desplazados antes de lo que se pensaba hasta sus plantas respectivas.  La distribución de horarios y trabajo volvió a la normalidad antes de que ella pudiese salir , y realmente le reconfortó saber que la semana siguiente , tendría casi tres días libres para descansar y hacer algunas cosas pendientes que había ido postergando.

Terminado el turno cuando estaba a punto de amanecer, se abrigó bien,  y decidió salir para ir caminando despacio hasta la entrada de metro  puesto que a esa hora aún no había abierto. Desde la puerta , trató de visualizar todo cuanto la rodeaba antes de decidirse a dar un paso más, y tras comprobar que efectivamente se encontraba sola, decidió comenzar su marcha.

Sola. Apenas dos personas acompañando en el mismo vagón, y apenas seis o siete saliendo del resto en el primer metro de la mañana en esa línea habitual. Disfrutando de lo poco de noche que iba quedando, la puerta de su casa ya parecía cercana.  Con la  idea de tomar un baño calentito y relajante , y olvidarse de todo por una vez.

Cruzó la calle , y nada más encontrarse al píe de los escalones , aquel ser peludo que parecía venir del inframundo se encontraba allí sentado, firme como siempre y sin bajarle los ojos. Aquellas dos pequeñas luces blancas , que le hicieron mirar hacia su espalda hasta confirmar que era él sin duda quién vigilaba su casa aquellos días .

No, no era miedo lo que sentía, y el respeto a lo desconocido , se dirigía en realidad hacia algo con lo que no tenía confianza. Desde niñas se les había enseñado a convivir con todos los seres de la naturaleza que les rodeasen, y en tales  enseñanzas, la confianza en que su instinto les daría confianza a esos seres aparentemente salvajes pero sumamente inteligentes  que , conocedores de que jamás serían dañados por ellas , tenían una misión que cumplir casi devocional.
La leyenda de los lobos  que se separaban de la manada buscando a quién debían proteger con su vida o vigilar con otros fines . Esa era la leyenda indecisa y muy genérica que jamás le explicaron con detalle y nunca logró a nadie que pudiera resolvérsela. ¿Cómo distinguir sus intenciones? Lobos, los ávidos  e inteligentes cazadores ,  y Halcones, los mensajeros entre el otro mundo y este , las dos especies entre las que ella se había criado , y sobre las que más información poseía.

Decidida aunque con la cautela a la que ya se había acostumbrado en este tipo de situaciones, subió la escalera de piedra  y en el último escalón, junto al perro , se sentó.  Le acercó tímidamente la mano , y sabiendo que podía escucharle y que pese a ser un cánido parecía ser bastante más inteligente que el resto, le habló.

·        CASEY: ¿Y tú a dónde perteneces?
·        KILIAN: Es un “mac tíre”.

La voz la sobresaltó. No esperaba que hubiera nadie, y menos , que fuera él. Sin salir de su asombro, sabiendo que el perro se encontraba detrás, no podía tampoco dejar de mirar a alguien que sin explicación alguna aparecía en su casa por sorpresa , y que le hablaba en un gaélico irlandés perfecto y que ella hacía mucho tiempo que no escuchaba .

·        CASEY: ¿Qué ……………?
·        KILIAN: Un lobo , lo que vendría a definirse por los expertos como un  cánido grande y salvaje, emparentado estrechamente con el perro, que en definitiva, sólo es eso, un lobo doméstico.
·        CASEY: - Sin poder dejar de estar absorta- Se supone que debería estar en el ……….¿Cómo ha llegado hasta aquí? ¿Me ha seguido?

Pero no respondía. Aquella forma de mirarla de nuevo , aunque esta vez , su aspecto, dominado por un largo abrigo oscuro, no la dejó indiferente. Si ya imponía con una sencilla bata hospitalaria, fuera de aquel marco  y con aquel atuendo, podría decirse que su presencia se engrandecía entre la oscuridad .

Él subió los escalones envuelto en aquel halo de misterio y silencio que regaba el instante, sentándose al final de la escalera, al otro extremo,  y centrándose en el cánido  le dijo algo en tono de orden.

·        KILIAN: “Téigh anseo”. (Ven aquí)

Y el perro, sin dudar ni por un segundo, se acercó a él , con su cabeza baja y postrándose a su lado echándose en el suelo. Sin demostrar miedo a algo que en teoría debería serle desconocido , comenzó a  acariciar al animal partiendo desde la cabeza y continuando por todo su lomo, mientras su centro de atención volvía a ser ella.

·        KILIAN: No hay razón para tenerles miedo.
·        CASEY: ¿Es suyo?
·        KILIAN: ¿Lo dice por su reacción? Los animales tienen un sexto sentido. Los lobos uno más si cabe. Pero en el de la confianza hacia los seres humanos , conservan el mismo que sus parientes domesticados. Sólo basta con no mostrarles temor, claro que en su caso , no creo que lo haya hecho, aunque aún no se haya atrevido a tocarlo.  Hágalo, él lo está deseando.

Una invitación tentadora en un animal inquietante. Ciertamente lo deseaba. Su pelaje, de tamaño medio muy brillante y su aspecto robusto , invitaban a estrecharlo de forma incondicional. No era miedo lo que sentía hacia él, sino respeto, el que él mismo le propiciaba.

·        KILIAN: “Agus meas a thaispeáint” ( Muéstrale respeto)

El animal, decidido, se  tumbó en  el suelo a su lado, y aunque su primer gesto instintivo fue mover la mano ,  dudó.

·        KILIAN: Si hubiera querido hacerle daño , ya lo habría hecho.

Y tan lentamente como fue capaz , comenzó a tocar el pelaje de su lomo , en el sentido favorable del mismo, sintiéndose cada vez más confiada , dejando que su mano se deslizase  con más seguridad.

·        CASEY: ¿Aún no me ha respondido cómo ha llegado hasta aquí?
·        KILIAN: ¿Realmente importa?
·        CASEY: - Sin dejar de observar al animal- A mí me importa.
·        KILIAN:  Pues me temo, que ese será otro de los misterios que me rodeen. – se levantó y ella le fue detrás- He de marcharme y usted debe estar muy cansada como para proseguir hablando. No quisiera resultarle una carga.
·        CASEY: ¿No va a volver al hospital verdad?

Su vista se perdió en el lobo durante unos instantes dirigiéndose a él.

·        KILIAN: “ní ar shiúl ó sé” ( No te separes de ella)

Alzó los ojos hacia ella una última vez y bajó las escaleras, pero antes de que pudiese dar un solo paso más y desaparecer, Casey le llamó la atención.

·        CASEY: Aún no me ha dicho si es suyo .
·        KILIAN: No son de nadie, salvo de quién elijan ser leales.  Buenas noches .

Y bajando ligeramente su cabeza  como ya le había visto hacer antes , su figura comenzó a perderse entre las sombras de lo que quedaba de la noche , cuando el amanecer aspiraba a hacer  su acto de presencia, mientras ella permanecía allí, de píe, viéndole desaparecer , acompañada de su nuevo ángel protector.



En Kiel , ya había amanecido hacía horas. La actividad en las calles  no era como en Londres, puesto que pese al frío excesivo a todas horas , la ciudad parecía no dormir, especialmente en el puerto, y sobre todo, cuando llegaba algún barco durante la noche. 

Aquel día sería uno más a acumular a la larga lista de días sin dormir de Brian. Aquellos en los que su oficina se convertía en el testaferro de sus aspiraciones. Durante el día , le había sido comunicado el atraque de tres cargueros de grandes dimensiones , uno de los cuales parecía encontrarse en problemas y sin los papeles completamente en regla.  Con la mitad de personal habilitado y más trabajo que nunca, la presión resultaba más tonificante que cualquier cafetera cargada que pudiese tener a mano.

Graham llegaría antes de su hora ese día, sobre todo porque conocía demasiado bien a su jefe en estas circunstancias , y sabría que su estado de ánimo , pese a no hacerle perder las formas jamás,  sería proporcionalmente inverso a lo deseable .

Cuando el ayudante llegó, la puerta del despacho permanecía abierta , y él, Brian, desde la ventana , observaba con detenimiento como toda la incesante actividad del puerto lo convertía en una especie de microcosmos muy particular.

·        GRAHAM: Buenos días Sr. Clayborn. – se acercó a la mesa con la correspondencia en una mano , dispuesto a servírsela en la mesa – Aquí le traigo el correo, y – extrayendo dos periódicos de debajo de su brazo izquierdo-  la prensa.  ¿Desea que vaya a buscar mi agenda ahora para coordinar el resto del día?

Su mirada fijada en el exterior y un más que inquietante silencio, le hicieron insistir en su consecución de una respuesta .

·        GRAHAM: ¿Sr. Clayborn?
·        BRIAN: Sí, tráela.

Ni se dio la vuelta para contestarle, y por su tono de voz, demasiado tranquilo para lo que podía esperarse, algo no debía de ir marchando como debiera o alguna cuestión le preocupaba en exceso.

El joven asistente regresó con su agenda en la mano , y en  vista de que su jefe no parecía tener demasiada intención de abandonar el lugar en el que se encontraba , cogió la suya y , sentado en una de las  sillas en frente de la de él, comparó las distintas actividades programadas y sus horarios.

De todas las previstas , sólo una no incluida,  de nueva inserción y que esperaba una confirmación, debía recibir una respuesta para ser enviada.

·        GRAHAM: Sr. Clayborn, no quisiera importunarle  pero………
·        BRIAN: ¿Qué sucede?
·        GRAHAM: La Sra. Higgins necesita saber si podrá contar con su presencia en su lugar.

Ello hizo que se diera la vuelta.

·        BRIAN: ¿Disculpa?
·        GRAHAM: Su amiga Sr, la Sra . Higgins, requiere de su presencia en un acto con vistas a que pueda sustituirla. Acaba de llegar y esperan confirmación inmediata.

Brian le reclamó la tarjeta con la solicitud, y efectivamente venía firmado por ella, pero con una posdata muy personal que al estar doblada  a parte , su ayudante no se atrevió a abrir.
Al leerla, en su mente pareció escuchar a su amiga Carrie , utilizando aquel tono chantajista y suplicante del que degustaba hacer uso cuando necesitaba imperiosamente algo, pero ciertamente , aunque jamás le había negado nada , aquello que le solicitaba , en esa ocasión, le hizo dudar.

Por lo visto , la redacción del periódico la había reclamado en Berlín para esa misma tarde a última hora de la noche anterior , en un  intervalo dónde resultaba muy inoportuno avisar a nadie  sobre la imposibilidad manifiesta y sobrevenida de acudir  como acompañante a un determinado acto social . En él, Carrie debía ser la pareja de excepción de la invitada de honor , la Sra. Haford.

Por desgracia, declinar dicha solicitud no era una buena idea . Brian se preciaba de conocer demasiado bien las costumbres del lugar , sobre todo las que se desarrollaban entre determinados y selectos grupos humanos , precisamente, los que organizaban estas celebraciones con el fín de acaparar todas las páginas centrales de los periódicos  tanto locales como del país, dando la impresión de ser los más generosos de toda Alemania, algo que por supuesto, le asqueaba sobremanera.
Revestido de pura finalidad social, cuando en realidad no se trataba si no de otro acto de beneficencia ,  él había dejado de asistir a los mismos por la falsedad respirado en el ambiente , mientras que la o el invitado de honor , era a la vez agasajado y criticado entre numerosos corrillos improvisados para tal finalidad.  En esta ocasión, la “extranjera”, como ya la denominaban, resultaba un plato demasiado delicioso para las aves carroñeras que, embutidas en sus pieles y joyas , deseaban darse su festín , ya que gozaban de hambre atrasada.

Por otra parte , como siempre, él trató de extraer la otra cara de lo que esa invitación conllevaba, y aquello sí le hizo decantarse más a aceptarla en vez de rehusar su asistencia. Ciertamente, su curiosidad , nacida de apenas un breve intercambio de palabras con ella tras ser presentados, no había disminuido un ápice.  Y es que , ciertamente, la posibilidad de abrirle más los ojos antes lo que la rodeaba  y servirle de guía ante las más ocultas pero más que sabidas costumbres locales, se le antojaba un delicioso y suave manjar servido en platos muy fríos.

·        BRIAN: Envía una respuesta afirmativa de inmediato.

Aún faltaban muchas horas para  que aquel regusto morboso que sentía en su interior pudiera encontrar la libertad de explayarse, y sin embargo , su mente , pese a la imagen mental que le recorría, logró centrarse gratamente en el duro día que  tenía por delante , siendo el barco atracado en condición irregular , el primero de los asuntos a resolver.

·        BRIAN: ¿Qué ha dicho al respecto la Autoridad Portuaria?
·        GRAHAM: Han dado orden de no permitirles descender por el momento. Esperaban a los oficiales judiciales y a un refuerzo policial para iniciar el registro.
·        BRIAN: Lo extraño es que les dejaran salir de Bahamas  con la documentación incompleta.
·        GRAHAM: Por lo visto , según uno de los oficiales al mando, la revisión no se realizó tan escrupulosamente . Tenían demasiados barcos  con retrasos en las salidas y este sólo les obstaculizaba aún más .
·        BRIAN: La mitad de la carga de ese barco son productos perecederos que la empresa ya ha cobrado por adelantado. Si no logramos sacarlos de las bodegas en veinticuatro horas deberán ir al vertedero y el seguro no lo cubrirá todo. Tiene que haber una vía que podamos adoptar, algo.

Y la había, pero en su desesperación  no quiso  recordar cuál . Su ayudante lo tenía en mente , pero temiéndose una reacción negativa por su parte , trató de pensar cómo decírselo.

·        GRAHAM: Los funcionarios aún no han comenzado con su jornada de trabajo.  Seguro que de aquí  a que terminen los papeles ya estarán.

Brian trataba de permanecer calmado, pero sabiendo cómo funcionaba la Oficina Gubernamental y quién lo mandataba , la cifra de pérdidas se le multiplicaba en la cabeza , alterándole.

·        BRIAN: ¡ Oh Graham ! Sabes tan bien como yo el funcionamiento de la Oficina de Gestión Portuaria, y más aún quién la gobierna. Esa mercancía debe estar fuera en horas o lo habremos perdido todo. Aunque consiguiera organizar un retén de hombres para extraerla de madrugada, las cámaras no tienen suficiente capacidad , y me harían falta el doble de camiones.

Temeroso, su ayudante trató de introducirle la última posibilidad el último recurso.

·        GRAHAM: Aún queda una última opción Sr Clayborn.
·        BRIAN: ¿Cuál?

Ante el silencio dado como respuesta a su pregunta desesperada , Brian hizo memoria , y su gesto , imperceptible para su auxiliar, que no así con su exhalación de aire , hizo que reaccionase.

·        BRIAN: ¿No puede ser que estés hablando en serio? Debe de haber otra opción.
·        GRAHAM: Ojalá la hubiera señor, pero me temo que es el único con la capacidad suficiente como para acelerar todo esto. A él le bastaría una llamada .

Golpeó la mesa bruscamente para retirarse de nuevo a la ventana. Ciertamente no era la mejor opción , pero Graham tenía razón en que era la única viable , y él lo sabía.

·        GRAHAM: Quizás ,  la recepción de esta noche  podría ser un marco adecuado. Se encontrará distendido y  habrá el suficiente público como para evitar un posible escándalo y…….. – su jefe se giró -  su esposa se encuentra en Francia.

Con el recuerdo presente de lo ocurrido hace ya  algunos años, la imagen personificada de los celos más crecientes en la figura de un corpulento hombre de casi dos metros de largo por dos de ancho, la sola idea de volvérselo a encontrar le aturdía , pero sopesando todos los pros y contras de dicho encuentro,  lo cierto, es que su hombre de confianza había sabido vendérselo de la manera menos incómoda posible.

Resignado, trató de hacerse a la idea mientras mentalmente, organizaba el resto de su día y lo que podría irse adelantando.

·        BRIAN: Encárgate de tener listo dos retenes para esta madrugada, uno para descarga  con las grúas y el otro que ayude a los camiones , y procura convencerles para que estén los de siempre, con que les prometas que recibirán el doble creo que baste , por suerte no es Navidad. En cuanto tenga la respuesta, te llamaré. 
·        GRAHAM: Estaré aquí esperándola señor.

Aunque estuviera acostumbrado a las dádivas de su ayudante, aquello le pareció tremendamente exagerado por su parte.

·        BRIAN: Graham
·        GRAHAM: ¿Sí Sr. Clayborn?
·        BRIAN:  ¿No tienes familia que te espere en casa? No sé ¿ una madre o una hermana?  ¿Una esposa quizás?

De carácter tan afable como inocente , Graham no se percató del tono irónico de sus palabras y se dispuso a contestarle.

·        GRAHAM: Usted sabe perfectamente que no Sr. Clayborn. Sabe que vivo solo.

Dado por su jefe como irremediablemente imposible de cambiar, su inaudita inocencia y buen hacer  sólo lo compensaba siendo un gran y atento  profesional, lo que le convertía en indispensable e insustituible.

·        BRIAN: Será mejor que vayas a realizar esas llamadas mientras yo me ocupo de los otros dos barcos. Si necesitas algo  sabes dónde encontrarme .
·        GRAHAM: Por supuesto señor.

Sólo con sus pensamientos,  tratando de acomodar lo que estaba por venir y lo que le depararía  la noche.

Ana Patricia Cruz López
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