· LA LLAMADA DE LA
SANGRE
CAPITULO CUARTO
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¿Por qué aquellos pensamientos volvían a ella? ¿Por qué los recuerdos
de épocas pasadas que siempre tuvo presente pero que apenas quería recordar ,
se enfrentaban a ella de nuevo?
Sólo cuando las cosas parecieron tranquilizarse, le tocó descanso . Apenas quince minutos ,
veinte a lo sumo , en los que prefirió salir del edificio y acercarse aunque
fuera al aparcamiento, para coger aire
no contaminado por el olor a medicación y a hospital.
Noche cerrada en el exterior y con una temperatura considerablemente
baja , se apoyó en el portalón exterior mientras se fijaba, sin saber por qué, en las farolas
blancas. El calor que trataban de emanar debido a su potencia y a las horas que
llevaban encendidas, al chocar con el
frío ambiental que recubría las
pantallas, emanaba un vapor que parecía disiparse deprisa . Una y otra vez
.Todas consecutivas. Casi pérdida de la noción del tiempo en un ley física
evidente y elemental sobre lo que sucede ante el choque de temperaturas , y en
su mente , la idea asociada , de que algo similar es lo que acontecía cuando se
generan tornados , pero con las masas de aire .
Sentirse observada a esas horas , en un parking solitario, no parecía
el mejor presagio de nada, pero por el momento, lo que fuera, consiguió que lo
buscase sin tener que esforzarse demasiado.
Dos luces pequeñas y blancas que la miraban fijamente y que partían de
un cuerpo robusto de pelo oscuro que sobre sus cuatro patas, parecía vigilante.
Sin saber qué la llamaba a hacerlo, decidió acercarse lentamente hacia
él. El perro, sin perturbarse siquiera, se limitaba a observarla mientras se
acercaba. La escasez de luz no lo
empequeñecía ni tranquilizaba a quién lo viera. Al contrario, su aspecto
tenebroso podría con cualquiera , y sin apenas poder distinguir su cara con
claridad, muchas ganas de encontrarse con él a solas no entraban. Sin embargo ,
a Casey le daba igual arriesgarse. Es cierto, no lo conocía, no sabía realmente
cuan peligroso podía ser en realidad o si la terminaría atacando, pero tampoco
se detuvo a pensarlo. Simplemente, se dejó llevar.
Junto a su hocico, del que emanaba abundante vaho, y manteniéndose de
píe, le acercó la mano para que oliera , tal y como ella había escuchado tantas
veces que debía hacerse, para que te reconocieran , y sobre todo, lo hizo
tranquila . Nunca le tuvo miedo a nada , pero todo aquello , y más aún, lo de
este animal, extraño de por sí , rozaba
la delicada línea de casi la locura de lo inexplicable.
El animal la olió tan sólo unos cinco segundos, con eso le bastó, y se sentó, como esperando
alguna orden, con sus orejas alzadas y
completamente erguido. Si se trataba de un perro de guarda , andaba demasiado
vigilante a una orden humana y más de una desconocida. Si era de autodefensa , debería andar con
identificaciones , y éste sin embargo, a simple
vista , no parecía tener nada que facilitase conocer su procedencia o su
dueño. Ni collar, ni placas. Nada.
El perro no daba signos de peligrosidad pese a su aspecto, pero tampoco
mostraba ser cariñoso o juguetón. Definitivamente, daba más señas de ser un
perro de trabajo que de hogar.
Miró su reloj y vio que su descanso hacía tiempo que había terminado ,
que se le pasaba la hora de volver, y tras mirar al can una última vez , volvió al interior del
edificio.
Tras el tumulto y la sobrecarga
de trabajo inicial, llegó la relativa calma
tan ansiada. Mientras los demás descansaban como podían, algunos en el
cuartito del personal , otros en sus propias sillas y apoyados sobre las mesas
, Casey decidió hacer una ronda más detenida por las camas. Con el tintineo y
sonidos diversos de las diferentes bombas y máquinas estabilizadoras, su paseo
de revisión se hizo casi en compaña.
Situada junto a sus camas,
revisaba que todas las conexiones estuvieran bien y que los apósitos no
requieran cambiarse. Los goteros funcionaban al ritmo requerido y, por suerte,
pocos tenían dificultades para dormir.
Encontrándose en la recta final del recorrido, se acordó que debía
cambiar una de las bolsas de medicación del paciente situado justo al lado del Sr. Ewan. Regresó al cuarto para recogerlo y volvió a la
cama. Mientras lo colocaba encima de la
mesita para retirarle el antiguo, ladeó sus ojos hacia su acompañante , el cual
, abría los suyos en ese momento.
·
CASEY: A veces me pregunto cuándo duerme en
realidad .
·
KILIAN: Nunca he necesitado demasiadas horas de sueño.
·
CASEY: Indudablemente Sr Ewan, sigo opinando que
es un ser especial y extraño.
·
KILIAN:
Me extraña que sólo lo piense usted.
·
CASEY: No he dicho que sea la única que lo
crea. No fui yo quién le apodó “el
paciente milagro”.
Un esbozo de sonrisa , pareció emerger de su rostro.
·
CASEY: Vaya Sr Ewan, extraño puede pero ya veo
que también es muy humano.
·
KILIAN: Todos tenemos misterios que recubren
secretos. ¿Usted no?
Aquella adecuada voz otra vez. Aquel sonido que casi la convencía a
confesarse de todos aquellos inexistentes pecados fruto de su vida pasada , y
que por supuesto, no estaba dispuesta a revelar a un desconocido.
·
CASEY: No creo ser nada especial o poseer nada
de misterio. Soy una profesional de la enfermería que realiza su trabajo de la
mejor forma posible con los medios que le otorgan, nada más.
·
KILIAN: Entonces ¿sus secretos están al
descubierto?
Una casi enfermiza sensación la obsesionaba. Parecía sentirse casi
familiariza con sus formas, sus maneras. Aquellos ojos le transmitían
sensaciones que ya había visto y vivido. Aquel tono de voz …….. ¿por qué se le
metía en su cerebro como música inolvidable no permitiendo extraerla de ninguna
de las formas posibles?
·
CASEY: Será mejor que trate de descansar. Mañana
por la mañana, si todo sigue como hasta ahora, le bajarán a su planta . Un solo
día más , y estará en su casa.
Bajó la cabeza. Su gesto , en
cuestión de segundos, mostró preocupación , casi desasosiego. Preocupada, optó
por preguntarle.
·
CASEY: No he
tenido el placer de conocer a demasiados pacientes capaces de mostrarse tristes porque reciban su
salida de esta unidad , y menos aún cuando se les comunica que vuelven a casa.
Se acercó a la cama para poder
bajar el tono de voz .
·
CASEY: ¿Algún problema Sr. Ewan?
Sin dejar de mirar la colcha, sin que su seriedad hubiera desaparecido de su cara, le
contestó.
·
KILIAN: No.
Seco. Frío. La montaña rusa de emociones que este hombre era capaz de
mostrar en cuestión de minutos era algo que no dejaba de sorprenderla. Pero
debía continuar con sus tareas con la esperanza de que el tiempo pasase deprisa
. Aún le quedaba otro día de trabajo más allí, seguido , antes de poder
regresar a casa de nuevo.
Por suerte, a diferencia de otras situaciones accidentadas como la de
aquella noche, no le habían pedido que
bajase a Urgencias para apoyar al equipo . Tampoco es que lo esperase porque
sabían de las complicaciones existentes dónde se encontraba, pero la nueva
dirección del hospital, parecía estar bastante confuso a la hora de organizar
los servicios, o eso es lo que ella prefería pensar, ya que la realidad era
otra, pero sólo aquellos que llevaban más tiempo lo sabían.
Tuvo que esperar a que la actividad de la mañana se reanudase para
poder descansar algunas horas en el cuartito , y la última imagen que vio antes
de retirarse, fue la del celador que , con una silla de ruedas, venía buscando
a Kilian Ewan para llevarlo a su planta , con sus pocas cosas servibles dentro
de una bolsa.
Un último encuentro visual
entre ambos era todo lo que hacía falta , en teoría, para volver a
encontrar la paz consigo misma. Una vez ya desaparecido de su vista, ninguna
duda más la asaltaría , o al menos, eso creía ella.
El siguiente día de guardia fue particularmente tranquilo. Algunos de
los pacientes más críticos habían ido mejorando asombrosamente , siendo desplazados antes de lo que se pensaba
hasta sus plantas respectivas. La
distribución de horarios y trabajo volvió a la normalidad antes de que ella
pudiese salir , y realmente le reconfortó saber que la semana siguiente ,
tendría casi tres días libres para descansar y hacer algunas cosas pendientes
que había ido postergando.
Terminado el turno cuando estaba a punto de amanecer, se abrigó bien, y decidió salir para ir caminando despacio
hasta la entrada de metro puesto que a
esa hora aún no había abierto. Desde la puerta , trató de visualizar todo
cuanto la rodeaba antes de decidirse a dar un paso más, y tras comprobar que
efectivamente se encontraba sola, decidió comenzar su marcha.
Sola. Apenas dos personas acompañando en el mismo vagón, y apenas seis
o siete saliendo del resto en el primer metro de la mañana en esa línea
habitual. Disfrutando de lo poco de noche que iba quedando, la puerta de su
casa ya parecía cercana. Con la idea de tomar un baño calentito y relajante ,
y olvidarse de todo por una vez.
Cruzó la calle , y nada más encontrarse al píe de los escalones ,
aquel ser peludo que parecía venir del inframundo se encontraba allí sentado,
firme como siempre y sin bajarle los ojos. Aquellas dos pequeñas luces blancas
, que le hicieron mirar hacia su espalda hasta confirmar que era él sin duda
quién vigilaba su casa aquellos días .
No, no era miedo lo que sentía, y el respeto a lo desconocido , se
dirigía en realidad hacia algo con lo que no tenía confianza. Desde niñas se
les había enseñado a convivir con todos los seres de la naturaleza que les
rodeasen, y en tales enseñanzas, la
confianza en que su instinto les daría confianza a esos seres aparentemente
salvajes pero sumamente inteligentes que
, conocedores de que jamás serían dañados por ellas , tenían una misión que
cumplir casi devocional.
La leyenda de los lobos que se
separaban de la manada buscando a quién debían proteger con su vida o vigilar
con otros fines . Esa era la leyenda indecisa y muy genérica que jamás le
explicaron con detalle y nunca logró a nadie que pudiera resolvérsela. ¿Cómo
distinguir sus intenciones? Lobos, los ávidos
e inteligentes cazadores , y
Halcones, los mensajeros entre el otro mundo y este , las dos especies entre
las que ella se había criado , y sobre las que más información poseía.
Decidida aunque con la cautela a la que ya se había acostumbrado en
este tipo de situaciones, subió la escalera de piedra y en el último escalón, junto al perro , se
sentó. Le acercó tímidamente la mano , y
sabiendo que podía escucharle y que pese a ser un cánido parecía ser bastante
más inteligente que el resto, le habló.
·
CASEY: ¿Y tú a dónde perteneces?
·
KILIAN: Es un “mac tíre”.
La voz la sobresaltó. No esperaba que hubiera nadie, y menos , que
fuera él. Sin salir de su asombro, sabiendo que el perro se encontraba detrás,
no podía tampoco dejar de mirar a alguien que sin explicación alguna aparecía
en su casa por sorpresa , y que le hablaba en un gaélico irlandés perfecto y
que ella hacía mucho tiempo que no escuchaba .
·
CASEY: ¿Qué ……………?
·
KILIAN: Un lobo , lo que vendría a definirse por
los expertos como un cánido grande y
salvaje, emparentado estrechamente con el perro, que en definitiva, sólo es
eso, un lobo doméstico.
·
CASEY: - Sin poder dejar de estar absorta- Se
supone que debería estar en el ……….¿Cómo ha llegado hasta aquí? ¿Me ha seguido?
Pero no respondía. Aquella forma de mirarla de nuevo , aunque esta vez
, su aspecto, dominado por un largo abrigo oscuro, no la dejó indiferente. Si
ya imponía con una sencilla bata hospitalaria, fuera de aquel marco y con aquel atuendo, podría decirse que su
presencia se engrandecía entre la oscuridad .
Él subió los escalones envuelto en aquel halo de misterio y silencio
que regaba el instante, sentándose al final de la escalera, al otro extremo, y centrándose en el cánido le dijo algo en tono de orden.
·
KILIAN: “Téigh anseo”. (Ven aquí)
Y el perro, sin dudar ni por un segundo, se acercó a él , con su
cabeza baja y postrándose a su lado echándose en el suelo. Sin demostrar miedo
a algo que en teoría debería serle desconocido , comenzó a acariciar al animal partiendo desde la cabeza y
continuando por todo su lomo, mientras su centro de atención volvía a ser ella.
·
KILIAN: No hay razón para tenerles miedo.
·
CASEY: ¿Es suyo?
·
KILIAN: ¿Lo dice por su reacción? Los animales
tienen un sexto sentido. Los lobos uno más si cabe. Pero en el de la confianza
hacia los seres humanos , conservan el mismo que sus parientes domesticados.
Sólo basta con no mostrarles temor, claro que en su caso , no creo que lo haya
hecho, aunque aún no se haya atrevido a tocarlo. Hágalo, él lo está deseando.
Una invitación tentadora en un animal inquietante. Ciertamente lo
deseaba. Su pelaje, de tamaño medio muy brillante y su aspecto robusto ,
invitaban a estrecharlo de forma incondicional. No era miedo lo que sentía
hacia él, sino respeto, el que él mismo le propiciaba.
·
KILIAN:
“Agus meas a thaispeáint” ( Muéstrale respeto)
El animal, decidido, se tumbó
en el suelo a su lado, y aunque su
primer gesto instintivo fue mover la mano , dudó.
·
KILIAN: Si hubiera querido hacerle daño , ya lo
habría hecho.
Y tan lentamente como fue capaz , comenzó a tocar el pelaje de su lomo
, en el sentido favorable del mismo, sintiéndose cada vez más confiada ,
dejando que su mano se deslizase con más
seguridad.
·
CASEY: ¿Aún no me ha respondido cómo ha llegado
hasta aquí?
·
KILIAN: ¿Realmente importa?
·
CASEY: - Sin dejar de observar al animal- A mí
me importa.
·
KILIAN: Pues
me temo, que ese será otro de los misterios que me rodeen. – se levantó y ella
le fue detrás- He de marcharme y usted debe estar muy cansada como para
proseguir hablando. No quisiera resultarle una carga.
·
CASEY: ¿No va a volver al hospital verdad?
Su vista se perdió en el lobo durante unos instantes dirigiéndose a
él.
·
KILIAN: “ní ar shiúl ó sé” ( No te separes de
ella)
Alzó los ojos hacia ella una última vez y bajó las escaleras, pero
antes de que pudiese dar un solo paso más y desaparecer, Casey le llamó la
atención.
·
CASEY: Aún no me ha dicho si es suyo .
·
KILIAN: No son de nadie, salvo de quién elijan
ser leales. Buenas noches .
Y bajando ligeramente su cabeza
como ya le había visto hacer antes , su figura comenzó a perderse entre
las sombras de lo que quedaba de la noche , cuando el amanecer aspiraba a
hacer su acto de presencia, mientras
ella permanecía allí, de píe, viéndole desaparecer , acompañada de su nuevo
ángel protector.
En Kiel , ya había amanecido hacía horas. La
actividad en las calles no era como en
Londres, puesto que pese al frío excesivo a todas horas , la ciudad parecía no
dormir, especialmente en el puerto, y sobre todo, cuando llegaba algún barco
durante la noche.
Aquel día sería uno más a acumular a la larga lista de días sin dormir
de Brian. Aquellos en los que su oficina se convertía en el testaferro de sus
aspiraciones. Durante el día , le había sido comunicado el atraque de tres
cargueros de grandes dimensiones , uno de los cuales parecía encontrarse en
problemas y sin los papeles completamente en regla. Con la mitad de personal habilitado y más
trabajo que nunca, la presión resultaba más tonificante que cualquier cafetera
cargada que pudiese tener a mano.
Graham llegaría antes de su hora ese día, sobre todo porque conocía
demasiado bien a su jefe en estas circunstancias , y sabría que su estado de
ánimo , pese a no hacerle perder las formas jamás, sería proporcionalmente inverso a lo deseable
.
Cuando el ayudante llegó, la puerta del despacho permanecía abierta ,
y él, Brian, desde la ventana , observaba con detenimiento como toda la
incesante actividad del puerto lo convertía en una especie de microcosmos muy
particular.
·
GRAHAM: Buenos días Sr. Clayborn. – se acercó a
la mesa con la correspondencia en una mano , dispuesto a servírsela en la mesa
– Aquí le traigo el correo, y – extrayendo dos periódicos de debajo de su brazo
izquierdo- la prensa. ¿Desea que vaya a buscar mi agenda ahora para
coordinar el resto del día?
Su mirada fijada en el exterior y un más que inquietante silencio, le
hicieron insistir en su consecución de una respuesta .
·
GRAHAM: ¿Sr. Clayborn?
·
BRIAN: Sí, tráela.
Ni se dio la vuelta para contestarle, y por su tono de voz, demasiado
tranquilo para lo que podía esperarse, algo no debía de ir marchando como
debiera o alguna cuestión le preocupaba en exceso.
El joven asistente regresó con su agenda en la mano , y en vista de que su jefe no parecía tener
demasiada intención de abandonar el lugar en el que se encontraba , cogió la
suya y , sentado en una de las sillas en
frente de la de él, comparó las distintas actividades programadas y sus
horarios.
De todas las previstas , sólo una no incluida, de nueva inserción y que esperaba una
confirmación, debía recibir una respuesta para ser enviada.
·
GRAHAM: Sr. Clayborn, no quisiera
importunarle pero………
·
BRIAN: ¿Qué sucede?
·
GRAHAM: La Sra. Higgins necesita saber si podrá
contar con su presencia en su lugar.
Ello hizo que se diera la vuelta.
·
BRIAN: ¿Disculpa?
·
GRAHAM: Su amiga Sr, la Sra . Higgins, requiere
de su presencia en un acto con vistas a que pueda sustituirla. Acaba de llegar
y esperan confirmación inmediata.
Brian le reclamó la tarjeta con la solicitud, y efectivamente venía
firmado por ella, pero con una posdata muy personal que al estar doblada a parte , su ayudante no se atrevió a abrir.
Al leerla, en su mente pareció escuchar a su amiga Carrie , utilizando
aquel tono chantajista y suplicante del que degustaba hacer uso cuando
necesitaba imperiosamente algo, pero ciertamente , aunque jamás le había negado
nada , aquello que le solicitaba , en esa ocasión, le hizo dudar.
Por lo visto , la redacción del periódico la había reclamado en Berlín
para esa misma tarde a última hora de la noche anterior , en un intervalo dónde resultaba muy inoportuno
avisar a nadie sobre la imposibilidad
manifiesta y sobrevenida de acudir como
acompañante a un determinado acto social . En él, Carrie debía ser la pareja de
excepción de la invitada de honor , la Sra. Haford.
Por desgracia, declinar dicha solicitud no era una buena idea . Brian
se preciaba de conocer demasiado bien las costumbres del lugar , sobre todo las
que se desarrollaban entre determinados y selectos grupos humanos ,
precisamente, los que organizaban estas celebraciones con el fín de acaparar
todas las páginas centrales de los periódicos
tanto locales como del país, dando la impresión de ser los más generosos
de toda Alemania, algo que por supuesto, le asqueaba sobremanera.
Revestido de pura finalidad social, cuando en realidad no se trataba
si no de otro acto de beneficencia , él
había dejado de asistir a los mismos por la falsedad respirado en el ambiente ,
mientras que la o el invitado de honor , era a la vez agasajado y criticado
entre numerosos corrillos improvisados para tal finalidad. En esta ocasión, la “extranjera”, como ya la
denominaban, resultaba un plato demasiado delicioso para las aves carroñeras
que, embutidas en sus pieles y joyas , deseaban darse su festín , ya que
gozaban de hambre atrasada.
Por otra parte , como siempre, él trató de extraer la otra cara de lo
que esa invitación conllevaba, y aquello sí le hizo decantarse más a aceptarla
en vez de rehusar su asistencia. Ciertamente, su curiosidad , nacida de apenas
un breve intercambio de palabras con ella tras ser presentados, no había
disminuido un ápice. Y es que ,
ciertamente, la posibilidad de abrirle más los ojos antes lo que la
rodeaba y servirle de guía ante las más
ocultas pero más que sabidas costumbres locales, se le antojaba un delicioso y
suave manjar servido en platos muy fríos.
·
BRIAN: Envía una respuesta afirmativa de
inmediato.
Aún faltaban muchas horas para
que aquel regusto morboso que sentía en su interior pudiera encontrar la
libertad de explayarse, y sin embargo , su mente , pese a la imagen mental que
le recorría, logró centrarse gratamente en el duro día que tenía por delante , siendo el barco atracado
en condición irregular , el primero de los asuntos a resolver.
·
BRIAN: ¿Qué ha dicho al respecto la Autoridad
Portuaria?
·
GRAHAM: Han dado orden de no permitirles
descender por el momento. Esperaban a los oficiales judiciales y a un refuerzo
policial para iniciar el registro.
·
BRIAN: Lo extraño es que les dejaran salir de
Bahamas con la documentación incompleta.
·
GRAHAM: Por lo visto , según uno de los
oficiales al mando, la revisión no se realizó tan escrupulosamente . Tenían
demasiados barcos con retrasos en las
salidas y este sólo les obstaculizaba aún más .
·
BRIAN: La mitad de la carga de ese barco son
productos perecederos que la empresa ya ha cobrado por adelantado. Si no
logramos sacarlos de las bodegas en veinticuatro horas deberán ir al vertedero
y el seguro no lo cubrirá todo. Tiene que haber una vía que podamos adoptar,
algo.
Y la había, pero en su desesperación
no quiso recordar cuál . Su
ayudante lo tenía en mente , pero temiéndose una reacción negativa por su parte
, trató de pensar cómo decírselo.
·
GRAHAM: Los funcionarios aún no han comenzado
con su jornada de trabajo. Seguro que de
aquí a que terminen los papeles ya
estarán.
Brian trataba de permanecer calmado, pero sabiendo cómo funcionaba la
Oficina Gubernamental y quién lo mandataba , la cifra de pérdidas se le
multiplicaba en la cabeza , alterándole.
·
BRIAN: ¡ Oh Graham ! Sabes tan bien como yo el
funcionamiento de la Oficina de Gestión Portuaria, y más aún quién la gobierna.
Esa mercancía debe estar fuera en horas o lo habremos perdido todo. Aunque
consiguiera organizar un retén de hombres para extraerla de madrugada, las
cámaras no tienen suficiente capacidad , y me harían falta el doble de
camiones.
Temeroso, su ayudante trató de introducirle la última posibilidad el
último recurso.
·
GRAHAM: Aún queda una última opción Sr Clayborn.
·
BRIAN: ¿Cuál?
Ante el silencio dado como respuesta a su pregunta desesperada , Brian
hizo memoria , y su gesto , imperceptible para su auxiliar, que no así con su exhalación
de aire , hizo que reaccionase.
·
BRIAN: ¿No puede ser que estés hablando en
serio? Debe de haber otra opción.
·
GRAHAM: Ojalá la hubiera señor, pero me temo que
es el único con la capacidad suficiente como para acelerar todo esto. A él le
bastaría una llamada .
Golpeó la mesa bruscamente para retirarse de nuevo a la ventana.
Ciertamente no era la mejor opción , pero Graham tenía razón en que era la
única viable , y él lo sabía.
·
GRAHAM: Quizás ,
la recepción de esta noche podría
ser un marco adecuado. Se encontrará distendido y habrá el suficiente público como para evitar
un posible escándalo y…….. – su jefe se giró -
su esposa se encuentra en Francia.
Con el recuerdo presente de lo ocurrido hace ya algunos años, la imagen personificada de los
celos más crecientes en la figura de un corpulento hombre de casi dos metros de
largo por dos de ancho, la sola idea de volvérselo a encontrar le aturdía ,
pero sopesando todos los pros y contras de dicho encuentro, lo cierto, es que su hombre de confianza
había sabido vendérselo de la manera menos incómoda posible.
Resignado, trató de hacerse a la idea mientras mentalmente, organizaba
el resto de su día y lo que podría irse adelantando.
·
BRIAN: Encárgate de tener listo dos retenes para
esta madrugada, uno para descarga con
las grúas y el otro que ayude a los camiones , y procura convencerles para que
estén los de siempre, con que les prometas que recibirán el doble creo que
baste , por suerte no es Navidad. En cuanto tenga la respuesta, te
llamaré.
·
GRAHAM: Estaré aquí esperándola señor.
Aunque estuviera acostumbrado a las dádivas de su ayudante, aquello le
pareció tremendamente exagerado por su parte.
·
BRIAN: Graham
·
GRAHAM: ¿Sí Sr. Clayborn?
·
BRIAN:
¿No tienes familia que te espere en casa? No sé ¿ una madre o una
hermana? ¿Una esposa quizás?
De carácter tan afable como inocente , Graham no se percató del tono
irónico de sus palabras y se dispuso a contestarle.
·
GRAHAM: Usted sabe perfectamente que no Sr.
Clayborn. Sabe que vivo solo.
Dado por su jefe como irremediablemente imposible de cambiar, su
inaudita inocencia y buen hacer sólo lo
compensaba siendo un gran y atento
profesional, lo que le convertía en indispensable e insustituible.
·
BRIAN: Será mejor que vayas a realizar esas
llamadas mientras yo me ocupo de los otros dos barcos. Si necesitas algo sabes dónde encontrarme .
·
GRAHAM: Por supuesto señor.
Sólo con sus pensamientos, tratando de acomodar lo que estaba por venir y
lo que le depararía la noche.
Ana Patricia Cruz López
Todos los derechos reservados

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