CAPITULO SÉPTIMO
La niebla había ocupado todo el espacio. Apenas se lograba divisar la
verja , rota y entreabierta, con una de las puertas semidesprendida de una de las bisagras.
Aquel camino , ascendente , largo y tortuoso , en el que los pies se
hundían en el húmedo y profundo barro, parecía determinar la sensación de ahogo
infinito que envolvía su cuerpo.
La gran puerta de acceso se
encontraba abierta. Un solo paso bastó para adentrarse en aquel enorme e
imponente vestíbulo presidido por aquella escalera tan familiar , desde cuyo
pie , la visión escalofriante de aquellos retratos con rostros
observantes, que parecían
controlar todo lo que en la casa debía pasar, llevaba a realizar el recorrido
mental casi actualizado.
Las telas de araña iban desapareciendo, las maderas nobles , aunque ruidosas ,
recuperaban su color y hechuras. El sonido constante de puertas que se abrían y
cerraban , comenzaba como un leve susurro hasta llegar a la familiaridad , pero
sólo era fruto de la imaginación.
Dos escalones se atrevió a subir , y con lentitud pasmosa, su vista
pareció centrarse en la puerta que justo la recibía al final de la misma. La fría madera del largo reposamanos, parecía cobrar vida con su calor, incitándola a seguir ascendiendo a los
recuerdos , a las pocas imágenes bucólicas que aquello podía traerle.
Escalón tras escalón, la madera bajo sus píes continuaba anunciando su venida. Pasos
familiares de extensos recorridos, de suelas desgastadas , de lágrimas tensionadas capaces de llevar al abismo, y de
roces. Caricias aisladas y deseadas en el más sublime de los secretos. Dolor
tras las paredes que separan las estancias por lo que se quiere y se tiene tan
cerca, y sin embargo, sabiéndolo , no se debe.
Su mano en el pomo, un ligero giro hacia la derecha, y una ventana
abierta de par en par , con el cortinaje oscilante a merced de un viento del
norte, frío y salvaje , indómito como la
tierra en la que se encontraba aquella construcción.
Una sombra oscura sentada en el extremo opuesto de la cama, lánguida y
con apariencia débil , a la que no logra divisar el rostro. Un cabello oscuro y
largo sobre la espalda , y una cabeza que ladea ligeramente hacia detrás para
comprobar quién la observa.
El temor se apodera de ella , y antes de que esto se produzca, corre
en busca de la salida hacia la escalera que baja de forma estrepitosa.
Un sonido de apertura llamaba la atención del visitante . Provenía de
uno de los laterales de la casa, concretamente, del largo pasillo situado a su
izquierda, aquel, que daba lugar a la
gran biblioteca. Una tenue luz de fondo, parecía llamar a introducirse en ella.
El silencio se hizo de nuevo en la estancia, y sólo los pasos lentos
acercándose a algo que para nada le era
desconocido , parecían resonar con eco en toda la casa. La piedra fría del
suelo, chivata inapropiada de su acercamiento y aceptación a lo que lo llamaba,
era el mejor aviso de que obedecía sin poder evitarlo. Las paredes parecían
abrigar al sujeto, echársele literalmente encima y desaparecer tras de sí,
dejando un manto de negra oscuridad sin fín.
Con la puerta en frente , cuando sus dedos iban apenas a tocarla, ésta
se abrió sola por completo dejándole la visión que siempre fue y nunca había
olvidado, la de la gran biblioteca con su alta chimenea. Las luces ,
encontradas tal y como las vio la primera vez que se adentró en ella , permitían
el jugueteo de sombras y claros que la hacía cobrar vida , en su conjunción con
las llamas vivas cuyo calor, luchaban de forma incansable por vencer al
frío ambiental reinante que se escabullía entre las grietas .
Historia viva que cobraba todo anhelo
de esperanza sin una conclusión clara sobre el por qué ahora y en aquel
lugar, y de la misma forma que todo sucedía, una ráfaga de viento venida de su
espalda , pareció indicarle el siguiente paso a dar .
La gran puerta oculta fue abriéndose ante sus ojos, y el temor volvió
. Aquel , que de forma iniciática, se apoderó de ella entonces, cuando fue el
sonido de un piano el que la llevó hasta él, y el mismo sonido que la tentó
entonces, volvió a sonar lejana, como llevaba de vuelta por el mismo viento que
la obligaba a adentrarse . Su respiración se agitaba involuntariamente. Sabía
lo que había detrás de aquella masa oscura tras el marco, sabía lo que vivió en
sucesivas ocasiones, sabía quién era su benefactor en exclusiva , y pese a
todo, no pudo evitar acercarse.
A cada paso dado, la pared parecía desaparecer de forma borrosa como un recuerdo. La sala, en completa
oscuridad, sólo mostraba el piano de cola negro
con una vela en su parte superior
otorgándole aquel aspecto romántico y antiguo que se esperaba de él.
Sin embargo, algo le llamó la atención. No recordaba la misma tan
silenciosa, tan precavida. Como si de un calma tensa se tratase, con la yema de
los dedos , fue acariciando aquellas
delicadas teclas blancas y negras , mientras que la imagen de la figura que tan solemnemente
se apoderó de ellas una vez , lo embaucaba todo.
Aquel olor volvió. Olor a oscuridad , a humedad y a muerte. Aquel olor
peculiar que parecía ascender desde los sótanos a través del suelo , y que lo
envolvía todo como en un abrazo asfixiante y eterno de envidia y horror.
Nerviosa, con la respiración entrecortada, se sintió observada. Alzó
la vista al otro lado de la sala y le vio. ¿Qué estaba sucediendo? Trató de
gritar su nombre. Trató de llamar a Brian , pero por más esfuerzos que hacía no podía emitir sonido alguno, mientras él, le
extendía la mano para hacerse con ella. No podía alcanzarlo, no podía moverse ,
no podía hablar.
Angustioso instante cuyo origen parecía envuelto en una nebulosa
extraña , y una imagen , la de él, que desaparecía tras la aparición abrupta de una sombra humana viva y
sin rostro que la observaba tras el
piano. Y aquella pieza musical resonó de
nuevo en aquella habitación.
Y un despertar al unísono, violento y sumido en un baño de sudor, devolvió a la noche que los abarcaba, a dos durmientes en distantes puntos de
Europa. En Londres, una Casey asustada
por el recuerdo fresco y casi vivido de lo soñado que aún podía sentir
la falta de aire y la impotencia en su garganta. En Kiel, el sudor recorría su
espalda empapándole por completo y su
respiración ,agitada, le hacía desprenderse de las sábanas y de todo cuanto le agobiase. Brian la había
visto aparecer , era ella , tan cercana y lejana a la vez, y de la misma forma que su rostro era cierto
y tan apasionado como la recordaba, se difuminaba entre las sombras ante su
brazo alargado , empujado de forma
inútil por su cuerpo.
Con la misma sensación angustiosa , ambos se despertaron siendo
conscientes de lo visto, sentido y vivido . Supuestamente un sueño, pero el mundo de lo onírico en el
que los humanos se ven envueltos no es
tan real , aunque lo parezca.
Y aquella sombra que él sintió apoderarse de todo el espectro que les
rodeaba con una fuerza brutal e
invisible.
Ambos, equidistantes cada uno en un lado del mismo continente, con
precisión casi matemática en tiempo medido, se levantaron de la cama , y se acercaron
a sus respectivas cocinas para
prepararse tazas de café caliente y
preferiblemente muy cargado, y mientras sus manos operaban estos actos de forma
automática como venía siendo habitual,
en sus cabezas, rondaban los mismos pensamientos vistos desde ángulos
opuestos.
Con sus rostros intentando encontrar algo de paz en unas ciudades que
se mostraban aún ausentes de vida,
aquella última imagen de reencuentro después de tanto tiempo, hizo que algo se
estremeciese en su interior.
Para Brian, que no había sabido nada de ella desde que se despidiesen
en el puerto, los recuerdos continuaban imborrables , pero jamás había tenido
un sueño así, con un mensaje emitido en
donde la sombra misteriosa pareció cobrar la vida del mensaje que encerraba. Y
en mitad de su disertación mental, lejos de abstraerse, se preguntaba en su
fuero interno, si ella habría compartido las mismas imágenes y la misma aguda
sensación de opresión propia de algo que estaba por venir, y que desde luego,
no presagiaba nada bueno.
La percepción para Casey no distaba de sobrecogerla y angustiarla ,
aún más que en el sueño mismo si cabe. Para ella, estas imágenes tenían
coherencia, pero se negaba a pensar en
la posibilidad de que se fuese cierto lo que sobrevolaba en sus instintos.
Todo aquello que la asustaba, que la sobrecogía, todo aquello a lo que
siempre temió y por lo que decidió abandonar aquel mundo, se topaba con ella de
golpe una vez más , después de tantos años y sin sentido alguno. El caserón, su
habitación, aquel cuerpo en el borde de la cama , la gran biblioteca , los compases difuminados de aquella pieza de
nuevo………..
Sobrecogida aún con todo aquello, trató de unificar los hechos
acontecidos durante todo este tiempo. Sueños premonitorios siempre había tenido
aunque hacía mucho tiempo que no los avistaba , pero nunca recordaba con tanta
claridad de sensaciones algo así. Mensajes no trascritos que , como glifos en la
tapa de un viejo libro o las pinturas ancestrales habidas en las rocas de
algunas cuevas, había que ver en conjunto para poder descifrarlos. Piezas sin sentido , de momento, en una
cabeza cuyo cúmulo de información no dejaba traslucir una idea clara de lo qué estaba sucediendo, pero en dónde
sólo una imagen bastaba para saber cuál
era su vínculo: los mismos que provocaron que el ritual no se culminase.
Lejos de pensar que sólo ellos
dos habían tenido una noche difícil y sobresaltada, alguien más pudo haberse sumado a la sucesión de hechos
extraños venidos durante las ensoñaciones profundas.
En Kiel, la Sra. Haford sufrió de pesadillas continuas que se
reiniciaban como una pesada rueda cada vez que trataba de recomponer su sueño
de cero. Recién habiendo amanecido, alterada y con un profundo dolor de cabeza,
decidió salir de la cama para dirigirse a la cocina en busca de un café cargado
y algo que se lo aliviase. Nada más
tenerlo listo, se dirigió al salón donde el Sr. Haford, levantado desde hace
horas, se encontraba leyendo plácidamente un libro.
Una observación minuciosa según entraba por la puerta, hizo que él detuviese su actividad por un
instante y la saludase con sonrisa
placentera y gesto sutil de descenso con la cabeza. Sin que
una sola palabra saliese de su boca, se acercó al gran ventanal con la taza en
ambas manos. En el exterior, la lluvia mañanera asestaba fuertemente contra la
acera, y la bruma invadía todo lo que ante sus ojos se presentaba. “Otra mañana
fría y húmeda” pensó.
Aquel ambiente le recordaba tanto a su casa , a su tierra original, a
las montañas dónde se había criado………Pero no era igual, ni siquiera se le parecía.
Tras un largo momento de asueto en una tranquilidad silenciosa y
deseada, la normalidad volvió a trascender , esta vez, de la mano del Sr. Hafford,
el cual , imperturbable, continuaba con
el libro entre las manos.
·
DARREN: ¿Un poco temprano para ti , no querida?
Pese al silencio de la
estancia, él podía escuchar su respiración alterada y nerviosa. Cerró el libro
y lo dejó cuidadosamente en la mesita auxiliar situada a su derecha y se levantó para acercarse hasta ella sin
dejar de observarla.
Situado a su espalda, sin que ella tuviese que darse la vuelta para
saber con certeza absoluta que se encontraba allí, pudo notar su cuerpo tan cerca como para incomodarla lo suficiente, lo que no solía ser frecuente
en ella, pero aquel día, se encontraba particularmente indispuesta y nerviosa.
·
DARREN: Y poco habladora por lo que puedo apreciar.
·
NAGI: Le he visto.
Esperando que continuase, aquella afirmación hizo que centrase toda su
atención.
·
NAGI: La misma imagen una y otra vez. Aquellos
ojos.
No hacía falta mirarla en demasía , bastaba escuchar su voz temerosa para
entender que sus visiones no deparaban nada bueno.
·
DARREN: Sabes que irían a buscarla.
·
NAGI: No estoy hablando de él.
Se le adelantó por un lado hasta lograr tenerla de frente .
·
DARREN: ¿De qué estás hablando?
·
NAGI: Hay alguien más con ella, alguien muy
poderoso que no logro reconocer.
·
DARREN: ¿De qué estás hablando? ¿Cómo que no le
reconoces?
·
NAGI: Él no ha venido solo , y tiene tanta
fuerza y entidad como para bloquearme.
·
DARREN: ¿No es posible que sea producto de
nervios esto que sientes?
·
NAGI: Una y otra vez, la misma cara borrosa de la que sólo logré ver
unos ojos salvajes inyectados en sangre y sabor de venganza no consumida.
Visiblemente preocupado por lo que podría ser un imprevisto en sus
planes , trató de hacerla reaccionar con las nuevas acciones a llevar a cabo. Cogiéndola por los hombros la hizo que lo
mirase , y aunque continuaba aturdida, intentó de que reaccionase ante sus
palabras.
·
DARREN: Debes acelerar tus encuentros con Kael ( Brian). Ya es hora de que le presentes a tu esposo. Organízalo
todo para mi vuelta , dentro de un par de días.
·
NAGI: ¿Tú vuelta?
Mirarle a los ojos le bastó para saber cuáles eran sus planes .
·
NAGI: Vas a volver a la casa.
·
DARREN: He de asegurarme de que las cosas siguen
estando como las dejamos.
·
NAGI: Tú no vas para eso. Sabes que no puedes
mentirme. Para mí , eres tan transparente como el cristal.
Él se alejó hacia el centro de la sala, mientras ella le seguía con la
mirada, realmente ofuscada por su actitud.
·
NAGI: Dime que no es él.
Cerrando sus puños con fuerza, fue tan incapaz de contestarle como de darse
la vuelta de nuevo para hablarle a la cara.
·
NAGI: Cuando me propusiste esto y me dijiste que
habría que volver, nunca insinuaste la posibilidad de que tuviera que
enfrentarme con él, ni de que podría encontrármelo.
Ante su inamovilidad, tirando la taza al suelo y sumamente enfadada ,
se dirigió a Darren dando voces.
·
NAGI: ¡ Un lobo Darren! ¡He visto un lobo! ¿Sabes
lo qué eso significa? – sus ojos lo decían todo, y entonces , ella se dio
cuenta- ¿Vas a volver para comprobarlo
verdad?
Él bajó su cabeza y giró ligeramente su cabeza hacia la puerta.
·
DARREN: Años esperando saber tan siquiera si
continuaba con vida, años de averiguaciones infructuosas , y ahora esto. – volvió su rostro de nuevo hacia ella- Si es
cierto lo que tus visiones predicen, si hay un solo atisbo de certeza en las imágenes
y se confirma que ambos están juntos en
esto, será algo más que una contrariedad. Tengo que averiguarlo. En un par de días estaré
de nuevo. Por lo que respecta a tu parte del plan , debes seguir adelante ,
aunque ………….
Aquel gesto la avisaba de lo que se avecinaba con respecto a su parte
a realizar.
·
NAGI: No lo digas.
·
DARREN: Sé que puedes hacerlo , y de hecho es lo
que debes hacer. Haz lo que sea, pero para cuando vuelva a casa , que lo hará y
de eso me encargaré yo, debe ser a ti a quién lleve en su cabeza , y allí deberás
permanecer hasta que sea el momento.
·
NAGI: ¿Y si no pudiera?
Aquel tono de su voz, desafiante y melancólico a la vez, hizo que el
carácter del hombre rebrotara, y cogiéndola de improviso y con fuerza por ambos
brazos, tiró de ella hasta dejarla a escasa distancia de él.
·
DARREN: Te recuerdo que fuiste tú quién te
ofreciste a ayudarme , y a cambio exigiste algo muy concreto. ¿Aún sigues deseándolo? Recuérdalo la próxima
vez que te venga un halo de arrepentimiento, que por cierto, te viene grande.
Y la soltó, marchándose de la sala . Un portazo posterior en la planta
superior de la casa , le daba libertad
para respirar.
¿Arrepentimiento? No es que le
fuera grande como él decía, es que nunca había sabido lo que era, pero sí
había sentido la pesada carga de los hechos acometidos a lo largo de su vida. Sus
objetivos se habían cumplido, pero aún había algo de conciencia en su cuerpo. Nunca perdió parte de ese espíritu humano que
la hacía moverse con precaución, aunque la ambición por adquirir cada vez más
poder lo acaparase todo.
Aunque su principal deseo , aún, no se vería cumplido. Aquel que más
paciencia le exigía, el único en el que ella no podía desplegarse tal y como
hubiera deseado porque dependía de la voluntad de otro, de él. Un sueño que la hacía romperse en pedazos con
los sacrificios impuestos , ante su no correspondencia , y que realmente la
llevaban a plantearse hasta qué punto merecía la pena.
Siendo lo que le correspondía, pero convertida en algo capaz de
deformar la realidad y que no la dejaba doblegar su espíritu ni una sola vez,
asumió el papel que le correspondía y la imagen que todos quisieron de ella, y con
ello tuvo y tendrá que vivir por siempre.
Un nuevo sonido , tan estridente como el anterior pero más cercano, en esta
ocasión , de la puerta que conectaba con la realidad del mundo exterior, le hizo respirar hondo y asumir que en su inmensa soledad
involuntariamente escogida, el motivo por el cual se encontraba allí debía seguir
su curso , y mientras sus pies pisaban con firmeza cada uno de los escalones de
mármol que la llevaban hasta su dormitorio, fue recomponiéndose hasta el punto de
deshacerse de todo aquello que la convertía en persona en cierta forma, porque
sabía que no lo era. Estaba por encima
de todo y lo sabía. En otro nivel indescriptible que pocos alcanzaban. Sin
miedos , vivió como le fue asignado, con poder y arrogancia . La mano dura de
sus castigos, le hacía ser temida y amada
a partes iguales. Un ángel con un espectro oscuro , tan oscuro como sus ojos ,
o su propio interior . Como su propio destino.
Una llamada de teléfono para confirmar una información, una ducha rápida,
ropa adecuada para la ocasión, y arrancar el coche en dirección a la Autoridad
Portuaria .
Aparcada en un lugar de privilegiada visibilidad, pero a una distancia
prudencial para no ser descubierta, esperó pacientemente unas dos horas hasta
que lo vio salir . Absorta por su siempre elegante imagen , procuraba recordar
que resultaban acordes a sus maneras, y
con un maletín a cuestas, se detuvo en la
acera un solo instante para colocarse las gafas de sol, momento en el que ella aprovechó para salir ,
distanciarse y cruzar a su lado de la
calle en el paso de peatones situado unos metros más adelante.
Con paso firme y casi acelerado, aprovechando que él se encontraba mirando su
reloj y con la cabeza baja, cuando llegó a su altura, simplemente se detuvo
para que él se tropezase.
Antes de que pudiese comprobar de quién se trataba , procedió a
disculparse.
·
BRIAN: ¡Oh, lo siento!
Y tras su rostro , de dulce
sonrisa y ojos inolvidables , la
sorpresa de él y su posterior bloqueo momentáneo.
·
BRIAN: ¡Sra. Haford!
·
NAGI: Sr. Clayborn.
·
BRIAN: No esperaba………….
·
NAGI: Dicen que las ocasiones inesperadas suelen
ser las que traen las sorpresas más agradables.
·
BRIAN: Siento disentir en cuanto al carácter
absoluto de esa teoría.
Tras el agrandamiento de la
sonrisa, vinieron las palabras de condescendencia.
·
NAGI: Hablaba de sorpresas , no de lo que escapa
a nuestra capacidad de previsión, y en este caso, permítame que le diga que
lejos de parecer otra cosa, este choque fortuito , queda englobada dentro de
ese grupo.
Consiguió que reaccionara sonriéndole también.
·
BRIAN: Ciertamente, me temo que no puedo alegar
nada en contra en este caso. ¿Y qué hace por aquí si me permite la indiscreción?
·
NAGI: Indiscreción ninguna. Vine a realizar unas
gestiones encomendadas por mi esposo , y
ahora que las terminé , me apetecía
tomar un café ¿le gustaría acompañarme?
Brian miró su reloj. Ciertamente
no acostumbrado a tomarse la jornada de trabajo con demasiadas pausas ,
se mostró dubitativo , a lo que ella reaccionó.
·
NAGI: ¡Oh!
Le ruego me disculpe, soy una
desconsiderada, no he tomado en cuenta que es un hombre muy ocupado y que
posiblemente andase con prisa , y acabo de meterle en un compromiso .
Entre su rostro de lo que parecía una auténtica disculpa combinada hábilmente
con desazón por no poder disfrutar de su compañía, y su sentimiento de lo que
el deber le decía en su interior que
realizase, trató de darle la respuesta con
la mayor educación posible.
·
BRIAN: Realmente sería un placer acompañarla ,
pero me temo que en este momento no ando
sobrado de tiempo. Lo cierto es que para mí, éste es el peor día posible. No
sabe cuánto lo lamento. Sin embargo…. – ella le interrumpió- .
·
NAGI: No se preocupe, lo entiendo, prácticamente
ha sido un asalto por mi parte , y lo último que quisiera sería incomodarle.
·
BRIAN: Sra. Haford, yo…….– la mano de ella recaló
en el antebrazo de él, acercándosele sutilmente-.
·
NAGI: Nagi, por favor.
Incómodo por aquella situación, trató de aparentar normalidad, pero
ella sabía que aquel gesto no le era tan indiferente como él quería hacerle
pensar. Podía sentir su respiración mantenida de forma forzada, así como
escuchar su corazón apresurarse.
·
NAGI: De todas formas me alegro de haber tenido
la oportunidad de volver a verle. De hecho lo necesitaba. Mi esposo vuelve el
viernes de su último viaje y dejó recado de que deseaba con mucho ahínco
conocer al caballero que tan amablemente se ha encargado de acompañar a su
esposa en los actos sociales, y tan cortés se ha mostrado.
·
BRIAN: ¿El Sr. Haford de vuelta?
·
NAGI: Sí. Posiblemente tenga pensado quedarse unos días, claro que
sus previsiones sólo las conoce él. Sus negocios son tan sumamente farragosos
que por más que lo he intentado , nunca
he podido llegar a entender el centro de todo.
·
BRIAN: ¿El viernes entonces?
·
NAGI: Sí – se le acercó un poco más de forma
casi imperceptible, notándole más tenso cada vez- Será una cena . Le esperaremos en casa a las
cinco y media, ¿Le vendrá bien esa hora?
·
BRIAN: Estupendamente.
Ella abrió su pequeño bolso y extrajo una tarjeta , entregándosela a
continuación.
·
NAGI: Aquí tiene nuestra dirección .
En el intercambio, ambas manos se rozaron. Ella , que no perdió la
oportunidad del acercamiento, debía tocarle como siguiente paso para que todo
resultase efectivo, y el mantenimiento de sus dedos juntos a los de él, con el roce
aletargado mientras ambas manos volvían al inicio , fue su mejor nuevo triunfo.
·
NAGI: Será mejor que prosiga mi camino o me temo
que usted no llegará a realizar lo que
tenía previsto. Ha sido una muy agradable sorpresa Sr. Clayborn.
·
BRIAN:
Brian. Si yo he de llamarla por su nombre, no espero menos de usted con
respecto a mi persona.
·
NAGI: Trato justo. Esperaré impaciente la
llegada del viernes , Brian.
Y ante su ligera bajada de rostro como despedida respetuosa y gesto de
complacencia producido más por el encuentro que por la invitación en sí, conforme
ella se marchaba, no dejó en ningún
momento de mirarle a los labios , y como si el tiempo se hubiese detenido alrededor, y ella caminase muy lentamente ,
una voz susurrante y lejana pronunció las siguientes palabras “dhá anamacha
iompar ag an ngaoth , atá nasctha ag solas” (dos almas llevadas por el viento,
unidas por la luz).
Y ella hubo pasado , siguió su camino, mientras él, entre la multitud
, trataba de entender si lo que había escuchado era real.
Ana Patricia Cruz López
Todos los derechos reservados

La manera como cerro este capitulo es genial, tan intrigante, tan oculto, tan. . . E increible como los sueños llegan a enlazar a las personas las cuales estan en apariencia separadas pero con ese lazo invisible aun conectadas entre si. Gracias Patri por esa entrega, esa pasion al escribir gracias por esa manera UNICA que tienes de llevarme a la locura, la desesperacion o hacer que esta humilde servidora se enamore u odie a un personaje.
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