“Caí , no he podido evitarlo. Ni he querido.
Luché por no estar, pero mis fuerzas me pudieron
Escuchar tu voz en mi cabeza una y otra vez no ha ayudado.
Esto no tiene vuelta atrás, y si la tuviera , no la querría.
No hay contención posible ni ganas.
Rendición incondicional ante la más dura de las evidencias.
Todo lo demás es una lucha inútil ante la más cruda realidad.”
Y EL FÍN DE AÑO
LLEGÓ
Después de mirar escaparates mientras caminaban, Candice si vio que
ella pareció relajarse conforme avanzaban las horas. Lejos de estresarse en
algo que distaba mucho de lo que realmente le apasionaba, por momentos, llegó a
mostrar incluso un atisbo de ilusión.
Tras mucho buscar, pasaron por delante de un enorme escaparate. Sarah
se detuvo en seco, obnubilada por un
precioso traje azul oscuro con cuello
Mao. Perfecto y elegante.
Entraron en la tienda, y tras solicitarlo , Candice la esperó por
fuera del probador degustando una taza de café que la dependienta, muy amablemente,
le había ofrecido. Cuando se abrió la cortina del probador y salió con él
puesto, Candice no pudo evitar sonreír ampliamente. La empleada de la tienda que las
atendía, le trajo de inmediato los zapatos y el bolso a juego, siendo
ayudada con los primeros . Candice se acercó a ella para, con unas horquillas que tenía en el
bolso, recogerle un poco el
cabello para que se viera por completo.
Su forma de mirarse con aquel traje fue más que significativo. Sus
ojos mostraban auténtico pavor y palidecía por momentos. Candice la cogió de la
mano y se colocó justo detrás. Las dos , frente al espejo.
• CANDICE: Tienes
todo el derecho del mundo a sentir miedo, pero siempre te he dicho que ello no
debía detenerte. Mírate, pero mírate bien, no sólo te veas. Estás preciosa , y
así debes sentirte, como lo que eres, una mujer maravillosa capaz de comerse el mundo, como siempre ha
sido- Sarah le apretó las manos con las
que la agarraba por ambos lados de la cadera fuertemente- Sea como sea , éste es tu momento, sólo
tienes que dejarte llevar y disfrutarlo. Sarah, no temas lo que deseas, es la
hora de la verdad para él no para ti, tú ya vives con ello, ahora , si de
verdad siente algo por ti como parece, sabrá qué hacer y hará lo correcto.
• SARAH: ¿Y si no es
así?
• CANDICE: No saldrá
huyendo. Éste está hecho de otra pasta.
Sólo se tú misma. Sólo tú.
Y la abrazó.
Las horas pasaban lentas en su reloj de pulsera, pero en el de la
cocina, por más que mirase, tampoco aceleraban el paso. Por mucho que Candice
tratara de distraerla , los nervios estaban pudiendo con ella. No podía estarse
quieta, buscaba mantenerse ocupada haciendo de forma repetitiva cosas que ya
había realizado , de forma mecánica y repetitiva. Deambulaba por las habitaciones de forma casi histérica y ansiosa.
Sólo consiguió detenerse tras llegar la hora de vestirse , una
vez peinada y maquillada, y Candice
subirle lentamente la cremallera . Dado su estado, no había dejado que se viera, con la
intención clara de aprovechar el impacto que le pudiera producir verse
arreglada de forma definitiva.
Sólo cuando el vestido estuvo colocado y abrochado, Candice le pidió
que cerrase los ojos , ayudándola a colocarse delante del espejo enterizo de su dormitorio, aquel
que siempre le había recordado la realidad. Le
dio orden de respirar hondo, y por fin , pudo abrir los ojos.
Silenciada por su propia imagen aquella noche, a Candice le bastó verle sus ojos para
adivinar su reacción lógica ante aquello.
• CANDICE: No me
vayas a llorar que arreglar todo esto costaría el doble de tiempo. Ésta eres tú
, la misma de siempre pero diferente. Estás preciosa. –miró su reloj y se dio
cuenta que la hora se les había echado
encima- Se nos ha hecho tardísimo, son
casi las seis y cuarto , así que es hora de que me vaya yendo. Respira hondo y
baja, cómete el mundo preciosa.
Un intercambio de sonrisas, una mirada continua a un espejo enterizo
que mostraba otra realidad de la que ella nunca estuvo muy convencida, una
vuelta de medio cuerpo para verla por última vez esa noche, y un cierre de
puerta. Ese fue el último panorama previo al desarrollo de una noche que podría
cambiarlo todo.
Sí, ciertamente era la misma,
pero diferente. Una fachada que era capaz de ocultar de forma hermosa,
una realidad con la que vivir el resto de su vida y con la que ya
llevaba viviendo hacía tiempo.
Una cubierta que le permitiría ser feliz aunque fuera unas horas , sin
querer pensar que le depararía el año nuevo, ni las primeras horas de su vida
en ese año en el que entraba. “Sólo tendría que ser ella misma y dejarse
llevar”, fácil decirlo, más fácil aún escucharlo.
Cuando apenas faltaban cinco minutos para las seis y media, respiró
hondo, cogió la capa –abrigo atándosela, y el bolso.
Bajando por el ascensor,
intentó controlar sus nervios.
Conforme se acercaba al portal, logró divisar un coche tras la puerta
acristalada de la calle , en la calzada. Salió del edificio, respiró hondo y se
relajó. “Dejarme ir y ser yo misma” pensó, y continuó andando hasta que se fue
acercando al coche. Antes de que llegase hasta la puerta del acompañante , La
del conductor se abrió y salió Steve, elegantemente vestido con un traje de
chaqueta negro y corbata. Su rostro sereno , natural, correcto. Una ligera
visualización a su invitada, una más que correcta apertura de la puerta del asiento del
acompañante, y un cierre de la misma posterior, acompañado por una última
mirada frontal de regocijo absoluto.
Durante el trayecto, no demasiado largo, no cruzaron palabra. Él
prefería mantenerse firme y pendiente en la conducción, aunque no evitase ladear ligeramente la cara para verla
esporádicamente , disfrutando de su perfil.
Cuando llegaron al Club, un
joven empleado , un aparcacoches, le daría la vez para que saliese , en lo que
Steve preparaba las llaves para entregárselas. A su lado, se adentraron, invitación en mano , y una vez la persona encargado de la recepción les
confirmó, la incursión fue completa .
Nada más pasar la puerta y encontrarse en el alargado vestíbulo, el
guardarropa estaba situado a su izquierda.
Acercándose él por detrás suya , con tono exquisitamente correcto , se
le dirigió.
• STEVE: ¿Me
permites?
Se desató la capa, y con ambas
manos , él la dejó deslizar por sus hombros hasta entregársela a quién la
recogía .
Al volver, la sorpresa inicial , se vio culminada por la totalidad de
la misma, mientras Sarah, ajena a aquel cúmulo de admiración , disfrutaba de
todo el glamour del lugar .
• STEVE: ¿Vamos?
• SARAH: Claro.
Con su mano apenas rozándole la espalda, la guió hasta el lugar reservado para ellos,
una mesa ubicada en uno de los mejores lugares de la sala , desde donde se
podían apreciar unas maravillosas vistas de la ciudad.
Comenzaron a servir la cena sobre las siete . Según la costumbre lo
frecuente era cenar tranquilamente, y
una vez finalizada, pasar a los otros
ambientes hasta que el reloj y los fuegos artificiales marcasen el nuevo año.
Cada gesto del uno era observado con detenimiento por el otro. Ambos se habían convertido sin quererlo, en el centro de atención de su acompañante .
El más mínimo detalle , miradas esquivas intencionales combinadas con otras más
directas y sostenidas, guardadas a buen
recaudo o usadas con precaución. Todo ello, en un marco incomparable , pero
donde , ambientalmente, la calma tensa parecía danzar al son de la música que
glorificaba toda la sala.
Tras los silencios voluntarios, él decidió romper el hielo.
• STEVE: Gracias.
Aquella penetrante forma de mirar tan suya, capaz de desarmar a
cualquiera y derrumbar todo argumento posible,
siempre tuvo un efecto sobre ella casi indescriptible, y cada vez que esas mismas sensaciones la acaparaban, se preguntaba en su interior,
si realmente era lo mismo que la hacía sentir años atrás.
Aquella voz , su dicción medida y estudiada , acorde a un solo
propósito concreto, desestabilizarla.
Los nervios la podían, acababan con ella haciéndola pensar que todo
pareciera un complot. No recordaba
haberse sentido así nunca, pero también era cierto, que de una aparte de su
vida , no gozaba de recuerdo alguno.
Tratando de mantener la compostura ,
se limitó a dejarse llevar sin
preocuparse por nada más, tal y como Candice le había dicho.
• SARAH: ¿Por?
• STEVE: Por aceptar
mi invitación en primer término, y por otra parte, por darme la oportunidad de demostrarte una forma diferente de vivir una noche como esta.
• SARAH: No tienes
por qué dármelas. Realmente , sentía curiosidad por este sitio.
• STEVE: ¿Puedo
preguntarte algo?
Uno de los momentos más temidos, aquel que se convierte casi en la
única posibilidad de intimar realmente .
• STEVE: No es una
pregunta nueva. Ya tuve oportunidad de hacértela hace años.
• SARAH: ¿Y cuál fue
mi respuesta entonces?
• STEVE: El silencio.
Sin saber de qué pregunta se trataba, se temía que su reiteración ,
tuviera que acabar de la misma forma.
• STEVE: Hasta el final nunca llegué a saber por qué
no respondiste. Ahora, haciéndotela, sólo espero que puedas contestarme.
• SARAH: ¿Y si no
pudiera?
• STEVE: Tú silencio,
podría suponer confirmar las esperanzas por las que vine aquí.
Pétrea en la silla, sin que su cabeza y su cuerpo respondieses al
unísono, trató de no pensar .
• SARAH: ¿Y cuáles
eran esas esperanzas?
Costándole sostener los ojos en él, aquel lamento ahogado de quién en
su día vio las mismas esperanzas de las que hoy hablaba , completamente frustradas
, hoy siente el temor amargo a que la
respuesta pudiese no ser la esperada .
Una cierta tibieza por parte de ella, una duda planteada sobre su
reacción , o una respuesta negativa diseccionada con argumentaciones poderosas,
cualquier respuesta era posible, cualquiera deseada, antes que el silencio.
• STEVE: Al principio
, que no te hubieses olvidado de mí, lo
que casi me parecía imposible dada la
intensidad de tu entrega cada uno de los días durante aquellos tres meses. Hasta
hace poco, conforme he sabido lo que ha
pasado, he aprendido a ser paciente y a
conformarme con saber , que cada día que me levantaba, tenía un motivo , y era el poder disfrutar
de ti al menos cinco minutos.
• SARAH: ¿Y ahora?
Bajó la mirada sólo durante unos instantes, durante los cuales, cerró sus ojos, y al
volverlos a alzar, casi llorosos , prosiguió.
• STEVE: Ahora , sólo
temo seguir adelante sabiendo que estás aquí y no puedo tenerte.
Aquello bastó . Mantener la
cordura, las formas o las distancias el
resto de la noche , una tarea prácticamente imposible.
Durante el resto de la cena, la conversación se tornó algo más
distendida , lo que ayudó a que el tiempo pasase con el olvido de que las horas
existieran. Una cena , en la que ambos fueron disfrutando de un menú degustación amplio , en el que los camareros , con una
frecuencia inusitada, los colmaban con nuevas exquisiteces de cocina
internacional capaz de expandir el paladar hasta lugares recónditos. Todo ello,
bañado convenientemente, con los
mejores caldos tintos, rosados y blancos nacionales y extranjeros, los acompañantes
perfectos para cada combinación.
Cóctel sublime, en el que la normalidad fue abriéndose paso, haciéndoles olvidar todo, o por lo menos
intentándolo, puesto que ninguno de los dos, en su haber, podía olvidar nada de
lo vivido o dicho hasta ahora.
Simplemente, dos adultos , dos
amigos y compañeros de trabajo, que habían
decidido celebrar esta fecha conjuntamente ¿o no?
Una vez terminaron de cenar,
como todos, pasaron a la zona lounge para tomar unas copas antes de partir el
año. Como con casi todas sus salas, las vistas desde sus grandes
ventanales eran espectaculares , y los enormes sofás desde donde uno podía
relajarse mientras el tiempo pasaba hasta el gran momento una tentación más que irresistible.
Aprovechando una ausencia de ella para acudir al servicio, un conocido
de él , que lo vio solo, se acercó a saludarle. Cuando ella regresó, le vio departiendo tan amigablemente que sin
querer molestarle, se limitó a coger su
copa de la mesa donde estaban sentados , y acercándose a una de aquellas ventanas, se apoyó en el saliente para disfrutar de aquellas impresionantes
vistas verticales que la hacían sentir,
desde aquellas alturas, tan especial.
Enamorada de Nueva York desde siempre, el momento en que más libre y a
gusto se sentía, era precisamente cuando no se encontraba cerca del suelo. El
suelo te hacía vulnerable, te equiparaba a los demás, te dejaba al mismo nivel.
La altura te permitía esconderte con más facilidad, ser más tú sin que nadie te
cuestionara, y cuando ella pensaba en esos “nadie”, englobaba en realidad a la gente de la que
solía rodearse, con la que solía convivir y que siempre la habían visto como
alguien misterioso y extraño, casi intratable por lo “rara” que era. Ella sólo se consideraba diferente , entendiendo que eran los demás quienes debían
adaptarse a ella y no al revés. Simplemente diferente.
Las alturas le proporcionaban la invisibilidad y discreción que
necesitaba. Le reportaba poder observarlo todo , analizarlo todo, sin ser
vista. Justo lo que ella siempre quiso.
En un momento de la conversación, a Steve le pareció que llevaba
demasiado tiempo sin verla. Buscándola
por toda la sala,
visualmente dio con su figura
femenina elegantemente exaltada por aquel vestido azul que destacaba cada línea de su cuerpo ,
y por las luces que entraban desde el exterior y parecían
acariciarla.
Aunque fuera de manera involuntaria, él sentía una necesidad imperiosa
de no dejar de observarla por el halo especial que parecía poseer. Hasta tal punto atrajo su atención y sintió
aquella necesidad , que decidió finalizar de forma diplomática la conversación
que llevaba manteniendo para volver a su lado.
Quedaban apenas quince minutos para las doce de la noche.
Él se acercó con una copa de
vino blanco en la mano. Tan absorta en
su mundo se encontraba , que no se dio cuenta si quiera de que él llevaba a su lado
observándola un buen rato. Sólo al mirar hacia el suelo por un instante, reconoció los zapatos.
Aquel rostro de nuevo, el que la contemplaba como el chiquillo que disfrutaba de algo delicado, aquella
sonrisa tierna y aquellos ojos que
parecían pedir permiso para no parar de convertirla en su centro de atención.
Era como si estuvieran solos. Sólo ellos poseían esa virtud, la de
encerrarse en aquella especie de burbuja invisible y hacer que todo alrededor
desapareciera.
Era cierto aquello que decían,
de que los silencios procesaban más ruido y mensaje que la mayor de las
tormentas. No hacían falta palabras y
sin embargo se entendían absolutamente todo.
Y el reloj continuaba corriendo
y casi a pasos agigantados , les llevó al momento justo en el que apenas
quedaban dos minutos para que todo aquel
año , con lo bueno y lo malo , se quedase
atrás. Un año de recuerdos. Instantes
vivos en forma de historias reales
y de protagonistas que reaparecían. Un año de decisiones duras,
drásticas, de cambios de vida , de riesgos.
Un año para retomar una vida, o
al menos, un pedazo de ella.
Un minuto, largo, intenso, donde en ningún momento dejaron de mirarse.
Qué rápido o lento podía ser el pasar de las manecillas a conveniencia de quien
vivía vete a saber qué experiencias. En el caso de ambos, las manecillas no
existían, y el concepto de tiempo,
cobraba otra dimensión.
Sólo el silencio en la sala y una voz, supuestamente la del encargado
de la misma, que anunciaba la entrada
del Año Nuevo. Steve giró la cabeza hacia el escenario improvisado desde donde
provenía el anuncio, y le devolvió el gesto con una sonrisa.
• STEVE: Feliz Año
Nuevo Sarah.
• SARAH: Feliz Año
Nuevo, Steve.
Brindaron y bebieron. Aún con
la copa recién alejándose de los labios de ella , él se acercó lentamente para
besarla en la mejilla , cuando a Sarah
una idea le vino a la cabeza :“
déjate llevar, sé tú misma”. Tras sentir
sus labios en la cara, antes de que pudiera separarlos del todo, la giró hacia él acercándole los suyos sin dejar de mirarlos
. Una lenta elevación de sus ojos hacia
los de él ,y él volvió a acercarse acortando la distancia entre ambos.
Lo que había comenzado como un tímido beso para probar la reacción del
otro, supuso una progresiva y deliciosa
lucha por hacerse con la humedad de quién se tenía en frente , con el sentir de
su aliento.
La mano de Steve que aún quedaba libre, buscó coger la de ella ,
entrelazando sus dedos y subiéndola por la espalda a la altura de la
cintura, a fín de estrecharla mucho más contra su pecho.
Un cambio brusco en la música ambiental , hizo que , cogiéndola como
mismo la tenía, sin soltarla , y sin
apenas separarse de sus labios, tirase de ella en dirección a la pista de baile
dejando las copas en una mesita cercana.
Desinhibición absoluta por la mezcla de alcohol, adrenalina y
enorme felicidad, y unas ganas
permanentes de tenerse cerca, hicieron que los roces intencionales entre sus
cuerpos fueran constantes. Conforme la noche avanzaba, las piezas lentas se
intercalaban, brillando por su ausencia la necesidad siquiera de escucharse.
Ambos convertían cada pieza en un auténtico ritual de exquisita insinuación, de
sensualidad innata y muestra de deseo mutuo.
Nunca una conversación gestual de dos personas dijo tanto en tan poco
tiempo, sin que por un instante , pudieran evitar tocarse , porque tampoco
querían dejar de hacerlo.
Sus manos se entrelazaban casi de forma continua , y los leves roces
de mejillas bastaban para continuar con el juego aparentemente inocente , en el que los dos se entregaban sin medida.
En medio de una de aquellas piezas, se detuvo en seco, se acercó a su
oído, y le susurró: “Vámonos de aquí”.
Al bajar , pasaron por el guardarropa. Steve recogió la capa y se la colocó por encima de los hombros, acercándose seguidamente al exterior para que trajesen el coche. Mientras tanto, esperando que volviese a por
ella, sus reiterados intentos por enganchar en el cierre la capa resultaron del
todo infructuosos y frustrantes.
Mientras regresa al vestíbulo, aquella visión de nuevo, le
trajo recuerdos de antaño. Vivencias que le hicieron sonreír de forma
involuntaria, ya que apenas recordaba una de sus más notables características
de su peculiar forma de ser, la escasa paciencia y su concepto de lo inmediato,
y ver la desesperanza reflejada en su rostro en lago aparentemente sencillo,
resultaba, en aquellas circunstancias, auténticamente impagable.
Con él en frente suya, mostró delicadeza infinita cogiendo sus manos y
retirándoselas, mientras aquellas manos de dedos finos y largos , hacían ambos
lados del enganche suyos cerrándolo en
un solo intento.
Sus manos recorriéndole los hombros para recolocársela bien , dieron
pie a reanudar el paso hasta el
vehículo.
Todo el camino de vuelta a casa , se convirtió en un túnel de silencio
y percepciones, en deseos incontenibles.
Los semáforos en rojo, se convirtieron en cómplices de unos ojos que se
escabullían de la atención en la carretera para depositarse en la mano femenina
que permanecía encima de su pierna, tranquila, impasible. Una mano que sin embargo, a ojos del amante
latente , buscaba el abrigo conocido, el calor que no le era ajeno. Deseo sencillo que consume, que no exigía más
pudiendo intentarlo, sólo eso bastaba. Un pequeño y liviano tacto, a través del
cual , él pudiese estar plenamente seguro de que no volvería a perderla.
Una mano cuya poseedora natural, trataba de tranquilizarse sin
conseguirlo en el transcurso de un trayecto agobiantemente largo para su gusto
, al menos , aquella noche. Deseaba llegar , pero mientras ese momento se
realizaba de forma efectiva, en su mente
, una pugna harto difícil de resolver le agriaba el poder disfrutar de todo
aquello.
“ Tienes que decírselo. Tiene
derecho a saberlo , para que pueda decidir libremente”. Aquella malditas
palabras de Richard resonando una y otra vez . Palabras que chocaban con el
miedo que sentía por tener que enfrentarse a todo aquello cuando jamás pensó
que lo haría.
Que fácil ponerle fin a todo, decirle que detuviera el coche y bajarse
sin darse la vuelta. El dolor sólo duraría un par de días a lo sumo, pero
¿realmente podría hacerlo? ¿Podría , una vez fuera del vehículo, no darse la
vuelta y mirarle? ¿Podría seguir adelante sabiendo que le habría fallado de nuevo?
El coche se silenció en el garaje . La cuenta atrás comenzaba de forma
irremediable. Cada puerta atravesada , la que daba acceso al pasillo donde se
encontraban los ascensores, la misma de estos, el largo pasillo hasta su
casa………… Todo era una nueva prueba de aguante recibido de forma intransigente
por parte de ella y ansiosa por la de él.
Delante de su puerta , las dudas la asaltaron como en una batalla y el
sentimiento de acorralamiento y ahogo crecía por momentos. Con la llave en la
mano y sin poder mirar hacia otro lado que no fuera la cerradura, sentirle
observándola la hizo querer acabar con
todo aquello de una vez. Introdujo la llave en la cerradura, y sin más dilación
le dio el giro adecuado para ofrecerle por fín su mundo, su lugar de paz, su
refugio.
Mientras ella se adentraba, él
se quedó apoyado en la moldura observando su figura quitarse la capa y
dejándola encima del espaldar de uno de los sofás. Una figura oscura y sensualmente
oscilante, a la que el reflejo de los
cañones de luz de los locales en las nubes cerradas y bajas le
destacaba aquel aspecto anguloso. Cuando Sarah fue a encender la luz ,
él la detuvo.
• STEVE: No enciendas
la luz.
Aquella figura tan reconocible en la moldura de la puerta, con su
cabeza apoyada, contemplándola con aquel
gesto tan suyo de condescendencia casi infantil en la semioscuridad, era inevitablemente enternecedora. Steve
había decidido disfrutar con aquella imagen a su manera, en forma de recuerdo
impreso en su mente. Como una realidad
de la que aún no terminaba de creerse, por como las cosas se habían sucedido,
que formase parte.
Ella optó por apoyarse en el espaldar del sofá y bajar la cabeza
esperando que se decidiese a entrar. Su respiración comenzó a agitarse. Llegaba
el momento de la verdad y lo sabía.
Él entró por fin y cerró la puerta.
Conforme su decisión al acercarse a ella se acrecentaba, el temor se hacía con ella bajando la mirada al suelo.
No era posible que le faltase el valor en el último momento. ¿Su consuelo? Aferrarse a las palabras que Candice le dijo
frente a aquel espejo : “ Él no se marchará” . La duda, aún así , de que aquello fuese cierto y se
cumpliera, simplemente agobiante. Con la respiración agitada, él le alzó el
rostro por la barbilla, y con mucha
calma y relativo temor por posible reacción, apenas apoyó sus labios en los de
ella. Apenas se detuvo, Sarah le correspondió dejándose llevar . Tan sólo cuando sintió las manos de él a
ambos lados del rostro, sus miedos se
apoderaron de nuevo de ella.
• SARAH: Steve..
Por más que dijera su nombre , él no parecía escucharla. Las ansias
convertidas en realidad , le hacían no querer sentir nada más que la cálida
piel de sus labios siendo suyos de
nuevo.
• SARAH:¡ Steve!
Volvió a intentarlo sin éxito , hasta que tuvo que frenarlo con sus brazos en su pecho.
Él se detuvo.
• STEVE: ¿Qué pasa?
Una vez más, comprobó aquello que ella le dijo una vez estando solos
en Londres, mientras amanecía : “ que no podía mentir , y que si sucedía algo
él lo sabría”. Ciertamente sus ojos no
lo hacían. Expresaban con palabras dudosas pero férreas que algo estaba
sucediendo, y que no debía ser leve cuando el miedo era lo mejor que
reflejaban.
Al ver que sus manos seguían manteniendo la distancia entre ellos,
creyó que podría haber sido un error tomar dicha iniciativa.
• STEVE: ¿He hecho
algo que…?- ella le interrumpió-
• SARAH: Ojalá fuese
tan sencillo como eso. No, tú no has hecho nada. – mientras pensaba en sus
adentros: “dame valor”, “dame valor y que no se vaya”-.
• STEVE: ¿Entonces?
¿Qué ocurre?
Obedeciendo a sus deseos, se separó de ella apoyándose en la mesa del
salón que tenía justo detrás , y con los brazos cruzados sobre el pecho, esperó a que ella comenzase a hablar.
• STEVE: Soy todo
oídos.
• SARAH: No puedo
seguir adelante con esto. No debo.
Extrañado, sólo pudo confirmar que efectivamente era miedo lo que
transpiraba su piel.
• STEVE: Que no
puedes seguir ¿ con qué? ¿Qué es esto exactamente ?
• SARAH: Creía que
podría, pero no puedo arrastrarte de esta forma.
Su reacción, su forma de mirarle , los nervios a flor de piel……La
mezcla perfecta para transmitirle su miedo.
• STEVE: Sarah, no
entiendo a dónde quieres llegar y , sinceramente, si no me lo dices de una vez
creo que …………..¿Qué sucede?
Alargar aquella situación se estaba convirtiendo en un tormento para ambos, pero ella , de forma
involuntaria, en mitad de su bloqueo mental , trataba de buscar las palabras
adecuadas para contárselo.
• SARAH: No puedo
seguir con esto por la misma razón que no pude seguir adelante en Londres. No soy la misma mujer
que conociste entonces , ni lo seré nunca .
• STEVE: Vamos Sarah,
sólo has tenido algunas lagunas de memoria, es normal después del accidente.
La expresión de su rostro se tornó incrédula por lo escuchado, mientras
él trataba de asumir que aquello que le había sido dicho en secreto , acababa
de ser descubierto. Su expresión cambió de pronto, y dándose cuenta , trató de
arreglarlo.
• STEVE: ¡ Oh señor!
– pronunció en voz baja- Candice me lo
dijo en confidencia hace mucho tiempo, cuándo os vi a Bruce y a ti discutiendo en los pasillos.
Sarah, ya te he dicho que habían muchas cosas que no concordaban con lo que
creía, me surgieron dudas , simplemente comenzó a hablar y la dejé. Creyó que
debía saberlo, por favor, no le digas que te lo he dicho.
Apartándole la mirada, como si hubiera recibido un jarro de agua fría,
andó unos tres pasos antes de detenerse, y de espaldas , con una calma
repentina venida a su interior, comenzó a hablar.
• SARAH: Apenas tenía treinta años cuando me lo
diagnosticaron por primera vez. Es curioso como te cambia la vida por completo,
y como sentada allí , escuchándolo, con todas sus letras , intentas mostrarte
razonable , porque cuando logras asentarlo , que no decirlo, cuando consigues no
pensar demasiado y decides , asumes
pero jamás aceptas. Entonces , sin mucho planteamiento, vas a por todas
en una batalla tras otra, sin saber cuánto te desgastará o si conseguirás vencer , pero sigues, incluso
sin saber bien por qué.
Y tu vida se encierra en ese pequeño círculo concéntrico . Las mismas
pautas, las mismas cosas. ¿Lo único diferente? Las personas. Haces limpieza y
todo empieza a cobrar cierto sentido.
Su miedo fue tensando su cuerpo. Petrificado por sus palabras, era consciente de que no debía
interrumpirla. Necesitaba saber más, especialmente, si ello había supuesto su
marcha inesperada. Ella, mientras tanto, continuaba de espaldas , y tan sobria como empezó, continuó.
• SARAH: Pero como la
felicidad no puede ser completa, cuando aquello que te invade decide detenerse
y darte una tregua, resulta que te toca
enfrentarte a otra batalla más cruenta con un enemigo que creías conocer , y te
ves metida en un foso del que no sabes salir, hasta que alguien que ha estado
contigo desde el principio te da un atisbo de esperanza , abriendo sin saberlo
, la puerta a una nueva vida donde , increíblemente, eres feliz y te sientes
tan llena , tan viva de nuevo, que te
replanteas dar un giro cerrando totalmente
tu pasado, y generando un presente con futuro en manos de quién menos
imaginaría que podía venir, de alguien capaz de romper con todos los esquemas
llevados como finos principios , y vulnerados por voluntad propia sin
remordimiento alguno.
Y de pronto , aquella llamada, comunicándome que la tregua se daba por
terminada , me devolvía a mi realidad , haciéndome entender que todo lo vivido
en aquellos meses , no había sido más que un hermoso sueño al que no tenía
derecho en realidad – dándose la vuelta
hacia él, Steve , emocionalmente contenido
, quedó estupefacto por la serenidad que su rostro continuaba mostrando. – No
tenía ni tengo derecho a arrastrar a nadie conmigo. Lo único que lamentaré toda mi vida, es no haber
encontrado una mejor forma de haber terminado lo nuestro. Supongo que me era más fácil emborronarlo
todo y que me odiases, porque creía que así me olvidarías antes.
• STEVE: ¿Olvidarte?
– no dudó por un instante en acercarse a ella
- ¿Cómo podría hacerlo? Aquel
simposio supuso que mi sueño por conocer
a la escritora americana que tanto admiraba se cumpliese, y no me importaba
hacer lo que fuera por aprovechar cada instante de aquellos tres meses, pero,
lo que no podemos calcular es lo que
nuestros sentimientos hacen con nosotros, y nunca supe cómo, pero nunca
olvidaré cuándo. En la cafetería de la Facultad. Me acerqué a tu mesa , y tras
hacerme sufrir a tu manera, dejaste que me sentase. Aquel instante preciso en
el que bajaste el libro y me miraste ……………. Sarah, no importa lo que haya
pasado o lo que esté por pasar…..- sus
dedos suavemente colocados en sus labios , cercenaron sus palabras- .
• SARAH: No puedo
hacerlo. De la mujer que tú conociste,
la que deseabas hasta por su forma de caminar , esa mujer no soy yo, ya
no existe. La guerra se compuso de muchas batallas que dejaron huellas muy
visibles. – su entereza fue disminuyendo, su serenidad , se culminó en su
gloria por lágrimas que comenzaron a circular libremente y sin control alguno
- Mi corazón dice que lo olvide todo, pero mi es mi
cerebro, razonable como siempre, el que me devuelve a la cordura de lo que no
está bien y esto no lo está. Si seguimos adelante , no habrá vuelta atrás, sea
cual sea el resultado, y , no lo soportaría.
Y en su humedecido rostro, las manos de dedos largos y piel
blanquecina, se depositaron a cada lado de sus mejillas impidiendo todo paso posible, y tras mirarla
, unió su frente a la suya. Sólo un leve
susurro en una voz masculina, fue capaz
de romper aquel silencio de respiraciones intercaladas.
• STEVE: Déjame intentarlo, sólo te pido eso.
Ana Patricia Cruz López
Todos los derechos reservados

Interesante la lectura de esta noche, Intensa y completamente alucinante me llevaste cuadro a cuadro cual pelicula como si la estuviera viendo mientras leia, me dejaste con ganas. . . Si querida me dejaste con ganas de saber mas, con ganas de sentir esas manos suaves, esos dedos delgados y largos, sera que mi imaginacion es mucha pero sin duda alguna me encanta lo que escribes por que me transportas a ese mundo, me haces sentir esos personajes tan reales que incluso quieres tomar partido hacia uno u otro. Gracias Totales y como siempre la espera valio la pena.
ResponderEliminarInteresante la lectura de esta noche, Intensa y completamente alucinante me llevaste cuadro a cuadro cual pelicula como si la estuviera viendo mientras leia, me dejaste con ganas. . . Si querida me dejaste con ganas de saber mas, con ganas de sentir esas manos suaves, esos dedos delgados y largos, sera que mi imaginacion es mucha pero sin duda alguna me encanta lo que escribes por que me transportas a ese mundo, me haces sentir esos personajes tan reales que incluso quieres tomar partido hacia uno u otro. Gracias Totales y como siempre la espera valio la pena.
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