miércoles, 6 de enero de 2016

UNA HISTORIA INACABADA . CAPITULO DECIMO QUINTO. SEGUNDA PARTE Y el Fín de Año llegó. ( Registrada en SAFE CREATIVE JUNIO 2015)

CAPÍTULO DECIMOQUINTO  ( SEGUNDA PARTE)
Créditos a quién corresponda

“Caí , no he podido evitarlo. Ni he querido.
Luché por no estar, pero mis fuerzas me pudieron
Escuchar tu voz en mi cabeza una y otra vez no ha ayudado.
Esto no tiene vuelta atrás, y si la tuviera , no la querría.
No hay contención posible ni ganas.
Rendición incondicional ante la más dura de las evidencias.
Todo lo demás es una lucha inútil ante la más cruda realidad.”


Y EL FÍN DE AÑO LLEGÓ

Después de mirar escaparates mientras caminaban, Candice si vio que ella pareció relajarse conforme avanzaban las horas. Lejos de estresarse en algo que distaba mucho de lo que realmente le apasionaba, por momentos, llegó a mostrar incluso un atisbo de ilusión.

Tras mucho buscar, pasaron por delante de un enorme escaparate. Sarah se detuvo en seco, obnubilada  por un precioso  traje azul oscuro con cuello Mao. Perfecto y   elegante.
Entraron en la tienda, y tras solicitarlo , Candice la esperó por fuera del probador degustando una taza de café que la dependienta, muy amablemente, le había ofrecido. Cuando se abrió la cortina del probador y salió con él puesto, Candice no pudo evitar sonreír ampliamente.  La empleada de la tienda que las atendía,  le trajo de inmediato  los zapatos y el bolso a juego, siendo ayudada con los primeros . Candice se acercó a ella para,  con unas horquillas que tenía en el bolso,   recogerle un poco el cabello  para que se viera por completo.
Su forma de mirarse con aquel traje fue más que significativo. Sus ojos mostraban auténtico pavor y palidecía por momentos. Candice la cogió de la mano y se colocó justo detrás. Las dos , frente al espejo.


•             CANDICE: Tienes todo el derecho del mundo a sentir miedo, pero siempre te he dicho que ello no debía detenerte. Mírate, pero mírate bien, no sólo te veas. Estás preciosa , y así debes sentirte, como lo que eres, una mujer maravillosa  capaz de comerse el mundo, como siempre ha sido- Sarah le apretó las manos  con las que la agarraba por ambos lados de la cadera fuertemente-  Sea como sea , éste es tu momento, sólo tienes que dejarte llevar y disfrutarlo. Sarah, no temas lo que deseas, es la hora de la verdad para él no para ti, tú ya vives con ello, ahora , si de verdad siente algo por ti como parece, sabrá qué hacer y hará lo correcto.
•             SARAH: ¿Y si no es así?
•             CANDICE: No saldrá huyendo. Éste está hecho de otra pasta.  Sólo se tú misma. Sólo tú.

Y la abrazó.

Las horas pasaban lentas en su reloj de pulsera, pero en el de la cocina, por más que mirase, tampoco aceleraban el paso. Por mucho que Candice tratara de distraerla , los nervios estaban pudiendo con ella. No podía estarse quieta, buscaba mantenerse ocupada haciendo de forma repetitiva cosas que ya había realizado , de forma mecánica y repetitiva.  Deambulaba por las habitaciones  de forma casi histérica y ansiosa. 

Sólo consiguió detenerse tras llegar la hora de vestirse , una vez  peinada y maquillada, y Candice subirle lentamente la cremallera . Dado su estado,   no había dejado que se viera, con la intención clara de aprovechar el impacto que le pudiera producir verse arreglada de forma definitiva. 
Sólo cuando el vestido estuvo colocado y abrochado, Candice le pidió que cerrase los ojos , ayudándola a colocarse delante  del espejo enterizo de su dormitorio, aquel que siempre le había recordado la realidad. Le  dio orden de respirar hondo, y por fin , pudo abrir los ojos. 

Silenciada por su propia imagen aquella noche,  a Candice le bastó verle sus ojos para adivinar su reacción lógica ante aquello.

•             CANDICE: No me vayas a llorar que arreglar todo esto costaría el doble de tiempo. Ésta eres tú , la misma de siempre pero diferente. Estás preciosa. –miró su reloj y se dio cuenta  que la hora se les había echado encima-  Se nos ha hecho tardísimo, son casi las seis y cuarto , así que es hora de que me vaya yendo. Respira hondo y baja, cómete el mundo preciosa.

Un intercambio de sonrisas, una mirada continua a un espejo enterizo que mostraba otra realidad de la que ella nunca estuvo muy convencida, una vuelta de medio cuerpo para verla por última vez esa noche, y un cierre de puerta. Ese fue el último panorama previo al desarrollo de una noche que podría cambiarlo todo.

Sí, ciertamente era la misma,  pero diferente. Una fachada que era capaz de ocultar de forma  hermosa,  una realidad con la que vivir el resto de su vida y con la que ya llevaba viviendo hacía tiempo.
Una cubierta que le permitiría ser feliz aunque fuera unas horas , sin querer pensar que le depararía el año nuevo, ni las primeras horas de su vida en ese año en el que entraba. “Sólo tendría que ser ella misma y dejarse llevar”, fácil decirlo, más fácil aún escucharlo.

Cuando apenas faltaban cinco minutos para las seis y media, respiró hondo, cogió la capa –abrigo atándosela, y el bolso.
Bajando por el ascensor,  intentó controlar sus nervios.  Conforme se acercaba al portal, logró divisar un coche tras la puerta acristalada de la calle , en la calzada. Salió del edificio, respiró hondo y se relajó. “Dejarme ir y ser yo misma” pensó, y continuó andando hasta que se fue acercando al coche. Antes de que llegase hasta la puerta del acompañante , La del conductor se abrió y salió Steve, elegantemente vestido con un traje de chaqueta negro y corbata. Su rostro sereno , natural, correcto. Una ligera visualización a su invitada, una más que correcta  apertura de la puerta del asiento del acompañante, y un cierre de la misma posterior, acompañado por una última mirada  frontal de regocijo absoluto.

Durante el trayecto, no demasiado largo, no cruzaron palabra. Él prefería mantenerse firme y pendiente en la conducción, aunque no evitase  ladear ligeramente la cara para verla esporádicamente , disfrutando de su perfil. 

Cuando llegaron al Club,  un joven empleado , un aparcacoches, le daría la vez para que saliese , en lo que Steve preparaba las llaves para entregárselas. A su lado, se adentraron,  invitación en mano , y una vez  la persona encargado de la recepción les confirmó,  la incursión fue completa .

Nada más pasar la puerta y encontrarse en el alargado vestíbulo, el guardarropa estaba situado a su izquierda.  Acercándose él por detrás suya , con tono exquisitamente correcto , se le dirigió.

•             STEVE: ¿Me permites?

Se desató la capa,  y con ambas manos , él la dejó deslizar por sus hombros hasta entregársela a quién la recogía .
Al volver, la sorpresa inicial , se vio culminada por la totalidad de la misma, mientras Sarah, ajena a aquel cúmulo de admiración , disfrutaba de todo el glamour del lugar .

•             STEVE: ¿Vamos?
•             SARAH: Claro.

Con su mano apenas rozándole la espalda,  la guió hasta el lugar reservado para ellos, una mesa ubicada en uno de los mejores lugares de la sala , desde donde se podían apreciar unas maravillosas vistas de la ciudad.

Comenzaron a servir la cena sobre las siete . Según la costumbre lo frecuente  era cenar tranquilamente, y una vez finalizada,   pasar a los otros ambientes hasta que el reloj y los fuegos artificiales marcasen el nuevo año.

Cada gesto del uno era observado con detenimiento por el otro.  Ambos se habían convertido sin quererlo,  en el centro de atención de su acompañante . El más mínimo detalle , miradas esquivas intencionales combinadas con otras más directas y sostenidas,  guardadas a buen recaudo o usadas con precaución. Todo ello, en un marco incomparable , pero donde , ambientalmente, la calma tensa parecía danzar al son de la música que glorificaba toda la sala.
Tras los silencios voluntarios, él decidió romper el hielo. 

•             STEVE:  Gracias.

Aquella penetrante forma de mirar tan suya, capaz de desarmar a cualquiera y derrumbar todo argumento posible,  siempre tuvo un efecto sobre ella casi indescriptible, y  cada vez que esas mismas sensaciones  la acaparaban, se preguntaba en su interior, si realmente era lo mismo que la hacía sentir años atrás.

Aquella voz , su dicción medida y estudiada , acorde a un solo propósito concreto, desestabilizarla.  Los nervios la podían, acababan con ella haciéndola pensar que todo pareciera un complot.  No recordaba haberse sentido así nunca, pero también era cierto, que de una aparte de su vida , no gozaba de recuerdo alguno.

Tratando de mantener la compostura ,   se limitó  a dejarse llevar sin preocuparse por nada más, tal y como Candice le había dicho.

•             SARAH: ¿Por?
•             STEVE: Por aceptar mi invitación en primer término, y por otra parte, por  darme la oportunidad de demostrarte  una forma diferente de  vivir una noche como esta.
•             SARAH: No tienes por qué dármelas. Realmente , sentía curiosidad por este sitio.
•             STEVE: ¿Puedo preguntarte algo?

Uno de los momentos más temidos, aquel que se convierte casi en la única posibilidad de intimar realmente .

•             STEVE: No es una pregunta nueva. Ya tuve oportunidad de hacértela hace años.
•             SARAH: ¿Y cuál fue mi respuesta entonces?
•             STEVE: El silencio.

Sin saber de qué pregunta se trataba, se temía que su reiteración , tuviera que acabar de la misma forma.

•             STEVE:  Hasta el final nunca llegué a saber por qué no respondiste. Ahora, haciéndotela, sólo espero que puedas contestarme.
•             SARAH: ¿Y si no pudiera?
•             STEVE: Tú silencio, podría suponer confirmar las esperanzas por las que vine aquí.

Pétrea en la silla, sin que su cabeza y su cuerpo respondieses al unísono, trató de no pensar .

•             SARAH: ¿Y cuáles eran esas esperanzas?

Costándole sostener los ojos en él, aquel lamento ahogado de quién en su día vio las mismas esperanzas de las que hoy hablaba , completamente frustradas ,  hoy siente el temor amargo a que la respuesta pudiese no ser la esperada .  Una cierta tibieza por parte de ella, una duda planteada sobre su reacción , o una respuesta negativa diseccionada con argumentaciones poderosas, cualquier respuesta era posible, cualquiera deseada,  antes que el silencio.

•             STEVE: Al principio , que  no te hubieses olvidado de mí, lo que casi me parecía imposible  dada la intensidad de tu entrega cada uno de los días durante aquellos tres meses. Hasta hace poco, conforme  he sabido lo que ha pasado,  he aprendido a ser paciente y a conformarme con saber , que cada día que me levantaba,   tenía un motivo , y era el poder disfrutar de ti  al menos cinco minutos.
•             SARAH: ¿Y ahora?

Bajó la mirada sólo durante unos instantes,  durante los cuales, cerró sus ojos, y al volverlos a alzar, casi llorosos , prosiguió.

•             STEVE: Ahora , sólo temo seguir adelante sabiendo que estás aquí y no puedo tenerte.

Aquello bastó .  Mantener la cordura, las formas  o las distancias el resto de la noche , una tarea prácticamente imposible.

Durante el resto de la cena, la conversación se tornó algo más distendida , lo que ayudó a que el tiempo pasase con el olvido de que las horas existieran. Una cena , en la que ambos fueron disfrutando  de un menú degustación  amplio , en el que los camareros , con una frecuencia inusitada, los colmaban con nuevas exquisiteces de cocina internacional capaz de expandir el paladar hasta lugares recónditos. Todo ello, bañado convenientemente,  con los mejores  caldos  tintos, rosados y blancos  nacionales y extranjeros, los acompañantes perfectos para cada combinación.

Cóctel sublime, en el que la normalidad fue abriéndose paso,  haciéndoles olvidar todo, o por lo menos intentándolo, puesto que ninguno de los dos, en su haber, podía olvidar nada de lo vivido o dicho hasta ahora.  Simplemente, dos adultos ,  dos amigos y compañeros de trabajo,  que habían decidido celebrar esta fecha conjuntamente ¿o no?

 Una vez terminaron de cenar, como todos, pasaron a la zona lounge para tomar unas copas antes de partir el año. Como con casi todas sus salas, las vistas desde sus grandes ventanales  eran espectaculares ,  y los enormes sofás desde donde uno podía relajarse mientras el tiempo pasaba hasta el gran momento  una tentación más que irresistible. 

Aprovechando una ausencia de ella para acudir al servicio, un conocido de él , que lo vio solo, se acercó a saludarle. Cuando ella regresó,  le vio departiendo tan amigablemente que sin querer molestarle, se limitó a coger  su copa de la mesa donde estaban sentados , y acercándose a  una de aquellas ventanas, se apoyó  en el saliente  para disfrutar de aquellas impresionantes vistas verticales que la  hacían sentir, desde aquellas alturas, tan especial.

Enamorada de Nueva York desde siempre, el momento en que más libre y a gusto se sentía,  era precisamente  cuando no se encontraba cerca del suelo. El suelo te hacía vulnerable, te equiparaba a los demás, te dejaba al mismo nivel. La altura te permitía esconderte con más facilidad, ser más tú sin que nadie te cuestionara, y cuando ella pensaba en esos “nadie”,  englobaba en realidad a la gente de la que solía rodearse, con la que solía convivir y que siempre la habían visto como alguien misterioso y extraño, casi intratable por lo “rara” que era.  Ella sólo se consideraba diferente ,  entendiendo que eran los demás quienes debían adaptarse a ella y no al revés. Simplemente diferente.
Las alturas le proporcionaban la invisibilidad y discreción que necesitaba. Le reportaba poder observarlo todo , analizarlo todo, sin ser vista. Justo lo que ella siempre quiso.

En un momento de la conversación, a Steve le pareció que llevaba demasiado tiempo sin verla. Buscándola  por toda la sala,  visualmente  dio con su figura femenina elegantemente exaltada por aquel vestido azul  que destacaba cada línea de su cuerpo , y  por las luces que  entraban desde el exterior y parecían acariciarla.
Aunque fuera de manera involuntaria, él sentía una necesidad imperiosa de no dejar de observarla por el halo especial que parecía poseer.   Hasta tal punto atrajo su atención y sintió aquella necesidad , que decidió finalizar de forma diplomática la conversación que llevaba manteniendo para volver a su lado.

Quedaban apenas quince minutos para las doce de la noche.

Él se  acercó con una copa de vino blanco en la mano.  Tan absorta en su mundo se encontraba , que no se dio cuenta si quiera de que él llevaba a su lado observándola un buen rato. Sólo al mirar hacia el suelo por un instante,  reconoció los zapatos.
Aquel rostro de nuevo, el que la contemplaba como el chiquillo  que disfrutaba de algo delicado, aquella sonrisa tierna y aquellos ojos  que parecían pedir permiso para no parar de convertirla en su centro de atención.

Era como si estuvieran solos. Sólo ellos poseían esa virtud, la de encerrarse en aquella especie de burbuja invisible y hacer que todo alrededor desapareciera.
Era cierto aquello que decían,  de que los silencios procesaban más ruido y mensaje que la mayor de las tormentas.   No hacían falta palabras y sin embargo se entendían absolutamente todo.

Y el reloj continuaba corriendo  y casi a pasos agigantados , les llevó al momento justo en el que apenas quedaban  dos minutos para que todo aquel año , con lo bueno y lo malo , se quedase  atrás. Un año de recuerdos. Instantes  vivos en forma de historias reales  y de protagonistas que reaparecían. Un año de decisiones duras, drásticas, de cambios de vida , de riesgos.  Un año para retomar una  vida, o al menos,  un pedazo de ella.

Un minuto, largo, intenso, donde en ningún momento dejaron de mirarse. Qué rápido o lento podía ser el pasar de las manecillas a conveniencia de quien vivía vete a saber qué experiencias. En el caso de ambos, las manecillas no existían, y el concepto de tiempo,  cobraba otra dimensión.

Sólo el silencio en la sala y una voz, supuestamente la del encargado de la misma,  que anunciaba la entrada del Año Nuevo. Steve giró la cabeza hacia el escenario improvisado desde donde provenía el anuncio, y le devolvió el gesto con una sonrisa.

•             STEVE: Feliz Año Nuevo  Sarah.
•             SARAH: Feliz Año Nuevo, Steve.

Brindaron  y bebieron. Aún con la copa recién alejándose de los labios de ella , él se acercó lentamente para besarla en la mejilla , cuando a Sarah  una idea le vino  a la cabeza :“ déjate llevar, sé tú misma”.  Tras sentir sus labios en la cara, antes de que pudiera separarlos del todo,   la giró hacia él  acercándole los suyos sin dejar de mirarlos .  Una lenta elevación de sus ojos hacia los de él ,y él volvió a acercarse acortando la distancia  entre ambos.
Lo que había comenzado como un tímido beso para probar la reacción del otro,  supuso una progresiva y deliciosa lucha por hacerse con la humedad de quién se tenía en frente , con el sentir de su aliento.
La mano de Steve que aún quedaba libre, buscó coger la de ella , entrelazando sus dedos y subiéndola por la espalda a la altura de la cintura,  a fín de  estrecharla mucho más contra su pecho.

Un cambio brusco en la música ambiental , hizo que , cogiéndola como mismo la tenía, sin soltarla ,  y sin apenas separarse de sus labios, tirase de ella en dirección a la pista de baile dejando las copas en una mesita cercana.

Desinhibición absoluta por la mezcla de alcohol, adrenalina y enorme  felicidad, y unas ganas permanentes de tenerse cerca, hicieron que los roces intencionales entre sus cuerpos fueran constantes. Conforme la noche avanzaba, las piezas lentas se intercalaban, brillando por su ausencia la necesidad siquiera de escucharse. Ambos convertían cada pieza en un auténtico ritual de exquisita insinuación, de sensualidad innata y muestra de deseo mutuo.   Nunca una conversación gestual de dos personas dijo tanto en tan poco tiempo, sin que por un instante , pudieran evitar tocarse , porque tampoco querían  dejar de hacerlo.
Sus manos se entrelazaban casi de forma continua , y los leves roces de mejillas bastaban para continuar con el juego aparentemente inocente ,  en el que los dos se entregaban sin medida.
En medio de una de aquellas piezas, se detuvo en seco, se acercó a su oído, y le susurró: “Vámonos de aquí”.

Al bajar , pasaron por el guardarropa. Steve recogió la capa  y se la colocó por encima de los hombros,  acercándose seguidamente al exterior   para que trajesen el coche.  Mientras tanto, esperando que volviese a por ella, sus reiterados intentos por enganchar en el cierre la capa resultaron del todo infructuosos y frustrantes.
Mientras regresa al vestíbulo, aquella visión  de nuevo, le  trajo recuerdos de antaño. Vivencias que le hicieron sonreír de forma involuntaria, ya que apenas recordaba una de sus más notables características de su peculiar forma de ser, la escasa paciencia y su concepto de lo inmediato, y ver la desesperanza reflejada en su rostro en lago aparentemente sencillo, resultaba, en aquellas circunstancias, auténticamente impagable.
Con él en frente suya, mostró delicadeza infinita cogiendo sus manos y retirándoselas, mientras aquellas manos de dedos finos y largos , hacían ambos lados del enganche suyos  cerrándolo en un solo intento.
Sus manos recorriéndole los hombros para recolocársela bien , dieron pie a reanudar el paso hasta el  vehículo.

Todo el camino de vuelta a casa , se convirtió en un túnel de silencio y percepciones, en deseos incontenibles.  Los semáforos en rojo, se convirtieron en cómplices de unos ojos que se escabullían de la atención en la carretera para depositarse en la mano femenina que permanecía encima de su pierna, tranquila, impasible.  Una mano que sin embargo, a ojos del amante latente , buscaba el abrigo conocido, el calor que no le era ajeno.  Deseo sencillo que consume, que no exigía más pudiendo intentarlo, sólo eso bastaba. Un pequeño y liviano tacto, a través del cual , él pudiese estar plenamente seguro de que no volvería a perderla.
Una mano cuya poseedora natural, trataba de tranquilizarse sin conseguirlo en el transcurso de un trayecto agobiantemente largo para su gusto , al menos , aquella noche. Deseaba llegar , pero mientras ese momento se realizaba de forma efectiva,  en su mente , una pugna harto difícil de resolver le agriaba el poder disfrutar de todo aquello.

“ Tienes que decírselo.  Tiene derecho a saberlo , para que pueda decidir libremente”. Aquella malditas palabras de Richard resonando una y otra vez . Palabras que chocaban con el miedo que sentía por tener que enfrentarse a todo aquello cuando jamás pensó que lo haría.
Que fácil ponerle fin a todo, decirle que detuviera el coche y bajarse sin darse la vuelta. El dolor sólo duraría un par de días a lo sumo, pero ¿realmente podría hacerlo? ¿Podría , una vez fuera del vehículo, no darse la vuelta y mirarle? ¿Podría seguir adelante sabiendo   que le habría fallado de nuevo?

El coche se silenció en el garaje . La cuenta atrás comenzaba de forma irremediable. Cada puerta atravesada , la que daba acceso al pasillo donde se encontraban los ascensores, la misma de estos, el largo pasillo hasta su casa………… Todo era una nueva prueba de aguante recibido de forma intransigente por parte de ella y ansiosa por la de él.

Delante de su puerta , las dudas la asaltaron como en una batalla y el sentimiento de acorralamiento y ahogo crecía por momentos. Con la llave en la mano y sin poder mirar hacia otro lado que no fuera la cerradura, sentirle observándola  la hizo querer acabar con todo aquello de una vez. Introdujo la llave en la cerradura, y sin más dilación le dio el giro adecuado para ofrecerle por fín su mundo, su lugar de paz, su refugio.

Mientras ella se adentraba,  él se quedó apoyado en la moldura observando su figura quitarse la capa y dejándola encima del espaldar de uno de los sofás.  Una figura oscura y sensualmente oscilante,  a la que el reflejo de los cañones de luz de los locales en las nubes cerradas y bajas   le  destacaba aquel aspecto anguloso. Cuando Sarah fue a encender la luz , él la detuvo.

•             STEVE: No enciendas la luz.

Aquella figura tan reconocible en la moldura de la puerta, con su cabeza apoyada,  contemplándola con aquel gesto tan suyo de condescendencia casi infantil en la semioscuridad,   era inevitablemente enternecedora. Steve había decidido disfrutar con aquella imagen a su manera, en forma de recuerdo impreso en su mente. Como  una realidad de la que aún no terminaba de creerse, por como las cosas se habían sucedido, que  formase parte.

Ella optó por apoyarse en el espaldar del sofá y bajar la cabeza esperando que se decidiese a entrar. Su respiración comenzó a agitarse. Llegaba el momento de la verdad y lo sabía.

Él entró por fin y cerró la puerta.  Conforme su decisión al acercarse a ella se acrecentaba, el temor  se hacía con ella bajando la mirada al suelo. No era posible que le faltase el valor en el último momento. ¿Su consuelo?  Aferrarse a las palabras que Candice le dijo frente a aquel espejo : “ Él no se marchará” . La duda,  aún así , de que aquello fuese cierto y se cumpliera, simplemente agobiante. Con la respiración agitada, él le alzó el rostro por la barbilla, y  con mucha calma y relativo temor por posible reacción, apenas apoyó sus labios en los de ella. Apenas se detuvo, Sarah le correspondió dejándose llevar .  Tan sólo cuando sintió las manos de él a ambos lados del rostro,  sus miedos se apoderaron de nuevo de ella.

•             SARAH: Steve..

Por más que dijera su nombre , él no parecía escucharla. Las ansias convertidas en realidad , le hacían no querer sentir nada más que la cálida piel de sus labios  siendo suyos de nuevo.

•             SARAH:¡ Steve!

Volvió a intentarlo sin éxito , hasta que tuvo  que frenarlo con sus brazos en su pecho.
Él se detuvo.

•             STEVE: ¿Qué pasa?

Una vez más, comprobó aquello que ella le dijo una vez estando solos en Londres, mientras amanecía : “ que no podía mentir , y que si sucedía algo él lo sabría”.  Ciertamente sus ojos no lo hacían. Expresaban con palabras dudosas pero férreas que algo estaba sucediendo, y que no debía ser leve cuando el miedo era lo mejor que reflejaban.

Al ver que sus manos seguían manteniendo la distancia entre ellos, creyó que podría haber sido un error tomar dicha iniciativa.

•             STEVE: ¿He hecho algo que…?- ella le interrumpió-
•             SARAH: Ojalá fuese tan sencillo como eso. No, tú no has hecho nada. – mientras pensaba en sus adentros: “dame valor”, “dame valor y que no se vaya”-.
•             STEVE: ¿Entonces? ¿Qué ocurre?

Obedeciendo a sus deseos, se separó de ella apoyándose en la mesa del salón que tenía justo detrás , y con los brazos cruzados sobre el pecho,  esperó a que ella comenzase a hablar.

•             STEVE: Soy todo oídos.
•             SARAH: No puedo seguir adelante con esto. No debo.

Extrañado, sólo pudo confirmar que efectivamente era miedo lo que transpiraba su piel.

•             STEVE: Que no puedes seguir ¿ con qué? ¿Qué es esto exactamente ?
•             SARAH: Creía que podría, pero no puedo arrastrarte de esta forma.

Su reacción, su forma de mirarle , los nervios a flor de piel……La mezcla perfecta para transmitirle su miedo.

•             STEVE: Sarah, no entiendo a dónde quieres llegar y , sinceramente, si no me lo dices de una vez creo que …………..¿Qué sucede?

Alargar aquella situación se estaba convirtiendo en un  tormento para ambos, pero ella , de forma involuntaria, en mitad de su bloqueo mental , trataba de buscar las palabras adecuadas para contárselo.

•             SARAH: No puedo seguir con esto por la misma razón que no pude seguir  adelante en Londres. No soy la misma mujer que conociste entonces , ni lo seré nunca .
•             STEVE: Vamos Sarah, sólo has tenido algunas lagunas de memoria, es normal después del accidente.

La expresión de su rostro se tornó incrédula por lo escuchado, mientras él trataba de asumir que aquello que le había sido dicho en secreto , acababa de ser descubierto. Su expresión cambió de pronto, y dándose cuenta , trató de arreglarlo.

•             STEVE: ¡ Oh señor! – pronunció en voz baja-  Candice me lo dijo en confidencia hace mucho tiempo, cuándo os vi a  Bruce y a ti discutiendo en los pasillos. Sarah, ya te he dicho que habían muchas cosas que no concordaban con lo que creía, me surgieron dudas , simplemente comenzó a hablar y la dejé. Creyó que debía saberlo, por favor, no le digas que te lo he dicho.

Apartándole la mirada, como si hubiera recibido un jarro de agua fría, andó unos tres pasos antes de detenerse, y de espaldas , con una calma repentina venida a su interior, comenzó a hablar.

•             SARAH:  Apenas tenía treinta años cuando me lo diagnosticaron por primera vez. Es curioso como te cambia la vida por completo, y como sentada allí , escuchándolo, con todas sus letras , intentas mostrarte razonable , porque cuando logras asentarlo , que no decirlo, cuando consigues no pensar demasiado y decides , asumes   pero jamás aceptas. Entonces , sin mucho planteamiento, vas a por todas en una batalla tras otra, sin saber cuánto te desgastará o  si conseguirás vencer , pero sigues, incluso sin saber bien por qué.
Y tu vida se encierra en ese pequeño círculo concéntrico . Las mismas pautas, las mismas cosas. ¿Lo único diferente? Las personas. Haces limpieza y todo empieza a cobrar cierto sentido.

Su miedo fue tensando su cuerpo. Petrificado por  sus palabras, era consciente de que no debía interrumpirla. Necesitaba saber más, especialmente, si ello había supuesto su marcha inesperada. Ella, mientras tanto, continuaba de espaldas , y  tan sobria como empezó, continuó.

•             SARAH: Pero como la felicidad no puede ser completa, cuando aquello que te invade decide detenerse y darte una tregua, resulta  que te toca enfrentarte a otra batalla más cruenta con un enemigo que creías conocer , y te ves metida en un foso del que no sabes salir, hasta que alguien que ha estado contigo desde el principio te da un atisbo de esperanza , abriendo sin saberlo , la puerta a una nueva vida donde , increíblemente, eres feliz y te sientes tan llena  , tan viva de nuevo, que te replanteas dar un giro cerrando totalmente  tu pasado, y generando un presente con futuro en manos de quién menos imaginaría que podía venir, de alguien capaz de romper con todos los esquemas llevados como finos principios , y vulnerados por voluntad propia sin remordimiento alguno.
Y de pronto , aquella llamada, comunicándome que la tregua se daba por terminada , me devolvía a mi realidad , haciéndome entender que todo lo vivido en aquellos meses , no había sido más que un hermoso sueño al que no tenía derecho en realidad –  dándose la vuelta hacia él,  Steve , emocionalmente contenido , quedó estupefacto por la serenidad que su rostro continuaba mostrando. – No tenía ni tengo derecho a arrastrar a nadie conmigo. Lo único que  lamentaré toda mi vida, es no haber encontrado una mejor forma de haber terminado lo nuestro.  Supongo que me era más fácil emborronarlo todo y que me odiases, porque creía que así me olvidarías antes.
•             STEVE: ¿Olvidarte? – no dudó por un instante en acercarse a ella  - ¿Cómo podría hacerlo?  Aquel simposio supuso  que mi sueño por conocer a la escritora americana que tanto admiraba se cumpliese, y no me importaba hacer lo que fuera por aprovechar cada instante de aquellos tres meses, pero, lo que no podemos calcular  es lo que nuestros sentimientos hacen con nosotros, y nunca supe cómo, pero nunca olvidaré cuándo. En la cafetería de la Facultad. Me acerqué a tu mesa , y tras hacerme sufrir a tu manera, dejaste que me sentase. Aquel instante preciso en el que bajaste el libro y me miraste ……………. Sarah, no importa lo que haya pasado o lo que esté por pasar…..-  sus dedos suavemente colocados en sus labios , cercenaron sus palabras- .
•             SARAH: No puedo hacerlo. De la mujer que tú conociste,  la que deseabas hasta por su forma de caminar , esa mujer no soy yo, ya no existe. La guerra se compuso de muchas batallas que dejaron huellas muy visibles. – su entereza fue disminuyendo, su serenidad , se culminó en su gloria por lágrimas que comenzaron a circular libremente y sin control alguno -   Mi corazón  dice que lo olvide todo, pero mi es mi cerebro, razonable como siempre, el que me devuelve a la cordura de lo que no está bien y esto no lo está. Si seguimos adelante , no habrá vuelta atrás, sea cual sea el resultado, y , no lo soportaría.

Y en su humedecido rostro, las manos de dedos largos y piel blanquecina, se depositaron a cada lado de sus mejillas  impidiendo todo paso posible, y tras mirarla ,  unió su frente a la suya. Sólo un leve susurro en una  voz masculina, fue capaz de romper aquel silencio de respiraciones intercaladas.

•             STEVE:  Déjame intentarlo, sólo te pido eso.

Ana Patricia Cruz López

Todos los derechos reservados

2 comentarios:

  1. Interesante la lectura de esta noche, Intensa y completamente alucinante me llevaste cuadro a cuadro cual pelicula como si la estuviera viendo mientras leia, me dejaste con ganas. . . Si querida me dejaste con ganas de saber mas, con ganas de sentir esas manos suaves, esos dedos delgados y largos, sera que mi imaginacion es mucha pero sin duda alguna me encanta lo que escribes por que me transportas a ese mundo, me haces sentir esos personajes tan reales que incluso quieres tomar partido hacia uno u otro. Gracias Totales y como siempre la espera valio la pena.

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  2. Interesante la lectura de esta noche, Intensa y completamente alucinante me llevaste cuadro a cuadro cual pelicula como si la estuviera viendo mientras leia, me dejaste con ganas. . . Si querida me dejaste con ganas de saber mas, con ganas de sentir esas manos suaves, esos dedos delgados y largos, sera que mi imaginacion es mucha pero sin duda alguna me encanta lo que escribes por que me transportas a ese mundo, me haces sentir esos personajes tan reales que incluso quieres tomar partido hacia uno u otro. Gracias Totales y como siempre la espera valio la pena.

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