en una vida ideal,
en una felicidad con atisbos de eterna,
en un ser interior del que no quería salir,
la realidad se ha mostrado, por fín , cual siempre fue.
Madrugadas de cristales rotos ,
resplandor de almas en pena,
sonidos de cadenas que algunos osan llevar ante mi presencia
como recordatorio del purgatorio en el que me encuentro.
Una luz del sol que jamás volveré a ver
en este infierno en el que yo misma me he metido.
Una rabia que me ayudará a sobrevivir,
sobre todo cuando tenga que enfrentarme a ella de nuevo.
Y el arcángel Gabriel ,
en toda su gloria e inmensidad,
portando en su mano el arma que habría de terminar con todo esto,
conmigo,
fue capaz , una última vez, de mirarme a los ojos,
y entre mil dudas sobre si era
justo o no
lo que por deber debía llevar a cabo,
su mano llegó a clavar la punta del puñal en mi piel.
Ojos que no mentían,
no pudieron ,
sintiendo resquebrajar su corazón
con la verdad hecha carne ,
a la que debía llevarse como
cuerpo moribundo ,
en su última exhalación.
Pensamientos que le entristecían.
ojos que no pudieron reconocer la imagen de lo que le habían contado,
ojos que encontraron en los
míos
la única verdad posible,
ojos que se le clavaron con tanta fuerza como la daga que iba destinada a mí.
Y ÉL se alzó,
omnipotente,
y con su voz,
le ordenó por una vez que me
ejecutara.
Razones buscadas ,
explicaciones no dadas , porque no tenía derecho.
Y SU voz volvió a increparle.
La muerte debía darme ,
y con la daga de sangre,
partir mi corazón en dos.
El arcángel volvió a solicitar una respuesta ,
negándose a devolver sus compasivos ojos ante la mortal que
al abrigo de sus brazos,
protegía de quién le ordenaba.
Colmatada su paciencia ,
el ordenante,
le distanció,
y cogiendo a la humana en alto ,
dispuesto a sacrificarla ante el que hasta ahora , era su fiel
servidor,
el puñal , el arcángel alzó,
y rasgando sus vestiduras ,
con clavárselo en su carne amenazó.
La amiga última,
aquella que siempre espera ver caer,
se convirtió en espectadora desesperada ,
con cuyo sinuoso movimiento
anunciaba su temida victoria.
Cruel sentimiento el de la verdad encontrada ,
cuando obliga al sacrificio basado en el conocimiento.
Un sexto sentido ,
que rara vez suele funcionar,
y un abrazo de eterna luz y
verdad.
Un final que nadie pudo planificar o prever,
una víctima más de una historia que jamás tuvo que haber comenzado.
Sangre derramada de forma inútil ,
creyendo que con ello salvaba .
Alma sin vida ,
que sin salida posible ,
sólo le resta continuar huyendo.
Sangre que hielas mi alma,
desde ese día en que él que me
exigía a mí ,
y sin embargo,
se lo llevó a él,
haciendo de mi sueño
la más burda de las pesadillas.
Sin querer dormir ,
por si su imagen se presentase ante mis ojos,
me dedico a vagar con mi
penitencia a cuestas.
Una vida sin esperanza de encontrar tu reencarnación en este mundo,
un tiempo sin ti que no merece la pena seguir viviendo,
pero del que no me queda otro remedio que permanecer,
sólo para que tu sacrificio
de sangre y hiel,
no haya sido en vano.
Sin fuerzas para luchar,
sin miras más allá del presente,
sin tiempo ni ganas para meditar,
sólo me basta huir ,
y no dejar de hacerlo jamás ,
hasta que vuelva a recobrar el
justo valor ,
que me haga servir
sanguínea venganza.
Ana Patricia Cruz López
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