convertida en dulces caricias.
Víctima de una vida ajena
que deseaba en secreto,
llamándote en mi silencio
a voces en grito para que pudieras escucharme.
Una mirada sincera a unos ojos que nunca fueron míos,
cristalina , como el agua que sentía ver deslizarse por tu piel.
Ansiedad por una respiración agitada tras un encuentro,
en el que tú seas mi mesa de
juegos
y yo tu único jugador.
Apetito de ti ,
dónde tu eliges cada plato,
mientras mi boca ,
se convierte en el instrumento insaciable que escoges.
Sed de sentimientos que expresas
con cada lágrima que derramas ,
cubriendo mi piel con tu interior ,
haciéndome sentir única y distinta .
Sueños de suave satén
transformados en negro cuero ,
dedos que inmovilizan
convertidos en lazos de soga férrea,
palabras delicadas que suenan a deliciosa y cruel realidad.
Un pecho ensalzado con tu nombre
pronunciado una y otra vez,
mientras mis manos protegen tu débil corazón.
Realidad o ficción.
Delgada línea la que separa las
sensaciones
cuando eres tú la que las provocas,
cuando mi piel logras erizar
en un sueño ,
en el que con las yemas de tus dedos
descubres una mujer que te era desconocida,
en el que la sorpresa te obligó a dar más de ti
hasta rebasar tu límite legal,
tus valores ,
tus principios.
Cuestión de piel y de
sentimientos,
en eso reducimos lo nuestro,
pero no a parte iguales.
Daño mutuo,
donde una de las partes desconoce
y la otra sabe demasiado.
Locura transitoria camino de la permanencia ,
donde uno siente
y el otro transmite.
Verdades a medias,
con cada palabra que uno pronuncia
y el otro escucha.
Sensación provocada por ese
juego mental,
en que el sueño forma parte de una vida imaginaria
con visos de realidad,
en la que el otro encuentra su placer,
su felicidad.
Viviendo en un mundo
en el que sigo creyendo que el
altísimo sólo me ha venido a castigar,
haciéndome fuerte
pero consciente de mi pérdida de razón,
por presentar una realidad como una tentación,
por centrar un mundo irreal de castillos sin torres ni cristal,
por dejarme seguir siendo lo que soy y cómo soy,
prisionera de una verdad ,
que sin barrotes ni cerraduras,
me impide salir .
Y ahora que sólo me queda invocar,
suplicar,
rogar,
sé que no servirá de nada.
Arrodillada ante lo que soy en
realidad,
una mujer capaz de amar
por algo que nunca fue suyo
para los demás,
pero que en su interior
sabía que fue lo único que la hizo sentir,
vivir ,
renacer.
Ana Patricia Cruz López
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