maldecido por el sol que te envidia,
vitoreado por las almas en pena que dejas tras tu pasar,
es tu nombre,
el que las amantes de la oscuridad anhelan.
Deseado como ínfimo mortal
y ensalzado como un dios,
incapaz de pasar inadvertido ,
te atraviesas igual que un espíritu incontestable,
dejando que sean tus propias cadenas
las que arañen mi alma y la destrocen.
Dependencia insana hacia lo que me haces sentir,
dejo de ser humana,
para convertirme en el animal que postras en tu cama cada
noche,
a tu conveniencia y bajo tus deseos.
Un ángel de luz
al que tú acostumbraste a creer que vivir era otra cosa,
y que las reglas son otras.
Una niña buena,
creyente en la bondad de los demás ,
en las buenas maneras,
correcta hasta decir basta.
Una buena mujer , como los cánones exigían,
a la que la conversión,
la que tú impusiste sin decir una sola palabra,
atrajo hacia un lado que desconocía,
en el que nunca supe si era bienvenida.
Abriendo las puertas del infierno,
de grueso y pesado metal ,
las llamas me abrigaron con su calor,
y tu rostro cambió por siempre.
Y tu mano, extendida,
comenzó el paseo ineludible hacia ese mundo,
el tuyo,
el de siempre,
el que te vio nacer y en el que te criaste,
pero en el que no solías volver acompañado.
Ángeles oscuros y hermosos
me observaban como tu elegida ,
mientras la envidia,
era irradiada por sus cuerpos
como gotas de sangre que se evaporaban al contacto con el
aire.
Ángeles que te tuvieron antes que yo,
pero que ya sintieron lo que es tenerte ,
para las que me convertí en el peligro de una mortal en tu
inframundo.
Rodeada de un olor especial,
junto a la ropa ,
arrancaste las virtudes , no pocas,
convirtiéndolas en deliciosos vicios ocultos .
El deseo no se
expresaba,
se demostraba .
El te quiero ,
se sustituía por una entrega mutua y mortal,
donde la extenuación, lleva tu nombre grabado.
La ternura, era cosa del pasado,
de los chiquillos que aún en su inocencia,
no saben verdaderamente de qué va todo esto de la vida.
Las promesas ,
sin fecha de cumplimiento
y con palabras de acompañamiento vacías y sin sentido,
pasan a ser un mero trámite de conformismo,
porque no existe voluntad humana capaz de creerse inmortal
para que duren por siempre.
En ese mundo en el
que estamos ahora,
las palabras de dolor y sus llagas,
son las únicas que podemos escuchar.
Amor material,
donde el concepto de carne
cobra otro sentido,
y el sexo ,
deja de ser intimidad para cobrar su verdadero significado.
Ojos que dejaron la sinceridad tras aquellas puertas,
mientras en tu naturaleza ,
rebrota lo poco humano que debe quedarte.
Y sin embargo,
pese a todo ello,
sabiendo , de forma consciente , el daño que me estoy
haciendo,
y que dejo que me produzcas,
no puedo detenerlo.
Lucha entre el corazón y mi cabeza ,
que me desarma por dentro.
Batalla continua ,
entre lo que deseo y sin lo que sé que no puedo vivir,
y lo que no debe ser.
Lo que en principio era tentación,
ha pasado a ser enfermedad,
contra la que no existe cura .
Latigazos de realidad sobre mi espalda,
manejados por ti cada vez que rozas tu piel con la mía.
Lágrimas de cruel realidad ,
cada vez que te siento en mis adentros.
Vergüenza por saber y
ver en que me he convertido,
por algo que nunca será mío ,
y que ya me lo dejó claro desde el principio.
Subestimé a mis propios instintos
hasta que lo abarcaron todo,
y a mi conciencia,
no le quedó más que rendirse.
Un amor al que sólo yo llamo de esa forma.
Una penalidad con
nombre propio.
Una falta de voluntad ,
y de raciocinio.
Una trampa ,
la de tus brazos,
de la que no podré escapar jamás.
Ana Patricia Cruz López
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