El tiempo ha pasado y yo,
aún sigo esperando.
El viento se ha sucedido ,
los días han transcurrido,
y yo,
aún sigo esperando.
Una vida
creada para compartirla,
para soñarla,
para disfrutarla.
Con todo en nuestras manos,
un futuro que era nuestro presente ,
un amanecer eterno.
Una ilusión que vaga en mi mente
como un delicioso sueño,
de dulces momentos
y donde la felicidad es posible.
Ausencia voluntaria de la realidad,
buscando aislarme de todo lo que me hace daño ,
ocultando mis ojos detrás de unas nubes de color.
El tiempo ha pasado,
y yo,
consciente , he tratado de
negarlo.
Los sueños se han convertido en pesadillas de negación de esa
realidad,
el cielo ilusorio, en una tormenta salvaje
que me golpea de forma constante,
y con sus truenos,
grita tu nombre como castigo.
Mis oídos no han dejado de
sangrar ,
desde que los escuché por primera vez,
impuesto como penitencia
ante el sacrificio que fue escogerte,
y el final que el destino decidió por ambos.
Sin mundo que quiera seguir pisando,
sólo busco la forma pronta de acabar con esto,
pero tú , no me dejas.
Cierro mis ojos pensando en tu nombre
pronunciado por ella.
Ligadura eterna y mortal ,
que maldijo tu vida por
siempre,
faltando a tu palabra de no volver a amar.
Conociendo todo lo habido,
y sabiéndose el castigo al ser descubierto,
la celosa envidia,
revestida con cuerpo de mujer ,
te arrebató de mis brazos,
y yo,
en mi lamento,
continuo y desgarrado,
por más que le hube suplicado te perdonase la vida
aún a costa de no volver,
de perderte para siempre,
decidió que para ninguna debías ser,
y que yo debía vivir recordando ese momento,
como la cadena de mi pecado.
Sin tiempo ni reloj que mida lo que me quede en este mundo,
me envuelvo en la nebulosa de mi ilusión
con recuerdos prefabricados y posibles ,
al menos,
mientras tú estabas,
manteniéndote con vida en mis adentros,
haciéndote real.
Y sin esperar el tiempo en que ella decida llevarme,
sin nada más que entregar
puesto que todo lo que soy te lo llevaste,
el recuerdo grande de lo que fuimos ,
engrandece mi venganza ante su creciente rabia,
esperando aletargada pero impaciente,
me aseste el final que me rencuentre contigo,
porque allí donde estés
ella no podrá entrar,
ni podrá evitar aquello a lo que dimos vida una vez
y ella nos arrebató.
Allí,
en donde la realidad y la ilusión se confunden,
en donde las mentes sanas no llegan jamás,
en donde los lamentos no existen
y la saciedad sólo tiene forma en tu cuerpo,
allí donde la entrega es inmensa y
los sentimientos cobran un nuevo significado,
allí donde el mundo sólo es el creado por nosotros ,
allí, dónde jamás tendré que seguir esperándote,
porque aún con rabia que rasgue su melosa piel por vernos,
esa será la imagen con la que
le toque vivir
la eternidad triste en que consiste su existencia,
mientras nosotros,
en nuestro bucólico y feliz mundo,
nos reiremos de ella por el favor
dado
al llevarnos hasta allí.
Ana Patricia Cruz López
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