Perdida en un océano de locura infinita,
busco entre las crestas de las olas
algo que me recuerde a ti ,
para saber que sigues conmigo.
Sensación de pérdida
sin tu mano cogiendo la mía,
sin tu voz apoyando mis pasos,
sin tus piernas que guíen el camino previo,
sin tu seguridad que me reafirmaba .
Mundo de indecisiones.
Aún continúo perdida .
Vida, que no es tal
sin ti.
Alargando permanentemente mis manos en el aire,
hasta en sueños creo saber que estás presente
cuando en realidad sé que no es real.
Como el miembro amputado que sigue notándose,
que sigue percibiéndose,
que se sigue sintiendo,
supiste convertirte en todo cuanto yo necesitaba
y buscaba ansiosa toda mi vida.
Como el bombeo permanente de un corazón dañado
que sólo busca refugio y paz para relajarse,
como el canto de los pájaros cuando señalan la primavera
o los primeros copos de nieve anuncian la llegada del
invierno,
entraste en mi vida
de forma tímida y casual,
y como una extensa mancha de aceite
que se prodiga por encima del agua,
lo fuiste invadiendo todo,
hasta hacerte imprescindible .
¿Dependencia? ¿Qué es eso?
Necesidad en forma de cuerpo de hombre ,
con tu nombre como firma rubricada,
con tu aroma pervirtiendo mis instintos ,
con tu pasión mostrada por las cosas ,
con tu concepto de vida y tu forma de vivirla.
Con tu acento en las lecturas,
con tus palabras en las conversaciones,
con la marca y el sabor de tus labios
en cada recodo de mi piel,
a la cual siempre dejas insaciable.
Con la claridad en tu mirada
que supone adentrarme en ese otro mundo,
aquel en el que te encuentras ,
aquel en el que te gusta encontrarme.
Y pasan las horas,
y pasan los días,
las semanas interminables que no parecen tener fín.
Y mi castigo sólo se acrecienta
cuando tu figura se diluye tras despedirte ,
como si mi mente quisiera imponerme una cruel penitencia.
Dicen que el corazón domina en ocasiones a la cabeza,
pues la mía anda disuelta entre la sangre que la recubre,
porque mi corazón dejó de trabajar
sintiéndose resquebrajado ,
forzando una marcha
que ya no deseaba
por carecer de razón real para seguir adelante.
Motor fallido desde el principio
de una historia sin final
o con final no deseado.
Una historia que ningún dramaturgo podría haber escrito,
y cuyos actores ,
se sienten incapaces de continuar por miedo.
Miedo a vivir sintiendo,
a sentir disfrutando ,
a disfrutar de las penas y las glorias.
Miedo a las lágrimas no correspondidas ,
a los abrazos solitarios ,
a la deprimente imagen de uno mismo en el espejo,
a no ser comprendida,
a no encontrar nada como tú
porque nada más existe .
Miedo a vivir sola ,
sin ti ,
aunque ya lo haga .
Miedo a tenerte
y que me correspondas.
Miedo a perderte sin haberte tenido,
y no saber a dónde ir.
Miedo a sentir lo que siento ,
a caer en el bucle permanente de la no respuesta ,
de la duda constante,
del desasosiego familiar.
Miedo a mi misma y a
lo que soy capaz ,
miedo a no arriesgarme
y no saber realmente lo qué he perdido,
a no encontrarme en este camino,
a no reconocerme,
a dejar de ser yo
y ser la última que se dé cuenta.
Perdida .
Desahuciada en cuanto
a sentimientos.
Desarmada en cuanto a razón.
Hasta mi alma ,
dándose por vencida,
me abandona .
Condenada a vagar por este mundo
como algo indefinido y frío,
incapaz de aflorar gesto de complacencia o compasión alguna,
sin voluntad para mostrar cariño o dulzura con mis
semejantes,
sólo me queda recalar ante las puertas de mi propio infierno
,
en el que su ángel protector ,
con tu mismo aspecto,
abrirá sus puertas de par en par para recibirme,
y sólo allí ,
con mis pesadas cadenas del desamor
que yo misma me
infligí ,
viviré una eternidad esperando mi muerte ,
liberándose entonces mi alma ,
encontrándose con la tuya al fin.
Fdo: Ana Patricia Cruz Lopez
Todos los derechos reservados.
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