Sintiendo el latigazo frío de tu aparente
indiferencia,
trato de llevar mi día a día
con la normalidad que los demás esperan.
Envuelta en convencionalismos ,
en razonabilidades sociales,
fui calificada como nunca esperé
y de quién menos
confiaba en escuchar argumentos como aquellos.
Palabras pretendidamente hirientes,
que resbalaban por mi piel
tras el momento iniciático de asunción.
Veneno puro que mi sangre expulsaba por mis poros ,
por mi boca ,
en forma de palabras mal oyentes
llenas de verdades contundentes
sólo a gustos del más exquisito y morboso sibarita.
Brusquedad revestida de delicadeza poco sutil
usando las palabras justas ,
y de la misma forma que fueron usadas contra mí,
ahora,
otros se sintieron aludidos.
Tiempo perdido en una carretera sin retorno,
en una calle sin salida.
Miles de carteles
que me incitan a volver sobre mis propios pasos,
a no seguir con esto ,
pero mi cabeza y mi razón hace tiempo que andan perdidas,
y sólo te buscan
entre sombras que no existen ,
entre voces
que ni se te parecen,
en miradas que saben bien lo que desean,
en otras camas de sábanas
de peligrosa y resbaladiza seda negra.
¿Arrepentimiento?
¿Culpa?
Esas palabras dejaron de significar algo
el día que te conocí,
y descubrí , contigo,
que esto que para nosotros es amor,
supone arriesgarse constantemente.
Un juego con fuego que no hay forma de apagar ,
ni ganas,
ni valor.
Otros en tu lugar ya intentaron que salieses de mi
cabeza,
que mi cuerpo olvidase el tuyo con ellos,
que tus palabras dejasen de resonar,
con sus voces chillando mi nombre
entre gemidos no sentidos por mí.
Amaneceres sin un sol resplandeciente
y lágrimas de rabia ,
que terminan recalando en el suelo
para ser tragadas por la madre tierra,
la cual me abraza con sus raíces
dando cobijo a mis lamentos ,
engrandeciendo mi propia supervivencia
tras esta guerra conmigo misma que supone no
tenerte.
Odio la
marca que dejaste y dejas ,
la que permanece donde nadie es capaz de verla ,
la que llevo por dentro y me acucia
como un cuchillo afilado que rasga la carne .
Y sin embargo ,
aún estás ahí.
Un gesto tuyo basta , y lo sabes.
Volveré a caer , lo sé,
y no una sola vez .
Me has convertido en una adicta a los que
transmites,
a tus sensaciones
,
a la forma en que te haces con mi alma sin darte
cuenta ,
a cuando arremetes contra mí siendo consciente.
Una droga sin cura ni remisión,
pecado que el diablo agradece
buscando su marca en tu piel.
Ángel caído ,
enviado desde lo más alto
para hacerme caer en lo más bajo.
Dependencia mortal en la que apenas puedo respirar.
Y sin embargo, no quiero salir,
no quiero dejarlo ,
no puedo .
Tú no quieres,
no me dejas,
porque sabes
, sin miedo a equivocarte
que es donde únicamente me siento viva.
Ana Patricia Cruz López
Todos los derechos reservados
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Muchísimas gracias por participar en esta página