Sola en mi cama, aguardo impaciente y esperanzada,
la mano que ha sabido mecer mi cuerpo
como el viento las hojas en Otoño.
Sola en mi cama,
la angustia y la desesperanza
han dejado paso a un atisbo de luz con tu compañía ,
con tu inexorable e inconfundible presencia
abarcando todo el espacio vital de mi vida ,
y con ello,
mis amaneceres rojo carmesí ,
y mis atardeceres azul chillón
casi fluorescente.
Un sol cada vez más ensangrentado
cuyas lágrimas ya no puede enjugarse,
trata de consolarme con su compaña
por una fé ciega que no llega a entender y menos aún aprueba.
Para él,
para mi fiel aliado cuando tú no estabas,
el que siempre me señaló la hora en que el sonido de la puerta le
continuaba
y tu cuerpo brillaba como la coraza de protección deseada,
sólo mi pena , aparentemente inexistente,
es ocultada por mi negación sublime de una realidad evidente y
tortuosa ,
aquella, con la que he de vivir el resto de mis días .
Un sol que , lejos de seguir abrigando esperanzas marchitas,
trata de mostrarme mi realidad ,
la que me circunda ,
la que yo evito ,
la que me niego a afrontar cada vez que son mis ojos abiertos
los que me muestran aquellos espacios antes tan tuyos
y ahora, tan de nadie .
Un sol poderoso
que se siente débil y hasta más humano , si cabe, ante mi solitaria
presencia.
Un cuerpo sin alma.
Un rostro, al que los surcos
dejados por los ríos de lágrimas ,
incontenibles y de desasosiego infinito,
que de repente un día quiso
mostrar una fortaleza que nunca supo tener,
la que se basa en la esperanza nunca perdida
de que un día la puerta vuelva
a abrirse
y tú seas quién esté detrás,
la esperanza de verte correr de nuevo a mis brazos ,
de sentir tu aliento desesperado cubriendo mis besos ,
de poder acariciar tu piel ,
blanca y tiernamente acristalada como la más fina porcelana,
mientras tus ojos me dicen de cuánto amor me proveerás ese día ,
ese rostro,
al que tu acostumbraste a todo aquello y más,
nunca volverá a ser el mismo ,
nunca volverá a mostrar sentimientos propios y ajenos
producto de algún encuentro casual,
o de aquellos momentos de intercambio de sentimientos silenciosos y
rasgantes
que rompían nuestros corazones después de enorgullecerlos
con cada nuevo adiós ,
con cada nuevo buenos días .
Oídos los míos ,
que echan de menos tu voz pronunciando mi nombre
con aquella dicción perfecta tan tuya ,
con aquella modulación tan estudiada
y aquel tono intencional
a partir del cual , ya no hacía falta decir nada más.
Lamentos sin gritos
escuchados en lo más infinito de mi alma ,
sólo para que la tuya pueda oírlos también,
sea dónde sea que estés,
allá dónde quieran que te hayan llevado.
Un corazón que quedó a mitad
hace tanto tiempo,
y que así permanecerá esperando el tuyo,
cubierto mientras tanto con tu recuerdo innato que me ha acompañado
siempre
y con el que me limito a sobrevivir.
Arrastrada por ti y por lo que siento
a esto,
nada me queda sin ti ahora ,
salvo aferrarme a lo que sé que es imposible
pero me niego a reconocer.
Y es que sin ti,
no queda nada de mí que
merezca la pena,
y por más que todas las voces disonantes entonces me dijeran que esto
era una locura ,
mi mente se aferró a esta tabla de salvación
como el que se ahoga, al poco
aire que queda en un espacio.
¿Y ahora?
De nada sirven unas lágrimas que me niego a seguir produciendo,
de las que me oculto porque me niego a que me encuentren.
De nada sirven las palabras de consuelo y los abrazos no sinceros
de aquellos que me trataron en
mi supuesta locura.
De nada sirven los apoyos de quiénes me denostaron en otros tiempos
degradando lo que sentía a fantasía vital por una soledad voluntaria.
¿Locura?
La que siento ahora que no te tengo.
La que me agarra por el cuello ahogándome a cada instante
porque sigo esperando que vuelvas a mi vida
de la que en realidad nunca te has ido.
La que me grita mil palabras de desaliento ante una cama que continúa
vacía,
y una mano, que sigue esperando la tuya.
Locura,
la que siento mientras continúo amándote y la esperanza no pierdo,
la que abrazo en mi almohada cada noche
y la que sueño cada amanecer
mientras mi sol, teñido de rojo nuevamente,
me recuerda el paso de los días
y el correr del reloj de arena de mi esperanza ,
mientras me recuerda ,
conforme se va suavizando,
que existe un motivo para seguir viviendo
mientras tu recuerdo ,
continúe vivo en mi alma.
Ana Patricia Cruz López
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