jueves, 8 de septiembre de 2016

MOMENTOS. Siempre tuya (150)

Y la ropa fue deslizándose por mi cuerpo
colmándome de caricias inesperadas y sensaciones nuevas,
mientras mi mente ,
comenzaba el reiterativo viaje que mis deseos ocultos e imposibles
le mandataban.

Tratando de no olvidar quién soy, lo que fui ni lo que quiero llegar a ser,
me siento la marioneta
de unas palabras que en cierta ocasión escuché pronunciar,
y que parecían forjar un destino, el mío, escrito con una pluma manejada por otro.

Deseos imposibles de culminar
y un cuerpo que tendrá que representar de nuevo su papel.


La necesidad de escapar de todo y de todos
me aturde,
me ahoga,
y el aire, tratando de abrirse paso hacia mis pulmones ,
encuentra en mí,  la mayor de las resistencias.

Dedos que separan  la carne.
Dedos que , calculadores, acceden hasta mi corazón
apretándolo con fuerza
como muestra de amor incondicional,
haciendo que mi pecho
sienta el dolor por lo que es verdadero e imposible.

Y la ropa fue deslizándose por mi piel
mientras la arañaba,
y con cada nueva señal
mi grito interior crecía ,
mientras , mi exterior, trataba de guardar la compostura.

Imagen recurrente
que apareces en mi mente una y otra vez
al cerrar  los ojos.
Cuento en el que encuentro mi propio final feliz,
con cada herida,
con cada nueva gota de sangre que soy capaz de emanar.

Sentimiento de felicidad
dentro del dolor más maravilloso,
saber que ese vestido podría ser tu cuerpo ,
aquel que he imaginado  teniendo por completo,
aquel que sueño con que también me desea.

Un vestido hecho a tu imagen y semejanza
capaz de cubrirme por completo,
de ocultar mi propia vergüenza por desearte
cuando me encuentro entre la multitud,
de tapar las heridas autoinflingidas por la desesperación
de buscarte y no hallarte sabiendo que estás.
Un vestido ,
cuyo recorrido  finaliza en un suelo frío y sin alma,
sin palabras que recojan
un abrazo cálido  que siempre se ha echado de menos ,
sin restos de pisadas antiguas que cuenten su propia historia,
la historia de viejos conocidos
que llegaron a reencontrarse alguna vez
y que , fundidos en un abrazo eterno,
encontraron por fín la paz.

Y una vez más,
abro mis ojos  y la tristeza vuelve a cubrirse de falsa normalidad.
el vestido aún continua en mi cuerpo,
el dolor ha desaparecido,
y el aire entra a todo lo que el pecho da,
pero mi corazón sigue aprisionado entre tus dedos,
y la sensación de tenerte dentro mío sin  tenerte,
de ser tuya sin serlo,
sólo culminará mi propio tormento.

Ana Patricia Cruz López
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