Y la ropa fue deslizándose por
mi cuerpo
colmándome de caricias inesperadas
y sensaciones nuevas,
mientras mi mente ,
comenzaba el reiterativo viaje
que mis deseos ocultos e imposibles
le mandataban.
Tratando de no olvidar quién soy,
lo que fui ni lo que quiero llegar a ser,
me siento la marioneta
de unas palabras que en cierta
ocasión escuché pronunciar,
y que parecían forjar un
destino, el mío, escrito con una pluma manejada por otro.
Deseos imposibles de culminar
y un cuerpo que tendrá que representar
de nuevo su papel.
La necesidad de escapar de
todo y de todos
me aturde,
me ahoga,
y el aire, tratando de abrirse
paso hacia mis pulmones ,
encuentra en mí, la mayor de las resistencias.
Dedos que separan la carne.
Dedos que , calculadores, acceden
hasta mi corazón
apretándolo con fuerza
como muestra de amor
incondicional,
haciendo que mi pecho
sienta el dolor por lo que es
verdadero e imposible.
Y la ropa fue deslizándose por
mi piel
mientras la arañaba,
y con cada nueva señal
mi grito interior crecía ,
mientras , mi exterior,
trataba de guardar la compostura.
Imagen recurrente
que apareces en mi mente una y
otra vez
al cerrar los ojos.
Cuento en el que encuentro mi
propio final feliz,
con cada herida,
con cada nueva gota de sangre
que soy capaz de emanar.
Sentimiento de felicidad
dentro del dolor más
maravilloso,
saber que ese vestido podría
ser tu cuerpo ,
aquel que he imaginado teniendo por completo,
aquel que sueño con que también
me desea.
Un vestido hecho a tu imagen y
semejanza
capaz de cubrirme por completo,
de ocultar mi propia vergüenza
por desearte
cuando me encuentro entre la
multitud,
de tapar las heridas
autoinflingidas por la desesperación
de buscarte y no hallarte
sabiendo que estás.
Un vestido ,
cuyo recorrido finaliza en un suelo frío y sin alma,
sin palabras que recojan
un abrazo cálido que siempre se ha echado de menos ,
sin restos de pisadas antiguas
que cuenten su propia historia,
la historia de viejos
conocidos
que llegaron a reencontrarse
alguna vez
y que , fundidos en un abrazo
eterno,
encontraron por fín la paz.
Y una vez más,
abro mis ojos y la tristeza vuelve a cubrirse de falsa
normalidad.
el vestido aún continua en mi
cuerpo,
el dolor ha desaparecido,
y el aire entra a todo lo que
el pecho da,
pero mi corazón sigue
aprisionado entre tus dedos,
y la sensación de tenerte
dentro mío sin tenerte,
de ser tuya sin serlo,
sólo culminará mi propio tormento.
Ana Patricia Cruz López
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