domingo, 18 de septiembre de 2016

MOMENTOS. Siempre tuya (156)

Esquinas solitarias de calles cualquiera.
Ciudad que te quemas ante mis ojos
en la lucha incesante de los deseos por encontrar una sombra,
aquella en la que poder saciar un apetito voraz
de un alma que me salve de mi perdición.

Caída en desgracia antes de nacer,
mi camino quedó marcado ,
sin remedio y sin pena ni remordimientos
busco una víctima oculta en mi propia  mala conciencia,
un rostro conocido , una cara familiar ,
mi propio demonio,
aquel que ha de redimirme y que  también trata de encontrarme.


Infierno entre pesadas cadenas de caricias añoradas y nunca recibidas ,
de promesas incumplidas y que ahora  me veo capaz de exigirle.
Infierno que abrasas con cada palabra que escucho
susurrada en una voz que no me es ajena y ansío  volver a escuchar,
aquella que será  de la única que escucharé  un “te amo” distinto y sincero,
un “te deseo” constante y que demuestre sin temor al tiempo o a la gente,
un “te necesito” que sea gritado tan fuerte
que estremezca mi cuerpo  de tal forma que nunca vuelva a la normalidad,
una guía  de como entregarse dónde sepa que soy única y su prioridad
y me lo haga sentir cada mañana , cada tarde  y cada noche ,
sin miradas a un calendario paralelo,
sin agendas donde otros se interpongan,
donde  me haga sentir importante y necesaria ,
buscada,
deseada,
suya.

Sombra de ojos inocentemente perversos ¿dónde te encuentras,
que por más que te busco  no logro hallarte?

En mi soledad , en mi interior,
grito tu nombre a ciegas ,
pero las calles siguen solitarias y las esquinas oscuras no dan tregua.

El miedo comienza a vencerme.
Miedo a perderte antes de haberte tenido de esa forma que sólo tú y yo sabemos,
miedo a que sólo esa sombra que tanto ha de entregarme
sea una vana ilusión,
mientras la realidad juega sus diabólica partida a mis espaldas.

Detenida en un punto cualquiera de mi caminar,
retenida en una búsqueda imposible,
cierro mis ojos esperando una respuesta que nunca creo que llegue,
hasta que , sin saber bien si mi imaginación o mis ganas me juegan una mala pasada de nuevo,
siento unos brazos estrecharme ,
brazos fuertes ,
brazos conocidos y en los que  me siento segura.

Confianza ciega en algo que no veo , que sólo siento,
sabiendo que nada malo pasará,
sintiendo que el miedo se disipa y es ahuyentado,
sintiendo crecer mi valor .
Sintiendo que mi deseo cobra forma por sí solo.

Y la oscuridad dio paso a una luz cegadora y  el silencio
a un ruido tremebundo y asfixiante 
donde las voces y ecos de la normalidad volvían a coparlo todo,
y mientras yo podía sentirlos rodeándome,
tratando de apartarme de mi realidad ,
 tirando de mi como bestias salvajes devorando la presa,
mientras mi carne sentí rasgarse en sus bocas,
yo continuaba , con mis ojos cerrados,
aferrada a aquella dulce condena que supone mi incondicional rendición,
aquella que me mantiene unida a ti,
 a lo único que realmente me hace ser como soy,
a lo único que me hace sentir libre.

Ana Patricia Cruz López
Todos los derechos reservados


No hay comentarios:

Publicar un comentario

Muchísimas gracias por participar en esta página