Esquinas solitarias de calles cualquiera.
Ciudad que te quemas ante mis ojos
en la lucha incesante de los deseos por encontrar una
sombra,
aquella en la que poder saciar un apetito voraz
de un alma que me salve de mi perdición.
Caída en desgracia antes de nacer,
mi camino quedó marcado ,
sin remedio y sin pena ni remordimientos
busco una víctima oculta en mi propia mala conciencia,
un rostro conocido , una cara familiar ,
mi propio demonio,
aquel que ha de redimirme y que también trata de encontrarme.
Infierno entre pesadas cadenas de caricias añoradas y
nunca recibidas ,
de promesas incumplidas y que ahora me veo capaz de exigirle.
Infierno que abrasas con cada palabra que escucho
susurrada en una voz que no me es ajena y ansío volver a escuchar,
aquella que será de
la única que escucharé un “te amo”
distinto y sincero,
un “te deseo” constante y que demuestre sin temor al
tiempo o a la gente,
un “te necesito” que sea gritado tan fuerte
que estremezca mi cuerpo
de tal forma que nunca vuelva a la normalidad,
una guía de como
entregarse dónde sepa que soy única y su prioridad
y me lo haga sentir cada mañana , cada tarde y cada noche ,
sin miradas a un calendario paralelo,
sin agendas donde otros se interpongan,
donde me haga
sentir importante y necesaria ,
buscada,
deseada,
suya.
Sombra de ojos inocentemente perversos ¿dónde te
encuentras,
que por más que te busco
no logro hallarte?
En mi soledad , en mi interior,
grito tu nombre a ciegas ,
pero las calles siguen solitarias y las esquinas oscuras
no dan tregua.
El miedo comienza a vencerme.
Miedo a perderte antes de haberte tenido de esa forma que
sólo tú y yo sabemos,
miedo a que sólo esa sombra que tanto ha de entregarme
sea una vana ilusión,
mientras la realidad juega sus diabólica partida a mis
espaldas.
Detenida en un punto cualquiera de mi caminar,
retenida en una búsqueda imposible,
cierro mis ojos esperando una respuesta que nunca creo
que llegue,
hasta que , sin saber bien si mi imaginación o mis ganas
me juegan una mala pasada de nuevo,
siento unos brazos estrecharme ,
brazos fuertes ,
brazos conocidos y en los que me siento segura.
Confianza ciega en algo que no veo , que sólo siento,
sabiendo que nada malo pasará,
sintiendo que el miedo se disipa y es ahuyentado,
sintiendo crecer mi valor .
Sintiendo que mi deseo cobra forma por sí solo.
Y la oscuridad dio paso a una luz cegadora y el silencio
a un ruido tremebundo y asfixiante
donde las voces y ecos de la normalidad volvían a coparlo
todo,
y mientras yo podía sentirlos rodeándome,
tratando de apartarme de mi realidad ,
tirando de mi como
bestias salvajes devorando la presa,
mientras mi carne sentí rasgarse en sus bocas,
yo continuaba , con mis ojos cerrados,
aferrada a aquella dulce condena que supone mi incondicional
rendición,
aquella que me mantiene unida a ti,
a lo único que
realmente me hace ser como soy,
a lo único que me hace sentir libre.
Ana Patricia Cruz López
Todos los derechos reservados
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Muchísimas gracias por participar en esta página