LA LLAMADA DE LA SANGRE
CAPÍTULO DÉCIMO OCTAVO ( Segunda parte)
Entre aquella húmeda oscuridad
, mientras Kylian trataba de reponerse,
un Aengus visiblemente dañado , deslizaba su oscura figura a lo largo de la
pared hasta llegar al suelo.
Allí, en aquella esquina, en
cuclillas, con el cabello alborotado copándole toda la cara , apretaba una mano contra la
otra con fuerza inusitada , frotándose casi compulsivamente , como cuando una
persona nerviosa se suponía con mucho
frío y necesitase hacer tal gesto a
efectos de , al menos, conservar ese miembro de su cuerpo con algo de
calor.
Delicaído , no parecía el
Aengus que todos recordaban, el de los tiempos brillantes en la casa hospital,
el doctor que con su particular carácter
dejaba silenciado a personal y enfermos
, el científico de las pócimas particulares y adecuadas a cada tipo de dolencia , que , posiblemente,
conservara hoy en día , recuerdos no tan favorables o agradables de sus días en
aquel desván , especialmente , de aquellos que compartía con ella.
Nadie, ni aquel que portaba la
conmovedora buena nueva, podía adentrarse en su mente aquella noche e imaginar
el sentimiento de profunda rotura y dolor que fue capaz de sentir. Nadie puede
arrogarse la suficiente capacidad para entender lo que Aengus fue capaz de
sentir desde el primer instante que la vio , cuando aún no era Aengus , cuando
ni tan siquiera tenía el mismo aspecto que portaba hoy .
Niños que en sus correrías y
juegos , antes de que la conciencia y el
adiestramiento les hiciese madurar de
golpe, se escondía detrás de los templos de las Druidesas observando , como
podían todos sus rituales y labores ,
escuchando sus palabras llenas de magia y sabiduría.
Niños , que en algunos
ocasiones , siendo descubiertos, recibieron penosos castigos por incumplir las
normas que en principio se destinaban a los adultos , y que en otros casos , no
siendo descubiertos , rectificaron y moldearon sus técnicas de acercamiento
para continuar saciando su inmensa curiosidad por aquellas mujeres vestidas de
impoluto blanco a las que se
sobreprotegía en el mismo grado que se las temía.
Kael ( Esbelto en gaélico
irlandés. Aengus ) siempre fue un niño
inteligente y hermoso . Desde temprana edad
, todos los indicios apuntaban a que sería un soldado destacado capaz de
capitanear ejércitos y conseguir muchos
éxitos . Estratega por naturaleza , fue de los pocos niños que consiguió
mantenerse oculto en su labor , casi diaria, al salir de la escuela , de
aprender de ellas , de las mujeres prohibidas cómo se las conocía .
El padre de Kael , capitán de
una de las franjas más belicosas del ejército de aquel entonces , se
desesperaba en muchas ocasiones ante las continuas preguntas del pequeño sobre
ellas , pese a las advertencias reiteradas por parte de su progenitor , de que
aquel resultaba un tema prohibido que debía
evitar a toda costa. Pero Kael,
con su incesante curiosidad , necesitó siempre saber más , y ante la negativa
posibilidad de conseguir saciar su necesidad de conocimiento por las vías que
más familiares le resultaban, optó por seguir espiando a escondidas a las
druidesas , e incluso , cuando las más viejas no respondieron a sus preguntas
mentales , cambiando de estrategia,
inició la vigilancia , oculto entre el espeso follaje que las rodeaba , de las
más jóvenes, de las alumnas , a las que
pronto pudo diferenciar en sus múltiples escalas .
Una tarde , mientras se
suponía que las más jóvenes dormían plácidamente una breve siesta , él , ante
la inmensa tranquilidad y falta de actividad manifiesta , se dispuso a
marcharse y volver a su casa en el poblado , pero apenas cuatro o cinco pasos
después , el sonido de la hierba moverse detrás suya , hizo que se diese la
vuelta para comprobar de qué se trataba.
Una de las jóvenes que se
suponía debían encontrarse durmiendo, salía corriendo procurando tener mucho
cuidado de que nadie la escuchase , en dirección a uno de los claros del otro
lado.
La curiosidad del joven le
pudo , y apenas hizo falta tiempo para que se decidiese a seguirla y averiguar
qué le depararía tan misteriosa discípula.
Cuando la joven se encontró lo
suficientemente lejos del recinto cerrado como para ser descubierta, ralentizó
su paso disfrutando del roce en sus manos de la hierba fresca y alta que se
encontraba a su alrededor.
Cada gesto realizado por ella
, cada ligero movimiento , llevaba al
joven Kael a la imagen de una danza de felicidad inmensa en la que , de forma
indirecta , se veía envuelto.
Un paseo incesante que les llevaría hasta lo que se denominaba
el confín de la colina , su parte más alta y en la que los límites de la misma
, se determinaban por una escarpada y abrupta caída de muchos metros hacia los
bosques situados justo debajo .
Un límite en el que ella
decidió sentarse , con sus piernas colgando en el aire , admirando como el sol
iba narrando su devenir antes de acostarse y en el que el viento , modulaba
figuras a su antojo con su pelo largo, oscuro y rebelde.
Miles de historias contaban en
torno a ellas . miles de historias de las que él siempre quiso saber más y
hasta qué punto eran ciertas aquellas que leyendas parecían.
Su curiosidad inusitada y una oportunidad envidiable le hicieron
asegurarse de que nadie hubiera a su alrededor , y una vez comprobado, no sin
temor y cierto grado de desconfianza,
comenzó a andar hacia donde la pequeña se encontraba.
Apenas dos pequeños pasos les
distanciaban , pero sin poder articular
palabra, sin atreverse, se limitó a
observarla allí, de píe , viéndola disfrutar de cuánto la rodeaba , como
cualquier niña normal .
Un gesto con una de sus manos
le invitaba a sentarse a su lado , y él, con cuidado exquisito , aceptó.
Las ansias por ver su rostro ,
por comprobar aquello que había oído de ellas y por lo cual se prohibía verlas
, se lo comían por dentro . Los nervios le hacían sudar las manos , y su boca
se secaba, pero una mezcla de respeto y cierto temor a lo que pudiera pasar si
lo hacía, y no tanto por lo que suponía incumplir las reglas , le retenían de
hacerlo.
Nervios que se transformaron
en inmensa tranquilidad , cuando sobre
su mano sintió el calor y tacto de la de ella.
Una tímida mirada hacia aquel
gesto y quedó absorto ante la pequeña y delgada mano de piel sonrosada que destacaba por encima de
la suya , más curtida por el aire y el sol.
Una timidez que desapareció
cuando sintió que ella le observaba , y que sin resistir aquella tentación
irremediable de la que había oído hablar a los mayores , le hizo ir ascendiendo
con aquellos ojos curiosos , claros y brillantes , hacia los de ella .
Un encuentro que se repetiría
con más asiduidad en el tiempo hasta que él fue enviado al campamento de
entrenamiento militar no habiendo llegado aún a la pubertad, y a ella le tocase
enfrentarse con los nuevos niveles de enseñanza , para llegar a ser aquello
para lo que se supone que había sido escogida por los dioses.
Encuentros nunca descubiertos
por nadie y guardados en el más íntimo
de los secretos , formando parte de aquellos y vagos pero hermosos recuerdos que
le hacían proseguir con vida, al saber que alguna vez, tuvo una vida normal ,
una vida sencilla y maravillosa en la que podía permitirse ser feliz , una vida
en la que hubiera podido amar y sentir tal y como siempre imaginó que podía
hacerlo.
Un sueño disipado como una
bruma que nunca tendría fin , y en donde una amistad fue el comienzo de su
mayor condena , y la pena de otro , de conjunto recibimiento , sin que nada ni nadie pudiera impedirlo
bajo pena de muerte.
Un Aengus herido y
lastimado en lo más profundo de su ser ,
que distaba de esa imagen que él se
empeñó en mostrar a los demás como el
mejor escudo para protegerse de aquello que podía hacerle daño, de su mayor
debilidad , y que se acrecentó hasta sus cotas máximas cuando ella se presentó
de nuevo ante él en la vieja y grandiosa biblioteca y reconoció su voz .
Algo crujió en su interior y
el corazón se le encogió en aquel
entonces , de la misma forma que volvía
a hacerlo ahora , allí, en aquella esquina , apostado como un animal herido y
acobardado , al volver a escuchar su voz disculpándose por la intromisión en
aquella sala que tantas veces resultó el inicio de los encuentros culminados de
forma apoteósica en la sala del piano oculta detrás de una de sus paredes.
Con la respiración algo más
recuperada , Kylian se limitó a observarle tratando de buscar , mientras tanto,
las palabras más adecuadas con las que
poder explicarle la realidad , lo que estaba sucediendo y que por ende también
le afectaba. Pero antes de que pudiera pronunciar una sola sílaba , la voz
quejumbrosa de Aengus , comenzó a llenar aquel silencio que les abarcaba . una
voz que pareció raer una leve luz como la de una tímida llama de una vela
antigua a tenor de su tono casi susurrante y lastimoso , en el que los
recuerdos parecían sobrevolarlo todo y no querer dejar paso a un presente y menos aún a un futuro , en pro de aquellos
instantes de inquietante felicidad a los que parecía aferrarse.
·
AENGUS: Imbuido en mis propios pensamientos y
aquella voz irrumpió para atormentar mi propia paz impuesta.
Nunca más
pude verla o escucharla desde que hubiéramos forjado una amarga despedida , y
en medio de aquella tumultuosa revisión de mi propia existencia que ni recuerdo
cómo comenzó, como si algo o alguien hubiese decidido compensarme por todo el
sufrimiento causado a través de mis sueños desvanecidos entre mis dedos, me la trajo de vuelta.
Sólo era
una voz , sin rostro aún, pero aunque ansiaba darme la vuelta y asegurarme de
que no se trataba del fruto de mi imaginación ni de mi vital locura ,
aquella que me ha permitido subsistir hasta
ahora , no fui capaz por miedo , miedo a que sólo se tratase de un sueño, de
una ilusión.
Su mano,
aquella pequeña mano, aquel dulce primer gesto que aún puedo sentir en mi piel como aquel día.
Dolor el
que sentí sabiendo a quién había escogido Brian para castigar a su padre
castigándome de paso a mí sin
saberlo. Dolor y llanto silencioso el
día que volvía a verla en mi habitación,
entregada como pena a Brian por el que
era su padre al incumplir la misma ley que siendo un niño me atrevía a faltar
yo.
Felicidad
inmensa nada silenciada el día que pude tenerla entre mis brazos , saber que
aquella unión , en el fondo, nunca se había perdido , aunque en el fondo
quisiera , con todas mis fuerzas, que se alejase y huyera de todo aquello.
·
KYLIAN: Aengus..
Una mano alzada hacia él hizo
que se detuviera, incorporándose de nuevo.
·
AENGUS: Mucho valor has demostrado tener
viniendo hasta aquí ahora. Darren lleva días en la casa.
·
KYLIAN: Lo sé, y no cuento con demasiado tiempo
. Morrigan y Brian están de camino.
·
AENGUS: Viva.
Aquella insistente palabra
parecía obsesionarle , e incrédulo, no era capaz de preguntar cómo se había
producido tan extraño fenómeno.
·
AENGUS: Algo ha sucedido , lo presiento . Algo
se ha interpuesto en el curso normal de las cosas , algo que me ha impedido
volver a sentirla .
·
KYLIAN : Algo que ni yo he podido comprender ni creo que sea capaz de
explicar.
·
AENGUS: Pero Aileen sí lo sabe.
Acercándose a él, Kylian continuó buscando las palabras , aunque
aquella aseveración por su parte , sí le
resultó extraña.
·
AENGUS: Aileen sabe exactamente en aquello en lo
que Veleda se ha convertido . Puedo sentir , oler su temor , aunque trate de
disimular contigo. – Su tono , al principio temeroso , se determinó casi
malévolo y muy seguro de sí mismo, otorgando categoría de verdad absoluta tales
afirmaciones – No te ha dicho nada aún ¿verdad?
·
KYLIAN: ¿Qué es lo que a tu juicio crees que
debería decirme?
·
AENGUS: Aquello a lo que habrás de enfrentarte
tú solo en un momento concreto de toda esta historia en la que la ambición
desmedida de un traidor de sangre nos ha
metido .
El silencio volvió a cubrir la estancia . Sólo los pasos de Aengus
siguiendo la línea de las paredes , sobre aquel suelo sucio y húmedo, trajeron cierta sensación de compaña. Y su voz , sus palabras
, volvieron a sorprender a un Kylian incapaz de perderle de vista .
·
AENGUS: ¿Aún siguen doliéndote los antebrazos?
Kylian se los miró, y al
devolver sus ojos sobre Aengus, éste lo encontró objetivamente más atrayente
que la negra y musgosa piedra que le
rodeaba .
·
AENGUS: Veleda no es la única que posee la
divina facultad de los sueños premonitorios.
Hace semanas que esa imagen sobrevino a mi cabeza y sin embargo, no
lograba entender su significado porque tampoco
entonces , pude asociarlo con una
persona concreta.
·
KYLIAN: estaba todo listo para enterrarla . Me
acerqué a su camastro, abrió los ojos y….
·
AENGUS: Y viste
lo que habría de venir.- Le interrumpió él-. Al menos en parte . Los antiguos contaban ese tipo de historias como leyendas
, y nos reunían incluso para escucharlas . Aprovechaban esas circunstancias
como parte de ese curioso entrenamiento sobre la peligrosidad de acercarse a
las druidesas o incumplir la ley. Uno de
los viejos comandantes de Darren comenzó a contar la historia de los no muertos
, una especie de historia clerical , proveniente del primitivo cristianismo
dónde se explicaba que en ocasiones los espíritus de los no consagrados , de
aquellos que no habían padecido una muerte dulce o a los que les sobrevino no
estando en paz con este mundo,
reaparecían a través de cuerpos
ajenos, y que aquellos a los que invadían , solían ser escogidos por su
especial vinculación con la persona a la que más unidos estaban.
Claro que…
ninguno de los presentes ni ausentes podría ser tachado como tal ¿no es cierto?
Kylian trató de razonar aquel
argumento, y a su memoria , le vinieron
palabras narradas por Aengus cuando lo
rescató en el bosque. Palabras que
componían algo esencial cuya duda pareció renacer.
·
KYLIAN: Aengus ¿ Qué seguridad tienes de que
Veleda no concluyese el ritual de toma
de votos?
Hasta él quedó pensativo.
Siempre se había fiado de sus palabras , siempre confió en ella y jamás
interpuso duda alguna sobre lo que le hubo dicho , y sin embargo, aquel que se
había convertido en su aliado , en su salvador , por palabras dichas de una
historia antigua, hacía emerger dudas sobre ella .
·
AENGUS: No lo hizo.
Su aparente determinación ,
mezclada con cierto nivel de ofuscación por su parte , no logró convencerle.
·
KYLIAN: ¿Qué seguridad tienes Aengus?
·
AENGUS: La de sus palabras.
·
KYLIAN: ¿Y si no te hubiera contado la verdad?
·
AENGUS: No lo hagas , no hagas eso.
Encendiéndose por momentos ,
la rabia lo agitaba hasta comenzar a caminar como animal desquiciado por el
interior de aquella celda .
·
KYLIAN: Entre nosotros sabes que algo así no es
posible, y de dónde ella proviene tampoco.
·
AENGUS: Sus palabras eran ciertas , tan ciertas
como los ojos que me miraron mientras las pronunciaba ante mi desesperación al
haber creído perdida por siempre. No. Ella no mintió , ni su cuerpo cuando se
entregó a mí fue capaz de mentir sobre lo que sentía.
·
KYLIAN : Aengus, jamás osaría aseverar tal afirmación,
y menos aún trataría de dañarla pero… ¿cuán
seguro estás de que realmente desconociera los términos exactos del ritual? ¿Tan seguro estás de ella cómo para poder afirmar que no te ocultase ese
hecho como forma de poder impedir
aquello?
·
AENGUS: Suelo sagrado . Bastaba llevarlo a cabo sobre suelo sagrado .
·
KYLIAN: Y
la consagrada ya había sido sacrificada . Sólo alguien con suficiente poder que
evitase el sacrificio a tiempo podía haberlo impedido . Alguien que sabía que
debía sacrificarse a sí misma ante la única persona con la que habría de
mantenerse unida por siempre a raíz de su entrega.
Y en su rostro se dibujó el dolor
de un recuerdo , siempre presente por desgracia, el del rostro de Veleda cuando
él , portando aún el puñal atravesado en su pecho, vio aquella mirada de paz infinita .
Lejos de encontrar en sus ojos
odio o incomprensión, sus ojos parecían transmitir una sensación de paz
infinita consigo misma y de perdón
absoluto hacia él, y aunque en aquel instante no fuese capaz de reaccionar
sobre lo que había hecho , cuando su
estado de consciencia se lo permitió, una honda pena lo mantuvo sobrecogido
desde entonces , la misma, de la que no había logrado desprenderse.
Una mirada perdida hacia el
pequeño ventanuco por el que apenas pasaba algo de luz , la de una luna llena y
majestuosa en un cielo , cuyas nubes acaparadoras , no dejaban lucirse. Unos ojos azules que, desconsolados, apenas se vislumbraban , y cuando lo hacían, se mostraban tristes y apagados, ahogados en recuerdos de un
tiempo en el que tampoco fue feliz , pero en dónde subsistía una leve esperanza
de volver a la normalidad , aunque fuese
con otra identidad y otro aspecto.
Una mirada de complicidad con
una luna que ya le sirviera de testigo antaño, cuando la vio entrar en su
habitación fuertemente escoltada ante la mirada enrabiatada de un Brian que no entendía el peso real de tal castigo.
El recuerdo de una puerta
cerrarse tras de sí , y de dos personas que se reencontraban en mitad del
silencio más ruidoso que sólo ellos podían escuchar.
Una joven y hermosa Veleda que apostada en el mismo punto de la
habitación dónde fue depositada , apenas podía mirar a los ojos a quién en principio,
pese a conocerle , era entregada . La misma Veleda que se sintió confiada y
arropada por un Kael al que no fue capaz de reconocer , transformado ya en
Aengus, y que se limitó a ofrecerle su mano
, un asiento a su lado y un poco
de compañía disfrutando ambos de un silencio del que nadie sabría nada , y que
resultó, para él, el mayor de los regalos que podría haber recibido.
·
KYLIAN: Aengus, debes saber que Veleda …
Aengus volvió a interrumpirle.
·
AENGUS: Morrigan se acerca , debes marcharte ya
de aquí.
·
KYLIAN: Pero…
·
AENGUS: Nada de lo que me digas me sonará a nuevo. No pude sentirla a ella
con vida , pero sí pude sentirte a ti estando a su lado. Pude ver cómo la
mirabas desoyendo lo que Aileen te
previno, y llevándote sólo por tu
instinto , también pude ver cómo , ante la duda de salvarla, optaste por
arriesgar tu vida en dación de la suya. Debes regresar y hablar con Aileen cuanto antes , es la única
que puede ayudarte y la única que puede ayudarla en verdad a ella. Veleda debe
comprender lo que le sucede y debe aprender a controlar aquello que ahora la controla
a ella , y tú, - cogiéndole por los hombros - debes aprender a no sentir ni ver a quién ves
a través de sus ojos o estarás perdido . Está jugando contigo y lo que en mis
visiones ha aparecido no es para nada bueno.- Volviéndole la espalda - ¡ Ahora
vete ¡ ¡ Márchate de aquí antes de que sea demasiado tarde y la bruja pueda
oler tu presencia Señor de Las Bestias !
Y sin poder decir nada más ,
Kylian salió corriendo a toda prisa . A mitad de pasillo , antes de atravesar
la puerta que le llevaría al tramo de
escalera y al túnel, se detuvo por un instante . Algo le sobrecogió y los tatuajes
de los antebrazos comenzaron a arderle, mientras aún en el interior de la celda
, un Aengus prácticamente resignado y a la vez sereno , con su vista
imperturbable hacia el pequeño hueco , glorificaba a los ancestros en silencio
, y se atrevía a pronosticar en alto .
·
AENGUS: Dioses que todo lo veis y todo creéis saberlo
. Dioses que conducís a los soldados a
una muerte segura en una batalla sin
reino ni poder real por el que merezca
la pena derramar la sangre de una santa o una servidora , por una veleidad ocasional
de alguien a quién vosotros hicisteis nacer de las entrañas de una bestia .
Dioses que
creéis que todo obtendrá su final por fín
, cuando en realidad sólo es el principio el que provocáis, y durante ese camino , mientras tanto, os
vanagloriáis de jugar con los corazones
de otros ante vuestra más absoluta falta de tal órgano vital.
No quisisteis
darme muerte cuando la oportunidad se os
apareció como culminada en manos de vuestro soldado más brillante y acertado, el mejor
verdugo que podíais haber escogido de entre las alimañas y bestias carroñeras
que pueblan este bendito planeta. No quisisteis dejar que mi sangre se
derramase por completo durante mi huida , poniendo en mi camino a un salvador ,
que al final será , de forma involuntaria , el más dulce y lamentosos de mis
enemigos . ¿Y todo para qué? ¿En manos de quiénes quedarán aquellos que logren
sobrevivir a la masacre , a las espadas cruzadas y a los seres del inframundo de la noche , que ya comienzan a poblar los
cuerpos de nuestros soldados , de aquellas armas humanas , única ventaja
nuestra en la defensa de una causa que no termino de comprender.
Decidme hoy
dioses míos dioses de todos, ¿quién resurgirá de esa sangre ajena que vosotros consentís se derrame? ¿Quién
se postrará ante vosotros cuando el poder de la verdad lo ciegue y se dé cuenta
de que posee un reino vacío, que nada tiene que aportarle y sobre el que no
podrá ejercer el poder que tanto ansía? ¿Quién
calmará su cólera entonces cuándo ya no haya más sangre que derramar?
Y los pasos apurados e
incontenibles , sin más detenciones ni miradas hacia detrás, se hicieron eco
dentro del túnel que habría de llevarlo de vuelta a la salida , con la suerte
de que al llegar , justo a la boca de la cueva, el mar se encontraba en pleno descenso y no
demasiado bravo .
Antes de comenzar a pisar las
rocas que le llevarían al exterior , algo le llamó a detenerse . La sensación
de que algo más se encontraba con él en el interior de aquella cueva aunque él supiera
que no había nadie , pero alguien que acababa de llegar a la casa y se disponía
a bajar del coche, sintió una presión en el pecho y una relativa
falta de aire quedando paralizada en el asiento del acompañante .
Nagi palideció, y se sintió débil. Percatarse de
una presencia fuerte y altamente reconocible la turbaba y debilitaba , y su mirada hacia el filo de la colina que
daba píe al acantilado puso en extraño sobre aviso a Brian.
·
BRIAN: ¿Sucede algo?
Queriendo en sus adentros
que él guardase silencio , su insistencia
para que ella saliese del coche , no la hizo desistir de centrarse en el punto
fijo del acantilado.
·
NAGI: No, nada.
·
BRIAN: Entonces será mejor entrar y continuar
esta maldita representación.
Con ambos dirigiéndose hacia
la puerta de entrada , mientras parte del servicio se ocupaba de
recibirles y Brian dejaba su abrigo ,
Nagi permaneció unos segundos con su mirada fija de nuevo en el mismo punto ,
siendo consciente de quién había estado
allí .
Ana Patricia Cruz López
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