domingo, 18 de septiembre de 2016

LA LLAMADA DE LA SANGRE ( Secuela de ELECCIÓN) CAPÍTULO DÉCIMO OCTAVO. Segunda parte. ( Registrado en SAFE CREATIVE OCTUBRE 2015)

LA LLAMADA DE LA SANGRE
CAPÍTULO DÉCIMO OCTAVO ( Segunda parte)

Entre aquella húmeda oscuridad ,  mientras Kylian trataba de reponerse, un Aengus visiblemente dañado , deslizaba su oscura figura a lo largo de la pared hasta llegar al suelo.
Allí, en aquella esquina, en cuclillas, con el cabello alborotado copándole toda la cara , apretaba una  mano  contra la otra con fuerza inusitada , frotándose casi compulsivamente , como cuando una persona nerviosa  se suponía con mucho frío y necesitase hacer tal gesto a  efectos de , al menos, conservar ese miembro de su cuerpo con algo de calor.

Delicaído , no parecía el Aengus que todos recordaban, el de los tiempos brillantes en la casa hospital, el doctor que con  su particular carácter dejaba silenciado a  personal y enfermos , el científico de las pócimas particulares y adecuadas a  cada tipo de dolencia , que , posiblemente, conservara hoy en día , recuerdos no tan favorables o agradables de sus días en aquel desván , especialmente , de aquellos que compartía con ella.

Nadie, ni aquel que portaba la conmovedora buena nueva, podía adentrarse en su mente aquella noche e imaginar el sentimiento de profunda rotura y dolor que fue capaz de sentir. Nadie puede arrogarse la suficiente capacidad para entender lo que Aengus fue capaz de sentir desde el primer instante que la vio , cuando aún no era Aengus , cuando ni tan siquiera tenía el mismo aspecto que portaba hoy .


Niños que en sus correrías y juegos  , antes de que la conciencia y el adiestramiento les hiciese madurar  de golpe, se escondía detrás de los templos de las Druidesas observando , como podían todos sus rituales  y labores , escuchando sus palabras llenas de magia y sabiduría.

Niños , que en algunos ocasiones , siendo descubiertos, recibieron penosos castigos por incumplir las normas que en principio se destinaban a los adultos , y que en otros casos , no siendo descubiertos , rectificaron y moldearon sus técnicas de acercamiento para continuar saciando su inmensa curiosidad por aquellas mujeres vestidas de impoluto blanco  a las que se sobreprotegía en el mismo grado que se las temía.

Kael ( Esbelto en gaélico irlandés. Aengus  ) siempre fue un niño inteligente y hermoso . Desde temprana edad  , todos los indicios apuntaban a que sería un soldado destacado capaz de capitanear ejércitos y conseguir  muchos éxitos . Estratega por naturaleza , fue de los pocos niños que consiguió mantenerse oculto en su labor , casi diaria, al salir de la escuela , de aprender de ellas , de las mujeres prohibidas cómo se las conocía .

El padre de Kael , capitán de una de las franjas más belicosas del ejército de aquel entonces , se desesperaba en muchas ocasiones ante las continuas preguntas del pequeño sobre ellas , pese a las advertencias reiteradas por parte de su progenitor , de que aquel resultaba un tema prohibido que debía  evitar a toda costa.  Pero Kael, con su incesante curiosidad , necesitó siempre saber más , y ante la negativa posibilidad de conseguir saciar su necesidad de conocimiento por las vías que más familiares le resultaban, optó por seguir espiando a escondidas a las druidesas , e incluso , cuando las más viejas no respondieron a sus preguntas mentales ,  cambiando de estrategia, inició la vigilancia , oculto entre el espeso follaje que las rodeaba , de las más jóvenes, de las alumnas  , a las que pronto pudo diferenciar en sus múltiples escalas .

Una tarde , mientras se suponía que las más jóvenes dormían plácidamente una breve siesta , él , ante la inmensa tranquilidad y falta de actividad manifiesta , se dispuso a marcharse y volver a su casa en el poblado , pero apenas cuatro o cinco pasos después , el sonido de la hierba moverse detrás suya , hizo que se diese la vuelta para comprobar de qué se trataba.

Una de las jóvenes que se suponía debían encontrarse durmiendo, salía corriendo procurando tener mucho cuidado de que nadie la escuchase , en dirección a uno de los claros del otro lado.

La curiosidad del joven le pudo , y apenas hizo falta tiempo para que se decidiese a seguirla y averiguar qué le depararía tan misteriosa discípula.

Cuando la joven se encontró lo suficientemente lejos del recinto cerrado como para ser descubierta, ralentizó su paso disfrutando del roce en sus manos de la hierba fresca y alta que se encontraba a su alrededor.
Cada gesto realizado por ella , cada ligero movimiento , llevaba  al joven Kael a la imagen de una danza de felicidad inmensa en la que , de forma indirecta , se veía envuelto. 
Un paseo incesante  que les llevaría hasta lo que se denominaba el confín de la colina , su parte más alta y en la que los límites de la misma , se determinaban por una escarpada y abrupta caída de muchos metros hacia los bosques situados justo debajo .

Un límite en el que ella decidió sentarse , con sus piernas colgando en el aire , admirando como el sol iba narrando su devenir antes de acostarse y en el que el viento , modulaba figuras a su antojo con su pelo largo, oscuro y rebelde.

Miles de historias contaban en torno a ellas . miles de historias de las que él siempre quiso saber más y hasta qué punto eran ciertas aquellas que leyendas parecían.
Su curiosidad inusitada  y una oportunidad envidiable le hicieron asegurarse de que nadie hubiera a su alrededor , y una vez comprobado, no sin temor  y cierto grado de desconfianza, comenzó a andar hacia donde la pequeña se encontraba.

Apenas dos pequeños pasos les distanciaban  , pero sin poder articular palabra, sin atreverse, se limitó a  observarla allí, de píe , viéndola disfrutar de cuánto la rodeaba , como cualquier niña normal .

Un gesto con una de sus manos le invitaba a sentarse a su lado , y él, con cuidado exquisito , aceptó.  
Las ansias por ver su rostro , por comprobar aquello que había oído de ellas y por lo cual se prohibía verlas , se lo comían por dentro . Los nervios le hacían sudar las manos , y su boca se secaba, pero una mezcla de respeto y cierto temor a lo que pudiera pasar si lo hacía, y no tanto por lo que suponía incumplir las reglas , le retenían de hacerlo.

Nervios que se transformaron en inmensa tranquilidad ,  cuando sobre su mano sintió el calor y tacto de la de ella.
Una tímida mirada hacia aquel gesto y quedó absorto ante la pequeña y delgada mano  de piel sonrosada que destacaba por encima de la suya , más curtida por el aire y el sol.

Una timidez que desapareció cuando sintió que ella le observaba , y que sin resistir aquella tentación irremediable de la que había oído hablar a los mayores , le hizo ir ascendiendo con aquellos ojos curiosos , claros y brillantes , hacia los de ella .

Un encuentro que se repetiría con más asiduidad en el tiempo hasta que él fue enviado al campamento de entrenamiento militar no habiendo llegado aún a la pubertad, y a ella le tocase enfrentarse con los nuevos niveles de enseñanza , para llegar a ser aquello para lo que se supone que había sido escogida por los dioses. 
Encuentros nunca descubiertos por nadie  y guardados en el más íntimo de los secretos , formando parte de aquellos y vagos pero hermosos recuerdos que le hacían proseguir con vida, al saber que alguna vez, tuvo una vida normal , una vida sencilla y maravillosa en la que podía permitirse ser feliz , una vida en la que hubiera podido amar y sentir tal y como siempre imaginó que podía hacerlo.

Un sueño disipado como una bruma que nunca tendría fin , y en donde una amistad fue el comienzo de su mayor condena , y la pena de otro , de conjunto recibimiento  , sin que nada ni nadie pudiera impedirlo bajo pena de muerte.

Un Aengus herido y lastimado  en lo más profundo de su ser , que distaba  de esa imagen que él se empeñó en  mostrar a los demás como el mejor escudo para protegerse de aquello que podía hacerle daño, de su mayor debilidad , y que se acrecentó hasta sus cotas máximas cuando ella se presentó de nuevo ante él en la vieja y grandiosa biblioteca  y reconoció su voz .

Algo crujió en su interior y el corazón se le  encogió en aquel entonces  , de la misma forma que volvía a hacerlo ahora , allí, en aquella esquina , apostado como un animal herido y acobardado , al volver a escuchar su voz disculpándose por la intromisión en aquella sala que tantas veces resultó el inicio de los encuentros culminados de forma apoteósica en la sala del piano oculta detrás de una de sus paredes.


Con la respiración algo más recuperada , Kylian se limitó a observarle tratando de buscar , mientras tanto, las palabras más adecuadas con las  que poder explicarle la realidad , lo que estaba sucediendo y que por ende también le afectaba. Pero antes de que pudiera pronunciar una sola sílaba , la voz quejumbrosa de Aengus , comenzó a llenar aquel silencio que les abarcaba . una voz que pareció raer una leve luz como la de una tímida llama de una vela antigua a tenor de su tono casi susurrante y lastimoso , en el que los recuerdos parecían sobrevolarlo todo y no querer dejar paso a un presente  y menos aún a un futuro , en pro de aquellos instantes de inquietante felicidad a los que parecía aferrarse.

·        AENGUS: Imbuido en mis propios pensamientos y aquella voz irrumpió para atormentar mi propia paz impuesta.
Nunca más pude verla o escucharla desde que hubiéramos forjado una amarga despedida , y en medio de aquella tumultuosa revisión de mi propia existencia que ni recuerdo cómo comenzó, como si algo o alguien hubiese decidido compensarme por todo el sufrimiento causado a través de mis sueños desvanecidos entre mis dedos,  me la trajo de vuelta.
Sólo era una voz , sin rostro aún, pero aunque ansiaba darme la vuelta y asegurarme de que no se trataba del fruto de mi imaginación ni de mi vital locura , aquella  que me ha permitido subsistir hasta ahora , no fui capaz por miedo , miedo a que sólo se tratase de un sueño, de una ilusión.
Su mano, aquella pequeña mano, aquel dulce primer gesto que aún puedo sentir  en mi piel como aquel día.
Dolor el que sentí sabiendo a quién había escogido Brian para castigar a su padre castigándome de paso a  mí sin saberlo.  Dolor y llanto silencioso el día que volvía a verla en mi  habitación, entregada como pena  a Brian por el que era su padre al incumplir la misma ley que siendo un niño me atrevía a faltar yo.
Felicidad inmensa nada silenciada el día que pude tenerla entre mis brazos , saber que aquella unión , en el fondo, nunca se había perdido , aunque en el fondo quisiera , con todas mis fuerzas, que se alejase y huyera de todo aquello.

·        KYLIAN: Aengus..

Una mano alzada hacia él hizo que se detuviera, incorporándose de nuevo.

·        AENGUS: Mucho valor has demostrado tener viniendo hasta aquí ahora. Darren lleva días en la casa.
·        KYLIAN: Lo sé, y no cuento con demasiado tiempo . Morrigan y Brian están de camino.
·        AENGUS: Viva.

Aquella insistente palabra parecía obsesionarle , e incrédulo, no era capaz de preguntar cómo se había producido tan extraño fenómeno.

·        AENGUS: Algo ha sucedido , lo presiento . Algo se ha interpuesto en el curso normal de las cosas , algo que me ha impedido volver a sentirla .
·        KYLIAN : Algo que ni yo  he podido comprender ni creo que sea capaz de explicar.
·        AENGUS: Pero Aileen sí lo sabe.

Acercándose a él, Kylian  continuó buscando las palabras , aunque aquella aseveración por su parte  , sí le resultó extraña.

·        AENGUS: Aileen sabe exactamente en aquello en lo que Veleda se ha convertido . Puedo sentir , oler su temor , aunque trate de disimular contigo. – Su tono , al principio temeroso , se determinó casi malévolo y muy seguro de sí mismo, otorgando categoría de verdad absoluta tales afirmaciones – No te ha dicho nada aún ¿verdad?
·        KYLIAN: ¿Qué es lo que a tu juicio crees que debería decirme?
·        AENGUS: Aquello a lo que habrás de enfrentarte tú solo en un momento concreto de toda esta historia en la que la ambición desmedida de un  traidor de sangre nos ha metido .

El silencio volvió a  cubrir la estancia . Sólo los pasos de Aengus  siguiendo la línea de las paredes , sobre  aquel suelo sucio y húmedo,  trajeron cierta  sensación de compaña. Y su voz , sus palabras , volvieron a sorprender a un Kylian incapaz de perderle de vista .

·        AENGUS: ¿Aún siguen doliéndote los antebrazos?

Kylian se los miró, y al devolver sus ojos sobre Aengus, éste lo encontró objetivamente más atrayente que la negra y musgosa  piedra que le rodeaba .

·        AENGUS: Veleda no es la única que posee la divina facultad de los sueños premonitorios.  Hace semanas que esa imagen sobrevino a mi cabeza y sin embargo, no lograba entender su significado porque tampoco  entonces ,  pude asociarlo con una persona concreta.
·        KYLIAN: estaba todo listo para enterrarla . Me acerqué a su camastro, abrió los ojos y….
·        AENGUS: Y viste  lo que habría de venir.- Le interrumpió él-.  Al menos en parte . Los antiguos  contaban ese tipo de historias como leyendas , y nos reunían incluso para escucharlas . Aprovechaban esas circunstancias como parte de ese curioso entrenamiento sobre la peligrosidad de acercarse a las druidesas  o incumplir la ley. Uno de los viejos comandantes de Darren comenzó a contar la historia de los no muertos , una especie de historia clerical , proveniente del primitivo cristianismo dónde se explicaba que en ocasiones los espíritus de los no consagrados , de aquellos que no habían padecido una muerte dulce o a los que les sobrevino no estando en paz con este mundo,  reaparecían  a través de cuerpos ajenos, y que aquellos a los que invadían , solían ser escogidos por su especial vinculación con la persona a la que más unidos estaban.
Claro que… ninguno de los presentes ni ausentes podría ser tachado como tal ¿no es cierto?

Kylian trató de razonar aquel argumento, y a su memoria ,  le vinieron palabras narradas  por Aengus cuando lo rescató en el bosque.  Palabras que componían algo esencial cuya duda pareció renacer.

·        KYLIAN: Aengus ¿ Qué seguridad tienes de que Veleda no concluyese  el ritual de toma de votos?

Hasta él quedó pensativo. Siempre se había fiado de sus palabras , siempre confió en ella y jamás interpuso duda alguna sobre lo que le hubo dicho , y sin embargo, aquel que se había convertido en su aliado , en su salvador , por palabras dichas de una historia antigua, hacía emerger dudas sobre ella .

·        AENGUS: No lo hizo.

Su aparente determinación , mezclada con cierto nivel de ofuscación por su parte , no logró convencerle.

·        KYLIAN: ¿Qué seguridad tienes Aengus?
·        AENGUS: La de sus palabras.
·        KYLIAN: ¿Y si no te hubiera contado la verdad?
·        AENGUS: No lo hagas , no hagas eso.

Encendiéndose por momentos , la rabia lo agitaba hasta comenzar a caminar como animal desquiciado por el interior de aquella celda .

·        KYLIAN: Entre nosotros sabes que algo así no es posible, y de dónde ella proviene tampoco.
·        AENGUS: Sus palabras eran ciertas , tan ciertas como los ojos que me miraron mientras las pronunciaba ante mi desesperación al haber creído perdida por siempre. No. Ella no mintió , ni su cuerpo cuando se entregó a mí fue capaz de mentir sobre lo que sentía.
·        KYLIAN : Aengus, jamás osaría aseverar tal afirmación, y menos aún trataría de dañarla pero…  ¿cuán seguro estás de que realmente desconociera los términos exactos del ritual? ¿Tan  seguro estás de ella  cómo para poder afirmar que no te ocultase ese hecho como forma de poder impedir  aquello?
·        AENGUS: Suelo sagrado . Bastaba llevarlo a  cabo sobre suelo sagrado .
·        KYLIAN:  Y la consagrada ya había sido sacrificada . Sólo alguien con suficiente poder que evitase el sacrificio a tiempo podía haberlo impedido . Alguien que sabía que debía sacrificarse a sí misma ante la única persona con la que habría de mantenerse unida por siempre a raíz de su entrega.

Y en su rostro se dibujó el dolor de un recuerdo , siempre presente por desgracia, el del rostro de Veleda cuando él , portando aún el puñal atravesado en su pecho, vio  aquella mirada de paz infinita .
Lejos de encontrar en sus ojos odio o incomprensión, sus ojos parecían transmitir una sensación de paz infinita consigo misma  y de perdón absoluto hacia él, y aunque en aquel instante no fuese capaz de reaccionar sobre lo que  había hecho , cuando su estado de consciencia se lo permitió, una honda pena lo mantuvo sobrecogido desde entonces , la misma, de la que no había logrado desprenderse.

Una mirada perdida hacia el pequeño ventanuco por el que apenas pasaba algo de luz , la de una luna llena y majestuosa en un cielo , cuyas nubes acaparadoras , no dejaban lucirse.  Unos ojos azules que, desconsolados,  apenas se vislumbraban , y cuando lo hacían,  se mostraban tristes  y apagados, ahogados en recuerdos de un tiempo en el que tampoco fue feliz , pero en dónde subsistía una leve esperanza de  volver a la normalidad , aunque fuese con otra identidad y otro aspecto.

Una mirada de complicidad con una luna que ya le sirviera de testigo antaño, cuando la vio entrar en su habitación fuertemente escoltada ante la mirada enrabiatada  de un Brian que no entendía  el peso real de tal castigo.
El recuerdo de una puerta cerrarse tras de sí , y de dos personas que se reencontraban en mitad del silencio más ruidoso que sólo ellos podían escuchar.

Una joven y hermosa  Veleda que apostada en el mismo punto de la habitación dónde fue depositada , apenas podía mirar a los ojos a quién en principio, pese a conocerle , era entregada . La misma Veleda que se sintió confiada y arropada por un Kael al que no fue capaz de reconocer , transformado ya en Aengus, y que se limitó a ofrecerle su mano  , un asiento a su lado  y un poco de compañía disfrutando ambos de un silencio del que nadie sabría nada , y que resultó, para él, el mayor de los regalos que podría haber recibido.

·        KYLIAN: Aengus, debes saber que Veleda …

Aengus  volvió a interrumpirle.

·        AENGUS: Morrigan se acerca , debes marcharte ya de aquí.
·        KYLIAN: Pero…
·        AENGUS: Nada de lo que me digas  me sonará a nuevo. No pude sentirla a ella con vida , pero sí pude sentirte a ti estando a su lado. Pude ver cómo la mirabas  desoyendo lo que Aileen te previno,  y llevándote sólo por tu instinto , también pude ver cómo , ante la duda de salvarla, optaste por arriesgar tu vida en dación de la suya. Debes regresar  y hablar con Aileen cuanto antes , es la única que puede ayudarte y la única que puede ayudarla en verdad a ella. Veleda debe comprender lo que le sucede y debe aprender a controlar aquello que ahora la controla a ella , y tú, - cogiéndole por los hombros -   debes aprender a no sentir ni ver a quién ves a través de sus ojos o estarás perdido . Está jugando contigo y lo que en mis visiones ha aparecido no es para nada bueno.- Volviéndole la espalda - ¡ Ahora vete ¡ ¡ Márchate de aquí antes de que sea demasiado tarde y la bruja pueda oler tu presencia Señor de Las Bestias !

Y sin poder decir nada más , Kylian salió corriendo a toda prisa . A mitad de pasillo , antes de atravesar la  puerta que le llevaría al tramo de escalera y al túnel, se detuvo por un instante . Algo le sobrecogió y los tatuajes de los antebrazos comenzaron a arderle, mientras aún en el interior de la celda , un Aengus prácticamente resignado y a la vez sereno , con su vista imperturbable hacia el pequeño hueco , glorificaba a los ancestros en silencio , y se atrevía a pronosticar en alto .

·        AENGUS: Dioses que todo lo veis y todo creéis saberlo . Dioses que conducís  a los soldados a una muerte  segura en una batalla sin reino  ni poder real por el que merezca la pena derramar la sangre de una santa  o una servidora , por una veleidad ocasional de alguien a quién vosotros hicisteis nacer de las entrañas de una bestia .

Dioses que creéis que todo  obtendrá su final por fín , cuando en realidad sólo es el principio el que provocáis,  y  durante ese camino , mientras tanto, os vanagloriáis  de jugar con los corazones de otros ante vuestra más absoluta falta de tal órgano vital.

No quisisteis  darme muerte cuando la oportunidad se os apareció como culminada en manos de   vuestro soldado más brillante y acertado, el mejor verdugo que podíais haber escogido de entre las alimañas y bestias carroñeras que pueblan este bendito planeta. No quisisteis dejar que mi sangre se derramase por completo durante mi huida , poniendo en mi camino a un salvador , que al final será , de forma involuntaria , el más dulce y lamentosos de mis enemigos . ¿Y todo para qué? ¿En manos de quiénes quedarán aquellos que logren sobrevivir a la masacre , a las espadas cruzadas y a los seres del inframundo  de la noche , que ya comienzan a poblar los cuerpos de nuestros soldados , de aquellas armas humanas , única ventaja nuestra en la defensa de una causa que no termino de comprender.

Decidme hoy dioses míos dioses de todos, ¿quién resurgirá de esa sangre  ajena que vosotros consentís se derrame? ¿Quién se postrará ante vosotros cuando el poder de la verdad lo ciegue y se dé cuenta de que posee un reino vacío, que nada tiene que aportarle y sobre el que no podrá ejercer  el poder que tanto ansía? ¿Quién calmará su cólera entonces cuándo ya no haya más sangre que derramar?

Y los pasos apurados e incontenibles , sin más detenciones ni miradas hacia detrás, se hicieron eco dentro del túnel que habría de llevarlo de vuelta a la salida , con la suerte de que al llegar , justo a la boca de la cueva, el mar  se encontraba en pleno descenso y no demasiado bravo .

Antes de comenzar a pisar las rocas que le llevarían al exterior , algo le llamó a detenerse . La sensación de que algo más se encontraba con él en el interior de aquella cueva aunque él supiera que no había nadie , pero alguien que acababa de llegar a la casa y se disponía a bajar del coche,   sintió una presión en el pecho y una relativa falta de aire quedando paralizada en el asiento del acompañante .
 Nagi palideció, y se sintió débil. Percatarse de una presencia fuerte y altamente reconocible la turbaba y debilitaba  , y su mirada hacia el filo de la colina que daba píe al acantilado puso en extraño sobre aviso a Brian.

·        BRIAN: ¿Sucede algo?

Queriendo en sus adentros que  él guardase silencio , su insistencia para que ella saliese del coche , no la hizo desistir de centrarse en el punto fijo del acantilado.

·        NAGI: No, nada.
·        BRIAN: Entonces será mejor entrar y continuar esta maldita representación.

Con ambos dirigiéndose hacia la puerta de entrada , mientras parte del servicio se ocupaba de recibirles  y Brian dejaba su abrigo , Nagi permaneció unos segundos con su mirada fija de nuevo en el mismo punto , siendo  consciente de quién había estado allí .

Ana Patricia Cruz López
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