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LA LLAMADA DE LA SANGRE
CAPÍTULO VIGÉSIMO
La noche, esa protectora de lo
bueno y lo oscuro , la dirigente de sus amantes , la pesada losa sobre las conciencias de quienes
al llegar ella y tratar de conciliar el sueño, se ven alentados por sus peores
pesadillas .
Un rostro desconcertante de
tranquilidad , una sensación de inmensa culpabilidad tras enfrentarse con la
realidad de lo sucedido , unas manos que no dejan de aparecer ensangrentadas ,
un puñal en su espalda , un dolor mucho más hondo que cualquier otro capaz de
perdurar a través del tiempo .
Una noche tras otra , el
penitente sin alma y sin corazón ,
destrozado a la mitad por él mismo, es desvelado de su descanso siempre
a la misma hora por esa escena que se repite en su mente como si recordarlo no fuera castigo suficiente.
Bañado en sudor y visiblemente
nervioso , sentado sobre lo que habituó como camastro , en el ala hospitalaria,
en la vieja celda número cinco , dónde comenzó todo y todo tuvo su final desde
el principio, veía sus manos temblar . Observaba sus dedos , largos y finos,
cubiertos de una sangre no real pero que ante sus ojos se negaba a desaparecer
y cuya humedad resecada lentamente podía sentir . Un temblor que no desaparecía
por mucho que lo intentase , y entre medio de ambas, su rostro , casi de un
inexplicable agradecimiento infinito hasta que desaparece bruscamente , como
siempre, y él, sin saber qué hacer , queda observando el ahora hueco dejado ,
como si pudiera seguir viéndola , preguntándose una y otra vez por qué, por qué
ella , por qué él.
Paredes que pese a la
oscuridad parecían cobrar vida y que eran capaces de aplacar la soledad más
manifiesta del que había sido el único superviviente con vida de aquella noche y
que aún se resguardaba en ella, pasando
la mayor parte del tiempo en lo que fue el antiguo hospital, único lugar dónde
realmente se sentía cómodo.
Paredes desechas por el paso del tiempo y la tristeza de las ánimas
que las habitaron y aún hoy se creían poseedoras de su pequeña porción de
realidad dentro del presente .
Por aquellos angostos pasillos
, por los que parecía haber pasado más de una guerra y que en nada desmerecían a las peores ruinas
dejadas tras una contienda, aún quedaba un halo de vida apenas perceptible
salvo para quién apreciaba que perviviera
aunque fuese de pie. Aquel cuyas
raíces de vida y muerte de lo más amado habían
surgido entre aquellas paredes , frente y en el interior de aquellas celdas o
en su desván .
Aquel al que una celda en
concreto , la número cinco, le obligó a tener que decidir tras reencontrarse
con quién siempre había amado .
Aquel que ahora , como si de
un fantasma se tratase, caminaba entre aquellos pasillos recalando al final, todos los días , en la
que fue residencia de su propia historia encadenada, y en la que permanecería
durante horas para , también como siempre, acabar llorando
desconsoladamente por lo que pudo ser y
no fue , por un sentimiento de culpa que no le permitía olvidar su rostro mirándolo
con el puñal clavado en la espalda, y observando unas manos hirientes que a
veces deseaba arrancarse como única solución para poder pasar página.
Noche extraña , en la que la
tranquilidad y el silencio habituales parecían enrarecidos y en la que las
múltiples sensaciones le acababan incomodando.
Aunque fuera de madrugada , alguien
rondaba la casa despierto, terminando por remover algo en su interior cuando se
encontraba en la puerta de la celda .
En silencio, con todos sus
sentidos a flor de piel, observó y
escuchó aquellos sonidos que sólo él era capaz de percibir denotando que
alguien más , a parte de él, permanecía
despierto .
Una presencia conocida cuyo encuentro ansiaba , pero del que también
temía su posible reacción en cuanto lo tuviese delante .
El paso del tiempo y un
profundo viaje de meditación ayudado por quién le rescató en su momento, Kiliam,
le colmaron de paciencia infinita y de un saber esperar que le eran totalmente desconocidos hasta
entonces.
La inquietud, la desesperación
y la ansiedad culminados por una sed de venganza , se vieron relegados por la
estrategia de estudiar al contrario y la
situación esperando, simplemente, el momento oportuno.
Saliendo del viejo ala
hospitalaria en dirección a la casa , fue en la puerta que le aislaba y
mantenía en su ámbito de seguridad la que hizo que se detuviese durante unos
instantes. Respirando hondamente, giró
el pomo de la puerta y se adentró en la vieja cocina completamente reformada dirigiéndose
hacia el imponente vestíbulo. Allí, ante los pies de la gran escalera central
se detuvo y alzando su cabeza, se centró
en la puerta de la que había sido la habitación de ella. Un espacio dónde la
debilidad se hizo carne de la forma más dulce posible , donde los sentimientos
le sumergieron en esa lucha interna constante entre el deber y su propio yo ,
aquello en lo que realmente creía y lo que otros le condicionaban.
Un ruido proveniente del
pasillo de la derecha le distrajo reclamando de nuevo su atención sobre el
verdadero motivo que le había llevado hasta allí.
Con paso lento y medido,
después de asegurarse que no había nadie más por los alrededores ,avanzó a lo largo de aquel corredor tan transitado
por él tiempo atrás hasta volver a
escuchar de nuevo aquel sonido . Proveniente del interior de la gran
biblioteca, éste abrió la puerta si lograr ver a nadie en su interior, pero la
de acceso a la parte secreta , la sala del piano, la que se escondía tras una
de las librerías, permanecía entre abierta.
Como antaño, dicho espacio
permanecía a oscuras . De todas las estancias
era la única que no había sufrido transformaciones ya que casi nadie conocía su existencia .
Y hoy como entonces , sólo un
candelabro encima de la tapa del cuerpo
iluminaba el teclado dejando en oscuridad casi plena lo que le rodeaba , incluso el propio aire casi imperceptible en
el interior.
No podía verle , ni si quiera
le escuchaba , pero continuaba percibiendo su presencia siendo esta señal mucho
más fuerte conforme más se acercaba al instrumento.
El sonido de la puerta
cerrarse detrás suya le confirmó que no se equivocaba , que casi podría decirse
que Brian lo había llamado a su forma
conociendo que no le fallaría.
Ese primer encuentro , el más
ansiado entre ambos después de lo acaecido aquel día .
Aengus colocó una de sus manos sobre el instrumento
para conseguir cierto equilibro y tener a lo que aferrarse antes de que llegase
el momento de verle la cara de nuevo . Brian, se mantuvo junto a la puerta tratando de averiguar el siguiente movimiento
de su hermano consciente de a quién tenía en frente, al menos en parte.
·
BRIAN: Ha pasado mucho tiempo.
·
AENGUS: No el suficiente.
Su respiración comenzó a
sobresalir de forma caprichosa. Brian sólo aparentaba una tranquilidad falsa no
pudiendo ocultar su inquietud.
·
BRIAN: ¿Así que después de todo aún permaneces entre
estas malditas paredes?
Figurándose el mapa mental de
situación sólo siguiendo el sonido de su voz, podía controlar cada movimiento
suyo, y por el momento, aún apostado en la puerta como estaba, decidió no
alejarse de su punto de apoyo.
·
AENGUS: Ya veo que has vuelto a disgusto. Siendo
así , podrías haberte ahorrado el viaje.
·
BRIAN: ¿Padre sabe que estás aquí o aún no te ha
visto ?
·
AENGUS: Todos los que ahora se creen con derecho
sobre estas paredes saben de mi
presencia aquí. Sólo faltabas tú.
·
BRIAN: ¿Sólo los que creen tener derecho sobre
estas paredes? Sobre las tierras en las que se asientan querrás decir.
Un leve giro hacia la
izquierda en la entonación, le daba la pista de que su hermano se había
desplazado ligeramente hacia ese lado.
·
BRIAN: ¿Y los que se encuentran fuera de ellas ?
Situado justo detrás suyo pero
a distancia prudencial, Aengus se preparó para lo que preveía como el primer
ataque intencionado llevado a cabo con la exclusiva finalidad de provocarle.
·
AENGUS: Pareces inquieto , “hermano”.
Aquel tono suyo, esa forma tan
despreciativa de decirlo , le atrajo de forma definitiva hasta que sintió su
aliento en el lateral izquierdo de la cara.
·
BRIAN: Sigues siendo el mismo que cuando me fui.
·
AENGUS: Que cuando me abandonaste desangrándome
querrás decir .
Sintió que cambiaba de lado y
él trató de seguirle .
·
BRIAN: Podría haber sido peor. De haber seguido
mis instintos no “ te hubiera acariciado” el cuello con el puñal. Dos milímetros más de profundidad y
la muerte hubiera resultado instantánea.
·
AENGUS: Ya veo. Tus instintos te reclamaban
degollarme sin piedad pero tu morboso gusto por salir victorioso te pudo y
preferiste una muerte lenta y en teoría humillante.
Deseando verle la cara por
fin, Brian se apoyó en u lateral de la tapa del piano , sin distanciarse demasiado para continuar
teniéndolo controlado.
·
BRIAN: Lo que me pregunto es cómo conseguiste
pedir ayuda . De qué forma llamaste la atención para que alguien viniese a tu
rescate .
Mostrándose impertérrito ,
impasible y desquiciantemente tranquilo para gusto de su “mellizo” , Aengus
continuó con su mirada al frente sin perder la perspectiva lateral , negándole el privilegio a su
hermano de ser el centro de atención , tal y como éste pretendía.
·
AENGUS: Hui y alguien dio conmigo, fuera de
estas tierras .
Una risa estridente comenzó a
resonar en la sala .Una risa nerviosa que lo acaparaba todo y en el que se
denotaba como la rabia contenida crecía en él.
·
BRIAN: ¿Quieres hacerme creer que en el estado
que te dejé lograste salir de la casa ,
atravesar el páramo y llegar hasta el bosque con vida y que una vez allí
encontraste un alma caritativa que decidió salvarte?
·
AENGUS: No lo pretendo, lo es. Creértelo no está
dentro de mis posibilidades o intenciones .
Tras continuar observando la
pasividad de su hermano , decidió provocarle de tal forma que no pudiese evitar
demostrar lo que quedaba del viejo Aengus en él.
·
BRIAN: Y dime hermano, ¿durante ese tiempo de
fatalidad en el que luchabas por tu vida , qué rostro es el que se te reflejaba
, aquella a la que sumido en tu locura ritual decidiste sesgar la vida ?
Con los latidos comenzando a
acelerarse , la madera del piano resultó ser su mejor apoyo presionándola con
la mano sin que su hermano se diera cuenta .
·
BRIAN: O quizás , mientras la veías irse por tu
culpa , ¿era la imagen de mí mientras la poseía una y otra vez bajo tu mismo
aspecto ?
Un puño que se cerraba y
apretaba con fuerza en la base de la mano , y una mandíbula que se tensionaba .
·
BRIAN: ¿O tal vez la de su cuerpo mortecino
entre mis brazos , y nuestra imagen escapándose de tus manos mientras yacías en
el suelo, sin poder hacer nada por evitarlo?
Y su capacidad de resistencia
se consumió tan rápido como una de las velas
del candelabro. Si aviso y sin capacidad de reacción, Brian se vio con
el cuerpo de su hermano encima suyo y una de sus manos en su garganta apretando
con fuerza mientras sus ojos irradiaban toda la rabia posible.
Intentando que lo soltase o
que al menos no pudiese apretar mucho más , tratando de ganar tiempo, con sus
manos , Brian trataba de impedirle la progresión agarrando sus dedos para separarlos de la
piel sin éxito.
Cuando apenas el aire
penetraba en sus pulmones sin dificultad , la expresión de Aengus cambió y como mismo lo hubo sostenido , lo soltó. El inoportuno rostro suplicante de Veleda se
le apareció como una especie de aviso de algo que no lograba identificar ni
entender .
Separándose de él unos pasos
, tomó asiento en el banco mientras con
la cabeza agachada continuaba mirándose las manos , aquellas manos que tanto
odiaba.
Al percatarse justo de cuál
había y seguía siendo el punto débil de su hermano , Brian aprovechó para
jactarse de esa superioridad tan propia de él.
·
BRIAN:
Que visión tan lamentable resultas . Siempre fuiste el más débil, ni si
quiera he llegado a comprender jamás qué fue lo que vio en ti para escogerte . Una simple mujer consigue que traiciones a tu
familia, a aquellos que tanto te dieron .
Sin alzar aún su cabeza , sus
manos cerró en puño, y con rabia se dirigió hacia él.
·
AENGUS: ¿Qué tanto me dieron? – Poniéndose de
pie - ¿Y lo qué me arrebataron? Mi familia , mis creencias , mi círculo
vital, ¡ mi vida!
Aquel grito sobresaltó a quién
le escuchaba.
·
AENGUS: Me sometieron a la peor de las esclavitudes
, al peor de los castigos , recordarte
por el resto de mis días cada vez que tengo que ver mi cara. Hablas de lo que me dieron como si hubiese
sido un regalo, cuando no ha supuesto más que mi muerte en vida viendo pasar
los años si n tan siquiera poder envejecer o formar una familia, sin poder
salir de estas malditas paredes que ni me pertenecen , sin poder ser una
persona ni amar.
·
BRIAN: Todos tuvimos que hacer sacrificios
entonces y aún debemos seguir haciéndolos.
Con la rabia reflejada en sus ojos y la mandíbula marcando de forma absoluta
toda la base de su cara , con sus puños cerrados , la humedad en aquellos que
con odio acérrimo observaban a quién le provocaba iba haciendo acto de presencia de forma
involuntaria .
·
BRIAN: Claro que … supongo que nos todos nos tocó por igual. Tú tuviste que quedarte aquí, y yo, disfrutar
de una vida como empresario de éxito alejado del mundanal ruido de los chismes
, rumorología varia e investigaciones policiales .
Recompuesto en parte por la
provocación que le merecía su ironía, aunque la humedad continuaba y la
impotencia se mantenía, la rabia pasó a mostrarse como una tensa paz de
presunta victoria.
·
AENGUS: Es verdad, el reparto no resultó
equitativo, a ti te concedió una vida mortal mientras otros , en nuestra huida
recabamos todo lo necesario para sobrevivir llegado el momento , aunque supongo
que ya habrás tenido buena cuenta de los augurios.
Extraña expresión la de Brian
que parecía no saber de lo que le hablaba ,pero antes de que Aengus pudiese
aprovecharse de ello, intentó disimular.
·
BRIAN: Por
supuesto y puedo asegurarte que estoy más que listo para lo que ha de venir,
espero que tú también lo estés y des de ti lo que no fuiste capaz de ofrecer en
el pasado.
·
AENGUS: Creo que la visión sobre mí distará
profundamente de aquello a lo que estabais acostumbrados .
·
BRIAN : Eso espero. – Pasando al lado suyo con
intención de abandonar la sala , antes de llegar a la puerta se detuvo
momentáneamente- Por cierto - ladeó ligeramente la cabeza hacia aquel que
había de ejercer como hermano - la he
visto .
La sensación de relax que en
principio había comenzado a embargar a Aengus , desaparecía , centrándose en la
nada de la oscuridad de aquella estancia .
·
BRIAN: Estaba exactamente igual a como la recordaba
, pero lo que más me llamó la atención .es que no pareciera acordarse de ti.
Pasos que desaparecían tras el
golpe de la puerta cerrarse mientras se
buscaba el apoyo de aquel instrumento tan suyo, en el que parecían resonar las
notas de una melodía descarnada y fatal , casi irreconocible , en una cabeza
incapaz de pensar en ese momento.
Sentado frente a las teclas ,
las observó por un segundo y suavemente colocó sus dedos sobre ellas con tanta
suavidad que casi pareciera querer acariciarlas .
Los primeros acordes del tan reconocidamente
suyo Claro de Luna de Beethoven comenzaron a envolver aquella soledad , aquel
espacio tan íntimo .
Una melodía sentida que lo reconfortaba una y otra vez, y a la
que no había vuelto a enfrentarse desde hacía demasiado tiempo en un piano ,
único elemento de la casa , que no parecía haber envejecido.
Un melodía que atrajo,
conforme avanzaba y sin que él se diera cuenta , un perfume suave a frescor y livianez.
Concentrado como estaba ,
escuchando sólo aquellas notas una y otra vez , no percibió que en realidad no
se encontraba tan solo como pensaba . Una
presencia se acercó a él lentamente hasta llegar al otro extremo y
apoyar sus manos observándole cuidadosamente y disfrutando , como lo hacía
antaño, de aquella pieza .
Una vez hubo terminado de
sonar la última nota y la última tecla aún gozaba del roce de su dedo , se
detuvo y sin atreverse a levantar la cabeza , sabiéndose acompañado, se dirigió
a ella.
·
AENGUS: Lo único que siento en este momento es
que no seas real.
·
VELEDA: Soy
todo lo real que tú quieras que sea.
·
AENGUS: Tan
real como en los recuerdos que me han mantenido vivo hasta ahora . Recuerdos de
una realidad a flor de piel que ahora parece haberse desvanecido.
·
VELEDA: Nunca desaparecieron y jamás flaquearon
. A ti te mantuvieron con vida y a mí no me permitían perder la mía .
Acercándose a él mientras
rozaba la madera lacada del viejo piano , al llegar a él , se sentó sobre sus
rodillas y cogió con suavidad sus manos. Era una presencia , hermosa y casi real cuyo tacto podía apreciarse igual
que una caricia a un niño pequeño, con una ternura infinitamente reconfortante
.
·
VELEDA: Cuando vuelvas a mirarlas con odio , con
resentimiento, recuerda que fueron estas manos las que curaron mis heridas
cuando fui atacada , que fueron ellas las que me culminaron de caricias
invisibles recubiertas de un amor inmenso y una enorme imposibilidad .
Cuando desees que estas manos ya no te
pertenezcan como única forma de liberarte de una culpa que no te corresponde ,
recuerda que son las mismas que hicieron mi cuerpo tuyo por siempre uniéndonos
sólo como las leyes divinas mandatan porque tú fuiste mi escogido. Cuando los malos sueños regresen y a ellas veas con mi sangre , recuerda mi
rostro ese día, un rostro agradecido porque por fín me liberabas de esta
condena que ha supuesto mi vida.
Apretándolas contra su pecho,
fue al sentir su corazón en ellas lo que le provocó a mirarla creyendo que sí
era real .
·
VELEDA: Sí, puedes sentirlo porque así debe ser y quiero que sea.
Cogiendo su cara con ambas
manos , tratando de secar el rastro dejado por las lágrimas que
inevitablemente habían vuelto, se incorporó ligeramente para acercarle su
rostro y mirarle mucho más de cerca a los ojos , mientras él , incrédulo, trataba
de evitarla.
·
VELEDA: Esto no ha hecho nada más que comenzar .
Él sabe perfectamente cómo hacerte daño. Cuando eso suceda, cuando la rabia
pueda contigo y desees olvidarte de todo y caer en su provocación, recuerda mi
vida , que sólo el sacrificio de a quién
estés unido por siempre , será lo que nos termine liberando pero no logrará que
nos separemos jamás.
Con las manos de él sobre las suyas , la correspondió con la mirada uniendo su
frente con la de ella , mientras aquellos primeros acordes de la misma melodía
parecían volver a escucharse lejos, dejando
él de sentir , poco a poco, aquel roce de consuelo.
Ana Patricia Cruz López
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