sábado, 29 de octubre de 2016

LA MUJER DEL RETRATO . LA COLECCIÓN HEGEL ( Registrado en SAFE CREATIVE OCTUBRE 2016)

LA MUJER DEL RETRATO
LA COLECCIÓN HEGEL

Imposible definir con palabras  aquella sensación que la envolvía  por completo al tener , por primera vez, aquella serie de cuadros delante suya.

Inmóvil ante ellos, en el mismo punto inicial en el que se encontraba, apenas le daban los ojos para intentar captar cada detalle , lo que se convirtió en una tarea prácticamente imposible.

Embargada por una más que desbordada emoción,  Eugénie comenzó a corroborar que parte de la información que le habían suministrado era cierta. Esther sentía una inexplicable adoración por esta colección, y su paralización frente a ella , la mejor prueba .

Al observar que debido a la impresión la invitada no pensaba moverse, la anfitriona temporal se acercó a ella  ofreciéndole apreciarla más de cerca , lo que , incrédulamente  al principio, fue muy bien recibido por la que escuchaba tal oferta.

Tras una primera observación, hubieron algunos pequeños detalles sobresalientes que procuró memorizar para después ser anotados , tratando de encontrar algún sentido a las dudas que se le planteaban.


Once mujeres perfectamente delineadas , desnudas y sentadas sobre sus nalgas , casi más en un lado que sobre otro, dando la espalda al pintor  y a los ojos curiosos.  Once mujeres físicamente idénticas , al menos en una primera visualización, con el pelo  largo y oscuro suelto sobre uno de los hombros  ,  con sus brazos apoyados en la pierna que más libre poseían sin que se les viera las manos.
Inmóvil ante ellos, en el mismo punto inicial en el que se encontraba, apenas le daban los ojos para intentar captar cada detalle , lo que se convirtió en una tarea prácticamente imposible.

Tonos oscuros con una gama de grises y tonos tierra tan amplia como imposible de imaginar , y en donde los trazos parecían casi demasiado uniformes , deduciéndose pocas correcciones , lo que no era habitual.

Un fondo neutro y mucho más oscuro que el objeto central de atracción, la modelo empleada para esas ocasiones , cuya simbología debía ser la luz y lo que la serena belleza podía transmitir  y sin embargo , una profunda tristeza parecía embargarla de forma involuntaria o tal vez lo quisiesen así los diferentes pintores.

Según las fuentes consultadas por Esther mientras duraron las investigaciones para la elaboración de su tesis,  aunque la fecha exacta de la finalización de la primera obra resultaba un misterio, lo que sí se conocía a ciencia cierta es que todos y cada uno de los retratos provenían de la mente y brillantez de un pintor distinto, sin embargo , lo que nadie logró explicarse jamás , es por qué los cuadros parecían idénticos , y mucho menos , por qué una colección acabaría estando formada por  una serie de obras  con esas características .

Tratando de recordar los datos recabados en su tesis , recontó los  cuadros en varias ocasiones y algo no parecía encajar. Buscó las firmas de los autores en las esquinas de todos y cada uno  sin éxito , así como unos números de referencia  qué señalasen el orden , porque varios estudiosos hablaban de una forma muy precisa  de organizarlos en su colocación , la misma que presuntamente utilizaría Hitler para colgarlos en las paredes de su dormitorio y que suponían uno de sus mayores misterios.



Una llamada en el despacho de Eugénie provocó que alguien bajase a buscarla. No pudiendo quedarse la cámara abierta , la visita hubo de finalizar en ese instante, debiendo Esther  acompañar a la directora de la colección hasta su despacho una vez la hubieron cerrado  siguiendo el mismo procedimiento llevado a cabo para su apertura.

Una llamada muy breve en la que Eugénie apenas habló salvo para afirmar  y durante la cual  apenas gesticuló con su cabeza . Con la misma seriedad que parecía caracterizarla , invitó a Esther a sentarse de nuevo tras ser cerrada la puerta por una de sus ayudantes , a lo que ella le siguió tras colgar el teléfono.

Intrigada por lo que debía decirle, Esther trató de mostrarse relajada.

Un cajón de la mesa que se abría delante suya y un sobre de papel con protección interna de burbujas que le era colocado  delante suya. Un ofrecimiento silencioso a que se hiciese con él , y una espera a palabras previas que le diesen algún tipo de explicación a lo que se supone se esperaba que viera.

·        EUGÉNIE: Era el señor Lenz Kauffman, el Gerente y Director , deseaba saber si había encontrado todo a su  gusto y encomendarme que la pusiera , no sólo al día en cuanto a sus labores se refiere , sino también en cuanto a nuestras instalaciones  , por lo menos aquellas que fueron renovadas y ampliadas después que usted se marchase de París.

Acercándose el sobre a sus piernas , al darle la vuelta dispuesta a abrirlo , vio que estaba sellado con lacre. Un escudo extraño , no conocido, coronado por un lema que lo bordeaba y que costaba ver y parecía escrito en latín : “Magnitudo de manu electi” (La grandeza viene de la mano de los escogidos).

No queriendo  destrozar el sello, decidió abrirlo por una de sus esquinas y tras introducir una de sus manos , amplió su abertura ayudada por sus dedos  y miró su contenido . Dada la opacidad de su envoltorio, optó por inclinarlo encima de la mesa un poco y dejar caer lo que contenía.  
Una acreditación en forma de tarjeta de crédito  con una foto suya , un pen drive de alta capacidad , y un llave idéntica a la que había tenido en su mano hacía breves instantes.

·        EUGÉNIE : La acreditación le dará el acceso  a las partes más restringidas del museo  simplemente pasándola a través de los escáneres , por los cuales , además, deberá estar lo más quieta posible. Nuestras instalaciones están provistas de cámaras de seguridad imperceptibles conectadas a un sistema de reconocimiento facial sin el cual no es posible dar un solo paso , al menos en lo que llamamos la zona prohibida, y eso incluye la cámara sellada herméticamente  dónde la colección se guarda . En el pen drive encontrará toda la información precisa que nosotros manejamos  en su momento para conseguir traerla . Se incluyen los dosieres , la prensa  habida en ese momento  e incluso la sentencia , la cual por cierto encomendaba su entrega con unas estrictas condiciones puestas por quién entonces fue el adquirente del que se derivó , y la llave , por supuesto, aunque resulte inútil sin  la pareja . Sólo dos personas la portamos , el señor Kauffman y yo misma, así que me temo que deberá contar con la presencia de alguno de los dos para poder acceder a la misma, lo cual espero no le ocasione ningún inconveniente.
·        ESTHER: No, por supuesto, salvo …
·        EUGÉNIE : ¿Sí?
·        ESTHER: Verá, no quisiera crear molestias innecesariamente… - antes de que pudiera proseguir ,  su anfitriona la interrumpió amablemente -.
·        EUGÉNIE:  Tenemos empleados de seguridad las veinticuatro horas del día , aunque si decide quedarse mucho más del horario habitual conviene les avise para evitar posibles confusiones , ya me entiende. De todas formas , si su preocupación estriba más en la accesibilidad hacia la colección no debe inquietarse , tanto el Sr. Kauffman como yo misma solemos llegar muy temprano a las instalaciones.

Viéndola aún algo inquieta por algo que no parecía mostrarse con claridad , trató de invitarla a manifestarse.

·        EUGÉNIE:  Si tiene alguna cuestión o duda que desee plantear  me encantaría poder servirle de ayuda.
·        ESTHER: No, por el momento está bien. Estudiaré la información y veré por dónde puedo comenzar. Evaluar y catalogar es lo que llevo haciendo toda la vida.
·        EUGÉNIE :  En principio esa será su misión, aunque estoy segura del que el Sr. Kauffman será mucho más preciso en cuanto a nuestras exigencias se refiere. Ahora , si desea acompañarme, me gustaría poder enseñarle el resto de las instalaciones y medios con los que podrá contar .

Sin mostrar reticencia alguna , sin más preguntas que realizar , al menos por el momento , pero con un millar de dudas que casi la atoraban más por el impacto que representaba el encargo que por  un trabajo que estaba acostumbrada a desempeñar, comenzó el paseo por las renovadas  y ampliadas instalaciones de La Pinacothéque.

Ciertamente  habían pasado muchos años desde la última vez que la pisara y conforme andaba por aquellas zonas que le eran totalmente desconocidas, Eugénie le narraba con todo lujo de detalles los continuos procesos de adquisición de los edificios que lo rodeaban así como su adaptación y transformación en aquello que era hoy y ellas visitaban.

Estancias  enormes y muy luminosas  especialmente habilitadas como talleres de trabajo donde realizar los análisis a las  obras y menos despachos de los que cabría esperar . Un lugar ideal para la investigación y el estudio en donde los estudiantes gozarían de una oportunidad privilegiada de contacto directo con las obras , lo que no resultaba demasiado fácil, gracias a la ampliación de los acuerdos con las Universidades y Escuelas Superiores de Bellas Artes.

Salas oscuras con las más modernas cámaras de infrarrojos  y  laboratorios dónde poder analizar microscópicamente los materiales empleados .
Unas instalaciones tan modernas como envidiables fruto de las colaboraciones  de solícitos e improvisados mecenas  en una época en dónde éstos  precisamente no abundaban.

Efectivamente  la Pinacothéque había sufrido muchos cambios , tantos, que la hacían casi irreconocible salvo en su entraba y en su  sala principal  , llegando a convertirse en un referente fundamental para exposiciones temporales.

Tras un recorrido largo e intenso  en el que Esther fue construyendo su mapa visual aprovechando su portentosa memoria fotográfica, aquel laberinto finalizó en el que se convertiría en su despacho , en la última planta del edificio . Un habitáculo situado en una de las esquinas del mismo y cuyas dos ventanas principales  le otorgaban unas magníficas vistas de ciento ochenta grados sobre la ciudad.

Aunque ciertamente insistiera en que ello no era necesario puesto que pasaría mucho más tiempo en los laboratorios y en la cámara , lo cierto es que era la misma dirección quién se lo proporcionaba para que pudiera gozar de intimidad , tranquilidad y silencio.

Un pasillo habilitado para cuestiones meramente dispositivas y de administración en el que se asentaban dos únicos despachos entendidos como tales, aquel en el que se encontraban  y el del Director- Gerente al final del mismo . Entremedio, una enorme sala de reuniones con decoración minimalista , una gran mesa de madera oscura y doce sillas de piel como único punto discordante en un micromundo de blanco impoluto y sobriedad infinita, más propio de un paisaje futurista  que de una zona de trabajo , sin obras de arte que cubrieran sus paredes , ni una sola muesca de color que pudiese servir de referente  o enlace con un mundo fuera de las tediosas reuniones que ella siempre había odiado.

La vuelta a la realidad se impuso  y Eugénie tenía  que volver a su trabajo en la planta principal.

·        EUGÉNIE :   Bueno, esto ha sido todo por el momento . Soy consciente de que es mucha información en muy poco tiempo, pero ya se irá acostumbrando. – Fueron acercándose de vuelta a su despacho – Me he permitido dejarle junto al teléfono una libreta con las extensiones de todos los departamentos y los nombres de las personas responsables, ellos ya conocen de su incorporación así que si necesita algo estarán encantados de ayudarla.
·        ESTHER:  Procuraré no molestar demasiado.
·        EUGÉNIE:  Sin querer parecer condescendiente  Sra. Neuman , se espera que lo haga . Este museo considera que su trabajo es en estos instantes su mayor prioridad  y con esa filosofía justo lo que no podemos permitirnos es molestarnos por cómo desea realizarlo considerándolo una carga o molestia .
·        ESTHER: Muchas gracias .
·        EUGÉNIE: De verdad, considere que estamos para ayudarla . Por cierto , el Sr. Kauffman ha decidido adelantar su vuelta , está realmente ansioso por conocerla y poder hablar con usted.
·        ESTHER: Ciertamente no puedo negar que siento verdadera curiosidad por el hombre que tanto insistió a mi jefe para ser contratada.
·        EUGÉNIE:  Y no puedo reprocharle nada al respecto , sin embargo  -  su gesto se tornó serio -  si me veo en la obligación de advertirla o al menos de ponerle sobre aviso. El señor Kauffman es un hombre serio y reservado por mucha afabilidad que parezca demostrar , más propia de su exquisita educación, lo que choca  notablemente  en aquellos momentos donde más rudo y exigente parece mostrarse.
·        ESTHER: Le agradezco el aviso, pero sinceramente , no creo que tenga que preocuparse . A lo largo de mi carrera he tenido que tratar con muchísima gente diferente , así que no creo que haya ningún problema, tengo una gran capacidad de adaptación.
·        EUGÉNIE:  No me cabe ninguna duda de ello, pero no soy yo la que está preocupada. Simplemente estimé que era mi obligación advertirla ante una posible situación de confusión que pudiera planteársele respecto a la imagen mostrada por él.
·        ESTHER: Puede quedar tranquila .
·        EUGÉNIE: Bien, entonces la dejo para que vaya habituándose al nuevo espacio de trabajo. Ahora he de salir , pero si necesita algo  el resto del personal estará encantado de poder ayudarla.
·        ESTHER: Gracias.
·        EUGÉNIE: Bienvenida de nuevo a la Pinacothéque.

Tratar de habituarse al nuevo espacio de trabajo , pero ¿cómo hacerlo cuando en realidad lo qué desearía se encuentra algunos pisos más abajo?.

Con el sobre que le fue  entregado aún en la mano y observando a través de las ventanas en la puerta de su despacho, en su mente sobrevolaba la imagen continua del barrido visual de cada uno de los cuadros de la colección.

Acostumbrada a no detenerse , a que su cabeza  arrancase como un motor sin capacidad para reducir su ritmo una vez hecha la conexión con la que debía ser su objetivo, se sentó frente al ordenador de su mesa  e introdujo el pen drive que le fue proporcionado por la dirección.
En él, muchos de los datos aportados ya le eran conocidos , otros tan sólo ligeramente familiares, pero tras quince minutos de detallada lectura , el primer hecho mínimamente trascendente hacía aparición y se relacionaba con la primera vez que fue visto al menos uno de los cuadros .
AUSCHWITZ I ENTRADA. Créditos a quién corresponda



La fecha remitía  al mes de febrero de 1941, y los sellos de destino indicaban el  campo central del complejo de Auschwitz, en Polonia , concretamente su sede primigenia que serviría como campo de trabajo y centro administrativo del resto de los 41 campos que lo componían.

Los informes  , sin embargo, distaban de ser claros . Página tras página , las palabras parecían difuminarse o perderse entre una especie de relación de hechos completamente inconexos , dando la impresión de haberlos realizado diferentes personas y aquel o aquella que se encargase de mecanizarlos, costumbre habitual en la Alemania de aquella época, no hubiese tenido demasiado en cuenta un orden natural.
La introducción casi aglomerada e  interminable de notas marginales a símil de cualquier registro público con referencias numeradas, facilitaba menos si cabe la concatenación de hechos que le sirvieran.

Sin nominación exacta ni fecha , sólo su descripción , escueta , otorgaba la seguridad , a priori, de que se trataba de la misma obra.
Dos detalles nada más hicieron falta , los dos que parecieron llegarle a quién hubo de visionarlo para inscribirlo: mujer aparentemente joven sentada de espaldas y aparentemente melancólica. La anotación no decía nada más al respecto, y sin embargo , fue lo único que hizo falta para enlazar su sentir con el del escribiente setenta y cinco años después.
 
AUSCHWITZ I  Créditos a quién corresponda


Traído a la que sería la residencia , durante sus estancias en el campo, de uno de los hombres mano derecha de Hitler, Himmler , padre de la idea y dirigente del mismo desde el inicio de las obras en Mayo de 1940 hasta nombrar a su primer comandante en él, Rudolf Höss,  en una de las cuarenta cajas de pertenencias personales, parece perdérsele la pista poco antes de la incursión rusa de liberación de los campos en Polonia o durante la misma en 1945.Tratando de seguir las pocas pistas habidas he intentando dibujar la línea de conexión, los aparentes puntos de conexión terminan perdiéndose , hasta que aparece una referencia simple que aparentemente no parece no tener conexión alguna : Múnich 1965.

Colocados esos datos como en mitad de la nada , fue este hecho lo que le llamó poderosamente la atención a Esther .

No era la primera vez que se encontraba con este curioso sistema de ocultación. Su efectividad siempre dependía de la cantidad de información  que se poseyera sobre aquello que se buscaba y la habilidad para desentrañar esta especie de códigos interpuestos con apariencia de normalidad que solían entremezclarse con datos corrientes , desde listados telefónicos , inventarios de compras o contabilidades empresariales. De hecho, muchos de los coleccionistas privados de arte conocidos por ello más que por los negocios que les llenaban sus  bolsillos   , solían emplear estos términos habituales enredados entre otros muchos que diferían notablemente sólo para evadir impuestos y problemas legales sobre su forma de adquisición.

Habiendo realizado la consecuente anotación de prosecución, continuó leyendo pero los distintos tipos de letras , el desorden  y la maraña de datos compilados sin sentido así como las contradicciones que parecía mostrarse , hicieron que comenzase a encontrarse molesta e incómoda .

Tras  acercarse a una de las ventanas y observar las vistas , decidió abrirla un poco . Necesitaba respirar algo de aire , por muy frío que éste estuviera , pero lejos de acometer una mínima apertura, algo la llevó a abrirla por completo . 

Aquel frío gélido arremetió contra ella como un golpe seco , brusco , aturdidor , pero tras esa primera impresión, cerró sus ojos y respiró muy hondo, hasta donde sus pulmones le permitieron. Al volver a abrirlos , la imagen de la ciudad y de los edificios que la rodeaban parecía haber cambiado , aunque no fuese así.  Necesitó transportarse fuera de aquella habitación .

La gris y fría mañana le trajo recuerdos de una pequeña habitación donde unas manos ancianas le entregaban una pequeña caja de madera. Con un lejano ruido de motores de fondo y de mucho gentío , en su interior sentía una felicidad inmensa observando aquello que parecía ser un regalo y que la provocaba aceptarlo con una inmensa sonrisa , elevando su rostro hacia quién se la entregaba.

No pudo continuar viendo . Una vez más, no pudo ver el rostro de quién le entregaba aquella cajita una y otra vez.

Cerró la ventana y al darse la vuelta , alguien apostado en la puerta la sobresaltó.

·        CHRISTOPHER: Algo temerario considerando las temperaturas ¿no?

Tratando de recomponerse , aquel hombre alto , de pelo castaño y profunda mirada , vestido de traje gris y con la chaqueta portada en un brazo , parecía haberla estado observando desde hacía rato.

·        ESTHER:  Más temerario resulta no avisar de su presencia.
·        CHISTOPHER: Cierto – pareció convenir mientras recolocaba la chaqueta en su brazo -  pero tampoco esperaba encontrar a nadie, sin abrigo,  tomando el fresco en pleno Diciembre y menos desde un cuarto piso . Lamento haberla importunado.

El hombre alargó uno de sus brazos pareciendo que cogiera algo que tenía casi a esa altura.

·        CHRISTOPHER : Siento haberla importunado, Sra. Neuman.


Y arrastrando una maleta desapareció de la puerta en dirección al fondo del pasillo.

Asociando la información que Eugénie le había proporcionado instantes antes , cuando logró reaccionar salió fuera. Al girar su cuerpo hacia el despacho que se suponía del Gerente ,vio que la puerta se encontraba abierta y decidió acercarse .

Al llegar , la observadora en este instante fue ella , la cual vio a aquel hombre frente a su mesa revisando una documentación que tenía entre las manos. Tocando con los nudillos levemente , esperó una respuesta, la cual no tardó en llegar cuando él , aun con los sobres en las manos, alzó su vista hacia aquello que requería su atención.

·        CHRISTOPHER:  Quisiera pensar que esto no sea una muestra de lo que entiende como evidenciar una presencia.
·        ESTHER: Podría, pero no.

Al observar que ella no se movía de la puerta , la invitó a adentrarse  con el gesto de una de sus manos  y prosiguió con la lectura .

·        ESTHER: Eugénie me dijo que había decidido adelantar su vuelta Sr. Kauffman.
·        CHRISTOPHER : ¿Fue ella también quién le dijo el protocolo con mi nombre ?

Dejando caer los papeles de sus manos, rodeó la mesa y se apoyó en el filo de la misma en frente suya, la cual, lejos de tomar asiento , continuaba de píe .

·        CHRISTOPHER : Ya que vamos a trabajar estrechamente y su despacho se encuentra a pocos metros de éste, creo que podríamos ahorrarnos lo de nominarme por mi apellido  e incluso el formalismo del señor . ¿Cree que necesito preavisarla de que me dispongo a presentarme formalmente o con mi mano extendida le basta?

Un mano delgada , fina y de piel blanquecina que remarcaba la inmensa mayoría de las venas que la circundaban , le era ofrecida de forma cortés llamando poderosamente su atención.

·        CHRISTOPHER : Es un placer conocerla por fín Sra. Neuman.

Extrañamente atenta a su piel, a su gesto, sin saber por qué, tardó en responderle adecuadamente a su ofrecimiento para extrañeza también de él, pero habiendo escuchado “ Newman “ en anglosajón, no pudo evitar corregirle.

·        ESTHER: Es Neuman, como suena, no Newman.
·        CHRISTOPHER : Lo siento , es cierto  lo había olvidado, no es anglosajón  es de origen judeo-  alemán  ¿o he vuelto a equivocarme?

Su voz, completamente impostada en cada oscilación , demostrando un dominio absoluto de la interpretación más medida y el descubrimiento de reacciones por parte de quién tenía en frente. Su pelo perfectamente  colocado y hasta la más estudiada posición de sus labios o de sus manos con los dedos entrecruzados. Todo formaba parte de una obra perfecta incapaz de ser reproducida por ningún otro artista.

“ Judeo –alemán” . Hacía mucho tiempo que no escuchaba esa expresión dicha de aquella forma casi acusatoria aunque serena , y mientras sentía que un escalofrío recorría su espalda por completo , aquel hombre continuaba observándola como quién estudia al otro para saber dónde poder asestar el siguiente golpe.

Una voz difícil de olvidar con una dicción alemana muy lejos de estar actualizada  y a la que el francés parecía haber hecho mella notable, pero cuyas formas distaban mucho de la frialdad que sostenía la fama de los germanos.

Manos delgadas , con dedos largos y casi temerarios de piel fina y blanca como prolongación de la expresividad demostrada con su cuerpo  y de la que la voz resultaba el instrumento más peligroso de todos, hasta que ascendió con su mirada desde sus dedos acusatorios  hasta sus ojos  escalofriándose aún más si cabe.



Ana Patricia Cruz López
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