LA MUJER DEL RETRATO
LA COLECCIÓN HEGEL
Imposible definir con
palabras aquella sensación que la
envolvía por completo al tener , por
primera vez, aquella serie de cuadros delante suya.
Inmóvil ante ellos, en el
mismo punto inicial en el que se encontraba, apenas le daban los ojos para
intentar captar cada detalle , lo que se convirtió en una tarea prácticamente
imposible.
Embargada por una más que
desbordada emoción, Eugénie comenzó a
corroborar que parte de la información que le habían suministrado era cierta.
Esther sentía una inexplicable adoración por esta colección, y su paralización
frente a ella , la mejor prueba .
Al observar que debido a la
impresión la invitada no pensaba moverse, la anfitriona temporal se acercó a
ella ofreciéndole apreciarla más de
cerca , lo que , incrédulamente al
principio, fue muy bien recibido por la que escuchaba tal oferta.
Tras una primera observación,
hubieron algunos pequeños detalles sobresalientes que procuró memorizar para
después ser anotados , tratando de encontrar algún sentido a las dudas que se
le planteaban.
Once mujeres perfectamente
delineadas , desnudas y sentadas sobre sus nalgas , casi más en un lado que
sobre otro, dando la espalda al pintor y
a los ojos curiosos. Once mujeres
físicamente idénticas , al menos en una primera visualización, con el pelo largo y oscuro suelto sobre uno de los
hombros , con sus brazos apoyados en la pierna que más
libre poseían sin que se les viera las manos.
Inmóvil ante ellos, en el
mismo punto inicial en el que se encontraba, apenas le daban los ojos para
intentar captar cada detalle , lo que se convirtió en una tarea prácticamente
imposible.
Tonos oscuros con una gama de
grises y tonos tierra tan amplia como imposible de imaginar , y en donde los
trazos parecían casi demasiado uniformes , deduciéndose pocas correcciones , lo
que no era habitual.
Un fondo neutro y mucho más
oscuro que el objeto central de atracción, la modelo empleada para esas
ocasiones , cuya simbología debía ser la luz y lo que la serena belleza podía
transmitir y sin embargo , una profunda
tristeza parecía embargarla de forma involuntaria o tal vez lo quisiesen así
los diferentes pintores.
Según las fuentes consultadas
por Esther mientras duraron las investigaciones para la elaboración de su
tesis, aunque la fecha exacta de la
finalización de la primera obra resultaba un misterio, lo que sí se conocía a
ciencia cierta es que todos y cada uno de los retratos provenían de la mente y
brillantez de un pintor distinto, sin embargo , lo que nadie logró explicarse
jamás , es por qué los cuadros parecían idénticos , y mucho menos , por qué una
colección acabaría estando formada por
una serie de obras con esas
características .
Tratando de recordar los datos
recabados en su tesis , recontó los
cuadros en varias ocasiones y algo no parecía encajar. Buscó las firmas
de los autores en las esquinas de todos y cada uno sin éxito , así como unos números de
referencia qué señalasen el orden ,
porque varios estudiosos hablaban de una forma muy precisa de organizarlos en su colocación , la misma
que presuntamente utilizaría Hitler para colgarlos en las paredes de su
dormitorio y que suponían uno de sus mayores misterios.
Una llamada en el despacho de
Eugénie provocó que alguien bajase a buscarla. No pudiendo quedarse la cámara
abierta , la visita hubo de finalizar en ese instante, debiendo Esther acompañar a la directora de la colección hasta
su despacho una vez la hubieron cerrado siguiendo el mismo procedimiento llevado a
cabo para su apertura.
Una llamada muy breve en la que
Eugénie apenas habló salvo para afirmar
y durante la cual apenas
gesticuló con su cabeza . Con la misma seriedad que parecía caracterizarla ,
invitó a Esther a sentarse de nuevo tras ser cerrada la puerta por una de sus
ayudantes , a lo que ella le siguió tras colgar el teléfono.
Intrigada por lo que debía
decirle, Esther trató de mostrarse relajada.
Un cajón de la mesa que se
abría delante suya y un sobre de papel con protección interna de burbujas que
le era colocado delante suya. Un
ofrecimiento silencioso a que se hiciese con él , y una espera a palabras
previas que le diesen algún tipo de explicación a lo que se supone se esperaba
que viera.
·
EUGÉNIE: Era el señor Lenz Kauffman, el Gerente
y Director , deseaba saber si había encontrado todo a su gusto y encomendarme que la pusiera , no sólo
al día en cuanto a sus labores se refiere , sino también en cuanto a nuestras
instalaciones , por lo menos aquellas
que fueron renovadas y ampliadas después que usted se marchase de París.
Acercándose el sobre a sus
piernas , al darle la vuelta dispuesta a abrirlo , vio que estaba sellado con
lacre. Un escudo extraño , no conocido, coronado por un lema que lo bordeaba y
que costaba ver y parecía escrito en latín : “Magnitudo de manu electi” (La
grandeza viene de la mano de los escogidos).
No queriendo destrozar el sello, decidió abrirlo por una
de sus esquinas y tras introducir una de sus manos , amplió su abertura ayudada
por sus dedos y miró su contenido . Dada
la opacidad de su envoltorio, optó por inclinarlo encima de la mesa un poco y
dejar caer lo que contenía.
Una acreditación en forma de
tarjeta de crédito con una foto suya ,
un pen drive de alta capacidad , y un llave idéntica a la que había tenido en
su mano hacía breves instantes.
·
EUGÉNIE : La acreditación le dará el acceso a las partes más restringidas del museo simplemente pasándola a través de los
escáneres , por los cuales , además, deberá estar lo más quieta posible.
Nuestras instalaciones están provistas de cámaras de seguridad imperceptibles
conectadas a un sistema de reconocimiento facial sin el cual no es posible dar
un solo paso , al menos en lo que llamamos la zona prohibida, y eso incluye la
cámara sellada herméticamente dónde la
colección se guarda . En el pen drive encontrará toda la información precisa
que nosotros manejamos en su momento
para conseguir traerla . Se incluyen los dosieres , la prensa habida en ese momento e incluso la sentencia , la cual por cierto
encomendaba su entrega con unas estrictas condiciones puestas por quién
entonces fue el adquirente del que se derivó , y la llave , por supuesto,
aunque resulte inútil sin la pareja .
Sólo dos personas la portamos , el señor Kauffman y yo misma, así que me temo
que deberá contar con la presencia de alguno de los dos para poder acceder a la
misma, lo cual espero no le ocasione ningún inconveniente.
·
ESTHER: No, por supuesto, salvo …
·
EUGÉNIE : ¿Sí?
·
ESTHER: Verá, no quisiera crear molestias
innecesariamente… - antes de que pudiera proseguir , su anfitriona la interrumpió amablemente -.
·
EUGÉNIE:
Tenemos empleados de seguridad las veinticuatro horas del día , aunque
si decide quedarse mucho más del horario habitual conviene les avise para
evitar posibles confusiones , ya me entiende. De todas formas , si su
preocupación estriba más en la accesibilidad hacia la colección no debe
inquietarse , tanto el Sr. Kauffman como yo misma solemos llegar muy temprano a
las instalaciones.
Viéndola aún algo inquieta por
algo que no parecía mostrarse con claridad , trató de invitarla a manifestarse.
·
EUGÉNIE: Si
tiene alguna cuestión o duda que desee plantear me encantaría poder servirle de ayuda.
·
ESTHER: No, por el momento está bien. Estudiaré
la información y veré por dónde puedo comenzar. Evaluar y catalogar es lo que
llevo haciendo toda la vida.
·
EUGÉNIE :
En principio esa será su misión, aunque estoy segura del que el Sr.
Kauffman será mucho más preciso en cuanto a nuestras exigencias se refiere.
Ahora , si desea acompañarme, me gustaría poder enseñarle el resto de las
instalaciones y medios con los que podrá contar .
Sin mostrar reticencia alguna
, sin más preguntas que realizar , al menos por el momento , pero con un millar
de dudas que casi la atoraban más por el impacto que representaba el encargo
que por un trabajo que estaba
acostumbrada a desempeñar, comenzó el paseo por las renovadas y ampliadas instalaciones de La Pinacothéque.
Ciertamente habían pasado muchos años desde la última vez
que la pisara y conforme andaba por aquellas zonas que le eran totalmente
desconocidas, Eugénie le narraba con todo lujo de detalles los continuos
procesos de adquisición de los edificios que lo rodeaban así como su adaptación
y transformación en aquello que era hoy y ellas visitaban.
Estancias enormes y muy luminosas especialmente habilitadas como talleres de
trabajo donde realizar los análisis a las
obras y menos despachos de los que cabría esperar . Un lugar ideal para
la investigación y el estudio en donde los estudiantes gozarían de una oportunidad
privilegiada de contacto directo con las obras , lo que no resultaba demasiado
fácil, gracias a la ampliación de los acuerdos con las Universidades y Escuelas
Superiores de Bellas Artes.
Salas oscuras con las más
modernas cámaras de infrarrojos y laboratorios dónde poder analizar
microscópicamente los materiales empleados .
Unas instalaciones tan
modernas como envidiables fruto de las colaboraciones de solícitos e improvisados mecenas en una época en dónde éstos precisamente no abundaban.
Efectivamente la Pinacothéque había sufrido muchos cambios
, tantos, que la hacían casi irreconocible salvo en su entraba y en su sala principal , llegando a convertirse en un referente
fundamental para exposiciones temporales.
Tras un recorrido largo e intenso
en el que Esther fue construyendo su
mapa visual aprovechando su portentosa memoria fotográfica, aquel laberinto
finalizó en el que se convertiría en su despacho , en la última planta del
edificio . Un habitáculo situado en una de las esquinas del mismo y cuyas dos
ventanas principales le otorgaban unas
magníficas vistas de ciento ochenta grados sobre la ciudad.
Aunque ciertamente insistiera
en que ello no era necesario puesto que pasaría mucho más tiempo en los laboratorios
y en la cámara , lo cierto es que era la misma dirección quién se lo
proporcionaba para que pudiera gozar de intimidad , tranquilidad y silencio.
Un pasillo habilitado para
cuestiones meramente dispositivas y de administración en el que se asentaban
dos únicos despachos entendidos como tales, aquel en el que se encontraban y el del Director- Gerente al final del mismo
. Entremedio, una enorme sala de reuniones con decoración minimalista , una
gran mesa de madera oscura y doce sillas de piel como único punto discordante
en un micromundo de blanco impoluto y sobriedad infinita, más propio de un paisaje
futurista que de una zona de trabajo ,
sin obras de arte que cubrieran sus paredes , ni una sola muesca de color que
pudiese servir de referente o enlace con
un mundo fuera de las tediosas reuniones que ella siempre había odiado.
La vuelta a la realidad se
impuso y Eugénie tenía que volver a su trabajo en la planta
principal.
·
EUGÉNIE : Bueno, esto ha sido todo por el momento . Soy
consciente de que es mucha información en muy poco tiempo, pero ya se irá
acostumbrando. – Fueron acercándose de vuelta a su despacho – Me he permitido
dejarle junto al teléfono una libreta con las extensiones de todos los
departamentos y los nombres de las personas responsables, ellos ya conocen de su
incorporación así que si necesita algo estarán encantados de ayudarla.
·
ESTHER:
Procuraré no molestar demasiado.
·
EUGÉNIE:
Sin querer parecer condescendiente
Sra. Neuman , se espera que lo haga . Este museo considera que su
trabajo es en estos instantes su mayor prioridad y con esa filosofía justo lo que no podemos
permitirnos es molestarnos por cómo desea realizarlo considerándolo una carga o
molestia .
·
ESTHER: Muchas gracias .
·
EUGÉNIE: De verdad, considere que estamos para
ayudarla . Por cierto , el Sr. Kauffman ha decidido adelantar su vuelta , está
realmente ansioso por conocerla y poder hablar con usted.
·
ESTHER: Ciertamente no puedo negar que siento
verdadera curiosidad por el hombre que tanto insistió a mi jefe para ser
contratada.
·
EUGÉNIE:
Y no puedo reprocharle nada al respecto , sin embargo - su
gesto se tornó serio - si me veo en la
obligación de advertirla o al menos de ponerle sobre aviso. El señor Kauffman
es un hombre serio y reservado por mucha afabilidad que parezca demostrar , más
propia de su exquisita educación, lo que choca
notablemente en aquellos momentos
donde más rudo y exigente parece mostrarse.
·
ESTHER: Le agradezco el aviso, pero sinceramente
, no creo que tenga que preocuparse . A lo largo de mi carrera he tenido que
tratar con muchísima gente diferente , así que no creo que haya ningún
problema, tengo una gran capacidad de adaptación.
·
EUGÉNIE:
No me cabe ninguna duda de ello, pero no soy yo la que está preocupada.
Simplemente estimé que era mi obligación advertirla ante una posible situación
de confusión que pudiera planteársele respecto a la imagen mostrada por él.
·
ESTHER: Puede quedar tranquila .
·
EUGÉNIE: Bien, entonces la dejo para que vaya
habituándose al nuevo espacio de trabajo. Ahora he de salir , pero si necesita algo el resto del personal estará encantado de
poder ayudarla.
·
ESTHER: Gracias.
·
EUGÉNIE: Bienvenida de nuevo a la Pinacothéque.
Tratar de habituarse al nuevo
espacio de trabajo , pero ¿cómo hacerlo cuando en realidad lo qué desearía se
encuentra algunos pisos más abajo?.
Con el sobre que le fue entregado aún en la mano y observando a
través de las ventanas en la puerta de su despacho, en su mente sobrevolaba la
imagen continua del barrido visual de cada uno de los cuadros de la colección.
Acostumbrada a no detenerse ,
a que su cabeza arrancase como un motor
sin capacidad para reducir su ritmo una vez hecha la conexión con la que debía
ser su objetivo, se sentó frente al ordenador de su mesa e introdujo el pen drive que le fue
proporcionado por la dirección.
En él, muchos de los datos
aportados ya le eran conocidos , otros tan sólo ligeramente familiares, pero
tras quince minutos de detallada lectura , el primer hecho mínimamente
trascendente hacía aparición y se relacionaba con la primera vez que fue visto
al menos uno de los cuadros .
![]() |
| AUSCHWITZ I ENTRADA. Créditos a quién corresponda |
La fecha remitía al mes de febrero de 1941, y los sellos de
destino indicaban el campo central del
complejo de Auschwitz, en Polonia , concretamente su sede primigenia que
serviría como campo de trabajo y centro administrativo del resto de los 41
campos que lo componían.
Los informes , sin embargo, distaban de ser claros .
Página tras página , las palabras parecían difuminarse o perderse entre una
especie de relación de hechos completamente inconexos , dando la impresión de
haberlos realizado diferentes personas y aquel o aquella que se encargase de
mecanizarlos, costumbre habitual en la Alemania de aquella época, no hubiese
tenido demasiado en cuenta un orden natural.
La introducción casi
aglomerada e interminable de notas
marginales a símil de cualquier registro público con referencias numeradas,
facilitaba menos si cabe la concatenación de hechos que le sirvieran.
Sin nominación exacta ni fecha
, sólo su descripción , escueta , otorgaba la seguridad , a priori, de que se
trataba de la misma obra.
Dos detalles nada más hicieron
falta , los dos que parecieron llegarle a quién hubo de visionarlo para
inscribirlo: mujer aparentemente joven sentada de espaldas y aparentemente
melancólica. La anotación no decía nada más al respecto, y sin embargo , fue lo
único que hizo falta para enlazar su sentir con el del escribiente setenta y
cinco años después.
Traído a la que sería la residencia
, durante sus estancias en el campo, de uno de los hombres mano derecha de
Hitler, Himmler , padre de la idea y dirigente del mismo desde el inicio de las
obras en Mayo de 1940 hasta nombrar a su primer comandante en él, Rudolf Höss, en una de las cuarenta cajas de pertenencias
personales, parece perdérsele la pista poco antes de la incursión rusa de
liberación de los campos en Polonia o durante la misma en 1945.Tratando de seguir
las pocas pistas habidas he intentando dibujar la línea de conexión, los
aparentes puntos de conexión terminan perdiéndose , hasta que aparece una
referencia simple que aparentemente no parece no tener conexión alguna : Múnich
1965.
Colocados esos datos como en
mitad de la nada , fue este hecho lo que le llamó poderosamente la atención a
Esther .
No era la primera vez que se
encontraba con este curioso sistema de ocultación. Su efectividad siempre
dependía de la cantidad de información que se poseyera sobre aquello que se buscaba y
la habilidad para desentrañar esta especie de códigos interpuestos con
apariencia de normalidad que solían entremezclarse con datos corrientes , desde
listados telefónicos , inventarios de compras o contabilidades empresariales.
De hecho, muchos de los coleccionistas privados de arte conocidos por ello más
que por los negocios que les llenaban sus
bolsillos , solían emplear estos términos habituales
enredados entre otros muchos que diferían notablemente sólo para evadir
impuestos y problemas legales sobre su forma de adquisición.
Habiendo realizado la
consecuente anotación de prosecución, continuó leyendo pero los distintos tipos
de letras , el desorden y la maraña de
datos compilados sin sentido así como las contradicciones que parecía mostrarse
, hicieron que comenzase a encontrarse molesta e incómoda .
Tras acercarse a una de las ventanas y observar las
vistas , decidió abrirla un poco . Necesitaba respirar algo de aire , por muy
frío que éste estuviera , pero lejos de acometer una mínima apertura, algo la
llevó a abrirla por completo .
Aquel frío gélido arremetió
contra ella como un golpe seco , brusco , aturdidor , pero tras esa primera
impresión, cerró sus ojos y respiró muy hondo, hasta donde sus pulmones le permitieron.
Al volver a abrirlos , la imagen de la ciudad y de los edificios que la
rodeaban parecía haber cambiado , aunque no fuese así. Necesitó transportarse fuera de aquella
habitación .
La gris y fría mañana le trajo
recuerdos de una pequeña habitación donde unas manos ancianas le entregaban una
pequeña caja de madera. Con un lejano ruido de motores de fondo y de mucho
gentío , en su interior sentía una felicidad inmensa observando aquello que
parecía ser un regalo y que la provocaba aceptarlo con una inmensa sonrisa ,
elevando su rostro hacia quién se la entregaba.
No pudo continuar viendo . Una
vez más, no pudo ver el rostro de quién le entregaba aquella cajita una y otra
vez.
Cerró la ventana y al darse la
vuelta , alguien apostado en la puerta la sobresaltó.
·
CHRISTOPHER: Algo temerario considerando las
temperaturas ¿no?
Tratando de recomponerse ,
aquel hombre alto , de pelo castaño y profunda mirada , vestido de traje gris y
con la chaqueta portada en un brazo , parecía haberla estado observando desde
hacía rato.
·
ESTHER:
Más temerario resulta no avisar de su presencia.
·
CHISTOPHER: Cierto – pareció convenir mientras
recolocaba la chaqueta en su brazo -
pero tampoco esperaba encontrar a nadie, sin abrigo, tomando el fresco en pleno Diciembre y menos
desde un cuarto piso . Lamento haberla importunado.
El hombre alargó uno de sus
brazos pareciendo que cogiera algo que tenía casi a esa altura.
·
CHRISTOPHER : Siento haberla importunado, Sra.
Neuman.
Y arrastrando una maleta
desapareció de la puerta en dirección al fondo del pasillo.
Asociando la información que
Eugénie le había proporcionado instantes antes , cuando logró reaccionar salió
fuera. Al girar su cuerpo hacia el despacho que se suponía del Gerente ,vio que
la puerta se encontraba abierta y decidió acercarse .
Al llegar , la observadora en
este instante fue ella , la cual vio a aquel hombre frente a su mesa revisando
una documentación que tenía entre las manos. Tocando con los nudillos levemente
, esperó una respuesta, la cual no tardó en llegar cuando él , aun con los sobres
en las manos, alzó su vista hacia aquello que requería su atención.
·
CHRISTOPHER:
Quisiera pensar que esto no sea una muestra de lo que entiende como
evidenciar una presencia.
·
ESTHER: Podría, pero no.
Al observar que ella no se
movía de la puerta , la invitó a adentrarse
con el gesto de una de sus manos y prosiguió con la lectura .
·
ESTHER: Eugénie me dijo que había decidido
adelantar su vuelta Sr. Kauffman.
·
CHRISTOPHER : ¿Fue ella también quién le dijo el
protocolo con mi nombre ?
Dejando caer los papeles de
sus manos, rodeó la mesa y se apoyó en el filo de la misma en frente suya, la
cual, lejos de tomar asiento , continuaba de píe .
·
CHRISTOPHER : Ya que vamos a trabajar
estrechamente y su despacho se encuentra a pocos metros de éste, creo que podríamos
ahorrarnos lo de nominarme por mi apellido
e incluso el formalismo del señor . ¿Cree que necesito preavisarla de
que me dispongo a presentarme formalmente o con mi mano extendida le basta?
Un mano delgada , fina y de
piel blanquecina que remarcaba la inmensa mayoría de las venas que la
circundaban , le era ofrecida de forma cortés llamando poderosamente su atención.
·
CHRISTOPHER : Es un placer conocerla por fín
Sra. Neuman.
Extrañamente atenta a su piel,
a su gesto, sin saber por qué, tardó en responderle adecuadamente a su
ofrecimiento para extrañeza también de él, pero habiendo escuchado “ Newman “
en anglosajón, no pudo evitar corregirle.
·
ESTHER: Es Neuman, como suena, no Newman.
·
CHRISTOPHER : Lo siento , es cierto lo había olvidado, no es anglosajón es de origen judeo- alemán ¿o he vuelto a equivocarme?
Su voz, completamente
impostada en cada oscilación , demostrando un dominio absoluto de la
interpretación más medida y el descubrimiento de reacciones por parte de quién
tenía en frente. Su pelo perfectamente
colocado y hasta la más estudiada posición de sus labios o de sus manos
con los dedos entrecruzados. Todo formaba parte de una obra perfecta incapaz de
ser reproducida por ningún otro artista.
“ Judeo –alemán” . Hacía mucho
tiempo que no escuchaba esa expresión dicha de aquella forma casi acusatoria
aunque serena , y mientras sentía que un escalofrío recorría su espalda por
completo , aquel hombre continuaba observándola como quién estudia al otro para
saber dónde poder asestar el siguiente golpe.
Una voz difícil de olvidar con
una dicción alemana muy lejos de estar actualizada y a la que el francés parecía haber hecho
mella notable, pero cuyas formas distaban mucho de la frialdad que sostenía la
fama de los germanos.
Manos delgadas , con dedos
largos y casi temerarios de piel fina y blanca como prolongación de la expresividad
demostrada con su cuerpo y de la que la
voz resultaba el instrumento más peligroso de todos, hasta que ascendió con su
mirada desde sus dedos acusatorios hasta
sus ojos escalofriándose aún más si
cabe.
Ana Patricia Cruz López
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