LA PINACOTHÉQUE
Hoy , como aquel entonces, sin
la sensación de que el tiempo hubiese pasado, continuaban sentados uno junto al
otro frente a aquel cuadro que marcó sus vidas.
Hoy, las mismas palabras
dichas entonces , volvieron a resonar en aquella voz tan sutil y nada francesa para recordarle que , aunque
las casualidades no existían, los reencuentros con sus años de vivencia en esa
ciudad , pese a sus enormes obstáculos
respecto al motivo principal que la habían llevado hasta allí, no resultaban
todos desagradables u oscuros.
Un día como hoy , del mes de
Diciembre , sentada frente al mismo cuadro de bailarinas de Degas durante mucho
más tiempo en aquel entonces, alguien de
quién se percató que se degustaba observándola desde una esquina , se le
apareció de improviso para repetir todas y cada una de las acciones revividas
en este día, incluso la de sentarse para
continuar juntos el disfrute de la visión situado delante suya, en silencio ,
con el único ruido de fondo de los pasos y murmullos de la gente que paseaba
por el interior de aquella sala.
“….veo que sigues esperando
que la de la ventana se dé la vuelta”. ¿Cómo saber lo qué uno trata de
encontrar en lo que ve sin conocerte de nada ? Aquella habilidad vanidosa mostrada
desde el principio y que aún conservaba , no así el tono con el que se
pronunciase, de ver más allá de lo que los demás podrían mostrarle, de creer
que conocía a la gente tras observarles y acertar para desgracia o no de éstos,
sus víctimas propiciatorias.
Quizás fuese simplemente
suerte . Quizás , su fijación hacia una parte concreta del cuadro bastase para
identificarla con ella . La joven bailarina cuyos sueños permanecen intactos y
trata de encontrar en el exterior protegidos
por el aire de libertad que le inspiraba
el cielo . Una ventana que se convertía en la puerta al mundo en el que ella
ansiaba encontrarse con sus zapatillas
de ballet y su diálogo silencioso a través del movimiento.
La única de las cuatro que simplemente miraba por una ventana . La
única con la que ella logró identificarse.
Sin ánimo alguno ni intención
de levantarse por parte de ambos, el aviso de cierre del museo resultó ser la
mejor excusa para , en silencio, salir acompañados de allí y , una vez en la
puerta, con ánimo de no perderla de vista aún, le solicitó poder disfrutar de
su compañía un poco más en una cafetería cercana, aceptando finalmente tras un
casi imperceptible minuto de reflexión sobre la conveniencia, reconociendo en
su interior que la curiosidad podía más que ella.
No, algunas cosas no habían
cambiado indudablemente , y Adam , pese a los años pasados, continuaba gozando
de esa extraña habilidad para incomodar con confianza. La bella expresividad de
sus ojos, grandes y embriagadores, resultaban su mejor baza a
la hora de mostrarse capaz de analizarte por completo sin parecerlo. Una
observación tan minuciosa , un estudio tan completo y detallado, que procuraba realizar sin que
la víctima se diese cuenta de ello, sirviéndole de preparatoria a las preguntas
que sobre ti deseaba hacer.
Consciente de que con los años
esa capacidad tan suya se había convertido en una virtud exquisitamente
disimulada y travestida de sencillez y silencio, Esther debió esperar hasta
degustar dos sorbos de su café para verle en acción desarrollando , con
habilidad innata, una facultad para la que parecía haber nacido.
·
ADAM: A juzgar por la forma en la que te
marchaste, lo último que imaginé nunca es que podría volver a encontrarte aquí.
·
ESTHER: Pese a la forma en la que me marché, como
tú dices, guardo muy buenos recuerdos en ella.
Un amago de sonrisa cómplice
mantenida durante un nuevo sorbo de café, mostraban una satisfacción inusitada
por cada palabra pronunciada por ella.
·
ADAM: Degas. Viejos recuerdos . ¿Placer
entonces?
·
ESTHER: - Esta vez , fue ella quién se sonrió –
Tal vez, aunque revestido por trabajo más bien.
·
ADAM: ¿Trabajo? Te perdí la pista totalmente
cuando desapareciste . ¿Conseguiste lo que querías?
Pensativa observando por un
instante su taza de negro y delicioso brebaje, quiso saber a qué se refería .
·
ESTHER: ¿Y qué se supone que quería según tu
buen juicio y conocimiento sobre mí?
·
ADAM: Trabajar en este mundo , en el que te
movías como pez en el agua de forma incansable, y en el que por nada del mundo tragabas
a los marchantes.
Al escucharle decirlo de esa
forma no pudo evitar reírse.
·
ESTHER: Y aún sigo sin poderlos tragar, claro
que ahora he conseguido que ellos tampoco puedan verme con buenos ojos.
·
ADAM: Ilumíname .
·
ESTHER: Digamos que mi trabajo no está bien
visto por ellos. Digamos que desde que nos ven aparecer , sus rostros palidecen
y los nervios los devoran hasta que terminamos nuestra labor.
Incorporándose hacia delante y
apoyándose sobre sus rodillas, aquella sonrisa amplia que recordaba volvió a
dibujarse en su rostro mientras aquellos
penetrantes ojos azules se abrían de par en par.
·
ADAM: ¡No
me lo puedo creer! Te hacía trabajando en la National.
·
ESTHER: Bueno, en cierto modo trabajo para
ellos, cuando me reclaman, aunque no son los únicos.
Reclinando su espalda de nuevo
sobre el espaldar de la silla, sólo un gesto dulce fue lo que acabó quedando en
su cara.
·
ADAM: Así que ¿labor de laboratorio? Pensé que
pese a lo que había pasado ,
continuarías con la tesis o la retomarías en otra dirección.
Tiempo sabio que traes a sí
todos los recuerdos , los buenos y los no tan buenos , de una larga etapa
en una ciudad que la hizo amar el arte
más si cabe. “.. pese a lo que había pasado…”¿Y qué fue lo qué pasó en realidad
? Durante años preguntándose por qué y cómo ,
durante años preguntándose cuándo , y de pronto , aquella ciudad que le
diera los mejores y peores tres años de su vida , a partes iguales, parecía
querer recompensarla por ello.
Una seriedad tratada de
ocultar tras apurar la taza de café, provocó un cambio de actitud en él.
·
ADAM: Lo lamento, no pretendía incomodarte.
Dejemos los viejos tiempos dónde siempre han estado .
¿Presentes? Pensó ella para sí
mientras le observaba inquieta.
·
ADAM: Me decías que habías venido por trabajo ,
y a juzgar por la información que me acabas de dar tiene relación con tu
campo. Te ruego me solventes mi creciente duda.
·
ESTHER: Certifico obras .
Recordando lo que previamente
le había comentado ella sobre la palidez en el rostro de los marchantes de arte
, la imagen gráfica se le reprodujo mentalmente ocasionándole la risa .
·
ADAM: Así que ¿Pálidos?
·
ESTHER: Trabajo para una Agencia que se dedica a
eso desde hace más de cien años, Hazel and Bentley.
Al escuchar ese nombre , no
pudo evitar sorprenderse.
·
ADAM: ¡Vaya! Hazel and Bentley nada menos . Las
cosas , en el fondo, no parecen haberte ido nada mal.
·
ESTHER: No puedo quejarme .
·
ADAM: Pero ahora estás aquí y por trabajo ,
¿algún cliente especial?
·
ESTHER: Podríamos decir que sí, y con un encargo
aún más especial si cabe, aunque me temo que no puedo dar más información al
respecto.
Aparentemente decepcionado por
una respuesta no esperada , bajó la cabeza mirando a ninguna parte en concreto.
·
ESTHER: No te lo tomes como algo personal, es
política de empresa, y en este caso concreto , son exigencias del propio
cliente. – mirando hacia su reloj, ladeó la cabeza hacia las ventanas
exteriores del local observando que la noche se les había echado encima – Tengo
que irme. Mañana me espera una reunión muy importante y aún necesito
acostumbrarme de nuevo al ritmo de la ciudad . Esto es tan distinto de Londres…
Habiendo llamado a un camarero
para que procediese a cobrarles , una vez se pagó la cuenta, él la acompañó a
la puerta. Pendiente de los gestos de ella por su necesidad imperiosa de coger
un taxi que la llevase de nuevo a casa , lo que le diría a continuación, casi la dejó
sin capacidad de respuesta.
·
ADAM: Dime que voy a volver a verte .
Pendiente como estaba de la
carretera , tratando de coger un coche que la llevase lejos de allí sin conseguirlo, aquel tono de voz, aquellas
palabras …. Trató de hacer cómo que no le había escuchado pendiente aún de que
un taxi pasase cerca , pero sintió que la cogía de uno de los brazos ,
girándose.
Sin respuesta alguna por su
parte , el necesitado vehículo llegó deteniéndose justo a su lado. Le bastó
mirarla para comprender que debía dejarla marchar aquella noche , pero conforme
ella se subiera y cerrase la puerta , tras dar la dirección de destino, una
última mirada desde el cristal trasero , con él aún de píe viéndola irse,
volvió a dejarle la sensación de un corazón sobrecogido , tal y como sucediera
años atrás.
Una llovizna reiterada y
blanca que comenzase a caer justo en ese
instante , la señal de que a la mañana siguiente tocaba pertrecharse aún más
abrigado si cabe, y mientras ella la observaba caer entre las
vaporosas luces de la ciudad , un día de lluvia le vino a la mente un miso mes de Diciembre . El mismo tono suplicante , las mismas
palabras, con la única diferencia de que el ambiente distaba del enrarecido y
frío pasillo de aquella terminal del Aeropuerto Charles de Gaulle.
Un adiós sin palabras , la
misma petición dejada al aire y sin respuesta , la misma retención en el brazo
para evitar que se marchase . La
oportunidad de haber cambiado su vida atorada por una obsesión imposible incitada
por quién debía tutorizarla y los recuerdos familiares de sus luchas internas
surgidas cuando tan sólo era una niña .
Pero pese a todo , quién más
creía conocerla se equivocó pensando que acabaría quedándose. Pudo su
mentalidad fría en ese preciso momento y
su brusca intención de dejarlo todo en manos del destino .
Con una férrea voluntad de
abandono , alejarse de todo aquello que la refugiaba en un sentido fracaso personal
durante dos años , su familia, amigos y ciudad , la llevaron a volver con otros
planteamientos de vida completamente diferentes
y una propuesta de trabajo irrechazable
por aquel entonces y ahora.
Una taza de leche caliente y
un sofá , a oscuras en su salón , con la única vista de un indeterminado cielo
oscuro a través de la ventana abierta intencionalmente para tal fin, resultaron la mejor compañía
posible aquella noche , la primera que
pasaba , en la ciudad de los recuerdos , de las vivencias que marcarían un antes y un después ,
haciéndola rozar casi en la locura absoluta .
La casi helada llovizna fue
cubriendo las calles de una fina capa de
hielo de la que emanaba cierta neblina húmeda . La carretera , las aceras , las
paredes de los edificio y las casas … Todo parecía dar un entorno no demasiado
habitual en una época en la que ya
acostumbraban a nevadas copiosas .
Como se predecía desde la
noche anterior ,aquella la temperatura
en nada tenía que envidiar a sus ciudad de procedencia y pese a encontrarse con un cielo sumamente
precios y despejado, por muchos intentos que el sol acometiese por hacer más
agradable el día, sus r esfuerzos parecían
en pugna continua con aquellos cristales naturales que hacían brillar
cada paso que ella diese y a cada punto que mirase.
Habiéndose despertado con
tiempo suficiente en dirección a su reunión
en la Pinacothèque, nada más
salir del edificio y observar aquellas luces naturales, tomó la decisión de acercarse al museo dando
un paseo siguiendo el borde del río.
Mientras lo hacía, mientras observaba el agua
moverse por la oscilación que le provocaban las barcazas que desde tan temprano
ya la circulaban, disfrutaba de aquella sensación de familiar comodidad que
volvía a invadirla , de aquel no estrés provocado por una ciudad que , pese a
la intensa actividad surgida a raíz de las primeras luces del alba, nada tenía
que ver con la capital de residencia .
Otra velocidad , otros sonidos
. Otros olores. Mantequilla entremezclada con cierto dulzor que se debatía por
destacar sobre el de chocolate recién
molido procedente del lado contrario.
Cocinas que comenzaban a
preparar sus largos y estudiados guisos para las horas del mediodía, el olor a
pan recién hecho que sale continuamente de las Boulangeries o panaderías.
Olores entremezclados con el
ahogante y espeso olor a humedad requerida proveniente del río y que la brisa
que de vez en cuando se levanta arrecia
con más intensidad cada vez conforme pasan los minutos, como recordatorio de un
invierno que , aunque no lo parezca tanto, se encuentra ahí , presente .
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| LA MADELEINE. CRED FOTOS APCL73 |
Desviándose en un momento concreto de su recorrido, llegó hasta la puerta de la imponente Iglesia de la Madeleine y su siempre sorprendente aspecto de templo griego , deteniéndose en la verja de acceso a sus escalinatas para acabar dándose la vuelta y tener , delante suya , una de aquellas increíbles perspectivas en línea perfectamente delineadas que ofrecía la ciudad , que le mostraba , en síntesis armoniosa perfecta, el edificio de la Asamblea de París al fondo, y delante suyo el Gran Obelisco Egipcio de la Plaza de la Concordia y , a su vez, culminada dicha imagen por la gran fuente de piedra , mármol y ribetes dorados que la glorifica, con la gran Cúpula del Dome como si cubriese todo el horizonte .
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| CRED FOTO APCL73 |
Fotos en las que el tráfico no suponía una interposición . Muestras de la coordinación matemática en la brillante mente de un arquitecto como Haussmannm durante la Época de Napoleón III , encomendándosele el diseño y realización de algunas de las más destacadas grandes obras públicas en París , derruyendo los núcleos de barriadas que permanecían , hasta entonces , intactos en todo su centro .
Un encargo ambicioso sumido en un objetivo claro que
resultaba ser el sueño del mandatario, consolidar su popularidad como tal y hacer
más difícil futuras revoluciones, demoliendo las calles medievales y sustituyéndolas por arterias espaciosas y
rectilíneas, mucho más adecuadas para el
movimiento de las tropas.
Un planeamiento urbanístico
matemáticamente perfecto sea cual sea el punto desde el cuál se mirase y que conllevaba , como una de sus
consecuencias más relevantes , una de las perspectivas visuales urbanas más impresionantes desde el aire.
Un entorno , el de la
imponente Madeleine, que si bien no suponía una arteria principal como tal
considerada, si era capaz de llevarla
hacia las Galerías Lafayette o bien , en su margen derecha , siguiendo
la línea de la pared elevada que quedase en su margen izquierdo lleno de
estatuas antiguas entre sus enormes columnas ,
hasta el punto de encuentro de la reunión.
Habiendo llegado antes de la
hora prevista , nada más adentrarse en las instalaciones e identificarse en su
recepción, preguntó por la persona que le habían dado de referencia : Eugénie
Arsac.
El recepcionista cogió el
teléfono y comunicó a la persona con la que había contactado que ella se
encontraba allí y por quién preguntaba , invitándola a tomar asiento tras
colgar el aparato.
Apenas unos cinco minutos
después una mujer muy delgada y alta , de pelo rubio y corto , ataviada muy
elegantemente y traspirando elegancia hasta en su forma de
caminar , se presentó ante ella como Eugénie Arsac, la directora de la Colección, ofreciéndole a acompañarla hasta su despacho
para que pudieran hablar mucho más tranquilas.
Situado en el fondo de un largo pasillo bordeado de
cuadros a distancia casi idéntica unos de otros y tamaños similares , Eugénie abrió la puerta cediéndole el honor de
ser ella quién pasase primero.
Como todo lo que parecía
rodear a su anfitriona, la sobriedad revestida de pulcritud en las formas y colores
escogidos tanto en las paredes como en
el mobiliario , otorgaban una encubierta practicidad en aquel entorno .
Tras avisar a su secretaria de
que no le pasase llamadas ni fuese molestada de ninguna otra forma hasta nueva
orden y ofreciéndole tomar un café, oferta que ella prefirió rechazar por el
momento , la Directora de la Colección
comenzó a plantearle de forma detallada los pormenores , hasta ahora
desconocidos, del trabajo por el cual se la había contratado.
·
EUGÉNIE: Lamento profundamente que el Gerente
del Museo no pueda recibirla hoy. Cuando supo que usted se encontraba de
camino, él ya tenía concertado u viaje de negocios hacia Pekín que no ha podido
aplazar, pero está realmente interesado en poder conocerla y ofrecerle todas
las posibilidades que la Pinacothéque pone a su entera disposición desde hoy
mismo para que pueda realizar su labor.
·
ESTHER: Ciertamente me siento muy halagada del interés que han
mostrado en que mi agencia fuese la encargada de gestionar este encargo, lo que
sí no puedo negar es mi más ansiosa curiosidad , aun no resulta , de por qué se
explicitó con tanto interés que debía ser yo y no otro de mis compañeros quién la llevase a cabo.
Sin desviarse de su cordial
seriedad y corrección de formas , la Directora se acercó al borde de la mesa
adelantando su cuerpo y colocando sus antebrazos encima de la mesa.
·
EUGÉNIE : No sabe cuánto lamento no poder responderle a
esa cuestión. Sólo estoy en disposición de señalarle que fue una exigencia del
Gerente , pero me temo , que las razones de por qué usted fue la seleccionada ,
al menos las extraoficiales , deberá
preguntárselas a él en cuanto tenga oportunidad.
·
ESTHER: ¿Las extraoficiales? – Preguntó extrañada
- ¿Y cuáles se suponen que son las
oficiales?
·
EUGÉNIE: Su relación con la Colección Hegel.
Con un apenas perceptible
cambio de gesto por parte de la investigadora, la directora de la colección se
disponía a detallarle las causas que al menos ella conocía.
·
EUGÉNIE: Siéndole sincera, desconozco con detalle aquello que la relaciona de forma
tan…digamos , aparentemente negativa con la colección. Los datos que me fueron
proporcionados y se estimaron que yo debía saber para poder sentarnos y así
explicarle la labor por la cual se la
contrataba , no llegan mucho más allá de ser usted , a parte de los datos históricos
y argumentaciones que se conocen en torno a la formación de la misma, la única persona
viva que se ha interesado en estudiarla
al más mínimo detalle , centrando incluso su tesis doctoral en ella , estimándose
que en estos momentos, no hay persona más capacitada para poder observar y
catalogar la obra .
·
ESTHER: Una tesis que no terminé.
·
EUGÉNIE: Una tesis que no le permitieron
terminar, para ser más exactos.
Aquella mujer , con un manejo
de los tiempos y la información casi esquematizado, no perdía detalle de cada uno de los cambios
en el rostro de su invitada.
·
EUGÉNIE: Sé las dificultades con las que se
encontró pese a las pistas halladas para poder acceder a ellos , al igual que sé
los problemas que tuvo en algunos de los presuntos destinos en los que se decía
, casi a ciencia cierta , que se encontraba la obra, al igual que sé que el Banco Nacional de Austria no le
permitió acercarse interponiendo una severa queja ante la embajada británica
que provocó que tuviera que salir de forma algo apresurada y muy escoltada del
país .
·
ESTHER: Por lo que tengo yo entendido, a ustedes
tampoco les ha sido fácil.
·
EUGÉNIE: En circunstancias normales , hubiéramos
podido acceder y evaluar los cuadros antes de traérnoslos . Hubiéramos ido
acompañados de uno de nuestros peritos y
posiblemente no la hubiésemos contratado , pero una vez entregada la sentencia se requirió su ejecución
inmediata , y ate el temor de que los cuadros pudieran desaparece de nuevo,
optamos por embalar y traérnoslos.
Aquella mujer se puso de píe y
bordeó la mesa hasta dónde se encontraba ella.
·
EUGÉNIE: Si es tan amable de acompañarme …
Sin hacer preguntas y sin más
indicaciones , Esther se incorporó para seguirla.
De vuelta sobre los mismos
pasos previamente dados , atravesaron el largo pasillo apostado de cuadros tan
perfectamente colocados hasta el vestíbulo
de la entrada . Allí, tras hablar con el recepcionista para que avisara a
seguridad de que bajaban y recoger una
llave que Eugénie solicitó, volvieron hasta los ascensores . Una vez dentro, la
llave tubular y de forma extraña que portaba en una de sus manos, fue introducida en una abertura situada debajo
de los botones que indicaban los pisos a os que se tenía acceso.
Con medio giro hacia la
derecha dado, el ascensor comenzó a bajar , mientras que a Esther le llamó poderosamente
la atención que la pantalla que en teoría
debía ir marcando aquellas plantas por las que iba pasando el elevador se mantuviese a negro . Detenido éste , las
puertas se abrieron y un nuevo y largo pasillo, sin puertas y que fue
encendiendo sus luces conforme ellas dos iban avanzando , daba a su terminó a otro que lo cruzaba de izquierda a derecha
.
Tomando el segundo camino prosiguieron andando hasta casi el final del
mismo dónde una enorme puerta contraincendios fue abierta dando acceso a otra
pequeña sala con una puerta de seguridad
en cuyo margen izquierdo habían dos cerraduras.
Eugénie acercó sus manos al
cuello extrayendo del interior de su ropa un cordel de oro con dos especies de
llaves de extraña forma , abriéndolo y sacando una de ellas entregándosela a Esther.
·
EUGÉNIE: Cuando yo le diga introducirá la llave en la cerradura inferior
, debiendo estar pendiente a mi segunda indicación para girarla de forma
completa hacia la derecha . Una vez lo haya hecho, suéltela, la llave se introducirá aún más y la puerta se
abrirá sola. Debe estar muy atenta , si no lo hacemos a la vez la puerta se
bloqueará.
Pendiente de las instrucciones a seguir , sólo cabía esperar el desvelar del
misterio que se ocultaba detrás de aquella extraña puerta .
Dada la primera orden, Esther
introdujo la llave sin perder de vista a Eugénie, que se dispuso a contar hasta
tres para dar la segunda , y girada la llave de forma definitiva , ambas
soltaron y se retiraron dos pasos .
Tras un ruido de motor metálico
muy agudo , la puerta comenzó a abrirse entendiendo
entonces , al ver tanto su grosor como el material de qué estaba hecha, que se
encontraba en la sala más preciada de todo museo , aquella en la que se
guardaban las joyas que no se exponían por reparación, evaluación o simple depósito
.
Encendidas las luces de
inmediato tras el sensor percibirlas a ellas , la enorme sala, de una profundidad incalculable ,
contaban con pasillos laterales montados
por los armazones metálicos en los que las pinturas se hallaban colgadas. Esculturas de gran
dimensión ubicadas en el suelo parecían
abrirles un imaginario pasillo hasta el fondo de la estancia en donde ambas se
toparon con una inmensa cortina de tela gruesa .
Tras observarla y percibir su inquietud, con decisión, se
acercó hasta la pared situada a su
izquierda y con la mano en un interruptor se dirigió a ella.
·
EUGÉNIE: ¿Preparada?
Como si una corriente eléctrica
proveniente del suelo fuese ascendiendo por sus piernas , su cuerpo quedó
paralizado por la tensión.
Eugénie, sin dejar de
observarla , apretó el interruptor y el pesado cortinaje blanco fue abriéndose
ates sus ojos , ante la palidez y
asombro progresivo de una Esther que no
podía creer lo que sus ojos veían.
·
EUGÉNIE : Sra Neuman, le presento la Colección
Hegel.
Ana Patricia Cruz López
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