viernes, 21 de octubre de 2016

LA MUJER DEL RETRATO . 14 DE JUNIO DE 1940. ( Registrado en SAFE CREATIVE OCTUBRE 2016)


LA MUJER DEL RETRATO

14 DE  JUNIO DE 1940



14 de Junio de 1940, el día que los soldados alemanes , envueltos en una presuntamente triunfante Segunda Guerra Mundial , entran en París  convirtiéndola en un centro neurálgico para sus planes de expansión , tras comenzar la invasión francesa meses antes , concretamente  a principios del mes de Marzo.

Una Guerra iniciada por pura ambición y no aceptación de las  condiciones exigidas en el Tratado de Versalles  (1919) que pondría fín a la primera gran guerra que la predeciría  , y en el cual , un aspirante a pintor y rechazado hasta por tres ocasiones en la Escuela de Bellas Artes ,  un Hitler presentado al mundo cómo Jefe del III Reich ,  mostró su más absoluto rechazo a las condiciones impuestas por los entonces aliados ,  respecto a la aceptación de una cláusula de culpabilidad que los responsabilizaba de todo,  después de haber perdido  zonas de influencia conquistadas que acabaron repartidas  entre varias potencias, y la condena a pagar una entonces exorbitante e imposible cifra de 6.500.000 libras esterlinas en concepto de gastos de reparación.

               En el cúmulo de sus trastornadas ambiciones  y obsesiones varias , el aspirante a artista , aspiraba a ser recodado en la historia por sus grandes hitos militares , sus explosiones manifiestas sobre el poderío armamentístico y militar del nuevo régimen, y por la construcción de grandes monumentos iconográficos que permanecieran a lo largo del tiempo como parte de su gran legado en su consecución de la gran conquista del mundo.

               Alejandro Magno o Napoleón fueron los grandes hombres  a los que trató de emular , y a diferencia del primero , con el segundo, llegaron a unirle muchos puntos en común , como su gusto exacerbado por el arte para su más estricta exhibición y disfrute privados.


Y para  poder conseguirlo , no sólo procuró rodearse de parte de los frutos de los expolios producidos en museos y salas de arte  o propietarios privados, sino que se atrevió a proyectar dos grandes museos  uno de los cuales aún existe en la actualidad .

El llamado Museo del Fúhrer ( complejo de museos ubicados en todo el mundo conquistado ) cuya sede central se encontraba en Múnich (Casa del Arte  o Casa de la Cultura en la actualidad ) ,y el Museo de la Raza Extinta con los objetos  requisados a los judíos apresados y llevados a campos de concentración y de trabajo.
Maqueta Museo del Fúhrer . Sede central Múnich.
Créd foto  Agencia


El Museo del Fúhrer en Múnich, comenzado a construirse en 1934 e inaugurado tres años después  con un acto de auténtica afirmación racial presidido por toda la jerarquía del Reich, y en el que  Hitler pretendía hacer ostentación de la grandeza aria hasta en el arte , se proyectó , con maqueta incluida y dos arquitectos de por medio, hombres de su confianza , como la más grande y majestuosa obra arquitectónica alemana entremezclando , visualmente, la grandeza de un enorme templo griego  con la propia sede del Vaticano, y más concretamente , con la grandiosa cúpula central la Basílica .

Salas incontables que contendrían las miles de obras fruto del saqueo generalizado al que muchas ciudades conquistadas se vieron abocadas  , incluyendo la propia París, de la que en tiempo record, durante la noche del 3 de Septiembre de 1939,  los conservacionistas y empleados de los principales museos , entre ellos el Louvre,  extrajeron de los mismos,  en inmensos camiones  y barcos con destino a castillos  y casas en mitad de la campiña francesa ,dónde permanecerían en buen estado hasta que pudiesen regresar.


En  Mayo de 1945, recién terminada la guerra y faltando muy poco para que el mayor “cobijo” de obras de arte expoliadas , entre las que se contaban centenares  de Rubens, Miguel Ángel, Tintoretto, Rembrandt, Vermeer, Leonardo da Vinci o Goya, se convirtiera en la más cara tumba de las mismas  a causa de los bombardeos , un grupo de arqueólogos, historiadores y especialistas del arte formaron  una pequeña compañía militar denominada coloquialmente los “Monuments Men” , logrando recuperar , en las más de en las Minas de Sal  de Altaussee ( Austria, , a una hora de Salzburgo ) y concretamente en sus más de cien galerías , unas  7000, una ínfima parte en realidad  del  mayor espolio artístico de la historia  cifrado en más de 750.000 obras de arte  en su totalidad .
Obras rescatadas con éxito que siguieron muy diferentes caminos ,  al contrario  de las que no lograron sobrevivir  debido a los ataques de los aliados o incluso de la propia destrucción por parte de los soldados alemanes obedeciendo órdenes muy precisas, como las obras más vanguardistas  ,  cubistas y surrealistas principalmente, consideradas muestras vivas de la visión del mundo más degenerado .
Créd foto  Agencia

               
Obras recuperadas que años después , terminarían mayoritariamente en manos privadas de coleccionistas acaudalados y galerías de arte de todo el mundo , conllevando incluso hoy en día, que a nivel internacional, los familiares supervivientes de aquellos propietarios víctimas de la guerra y del saqueo, tengan que seguir luchando por recuperar el patrimonio familiar .
               
Pero aquella “Noche de los Cristales Rotos “ como se la llegó a denominar , aquel bandidaje oficialista durante la guerra , trajo mucho más de sí, para ser exactos , la proliferación de falsificadores auténticamente profesionales y perfeccionistas,  con los que tanto las salas como casas de subastas debieron luchar y aún continúan haciéndolo en cuanto una de estas presuntas obras de guerra aparece .
Y con ellas , las compañías aseguradoras y sus expertos evaluadores. Esos expertos tan necesarios y a la vez tan temidos por quiénes acostumbran a tratar el arte como una simple inversión con perspectivas de futuro en caso de necesidad, y que con un simple informe , podían ser capaces de hundir las vanas ilusiones de un ambicioso adinerado.
               
Tasaciones que podían oscilar en el tiempo entre unas pocas horas y semanas enteras, a veces meses , según la complejidad y el estado de la obra , y que en el caso de los cuadros obligaba a quién la realizaba a ser mucho más cuidadoso y detallista  dada la mayor probabilidad de que pudiese escaparse algo.
               
Hazel and Bentley se había conformado en Londres hace más de cien años . Una de las sociedades tasadoras y de peritaje especialistas en arte más afamadas en Europa y gran parte del mundo ,  nunca destacó  por ser una empresa con demasiadas aspiraciones expansionistas , especialmente porque su política de trabajo, aquella por la que era respetada y reclamada, se basaba en su concepto de empresa familiar y pequeña , y hasta la actualidad había logrado mantenerlo intacto.

Con sólo seis especialistas en el departamento de arte , durante muchos años , se procuró a los mejores cuándo no eran éstos los que tocaban a su puerta para incorporarse, siendo una de las entidades colaboradoras de  Christie's , una de las casas de subasta más famosas del mundo fundada en Londres en 1766 , con sedes y socios asociados en casi todas las ciudades más importantes, especialmente  desde que le ayudase a resolver una de las más complicadas tramas de falsificación en tres obras pictóricas .

Con la apertura oficial de la actividad de la oficina a las seis de la mañana , como era costumbre desde que se abriera por  primera vez,  la Sra. Clouder , la siempre competente recepcionista a punto de jubilarse , era la primera empleada en llegar , y como también era habitual en ella, encendía todas las luces  , conectaba los aires acondicionados en verano y la calefacción en invierno , preparaba la cafetera y la tetera, y los papeles del Sr. Hadkins , el Gerente y Director .

Aquella mañana de Diciembre se antojaba más fría de lo normal  y la circulación o simplemente caminar por las calles de Londres , una odisea difícil de superar  dada la capa de espesor de la nevada acaecida la noche anterior.

Aunque aún encontrándose a principios de mes la actividad no se deparara frenética , el Sr. Hadkins se encontraba particularmente nervioso . Deambulaba de forma frenética entre las cuatro paredes de su despacho,  decorado en pulcro y recargado estilo victoriano,  del que se sentía tan orgulloso, que se negó tajantemente , durante la remodelación de las instalaciones hace unos años,  que invadieran el suyo tanto el diseñador del proyecto como los obreros.

Lo habitual dada la época del año  , es que el nerviosismo le atacase mucho más cerca del final del susodicho mes navideño , en dónde como era tradicional,  las casas de subastas parecían ponerse de acuerdo para escoger las mismas fechas y hacer sus agostos en pleno invierno, sin embargo, esperaba con ansia un informe solicitado hacía poco más de un mes por el Museo de Londres en torno a una obra depositada en el Smithsonian.

Un vuelo que ya saliese con  bastante retraso desde Washington D. C  y con problemas para aterrizar en Heathrow , traía de cabeza al buen hombre que a su vez , lograba alterar a toda la oficina y a cuántos se encontraban realizando gestiones en ella.

La tranquilidad sólo logró volver  cuando Esther, la agente enviada ,  apareciera por la puerta de la misma aún con las maletas en la mano, provocando un suspiro de alivio en la anciana  recepcionista.

·        SRA. CLOUDER: ¡Por fín !

Apenas hubo soltado los bultos  en el suelo, intentaba coger resuello.

·        ESTHER: Una bienvenida como dios manda – dijo con cierto tono de sarcasmo-  ¿Cuántas kilómetros lleva dados en esos metros cuadrados?
·        SRA. CLOUDER: Mejor  no pregunte .
·        ESTHER: Entonces será mejor que entre . Dejaré las maletas aquí.

Tratando de recomponer en su mente una situación a la que ya estaba habituada , respiró profundamente y con el pomo de la puerta en la mano, se decidió a girarlo y entrar.

La imagen que se le mostraba del estado del Sr. Hadkins era mucho peor de lo que se había imaginado con las palabras de la recepcionista, especialmente cuando al verla , el buen hombre  , pálido y sudoroso , muy nervioso , se le acercó para cerrarle la puerta e invitarla , de forma muy apresurada, a tomar asiento.

Sin que pudiese siquiera abrir la boca aún , el director se acercó a la mesita auxiliar que tenía cerca de una de las ventanas, cubierta en su parte superior por botellas de licores variados y una jarra de agua de la que se prestó a servirle un poco en un vaso  acercándoselo posteriormente.

Algo más calmado , se sentó en su gran sillón de cuero clásico que llevaba en aquel despacho tanto como él mismo en el puesto que ostentaba ,  y que siempre procuraba cuidar  con gran mimo y esmero.

Con ambas manos cruzadas delante suya , sobre la mesa , y con el color saludable volviendo a su rostro paulatinamente, espero impaciente a que ella comenzase a hablar.

·        SR. HADKINS: ¿Has tenido un buen vuelo querida?

Aquel tono de excelente complacencia la enervaba sobremanera, aún así, trató de conservar la calma.

·        ESTHER: Creo que por mi cara puede deducir que no tanto como cabría de esperar. Demasiadas horas y unas inclemencias meteorológicas en ambos aeropuertos que no lo han facilitado precisamente.
·        SR. HADKINS: Esperaba encontrarte aquí esta mañana , nada más entrar.
·        ESTHER: Yo también esperaba haber llegado ayer como estaba previsto , pero de todas mis facultades, dominar el tiempo ambiental no se encuentra entre ellas.

Dada la tensión reinante ,  su jefe decidió no postergar más la cuestión que tanto le traía de cabeza .

·        SR. HADKINS: ¿Y bien?

Ella extrajo una carpeta del maletín que portaba ,  haciéndole entrega de ella .

·        ESTHER: No fue fácil, pero definitivamente los del museo estarán contentos . Les acabamos de ahorrar mucho dinero.

Conforme el impaciente caballero pasaba las hojas deteniéndose sólo en los párrafos que le interesaban , no perdía  hilo alguno de lo que ella le decía.

·        SR. HADKINS: ¿Cómo es posible ? Estaban muy seguros de su autenticidad
·        ESTHER: No tanto , de lo contrario hubieran acudido a sus tasadores habituales y no a nosotros.  Uno de sus restauradores dio la voz de alarma . Algo no casaba en el cuadro, en la firma de su autor para ser más exactos, pero tanto él como yo llegamos a la conclusión de que era una reproducción casi perfecta, de una ejecución muy estudiada y precisa. Quién la hiciera , conocía desde luego mucho al autor y su obra .
·        SR. HADKINS: Al autor y la obra puede ser , pero si el fallo estaba en la firma…
·        ESTHER: No era tan fácil verlo, ni siquiera el restaurador se percató de ello hasta que yo se lo dije , y desde luego , sólo ese detalle , ínfimo, me costó tres semanas .

Una lectura avispada casi por encima durante todo el informe  hasta que llegó a la última página deteniéndose un poco más , observándola sorprendido tras finalizar.

·        SR. HADKINS: ¿En serio?

Esther no pudo evitar sonreírse por la capacidad de sorpresa que aún poseía el buen
hombre cada vez que le presentaba su trabajo.

·        ESTHER: El pintor , diestro de toda la vida , tras su enfermedad , quedó prácticamente inútil de esa mano . Aprendió a usar la izquierda , pero para firmar sus obras aún continuaba usando la mano original, y en lo único que cambió su firma fue en el trazo final curvo de su “t” tan especial. 
Antes de caer enfermo , la curva era sencillamente más larga y perfecta , una vez ya le fue imposible ,  la curvatura poseía tres defectos añadidos de forma intencionada en los mismos tres sitios , lo que resultaba y sigue resultando increíble e inexplicable  dada la presunta falta de corrección  e imposibilidad en la precisión, sin embargo,  lo hacía , y de forma tan apenas imperceptible que sería muy fácil pasarla por alto.
·        SR. HADKINS: Salvo que se comparasen las obras anteriores y posteriores  a su estadio más grave de la enfermedad.
·        ESTHER: Tuve que desplazarme hasta Hungría para conseguir dos de sus obras más antiguas ,  y volar a Bruselas  para estudiar dos de las más nuevas.

Con un gesto mucho más relajado y una sonrisa de dichosa felicidad en su rostro, el gerente soltó la carpeta encima de su escritorio y respiró de forma sonora reclinando su espalda sobre la vieja silla.

·        SR. HADKINS: Perfecto. Llamaré inmediatamente a los del  Británico para reunirme con ellos y entregarles este maravilloso informe.
·        ESTHER: Bien. Respecto a mí, quisiera poder ir a descansar a casa si no fuera pedir demasiado . Entre las horas de vuelo y el cansancio acumulado no creo que mi cabeza dé para más , ciertamente.
·        SR. HADKINS: ¿Marcharte a casa ?  ¡Claro , faltaba más!- le dijo efusivamente  - No obstante – aquel cambio repentino de su voz , interesado y melodioso, no la hizo presagiar nada bueno – hay algo de lo que quisiera hablar contigo antes de que te marches.

Con sus manos apoyadas sobre los reposabrazos de la silla en la que se encontraba sentada, sintió una imperiosa necesidad porque éstas apretasen los cabezales de los mismos , mientras su mandíbula parecía crujir ligeramente.

·        ESTHER: Usted dirá.
·        SR. HADKINS: Estando tú fuera recibí la llamada de un conocido mío y buen amigo de esta empresa ,  el cual solicitó verse conmigo en un hotel céntrico .
·        ESTHER: ¿Y ? ¿Qué quería de usted  exactamente ?
·        SR. HADKINS: Más que de mí, de la casa, y aunque no dio nombres concretos , por su forma de hablar sé perfectamente que es a ti a quién requería.

Incorporándose hacia delante , no pudo evitar que su cara reflejase un extraño interés por lo que parecía un nuevo encargo.

·        ESTHER: ¿Y por qué habría de ser a mí a quién reclama si no fue mi nombre el que diera?

Tras una pausa por parte del hombre  casi con tintes melodramáticos sin saber por qué, éste procedió a resolverle la duda. 

·        SR. HADKINS: Porque en los años que llevo de profesión, jamás he  encontrado a nadie que mostrase tanto interés por algo tan imposible como la Colección Hegel.

Una sensación de frío repentino recorrió su cuerpo hasta el extremo de indisponerse ligeramente . Sus piernas notó flaquear pese a estar sentada , y sus manos daban la sensación de flotar en el aire cuando, en realidad, sus ojos se percataban de que se encontraban situadas en el mismo sitio.

La Colección Hegel. Su mayor ansia . El motivo imposible de su doctorado nunca concluido.
Años de impaciente búsqueda , de malgastar horas tratando de encontrar datos que le pudiesen ayudar a encontrarla . Sólo los libros resultaban ser el eslabón que la separaban de ellos y la verdad absoluta sobre su existencia. 
Libros que proporcionaban datos y testimonios sobre su creación y origen . Verdades a medias sobre su existencia e incluso sobre su ubicación.

Una colección  de la que nunca se supo a ciencia cierta si estuvo completa o no dado el baile de cifras que se manejaban en aquel entonces .
Una colección enmarcada dentro de uno de los aspectos más oscuros de Hitler durante el momento más álgido de su mandato ,su obsesión por determinadas obras y autores así como  su vinculación con las ciencias ocultas.

No era ni sería el primero ni el último mandatario con un vidente por consejero permanente, ni tampoco sería el último ni fue jamás el primero, en formar parte integrante de  “su propia iglesia “, LA SOCIEDAD  THULE.
Creada originariamente como  un Grupo de Estudio de la Antigüedad Alemana, esta especie de logia, fue un grupo ocultista y racista, cuya obra más trascendente para la historia conocida fue haber patrocinado al Partido Obrero Alemán (Deutsche Arbeiterpartei - DAP), más tarde transformado por Adolf Hitler en el Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán, (Nationalsozialistische Deutsche Arbeiterpartei - NSDAP ) conocido por todos como el partido Nazi.

Madre espiritual del nazismo por todos conocido, contó entre sus filas , como miembro permanente y casi fundador a Rudolph Hess, uno de los hombres más  fuertes e influyente del Alto Mando Alemán, conculcándose como el único grupo de estas características que fuera permitido, e iniciando la persecución y eliminación de entidades de carácter esotérico similares , como la Masonería .

Un mundo aparte . Una sociedad  de la que  poco a poco se fue adquiriendo más información pese a la desaparición notable de documentos probatorios , pero cuya pertenencia a la misma , sumado a su obsesión por lo espiritual en el alzamiento de la suprema raza aria, ensalzado a través de los mensajes subliminales  que sólo él veía en algunas obras de arte y autores de los que se rodeaba hasta en la intimidad, hicieron de la Colección Hegel , el mayor de los secretos guardados en la historia oculta e íntima de Hitler.

Una parte de la historia que Esther jamás quiso olvidar,  una vez  , sin mucho éxito al inicio , lograran convencerla de que aquel debía ser el tema de su tesis  porque nadie había logrado descubrir la verdad y nadie había tenido acceso a ella . Porque entre todas la obras expoliadas durante el nazismo, ésta conservaba leyenda propia , tanta , como para provocar que el propio mandatario , tras ubicarla en su dormitorio para asegurarse de verla a todas horas, quisiera ocultarla para que nunca nadie  pudiese desprenderle de ella.

               Después de tantos años pasados y momentos de angustia e impotencia, la Colección Hegel reavivaba en ella aquellos sentimientos y sensaciones de desasosiego .
Con muchas más incógnitas sobre lo qué podría encontrar ahora de las que tuvo en aquel entonces , apenas lograba emitir sonidos que pareciesen preguntas pese a reflejarse éstas en su cabeza, ante lo cual, el Sr.  Hadkins decidió continuar  hablándole sobre la llamada telefónica .

·        SR. HADKINS: Después de una lucha de seis años entre Orsay y la Pinacothèque,  éstos ganaron la batalla en Austria.
·        ESTHER: Hace años sólo existían especulaciones sobre la colección. Ni siquiera se conocía cuántos cuadros la componían o dónde se habían ocultado. Y después de todo este tiempo ¿aparecen por arte de magia?
·        SR. HADKINS: No exactamente ,más bien por la necesidad de efectivo de quién la tenía en su poder desde hacía veinte años . El Gobierno Austriaco jamás será capaz de declarar la verdad sobre cuánto pagaron por tenerla , ni tampoco creo que puedan justificar porque después de su adquisición se mantenía oculta en una caja fuerte especial  en el Banco Nacional de Austria durante tantos años , hasta que a  uno de los empleados de la entidad le dio por hablar demasiado con quién no debía.

Con fuerzas de flaqueza, Esther sintió la imperiosa necesidad de incorporarse .

·        ESTHER: Y si ya la tienen ¿ para qué me necesitan? No creo que pueda autenticarla si se trata de eso a juzgar por las informaciones que me llegaron en aquel entonces sobre ella. 
·        SR. HADKINS: Esta persona no quiso darme más detalles  o al menos no se atrevía por teléfono dada la envergadura del encargo, pero lo que sí me aseveró es que te llevaría tiempo  y que por eso habían dispuesto todo para que te volvieses a encontrar en tu casa , incluyendo el alojamiento.

Sorprendida por la entidad de semejante trabajo y lo que suponía , escuchar alojamiento y sin tiempo , le otorgó una imagen bastante confusa de todo lo que suponía.

·        ESTHER: ¿Mi estancia? No estoy acostumbrada a trabajar sin saber todos los pormenores , además, no he vuelto a  pisar París desde la Universidad. ¿La Pinacothèque? ¿Este encargo es de ellos?

El gerente abrió uno de los cajones de su mesa extrayendo un sobre  que le acercó a su lado de la mesa.

·        SR. HADKINS: Es un pasaje de ida en el primer vuelo de mañana .
·        ESTHER: ¿Mañana? – replicó muy sorprendida – Apenas acabo de llegar , ni he tenido tiempo de tomarme un baño ¿y he de salir mañana en el primer vuelo con destino París para trabajar en algo que no conozco ni sé de qué se trata?¿Esto es real? Ni he desecho mis maletas y acabo de bajarme de un avión.
·        SR. HADKINS: Sé que estás muy cansada , especialmente porque no has podido disfrutar de tus vacaciones este año y llevas meses muy complicados , y comprendo que eches de menos tu casa , pero éste es un encargo muy especial  y una gran oportunidad para extraer esa espinita que mantenías clavada.

El anciano jefe , empleando su mejor táctica de convencimiento y mirándola con un rostro de dulce interés , trató de convencerla frente a las dudas que se le estaban presentando en este momento acercándose a ella y cogiéndola con cariño por los hombros.

·        SR. HADKINS: Sé perfectamente que estás cansada y que has estado trabajando muy duro y de forma continuada durante estos meses, pero ¿serviría de algo ,para que terminases de convencerte , que es el propio Director del Museo quién  te reclamó no queriendo que enviásemos a nadie más?

Su gesto de ofuscación pareció suavizarse. El viejo gerente la conocía demasiado bien y  sabía perfectamente cuáles eran los puntos débiles de su orgullo profesional.

·        ESTHER: ¿Se lo dijo él personalmente?
·        SR. HADKINS: No hizo falta. Mi amigo hablaba en representación suya. De hecho, fue él mismo quién le insistió en localizarte a través de mí.
·        ESTHER: El Director de la  Pinacothèque… lo último que recuerdo de él es que era un hombre muy mayor que se apoyaba constantemente en la mujer que trabajaba para él desde hacía más de cuarenta años, claro que, de eso hace mucho.
·        SR. HADKINS: Sea como sea, él goza de muy buenas referencias tuyas  y supo con quién  dar para que te localizasen. Es más, por lo que este conocido pudo dejarme entrever, parecía muy seguro de que no lo rechazarías.  

¿Y cómo hacerlo? ¿Cómo rechazar una oportunidad tan encomiable  después de tantos años? ¿Cómo desligarse y olvidarse de la posibilidad cierta de verse frente a los cuadros más deseados por ella durante tantos años ? ¿Cómo olvidar el ofrecimiento no sólo de verlos como una más, si no de poder casi tocarlos , de estudiarlos minuciosamente , de casi sentirlos?.

No podía  y en el fondo tampoco quería. Se encontraba agotada , pero en el cambio de maletas y de contenidos , en la soledad de su piso, la imagen de una puerta  que se le abría y la sensación de felicidad que parecía embargarla por algo que aún no había podido ver, le otorgaba las fuerzas suficientes como para seguir adelante .

La idea de volver a París después de tantos años , de vivir allí de nuevo , de volver a respirar su aire y caminar por sus calles , de disfrutar sus luces … Buenos recuerdos de  quizás los mejores y peores tres años de su vida en una ciudad que no era la suya , con una gente a la que no estaba acostumbrada a tratar pero de la que no le costó demasiado entablar amistades , y una tesis harto complicada de desarrollar , donde sus primeras trabas las encontró precisamente en la  Escuela de Bellas Artes , dónde se la dirigían, encontrando como único apoyo el de su tutor y Director de tesis.

París y sus luces naturales durante el amanecer sereno como a ella le gustó recordarlo . Ese París con el que ella volvería a encontrarse aquella mañana tras el vuelo que había sido reservado y sin fecha de regreso probable.

Tras recoger las maletas , alguien la esperaba con un cártel con su nombre  ayudándola a llegar hasta el coche que la esperaba en el exterior.

Sin mediar palabra alguna , la llevaron hasta el piso  que ocuparía durante su estancia , situado junto al río , en un antiguo edificio del siglo XIX completamente reformado y adaptado.

Un cuarto piso al que se debía acceder por unas escaleras nada sencillas en su decoración u optar por un clásico ascensor de hierro forjado y puertas de persiana  similar a las verjas de los comercios antiguos , cuyos mecanismos de funcionamiento, a símil de la Torre Eiffel , permanecían al aire para el deleite de los ojos curiosos.

Un cuarto piso que conservaba su esencia a través de sus pisos de rica madera , de sus molduras oscuras , y de una combinación espléndida entre lo nuevo y lo clásico , que le otorgaban un aspecto serenamente elegante.

Observando cada pequeño detalle , la visión más sorprendente fue la que le mostró aquel hombre que la había acompañado cuando se dispuso a abrir  las contraventanas opacas para que entrase la  luz natural.

Sólo pudo ver un cielo copado de nueves grises , y sin embargo , la luz que comenzó a apoderarse de todo , otorgaba aún mayor calidez a la casa.  Curiosa por las posibles vistas dada la extraordinaria ubicación de la casa ,  fue acercándose  lentamente mientras la imagen se engrandecía y descendía  siendo aún el cielo lo que sus ojos podían ver. Apenas faltándole dos pasos para llegar hasta el filo de la misma , las azoteas de los edificios de enfrente  iban dejando paso  a sus aceras , y a un Sena frío y oscuro que casi podía tocarse con los dedos .
No conforme con la imagen vista , girando su cabeza a la derecha , la Torre destacaba por encima de todo , y a la izquierda, Notre Dame le daba la bienvenida.

               Aquella primera foto viva fue suficiente para que todos los malos pensamientos se disiparan reencontrando la misma paz que hubo hallado aquí mismo años atrás. Una paz sólo interrumpida momentáneamente  por las instrucciones que su acompañante le estaba ofreciendo respecto a su  presentación en la Pinacothèque al día siguiente  y la persona de referencia con la que debía hablar nada más llegar.  

               Tras recibir toda la información que necesitaba hasta ese momento, aquel hombre se marchó y ella pudo disfrutar  de aquella tranquila soledad aunque sólo fuera por un instante antes de disponerse a desarmar el equipaje y comenzar a hacerse con la casa  y la ubicación de todo en ella.

               Tras casi rozar el mediodía el apetito le pudo , así que pertrechándose de nuevo para salir ,  comenzó a pasear si destino fijo por el paseo superior del río , encontrando una pequeña tasca  muy familiar donde poder comer algo ligero y tomar uno de sus delicioso cafés.

Con la intención de continuar disfrutando de aquel París invernal, sus pasos le llevaron hasta un viejo conocido, el Museo de Orsay. La vieja estación de tren reconvertida en un refugio maravilloso para el arte impresionista  y Art Decó menos convencional.

Detenida en su puerta por un instante , se decidió a entrar aunque sólo fuera por el puro placer de volver a encontrarse a gusto con lo que la rodeaba . Por una vez , el arte la envolvería y no sería por trabajo . Podría disfrutar de cada obra , de cada buen recuerdo .

Tras disfrutar pausadamente de varias de sus salas , su lento caminar la llevó hasta una sala muy particular . En ella , de entre todas las obras expuestas , todas del mismo pintor, volvió a reencontrarse con una y sin poder evitarlo.

Edgar Degas (1884-1885) Musée d'Orsay
Sentada justo en frente suya  sus ojos, tal y como lo hicieran aquella vez, se deleitaron continuando cada uno de los recorridos de aquellas maravillosas pinceladas traviesas que delimitaban cada una de sus figuras . Trazos sin líneas perfectas , pero que otorgaban un exquisito movimiento a cada una de las integrantes de la composición. Un cuadro , en el que sin duda, ella volvía a recordar su identificación  con una de las participantes. 


               Abstraída en su mundo , en aquel en el que sólo ella podía  navegar , el sonido melodioso y suave  de una voz , la retrotrajo más aún, a ese maravilloso primer momento en que , de la misma forma que hoy, sentada frente a ese cuadro,  sintió que de verdad debía seguir adelante con aquello que realmente amaba.

·        ADAM: Dicen que cuando uno observa durante mucho tiempo una pintura , ésta acaba cobrando vida.

Tranquila , sin dejar de observar el cuadro ni por un segundo, trató de evitar que cierto halo de intranquilidad que la invadía se exteriorizara.

·        ESTHER: Un curioso efecto óptico .
·        ADAM: ¿Y ellas , ya han cobrado vida ?
·        ESTHER: No, aunque posiblemente no las haya mirado el suficiente tiempo.
·        ADAM: Hoy como entonces , veo que sigues esperando que la de la ventana se dé la vuelta.
·        ESTHER: Hoy como entonces , veo que hay cosas que el tiempo no ha podido borrar.

Y girando su cabeza hacia él, volvió a encontrarse con aquellos mismos ojos enormemente azules .

·        ADAM: Generoso el tiempo, que me brinda la oportunidad de reencontrarte en el mismo punto que te conocí.
·        ESTHER: Sí, y  como entonces , aún sigo esperando que mi bailarina , la que tuvo que dejarlo todo ,  decida darse la vuelta para ver algo de mí en ella.

Devolviendo su atención al cuadro, él simplemente se sentó a su lado , y en silencio, permanecieron allí, sin más.

Ana Patricia Cruz López
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