Pasos en mitad de una ciudad
desierta llena de gente
donde cada uno se mueve a su
antojo según su propio mundo.
Adoquines húmedos en los que
quedan impregnadas las huellas de mi camino,
aquel , que prometí circundar
el día en que por fín me encontrase conmigo misma
a través de tus ojos y de tu
alma,
brindada a manos llenas
durante un hermoso amanecer de
Noviembre.
Pasos que un día sé que serán
conjuntos
por el amor que nos prometimos
en mitad del silencio de la noche,
mientras nuestras manos
buscaban un nuevo amanecer .
Camino de no retorno ,
en el que los pétalos de las
flores, caídas semanas antes ,
aún conservan toda la gloria
de su vivo color ,
unidas por la húmeda brisa,
para abrir nuestro camino ,
ese , que ambos decidimos
compartir y que aún no comienza ,
ese, que sin proyecto alguno ,
sin apenas pensamiento,
determina una vida difusa y
sin objetivos ,
en el que dejarse llevar
supone la bandera alzada ,
en donde los extraños no
tienen cabida si son sus críticas maledicentes lo que vierten,
en donde las explicaciones
sobran y respirar siempre falta ,
un respirar agitado y
tranquilo a partes iguales
en el que tu compañía es mi
vida ,
tus caricias mi anhelo,
tu “te quiero” , mi renacer
como mujer y como persona.
Silencio en medio del
estrepitoso ruido incesante que se supone me rodea
y en el que encuentro la paz
que requiero
mientras espero tu llegada ,
esa venida dichosa ,
el cumplimiento de ese “para
siempre” que nos dimos mirándonos a los ojos.
Silencio cubierto de
palabras que sólo nosotros escuchamos ,
porque sólo nosotros somos
capaces de decirlas con la sinceridad que esto requiere ,
con la entrega que ello
comporta.
Silencio que ocultas un amor infinito lleno de
vaguedades
cual invenciones de chiquillos
ansiosos que se esperan después del colegio,
amor de pura entrega y
devoción absoluta
denegado como ningún otro ,
por propios y extraños,
y en el que la felicidad no
tiene medida.
Una felicidad callada ,
ocultada , como todo lo
nuestro,
con la ayuda de los vaporosos
ropajes
que en nuestra imaginación,
cubren una desnudez voluntariamente hermosa.
Silencio, como muestra de un
amor infinito
que roza el desasosiego con el
pasar de las horas ,
que va desgarrando mi corazón
poco a poco sí sé que no te tengo,
y que lo adorna de pequeñas
escamas de oro
cuando sé que por fin serás mío.
Silencios crueles
cuyas verdades quisiera gritar
a los cuatro vientos
y que el mundo se enterase de
cuánto soy capaz de amarte ,
de cuánto tiempo llevo
esperándote en mi vida ,
hasta ahora triste ,
y en el que la despedida a mi
soledad desdichada
se colmará con una copa de
vino.
Cáliz de hermosas intenciones
envueltas en preciado y humilde barro
que con tus manos fuiste dando
forma ,
haciéndome tuya sin pretensión
alguna,
conquistando un corazón
fenecido incapaz de amar o de creer que podría .
Dulces intenciones ,
tentadora belleza la que
desprende cada gesto tuyo para conmigo,
en el que acabas rodeándome
con tus brazos ,
acurrucándome en tu
regazo cual niña pequeña,
en pos de un poco de ternura que
tú,
siempre, has dado y das a
manos llenas.
Pasos que atraviesan la
ruidosa ciudad buscando el único sonido
que me importa ,
el de una voz ,
la única que escucho,
el de un “te amo”,
el único que siento.
Ana Patricia Cruz López
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