sábado, 15 de octubre de 2016

MOMENTOS. Siempre tuya (163)

Pasos en mitad de una ciudad desierta llena de gente
donde cada uno se mueve a su antojo según su propio mundo.
Adoquines húmedos en los que quedan impregnadas las huellas de mi camino,
aquel , que prometí circundar el día en que por fín me encontrase conmigo misma
a través de tus ojos y de tu alma,
brindada a manos llenas
durante un hermoso amanecer de Noviembre.

Pasos que un día sé que serán conjuntos
por el amor que nos prometimos en mitad del silencio de la noche,
mientras nuestras manos buscaban un nuevo amanecer .


Camino de no retorno ,
en el que los pétalos de las flores, caídas semanas antes ,
aún conservan toda la gloria de su vivo color ,
unidas por la húmeda brisa,
 para abrir nuestro camino ,
ese , que ambos decidimos compartir y que aún no comienza ,
ese, que sin proyecto alguno , sin apenas pensamiento,
determina una vida difusa y sin objetivos ,
en el que dejarse llevar supone la bandera alzada ,
en donde los extraños no tienen cabida si son sus críticas maledicentes lo que vierten,
en donde las explicaciones sobran y respirar siempre falta ,
un respirar agitado y tranquilo a partes iguales
en el que tu compañía es mi vida ,
tus caricias mi anhelo,
tu “te quiero” , mi renacer como mujer y como persona.

Silencio en medio del estrepitoso ruido incesante que se supone me rodea
y en el que encuentro la paz que requiero
mientras espero tu llegada ,
esa venida dichosa ,
el cumplimiento de ese “para siempre” que nos dimos mirándonos a los ojos.

Silencio cubierto de palabras  que sólo nosotros escuchamos ,
porque sólo nosotros somos capaces de decirlas con la sinceridad que esto requiere ,
con la entrega que ello comporta.

Silencio  que ocultas un amor infinito lleno de vaguedades
cual invenciones de chiquillos ansiosos que se esperan después del colegio,
amor de pura entrega y devoción absoluta
denegado como ningún otro ,
por propios y extraños,
y en el que la felicidad no tiene medida.
Una felicidad callada ,
ocultada , como todo lo nuestro,
con la ayuda de los vaporosos ropajes
que en nuestra imaginación, cubren una desnudez voluntariamente hermosa.

Silencio, como muestra de un amor infinito
que roza el desasosiego con el pasar de las horas ,
que va desgarrando mi corazón poco a poco sí sé que no te tengo,
y que lo adorna de pequeñas escamas de oro
cuando sé que  por fin serás mío.

Silencios crueles
cuyas verdades quisiera gritar a los cuatro vientos
y que el mundo se enterase de cuánto soy capaz de amarte ,
de cuánto tiempo llevo esperándote en mi vida ,
hasta ahora triste ,
y en el que la despedida a mi soledad desdichada
se colmará con una copa de vino.

Cáliz de hermosas intenciones envueltas en preciado y humilde barro
que con tus manos fuiste dando forma ,
haciéndome tuya sin pretensión alguna,
conquistando un corazón fenecido incapaz de amar o de creer que podría .

Dulces intenciones ,
tentadora belleza la que desprende cada gesto tuyo para conmigo,
en el que acabas rodeándome con tus brazos ,
acurrucándome en tu regazo  cual niña pequeña,
en pos de un poco de ternura que tú,
siempre, has dado y das a manos llenas.

Pasos que atraviesan la ruidosa ciudad  buscando el único sonido que me importa ,
el de una voz ,
la única que escucho,
el de un “te amo”,
el único que siento.


Ana Patricia Cruz López
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