domingo, 23 de octubre de 2016

MOMENTOS. Siempre tuya (167)

Dividida entre los recuerdos de caricias  cercanas y las que me poseen.
Dividida entre el recuerdo del sabor de los labios que sacaron mi verdadero yo
y aquellos que ahora deseo.
Dividida entre el roce de los dedos que más marcaron mi interior
y  los que me dejan al borde de la locura hoy.
Dividida entre mis más bajos instintos en libertad absoluta
y mi papel de niña buena con ligero oculto .

Dividida entre mis dos mundos ,
aquellos entre los que adoro manejarme y que me manejen,
aquellos en los que pierdo la cabeza y dejo de ser yo,
en los que  me confundo hasta no saber con quién,
en los que las sensaciones vuelan a la misma velocidad
y los sentimientos se parten a la mitad
en un corazón en el que ambos lados tiran con dolor
encontrándome yo en medio.


Toxicidad innata de una decisión que no supe manejar
y ahora, envuelta por completo, en ese huracán
de falta de tiempo y desorganización,
de agendas colapsadas  y llamadas que no cesan ,
de nombres ocultos y voces difusas ,
que provocan que las imágenes en mi cabeza se mezclen hasta hacerlas una.

Veneno de alta precisión que yo misma fabriqué ,
juego tendencioso y voluntario
que dejó de ser divertido cuando los sentimientos movieron ficha,
y el tablero se derrumbó.

Voluntad desecha en mil pedazos.
Daño predecible y heridos consumados.
Destino final en pura ruina
de la que me niego a recoger los pedazos,
alargando, de forma agónica , algo muerto desde su nacimiento,
algo sin futuro.

Tener o no tener  sin lo que no puedo vivir .
Palabras necias que escucho en mi mente
me envuelven en mi propia locura .
Perdida entre lo que quise que fuera amor
y ha resultado una guerra en la que el miedo a perder me atora,
a perder aquello a lo que sin querer me aferré.

Trio de ases es mi mejor y peor mano,
aquella en lo que seré todo o pasaré a ser nada
para mí misma,
para quiénes me importan.

Juego cruel del que no sé cómo salir ,
del que no sé a quién pedir ayuda.

Juego cruel en el que la sinceridad no es una opción,
y la verdad se vende muy cara .

Malditos instintos de mujer ,
maldito corazón ,
incapaz de refrenar tanta desazón,
incapaz de impedir  las víctimas que ve caer delante de sus píes.
Incapaz de dejar de sentir ese dolor
que a sí mismo provocó.

Ana Patricia Cruz López
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