Dividida entre los recuerdos
de caricias cercanas y las que me
poseen.
Dividida entre el recuerdo del
sabor de los labios que sacaron mi verdadero yo
y aquellos que ahora deseo.
Dividida entre el roce de los dedos
que más marcaron mi interior
y los que me dejan al borde de la locura hoy.
Dividida entre mis más bajos
instintos en libertad absoluta
y mi papel de niña buena con
ligero oculto .
Dividida entre mis dos mundos
,
aquellos entre los que adoro
manejarme y que me manejen,
aquellos en los que pierdo la
cabeza y dejo de ser yo,
en los que me confundo hasta no saber con quién,
en los que las sensaciones
vuelan a la misma velocidad
y los sentimientos se parten a
la mitad
en un corazón en el que ambos
lados tiran con dolor
encontrándome yo en medio.
Toxicidad innata de una
decisión que no supe manejar
y ahora, envuelta por
completo, en ese huracán
de falta de tiempo y
desorganización,
de agendas colapsadas y llamadas que no cesan ,
de nombres ocultos y voces
difusas ,
que provocan que las imágenes
en mi cabeza se mezclen hasta hacerlas una.
Veneno de alta precisión que
yo misma fabriqué ,
juego tendencioso y voluntario
que dejó de ser divertido cuando
los sentimientos movieron ficha,
y el tablero se derrumbó.
Voluntad desecha en mil pedazos.
Daño predecible y heridos
consumados.
Destino final en pura ruina
de la que me niego a recoger
los pedazos,
alargando, de forma agónica ,
algo muerto desde su nacimiento,
algo sin futuro.
Tener o no tener sin lo que no puedo vivir .
Palabras necias que escucho en
mi mente
me envuelven en mi propia
locura .
Perdida entre lo que quise que
fuera amor
y ha resultado una guerra en
la que el miedo a perder me atora,
a perder aquello a lo que sin
querer me aferré.
Trio de ases es mi mejor y
peor mano,
aquella en lo que seré todo o
pasaré a ser nada
para mí misma,
para quiénes me importan.
Juego cruel del que no sé cómo
salir ,
del que no sé a quién pedir
ayuda.
Juego cruel en el que la
sinceridad no es una opción,
y la verdad se vende muy cara .
Malditos instintos de mujer ,
maldito corazón ,
incapaz de refrenar tanta
desazón,
incapaz de impedir las víctimas que ve caer delante de sus píes.
Incapaz de dejar de sentir ese
dolor
que a sí mismo provocó.
Ana Patricia Cruz López
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